logotipo

img_google
la vida, que da muchas vueltas
Acerca de
es difícil saber en qué punto de nuestra vida nos encontramos. pero lo más difícil es saber cómo hemos llegado hasta aquí.
Sindicación
 
Día 43
Lo tengo: cuando me dejó, me moría de miedo. Tenía miedo por todas partes y a todas horas. Miedo de soltarme de su mano, de pedalear sola y de no llegar a la orilla. Tenía miedo de quedarme ahí para siempre.

Porque, en realidad, han sido unos meses muy duros para mí. Duros porque no paré de esforzarme. Porque quería que saliera bien a toda costa. Por encima de cualquier cosa.

Y nada que ver. No conseguí sentirme a gusto nunca. Ni con su entorno, ni con su forma de ser. No supe adaptarme. Y si no he sabido adaptarme, pensaba, con todos los esfuerzos que he hecho, no sabré adaptarme nunca, a nadie.

Pensaba que era algo así como la última oportunidad.

Es que este fin de semana he tenido mucho tiempo para pensar.

Y para darme cuenta de que no siempre el problema lo tengo yo.
 
Día 42
Viene, como quien no quiere la cosa, y me dice.

- Le has caído muy bien a todos mis amigos... tanto que para este fin de semana me han propuesto miles de planes, pero como no estás...
- (...)
- Porque FR me ha dicho de ir a la bolera, así todos juntos, a pasar la tarde, pero como no estarás, lo podemos dejar para otro fin de semana... Y RT (que RT es el chico tan adorable...) se ha sacado de la manga un festival de cine asiático (BAFF), así... sin venir a cuento. Y estás invitada, claro por supuesto.


 
Día 41
Ya tengo tres rosas y tres libros.

Y hoy es un día que me encanta: la calle está llena de flores y de libros, y de personas que, para demostrar que alguien le importa, le compra rosas y libros. No es lo ideal, pero yo creo que es mucho mejor que una caja de bombones, donde va a parar...

Decía que me han regalado, entre otros, Ponche de ácido lisérgico (Tom Wolfe). Y estoy encantada de la vida, dando saltos de alegría por la oficina y enseñándoselo a todo el mundo. Hablando desde la experiencia, es difícil que alguien acierte regalándome un libro por iniciativa propia, y esta vez han dado en el clavo...

También me han enviado, por mail, Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus. Para aclararnos, supongo. Porque las crisis de pareja están a la orden del día y últimamente ocupan la mayor parte de mis conversaciones serias con amigos de toda la vida (a los que no le engañas con eso de a otra cosa mariposa), porque todo el mundo anda dejándolo con su pareja, o planteándose cuestiones existencialistas... pero es lo normal, teniendo en cuenta que todos estamos rondando los 30.

Y anoche soñé. Soñé con el chico estupendo del sábado, y soñé que tenía que casarme en una especie de ceremonia protestante (es que he visto muchas iglesias protestantes en Amsterdam). Y mi madre aparecía por allí:

- Pero con quién vas a casarte?
- Es que no quiero casarme, madre.
- Ya, pero claro, O no es bueno para tí, nunca lo ha sido, ya lo sabes, porque mira que lo que te hizo...
- (...)
- Y este último, ni te cuento. Ni te acerques, no quiero que vuelvas a acercarte a él en tu vida. Que no me entere yo (bla, bla, bla).

Mi madre y sus interminables conversaciones-monólogo... Ya se sabe. El caso es que por allí aparecía, a lo lejos, el chico estupendo.

- Pues parece buen chico.
- Todos lo parecen.

De manera que es, oficialmente, el hombre de mis sueños. Pero mi compañera de trabajo sigue sin saber nada, porque ya me dijo que, aunque esté soltero, debes tener paciencia y no asustarle. Entonces yo le dejé tan claro que, por el momento, no quiero saber nada de relaciones, ni de chicos, ni de tonteos, ni de esperar a que alguien de un paso... que ahora no puedo decirle que he soñado con él porque sería el paradigma de la contradicción. O no?

De todas formas, feliz día de Sant Jordi a tod@s!

 
Día 40
Hoy me han dicho que me parezco a Leonor Watling. Es la primera vez que me lo dicen en mis 27 años, así que no creo que sea un parecido ni real ni evidente. Pero me ha hecho gracia.

Y hoy tengo un dilema. Mejor dicho, dos.

Por una parte, está el tema de la ruptura. Yo estoy bien porque he cambiado mi rutina. Es decir: ya no hecho de menos salir de trabajar, por ejemplo, y que me venga a buscar porque ahora, cuando salgo de trabajar, me voy a mi casa. Y tan feliz.

El problema (por llamarlo de alguna manera) está en que pagué el piso por adelantado, y no me lo han querido devolver. Y la verdad es que me siento... idiota. Yo pidiéndole a todo el mundo que le diera una oportunidad, que si había dicho que me lo devolvería lo haría, que él con temas de dinero no juega... Y aquí estoy, con un palmo de narices. Decepcionada con él (como persona), porque el dinero tampoco es tanto (si se lo piensa quedar no voy a llamarle ni nada parecido). Y triste, en general, por acabar así con alguien que había (o habría) significado tanto para mí.

El segundo dilema está en el chico que conocí el sábado. Es gracioso (reírme a carcajadas es una de las cosas que más me gustan en el mundo...) y divertido, o a la inversa. Tiene ocurrencias únicas (como, por ejemplo, pensar en saltar a la farola cuando se queme el piso). Recoge (de vez en cuando) cosas del suelo. Le gustan películas que la mayoría de personas no saben que existen. Tiene unos ojos preciosos.

Pero lo mejor, es la cara de idiota que se me quedaba cuando explicaba algo. ...

Y el dilema está, simplemente, es que es algo así como el mejor amigo de una de mis compañeras de trabajo y, por lo tanto, tampoco puedo decirle lo increíble que me parece ni las ganas que tengo de volver a verle. Bueno, y que ya he soñado con él tres veces...
Etiquetas:    
 
Día 39
Estoy sorprendida, pero estoy feliz. Estoy feliz y tranquila.

Contextualicemos:

No le echo de menos. A veces, algunas pocas, pienso en él, pero no echándole de menos. Estoy encantada de que se haya acabado (al fin y definitivamente). Aunque me haya costado mucho abrir los ojos, es lo mejor que he podido hacer. Me siento orgullosa de haber(me) dicho: hasta aquí.

Estoy en la típica etapa post-ruptura de conocer amigos/as de mis amigos/as. Y me encanta. Nuevas personas, nuevas risas. Nuevos ratos, nuevos sitios, nuevos puntos de vista, nuevas manías... Nuevas películas y nuevos libros.

Y esta vez, y sin que sirva de precedente (hay quien me dice que, igual, ya he sentado la cabeza, ya he madurado... pero no creo que se trate de eso) no quiero hacer las cosas sin pensar, lo que quiero es tomármelo con calma. Quiero irme a un piso que me guste, no al primer piso que encuentre. Quiero ahorrar un poco para hacerlo mío, quiero convertirlo, de una vez por todas, en mi casa. Quiero irme sin estar enfadada con mi madre, y sin tener prisa ni presión. Quiero ponerlo a mi gusto. Y tener un gato negro que me chupe las orejas cuando duermo. Eso es lo que quiero.

Y no quiero estar con nadie. No me veo con fuerzas (ni ánimos ni ganas) de empezar nada con nadie. Y eso, aunque suene extraño, me estabiliza. Me estabiliza porque, normalmente, para olvidar a un ex, lo mejor es fijarse en alguien, aunque sea para pasar el rato, o tener la cabeza ocupada. Y esta vez no me pasa. Esta vez, por ejemplo, he conocido a un chico guapísimo (pero guapo de verdad, de los que a mi me gustan, con barbita de dos días, ojos verdes y divertidísimo) y ya está. No pienso hacer nada, simplemente, relajarme y disfrutar...
Etiquetas:  
 
Día 38
El viaje ha sido espectacular. Es decir, el sitio me ha encantado, he tenido tiempo de pensar, pasear, ver cosas (y cuadros de Van Gogh...), salir, beber, fumar... Y pensar. Otra vez. Sobre todo.

Una tarde de mucho sol acabamos (o empezamos) en el primer templo budista de Europa.

One knows one’s own good deeds and bad deeds.
No need to ask about fortune and misfortune!
Good and bad will receive just compensation. It’s only a matter of time.


Una noche empezamos (y acabamos) en un pub portugués con música en directo. Como los del grupo no tenían fuego, nos lo pedían cada dos por tres. El que tocaba el teclado se acabó sentando con nosotras en la mesa. Cervezas, un poco de grass, nos dijo, y una charla normal teniendo en cuenta que nuestro inglés es bastante pobre. Al final nos dedicaron, en castellano, Quisiera ser un pez, de Juan Luis Guerra.

Levantarse cada día con una sonrisa, y disfrutar del frío, de la gente, del ambiente... de las puestas de sol, de los canales, las bicicletas, la tranquilidad...

Y de recuerdo, cientos de fotos, postales, panfletos, y revistas. Un gato dorado de los que mueven el brazo (del Barrio Chino), un colgante del Museo Judío, un candelabro con la estrella de David de Westkerk y un sueño diferente cada noche.



Etiquetas:    
 
Día 37
El domingo tuvimos una pelea. No estábamos juntos, pero discutimos de todas formas. Tampoco es plan de negar lo evidente.

La cuestión es que no fue una pelea más. La cuestión es que entró en mi habitación y rompió mis cosas. Y me gritó. Y me insultó. Y cuando, después de un rato, fui a hablar con él me dijo que era lo que me merecía, que estaba muy enfado conmigo, y que había roto cosas por no romperme la cara. Todavía me duele el brazo de cuando me tiró contra la pared.

Me pasé toda la noche empaquetando cosas y al día siguiente me fui a casa de mi madre. Si no acaba de cuajar el tema, me iré a casa del novio de mi madre (que es una persona adorable). Si no acaba de cuajar me iré a casa de una amiga (aunque viva con su novio) y si no...

Ahora está en que como no le devuelvo las llaves, no me devuelve el dinero del mes de alquiler. Más bien al revés, pero tampoco importa.

Me da igual. Que se quede el dinero, que cambie la cerradura, y que me odie para el resto de su vida. No me importa. Ya no me importa de verdad.

Lo único que me hace llorar en este momento es el recuerdo. Pero el recuerdo de tenerle a un centímetro de la oreja gritándome, diciéndome que era una loca, o que era una enferma, o que me tenía que haber partido la cara porque con él, cariño, no se juega. Éso es lo que me duele. Lo que me ha costado alejarme de él. Lo poco que me vale todo lo que me ha dado. Lo mala persona que es y, pese a saberlo, lo poco que hace para arreglarlo.

Menos mal, como digo, que en cinco días me voy a descansar...