Día 51
Teóricamente, dice, le gusto a RT. O, al menos, ella cree que le gusto.
Porque él se ilusiona muy fácilmente cuando conoce a una chica. Y en seguida se acerca o cambia la actitud, y se pavonea (esto es literal). Por que él es así, dice, y el otro día fregó su plato del postre.
Pero, como amiga, te aconsejo que te alejes de él todo lo que puedas. No te conviene, me dice, porque es una persona que tiene muchos problemas. Que atrae a los problemas. Es muy buena persona, es atento, cariño y, lo típico, muy amigo de sus amigos. Podrás contar con él en cualquier momento. Por eso todo el mundo le sobre-protege, intentando que nada ni nadie le haga daño. Pero, por eso mismo, tal vez, no es capaz de enfrentarse a los problemas reales que tiene. Prefiere darles una vuelta, rodearlos y saltarlos, aunque se queden allí para siempre y eso mismo le impida avanzar... Tiene ... años y no ha madurado. Y a este paso no lo hará. Es inestable y es lo que menos te conviene en este momento (teniendo en cuenta, también tu inestabilidad).
Cierto.
Pero alomejor, le digo, le va bien conocer a alguien nuevo que pueda aconsejarle o guiarle incluso... Alguien que ve las cosas desde fuera, alguien que también tiene sus problemas y que poco a poco los va afrontando (pese a su inestabilidad).
De todas formas, me reitero, ahora estoy en el punto de inflexión y me tomo las cosas con mucha calma. Y esto no cambia nada, porque yo no voy a hacer nada en absoluto.
Pero no te voy a negar que es una persona adorable. Que sigo soñando con él todas las noches que sueño. Que sigo pensando que, en cualquier momento, me lo voy a encontrar por la calle y, sin darme cuenta, pestañearé hasta levantar un palmo suelo, como cuando...
Porque él se ilusiona muy fácilmente cuando conoce a una chica. Y en seguida se acerca o cambia la actitud, y se pavonea (esto es literal). Por que él es así, dice, y el otro día fregó su plato del postre.
Pero, como amiga, te aconsejo que te alejes de él todo lo que puedas. No te conviene, me dice, porque es una persona que tiene muchos problemas. Que atrae a los problemas. Es muy buena persona, es atento, cariño y, lo típico, muy amigo de sus amigos. Podrás contar con él en cualquier momento. Por eso todo el mundo le sobre-protege, intentando que nada ni nadie le haga daño. Pero, por eso mismo, tal vez, no es capaz de enfrentarse a los problemas reales que tiene. Prefiere darles una vuelta, rodearlos y saltarlos, aunque se queden allí para siempre y eso mismo le impida avanzar... Tiene ... años y no ha madurado. Y a este paso no lo hará. Es inestable y es lo que menos te conviene en este momento (teniendo en cuenta, también tu inestabilidad).
Cierto.
Pero alomejor, le digo, le va bien conocer a alguien nuevo que pueda aconsejarle o guiarle incluso... Alguien que ve las cosas desde fuera, alguien que también tiene sus problemas y que poco a poco los va afrontando (pese a su inestabilidad).
De todas formas, me reitero, ahora estoy en el punto de inflexión y me tomo las cosas con mucha calma. Y esto no cambia nada, porque yo no voy a hacer nada en absoluto.
Pero no te voy a negar que es una persona adorable. Que sigo soñando con él todas las noches que sueño. Que sigo pensando que, en cualquier momento, me lo voy a encontrar por la calle y, sin darme cuenta, pestañearé hasta levantar un palmo suelo, como cuando...
Día 50
Han pasado unos días, y aunque sigo en mi particular nube de gas alucinógeno, estoy más tranquila.
A todo le encuentro la gracia. Los desayunos en el trabajo son realmente divertidos. Las charlas con cualquiera de mis amigas, la salida del sábado por la noche, la actitud respecto a... Todo está cambiando. Estoy tremendamente tranquila y feliz. Respiro, huelo, me siento, me levanto, no sé explicarlo, pero...
El otro día, dando un paseo, me compré el primer adorno para mi futuro piso. Aclarar que mi futuro piso está en construcción (tardará un año, más o menos, con suerte...), pero será nuevo para mí. Vacío, pequeñito (pero mi futuro gato y yo tendremos más que suficiente). Muy cerca del trabajo, y mucho más cerca de una amiga mía (ha sido casualidad, pero una casualidad estupenda...).
Aprovechando la calma, me he vuelto a matricular en la universidad, a ver si consigo acabar... como lo que me gusta de mi carrera es el hecho de aprender (más que mejorar laboralmente) me lo puedo tomar con calma, y volver, a ratos, a la estupenda vida de estudiante, bibliotecas, apuntes, cervezas e interminables partidas en el bar. Lo que lo echo de menos... La temporalidad...
En plena etapa de expansión, se nos ha ocurrido compartir a las amigas. Y ahora nos pasamos el día mandándonos mails y organizando cenas, rutas en bicicleta para ir a la playa el fin de semana, e incluso Fiesta en Casa de... para ver el Festival de Eurovisión.
Y yo me siento tan bien... Me siento como antes de toda esta historia, como antes incluso de salir con mi ex novio (el que me marcó de verdad, a sangre y fuego). Como cuando vivía con mi amiga del alma sin TV, con dos gatas, un puzzle de 1500 piezas y un montón de juegos de mesa para pasar el rato. Con el árbol de Navidad permanentemente puesto porque nos quedó chulísimo, con la cocina llena de botellas de vete-a-saber-qué, con ocho cepillos de dientes en el lavabo y con fotos por todas partes...
... y el primer adorno consiste en un playmovil- fantasma, con candelabro incluido, que brilla en la oscuridad (adoro, literalmente, todo lo que consigue brillar en la oscuridad). Para intentar no perder el punto de referencia, supongo.
Me encanta el verano. A ver si arranca.
A todo le encuentro la gracia. Los desayunos en el trabajo son realmente divertidos. Las charlas con cualquiera de mis amigas, la salida del sábado por la noche, la actitud respecto a... Todo está cambiando. Estoy tremendamente tranquila y feliz. Respiro, huelo, me siento, me levanto, no sé explicarlo, pero...
El otro día, dando un paseo, me compré el primer adorno para mi futuro piso. Aclarar que mi futuro piso está en construcción (tardará un año, más o menos, con suerte...), pero será nuevo para mí. Vacío, pequeñito (pero mi futuro gato y yo tendremos más que suficiente). Muy cerca del trabajo, y mucho más cerca de una amiga mía (ha sido casualidad, pero una casualidad estupenda...).
Aprovechando la calma, me he vuelto a matricular en la universidad, a ver si consigo acabar... como lo que me gusta de mi carrera es el hecho de aprender (más que mejorar laboralmente) me lo puedo tomar con calma, y volver, a ratos, a la estupenda vida de estudiante, bibliotecas, apuntes, cervezas e interminables partidas en el bar. Lo que lo echo de menos... La temporalidad...
En plena etapa de expansión, se nos ha ocurrido compartir a las amigas. Y ahora nos pasamos el día mandándonos mails y organizando cenas, rutas en bicicleta para ir a la playa el fin de semana, e incluso Fiesta en Casa de... para ver el Festival de Eurovisión.
Y yo me siento tan bien... Me siento como antes de toda esta historia, como antes incluso de salir con mi ex novio (el que me marcó de verdad, a sangre y fuego). Como cuando vivía con mi amiga del alma sin TV, con dos gatas, un puzzle de 1500 piezas y un montón de juegos de mesa para pasar el rato. Con el árbol de Navidad permanentemente puesto porque nos quedó chulísimo, con la cocina llena de botellas de vete-a-saber-qué, con ocho cepillos de dientes en el lavabo y con fotos por todas partes...
... y el primer adorno consiste en un playmovil- fantasma, con candelabro incluido, que brilla en la oscuridad (adoro, literalmente, todo lo que consigue brillar en la oscuridad). Para intentar no perder el punto de referencia, supongo.
Me encanta el verano. A ver si arranca.
Día 49
"Se derraman más lágrimas por plegarias atendidas que por las no atendidas." (Truman Capote)
Puede parecer una tontería (de hecho, hasta a mí me lo parece), pero yo siempre he creido tener una especie de ángel de la guarda. El susodicho lleva conmigo desde los 12 años, más o menos, cuando me leí cierto libro en el que el protagonista, al final, moría. Y yo pensé que su espíritu iba a ayudarme siempre. Y hasta hoy.
Hay que reconocer que la idea es, como mínimo, curiosa... Ni que decir tiene que no suelo explicarlo por ahí... de hecho no se lo he contado a nadie para que no me tomen por loca...
A partir de entonces, siempre que no sé a quién dirigirme, me dirigo a él (de hecho, tiene hasta nombre). Antes le pedía que me hiciera caso el chico de turno, aprobar el examen de literatura castellana, o sacar nota en selectividad para entrar en la carrera. Ahora le pido que me ilumine el camino, que no suelte mi mano, que me susurre al oído o que me haga una señal (tranquilizadora) de que todo va a ir a mejor.
Es como mi estrella.
Es que hoy me han dado una notícia buenísima, y quería darle las gracias.
Puede parecer una tontería (de hecho, hasta a mí me lo parece), pero yo siempre he creido tener una especie de ángel de la guarda. El susodicho lleva conmigo desde los 12 años, más o menos, cuando me leí cierto libro en el que el protagonista, al final, moría. Y yo pensé que su espíritu iba a ayudarme siempre. Y hasta hoy.
Hay que reconocer que la idea es, como mínimo, curiosa... Ni que decir tiene que no suelo explicarlo por ahí... de hecho no se lo he contado a nadie para que no me tomen por loca...
A partir de entonces, siempre que no sé a quién dirigirme, me dirigo a él (de hecho, tiene hasta nombre). Antes le pedía que me hiciera caso el chico de turno, aprobar el examen de literatura castellana, o sacar nota en selectividad para entrar en la carrera. Ahora le pido que me ilumine el camino, que no suelte mi mano, que me susurre al oído o que me haga una señal (tranquilizadora) de que todo va a ir a mejor.
Es como mi estrella.
Es que hoy me han dado una notícia buenísima, y quería darle las gracias.
Día 48
Hablando sinceramente, mi yo impulsivo me dice que me encanta un chico y que no intente evitarlo. Que intente, propicie y haga por que la cosa prospere. A saber: invitarle a lo que sea, conseguir que me de su teléfono sin parecer que se lo pido, propiciar vernos fuera del maravilloso círculo de amigos comunes (que, por otra parte, es lo único que nos une). Y llevármelo a tomar una horchata, o a comer un helado, al banco aquel en el que caben perfectamente dos personas, para hablar tumbados con la barriga mirando al sol, sin mirarnos a la cara. Hablar de él y de mí, de lo que queremos y de lo que no, y de lo que nos hemos dado cuenta a lo largo de los años. De por qué realmente quiero tener hijos, de lo mucho que me cuesta enfrentarme al mundo, en general, y lo raro que es todo. Lo que me cuesta encontrar alguien que sepa escucharme... Y lo difícil que se vuelve todo cuando, en realidad, ya estás en el camino de vuelta.
Mi yo reflexivo me recuerda aquello de: tienes que centrarte. Si primero no te centras, puede que ahora empieces a salir con alguien, todo vaya estupendamente, te enamores, se enamore, y en unos meses vuelva, cómo era, vuelvan los ruidos a tu cabeza, a decirte lo que está bien y lo que está mal, lo que pasa, lo que te imaginas, a trazar un plan, una película, y las cosas se empiezan a terminar, fatídicamente, y puff... se acabó.
Primero tiene que pasar un tiempo, me tengo que acostumbrar y hacer a la idea de lo que quiero, en pareja. Lo que quiero sola ya lo sé... hace tiempo... pero siempre me acabo liando, nunca mejor dicho, y me veo empezando cosas que no sé cómo acabar hasta que ya es demasiado tarde...
Mi yo reflexivo me recuerda aquello de: tienes que centrarte. Si primero no te centras, puede que ahora empieces a salir con alguien, todo vaya estupendamente, te enamores, se enamore, y en unos meses vuelva, cómo era, vuelvan los ruidos a tu cabeza, a decirte lo que está bien y lo que está mal, lo que pasa, lo que te imaginas, a trazar un plan, una película, y las cosas se empiezan a terminar, fatídicamente, y puff... se acabó.
Primero tiene que pasar un tiempo, me tengo que acostumbrar y hacer a la idea de lo que quiero, en pareja. Lo que quiero sola ya lo sé... hace tiempo... pero siempre me acabo liando, nunca mejor dicho, y me veo empezando cosas que no sé cómo acabar hasta que ya es demasiado tarde...
Día 47
Hoy... es mi cumpleaños. Y a mí, los cumpleaños me encantan, porque es el día del año en el que todo el mundo se acuerda de tí... exclusivamente. Es como una Navidades personalizadas...
De manera que ya tengo dos pasteles (uno de chocolate, otro de manzana, ambos caseros...). EL primero anoche, de sorpresa con velas hechas a mano (y rotulador, para entendernos). Pedí un deseo incumplible, y a disfrutar el resto del año... El segundo, de mamá, que nos lo comeremos esta noche en una especie de cena especial. Hace muchos (muchos) años que no paso un cumpleaños en casa. A ver qué tal sale.
Lo peor: que no voy a quedarme el piso porque tendría que ahorrar un poco primero... aunque con paciencia, igual, después de verano...
Lo mejor: las felicitaciones a las doce de la noche (menos dos minutos).
Y yo, que me conformo con poquita cosa, ya estoy encantada de la vida... De todas formas, le explicaba ayer, este año tengo como buenas vibraciones. Tengo la sensación de que van a pasar cosas buenas, de que voy a avanzar, de que voy a conseguir llegar a vete-a-saber-donde. Y me gusta mucho esa sensación... Igual es algo similar a la revolución interior de Mónica...

PD: Gracias por las felicitaciones!
De manera que ya tengo dos pasteles (uno de chocolate, otro de manzana, ambos caseros...). EL primero anoche, de sorpresa con velas hechas a mano (y rotulador, para entendernos). Pedí un deseo incumplible, y a disfrutar el resto del año... El segundo, de mamá, que nos lo comeremos esta noche en una especie de cena especial. Hace muchos (muchos) años que no paso un cumpleaños en casa. A ver qué tal sale.
Lo peor: que no voy a quedarme el piso porque tendría que ahorrar un poco primero... aunque con paciencia, igual, después de verano...
Lo mejor: las felicitaciones a las doce de la noche (menos dos minutos).
Y yo, que me conformo con poquita cosa, ya estoy encantada de la vida... De todas formas, le explicaba ayer, este año tengo como buenas vibraciones. Tengo la sensación de que van a pasar cosas buenas, de que voy a avanzar, de que voy a conseguir llegar a vete-a-saber-donde. Y me gusta mucho esa sensación... Igual es algo similar a la revolución interior de Mónica...

PD: Gracias por las felicitaciones!
Día 46
He(mos) entrado en una nueva dimensión.
Hoy he empezado a ir al psicólogo. No he salido especialmente contenta (hoy, primera visita, que se ha centrado completamente en mi peculiar familia y sus interrelaciones, o como quiera que se llame). De hecho tengo que hacer un test sobre el tema...
... he tenido que recordar y explicar demasiadas cosas. Pero creo que mejorará, y que le voy a dar otra oportunidad...
... creo que todo debe girar entorno a dos cosas, a saber: ¿por qué me engancho tanto a la gente que menos me conviene y que consigue, incluso, que me sienta peor? y ¿por qué, aunque yo sea perfectamente consciente de que me siento peor, no soy capaz de dejarlo?
Ya veremos a ver qué tal sale. A ver cómo me siento la semana que viene.
El chico guapo sigue siéndolo, pero ya he admitido (en círculos íntimos) que es casi parte de la terapia, y la gracia está precisamente en la gracia de verle, que me hable y que me haga reír. Y ya. Por eso no me preocupa en absoluto verle o propiciar que pase algo. Es un chico que me encanta, ciertamente, pero mi linda cabecita no puede salir con nadie, de momento, porque se trastornaría al instante. Antes necesita un poco de reposo o un poco de aire, que las aguas vuelvan a su cauce, o a saber.
En el trabajo estoy tranquila y feliz. Es la primera vez que me planteo un trabajo como algo no-temporal. Me gusta y me disgusta, porque una de las cosas que echo de menos de la etapa de estudiante es, precisamente, la sensación de temporalidad. La sensación de que todavía hay mucho (por no decir todo) el tiempo por delante. Y al aceptar que este trabajo me gusta, que querría quedarme...
... al menos me da tranquilidad. Todos (incluída mi responsable directa) están muy contentos, y el jefe sabe que estás cobrando poco, me ha repetido dos veces en un mes.
Esta semana he estado mirando pisos, y ayer vi uno que me encantó. Me encantó porque es grande, entra luz (aunque sea un bajo) y entra aire. Tiene tres habitaciones y se podrá compartir llegado el caso. No me piden muchos requisitos y no tiene ni un mueble (así puedo darle las vueltas que me apetezca). Y voy a intentar buscar un socio capitalista y quedármelo. Porque aunque las cosas están tranquilas en casa, bastante más de lo que yo me imaginaba, ir desnuda de la ducha al sofá para fumarme un cigarro todavía no tiene precio.
Hoy he empezado a ir al psicólogo. No he salido especialmente contenta (hoy, primera visita, que se ha centrado completamente en mi peculiar familia y sus interrelaciones, o como quiera que se llame). De hecho tengo que hacer un test sobre el tema...
... he tenido que recordar y explicar demasiadas cosas. Pero creo que mejorará, y que le voy a dar otra oportunidad...
... creo que todo debe girar entorno a dos cosas, a saber: ¿por qué me engancho tanto a la gente que menos me conviene y que consigue, incluso, que me sienta peor? y ¿por qué, aunque yo sea perfectamente consciente de que me siento peor, no soy capaz de dejarlo?
Ya veremos a ver qué tal sale. A ver cómo me siento la semana que viene.
El chico guapo sigue siéndolo, pero ya he admitido (en círculos íntimos) que es casi parte de la terapia, y la gracia está precisamente en la gracia de verle, que me hable y que me haga reír. Y ya. Por eso no me preocupa en absoluto verle o propiciar que pase algo. Es un chico que me encanta, ciertamente, pero mi linda cabecita no puede salir con nadie, de momento, porque se trastornaría al instante. Antes necesita un poco de reposo o un poco de aire, que las aguas vuelvan a su cauce, o a saber.
En el trabajo estoy tranquila y feliz. Es la primera vez que me planteo un trabajo como algo no-temporal. Me gusta y me disgusta, porque una de las cosas que echo de menos de la etapa de estudiante es, precisamente, la sensación de temporalidad. La sensación de que todavía hay mucho (por no decir todo) el tiempo por delante. Y al aceptar que este trabajo me gusta, que querría quedarme...
... al menos me da tranquilidad. Todos (incluída mi responsable directa) están muy contentos, y el jefe sabe que estás cobrando poco, me ha repetido dos veces en un mes.
Esta semana he estado mirando pisos, y ayer vi uno que me encantó. Me encantó porque es grande, entra luz (aunque sea un bajo) y entra aire. Tiene tres habitaciones y se podrá compartir llegado el caso. No me piden muchos requisitos y no tiene ni un mueble (así puedo darle las vueltas que me apetezca). Y voy a intentar buscar un socio capitalista y quedármelo. Porque aunque las cosas están tranquilas en casa, bastante más de lo que yo me imaginaba, ir desnuda de la ducha al sofá para fumarme un cigarro todavía no tiene precio.
Día 45
A veces, la gente tiene reacciones que no puede controlar.
A veces, aunque estés bien, estable, contenta y feliz, no puedes evitar volver a tropezar con la misma piedra: volver a acercarte a la persona que tanto daño te hace. Que te hace llorar hasta que se te pone la piel de gallina, llorar de rabia, de tristeza. La persona que te anula y te castiga continuamente (por tu bien, claro está). La persona que hace que te sientas miserable, tú, que tienes la culpa de todo lo que pasa en el mundo. De que no se sienta bien. De que no tenga ganas de seguir hacia delante.
Y, ¿por qué? No lo sé. Por mucho que lo pienso o por mucho que intento encontrarle una explicación. Pero lo que tengo claro es que no quiero que me vuelva a pasar. Nunca.
A veces, aunque estés bien, estable, contenta y feliz, no puedes evitar volver a tropezar con la misma piedra: volver a acercarte a la persona que tanto daño te hace. Que te hace llorar hasta que se te pone la piel de gallina, llorar de rabia, de tristeza. La persona que te anula y te castiga continuamente (por tu bien, claro está). La persona que hace que te sientas miserable, tú, que tienes la culpa de todo lo que pasa en el mundo. De que no se sienta bien. De que no tenga ganas de seguir hacia delante.
Y, ¿por qué? No lo sé. Por mucho que lo pienso o por mucho que intento encontrarle una explicación. Pero lo que tengo claro es que no quiero que me vuelva a pasar. Nunca.
Día 44
Para complicar más el tema, RT es cada día más guapo, o cada día me parece más guapo, lo mismo da. Ayer, le miraba de vuelta a casa, en el metro, a eso de las seis de la mañana, y tiene una mirada tan bonita, de verdad, que lo único que pienso es en cerrar los ojos y darle un beso, aunque sea a través de un cristal. En fin.
Me encanta. Es adorable. Es un encanto de persona. Sabe muchísimo de cine, ha visto películas que nadie sabe que existen (es un decir, claro, pero es que es realmente alucinante...). Tiene unas interpretaciones de lo más poéticas de todas las escenas. Le encantan los planos largos, los silencios, la (buena) fotografía. Le gusta el cine oriental, los sapos y los pasteles. Tiene un collar de pinchos, siempre lleva unas esposas encima, y adora a su gato (del que ahora no recuerdo el nombre, pero es que es raro de verdad).
Y yo, que lo que necesitaba en este momento era alucinar, literalmente, con alguien para despejarme, pues encantada de la vida. Le veo de cuando en cuando, y hablamos poquito a poco. Ayer, incluso, hablamos después de acabarnos un cigarro. Me dejó una película. Y conseguimos (!) ver la segunda.
No es algo serio, porque me conformo con pensarlo. Pero me ayuda, de verdad. Me pone contenta, aunque sepa que nunca va a ir más allá de tres cigarros de camino a vete-a-saber-donde. Me anima mucho hablar con alguien así (...). Me siento bien. Y así, cuando me voy a dormir, ya sé que pensar.
Porque después de estos cuatro días, ya no recuerdo nada más... Ni de hace un mes, ni de hace un año, ni de la (extraña) llamada del viernes, a la que no lleguaré a contestar nunca. Y lo mejor de todo es que cuando esto acabe, pase lo que pase, para la izquierda o para la derecha, todo tendrá otro color. Lo sé.
Me encanta. Es adorable. Es un encanto de persona. Sabe muchísimo de cine, ha visto películas que nadie sabe que existen (es un decir, claro, pero es que es realmente alucinante...). Tiene unas interpretaciones de lo más poéticas de todas las escenas. Le encantan los planos largos, los silencios, la (buena) fotografía. Le gusta el cine oriental, los sapos y los pasteles. Tiene un collar de pinchos, siempre lleva unas esposas encima, y adora a su gato (del que ahora no recuerdo el nombre, pero es que es raro de verdad).
Y yo, que lo que necesitaba en este momento era alucinar, literalmente, con alguien para despejarme, pues encantada de la vida. Le veo de cuando en cuando, y hablamos poquito a poco. Ayer, incluso, hablamos después de acabarnos un cigarro. Me dejó una película. Y conseguimos (!) ver la segunda.
No es algo serio, porque me conformo con pensarlo. Pero me ayuda, de verdad. Me pone contenta, aunque sepa que nunca va a ir más allá de tres cigarros de camino a vete-a-saber-donde. Me anima mucho hablar con alguien así (...). Me siento bien. Y así, cuando me voy a dormir, ya sé que pensar.
Porque después de estos cuatro días, ya no recuerdo nada más... Ni de hace un mes, ni de hace un año, ni de la (extraña) llamada del viernes, a la que no lleguaré a contestar nunca. Y lo mejor de todo es que cuando esto acabe, pase lo que pase, para la izquierda o para la derecha, todo tendrá otro color. Lo sé.





