Día 64
Conozco a alguien que siempre dice que cada uno tiene lo que se merece. Pero yo, discrepo.
Lo que sí que es cierto es que todo continúa, con o sin nosotros. Y nos podemos pasar el día compadeciéndonos, o podemos intentar encender una sonrisa y continuar nosotros también con nuestra vida, tu vida, mi vida... lo innegable es que la vida sigue, mejor y peor, y no pasa nada.
Si las personas que antes tenías al lado ya no están seguramente es porque ahora hay otras, diferentes, que te disfrutan.
Si ya no quieres a la persona que querías hace un tiempo seguramente es porque has encontrado a alguien que te quiere más y mejor (y a quien querer más y mejor).
Y si ya no recuerdas cuántas veces has empaquetado tus cosas, o cuántos traslados has hecho, si trabajas en un sitio completamente diferente (y serio)... en fin, que las cosas cambian, y suelen ir a mejor.
Lo que pasa es que a veces, de repente, pasa algo que trastorna o, mejor dicho, trastoca un poco todo lo demás. Quién me iba a decir a mí que iba a acabar haciendo planes...
Pero, de momento, vacaciones...
Lo que sí que es cierto es que todo continúa, con o sin nosotros. Y nos podemos pasar el día compadeciéndonos, o podemos intentar encender una sonrisa y continuar nosotros también con nuestra vida, tu vida, mi vida... lo innegable es que la vida sigue, mejor y peor, y no pasa nada.
Si las personas que antes tenías al lado ya no están seguramente es porque ahora hay otras, diferentes, que te disfrutan.
Si ya no quieres a la persona que querías hace un tiempo seguramente es porque has encontrado a alguien que te quiere más y mejor (y a quien querer más y mejor).
Y si ya no recuerdas cuántas veces has empaquetado tus cosas, o cuántos traslados has hecho, si trabajas en un sitio completamente diferente (y serio)... en fin, que las cosas cambian, y suelen ir a mejor.
Lo que pasa es que a veces, de repente, pasa algo que trastorna o, mejor dicho, trastoca un poco todo lo demás. Quién me iba a decir a mí que iba a acabar haciendo planes...
Pero, de momento, vacaciones...
Etiquetas: em
Día 63
Hablando sinceramente... a veces pienso que con el tiempo he perdido sensibilidad.
La otra noche me contaba...
Hace años llegamos a la conclusión de que en el mundo hay dos tipos de personas, y que estas dos categorías se basan en cómo reacciona una persona cuando le están tirando piedras.
Si fuera del primer tipo, gritarías.
Si estuvieras dentro del segundo tipo, correrías a cobijarte debajo de un puente, por ejemplo.
Pero tú no, tú sigues caminando sin alterarte. Pese a las piedras. No es que no te duela, o que no te importe... es que piensas que simplemente son piedras. Y ya.
Y por eso eres tan especial para mí, porque pertecenes al tercer tipo de personas.
Porque, en definitiva, hay personas que suponen una especie de punto de inflexión. Dure lo que dure.
Otras personas, en cambio, entran de tu vida y no sabes por qué y cuando salen, tampoco sabes por qué lo hacen. Pero no dejan huella. Y así es.

La otra noche me contaba...
Hace años llegamos a la conclusión de que en el mundo hay dos tipos de personas, y que estas dos categorías se basan en cómo reacciona una persona cuando le están tirando piedras.
Si fuera del primer tipo, gritarías.
Si estuvieras dentro del segundo tipo, correrías a cobijarte debajo de un puente, por ejemplo.
Pero tú no, tú sigues caminando sin alterarte. Pese a las piedras. No es que no te duela, o que no te importe... es que piensas que simplemente son piedras. Y ya.
Y por eso eres tan especial para mí, porque pertecenes al tercer tipo de personas.
Porque, en definitiva, hay personas que suponen una especie de punto de inflexión. Dure lo que dure.
Otras personas, en cambio, entran de tu vida y no sabes por qué y cuando salen, tampoco sabes por qué lo hacen. Pero no dejan huella. Y así es.

Día 62
Y tengo una extraña sensación.
Extraña porque estoy (tremendamente) tranquila. Y toda esta tranquilidad me recuerda, sin poder evitarlo, a ella. A cuando me sentaba, todavía en albornoz, a fumarme un cigarro después de la ducha. Sin recoger el baño, sin quitar la espuma y sin secarme del todo. Y le hablaba de lo que quería ser de mayor, y de cómo quería sentirme. Del día de mañana, de nuestros grandes planes, y nuestras grandes vidas, en definitiva. Cuánto la echo de menos (y cuánto llegué a echarla de más...).
Pero es una sensación que me gusta mucho recuperar. Es la sensación de que todo gira, de que todo rueda, todo se mueve poquito a poco (como debe ser), sin remedio, hasta el principio de algo que será realmente bueno. Es la sensación de si ahora me quieres, espérate un poco y verás como me quieres más.
Porque ahora estamos ocupando una casa. Una casa más grande (enorme, diría yo), con una bañera en la que nos pasamos las horas hablando y acariciándonos con los pies. Es como una bañera mágica. Y también hay un pequeño balcón al que podemos salir en albornoz, a fumar y a hablar de lo que queríamos ser de pequeños mientras el gato más bonito del mundo se acerca para mirarme a escondidas porque, en realidad, todavía no sabe quién soy.
Porque vamos a dedicar una de las habitaciones a pintar miniaturas.
Porque todas sus cosas y todas mis cosas no caben, pero pensamos hacerle un sitio.
Porque, recuerda, que a quien te abrazas para dormir es a mí. Ni más ni menos (porque con todas las personas que hay en el mundo, pensar en una ya es mucho...)
Extraña porque parece que no está pasando nada cuando, en realidad, está pasando todo.
y abrázame fuerte, que no pueda respirar... tengo miedo de que un día, ya no quieras bailar conmigo, nunca más... (Pedro Guerra, el Marido de la peluquera)
Extraña porque estoy (tremendamente) tranquila. Y toda esta tranquilidad me recuerda, sin poder evitarlo, a ella. A cuando me sentaba, todavía en albornoz, a fumarme un cigarro después de la ducha. Sin recoger el baño, sin quitar la espuma y sin secarme del todo. Y le hablaba de lo que quería ser de mayor, y de cómo quería sentirme. Del día de mañana, de nuestros grandes planes, y nuestras grandes vidas, en definitiva. Cuánto la echo de menos (y cuánto llegué a echarla de más...).
Pero es una sensación que me gusta mucho recuperar. Es la sensación de que todo gira, de que todo rueda, todo se mueve poquito a poco (como debe ser), sin remedio, hasta el principio de algo que será realmente bueno. Es la sensación de si ahora me quieres, espérate un poco y verás como me quieres más.
Porque ahora estamos ocupando una casa. Una casa más grande (enorme, diría yo), con una bañera en la que nos pasamos las horas hablando y acariciándonos con los pies. Es como una bañera mágica. Y también hay un pequeño balcón al que podemos salir en albornoz, a fumar y a hablar de lo que queríamos ser de pequeños mientras el gato más bonito del mundo se acerca para mirarme a escondidas porque, en realidad, todavía no sabe quién soy.
Porque vamos a dedicar una de las habitaciones a pintar miniaturas.
Porque todas sus cosas y todas mis cosas no caben, pero pensamos hacerle un sitio.
Porque, recuerda, que a quien te abrazas para dormir es a mí. Ni más ni menos (porque con todas las personas que hay en el mundo, pensar en una ya es mucho...)
Extraña porque parece que no está pasando nada cuando, en realidad, está pasando todo.
y abrázame fuerte, que no pueda respirar... tengo miedo de que un día, ya no quieras bailar conmigo, nunca más... (Pedro Guerra, el Marido de la peluquera)
Etiquetas: final





