Día 68
Es paradójico, lo sé, pero ahora entiendo mi yo de entonces, y su yo de ahora. Ahora sé que no tiene nada que ver con el amor, el cariño o con lo que esperas de una relación. Simplemente, es una cuestión de perspectiva.
Cuando sales con alguien, igual que cuando entras en un trabajo, o haces un amigo, adoptas un rol. Eso no significa que cambies según sopla el viento... Siempre eres (y serás) la misma persona, pero dependiendo de dónde estés, harás unas cosas u otras, no?
Y a mí me cuesta cada vez más acostumbrarme a la gente...
Cuando sales con alguien, igual que cuando entras en un trabajo, o haces un amigo, adoptas un rol. Eso no significa que cambies según sopla el viento... Siempre eres (y serás) la misma persona, pero dependiendo de dónde estés, harás unas cosas u otras, no?
Y a mí me cuesta cada vez más acostumbrarme a la gente...
Día 67
Llega un día en el que te sientes mayor. Sientes como que caminas por un eterno pasillo. Un pasillo vacío y frío, del que solamente ves pasillo, sin principio ni final.
Un pasillo. Solamente.
Intentas aislarte un poco, de vez en cuando. Hay personas con las que te sientes mejor y otras con las que simplemente tienes que comportarte. Por eso le quiero, porque puedo colorear y comer chocolate cuando no toca, y ducharme a altas horas de la noche, y sentarme en el balcón a mirar cómo llueve, no secarme al salir de la ducha y dejar todo el pasillo lleno de huellas. Puedo hacer esas y otras muchas cosas que hacen que me sienta pequeñamente libre, si es que existe esa sensación.
Y llega el domingo por la tarde, y nos vamos a dar un paseo, a comer un helado antes de cenar, y a hablar. Hablar de por qué se pone a la defensiva cuando le digo algo, o de por qué no puedo escucharle más de 10 minutos seguidos (es que es difícil captar mi atención, telodigodeverdad). En definitiva, de por qué da la sensación de que tenemos miedo de perdernos el uno al otro. Por qué, si nos parecemos tanto...
Y por qué es tan difícil encontrar el equilibrio, la tranquilidad, el pensar que me quiere por cómo soy, y explicarle que le quiero tal y como es, que da igual que su ex-no-novia le llame para quedar de vez en cuando, o que no limpie el polvo como yo lo hago. Da igual que tienda las camisetas por la mitad, o que a todos los platos le eche vino dulce. Da igual que se gaste el poco dinero que nos queda en una miniatura con una sierra mecánica (que, en realidad, es para mí...). Da igual lo que haga, diga o piense porque, cuando cierro los ojos, lo que quiero es estar abrazada a él.
Porque ni siquiera echo de menos un gato...

Un pasillo. Solamente.
Intentas aislarte un poco, de vez en cuando. Hay personas con las que te sientes mejor y otras con las que simplemente tienes que comportarte. Por eso le quiero, porque puedo colorear y comer chocolate cuando no toca, y ducharme a altas horas de la noche, y sentarme en el balcón a mirar cómo llueve, no secarme al salir de la ducha y dejar todo el pasillo lleno de huellas. Puedo hacer esas y otras muchas cosas que hacen que me sienta pequeñamente libre, si es que existe esa sensación.
Y llega el domingo por la tarde, y nos vamos a dar un paseo, a comer un helado antes de cenar, y a hablar. Hablar de por qué se pone a la defensiva cuando le digo algo, o de por qué no puedo escucharle más de 10 minutos seguidos (es que es difícil captar mi atención, telodigodeverdad). En definitiva, de por qué da la sensación de que tenemos miedo de perdernos el uno al otro. Por qué, si nos parecemos tanto...
Y por qué es tan difícil encontrar el equilibrio, la tranquilidad, el pensar que me quiere por cómo soy, y explicarle que le quiero tal y como es, que da igual que su ex-no-novia le llame para quedar de vez en cuando, o que no limpie el polvo como yo lo hago. Da igual que tienda las camisetas por la mitad, o que a todos los platos le eche vino dulce. Da igual que se gaste el poco dinero que nos queda en una miniatura con una sierra mecánica (que, en realidad, es para mí...). Da igual lo que haga, diga o piense porque, cuando cierro los ojos, lo que quiero es estar abrazada a él.
Porque ni siquiera echo de menos un gato...

Día 66
Me siento igual de bien que una niña pequeña. Disfruto con cosas que hace años que no hacía porque, a saber, no son propias de...
Y todo ha desencadenado en una serie de situaciones... me dice que ciempre estamos viviendo aventuras. Y yo creo que, en parte, es completamente cierto...
Hace ya unos meses, empezamos una campaña de Dungeons & Dragons. Es la primera vez que juego a algo parecido. Pero ahora soy la feliz poseedora de un dado de veinte, y nos pasamos la noche del sábado matando orcos (como diría...). Y me encanta.
Tenemos la casa llena de gatos. Como no podemos tener gatos reales (por imposibilidad con los vecinos), nos compramos casi todas las figuras con forma de gato que nos dicen miau. La última adquisición ha venido directamente de Sitges (a ver si un día de estos puedo colgar alguna foto...). También tenemos uno de esos cacharros para hacer pompas de jabón (vivimos en un tercero, y tenemos un estupendo mini-balcón).
Estanterías llenas de películas... Cada día 1 nos pasamos por una tienda de estas que tienen de todo... y vamos creando una pequeña colección. Él adora a Takashi Miike. Yo adoro a Todd Solondz. De momento...
Un viernes, por casualidad, acabamos en el estreno del musical de Mortadelo y Filemón. Como musical igual no está demasiado bien, pero nos pasamos toda la noche cantando, y le adoro cada día más.
Y esta semana estamos estresados con el Festival de Sitges (de cine fantástico y de terror). Debido a una serie de contratiempos completamente ajenos a nuestra persona, nos hemos quedado sin entradas para la mayoría de las películas que queríamos ver. Pero no importa. Llevamos dos de dos que nos han encantado. Y tenemos cientos de fotografías, con el sol en todas las posiciones... Y planes para que el año que viene, todo salga mejor...
Y todo ha desencadenado en una serie de situaciones... me dice que ciempre estamos viviendo aventuras. Y yo creo que, en parte, es completamente cierto...
Hace ya unos meses, empezamos una campaña de Dungeons & Dragons. Es la primera vez que juego a algo parecido. Pero ahora soy la feliz poseedora de un dado de veinte, y nos pasamos la noche del sábado matando orcos (como diría...). Y me encanta.
Tenemos la casa llena de gatos. Como no podemos tener gatos reales (por imposibilidad con los vecinos), nos compramos casi todas las figuras con forma de gato que nos dicen miau. La última adquisición ha venido directamente de Sitges (a ver si un día de estos puedo colgar alguna foto...). También tenemos uno de esos cacharros para hacer pompas de jabón (vivimos en un tercero, y tenemos un estupendo mini-balcón).
Estanterías llenas de películas... Cada día 1 nos pasamos por una tienda de estas que tienen de todo... y vamos creando una pequeña colección. Él adora a Takashi Miike. Yo adoro a Todd Solondz. De momento...
Un viernes, por casualidad, acabamos en el estreno del musical de Mortadelo y Filemón. Como musical igual no está demasiado bien, pero nos pasamos toda la noche cantando, y le adoro cada día más.
Y esta semana estamos estresados con el Festival de Sitges (de cine fantástico y de terror). Debido a una serie de contratiempos completamente ajenos a nuestra persona, nos hemos quedado sin entradas para la mayoría de las películas que queríamos ver. Pero no importa. Llevamos dos de dos que nos han encantado. Y tenemos cientos de fotografías, con el sol en todas las posiciones... Y planes para que el año que viene, todo salga mejor...





