Día 13
El otro día se me ocurrió ir al cine. No sé por qué elegí la última película de Ang Lee (con el momento tan sensible que tengo). Supongo que es porque me encantan las atípicas historias de amor que acaban mal. Dos horas treinta y ocho minutos, tengo que avisar. Y me gustó bastante. Y lloré bastante también.
El caso es que estoy en un punto muerto. Punto muerto porque vuelve a casa por Navidad y, en principio, iba a llevarme. Luego, un buen día, llegó a la conclusión de que prefería no hacerlo (porque tiene el presentimiento de que vamos a discutir) Yo por mi parte le dije que si se iba solo, me buscaba cualquier habitación en cualquier piso y me iba de casa (y de su vida, y para siempre, bla, bla, bla). Esto es un chantaje? Me contestó, y el sábado compró su billete.
Y yo me fui al cine, por no ponerme a llorar viendo el partido, con el compañero de piso a mi lado (y a su lado) en el sofá. Por sentirme libre, supongo, y descargar, pensar en otra cosa, y llorar por una relación que no sea la mía (o la nuestra, la de todos).
Y estas Navidades me quedo sola, con mi semana de vacaciones, con el compañero de piso y mi madre llamándome cada tres por cuatro para que vaya a su casa a pasar unos días y deje ya a este novio que tengo, que no me trae más que disgustos. También tiene cosas buenas, le explico. Pero ya se sabe, a las madres a cabezotas no las gana nadie.
Es cierto que nos va mal, un poco mal, al menos. No sabemos por qué, porque nos queremos bastante tirando a mucho, y nos echamos de menos, y lo que más nos gusta en el mundo es meternos en la cama, desnudos, juntos, y abrazarnos bien fuerte. Mejor si cerramos los ojos. Yo, incluso, echo de menos esa sensación cuando estoy en el trabajo, en medio de una horrible reunión. Pero eso ya son manías mías, supongo.
Pero yo creo que si nos va mal, pues nos aguantamos. Si nos va mal y queremos que nos vaya bien, pues hacemos esfuerzos, y pasamos tiempo juntos, y cuando salimos a divertinos, pues lo hacemos juntos. Porque si no, poco a poco, solamente pasaremos juntos los ratos en los que no sabemos qué (más) hacer, cuando no tenemos dinero, los domingos por la tarde que llueve y hace tanto frío que ni si quiera bajas a por tabaco. Y esos momentos no son buenos, ni se convertirán en los mejores, ni llegaremos a nada en ningún momento.
Cuando nos fuimos a dormir, después del cine, me dijo que no me fuera. Que no quería que me fuera. Que me quería. Pero que estaba triste, que todo le salía mal, y que quería desconectar unos días sin tener que preocuparse de nada más. Lo que no entiendo, le dije, es que si hay alguien que puede hacerte feliz, si puede irte bien en algo, quieras estropearlo y no lo tengas en cuenta.
Desde aquella conversación, estamos "como novios", felices y (casi) encantados de la vida: salimos y vamos de compras y de paseo y a comer por ahí, y hablamos y jugamos al Trivial y dormimos la siesta y nos abrazamos y me mira con ojitos y me explica que no va a hacer nada en Madrid, que no es que no me quiera, que no es que quiera que no vaya.
Pero no voy, le digo. Y lo peor de todo es que no sé por qué te haces elegir.
El caso es que estoy en un punto muerto. Punto muerto porque vuelve a casa por Navidad y, en principio, iba a llevarme. Luego, un buen día, llegó a la conclusión de que prefería no hacerlo (porque tiene el presentimiento de que vamos a discutir) Yo por mi parte le dije que si se iba solo, me buscaba cualquier habitación en cualquier piso y me iba de casa (y de su vida, y para siempre, bla, bla, bla). Esto es un chantaje? Me contestó, y el sábado compró su billete.
Y yo me fui al cine, por no ponerme a llorar viendo el partido, con el compañero de piso a mi lado (y a su lado) en el sofá. Por sentirme libre, supongo, y descargar, pensar en otra cosa, y llorar por una relación que no sea la mía (o la nuestra, la de todos).
Y estas Navidades me quedo sola, con mi semana de vacaciones, con el compañero de piso y mi madre llamándome cada tres por cuatro para que vaya a su casa a pasar unos días y deje ya a este novio que tengo, que no me trae más que disgustos. También tiene cosas buenas, le explico. Pero ya se sabe, a las madres a cabezotas no las gana nadie.
Es cierto que nos va mal, un poco mal, al menos. No sabemos por qué, porque nos queremos bastante tirando a mucho, y nos echamos de menos, y lo que más nos gusta en el mundo es meternos en la cama, desnudos, juntos, y abrazarnos bien fuerte. Mejor si cerramos los ojos. Yo, incluso, echo de menos esa sensación cuando estoy en el trabajo, en medio de una horrible reunión. Pero eso ya son manías mías, supongo.
Pero yo creo que si nos va mal, pues nos aguantamos. Si nos va mal y queremos que nos vaya bien, pues hacemos esfuerzos, y pasamos tiempo juntos, y cuando salimos a divertinos, pues lo hacemos juntos. Porque si no, poco a poco, solamente pasaremos juntos los ratos en los que no sabemos qué (más) hacer, cuando no tenemos dinero, los domingos por la tarde que llueve y hace tanto frío que ni si quiera bajas a por tabaco. Y esos momentos no son buenos, ni se convertirán en los mejores, ni llegaremos a nada en ningún momento.
Cuando nos fuimos a dormir, después del cine, me dijo que no me fuera. Que no quería que me fuera. Que me quería. Pero que estaba triste, que todo le salía mal, y que quería desconectar unos días sin tener que preocuparse de nada más. Lo que no entiendo, le dije, es que si hay alguien que puede hacerte feliz, si puede irte bien en algo, quieras estropearlo y no lo tengas en cuenta.
Desde aquella conversación, estamos "como novios", felices y (casi) encantados de la vida: salimos y vamos de compras y de paseo y a comer por ahí, y hablamos y jugamos al Trivial y dormimos la siesta y nos abrazamos y me mira con ojitos y me explica que no va a hacer nada en Madrid, que no es que no me quiera, que no es que quiera que no vaya.
Pero no voy, le digo. Y lo peor de todo es que no sé por qué te haces elegir.
Comentario:
En una película que ahora no recuerdo dicen: "quizá existan finales felices, incluso para los que no creen en ellos"...
Comentario:
Te leo y me asusto, sentimientos parecidos que ya he pasado y que todavía me ponen los pelos de punta...
Querer a alguien y que te quiera no debería de ser tan complicado, no es justo...
Un beso
Querer a alguien y que te quiera no debería de ser tan complicado, no es justo...
Un beso





