Día 4
Yo soy celosa, pero supongo que celosa, como todo el mundo. Es decir, en plan charlita cada cierto tiempo de: oye, cariño, es que yo creo que si MN no tuviera novio y corriera a tus brazos, me dejarías incluso por teléfono. A saber, las posibilidades de que A lo deje con su novio son remotas. Y mucho más remotas son las de que corra a los brazos de VN.
Pero simplemente, supongo, igual que le pasa a todo el mundo: que tiene un mal día en el trabajo, o que algo le ha salido fatal, tiene un principio de crisis, o su madre le ha llamado para contarle no-se-que rollo familiar.
Porque lo único que me apetece cuando se lo digo (y que conste que lo digo cuando me lleva más de una semana rondando por la cabeza) es que me diga: caiñi, si yo te adoro.
Pero no.
Me estoy enfadando, me dice. Y ya no me apetece acostarme contigo. Ni hablar. Ni acercarme a ti. Ni te voy a dirigir la palabra en toda la noche. Ni mañana por la mañana. Ni mañana durante el día. Y cuando lleguemos a casa, a eso de las siete de la tarde, ya veremos si me apetece. Porque si le apetece, pues aqui no ha pasado nada, todos contentos, y yo me tengo que tragar mi mal día, mis neuras y ponerle buena cara. Y sonríe cariño, que siempre estás seria (claro, es que soy muy depresiva).
Y así siempre, cíclicamente, hasta que le mande a tomar viento (o él a mí).
Alguien dijo una vez: una relación termina cuando sacrificarse ya no vale la pena.
Pues eso.
Pero simplemente, supongo, igual que le pasa a todo el mundo: que tiene un mal día en el trabajo, o que algo le ha salido fatal, tiene un principio de crisis, o su madre le ha llamado para contarle no-se-que rollo familiar.
Porque lo único que me apetece cuando se lo digo (y que conste que lo digo cuando me lleva más de una semana rondando por la cabeza) es que me diga: caiñi, si yo te adoro.
Pero no.
Me estoy enfadando, me dice. Y ya no me apetece acostarme contigo. Ni hablar. Ni acercarme a ti. Ni te voy a dirigir la palabra en toda la noche. Ni mañana por la mañana. Ni mañana durante el día. Y cuando lleguemos a casa, a eso de las siete de la tarde, ya veremos si me apetece. Porque si le apetece, pues aqui no ha pasado nada, todos contentos, y yo me tengo que tragar mi mal día, mis neuras y ponerle buena cara. Y sonríe cariño, que siempre estás seria (claro, es que soy muy depresiva).
Y así siempre, cíclicamente, hasta que le mande a tomar viento (o él a mí).
Alguien dijo una vez: una relación termina cuando sacrificarse ya no vale la pena.
Pues eso.





