Día 57
Noto como que las cosas ruedan... es una sensación muy extraña y nueva para mí. Siempre he tenido que ir a trompicones, siempre he tenido que adaptarme a las cosas que han aparecido en mi camino, con mi mejor sonrisa y sin perder las ganas de... Y acabó por llegar el momento en el que se te quitan las ganas hasta de tener ganas.
Afortunadamente, todo se pasa.
Ayer me decían que doy la sensación de haberme liberado de algo. No de alguien (aunque ese alguien esté incluido en el algo general), sino de una situación. Eso parece.
Pero la verdad es que, además del conjunto o del contexto, estoy empezando a, no sé, como a abrir mi linda cabecita y a hablar de esas cosas y esas sensaciones que tienes cuando, por ejemplo, ves un niño (precioso) por la calle y vas asociando ideas hasta llegar a pensar en si tú estarás preparada (o no) para tener niños, para hacer que un niño crezca a tu lado, para educar a una persona. Y, de repente, le dices: es que yo creo que todas las edades son buenas. Que realmente, un bebé es para comérselo, pero un adolescente de 15 años, rebelde y que cree saberlo todo también te tiene que enriquecer. Curioso, me dice.
Porque el día de la verbena, el camino de vuelta acabó convirtiéndose en un estoy tan bien contigo que no quiero irme, que no quiero dormir. Y acabó, el camino de vuelta, después de hacer fotos de la puesta de sol. Vimos amanecer y vimos anochecer.
Desayunamos, comimos, y bebimos. Fuimos a buscar la bici, hablamos de personas, relaciones y situaciones, de películas que, en su día, nos hicieron llorar, de libros, de poesía y de las chicas que escriben (que tienen, dice, una sensibilidad especial). Y nos tumbamos en el césped, y hablamos desde muy dentro (sin mirarnos a los ojos).
Y al llegar a casa me encontré con un (nuevo) lindo gatito. Un gatito (que aún no tiene nombre) de menos de un mes, que maúlla continuamente, y juega con las piedras, con las plantas y con las toallas. Un gatito precioso. Y si te has encontrado un gato, me dijo, es porque te lo mereces.
Pero todavía no nos hemos tocado ni un pelo.
Afortunadamente, todo se pasa.
Ayer me decían que doy la sensación de haberme liberado de algo. No de alguien (aunque ese alguien esté incluido en el algo general), sino de una situación. Eso parece.
Pero la verdad es que, además del conjunto o del contexto, estoy empezando a, no sé, como a abrir mi linda cabecita y a hablar de esas cosas y esas sensaciones que tienes cuando, por ejemplo, ves un niño (precioso) por la calle y vas asociando ideas hasta llegar a pensar en si tú estarás preparada (o no) para tener niños, para hacer que un niño crezca a tu lado, para educar a una persona. Y, de repente, le dices: es que yo creo que todas las edades son buenas. Que realmente, un bebé es para comérselo, pero un adolescente de 15 años, rebelde y que cree saberlo todo también te tiene que enriquecer. Curioso, me dice.
Porque el día de la verbena, el camino de vuelta acabó convirtiéndose en un estoy tan bien contigo que no quiero irme, que no quiero dormir. Y acabó, el camino de vuelta, después de hacer fotos de la puesta de sol. Vimos amanecer y vimos anochecer.
Desayunamos, comimos, y bebimos. Fuimos a buscar la bici, hablamos de personas, relaciones y situaciones, de películas que, en su día, nos hicieron llorar, de libros, de poesía y de las chicas que escriben (que tienen, dice, una sensibilidad especial). Y nos tumbamos en el césped, y hablamos desde muy dentro (sin mirarnos a los ojos).
Y al llegar a casa me encontré con un (nuevo) lindo gatito. Un gatito (que aún no tiene nombre) de menos de un mes, que maúlla continuamente, y juega con las piedras, con las plantas y con las toallas. Un gatito precioso. Y si te has encontrado un gato, me dijo, es porque te lo mereces.
Pero todavía no nos hemos tocado ni un pelo.
Comentario:
Todo se dará...
Me alegro de leerte tan bien...
Un besito guapa
Me alegro de leerte tan bien...
Un besito guapa
Comentario:
Ays, me encantan estos post, de verdad...





