Día 62
Y tengo una extraña sensación.
Extraña porque estoy (tremendamente) tranquila. Y toda esta tranquilidad me recuerda, sin poder evitarlo, a ella. A cuando me sentaba, todavía en albornoz, a fumarme un cigarro después de la ducha. Sin recoger el baño, sin quitar la espuma y sin secarme del todo. Y le hablaba de lo que quería ser de mayor, y de cómo quería sentirme. Del día de mañana, de nuestros grandes planes, y nuestras grandes vidas, en definitiva. Cuánto la echo de menos (y cuánto llegué a echarla de más...).
Pero es una sensación que me gusta mucho recuperar. Es la sensación de que todo gira, de que todo rueda, todo se mueve poquito a poco (como debe ser), sin remedio, hasta el principio de algo que será realmente bueno. Es la sensación de si ahora me quieres, espérate un poco y verás como me quieres más.
Porque ahora estamos ocupando una casa. Una casa más grande (enorme, diría yo), con una bañera en la que nos pasamos las horas hablando y acariciándonos con los pies. Es como una bañera mágica. Y también hay un pequeño balcón al que podemos salir en albornoz, a fumar y a hablar de lo que queríamos ser de pequeños mientras el gato más bonito del mundo se acerca para mirarme a escondidas porque, en realidad, todavía no sabe quién soy.
Porque vamos a dedicar una de las habitaciones a pintar miniaturas.
Porque todas sus cosas y todas mis cosas no caben, pero pensamos hacerle un sitio.
Porque, recuerda, que a quien te abrazas para dormir es a mí. Ni más ni menos (porque con todas las personas que hay en el mundo, pensar en una ya es mucho...)
Extraña porque parece que no está pasando nada cuando, en realidad, está pasando todo.
y abrázame fuerte, que no pueda respirar... tengo miedo de que un día, ya no quieras bailar conmigo, nunca más... (Pedro Guerra, el Marido de la peluquera)
Extraña porque estoy (tremendamente) tranquila. Y toda esta tranquilidad me recuerda, sin poder evitarlo, a ella. A cuando me sentaba, todavía en albornoz, a fumarme un cigarro después de la ducha. Sin recoger el baño, sin quitar la espuma y sin secarme del todo. Y le hablaba de lo que quería ser de mayor, y de cómo quería sentirme. Del día de mañana, de nuestros grandes planes, y nuestras grandes vidas, en definitiva. Cuánto la echo de menos (y cuánto llegué a echarla de más...).
Pero es una sensación que me gusta mucho recuperar. Es la sensación de que todo gira, de que todo rueda, todo se mueve poquito a poco (como debe ser), sin remedio, hasta el principio de algo que será realmente bueno. Es la sensación de si ahora me quieres, espérate un poco y verás como me quieres más.
Porque ahora estamos ocupando una casa. Una casa más grande (enorme, diría yo), con una bañera en la que nos pasamos las horas hablando y acariciándonos con los pies. Es como una bañera mágica. Y también hay un pequeño balcón al que podemos salir en albornoz, a fumar y a hablar de lo que queríamos ser de pequeños mientras el gato más bonito del mundo se acerca para mirarme a escondidas porque, en realidad, todavía no sabe quién soy.
Porque vamos a dedicar una de las habitaciones a pintar miniaturas.
Porque todas sus cosas y todas mis cosas no caben, pero pensamos hacerle un sitio.
Porque, recuerda, que a quien te abrazas para dormir es a mí. Ni más ni menos (porque con todas las personas que hay en el mundo, pensar en una ya es mucho...)
Extraña porque parece que no está pasando nada cuando, en realidad, está pasando todo.
y abrázame fuerte, que no pueda respirar... tengo miedo de que un día, ya no quieras bailar conmigo, nunca más... (Pedro Guerra, el Marido de la peluquera)
Etiquetas: final
Comentario:
Pedro Guerra me recuerda a una noche, no muy buena...
Pero están pasando tantas cosas buenas a mi alrededor que ni me planteo el hecho de lo pasado malo...
Un beso guapa
Pero están pasando tantas cosas buenas a mi alrededor que ni me planteo el hecho de lo pasado malo...
Un beso guapa
Comentario:
final???
no lo parece..... ni te lo mereces.
un beso enorme.
no lo parece..... ni te lo mereces.
un beso enorme.





