Día 67
Llega un día en el que te sientes mayor. Sientes como que caminas por un eterno pasillo. Un pasillo vacío y frío, del que solamente ves pasillo, sin principio ni final.
Un pasillo. Solamente.
Intentas aislarte un poco, de vez en cuando. Hay personas con las que te sientes mejor y otras con las que simplemente tienes que comportarte. Por eso le quiero, porque puedo colorear y comer chocolate cuando no toca, y ducharme a altas horas de la noche, y sentarme en el balcón a mirar cómo llueve, no secarme al salir de la ducha y dejar todo el pasillo lleno de huellas. Puedo hacer esas y otras muchas cosas que hacen que me sienta pequeñamente libre, si es que existe esa sensación.
Y llega el domingo por la tarde, y nos vamos a dar un paseo, a comer un helado antes de cenar, y a hablar. Hablar de por qué se pone a la defensiva cuando le digo algo, o de por qué no puedo escucharle más de 10 minutos seguidos (es que es difícil captar mi atención, telodigodeverdad). En definitiva, de por qué da la sensación de que tenemos miedo de perdernos el uno al otro. Por qué, si nos parecemos tanto...
Y por qué es tan difícil encontrar el equilibrio, la tranquilidad, el pensar que me quiere por cómo soy, y explicarle que le quiero tal y como es, que da igual que su ex-no-novia le llame para quedar de vez en cuando, o que no limpie el polvo como yo lo hago. Da igual que tienda las camisetas por la mitad, o que a todos los platos le eche vino dulce. Da igual que se gaste el poco dinero que nos queda en una miniatura con una sierra mecánica (que, en realidad, es para mí...). Da igual lo que haga, diga o piense porque, cuando cierro los ojos, lo que quiero es estar abrazada a él.
Porque ni siquiera echo de menos un gato...

Un pasillo. Solamente.
Intentas aislarte un poco, de vez en cuando. Hay personas con las que te sientes mejor y otras con las que simplemente tienes que comportarte. Por eso le quiero, porque puedo colorear y comer chocolate cuando no toca, y ducharme a altas horas de la noche, y sentarme en el balcón a mirar cómo llueve, no secarme al salir de la ducha y dejar todo el pasillo lleno de huellas. Puedo hacer esas y otras muchas cosas que hacen que me sienta pequeñamente libre, si es que existe esa sensación.
Y llega el domingo por la tarde, y nos vamos a dar un paseo, a comer un helado antes de cenar, y a hablar. Hablar de por qué se pone a la defensiva cuando le digo algo, o de por qué no puedo escucharle más de 10 minutos seguidos (es que es difícil captar mi atención, telodigodeverdad). En definitiva, de por qué da la sensación de que tenemos miedo de perdernos el uno al otro. Por qué, si nos parecemos tanto...
Y por qué es tan difícil encontrar el equilibrio, la tranquilidad, el pensar que me quiere por cómo soy, y explicarle que le quiero tal y como es, que da igual que su ex-no-novia le llame para quedar de vez en cuando, o que no limpie el polvo como yo lo hago. Da igual que tienda las camisetas por la mitad, o que a todos los platos le eche vino dulce. Da igual que se gaste el poco dinero que nos queda en una miniatura con una sierra mecánica (que, en realidad, es para mí...). Da igual lo que haga, diga o piense porque, cuando cierro los ojos, lo que quiero es estar abrazada a él.
Porque ni siquiera echo de menos un gato...

Comentario:
Yo también te entiendo, por lo menos en cierta parte. Hubo un tiempo en el que yo también me sentía así.
No hay que dejar que las cosas tontas desvien nuestra atención, hay que preocuparse de disfrutar de las cosas que nos hacen sentirnos bien.
Un beso
No hay que dejar que las cosas tontas desvien nuestra atención, hay que preocuparse de disfrutar de las cosas que nos hacen sentirnos bien.
Un beso
Comentario:
No te puedes hacer una idea que cuanto te comprendo. Por qué somos tan complicados, por qué le tenemos que buscar cinco pies al gato.
Sigue intentando demostrale lo que realmente te importa.
Un besazo.
Sigue intentando demostrale lo que realmente te importa.
Un besazo.





