La lucha
En unos minutos me voy a la manifestación de esta tarde contra la pobreza.
Me voy a gritar toda mi rabia, mi impotencia, mi dolor...
Me voy a denunciar, a señalar a los injustos, a los insolidarios, a los egoístas...
Me voy a sostener a los que no tienen fuerzas para sostenerse...
Me voy a decirles que estoy con ellos, a su lado, en la lucha.
POBREZA CERO
¡ESPERADME, QUE VOY!
Me voy a gritar toda mi rabia, mi impotencia, mi dolor...
Me voy a denunciar, a señalar a los injustos, a los insolidarios, a los egoístas...
Me voy a sostener a los que no tienen fuerzas para sostenerse...
Me voy a decirles que estoy con ellos, a su lado, en la lucha.
POBREZA CERO
¡ESPERADME, QUE VOY!
La respuesta
Bueno, por fin ayer tuve respuesta…
¡Qué par de días más malos pasé!
La verdad, vivir con la incertidumbre de si me mandaría a la porra o si querría volverme a ver, me ha mantenido en vilo y sin vivir en mí.
He llegado a consultar el correo desde el trabajo… y justo ayer decidí no mirar el correo por la mañana en casa y, a medio día, desde el trabajo se me ocurrió entrar a ver si había algo nuevo (sin esperanza alguna) y ví el mensaje… el corazón a mil… ¡casi me da un síncope!
Y lo leí… bueno, casi me lo sé ya de memoria… jajajajajjaja
Os resumiré (tampoco era muy largo): me dijo que no había ninguna otra, que cuando me conoció no buscaba (y ahora tampoco) tener una relación pero que conmigo hay algo especial y quiere seguir compartiendo momentos especiales conmigo. Que plantearse nada que vaya más allá es una quimera. Yo ya le contesté ayer que en este momento no me planteo nada: ni relación ni no relación y que lo único que sé es que con él estoy a gusto y ya está. Le comenté que lo único que me preocupaba era que fuera un picaflores, que eso no me gusta en un hombre, pero que aclarado eso, no miro más allá.
Y, aquí me tenéis, subiendo y tocando el cielo y echándole de menos, que si por cada segundo que pienso en él me dieran un céntimo, me habría dejado el trabajo…
Y, por supuesto, como en mi vida nada puede ser normal, hubo sorpresa…
Estando a vueltas con el mensaje de Brujo me llegó un mail a mi trabajo que me sacudió entera.
Era de mi exnovio… sí, el que os comentaba que tiene el problema de celos… me mandó un mensaje de lo más raro… un correo con un adjunto (sin mensaje escrito)… una foto… de su hijo…
Tuve hasta miedo, de verdad. Porque no entiendo qué pretende…
Su hijo es para él lo más importante en esta vida. Recuerdo que al poco de empezar la relación me dijo que tenía que ganarme el honor de conocerle… no quería que el niño sufriera conociendo a una persona y encariñándose con ella y que luego esa persona desapareciera sin más de su vida… así que se aseguró bien de mí y luego tuve el inconmensurable honor de conocer al niño… no hablaré de él. No debe nada… incluso, en alguna ocasión tuve que ponerme entre mi exnovio y el pequeño porque hubo situaciones… enfin, no quiero recordar…
El día que lo dejamos hice un comentario sobre el niño y lo cobarde que es él, ya que lo utiliza según los fines que quiere obtener, y, al oírme pronunciar el nombre del pequeño, me dijo (literal) que como volviera a nombrarle me arrancaba la cabeza… sí, así se las gastaba el violento…
Y tras unos meses me llega un mail sin mensaje y con una foto del niño celebrando su cumpleaños…
Menos mal que vive en otra ciudad…
Yo no le he escrito nada. Ni lo voy a hacer.
Espero que se olvide de mí.
Os dejo con un video de Sabina… “Princesa”… así me llama Brujo y esa fue una de las canciones que cantó en el encuentro con el grupo de solteros (que por supuesto tengo grabada en vídeo y que he visto 1500 veces).
Bona nit.
¡Qué par de días más malos pasé!
La verdad, vivir con la incertidumbre de si me mandaría a la porra o si querría volverme a ver, me ha mantenido en vilo y sin vivir en mí.
He llegado a consultar el correo desde el trabajo… y justo ayer decidí no mirar el correo por la mañana en casa y, a medio día, desde el trabajo se me ocurrió entrar a ver si había algo nuevo (sin esperanza alguna) y ví el mensaje… el corazón a mil… ¡casi me da un síncope!
Y lo leí… bueno, casi me lo sé ya de memoria… jajajajajjaja
Os resumiré (tampoco era muy largo): me dijo que no había ninguna otra, que cuando me conoció no buscaba (y ahora tampoco) tener una relación pero que conmigo hay algo especial y quiere seguir compartiendo momentos especiales conmigo. Que plantearse nada que vaya más allá es una quimera. Yo ya le contesté ayer que en este momento no me planteo nada: ni relación ni no relación y que lo único que sé es que con él estoy a gusto y ya está. Le comenté que lo único que me preocupaba era que fuera un picaflores, que eso no me gusta en un hombre, pero que aclarado eso, no miro más allá.
Y, aquí me tenéis, subiendo y tocando el cielo y echándole de menos, que si por cada segundo que pienso en él me dieran un céntimo, me habría dejado el trabajo…
Y, por supuesto, como en mi vida nada puede ser normal, hubo sorpresa…
Estando a vueltas con el mensaje de Brujo me llegó un mail a mi trabajo que me sacudió entera.
Era de mi exnovio… sí, el que os comentaba que tiene el problema de celos… me mandó un mensaje de lo más raro… un correo con un adjunto (sin mensaje escrito)… una foto… de su hijo…
Tuve hasta miedo, de verdad. Porque no entiendo qué pretende…
Su hijo es para él lo más importante en esta vida. Recuerdo que al poco de empezar la relación me dijo que tenía que ganarme el honor de conocerle… no quería que el niño sufriera conociendo a una persona y encariñándose con ella y que luego esa persona desapareciera sin más de su vida… así que se aseguró bien de mí y luego tuve el inconmensurable honor de conocer al niño… no hablaré de él. No debe nada… incluso, en alguna ocasión tuve que ponerme entre mi exnovio y el pequeño porque hubo situaciones… enfin, no quiero recordar…
El día que lo dejamos hice un comentario sobre el niño y lo cobarde que es él, ya que lo utiliza según los fines que quiere obtener, y, al oírme pronunciar el nombre del pequeño, me dijo (literal) que como volviera a nombrarle me arrancaba la cabeza… sí, así se las gastaba el violento…
Y tras unos meses me llega un mail sin mensaje y con una foto del niño celebrando su cumpleaños…
Menos mal que vive en otra ciudad…
Yo no le he escrito nada. Ni lo voy a hacer.
Espero que se olvide de mí.
Os dejo con un video de Sabina… “Princesa”… así me llama Brujo y esa fue una de las canciones que cantó en el encuentro con el grupo de solteros (que por supuesto tengo grabada en vídeo y que he visto 1500 veces).
Bona nit.
Replanteamiento
Ya estoy de vuelta otra vez.
¡No paro, es verdad!
Y, el balance es que estoy fenomenal.
Hago balance y pienso en cómo estaba el año pasado a estas horas y veo que mi vida ha dado un giro tremendo.
Como os he comentado en alguna ocasión, hace un año a estas horas estaba totalmente enganchada a un hombre con un problema de celotipia bastante importante. La experiencia fue un infierno. Por dos motivos: le quería con locura (como nunca he amado) y por lo mucho que… me sentí maltratada. Sí. Maltrato. Psicológico. Brutal. En los momentos en los que teníamos las “enganchadas” sentía como si el tema no fuera conmigo. No me creía que mi amor me hablara como él me llegó a hablar. Imaginaos las mayores barbaridades que se puedan decir. Seguramente incluso os quedéis cortos…
No me recreo en la mierda que viví. Pero de vez en cuando me obligo a recordarla porque no debo olvidar. Porque aprendí un montón y no debo olvidar.
Estos días he recordado el tema porque precisamente hace un año anulé mi billete de tren a su ciudad por lo asquerosamente que se había comportado conmigo esa semana. Le mandé un mensaje y le dije que estaba matando lo bueno que había en mí y me contestó que no le hiciera sentir culpable… CAPULLO. Se quedó de piedra cuando le dije que no iba a verle ese fin de semana. Se cabreó incluso. Dejamos la relación durante un mes. Y volvimos.
La verdad es que no quise hacer caso desde un principio a los mil y un signos que se cruzaban en mi camino. Pruebas evidentes de que no era normal, NADA NORMAL. Desde un principio me alejó de mi mundo. A mí me venía bien ya que necesitaba huir en ese momento. Así que cuando él me empujaba fuera de mi mundo, yo ni me resistía. Incluso me sentía contenta de ver que tenía donde caerme muerta. Sí que algún pilotito rojo se encendió en esos momentos. Muy pequeño, pero fue la luz que seguí para poder salir. Poco a poco en la oscuridad en la que me vi sumida se fueron encendiendo más pilotitos. Era como estar en un cine y acostumbrarse a la oscuridad de la sala hasta poder distinguir perfectamente el camino que marcan las luces del pasillo.
Mi familia estuvo preocupada. Yo sí que tenía claro que había límites. Y, aunque no quería asimilar las señales, sí que me mantenía en guardia.
Estaba en un momento débil de mi vida.
Pero ya me recuperé.
Así que basándome en mi nueva fortaleza, he sacado fuerzas de flaqueza para aclarar con Brujo lo de la famosa frase del mundo del toreo.
No lo he podido hacer cara a cara estos días que he pasado con él. Miedo a una reacción no deseada.
Pero tengo mis principios y no puedo ser una más en el cartel de la feria.
Así que le he mandado un mail.
Hace un par de minutos…
Ya os contaré.
Os dejo con el vídeo de “One” de U2, a ver si me da suerte y las cosas van bien…
¡No paro, es verdad!
Y, el balance es que estoy fenomenal.
Hago balance y pienso en cómo estaba el año pasado a estas horas y veo que mi vida ha dado un giro tremendo.
Como os he comentado en alguna ocasión, hace un año a estas horas estaba totalmente enganchada a un hombre con un problema de celotipia bastante importante. La experiencia fue un infierno. Por dos motivos: le quería con locura (como nunca he amado) y por lo mucho que… me sentí maltratada. Sí. Maltrato. Psicológico. Brutal. En los momentos en los que teníamos las “enganchadas” sentía como si el tema no fuera conmigo. No me creía que mi amor me hablara como él me llegó a hablar. Imaginaos las mayores barbaridades que se puedan decir. Seguramente incluso os quedéis cortos…
No me recreo en la mierda que viví. Pero de vez en cuando me obligo a recordarla porque no debo olvidar. Porque aprendí un montón y no debo olvidar.
Estos días he recordado el tema porque precisamente hace un año anulé mi billete de tren a su ciudad por lo asquerosamente que se había comportado conmigo esa semana. Le mandé un mensaje y le dije que estaba matando lo bueno que había en mí y me contestó que no le hiciera sentir culpable… CAPULLO. Se quedó de piedra cuando le dije que no iba a verle ese fin de semana. Se cabreó incluso. Dejamos la relación durante un mes. Y volvimos.
La verdad es que no quise hacer caso desde un principio a los mil y un signos que se cruzaban en mi camino. Pruebas evidentes de que no era normal, NADA NORMAL. Desde un principio me alejó de mi mundo. A mí me venía bien ya que necesitaba huir en ese momento. Así que cuando él me empujaba fuera de mi mundo, yo ni me resistía. Incluso me sentía contenta de ver que tenía donde caerme muerta. Sí que algún pilotito rojo se encendió en esos momentos. Muy pequeño, pero fue la luz que seguí para poder salir. Poco a poco en la oscuridad en la que me vi sumida se fueron encendiendo más pilotitos. Era como estar en un cine y acostumbrarse a la oscuridad de la sala hasta poder distinguir perfectamente el camino que marcan las luces del pasillo.
Mi familia estuvo preocupada. Yo sí que tenía claro que había límites. Y, aunque no quería asimilar las señales, sí que me mantenía en guardia.
Estaba en un momento débil de mi vida.
Pero ya me recuperé.
Así que basándome en mi nueva fortaleza, he sacado fuerzas de flaqueza para aclarar con Brujo lo de la famosa frase del mundo del toreo.
No lo he podido hacer cara a cara estos días que he pasado con él. Miedo a una reacción no deseada.
Pero tengo mis principios y no puedo ser una más en el cartel de la feria.
Así que le he mandado un mail.
Hace un par de minutos…
Ya os contaré.
Os dejo con el vídeo de “One” de U2, a ver si me da suerte y las cosas van bien…
Otra vez de viaje
Pues sí, mañana me vuelvo a coger la maleta y me marcho a una quedada que hemos organizado los del campamento de solteros de este verano.Estaré varios días entre campo y ciudad… espero no pasar frío…
Brujo andará por allí. Es más, mañana cuando llegue a la ciudad de destino pasará a buscarme para llevarme a dar una vuelta.
Yo me alojaré en casa de un familiar. Brujo me dijo que en la casa donde está le es, digamos, incómodo que me aloje yo… Sin comentarios.
Después de mi último post, me encontré bastante mejor. Como decía en él, debía salir a ser protagonista del mundo exterior en lugar de seguir viéndolo a través de mi ventana. Unos minutos después de escribir el post ya andaba yo por el mundo con Mari Gorda.
A la Mari la tengo de vacaciones con mis padres. Más feliz, la muy desagradecida… Ni me echa de menos… Claro, que, todo sea dicho, en su último día la sometí a una pequeña tortura: mi madre me dio unas gafas de sol ultramegafashion de niño con la montura de colores fosfi y la lente de plástico azul oscuro. Y, no podía ser de otra forma, la Mari tuvo que soportar estoicamente una sesión de fotos. Pero ha salido hecha un bombonazo… si es que ¡la percha es la percha!
Otro cambio que está en ciernes en mi vida es mi colaboración con una ONG. Voy a intentar meterme en un proyecto de una que se centra en impartir clases de español a inmigrantes. La verdad es que me apetece mucho. Yo ya colaboré hace años con una ONG de Valencia, pero me quedé un tanto desencantada por la poca seriedad con la que algunos voluntarios se lo tomaban. Al encontrar trabajo (en aquella época estaba en paro) ya no pude mantener el nivel de colaboración que había llevado hasta el momento y mis contribuciones en la actualidad son muy esporádicas. No me apetece volver a aquella, así que me meto en una nueva. Ya os iré contando. Por lo pronto, ya tuve entrevista con una de las responsables y me dijo que estarían encantados de contar conmigo. Ahora me falta hablar con otra de las que lleva la ONG. En teoría me iba a llamar ella estos días, pero como no ha dado señales de vida, mañana la localizaré yo.
Os deseo un buen puente a los que tengáis vacaciones. Pasáoslo bien y volved si os vais fuera.
Os dejo el vídeo de “I’ll be there for you” de The Rembrandts. Es la canción de la serie Friends. Mi favorita de todas las que han hecho hasta ahora en televisión. Cada vez que la reponen vuelvo a ver los capítulos que puedo y los disfruto como si fuera la primera vez que los veo…
Escribir, escribir, escribir…
Me ha subido la fiebre… la fiebre de escribir.
La historia con Brujo está haciendo que me coma la cabeza.
Y no puede ser.
No, querida mía, no.
Sabes que en este punto tienes que huir.
De nuevo, como tantas otras veces… bueno, no tantas, tampoco exageremos.
Pero tienes que recoger el petate y empezar a andar.
Aferrarte a lo que realmente tienes.
A tus amigos, a tu familia, a tu vida.
Este es el momento de apagar el móvil y dejar de pensar.
Idiotizarte con la tele.
Pasear por el río.
Sentir el olor de tu ciudad.
Leer tu libro de cabecera (en este momento “La historiadora” de Elizabeth Kostova y las “Historias inéditas del Pequeño Nicolás” de Sempé-Goscinny).
Ver alguna peli divertida o romántica de esas que sacan todas las lágrimas y las secan.
Pensar en el próximo fin de semana y en las risas con los colegas.
Pensar en tu próximo viaje.
Hablar por el Messenger con tus amigos de verdad… y preguntarle qué tal le ha ido el día y que te haga sonreír.
Dejar de llorar mientras escribes esto, que pareces tonta.
Dejar de mirar por la ventana como una espectadora más y salir al mundo a ser la protagonista.
Vamos, niña, sal ya.
No sabes lo bien que se está ahí afuera.
La historia con Brujo está haciendo que me coma la cabeza.
Y no puede ser.
No, querida mía, no.
Sabes que en este punto tienes que huir.
De nuevo, como tantas otras veces… bueno, no tantas, tampoco exageremos.
Pero tienes que recoger el petate y empezar a andar.
Aferrarte a lo que realmente tienes.
A tus amigos, a tu familia, a tu vida.
Este es el momento de apagar el móvil y dejar de pensar.
Idiotizarte con la tele.
Pasear por el río.
Sentir el olor de tu ciudad.
Leer tu libro de cabecera (en este momento “La historiadora” de Elizabeth Kostova y las “Historias inéditas del Pequeño Nicolás” de Sempé-Goscinny).
Ver alguna peli divertida o romántica de esas que sacan todas las lágrimas y las secan.
Pensar en el próximo fin de semana y en las risas con los colegas.
Pensar en tu próximo viaje.
Hablar por el Messenger con tu
Dejar de llorar mientras escribes esto, que pareces tonta.
Dejar de mirar por la ventana como una espectadora más y salir al mundo a ser la protagonista.
Vamos, niña, sal ya.
No sabes lo bien que se está ahí afuera.
Frente al espejo
Hablando de mí a mí:
Analicemos la situación.
Chica conoce a chico.
Chica se siente atraída por chico.
Chico se siente atraído por chica.
STOP
La atracción que un sexo siente por el otro no tiene por qué ser de la misma índole.
Un chico puede buscar sólo diversión. Una chica… nunca he creído que haya mujeres que sólo busquen diversión. Es más, hablando con algunas que decían sólo buscar eso, he visto en el fondo de sus almas un vacío muy grande. Creo que una mujer busca amor y que el sexo sólo es la antesala de eso que busca. El sexo por el sexo en una mujer no me lo creo. Sinceramente, no me lo creo. Me gustaría encontrar a la mujer que fuera capaz de mirarme a los ojos con sinceridad y reconocer que sólo ha buscado sexo. Y hablo de sexo, no de un magreo. Sexo puro y duro.
Sigamos analizando.
Las emociones de ambos se encuentran en algún lugar del espacio y del tiempo.
Ella intenta llenar su vacío. Él, de algún modo, lo llena.
Ella intenta hallar un significado a su medida y conveniencia en cada uno de los gestos de él. En cada beso, en cada sonrisa, en cada palabra, en cada caricia… no quiere ni puede siquiera pensar en que sólo son eso: un beso que acaba al terminar el contacto, una sonrisa que es sólo una mueca de sus labios, palabras que se las lleva el viento, caricias sin sentimiento…
Y así pasa el tiempo.
Para él no sabemos qué significa.
Para ella cada segundo significa un afianzamiento de sus más profundos (y románticos) deseos. El vacío lo va llenando con migajas que le llegan de él. Intenta leer entre líneas, intenta ver más allá. El contacto de su beso lo guarda en sus labios y se deleita con él a escondidas. Lo saborea en su mente una y otra vez… ad infinitum. Revive su sonrisa y la atesora y abraza esa sonrisa y se llena de ella. Relee sus palabras o las escucha de nuevo en su mente. Modela el lenguaje escrito y le pone tono de voz. En cuanto a las caricias… se han convertido en puntos candentes en su piel. La memoria de la piel…
Ella vive esa gran fantasía pensando que es una gran realidad.
Pero llega un momento en que la realidad se presenta en toda su cruel desnudez. Y no siempre es como quisiéramos que fuera.
Pero es la realidad, sin más.
Y no sé si vale la pena seguir vibrando con esas fantasías para luego darme de bruces con la cruda realidad o vivir la cruda realidad y dejar de soñar.
Bueno, sí que sé si vale la pena o no.
Yo lo sigo haciendo.
Dicen que soy una romántica empedernida… pero me duele.
Analicemos la situación.
Chica conoce a chico.
Chica se siente atraída por chico.
Chico se siente atraído por chica.
STOP
La atracción que un sexo siente por el otro no tiene por qué ser de la misma índole.
Un chico puede buscar sólo diversión. Una chica… nunca he creído que haya mujeres que sólo busquen diversión. Es más, hablando con algunas que decían sólo buscar eso, he visto en el fondo de sus almas un vacío muy grande. Creo que una mujer busca amor y que el sexo sólo es la antesala de eso que busca. El sexo por el sexo en una mujer no me lo creo. Sinceramente, no me lo creo. Me gustaría encontrar a la mujer que fuera capaz de mirarme a los ojos con sinceridad y reconocer que sólo ha buscado sexo. Y hablo de sexo, no de un magreo. Sexo puro y duro.
Sigamos analizando.
Las emociones de ambos se encuentran en algún lugar del espacio y del tiempo.
Ella intenta llenar su vacío. Él, de algún modo, lo llena.
Ella intenta hallar un significado a su medida y conveniencia en cada uno de los gestos de él. En cada beso, en cada sonrisa, en cada palabra, en cada caricia… no quiere ni puede siquiera pensar en que sólo son eso: un beso que acaba al terminar el contacto, una sonrisa que es sólo una mueca de sus labios, palabras que se las lleva el viento, caricias sin sentimiento…
Y así pasa el tiempo.
Para él no sabemos qué significa.
Para ella cada segundo significa un afianzamiento de sus más profundos (y románticos) deseos. El vacío lo va llenando con migajas que le llegan de él. Intenta leer entre líneas, intenta ver más allá. El contacto de su beso lo guarda en sus labios y se deleita con él a escondidas. Lo saborea en su mente una y otra vez… ad infinitum. Revive su sonrisa y la atesora y abraza esa sonrisa y se llena de ella. Relee sus palabras o las escucha de nuevo en su mente. Modela el lenguaje escrito y le pone tono de voz. En cuanto a las caricias… se han convertido en puntos candentes en su piel. La memoria de la piel…
Ella vive esa gran fantasía pensando que es una gran realidad.
Pero llega un momento en que la realidad se presenta en toda su cruel desnudez. Y no siempre es como quisiéramos que fuera.
Pero es la realidad, sin más.
Y no sé si vale la pena seguir vibrando con esas fantasías para luego darme de bruces con la cruda realidad o vivir la cruda realidad y dejar de soñar.
Bueno, sí que sé si vale la pena o no.
Yo lo sigo haciendo.
Dicen que soy una romántica empedernida… pero me duele.
Idiotamente idiota…
Me siento una idiota, una estúpida, tonta perdida…
La verdad es que a veces no me entiendo…
No entiendo mi tendencia a enamorarme de imposibles.
No entiendo mi tendencia a pensar en lo que podría ser.
No entiendo mi tendencia a imaginar lo jodidamente bonito que podría ser.
No entiendo mi tendencia a caer una y otra vez en el mismo tipo de círculo.
No entiendo mi tendencia a pensar que esta vez será diferente.
No entiendo mi tendencia a creer en que podría ser verdad, que lo que yo desearía que fuera acabará siendo.
Intento consolarme pensando que tal vez lo que yo deseo no es para mí porque me espera algo mejor.
Mal de tontos consuelo de muchos.
Pero a veces es lo único que me queda.
Sentirme una tonta más.
Tonta perdida, una estúpida, una idiota me siento… Idiota idiotamente…
Así se cierra el círculo.
Y vuelta a empezar.

La verdad es que a veces no me entiendo…
No entiendo mi tendencia a enamorarme de imposibles.
No entiendo mi tendencia a pensar en lo que podría ser.
No entiendo mi tendencia a imaginar lo jodidamente bonito que podría ser.
No entiendo mi tendencia a caer una y otra vez en el mismo tipo de círculo.
No entiendo mi tendencia a pensar que esta vez será diferente.
No entiendo mi tendencia a creer en que podría ser verdad, que lo que yo desearía que fuera acabará siendo.
Intento consolarme pensando que tal vez lo que yo deseo no es para mí porque me espera algo mejor.
Mal de tontos consuelo de muchos.
Pero a veces es lo único que me queda.
Sentirme una tonta más.
Tonta perdida, una estúpida, una idiota me siento… Idiota idiotamente…
Así se cierra el círculo.
Y vuelta a empezar.

Puesta al día
Estoy en casa desde ayer a mediodía con un virus de esos que nadie sabe de dónde vienen pero sí cómo te dejan…
Así que como tengo que estarme quietecita y ser buena, he decidido actualizar mi blog.
Si es que, no hay mal que por bien no venga…
El último post en plan “os cuento mi vida” fue el 6 de septiembre. Desde entonces han seguido pasando un montón de cosas…
Por partes:
El 14 de septiembre me fui con Brujo a pasar cuatro días a Denia. Él venía con ganas de bucear y playa. No sé si recordaréis esa semana cómo fue: llovía y llovía y llovía. El 14 de septiembre, que era jueves, al despertarme vi que estaba tronando todavía, pero algo en mí decía que acabaría saliendo el sol esa mañana. Yo para estas cosas tengo un sexto sentido. Siempre he acertado con mis previsiones meteorológicas. Y esta vez no fue menos... Sobre las 11.00 hrs. salió el sol.
El vuelo de Brujo llegaba sobre las 12.00 hrs., pero como buen vuelo de bajo coste, se retrasó una hora. En ese tiempo, yo había ido a una de las empresas de alquiler del aeropuerto a arreglar el papeleo del alquiler de un coche que habíamos contratado por Internet. La verdad es que nos salió un precio bastante majo: 130 euros cuatro días todo incluido (kilometraje ilimitado, seguro, gasolina).
Enfin, que puse todo en orden con la empresa de alquiler y quedé en que, en cuanto Brujo bajara del avión, iríamos a añadirle como segundo conductor. Yo llevaba como un año sin conducir y no me apetecía coger el coche. Además, siendo un coche nuevo que no conocía… vamos, que no me hacía gracia el tema de conducir yo, ¡leñes!
El caso es que Brujo apareció a eso de las 13.00 hrs. agobiado por el retraso y refunfuñando. Para más inri, cuando fuimos a agregarle como segundo conductor (¡ah! esto también estaba incluido en lo del coche), resulta que el muy despiste se había dejado el carnet de conducir en casa… ¡Qué ilusión más grandeeeee! ¡Me tocaba conducir durante cuatro días! ¡Qué suerte la mía!
No sé a quién le hacía más ilusión, la verdad. Si a mí o a Brujo que viendo mi reacción se empezó a acojonar… (“¿Que hace mucho que no conducesssss? ¿conduces biennnnnnnn?”)
La verdad sea dicha: conduzco bien, sí. Todos los que han tenido el honor de copilotear conmigo lo han dicho. Y no porque se lo haya preguntado. Ha sido puro reconocimiento espontáneo. Yo creo que acojono a todo el mundo con mi horror a conducir (no es que no me guste, es que prefiero ir de copiloto, cantando, bailando y comiendo guarradas) y luego a la hora de la verdad ven que es pura vaguería por mi parte.
El caso es que ese jueves estuvimos en Valencia. Comimos en mi casa, hicimos siesta, paseo por la playa al atardecer (con un viento de tirar pa’ tras y con llovizna, pero, la gente de fuera que viene de lugares donde no hay playa, ya se sabe… vamos que los dos únicos insensatos ese día en la playa éramos nosotros). Por la noche me lo llevé al Carmen: tapeo en uno de mis bares favoritos y unas cervecitas en un pub de la calle Bolsería y en uno de los de la calle Baja (¿o Alta?... no hay forma de que me aclare con estas dos).
El viernes a Denia. Comimos en el apartamento de Brujo y por la tarde nos fuimos a conocer el lugar. ¿La playa? Ahí estaba… aire fresco, pero fresco, fresquísimo y mar picadito…
Esa noche llevé a Brujo a cenar a un restaurante que hay por Las Rotas. Otro de mis rincones preferidos. Cenita en terracita al borde de un mar embravecido… se estaba de fábula y nos pillamos un punto con el vino blanco tremendo. De ahí, íbamos a irnos a algún pueblo de la zona que estaba en fiestas, pero nos lo pensamos (dado nuestro estado, era mejor no coger coche) y nos fuimos a un pub que hay en Las Rotas en el que suelen hacer conciertos.
Esa noche tocaba un grupo que hacía versiones tremendas de clásicos. Empezaron con “Purple Rain” y siguieron con temas como “High way to hell”, “Sweet child o’ mine”, “Eye of the tiger”…
El cantante tenía una voz bastante buena, así que fue una gozada de concierto. El pub lleno hasta la bandera de extranjeros cantando, un ambientazo inolvidable. Fue la mejor noche. Yo estaba feliz.
Al día siguiente, Brujo estuvo agonizando... estos chicos que no me aguantan nada… diciendo que la cena le había sentado mal (resaca, joío, que eso se llama RE-SA-CA…jajajajajaja). Y yo de enfermera… si es que, soy más majaaa, ¡que las pesetas!
Le logré arrastrar fuera de su lecho de dolor hacia mediodía, le dije que se diera una ducha y se dejara de cuentos y que espabilara, que nos íbamos a dar una vuelta. Y le fue bien la medicina.
Esa tarde sí que fuimos a la playa. A la zona de Las Rotas, donde está la reserva submarina. Había muy poca gente a la hora que fuimos y, finalmente, Brujo… no buceó. No, tampoco buceó ese día.
Esa noche le llevé a Altea. Uno de los pueblos con más encanto de la costa Alicantina, por no decir el pueblo con más encanto. Estábamos ya un poco de capa caída. Brujo no se había recuperado del todo de su “mala digestión” y yo empezaba a ponerme tonta y sensiblona.
Domingo: PLAYA, sí, PLA-YA. Que si no el chiquillo se me muere. Buceó. Sí, ¡vaya si buceó! ¡que pensaba que en lugar de él saldría una lechuga rizada del mar! Comimos un par de bocatas a la orilla del mar y hacia las 18.00 hrs. nos fuimos a recoger nuestras cosas. El avión de Brujo salía a las 21.30 hrs., así que íbamos un poco justitos de tiempo. Fue una de las tardes de más estrés de toda mi vida. Salíamos a las 20.00 hrs. de Denia. Brujo conducía. Y el coche era Kid, el coche fantástico, que volaba por la autopista. Yo, además, no quería meter más presión y me estuve comiendo las uñas hasta que pasamos la zona de Cullera en la que se suelen montar unas retenciones importantes. Hicimos Denia-aeropuerto de Manises en poco más de una hora. Yo más no quise saber… Al llegar al aeropuerto, empujé literalmente a Brujo y su mochila fuera del coche y me fui a aparcar. Dejé el coche como pude en el parking y salí disparada hacia la zona de embarque… el vuelo, como buen vuelo de bajo coste, llevaba retraso… en una hora dirían algo… no saldría en una hora, ¡dirían algo en una hora! ¡AAAAAAAGGGGHHHH!
Sinopsis de lo que pasó después: el vuelo salió a la 1.00 hrs.
A todas estas, estando en Denia, el día que Brujo agonizaba, recibí un mensaje… adivina, adivinanza… Biciman al habla. Que si quedábamos para ir al cine, cenar, tomar algo… Le contesté que no estaba en Valencia y me mandó un sms (“¿Dónde estás?”) que me llevó a llamarle porque si no iba a ser una tortura el resto de la mañana, mensajito arriba, mensajito abajo. Hablamos un rato y me intentó someter a un breve interrogatorio sobre mi estancia en Denia y mi acompañante. Pasé de entrar en el juego. Le dije que ya le llamaría para quedar algún día la semana siguiente.
Lo que siento: Brujo me gusta mucho. Bueno, muchísimo sería más acertado. O quizás, más que muchísimo. Pero no sé si el sentimiento es compartido. No se prodiga en sus comunicaciones. En verano, en el campamento de solteros, ya hablé con él un día y le comenté que quería volverle a ver. Él me dijo que sí, pero que tuviera en cuenta que “toreaba en otras plazas”. Esa puta frasecita se me clavó en las entrañas e hizo que saltara una señal de alarma. Hoy leyendo el blog del Pequeño Nicolás he intentado entender un poco más. Pero se me hace difícil como mujer entender la biología de un hombre. Además, es que no me lo acabo de creer. Eso de la necesidad hormonal masculina… siempre me ha olido y me olerá a cuento chino para justificar infidelidades y promiscuidad.
Los cuatro días de Denia yo sabía que él no había estado toreando, desde la última vez que nos habíamos visto, en ninguna plaza. No sé si la próxima vez que le vea (si le vuelvo a ver) habrá cortado ya alguna oreja. Sé que si lo confiesa, por mi parte terminará lo que haya habido hasta el momento. Claro que si me pregunto qué hay, la respuesta también es dolorosa. Porque no hay nada.
Yo voy dejando que pasen los días a ver si se va diluyendo lo que siento. Porque es muy jodido sentir algo por alguien que está lejos y que no tienes claro (pero nada, nada claro) que te corresponda.
Han pasado más cosas en este tiempo… pero me he quedado un poco tristona al recordar todo esto.
Quizás en un rato me anime y siga escribiendo.
Os dejo con un video de Gotan Project, en honor al Brujo que es quien me los dió a conocer...
Así que como tengo que estarme quietecita y ser buena, he decidido actualizar mi blog.
Si es que, no hay mal que por bien no venga…
El último post en plan “os cuento mi vida” fue el 6 de septiembre. Desde entonces han seguido pasando un montón de cosas…
Por partes:
El 14 de septiembre me fui con Brujo a pasar cuatro días a Denia. Él venía con ganas de bucear y playa. No sé si recordaréis esa semana cómo fue: llovía y llovía y llovía. El 14 de septiembre, que era jueves, al despertarme vi que estaba tronando todavía, pero algo en mí decía que acabaría saliendo el sol esa mañana. Yo para estas cosas tengo un sexto sentido. Siempre he acertado con mis previsiones meteorológicas. Y esta vez no fue menos... Sobre las 11.00 hrs. salió el sol.
El vuelo de Brujo llegaba sobre las 12.00 hrs., pero como buen vuelo de bajo coste, se retrasó una hora. En ese tiempo, yo había ido a una de las empresas de alquiler del aeropuerto a arreglar el papeleo del alquiler de un coche que habíamos contratado por Internet. La verdad es que nos salió un precio bastante majo: 130 euros cuatro días todo incluido (kilometraje ilimitado, seguro, gasolina).
Enfin, que puse todo en orden con la empresa de alquiler y quedé en que, en cuanto Brujo bajara del avión, iríamos a añadirle como segundo conductor. Yo llevaba como un año sin conducir y no me apetecía coger el coche. Además, siendo un coche nuevo que no conocía… vamos, que no me hacía gracia el tema de conducir yo, ¡leñes!
El caso es que Brujo apareció a eso de las 13.00 hrs. agobiado por el retraso y refunfuñando. Para más inri, cuando fuimos a agregarle como segundo conductor (¡ah! esto también estaba incluido en lo del coche), resulta que el muy despiste se había dejado el carnet de conducir en casa… ¡Qué ilusión más grandeeeee! ¡Me tocaba conducir durante cuatro días! ¡Qué suerte la mía!
No sé a quién le hacía más ilusión, la verdad. Si a mí o a Brujo que viendo mi reacción se empezó a acojonar… (“¿Que hace mucho que no conducesssss? ¿conduces biennnnnnnn?”)
La verdad sea dicha: conduzco bien, sí. Todos los que han tenido el honor de copilotear conmigo lo han dicho. Y no porque se lo haya preguntado. Ha sido puro reconocimiento espontáneo. Yo creo que acojono a todo el mundo con mi horror a conducir (no es que no me guste, es que prefiero ir de copiloto, cantando, bailando y comiendo guarradas) y luego a la hora de la verdad ven que es pura vaguería por mi parte.
El caso es que ese jueves estuvimos en Valencia. Comimos en mi casa, hicimos siesta, paseo por la playa al atardecer (con un viento de tirar pa’ tras y con llovizna, pero, la gente de fuera que viene de lugares donde no hay playa, ya se sabe… vamos que los dos únicos insensatos ese día en la playa éramos nosotros). Por la noche me lo llevé al Carmen: tapeo en uno de mis bares favoritos y unas cervecitas en un pub de la calle Bolsería y en uno de los de la calle Baja (¿o Alta?... no hay forma de que me aclare con estas dos).
El viernes a Denia. Comimos en el apartamento de Brujo y por la tarde nos fuimos a conocer el lugar. ¿La playa? Ahí estaba… aire fresco, pero fresco, fresquísimo y mar picadito…
Esa noche llevé a Brujo a cenar a un restaurante que hay por Las Rotas. Otro de mis rincones preferidos. Cenita en terracita al borde de un mar embravecido… se estaba de fábula y nos pillamos un punto con el vino blanco tremendo. De ahí, íbamos a irnos a algún pueblo de la zona que estaba en fiestas, pero nos lo pensamos (dado nuestro estado, era mejor no coger coche) y nos fuimos a un pub que hay en Las Rotas en el que suelen hacer conciertos.
El cantante tenía una voz bastante buena, así que fue una gozada de concierto. El pub lleno hasta la bandera de extranjeros cantando, un ambientazo inolvidable. Fue la mejor noche. Yo estaba feliz.
Al día siguiente, Brujo estuvo agonizando... estos chicos que no me aguantan nada… diciendo que la cena le había sentado mal (resaca, joío, que eso se llama RE-SA-CA…jajajajajaja). Y yo de enfermera… si es que, soy más majaaa, ¡que las pesetas!
Le logré arrastrar fuera de su lecho de dolor hacia mediodía, le dije que se diera una ducha y se dejara de cuentos y que espabilara, que nos íbamos a dar una vuelta. Y le fue bien la medicina.
Esa tarde sí que fuimos a la playa. A la zona de Las Rotas, donde está la reserva submarina. Había muy poca gente a la hora que fuimos y, finalmente, Brujo… no buceó. No, tampoco buceó ese día.
Esa noche le llevé a Altea. Uno de los pueblos con más encanto de la costa Alicantina, por no decir el pueblo con más encanto. Estábamos ya un poco de capa caída. Brujo no se había recuperado del todo de su “mala digestión” y yo empezaba a ponerme tonta y sensiblona.
Sinopsis de lo que pasó después: el vuelo salió a la 1.00 hrs.
A todas estas, estando en Denia, el día que Brujo agonizaba, recibí un mensaje… adivina, adivinanza… Biciman al habla. Que si quedábamos para ir al cine, cenar, tomar algo… Le contesté que no estaba en Valencia y me mandó un sms (“¿Dónde estás?”) que me llevó a llamarle porque si no iba a ser una tortura el resto de la mañana, mensajito arriba, mensajito abajo. Hablamos un rato y me intentó someter a un breve interrogatorio sobre mi estancia en Denia y mi acompañante. Pasé de entrar en el juego. Le dije que ya le llamaría para quedar algún día la semana siguiente.
Lo que siento: Brujo me gusta mucho. Bueno, muchísimo sería más acertado. O quizás, más que muchísimo. Pero no sé si el sentimiento es compartido. No se prodiga en sus comunicaciones. En verano, en el campamento de solteros, ya hablé con él un día y le comenté que quería volverle a ver. Él me dijo que sí, pero que tuviera en cuenta que “toreaba en otras plazas”. Esa puta frasecita se me clavó en las entrañas e hizo que saltara una señal de alarma. Hoy leyendo el blog del Pequeño Nicolás he intentado entender un poco más. Pero se me hace difícil como mujer entender la biología de un hombre. Además, es que no me lo acabo de creer. Eso de la necesidad hormonal masculina… siempre me ha olido y me olerá a cuento chino para justificar infidelidades y promiscuidad.
Los cuatro días de Denia yo sabía que él no había estado toreando, desde la última vez que nos habíamos visto, en ninguna plaza. No sé si la próxima vez que le vea (si le vuelvo a ver) habrá cortado ya alguna oreja. Sé que si lo confiesa, por mi parte terminará lo que haya habido hasta el momento. Claro que si me pregunto qué hay, la respuesta también es dolorosa. Porque no hay nada.
Yo voy dejando que pasen los días a ver si se va diluyendo lo que siento. Porque es muy jodido sentir algo por alguien que está lejos y que no tienes claro (pero nada, nada claro) que te corresponda.
Han pasado más cosas en este tiempo… pero me he quedado un poco tristona al recordar todo esto.
Quizás en un rato me anime y siga escribiendo.
Os dejo con un video de Gotan Project, en honor al Brujo que es quien me los dió a conocer...





