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Vómitos Mentales
Un rincón de A Coruña, repleto de lluvia, niebla y algo de sol.
Acerca de
Desde este maravilloso rincón, a orillas del Atlántico, me encomiendo a la intuición y espontaneidad, con el deseo de que ninguna de las dos se aleje demasiado del sentido común.
Sindicación
 
Lalo
Miró a lo alto y lanzó una espasmódica carcajada al infinito. Agitado y tembloroso, se perdió en un vaivén de movimientos inciertos e inseguros. En medio de aquella danza histérica llevó una mano a la cabeza y se tiró del estropajo. Con la otra, después de un generalizado repaso, rascó sus partes desde el bolsillo. Palmeó la camisa de franela y el pantalón de pana amarilla, se golpeó como si los remiendos fuesen moscas. Acabó perdiéndose entre una polvareda. Convertido en una sombra sin edad y sin rostro.

Apareció unos metros más adelante girando sobre sí mismo en circunferencias irregulares. Al detenerse contempló las zapatillas desatadas, una de ellas sin cordones, y mantuvo unos instantes de quietud. Una vez más, levantó la cabeza y buscó en el vacío; otra carcajada gutural retumbó más allá de las nubes.

Paseos sin destino, recorridos cortos y giros imprevistos lo acercaban y alejaban al mismo tiempo. Una rama seca de pino atrajo su atención y se agachó para recogerla. La partió en varios trozos, se quedó con uno del tamaño de una batuta y comenzó a voltearla con la habilidad de un malabarista.

Había sufrido una transformación, del estado de inquietud y agitación pasó a uno de calma y coherencia. Los movimientos inseguros e impulsivos eran serenos y precisos, emanaba un sosiego impensable segundos antes. Incluso su destartalada presencia, acorde con la conducta anterior, parecía ahora un accidente.

Se sentó en el suelo y, con la palma de la mano, allanó y limpió el espacio que quedaba entre sus piernas. Con la ayuda de la rama dibujó la silueta de una paloma. Avanzó arrastrándose sobre el trasero del pantalón y dibujó otra exactamente igual. Sorprendente e inesperada habilidad que repitió varias veces. Abstraído y tranquilo, se dejaba esconder por la media tarde y el ruido del palo al rozar con el suelo. Cuatro o cinco metros más adelante se incorporó y observó unos instantes el dibujo. Al darse la vuelta y comprobar el refutado, arrojó el palo lo más alto que le permitieron sus fuerzas. Pataleó y braceó, la agitación volvió a sumirle en unos ires y venires sin sentido. Parecía encontrarse de nuevo en medio de un baile de borrachos. En esta ocasión ni siquiera lo acompañaba con las estertóreas carcajadas.

No muy lejos, encontró la rama que había utilizado para dibujar. La recogió y, otra vez calmado, regresó junto al dibujo que se había salvado. Lo borró con el pie y volvió a sentarse, en esta ocasión en dirección contraria. Una a una rehizo las siluetas de palomas que había pintado, repitiendo el mismo gesto de arrastrarse sobre el trasero del pantalón. Cuando remató de dibujar la última se reincorporó y echó un vistazo a lo que dejara a sus espaldas: Igual, su rastro marcado en la tierra había borrado las palomas.

Arrojó una vez más el palo lejos de sí, en esta ocasión sin perder la compostura. Sereno, levantó un poco el pie con la intención de borrar el dibujo que se había salvado, pero dudó unos instantes; el tiempo justo para cambiar de idea. Abandonó el monte, su lugar predilecto, y partió en dirección al pueblo. En silencio, se encaminó ladera abajo en busca de un alma caritativa que compartiese la cena. Callado, siempre callado, nunca le habían oído decir una palabra, nadie; ni para pedir comida. Aunque algunos afirmaban que hablar sí hablaba.

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Luz de Mayo


Cuando el sol se cuela entre las rendijas de las persianas mal cerradas y arrastra sus haces por la habitación hasta la cama para ayudarnos a levantar, sabemos que aquella es una luz de mayo. Con el tiempo aprendemos a esperarlo mientras avanza sigiloso, encendiendo baldosa a baldosa hasta incendiarnos el lecho con el calor de primavera.

En el exterior aguardan multitud de aromas y colores, la brisa de la mañana y el trinar de los pájaros. Abrimos la ventana de par en par y ahí está: rojo y ardiente de vida, elevándose en busca del mediodía. Pero hasta entonces luces y sombras, despertares y legañas; es pueblo, aldea y es infancia; una experiencia o recuerdo de la niñez, de esa inocencia anterior a las resacas que nos impiden abrir los ojos a la explosión de sensaciones y claridad. Imagen que nunca cambia porque mayo siempre es mayo. Y ahí se queda, en un rincón de nuestra memoria, cada día más profundo y lejano. Permanece, somos nosotros quienes nos vamos.

Pasado el mediodía, al atardecer, cuando ya se vislumbra el ocaso, ante los ocres de otoño, descubrimos que son nuestras andanzas las que se repiten, todas se convierten en una; forman parte del mismo viaje. Porque cada ventana, cada lugar o pueblo son uno; las mismas gentes, edificios; alegrías y tristezas, ilusiones y desengaños… Una y única imagen fotocopiada a cada instante, parpadeo a parpadeo, hasta el fin de los tiempos.

Tan sólo varían luces y sombras, ese tablero de ajedrez y de apariencia que viste de extraños a los iguales. Es el sol quien se convierte en plural, el que se descompone en colores y anima a buscar en noviembre a mayo. Por eso somos viajeros y porque lo somos siempre habrá otra oportunidad, otra primavera el siguiente año.
 
Y tú gritas poeta...
¡Poeta! gritas al otro lado del mar
¿y tú me lo llamas desde tan lejos?
Mis coplas sólo son tus deseos de amar,
palabras que a tu alma sirven de espejos,
despertando en ti tan dulce sextina.
¿Y tú gritas poeta amiga argentina?
 
Despertares Concéntricos
–Ring, ring, riiinng...
–Para el despertador de una vez...
–¡Boh! Qué tonto eres... Es la puerta...
–Ring, ring, riiinng...
–Va, va, ya vaaaa. ¿La puerta? ¿Quién será a estas horas? Vaaa... Maldita sea, es el dichoso teléfono...
–¿Es qué no piensas abrir nunca?
–No es la puerta mujer, es... Sííí..., dígame.
–¡Hola! Muy buenos días. Le llamamos de Radio Rueda... ¿Podría usted contestarnos a una pregunta para nuestro concurso...? ¿Sabría decirnos qué hora es?

En la calle dos automóviles chocaron. Por fortuna, sólo aboyaron un poco el frente y el mes de sus respectivos dueños. Uno de los chóferes salió maldiciendo, con cara de pocos amigos.
–¿Qué pasa...? –Contestó el otro conductor.
–Un imbécil, que tiró el teléfono a la calle y me rompió el parabrisas.
Un testigo involuntario, sin poder disimular la sonrisa, comentó con acento burlón.
–¿No se habrá confundido de apartato?

–Vaya, otra llamada que se cortó. Queridos oyentes de Radio Rueda, otro participante que no ha podido responder a nuestra pregunta en el concurso Despertares Concéntricos. Otro desafortunado que ha perdido la opción de entrar en el sorteo de un magnífico reloj despertador...
 
La postal de mayo
Abrí la ventana de par en par, deseaba que el día entrara de golpe en el dormitorio: el olor, los pájaros, la luz y los sueños del despertar, ahí estaban. Tan sólo una ausencia en la postal de mayo. Retrocedí hasta la cama y me senté. Esperaría, sin ella ni mayo es primavera.