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Vómitos Mentales
Un rincón de A Coruña, repleto de lluvia, niebla y algo de sol.
Acerca de
Desde este maravilloso rincón, a orillas del Atlántico, me encomiendo a la intuición y espontaneidad, con el deseo de que ninguna de las dos se aleje demasiado del sentido común.
Sindicación
 
Partiste hacia el ocaso
Querida:
Como sabes, frente a la ventana de la habitación, separada tan sólo por el jardín, está la carretera. Esa por la que un día te fuiste a buscar la vida que no encontrabas aquí. Partiste hacia el ocaso, o eso me pareció a mí; camino de la ciudad, ibas detrás del sol del atardecer como el que va detrás de un espejismo. Todavía recuerdo tu silueta, con la mano levantada en señal de autostop, alejándose y empequeñeciendo hasta convertirse en un punto negro. No he vuelto a saber de ti. Espero que hayas encontrado las razones que añorabas cada día al levantarte. Al principio intenté tranquilizarte ¿recuerdas? Te decía que había que tener un poco de paciencia, si aquí el sol tarda más en salir es por culpa de las montañas, pero nunca faltó a la cita. No, ni a pesar de tú ausencia. Pero te angustiaba el monte, temías que se te cayera encima en el momento menos pensado. Por eso no insistí para que te quedaras, por eso, y porque no sabía muy bien si realmente era sólo la montaña o también te asustaba no poder ver nacer el día con la antelación suficiente. Que el sol nos sorprenda cuando ya está en lo alto y pase por encima de nuestras cabezas sin darnos tiempo a pensar, puede infundir miedo. Lo sé. Miedo a quedarse atrapado en el pasado, a que se vaya el aliento antes de respirarlo; miedo a que la última oportunidad se nos escape de las manos. Podría decirte que sólo se trataba de un sentimiento engañoso, que la idea de un final imprevisto es falsa; podría decirte que cada amanecer es un nuevo nacimiento ¿Pero de qué serviría si se te iba el alma detrás de cada puesta de sol? Pudiendo elegir revivir con el alba decidiste marchar con el ocaso. Era tu decisión y no había vuelta atrás. No, no creo que regreses por el oeste, para ti sería rendirse y resignarse a lo que te ha puesto en marcha; algo así como enterrarse en vida. En eso coincidimos, para saber cuando uno está muerto no hace falta certificado médico, basta con haber perdido la ilusión. Estoy convencido de que no dejarás de caminar detrás del sol mientras existan montañas que te asusten. Tendrás que atravesarlas para vencer el miedo y eso será como regresar al punto de partida. Pero habrá que esperar, antes deberás recorrer el mundo, dar una vuelta completa, convencerte de que el sol de la aurora es el mismo que el del ocaso. Cuando ese momento llegue, estaré aquí, esperándote, contemplando como desciendes victoriosa las montañas de levante.
Tuyo.
P.D. Esta carta es ausencia, como otras muchas.