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Vómitos Mentales
Un rincón de A Coruña, repleto de lluvia, niebla y algo de sol.
Acerca de
Desde este maravilloso rincón, a orillas del Atlántico, me encomiendo a la intuición y espontaneidad, con el deseo de que ninguna de las dos se aleje demasiado del sentido común.
Sindicación
 
Retrato
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Coincidimos en la feria, en esa feria de calvos que venden crecepelo (porque la vida es eso ¿no?). Parecía desorientada y perdida entre tanta peineta inútil. ¡Cómo estás!, pensé. ¿Qué tal?, le dije. Algo contestó, seguro, pero a mí los sentidos tan sólo funcionan de uno en uno. Sus palabras sonaban espontáneas y alegres, sin censura a pesar de que yo estaba iniciando el viaje a lo más profundo de su sonrisa. Era su expresión, aquel malicioso entornar de ojos quien me advertía: ¡qué te estoy viendo!. ¡Irresistible!. Sí, tremendamente y, además, de un modo natural. Demasiado límpida aquella mirada color verde mar para una realidad empecinada consigo misma.

Sorpresa y desconcierto, las dos sensaciones se aunaban; hoy ya no cabe el embrujo sin costa. Mi interés, al principio simple, tan sólo prestaba atención al disfrute de contemplarla. Pero cuanto más la miraba, más me incitaba a pensar. Ante su imagen ningún tópico se mantenía en pie. La muy condenada, era rubia e inteligente; emanaba sexualidad suficiente para soñar toda una vida, al tiempo que, con palabras muy despiertas, te ayudaba a mantener los pies en la tierra. Su cuerpo era de mujer y no de la adolescente impúber que establecen los cánones estéticos. En su interior, la niña noble y generosa; predispuesta a soñar e ilusionarse.

Al deseo se llega con facilidad, es hambre y ella, la mujer, puro alimento. Lo sabía, ¡claro!. Como también sabía que el placer es un fin en sí mismo. Algunas cosas no es necesario decirlas. Para la existencia posterior a la satisfacción estaba esa niña que supo cuidar más allá de la adolescencia. Sobrada de imaginación y ternura.

No es fácil intentar ser niño. Todo va demasiado deprisa, se levanta uno deprisa, trabaja deprisa, se divierte deprisa y, lo que es peor, ama aún más deprisa. La falta de tiempo nos impide alcanzar, incluso, las cosas pequeñas. A nadie, en su sano juicio, se le ocurre aspirar a lo imposible cuando lo posible ahoga. Se necesita imaginación, ganas de soñar y sobre todo: estar loco. Para los niños, aunque no se atreven a decirlo, los mayores somos locos. Por eso ninguno quiere continuar más allá de la adolescencia. Y si alguno decide acompañar a la persona en su madurez, esa persona, tarde o temprano, será amada sin prisas, como sólo sabe amar la posteridad; con la admiración y respeto que unos pocos alcanzan.

El cómo carece de importancia, sea a través de las palabras, del objetivo de una cámara o de una sonrisa cómplice, la búsqueda siempre será la más hermosa de las locuras.

A esa niña dulce, apasionada por las imágenes entrañables, con cariño y admiración.
 
Comentario:
Que bien que estés de vuelta, poder volver a leerte...coincido con Azul,no hay nada como el amor...en todas sus formas, en sus mil maneras de presentarse...son los días que vivimos, el resto sólo esperamos...un besito!!!!
 
Comentario:
Gracias por esas sonrisas Azul, no puede haber mejor principio que el conseguir una sonrisa a la hora de acostarse.

Me gustó esa metáfora que convierte el mundo en una botella RO, sobre todo al descubrir a la luna como el corcho que se ha de destapar para liberarnos a todos.

Lo que siento es que no aparezcan aquí los comentarios. No sé lo que pasa, pero en el blog sólo muestra dos y a mi buzón llegaron más. De cualquier modo, gracias por las generosas visitas.
 
Comentario:
TIENE MUCHA RAZÓN AZUL...COINCIDO EN SU COMENTARIO
UN ABRAZO
 
Comentario:
La vida...es una locura que pocos desean realmente padecer y sentir. Me iba a la cama...pero he leido esto y se me llena el alma de sonrisas, porque digan lo que digan, con prisas o sin ellas...el amor es el mejor alimento para el alma.

Otro bikiño :)biko azul
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