Multiculturalidad en el cole.
Acabo de releer el texto de Julio Carabaña y estoy completamente de acuerdo con él. La escuela debe tender a lo universal y no a lo particular. Y esta universalidad que habrá de reflejarse en el currículum se obtendrá de “...profundizar en el principio de la individualidad...”.
El texto que nos ocupa aborda la multiculturalidad desde distintos puntos de vista. Comienza definiendo el concepto de multiculturalidad, para después centrarse en aspectos más concretos. Mi opinión sobre el artículo, está centrada en lo que se refiere a la escuela y la multiculturalidad.
No me siento capaz de mejorar lo que el autor escribe en su “A modo de conclusión”, pero lo hago mío. Desde que soy maestro he pretendido que mis alumnos comieran fruta, que comieran sano, pero la verdad, no tengo ni idea de cual es plato típico de Rumanía. Mea culpa. Quiero presentar como atenuante que tampoco se cuales son los platos típicos de los más de treinta países de origen de los alumnos del centro donde trabajo.. Es más, dudo que sepa cuales son las comidas representativas de todas las comunidades españolas.
Pero no pretendo frivolizar. Ya dije lo que opinaba sobre la inmigración en el anterior artículo, y lo mantengo. Creo que lo mejor es no hablar de “grupos” o “colectivos”, sino de individuos. Ni gitanos, ni españoles, ni rumanos. Andrei, Juan Carlos y Ramón.
Los teóricos de la pedagogía han conseguido que la sociedad se convenza de que todos los problemas se pueden solucionar con unas cuantas adaptaciones curriculares.
Pero claro, no me extraña. En los últimos años, no hay debate que se precie en el que alguno de los participantes no se arranque con un “en el fondo es un problema de educación”. Y no les falta razón, si consideramos que “todo” es educación. La violencia callejera, el fracaso escolar, la violencia de género, los accidentes de tráfico. Todo es un problema de educación. Claro, pero de lo que no me convencen es de que con unas cuantas adaptaciones curriculares, vayamos a solucionar nada.
Lo mismo ocurre con la inmigración. Si queremos integrar, asimilar, debemos hacerlo en base a unos principios universalistas y no particularistas. Integrar y asimilar en un todo a cada individuo en razón de su ser único, no su ser colectivo o social.
Por supuesto que todas las actividades que nos acerquen a distintas culturas, costumbres, tradiciones, lenguas...etc, son positivas. Pero, no creo que cada “colectivo” deba ser atendido de modo diferente a los demás. Sin embargo si creo que cada niño debe ser tenido en cuenta como tal. Las adaptaciones se deben hacer por causa de la diversidad de un niño respecto a los otros, no a causa de la pertenencia a un determinado colectivo étnico o racial.
Del mismo modo no creo que haya que educar distinto a los niños que a las niñas, a los homosexuales que a los heterosexuales, a los gordos que a los flacos, a los niños de padres rumanos que a los hijos de padres murcianos...etc. Si fuera cierto que cada colectivo merece una atención distinta ¿como formariamos los grupos? ¿Solo atendiendo al origen?.
En fin, esto da para una larga conversación. Un saludo.
El texto que nos ocupa aborda la multiculturalidad desde distintos puntos de vista. Comienza definiendo el concepto de multiculturalidad, para después centrarse en aspectos más concretos. Mi opinión sobre el artículo, está centrada en lo que se refiere a la escuela y la multiculturalidad.
No me siento capaz de mejorar lo que el autor escribe en su “A modo de conclusión”, pero lo hago mío. Desde que soy maestro he pretendido que mis alumnos comieran fruta, que comieran sano, pero la verdad, no tengo ni idea de cual es plato típico de Rumanía. Mea culpa. Quiero presentar como atenuante que tampoco se cuales son los platos típicos de los más de treinta países de origen de los alumnos del centro donde trabajo.. Es más, dudo que sepa cuales son las comidas representativas de todas las comunidades españolas.
Pero no pretendo frivolizar. Ya dije lo que opinaba sobre la inmigración en el anterior artículo, y lo mantengo. Creo que lo mejor es no hablar de “grupos” o “colectivos”, sino de individuos. Ni gitanos, ni españoles, ni rumanos. Andrei, Juan Carlos y Ramón.
Los teóricos de la pedagogía han conseguido que la sociedad se convenza de que todos los problemas se pueden solucionar con unas cuantas adaptaciones curriculares.
Pero claro, no me extraña. En los últimos años, no hay debate que se precie en el que alguno de los participantes no se arranque con un “en el fondo es un problema de educación”. Y no les falta razón, si consideramos que “todo” es educación. La violencia callejera, el fracaso escolar, la violencia de género, los accidentes de tráfico. Todo es un problema de educación. Claro, pero de lo que no me convencen es de que con unas cuantas adaptaciones curriculares, vayamos a solucionar nada.
Lo mismo ocurre con la inmigración. Si queremos integrar, asimilar, debemos hacerlo en base a unos principios universalistas y no particularistas. Integrar y asimilar en un todo a cada individuo en razón de su ser único, no su ser colectivo o social.
Por supuesto que todas las actividades que nos acerquen a distintas culturas, costumbres, tradiciones, lenguas...etc, son positivas. Pero, no creo que cada “colectivo” deba ser atendido de modo diferente a los demás. Sin embargo si creo que cada niño debe ser tenido en cuenta como tal. Las adaptaciones se deben hacer por causa de la diversidad de un niño respecto a los otros, no a causa de la pertenencia a un determinado colectivo étnico o racial.
Del mismo modo no creo que haya que educar distinto a los niños que a las niñas, a los homosexuales que a los heterosexuales, a los gordos que a los flacos, a los niños de padres rumanos que a los hijos de padres murcianos...etc. Si fuera cierto que cada colectivo merece una atención distinta ¿como formariamos los grupos? ¿Solo atendiendo al origen?.
En fin, esto da para una larga conversación. Un saludo.
ANTES DE CARABAÑA...
Acabo de ponerme a leer el artículo de Julio Carabaña y antes de comentarlo me gustaría exponer en este artículo, cuales son mis ideas respecto a la inmigración sin estar influenciado por dicho artículo. Posteriormente, mañana o pasado comentaré el ar´ticulo de Carabaña y certificaré si mi postura ha cambiado.
La inmigración. En muy pocos años, España se ha convertido en un país receptor de personas que llegan con la intención de mejorar su nivel de vida, ayudar a los familiares que dejaron atrás y procurar a sus descendientes unas oportunidades que ni siquiera podrían soñar en sus lugares de origen. Los ciudadanos españoles nos enfrentamos a un fenómeno nuevo. Nunca en la historia de España habíamos recibido a tantos extranjeros. Se hace necesario que tanto los ciudadanos españoles como los inmigrantes accedamos a un conocimiento serio, científico y objetivo del fenómeno. Cómo suele ocurrir con los hechos sociales, todos nos sentimos capaces de dar una opinión que creemos fundada y definitiva. Empleamos ejemplos particulares y cercanos a nuestro entorno, para intentar demostrar la validez de nuestra opinión. Pero, en la mayoría de los casos, estas opiniones nacen de un conocimiento parcial y, en gran medida, muy subjetivo y personal. Yo no soy distinto y creo haberme formado una opinión al respecto. España, ha de diseñar un modelo de país de acogida. Yo creo que este modelo ha de reunir las siguientes características:
- Los anfitriones, hemos de conocer lo que supone humanamente el desarraigo que conlleva la inmigración. Es imprescindible que los términos solidaridad y tolerancia, y más que los términos, los hechos solidarios y tolerantes estén presentes en todas las acciones que pongamos en marcha. Como vemos, esta obligación, esta necesidad, es de tipo ético, y por lo tanto es la que debe presidir y guiar a todas las demás. En el terreno educativo, se ha de fomentar la idea de que la solidaridad y la tolerancia, precisan de acciones reales que den sentido a esos valores. Es decir de nada vale invocar, una y otra vez, los valores como si de un comodín se tratará y no acompañar esas declaraciones con actos verdadera y realmente solidarios y tolerantes. Solidaridad es dar y tolerar es aceptar un daño en aras a una convivencia pacífica y prospera. La llegada de inmigrantes con bajos niveles de renta hará que algunas familias españolas con pocos recursos no puedan acceder a algunas prestaciones sociales que recibían anteriormente. Esta circunstancia y otras parecidas, nos darán ocasión de demostrar la verdadera estima que tenemos a los valores humanos.
- En el terreno institucional, no cabe duda, de que se deben crear estructuras de apoyo. Todas las instancias de poder deben dedicar una parte de sus presupuestos a establecer prioridades y mecanismos para facilitar la integración de los inmigrantes.
- Se deben diseñar campañas de información para facilitar el acceso de los inmigrantes a las prestaciones disponibles.
- Los inmigrantes deben aprender el idioma español, lo que les facilitará alcanzar las metas que se hayan propuesto. Se hace necesario que conozcan las normas que rigen en nuestra sociedad, así como las costumbres cotidaneas.
Creo que el fenómeno de la inmigración no ha hecho más que empezar. No sería capaz de decidirme por uno de los modelos concretos que conocemos. Parece que la integración, teóricamente, es lo deseable. Pero asistimos, atónitos, a una serie de sucesos que han empañado el modelo francés. ¿Multiculturalismo?. El modelo británico parece no haber dado malos resultados, aún cuando los sucesos del 7 de Julio hayan planteado cuestiones que hasta entonces no eran de relevancia. O al menos, no lo eran en los medios de comunicación. El modelo alemán parece que cumplió los objetivos que se propuso. Pero eso ocurrió en los años 60 y 70. ¿Será el modelo Alemán aplicable en el siglo XXI?. Esto no ha hecho más que empezar. Lo mismo podemos decir del modelo norteamericano, del que nadie puede negar su efectividad en relación a la identidad conseguida por los millones de inmigrantes llegados al país. Pero esta asimilación no parece, hoy, tan sencilla. Estados Unidos se construyó sumando y asimilando a los que llegaban, pero hoy no es tan simple. Las recientes manifestaciones en Washington de miles de inmigrantes reclamando sus derechos nos han hecho ver que este modelo tiene sus puntos débiles.
No quiero dejar de referirme a los problemas que, a raíz de la “crisis de las caricaturas”, están conociéndose. Resulta que países como Dinamarca, Suecia o Finlandia, también están teniendo problemas relacionados con la inmigración. En Europa central, están aflorando grupúsculos de ideología nazi, que muy probablemente están detrás de los incendios de albergues para inmigrantes. En Holanda, el asesinato del cineasta Theo Van Gohg, es otro ejemplo más. Se hace imprescindible evitar la proliferación de grupos de extrema derecha que hagan más inestable la situación.
La inmigración nos trae ventajas demográficas y económicas. Más nacimientos, más cotizaciones y mayor recaudación en la Seguridad Social y en Hacienda, mayor producción, mano de obra...etc. Pero más importante que esto es que los inmigrantes son personas que hacen lo que hicimos nosotros hace no mucho tiempo. La emigración, los movimientos migratorios, los desplazamientos, los éxodos, los exilios son inherentes a la condición humana. Que hayamos conseguido, por uno u otro motivo, cierto estado de bondad económica y social nos obliga a recibir bien a estas personas y a establecer los mecanismos sociales, educativos, sanitarios, etc. que sean necesarios para asegurar su atención. Y aunque suene a tópico, no podemos olvidar la riqueza cultural, y humana, que podemos recibir nosotros a cambio.
Creo que el modelo deseable sería el de un país anfitrión solidario, tolerante y generoso con los inmigrantes. Esto se concreta con acciones en el aspecto educativo y con la creación y desarrollo de estructuras de apoyo social públicas y privadas.
La inmigración. En muy pocos años, España se ha convertido en un país receptor de personas que llegan con la intención de mejorar su nivel de vida, ayudar a los familiares que dejaron atrás y procurar a sus descendientes unas oportunidades que ni siquiera podrían soñar en sus lugares de origen. Los ciudadanos españoles nos enfrentamos a un fenómeno nuevo. Nunca en la historia de España habíamos recibido a tantos extranjeros. Se hace necesario que tanto los ciudadanos españoles como los inmigrantes accedamos a un conocimiento serio, científico y objetivo del fenómeno. Cómo suele ocurrir con los hechos sociales, todos nos sentimos capaces de dar una opinión que creemos fundada y definitiva. Empleamos ejemplos particulares y cercanos a nuestro entorno, para intentar demostrar la validez de nuestra opinión. Pero, en la mayoría de los casos, estas opiniones nacen de un conocimiento parcial y, en gran medida, muy subjetivo y personal. Yo no soy distinto y creo haberme formado una opinión al respecto. España, ha de diseñar un modelo de país de acogida. Yo creo que este modelo ha de reunir las siguientes características:
- Los anfitriones, hemos de conocer lo que supone humanamente el desarraigo que conlleva la inmigración. Es imprescindible que los términos solidaridad y tolerancia, y más que los términos, los hechos solidarios y tolerantes estén presentes en todas las acciones que pongamos en marcha. Como vemos, esta obligación, esta necesidad, es de tipo ético, y por lo tanto es la que debe presidir y guiar a todas las demás. En el terreno educativo, se ha de fomentar la idea de que la solidaridad y la tolerancia, precisan de acciones reales que den sentido a esos valores. Es decir de nada vale invocar, una y otra vez, los valores como si de un comodín se tratará y no acompañar esas declaraciones con actos verdadera y realmente solidarios y tolerantes. Solidaridad es dar y tolerar es aceptar un daño en aras a una convivencia pacífica y prospera. La llegada de inmigrantes con bajos niveles de renta hará que algunas familias españolas con pocos recursos no puedan acceder a algunas prestaciones sociales que recibían anteriormente. Esta circunstancia y otras parecidas, nos darán ocasión de demostrar la verdadera estima que tenemos a los valores humanos.
- En el terreno institucional, no cabe duda, de que se deben crear estructuras de apoyo. Todas las instancias de poder deben dedicar una parte de sus presupuestos a establecer prioridades y mecanismos para facilitar la integración de los inmigrantes.
- Se deben diseñar campañas de información para facilitar el acceso de los inmigrantes a las prestaciones disponibles.
- Los inmigrantes deben aprender el idioma español, lo que les facilitará alcanzar las metas que se hayan propuesto. Se hace necesario que conozcan las normas que rigen en nuestra sociedad, así como las costumbres cotidaneas.
Creo que el fenómeno de la inmigración no ha hecho más que empezar. No sería capaz de decidirme por uno de los modelos concretos que conocemos. Parece que la integración, teóricamente, es lo deseable. Pero asistimos, atónitos, a una serie de sucesos que han empañado el modelo francés. ¿Multiculturalismo?. El modelo británico parece no haber dado malos resultados, aún cuando los sucesos del 7 de Julio hayan planteado cuestiones que hasta entonces no eran de relevancia. O al menos, no lo eran en los medios de comunicación. El modelo alemán parece que cumplió los objetivos que se propuso. Pero eso ocurrió en los años 60 y 70. ¿Será el modelo Alemán aplicable en el siglo XXI?. Esto no ha hecho más que empezar. Lo mismo podemos decir del modelo norteamericano, del que nadie puede negar su efectividad en relación a la identidad conseguida por los millones de inmigrantes llegados al país. Pero esta asimilación no parece, hoy, tan sencilla. Estados Unidos se construyó sumando y asimilando a los que llegaban, pero hoy no es tan simple. Las recientes manifestaciones en Washington de miles de inmigrantes reclamando sus derechos nos han hecho ver que este modelo tiene sus puntos débiles.
No quiero dejar de referirme a los problemas que, a raíz de la “crisis de las caricaturas”, están conociéndose. Resulta que países como Dinamarca, Suecia o Finlandia, también están teniendo problemas relacionados con la inmigración. En Europa central, están aflorando grupúsculos de ideología nazi, que muy probablemente están detrás de los incendios de albergues para inmigrantes. En Holanda, el asesinato del cineasta Theo Van Gohg, es otro ejemplo más. Se hace imprescindible evitar la proliferación de grupos de extrema derecha que hagan más inestable la situación.
La inmigración nos trae ventajas demográficas y económicas. Más nacimientos, más cotizaciones y mayor recaudación en la Seguridad Social y en Hacienda, mayor producción, mano de obra...etc. Pero más importante que esto es que los inmigrantes son personas que hacen lo que hicimos nosotros hace no mucho tiempo. La emigración, los movimientos migratorios, los desplazamientos, los éxodos, los exilios son inherentes a la condición humana. Que hayamos conseguido, por uno u otro motivo, cierto estado de bondad económica y social nos obliga a recibir bien a estas personas y a establecer los mecanismos sociales, educativos, sanitarios, etc. que sean necesarios para asegurar su atención. Y aunque suene a tópico, no podemos olvidar la riqueza cultural, y humana, que podemos recibir nosotros a cambio.
Creo que el modelo deseable sería el de un país anfitrión solidario, tolerante y generoso con los inmigrantes. Esto se concreta con acciones en el aspecto educativo y con la creación y desarrollo de estructuras de apoyo social públicas y privadas.
Y POR LO TANTO...
El pasado viernes 7 de Abril, en el diario ABC, Manuel Rodríguez Rivero publicaba un artículo titulado “Leer, un placer diferido”. En este artículo –voy a intentar resumirlo lo más fielmente posible- el autor, afirma que, en cierta medida, estamos intentando convencer a la gente de que leer es un placer, pero estamos ocultándoles que ese placer solo se obtiene si existe, previamente, un cierto esfuerzo. Él habla de “cierta ascesis” y afirma: “Desentrañar un texto requiere esfuerzo. No es algo pasivo(...). Solo cuando se derrumban las resistencias del texto llega el placer (...)”. O sea, que nada es gratis. Ni siquiera el placer de leer. El gran reto -continúa al autor- “es convencer a los jóvenes lectores (...) que exigen satisfacción instantánea, de que, finalmente el esfuerzo merece la pena”.
He decidido traer a colación este artículo, por que creo que es una buena continuación a lo último que escribí -de ahí la razón del título- en el blog. Como habíamos visto, en esa “escala de bondad” el placer aparecía como un hecho bueno en si. Y como tal, apetecible. Entonces, ¿por qué es tan bajo el nivel de lectura?. ¿Cómo es posible que el individuo rechace un placer?. La respuesta la da Rodríguez Rivero al cuestionar la inmediatez del placer como consecuencia de la lectura. Incluso el autor habla de “riesgos”. En cualquier caso precisa de cierta fuerza de voluntad, algo de lo que no estamos muy sobrados.
En el mundo educativo, en general, se presenta la lectura como un placer al que todos podemos y casi debemos acceder. Gracias a los libros tenemos ocasión de conocer, aprender, e incluso de pasar un rato agradable sin más. Desde los distintos ámbitos de educación formal y no formal así como desde las instituciones públicas, se diseñan y presentan campañas publicitarias, talleres de animación a la lectura, actividades relacionadas con los libros...etc. Creo que todas estas iniciativas son encomiables y necesarias, además de adecuadas y sinceras. Pero... ¿Dónde quedan los talleres de animación de la voluntad?. No podemos “vender” la lectura con la alegría y la vehemencia con la que lo hacemos, si no acompañamos dicho ofrecimiento con la enseñanza de que, al mismo tiempo, el lector tiene que poner empeño, constancia y, como no, esfuerzo. En definitiva, se hace imprescindible la “fuerza de voluntad”. En ciertas ocasiones se nombra como “espíritu de sacrificio”, por ejemplo es usual oírlo referido a actividades deportivas.
Como conclusión, creo que se hace necesario que como educadores hagamos constantes referencias a la fuerza de voluntad como condición indispensable para poder alcanzar alguno de los más grandes placeres que existen. La lectura, es uno de ellos. Como comenté en artículo anterior educar consiste en habilitar la fuerza de voluntad. Y habilitar, es animar, jalear la libertad moral del individuo, para que libremente haga de esta voluntad, un instrumento esencial para su más completa formación como ser humano. El alumno, el educando ha de convencerse de la necesidad de poner algo de su parte, a veces mucho.
Saludos.
He decidido traer a colación este artículo, por que creo que es una buena continuación a lo último que escribí -de ahí la razón del título- en el blog. Como habíamos visto, en esa “escala de bondad” el placer aparecía como un hecho bueno en si. Y como tal, apetecible. Entonces, ¿por qué es tan bajo el nivel de lectura?. ¿Cómo es posible que el individuo rechace un placer?. La respuesta la da Rodríguez Rivero al cuestionar la inmediatez del placer como consecuencia de la lectura. Incluso el autor habla de “riesgos”. En cualquier caso precisa de cierta fuerza de voluntad, algo de lo que no estamos muy sobrados.
En el mundo educativo, en general, se presenta la lectura como un placer al que todos podemos y casi debemos acceder. Gracias a los libros tenemos ocasión de conocer, aprender, e incluso de pasar un rato agradable sin más. Desde los distintos ámbitos de educación formal y no formal así como desde las instituciones públicas, se diseñan y presentan campañas publicitarias, talleres de animación a la lectura, actividades relacionadas con los libros...etc. Creo que todas estas iniciativas son encomiables y necesarias, además de adecuadas y sinceras. Pero... ¿Dónde quedan los talleres de animación de la voluntad?. No podemos “vender” la lectura con la alegría y la vehemencia con la que lo hacemos, si no acompañamos dicho ofrecimiento con la enseñanza de que, al mismo tiempo, el lector tiene que poner empeño, constancia y, como no, esfuerzo. En definitiva, se hace imprescindible la “fuerza de voluntad”. En ciertas ocasiones se nombra como “espíritu de sacrificio”, por ejemplo es usual oírlo referido a actividades deportivas.
Como conclusión, creo que se hace necesario que como educadores hagamos constantes referencias a la fuerza de voluntad como condición indispensable para poder alcanzar alguno de los más grandes placeres que existen. La lectura, es uno de ellos. Como comenté en artículo anterior educar consiste en habilitar la fuerza de voluntad. Y habilitar, es animar, jalear la libertad moral del individuo, para que libremente haga de esta voluntad, un instrumento esencial para su más completa formación como ser humano. El alumno, el educando ha de convencerse de la necesidad de poner algo de su parte, a veces mucho.
Saludos.
DELECTABILE, UTILE, HONESTUM.
Si por algo me alegro de haber vuelto a la universidad, es por que en ella se nos brinda la oportunidad de conocer a personas que, con argumentos muy bien construidos, son capaces de darle un giro de muchos grados a lo que hasta entonces teníamos por verdadero. Tengo la impresión de que cuanto más mayores más hacemos, más nos resistimos a reconocer que todavía tenemos mucho que aprender. Reconocernos a nosotros mismos que durante muchos años hemos defendido posiciones con las que ahora no comulgamos se nos hace muy duro.
El año pasado conocí a José María Barrio. Él, es el autor de una frase que repito, a la menor oportunidad, desde que la escuche: Educar es habilitar la libertad del individuo, para que este escoja lo mejor.
Por supuesto, como todos, cuando escuche esta frase pensé: “¿Y quién dice, qué es lo mejor?”. A esto él – no se si esto es estrictamente suyo- contestaba: “(...) hay diversos tipos de bienes (...) se disponen según un orden jerárquico: La honestidad, la utilidad y el placer.”
Y me convenció. Por cierto, reconocía que podía haber debate sobre la primacía entre la utilidad y el placer.
No tengo ninguna duda –de momento- de que a mis alumnos debo mostrarles que existen unos actos que son “mejores” que otros. Y, que casi siempre los “mejores” actos requieren esfuerzo y mucha fuerza de voluntad. Se trata pues, de que los alumnos valoren cierta actitud ante la vida y que no basta, únicamente, con el placer.
No soy ningún estoico. Los actos placenteros -leer, escuchar música, pasear, y cualquiera que se nos ocurra- son estupendos e imprescindibles. Pero serán más estupendos si hacemos participes y beneficiarios de ellos al “otro”. Se trata de convencer a los alumnos de que con su fuerza de voluntad, pueden proponerse metas “grandes”. Metas que para ser alcanzadas precisan de ciertos valores como la generosidad, la solidaridad, la tolerancia, el esfuerzo...etc. No hay que engañarse, para llegar a la cumbre siempre hay un largo y tortuoso camino.
En definitiva y a modo de ejemplo, considero que un abogado, un médico, un educador...etc. que dedica parte de su tiempo a ejercer su profesión sin cobrar en beneficio de alguien es mejor que otro que no lo hace. Consecuentemente, es mejor el alumno que ayuda a sus compañeros en las tareas diarias que aquel que no lo hace. Es mejor el que se esfuerza en estudiar que el que no. Es mejor el que colabora en el trabajo de grupo que el que se escaquea.
Cuando, en clase de pedagogía social, surgió el tema de la felicidad, me faltó tiempo para relacionar el “ser” educado –según la explicación anterior de educación- con el “ser” feliz. Es decir, pensaba que una persona que mediante su voluntad (esto es, libremente) quiere un bien de mayor categoría que otro de menor categoría -en caso de conflicto entre ellos- pues bien, esa persona debería, lógicamente, ser más feliz que otra que hiciera lo contrario.
Pero, por favor, basta de cachondeito y no me preguntéis si soy más feliz, cada vez que me toca pagar los cafés. Un saludo.
El año pasado conocí a José María Barrio. Él, es el autor de una frase que repito, a la menor oportunidad, desde que la escuche: Educar es habilitar la libertad del individuo, para que este escoja lo mejor.
Por supuesto, como todos, cuando escuche esta frase pensé: “¿Y quién dice, qué es lo mejor?”. A esto él – no se si esto es estrictamente suyo- contestaba: “(...) hay diversos tipos de bienes (...) se disponen según un orden jerárquico: La honestidad, la utilidad y el placer.”
Y me convenció. Por cierto, reconocía que podía haber debate sobre la primacía entre la utilidad y el placer.
No tengo ninguna duda –de momento- de que a mis alumnos debo mostrarles que existen unos actos que son “mejores” que otros. Y, que casi siempre los “mejores” actos requieren esfuerzo y mucha fuerza de voluntad. Se trata pues, de que los alumnos valoren cierta actitud ante la vida y que no basta, únicamente, con el placer.
No soy ningún estoico. Los actos placenteros -leer, escuchar música, pasear, y cualquiera que se nos ocurra- son estupendos e imprescindibles. Pero serán más estupendos si hacemos participes y beneficiarios de ellos al “otro”. Se trata de convencer a los alumnos de que con su fuerza de voluntad, pueden proponerse metas “grandes”. Metas que para ser alcanzadas precisan de ciertos valores como la generosidad, la solidaridad, la tolerancia, el esfuerzo...etc. No hay que engañarse, para llegar a la cumbre siempre hay un largo y tortuoso camino.
En definitiva y a modo de ejemplo, considero que un abogado, un médico, un educador...etc. que dedica parte de su tiempo a ejercer su profesión sin cobrar en beneficio de alguien es mejor que otro que no lo hace. Consecuentemente, es mejor el alumno que ayuda a sus compañeros en las tareas diarias que aquel que no lo hace. Es mejor el que se esfuerza en estudiar que el que no. Es mejor el que colabora en el trabajo de grupo que el que se escaquea.
Cuando, en clase de pedagogía social, surgió el tema de la felicidad, me faltó tiempo para relacionar el “ser” educado –según la explicación anterior de educación- con el “ser” feliz. Es decir, pensaba que una persona que mediante su voluntad (esto es, libremente) quiere un bien de mayor categoría que otro de menor categoría -en caso de conflicto entre ellos- pues bien, esa persona debería, lógicamente, ser más feliz que otra que hiciera lo contrario.
Pero, por favor, basta de cachondeito y no me preguntéis si soy más feliz, cada vez que me toca pagar los cafés. Un saludo.
MERCADO Vs ESTADO
¡Otro temita!
No hay semana que nos libremos de rebanarnos los sesos con la intención de organizar nuestros conocimientos para intentar concretar la opinión que tenemos respecto de algo. Lo que ocurre es que ese "algo" casi siempre abruma.
¿Y qué opino yo del mercado? ¿Y del estado? Así, de repente...
Parece obvio que ,en nuestro entorno, en la actualidad vivimos mucho mejor que hace un siglo. Ahora, casi todos trabajamos unas 8 horas diarias en vez de las 12 de hace unos cuantos años. La sanidad y la educación se han, prácticamente, universalizado. Entre otras causas –revoluciones, guerras...etc.- creo que este aumento de la calidad de vida, ha sido propiciado tanto por la intervención pública de los estados-nación, como por la existencia de un mercado que ha permitido una mejora económica y por lo tanto social. Creo que la ausencia de un estado social de derecho o de un mercado, en un país, es sinónimo de inestabilidad y pobreza.
Por otra parte, nos cuentan, que esos mismos estados y ese mismo mercado, pueden ser los responsables, en parte, de las enormes bolsas de pobreza, de las hambrunas, de las guerras...etc. y, sobre todo, de la falta de interés por solucionar dichos problemas. Los estados serían responsables por la implantación de determinadas políticas, y los mercados por su negativa a invertir en aquello que no sea rentable. Un ejemplo que ilustra esto puede ser el del mercado de armas. Un negocio tan rentable que propicia la no prohibición política de portar armas libremente. Como consecuencia de la permisividad del estado, una parte del mercado se lucra mientras otros mueren victimas de la libertad de portar armas de fuego. Otro ejemplo. Las reglas del mercado libre no obligan a las empresas farmacéuticas a invertir recursos en investigar enfermedades poco rentables.
Ante este panorama, cabe preguntarse: ¿Cómo vamos a dejar en manos del nada altruista mercado la educación de nuestros hijos?. Parece claro concluir que, aunque la gran mayoría pudiera costearse un colegio “medio”, aparecerían guetos en torno a poblaciones con un bajo nivel económico. Es decir el “mercado educativo” no invertiría en localidades pequeñas y de baja renta. Y parece que no queremos que eso ocurra.
Pero... ¿Sería esto así? Parece que hay opiniones, todas cargadas de buenos argumentos, encontradas. Unos dicen que la escuela debe ser pública en su totalidad. Otros afirman que la educación debería partir de la iniciativa privada y que el estado solo debería adoptar un papel subsidiario para la población marginal.
Me despido, no sin antes dejar constancia de que soy uno de esos de los que no se fía en exceso del libre mercado. Espero vuestra opiniones sobre el tema. Me dejo persuadir.
Un saludo.
No hay semana que nos libremos de rebanarnos los sesos con la intención de organizar nuestros conocimientos para intentar concretar la opinión que tenemos respecto de algo. Lo que ocurre es que ese "algo" casi siempre abruma.
¿Y qué opino yo del mercado? ¿Y del estado? Así, de repente...
Parece obvio que ,en nuestro entorno, en la actualidad vivimos mucho mejor que hace un siglo. Ahora, casi todos trabajamos unas 8 horas diarias en vez de las 12 de hace unos cuantos años. La sanidad y la educación se han, prácticamente, universalizado. Entre otras causas –revoluciones, guerras...etc.- creo que este aumento de la calidad de vida, ha sido propiciado tanto por la intervención pública de los estados-nación, como por la existencia de un mercado que ha permitido una mejora económica y por lo tanto social. Creo que la ausencia de un estado social de derecho o de un mercado, en un país, es sinónimo de inestabilidad y pobreza.
Por otra parte, nos cuentan, que esos mismos estados y ese mismo mercado, pueden ser los responsables, en parte, de las enormes bolsas de pobreza, de las hambrunas, de las guerras...etc. y, sobre todo, de la falta de interés por solucionar dichos problemas. Los estados serían responsables por la implantación de determinadas políticas, y los mercados por su negativa a invertir en aquello que no sea rentable. Un ejemplo que ilustra esto puede ser el del mercado de armas. Un negocio tan rentable que propicia la no prohibición política de portar armas libremente. Como consecuencia de la permisividad del estado, una parte del mercado se lucra mientras otros mueren victimas de la libertad de portar armas de fuego. Otro ejemplo. Las reglas del mercado libre no obligan a las empresas farmacéuticas a invertir recursos en investigar enfermedades poco rentables.
Ante este panorama, cabe preguntarse: ¿Cómo vamos a dejar en manos del nada altruista mercado la educación de nuestros hijos?. Parece claro concluir que, aunque la gran mayoría pudiera costearse un colegio “medio”, aparecerían guetos en torno a poblaciones con un bajo nivel económico. Es decir el “mercado educativo” no invertiría en localidades pequeñas y de baja renta. Y parece que no queremos que eso ocurra.
Pero... ¿Sería esto así? Parece que hay opiniones, todas cargadas de buenos argumentos, encontradas. Unos dicen que la escuela debe ser pública en su totalidad. Otros afirman que la educación debería partir de la iniciativa privada y que el estado solo debería adoptar un papel subsidiario para la población marginal.
Me despido, no sin antes dejar constancia de que soy uno de esos de los que no se fía en exceso del libre mercado. Espero vuestra opiniones sobre el tema. Me dejo persuadir.
Un saludo.





