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la vida al pasar
pensamientos, recuerdos y vivencias personales.
Acerca de
Nací hace ya tres décadas en el año del Dragón. ()()()()() Siempre soñé con cambiar el mundo, pero me estoy dando cuenta ahora de que es necesario cambiarnos a nosotros, para acercarnos con las pequeñas acciones del día a día al ideal soñado.
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Viernes de lluvia en Madrid


Con la lluvia de esta tarde he llegado al trabajo con los zapatos mojados, después de un día de infructuosa búsqueda de un nuevo hogar, que parece imposible, impagable en está ciudad gris. Me he metido en mi cubo azul creyéndome a salvo de las miradas de coordinadores y demás espectros de la oficina. No me sentía bien. De repente tenía al coordinador a la espalda y me dice que solo hay un usuario para el programa con el que creamos las incidencias y que los cuatro operadores que trabajamos con dicho programa nos las tenemos que apañar. Y al unísono, mientras notaba como la humedad corría a sus anchas por las plantillas de mis viejos zapatos, asoma la cabeza, por encima de mi cubo, un chaval que me dice (con esa especie de gracia chistosa, típica de sudamericana) “ Bueno me lo vas a tener que pedir porque lo tengo abierto yo” riéndose como si a mi también me hiciera mucha gracia, y le he respondido, con cara de pocos amigos. “ Que me quieres decir, que cada vez que vaya a abrir una incidencia te tengo que pedir permiso, cuando tu deber es tenerlo cerrado hasta que lo necesites realmente...” El chico, ha acallado su acento argentino regalándome una de esas miradas pendencieras, asegurando con el gesto que no iba a cerrar el dichoso programa, mientras desaparecía su cabeza detrás del panel azul.

Sí, la verdad es que no me porto bien en algunas ocasiones pero es inevitable estar cansada, y reaccionar con contundencia ante ciertas situaciones. He respirado hondo y en el momento me he dado cuenta, como tantas otras veces, que no merece la pena.

Esta noche al llegar a casa, me arrebujaré en la cama con la persona que más quiero, haciendo frente al frío otoñal con carias y besos. Y antes de apagar la luz me embriagará con su dulce mirada y yo pensaré que no hay nada más feliz.
 
Una tarde conDeya






Es fácil dejarse envolver por la luz del atardecer, con el sol apunto de esconderse, pasando cuidadosamente entre las hojas multicolor de los árboles, que amablemente tiñe el Otoño. Con Deya paseando a mi lado por el Retiro, observando como olisquea entre el frescor de la hierba, flores y demás plantas. Admirando la gradiosidad de los Magnolios y Castaños. Acariciándola de vez en cuando y alertándola de la presencia de alguna Ardillita que corriera a nuestro alrededor.

Así es como imagino estar en este momento. Es un pensamiento de una imagen feliz que me trasmite paz y abrigo dentro del estrés cotidiano.
Ahora estoy en la oficina, que es una sala enorme con mucha, mucha luz llena de ordenadores, y personas que no cesan de hablar. Trabajo en soporte técnico de un conocido operador de Internet. Mientras la gente llama desesperada porque no alcanzan a sus ansiados 20Megas, yo disfruto de mis 5 minutos de descanso ( 5 minutos cada hora) imaginando como pasaría la tarde feliz y tranquila al lado de uno de los seres a los que más quiero: Deya.







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