Una tarde conDeya

Es fácil dejarse envolver por la luz del atardecer, con el sol apunto de esconderse, pasando cuidadosamente entre las hojas multicolor de los árboles, que amablemente tiñe el Otoño. Con Deya paseando a mi lado por el Retiro, observando como olisquea entre el frescor de la hierba, flores y demás plantas. Admirando la gradiosidad de los Magnolios y Castaños. Acariciándola de vez en cuando y alertándola de la presencia de alguna Ardillita que corriera a nuestro alrededor.
Así es como imagino estar en este momento. Es un pensamiento de una imagen feliz que me trasmite paz y abrigo dentro del estrés cotidiano.
Ahora estoy en la oficina, que es una sala enorme con mucha, mucha luz llena de ordenadores, y personas que no cesan de hablar. Trabajo en soporte técnico de un conocido operador de Internet. Mientras la gente llama desesperada porque no alcanzan a sus ansiados 20Megas, yo disfruto de mis 5 minutos de descanso ( 5 minutos cada hora) imaginando como pasaría la tarde feliz y tranquila al lado de uno de los seres a los que más quiero: Deya.

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