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Los momentos más felices de estos días, saben a regaliz, huelen a huerto y suenan a...chisporroteo eléctrico.
Dicen que lo bueno si breve, dos veces bueno.
Pues quizás esos momentos han sido dos veces breves, y por tanto han tenido que ser por lo menos...cuatro veces buenos.
Dicen que lo bueno si breve, dos veces bueno.
Pues quizás esos momentos han sido dos veces breves, y por tanto han tenido que ser por lo menos...cuatro veces buenos.
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La Calle de los Trompicones Rosas. Esa y sólo esa era la que estaba buscando este medio día. Tú te habías enfadado, y yo me había perdido. Miles de calles todas iguales, gente que iba y venía, llovía de repente y tuve que pagar peaje con figuritas de jabón. Las había de todos los colores y algunas llevaba algo así como el mango plateado de una cucharilla. Tenía los jaboncitos en la mano y miraba sorprendida a mi alrededor, menuda idea la de techar una calle y hacerte pagar por cruzarla. Además, aprovechando todo eso, la calle estaba llena de puestos donde vendían muchas cosas, pero sobre todo telas. Y en esas estaba, buscando la Calle de los Trompicones Rosas, cuando el móvil ha vibrado en la mesita de noche, eras tú, que ni estabas enfadado ni has vivido nunca en la Calle de los Trompicones Rosas. Yo y mis sueños, sueños fuera de hora, sueños de los después de trabajar de noche, o sueños de noches inquietas. Son muchas las veces que eres el primero con quien hablo, y a quien le cuento mis sueños, con todo detalle, con todas las conversaciones, con todos los lugares. Lugares que no existen como la Calle de los Trompicones Rosas.
Pero ya sabes que yo, soy muy peliculera...hasta para soñar.
Pero ya sabes que yo, soy muy peliculera...hasta para soñar.





