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Sólo hizo falta un beso, para que mi pecho se llenara de aire, y respirar tranquila por primera vez en mucho tiempo.
Poco más de una hora arrancada a uno de mis días, que tú llenaste con mil caricias.
Arrancaría no sólo una, todas, todos los minutos, todos los segundos para dártelos a ti.
Porque como decía la canción:
"Te quiero y no hago otra cosa que pensar en ti"
Y volvería a gritarlo.
Poco más de una hora arrancada a uno de mis días, que tú llenaste con mil caricias.
Arrancaría no sólo una, todas, todos los minutos, todos los segundos para dártelos a ti.
Porque como decía la canción:
"Te quiero y no hago otra cosa que pensar en ti"
Y volvería a gritarlo.
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Herida de muerte, sin posibilidad de salvación, pero tratando de encontrar la manera de morir dignamente.
Sabía que más tarde o más temprano, escucharía la tan traída frase “tenemos que hablar”. Sabía que desde hacía algunos meses ella no estaba tan interesada en él como al principio. Su relación agonizaba, y como en otras ocasiones, la agonía sería mucho más larga de lo que podía esperar y mucho más dolorosa de lo que se decía a si mismo que sería.
Compro lirios de agua de camino a casa, eran sus flores preferidas. No prentendía reconquistarla, pero aquel no era un buen día para tener conversaciones transcendentales. Un día más, tal vez dos, necesitaba una prorroga para preparse, quería componer una máscara tras la que esconderse, parapetarse detrás de una imagen de indeferencia, no, no quería que pensara que la iba a echar de menos, no quería tantas cosas... y aunque no lo reconociera lo que menos quería en realidad, era que se marchara.
Se había acostumbrado a tenerla a su lado en la cama, a oler su perfume, a ver sus cosas en el baño, a lo mal que cocinaba y a su permanente desorden. No lo admitiría, pero estaba enamorado de aquella mujer. Llego a creer que era la definitiva, incluso barajó la posiblidad del matrimonio, por su mente pasó la vaga idea de tener hijos, pero luego, desechaba toda posiblidad de llevar a cabo aquellos planes. Al fin y al cabo todas sus relaciones terminaban antes o después, para qué complicarse más la vida, lo único que esperaba con cada comienzo, era el final.
Eso era justamente lo que estaba esperando, el final, la muerte, la despedida, el adiós, los nunca te olvidaré y los llámame algún día. Una vez más, su relación afectiva se moría, y lo único que deseaba era mantener la dignidad y no sentir dolor, si es que eso era posible.
Necesitaba unos días más, pero si ella le planteaba la cuestión, no la detendría. La dejaría hablar, desahogarse, explicarse, incluso puede que le dijera que lo sentía. Después la ayudaría a recoger sus cosas y quedarían para que pudiera llevarse el resto. No era la primera vez y lo que más temía es que tampoco sería la última. Los lirios aún goteaban , no quiso que le pusieran lazos ni adornos, le gustaban asi, tal cual, como si los hubiera cortado ella misma mientras paseaba.
Abrió la puerta, y lo recibió el silencio...
Sabía que más tarde o más temprano, escucharía la tan traída frase “tenemos que hablar”. Sabía que desde hacía algunos meses ella no estaba tan interesada en él como al principio. Su relación agonizaba, y como en otras ocasiones, la agonía sería mucho más larga de lo que podía esperar y mucho más dolorosa de lo que se decía a si mismo que sería.
Compro lirios de agua de camino a casa, eran sus flores preferidas. No prentendía reconquistarla, pero aquel no era un buen día para tener conversaciones transcendentales. Un día más, tal vez dos, necesitaba una prorroga para preparse, quería componer una máscara tras la que esconderse, parapetarse detrás de una imagen de indeferencia, no, no quería que pensara que la iba a echar de menos, no quería tantas cosas... y aunque no lo reconociera lo que menos quería en realidad, era que se marchara.
Se había acostumbrado a tenerla a su lado en la cama, a oler su perfume, a ver sus cosas en el baño, a lo mal que cocinaba y a su permanente desorden. No lo admitiría, pero estaba enamorado de aquella mujer. Llego a creer que era la definitiva, incluso barajó la posiblidad del matrimonio, por su mente pasó la vaga idea de tener hijos, pero luego, desechaba toda posiblidad de llevar a cabo aquellos planes. Al fin y al cabo todas sus relaciones terminaban antes o después, para qué complicarse más la vida, lo único que esperaba con cada comienzo, era el final.
Eso era justamente lo que estaba esperando, el final, la muerte, la despedida, el adiós, los nunca te olvidaré y los llámame algún día. Una vez más, su relación afectiva se moría, y lo único que deseaba era mantener la dignidad y no sentir dolor, si es que eso era posible.
Necesitaba unos días más, pero si ella le planteaba la cuestión, no la detendría. La dejaría hablar, desahogarse, explicarse, incluso puede que le dijera que lo sentía. Después la ayudaría a recoger sus cosas y quedarían para que pudiera llevarse el resto. No era la primera vez y lo que más temía es que tampoco sería la última. Los lirios aún goteaban , no quiso que le pusieran lazos ni adornos, le gustaban asi, tal cual, como si los hubiera cortado ella misma mientras paseaba.
Abrió la puerta, y lo recibió el silencio...





