logotipo

img_google
Pensamientos ...
un asturianu exiliau n'el siglu XXI
Acerca de
Cuando la gente se aleja de su entorno, más o menos cálido durante años, cambia la perspectiva y lo que antaño era válido ahora se vuelve irreal, absurdo o irracional
Sindicación
 
Válvula de escape cerrada por motivos de seguridad
Esto es el fin, ya que no he podido darle el color que pretendía en un principio.
 
La Improbable Existencia de los Buenos En Silencio
Hay una clase de personas, diseminada por el ancho mundo que es distinta del resto.
La antedicha frase, por sí sola y llanamente, no señalaría ningún descubrimiento. Está demasiado claro que los seres humanos no son todos iguales sino que, por el contrario, son todos distintos, y no es difícil agrupar a algunos de ellos que comparten cierta característica -sea cual fuere ésta- que los diferencie de los otros. Pero lo que diferencia a esta clase distinta de las demás clases distintas es que ésta no muestra ninguna -hágase válida la redundancia- diferencia. Son distintos pero no se sabe.
Me estoy refiriendo, y ya está bien de preámbulos, a los “buenos en silencio”, a los buenos que la juegan de callado. Hombres y mujeres de ambos sexos y cualquier nacionalidad no son ni más ni menos sino tan buenos como cualquier otro tipo bueno, pero que no hacen ningún hincapié en ello. Tan de callado la juegan que ni siquiera ellos mismos tienen la seguridad de que son buenos; sólo lo son.
(A esta altura de la nota es interesante abrir un paréntesis como el que precede a este párrafo para intentar definir la palabra “bueno”, cuestión de no razonar sobre supuestos. Según el “Diccionario Enciclopédico Salvat de la Lengua Española”, “bueno” es, en la primera acepción de la palabra el “que tiene bondad en su género”. Es obvio que se hace necesario ahora definir “bondad”. De acuerdo con el mismo diccionario, “bondad” es, en la primera acepción, la “calidad de bueno”. Esclarecedor. La segunda acepción dice algo más, aunque no mucho: “Natural inclinación a hacer el bien”. Se torna evidente que los que escribieron el Salvat tampoco sabían cómo definir la palabra “bueno”. Pero, acabáramos, no es el propósito de esta nota definir “bueno” sino hablar de ellos, por lo tanto, y sólo para aclarar un poco el asunto de quienes son buenos y quienes no, convendremos lo siguiente: buenos son, por ejemplo, “El Ejecutivo” o “El Caballero Rojo”, en contraposición a “El mercenario Joe” o “Ararat”, que son decididamente malos.)
Volviendo a los buenos en silencio, para caracterizarlos un tanto diferenciándolos de los buenos demostrativos, diría que son aquellos que cuando rompen accidentalmente una taza no se deshacen en disculpas antes de ir a buscar al “service de tazas”, solamente lo van a buscar. Del mismo modo, si alguna vez arreglan una taza no avisan que la arreglaron, sólo la ponen en su sitio. No es mi intención relacionar la bondad con las tazas, es nada más un ejemplo.
Es posible comprobar la existencia de estos seres. No hay nada que los delate. Ser ignotos es su principal característica y no hay modo en que la pierdan. Nadie conoce a ningún bueno en silencio y si alguien cree conocer alguno está equivocado porque ese alguno no lo es.
Si Ud. cree ser bueno en silencio, lamento, querido amigo, informarle cuán errado está: muy errado. Y si no lo cree, entonces puede ser que lo sea. Pero no tenga muchas esperanzas, que es lo mejor que puede hacer para serlo. O sea que no lo haga. Tenga esperanzas. Pero no. Sí. No. So sé si soy claro.
Juan Carlos Tejedor

Este articulo lo encontré revisando docs viejos que tenía por el disco duro. O sea, haciendo limpieza. Pero cada vez que lo leo me causa la misma impresión y/o sentimientos. Incluyo la firma pa que conste que no es mio, pero lo pego por lo que me gusta y así compartirlo a modo de pastas de té
 
Esos pequeños monstruitos
Después de leer el otro dia el blog de Pilimindrina, me llega por correo lo que pongo a continuación. No me puedo resistir ;-)
El verano pasado mi hijo Alejandro cumplió 4 años y, cuando soplo las velas, mi mujer y yo le dijimos:

- Cariño, pide un deseo. A ver, ¿Qué has pedido?

Y el niño nos mira así, todo ilusionado, y nos dice:

- Una Playstation o un hermanito.

Y mi mujer y yo nos miramos... y dijimos: “Joder, la Playstation son ochenta mil…”

Así que fuimos a por la parejita. Si lo llego a saber, va ella sola.

Hay que ver lo rápido que se queda embarazada una novia, y lo que cuesta dejar embarazada a tu mujer. Es verdad: tú llevas un mes saliendo con una chica, estas parado, le caes mal a sus padres, no te quitas el condón ni para ducharte… ¡y la dejas embarazada a la primera! Ahora, como vayáis a por el niño… ¡Es mas facil sacarla de España de tanto empujar, que dejarla embarazada…!

Eso si, os ponéis los dos muy melosos: velitas, incienso, música de saxofón… Porque piensas: “Vamos a hacerlo con mucho cariño para que sea fruto del amor”. Después de seis meses sin que se quede embarazada, dices: “A ver si va a ser mejor que sea fruto de un polvo”. Sí, porque pasa como en el fútbol… Jugar bonito le gusta a todo el mundo, pero lo que cuenta es meter gol.

Así que vais a consultar al ginecólogo. Y el tío te dice:

- Eso es normal… Tenéis que insistir más…

Total, que te receta los polvos como si fueran Frenadol:

- Tres al día, cada seis horas.

Cuando llevas dos meses a ese ritmo, te quieres morir… Lo peor es la semana de ovulación. Porque, por lo visto, en esos días sube la temperatura… y eso aumenta la fertilidad. Así que mi mujer esta todo el día con el termómetro. Y claro, de repente, estas en medio de una reunión y suena el teléfono:

- Cariño, me ha subido. Ven corriendo… Tiene que ser ahora mismo…

Y a ver como se lo explicas a tu jefe:

- Mire, me tengo que ir… es que a mi mujer le ha subido la temperatura…
- ¿Y no puede atenderla un medico?
- Hombre… es que preferiría que el niño fuera mío…

Y llegas a casa y te la encuentras ya desnuda y preparada… que dices: “¡Jo, yo así no puedo…! ¡Esto es como comer pipas peladas…!”. Y yo me siento como una maquina. Vamos, que cuando terminamos me entran ganas de decirle: “Su espermatozoide, gracias”

Y, encima, todo el mundo te da consejos: hacerlo en la postura del misionero, con la luna llena, que ella se ponga un cojín debajo y que después de hacerlo se pegue media hora tumbada y con los pies en alto. ¡Joder, la pobre…! Es la primera vez que soy yo el que tiene que decirle a ella: “¡Aguanta, aguanta un poco mas!”

Al final, cuando vimos que no había forma, volvimos al medico, y va y me dice:

- Bueno, pues… lo mejor va a ser que se haga un análisis de semen, porque puede que tenga usted pocos espermatozoides…

Que tu piensas: “¡Coño!, seis meses… a seis polvos diarios… ¡Lo que me extraña es que me quede alguno!”.

Y el medico:

- Aunque también podría tratarse de astenospermia. Lo que se conoce como… espermatozoides vagos…

Y mi mujer:

- ¡Buah…! ¡Pues va a ser eso…! Porque se pasa el día tocándose los huevos…

Y el otro:

- Usted no se preocupe, que si es eso… podemos extraerlos e implantarlos en el óvulo.

¡Si, hombre…! ¡Una cosa es que sean vagos… y otra, ponerles taxi para recorrer doce centímetros…!

Y el medico:

- Es que esto es muy difícil… Tenga en cuenta que de millones de espermatozoides solo puede ganar uno.

¡Mira, como en Gran Hermano!

El caso es que tienes que hacerte el análisis. Te meten en una habitación con un vasito y un montón de revistas porno. Y tu te sientas allí, a ver si se anima. Pero estas mirando un montón de fotos de tías en pelotas y lo único que piensas es: “Huy… fíjate… Esta… con las caderas tan estrechas va a tener problemas en el parto, ¿eh? ¡Huy…! Esta otra… con toda la silicona que se ha metido… ¡a ver como amamanta al niño…!”. Y, encima, mi mujer, desde fuera:

- ¡Cariño! ¿Has terminado ya? ¡En casa no aguantas tanto!

Total, que al final, con mucha buena voluntad… consigues llenar el vasito. Pero luego te pasas toda la semana jodido mientras esperas los resultados.

Lo peor de todo es que hasta empiezas a dudar de que el hijo que ya tienes sea tuyo… Miras al niño… y piensas: “Si, de acuerdo, Alejandrito es clavado a mi, pero yo tengo una cara muy corriente…”. Y te acuerdas de esa insistencia de tu mujer en ponerle Alejandro. ¿Qué pasa, que Santi no es bonito? Y ya el colmo es cuando llega tu suegra y le dice:

- ¡Ay, que niño tan listo…! ¿A quien habrá salido?

Que ahí ya dices: “¡Coño, es verdad…! ¡A ver si tampoco va a ser de mi mujer!”.

Pero, de pronto reaccionas: “¡Joder, me estoy emparanoiando! ¡Alejandrito es mío…! Hay que tener en cuenta que, en aquel tiempo, dejarla embarazada era mas fácil: yo estaba en paro, mis suegros me odiaban, me ponía condón. ¡Coño, lo teníamos todo a favor…!”.

Al final nos dieron los resultados y, por lo visto, no me pasa nada. Lo que tengo es estrés. Así que le he comprado al niño la Playstation. A ver si jugando me relajo un poco…
 
¿Empresarios o amos de su negocio?
El caso es que en un panfleto que circulaba por ahí he leído esto:
[...]
La aceptación de un conflicto significa la aceptación de puntos de vista discrepantes.
Un directivo tiene que rodearse de gente que piense de otra manera y negociar soluciones que surjan como resultado de las discrepancias y de las discusiones.
Un directivo que no acepte personas y planteamientos diferentes puede conducir a la empresa a la rutina y la desmotivación.
[...]
Llevo años intentando explicarselo a la gente y ya no encuentro palabras. Nunca fui seguidor de ningún sindicato, pero las buenas ideas están ahí. Otra cosa es la corrupción que haya dentro de cada organización.
Pero lo que me hace pensar (y mucho) es cómo la gente no se da cuenta de algunos detalles que podrían hacer su vida un poco más fácil.
En fin, que cada uno piense lo que pueda

Seguiremos informando...

¡Salud!