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Lola: por fin la autenticidad se hizo mujer. Maite: en busca del lado femenino. Diego: el mundo visto por un tío del montón.
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Qué tendrá la playa a estas alturas
Una vez que empezaron las damas, me llegó el turno a mí. Me llamo Diego y tengo 22 años. Mi “sección” va a tratar sobre opiniones propias, más que sobre vivencias propias. Y es que un freakie camuflado como tío del montón no tiene vivencias muy interesantes, más bien observa las de los demás.

Hoy hablaré del tema que surge entre todos nosotros en estos calurosos días de julio: la playa. Para muchos es el ansiado paraíso después de diez meses de trabajo, pero ¿lo es realmente? Quiero decir, hace cincuenta años iba muy poca gente a la playa. Seguramente estarían medio vacías y se podría disfrutar del fresco, de la brisa y todo eso, pero ¿¿ahora??

Un amigo mío me decía que no podía estar un verano sin playa, que era lo mejor para él. Recordé el fin de semana que pasé en su casa de la playa en una ocasión. Digamos que por temas de masificación, recalificaciones de viviendas, etc, su casa de la playa se encontraba a unos 1.200 metros de la playa. Ponte a caminar cargado con banquetas esa distancia bajo el sol de agosto a las doce del mediodía. Una vez allí busca un hueco. Una muralla de sombrillas impide el paso. Hey, parece que allí hay sitio. ¿Dónde? Allí, entre el gordo sudoroso de la gorra de pepsi y la octogenaria que hace top-less. Coges sitio y dejas las cosas mirando a tu alrededor, marcando tu territorio. “Las monedas que llevo en la mochila están contadas”, dice tu mirada. Te vas metiendo en el agua. Helada. Calculas que introduciendo un centímetro de cuerpo por hora tu organismo podrá asimilar el cambio. Pero en ese momento pasa un adorable niño corriendo que te cala entero, así que aceleras el ritmo. Cuando te sales del agua y te tumbas en la esterilla bajo la sombrilla vuelve a pasar el adorable niño, esta vez llenándote de arena. Decides quedarte tumbado, de espaldas a la octogenaria que hace top-less (sabiendo que ver esa imagen durante un segundo podría causar daños irreparables a tu cerebro). Y, para más inri, el adorable niño regresa, con dos o tres más, y comienzan una guerra de bolas de arena entre ellos, sufriendo tú los daños colaterales. En momentos como ese piensas que tal vez Herodes fue un visionario incomprendido por los historiadores de la época. Finalmente emprendéis el camino de vuelta, otra vez los 1.200 metros de sol hasta la casa. Total, que saliste con algo de calor y volviste con el cuerpo lleno de sal, arena, sudor y odio hacia cualquier niño. ¿Me puede explicar alguien por qué mi amigo considera eso un paraíso?

Y claro que las playas tienen sus cosas buenas, sobre todo esas playas de lujo con poca gente y llenas de restaurantes y discotecas para salir de fiesta (todos hemos visto en la tv o en directo lo que hace la gente en las hamacas de Benidorm por la noche), pero en la mayoría de casos, en las playas masificadas en las que el chiringuito parece la única vía de escape, a mí no me compensa pasar dos meses, sinceramente.

Entre las cosas buenas, todo hay que decirlo, está el grupo de amigos de la playa. No los ves durante todo el año, pero llega julio y no te separas de ellos. Además, a quien le gusten los cotilleos, el grupo de la playa es una mina. En tu grupo de amigos de tu ciudad no suelen pasar muchas cosas interesantes, pero en el de la playa todo se concentra en dos meses. Se forman parejas, cortan, se vuelven a formar… El verano 2004 Pepe sale con Lucía, el verano 2005 Pepe sale con Marta, ya que Lucía está con Jorge, que el verano anterior se enrolló con Isa, la hermana de Pepe. En cuanto han pasado tres veranos todo el mundo ha estado liado o ha sido cuñado de todo el mundo. La de cosas que pueden surgir de jugar a la botella a los trece años.

En fin, que pese a todas las quejas que pueda tener sobre la playa, el menda acabará entrando al trapo y yendo unos días a pasarlos allí, porque luego llega septiembre y están las competiciones por ver quién se ha puesto más moreno. Quedas con tus amigos para tomar café y empiezan a juntar los brazos “Mi brazo está más moreno que el tuyo”, “no, que tu moreno es más aceitunado, el mío es más caribeño”. Nunca he sabido el premio que se lleva el que más moreno está, pero por si acaso no hay que descuidarse, a ver si luego me arrepiento. Conclusión: hay que ir a la playa. Lo sé, el verano sería mejor si los escolares tuvieran colegio hasta septiembre, pero qué se le va a hacer. Si algún político promete eso para las próximas elecciones, yo le voto y listos.

DIEGO
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¿Y la feminidad por dónde anda?
Las mujeres somos increíbles. Capaces de todo. Coge a cualquier hombre con éxito profesional y obsérvalo. Verás que cuando llegue a su casa será incapaz de hacerse una tortilla o de plancharse una camisa. En cambio las mujeres no sólo podemos tener éxito en el ámbito profesional, sino que de paso recogemos a los niños del colegio, hacemos la cena, lavamos la ropa y aún nos queda tiempo para hacer caso al pelma del marido. Seguro que Margaret Thatcher, después de dirigir los asuntos y vidas de los británicos, era capaz de lavarse y plancharse la ropa del día siguiente.

He usado la primera persona de plural al hablar de las mujeres, pero no tendría que haberlo hecho, porque NO TODAS las mujeres son capaces de todo. Hay excepciones. Y yo soy una de ellas.

Me llamo Maite, tengo 22 años y escribiré en este blog los miércoles. Como presentación diré que soy una completa inútil en todo aquello en lo que el resto de las mujeres del mundo mundial se desenvuelve bien.

No es que yo tenga mucha culpa. Tengo tres hermanos mayores, todos chicos, y, aunque tuve muñecas y cosas de esas de pequeña, digamos que jugué más al fútbol o con los action-man, por no decir la cantidad de peleas en las que acabé a golpes con mis hermanos. Me he criado acabando los cursos entre finales de liga y pasando los veranos pendiente de los fichajes para la siguiente temporada. Es por eso que creo que me falta algo, como mi lado femenino.

Que nadie se forme de mí una imagen equivocada. No visto como un tío ni llevo el pelo casi rapado. Físicamente sí soy femenina, que a una le gusta ir con sus falditas en verano y luciendo tipo- usando las “armas de mujer”, como diría Lola-. Ahí no está el problema, mis carencias femeninas se encuentran en el interior.

Eso más de una vez me ha generado problemas. Cuando tenía dieciocho años tenía un novio que me invitó a comer a su casa de campo. Mi novio tenía montones de tíos, primos, y demás familia, aquello estaba lleno de gente. Y encima era todo súper tradicional. La típica casa de campo gigante, llena de terrenos con olivos… vamos, la casa del anuncio de Tarradellas, para haceros una idea. Y con súper tradicional también quiero decir que las mujeres preparaban la mesa mientras los hombres se quedaban hablando de fútbol. Como era la primera vez que iba, decidí colgar mis armas feministas por un rato- hay que ver lo que hace una por amor- y ayudar a las demás. Llego a la cocina y está la abuela- abuela Tarradellas hasta la médula- haciendo una tortilla de patatas.

- Ay, guapa- me dice-, ¿puedes ayudarme?
- Claro- respondo yo. A la abuelita Tarradellas hay que ayudarla, que con todas las pizzas que hace la pobre no debe dar abasto.
- ¿Puedes hacer el sofrito para el arroz mientras yo termino esto? Es que si no vamos a comer a las tantas.
- Perdón, ¿el so- qué?
- El sofrito, ya sabes, lo he dejado ahí todo preparado.

Vi un pimiento, ajo y varias cosas más encima de una tabla con un cuchillo. Tenía que salir del paso sin parecer una inútil total.

- Yo es que en mi casa no hago sofrito para el arroz.
- Ah, ¿no? ¿es que os lo tomáis sin nada?
- No, pero usamos los caldos gallinablanca esos, que le dan un sabor buenísimo- en ese momento creí recordar que esos caldos eran para la sopa.

La buena mujer pone cara de no comprender cómo alguien prepara un sofrito con caldo para la sopa, pero vuelve a sonreír y me dice:

- Bueno, haré yo el sofrito, ¿puedes tú acabar con la tortilla? Sólo falta darle la vuelta.

Y me deja ahí con una sartén enorme en la que hay una tortilla enorme a punto de ser estropeada enormemente por mí. ¿Cómo iba a terminar una tortilla de patatas si la francesa de un huevo todavía suponía un misterio para mí? Estaba a punto de cogerla y darle la vuelta con sus consecuencias- la imagen del Titanic partiéndose en dos venía a mi cabeza constantemente- cuando apareció una de las primas de mi novio y me ayudó a hacerlo. Crisis culinaria sin heridos.

Durante la comida tampoco demostré mucho mi feminidad al discutir ferozmente con uno de los primos de mi novio sobre uno de los jugadores del Atleti.

Lo que pasó con aquel novio y nuestra ruptura meses después no es relevante, lo que quiero decir es que esta falta de feminidad en mi actitud me ha traído muchos problemas, sobre todo en las relaciones. Recuerdo que una vez, estando con un ex tomando un café, le dije medio en broma que el cortado con leche condensada- que es el que tomaba él siempre- era un café que sólo se piden las tías.

- Bueno- me respondió- Tú ya eres lo bastante masculina por los dos.


MAITE
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Así soy yo (Lola)
Este blog lo escribiremos entre tres: Maite, Diego y Lola (yo). Lo que escriba cada uno será cosa suya, aunque cada uno seguirá unos temas en concreto. Ya lo explicarán los otros cuando les toque. Yo escribiré los lunes (aunque hoy, al ser el comienzo, lo haré siendo martes), Maite los miércoles y a Diego le tocará los viernes.

Total, que empiezo yo. Me llamo Lola, tengo 21 años y vivo en una ciudad que mantendremos en el anonimato, que cuando este blog sea reconocido como la repera en todo internet no quiero colas de fans en mi calle.

Siempre he sido una tía medianamente atractiva, y aunque no tanto como para ganar un concurso de misses, lo que me falta de guapa lo compenso con mi forma de ser. Soy muy activa, marchosa y tengo una mente bastante abierta hacia la sexualidad. Eso ha hecho que muchos (y sobre todo muchas) me llamen puta, zorra, etc, pero siempre me ha importado una mierda lo que dijeran. La mitad de las que me insultaban eran unas reprimidas amargadas, y la otra mitad eran bastante más zorras de lo que yo pude haber sido nunca.

Y es que no me considero zorra. ¿Sólo porque no me dé asco que un tío me mire cuando voy por la calle soy una zorra? ¿O por liarme con un tío que me atrae físicamente? Los tíos lo hacen constantemente y se llaman triunfadores entre ellos, ¿por qué no vamos a hacer nosotras lo mismo?

Total, que aquí contaré mis historias, las cosas que hace una tía como yo en un mundo como este y, ya que mis colegas de blog dicen que es mi faceta más conocida, resaltaré el tema del sexo y los ligues. Si a la gente le gusta, genial, y si no, si al leerlo me consideran una zorra, pues nada, que lo llamen “reivindicaciones de una zorra”.

Comenzaré hablando de Javi, mi último ligue. Me lo habían presentado hace unos meses en una fiesta de la universidad, pero no habíamos llegado a coincidir a solas. La semana pasada salí con unas amigas porque ya habían acabado los exámenes y al día siguiente volvía a casa. Mi ciudad está a unos 300 km de mi universidad, así que durante el curso veo poco a mi familia, vivo en un piso de estudiantes. El caso es que salimos por varias discotecas, y en una de esas vimos a Javi con unos amigos. Aunque no habíamos hablado mucho hasta el momento, yo sabía que él era el típico ligón que cada semana está con una. Es guapo, no el que más, pero tiene una seguridad en sí mismo que encandila a cualquier tía. Empezamos a hablar.

Cuando una tía que sabe ligar (como yo) se encuentra con un tío que sabe ligar (como él) resulta todo muy divertido. Es como una competición de ingenio en la que cada uno trata de ser más agudo que el otro para seducirlo.

- Te invito a una copa. Tú bebías vodka, ¿verdad?- dice él.
- Siempre- respondí.
- Yo soy más de ron- me empieza a contar-. El vodka me resulta demasiado fuerte.
- ¿Fuerte? Deberías pedirte uno. Además, lo habitual no siempre es bueno, ¿no?
- Puede ser- contestó.

Mientras hablábamos me di cuenta de por qué liga tanto. Controla cada gesto, cada palabra que dice. De repente hace una broma, pone una medio sonrisa que le hace parecer más guapo todavía, te lanza un piropo o se burla de ti medio en broma, todo perfectamente calculado para hacer que te sientas más atraída todavía.

- Me resulta raro que estemos hablando, cuando te he visto en un bar siempre ha sido con otra clase de chicas- le solté.
- Ah, ¿si? ¿Con qué clase?
- No sé…- fingí no saberme explicar- eran tías en mi opinión algo pavas, ¿es ese tu tipo?

Pensé que se ofendería, pero no, se rió y dijo:

- Bueno, ese puede que sea mi tipo habitual. Pero lo habitual no siempre es bueno, ¿no?

Y empezamos a besarnos. Acabamos haciéndolo en mi piso. Mis compañeras no estaban, ya se habían vuelto a sus respectivas casas, y pudimos dar rienda suelta toda la noche sin miedo a despertar a nadie.

A la mañana siguiente, después de comer, mientras terminaba de hacer la maleta recibí un mensaje suyo. “Anoxe lo pase gnial. Pasa un wen verano. Spero q cdo vuelvas en sep podams vrnos. Javi”.

“Staria bien”, le respondí.


LOLA
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