Huracanes.

Sólo 8 días uno de otro. Primero Gustav y después Ike. El primero con vientos de 340 kms/hrs. Así quedó registrado en la estación meteorológica de Paso Real de San Diego. Sostenible 240. La Isla de la Juventud devastada. San Cristóbal, Los Palacios, Bahía Honda no se quedan atrás. Parece un día después de la guerra.

El primero categoría cuatro y el siguiente uno, pero Ike nos conoció de veras. Empezó por el Norte y nos cruzó hacia el Sur. Causas del destino, casi entró y salió por el occidente por el mismo lugar. Sanguily despidió a los dos.

Algunos pudieron conservar la ayuda dada cuando el primero, otros volvieron a perder lo poco que habían recuperado. En ambos casos la respuesta es inmediata. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias como parte del propio pueblo, asume la distribución de los materiales de ayuda a las víctimas de ambos huracanes.

Después de los vientos y la lluvia, la recuperación. Los linieros se destacan por venir de muy lejos, incluso de lugares que al final también fueron azotados, pero ellos siguen trepando postes para restablecer la electricidad. La solidaridad sube al estrado mayor. Unos albergan en sus casas a vecinos, otros convierten sus cuartos en pequeños almacenes de televisores, refrigeradores, batidoras y equipos de música.

Los más pequeños se aprestan a comenzar su curso escolar en aulas improvisas en centro de trabajo o casas particulares que se han brindado para tan noble tarea y en San Cristóbal, Gustavo David, quien nació cuando el Gustav con categoría cuatro pasaba por su pueblo natal, tiene el record de ser el cubano más joven, que en menor tiempo, haya vivido tan amarga experiencia. Sino que le pregunten a Doralba Bocourt, su progenitora.






