Aqueloo

AQUELOO - Es la personificación del río más largo de Grecia. Nace en el Pindo, separa Etolia de Acarnania y muere en el mar Jónico, junto al golfo de Patras; actualmente se llama Aspropótamo. El nombre de Aqueloo fue aplicado en la antigüedad a otros cinco ríos helénicos, y ello ha hecho suponer que en un principio la palabra significaba corriente de agua. En todo caso, el culto de Aqueloo se encuentra por toda Grecia, y en toda Grecia se juraba en su nombre, mientras que las personificaciones de los demás ríos no pasan de ser divinidades locales. En la desembocadura del Aqueloo existen cinco pequeñas islas (las Equínades) que han inspirado una leyenda local: cuatro de ellas serían ninfas que el dios-río convirtió en rocas por haberle olvidado alguna vez en sus sacrificios; la quinta es Perimele, hija de Hipodamante, arrojada por su padre al río cuando iba a dar a luz un hijo de Aqueloo.
En la Teogonía, El dios-río Aqueloo aparece como hijo de Océano y Tetis; otras veces se dice que ha nacido de Helio y de Gea. Es el padre de las Sirenas (resultado de sus amores con Melpómene, o bien con alguna otra de las Musas) y lo es también de Calírroe. Por otra parte, habría engendrado a Castalia y a Pirene, personificaciones de dos fuentes famosas de Delfos y Corinto, respectivamente.
El mito de Aqueloo más conocido es el que trata de su disputa con Heracles por la mano de Deyanira, y el tema de la lucha del héroe con el río metamorfoseado en serpiente y luego en toro aparece más de una vez en las decoraciones de los vasos griegos; dicho mito puede simbolizar el esfuerzo continuo de los habitantes de la región por dominar y poner a su propio servicios a un río que en la temporada de lluvias inundaba toda la llanura, pudiendo fertilizarla o destruir por completo sus cosechas. Las epifanías del dios en forma de toro o de serpiente, así como el delfín y el rosal con que aparece asociado en monedas etolias y acarnanias, revelan el carácter prehelénico de su culto, muy relacionado, por otra parte, con el oráculo de Dodona que, según cuenta Éforo, ordenaba siempre hacer sacrificios a esta divinidad. Además, en el templo de Anfiarao en Oropo, Aqueloo compartía desde antiguo un altar con Pan y Cefiso.





