Secretaría de Comunicación del PCE
Tras el XVII Congreso, el PCE inicia una nueva fase de cara a relanzar el partido y reflotar el proyecto de IU, superando el actual estancamiento. El Congreso del PCE consideró que IU es un proyecto válido y que su opción por él es irreversible pero debe iniciar una nueva dinámica que impulse su papel propio como fuerza transformadora e independiente.

El PCE orienta su trabajo diario insertándose desde su soberanía en el análisis y las alternativas con respecto a la actualidad. El PCE, así, va a trabajar de lleno en la actualidad, como parte muy activa en el seno de la soberanía compartida que supone IU.
Ante el horizonte electoral, que incluye la eventualidad de un adelanto de las elecciones generales, y que en todo caso tiene una cita ya marcada para municipales y autonómicas del 143, el PCE es partidario de que IU inicie la elaboración de un programa participativo que abarque a toda la organización y engarce su trabajo con organizaciones sociales de todo tipo. Se trata de un trabajo a medio plazo que prevea en su dinámica, cuando llegue el momento, la posibilidad de alianzas con otras fuerzas y la propia elaboración de las candidaturas. En todo caso, el PCE considera, con independencia de las plataformas que puedan acordarse, IU debe mantener sus siglas en todo tipo de comicios.
El programa participativo deberá afrontarse finalmente en una asamblea amplia donde la representación de las áreas de elaboración y los distintos territorios sean la base de los delegados asistentes. Dicho programa, desde un punto de vista alternativo y transformador, debe recuperar el perfil de fuerza distinta e independiente que IU tiene desde su fundación.
De cara a la nueva fase, el Comité Federal del PCE ha elegido una Comisión Permanente de 22 miembros. Una de las novedades es la creación de nuevas secretarías como la Cultura y de la Memoria Histórica, entre otras. Fernando Sánchez dirigirá la Secretaría de Organización, Gines Fernández seguirá al frente de la Secretaría de Comunicación y José Luis Centella (Secretario General del Partido Comunista de Andalucía) estará al frente de la Secretaría de Relaciones y Políticas Internacionales. Entre las nuevas incorporaciones destacan la de Enrique Santiago, que llevará la Secretaría de Relaciones Políticas, Francisco Martínez como secretario de Finanzas e Isabel Salud (Secretaria General del Partido Comunista de Euskadi) como responsable de Mundo del Trabajo y Movimiento Obrero.
Dicha Comisión Permanente ha asumido como primera tarea la preparación de la Fiesta anual del PCE, que se celebrará en Madrid los días 16, 17 y 18 de septiembre, y que debe contener, tanto en sus debates y demás actividades políticas como en el mitin central, los contenidos de esta nueva fase, que implican la necesidad de un partido activo y fuerte como condición de posibilidad de una IU alternativa, fuerte y plural.
Asimismo el PCE ha iniciado sus trabajo de cara a estudiar los Presupuestos Generales del Estado del año 2006, que deberían ser pactados con el PSOE, así como los términos de la posible reforma laboral y la redefinición de los estatutos de autonomía y el nuevo sistema de financiación de las Comunidades Autónomas.

El PCE orienta su trabajo diario insertándose desde su soberanía en el análisis y las alternativas con respecto a la actualidad. El PCE, así, va a trabajar de lleno en la actualidad, como parte muy activa en el seno de la soberanía compartida que supone IU.
Ante el horizonte electoral, que incluye la eventualidad de un adelanto de las elecciones generales, y que en todo caso tiene una cita ya marcada para municipales y autonómicas del 143, el PCE es partidario de que IU inicie la elaboración de un programa participativo que abarque a toda la organización y engarce su trabajo con organizaciones sociales de todo tipo. Se trata de un trabajo a medio plazo que prevea en su dinámica, cuando llegue el momento, la posibilidad de alianzas con otras fuerzas y la propia elaboración de las candidaturas. En todo caso, el PCE considera, con independencia de las plataformas que puedan acordarse, IU debe mantener sus siglas en todo tipo de comicios.
El programa participativo deberá afrontarse finalmente en una asamblea amplia donde la representación de las áreas de elaboración y los distintos territorios sean la base de los delegados asistentes. Dicho programa, desde un punto de vista alternativo y transformador, debe recuperar el perfil de fuerza distinta e independiente que IU tiene desde su fundación.
De cara a la nueva fase, el Comité Federal del PCE ha elegido una Comisión Permanente de 22 miembros. Una de las novedades es la creación de nuevas secretarías como la Cultura y de la Memoria Histórica, entre otras. Fernando Sánchez dirigirá la Secretaría de Organización, Gines Fernández seguirá al frente de la Secretaría de Comunicación y José Luis Centella (Secretario General del Partido Comunista de Andalucía) estará al frente de la Secretaría de Relaciones y Políticas Internacionales. Entre las nuevas incorporaciones destacan la de Enrique Santiago, que llevará la Secretaría de Relaciones Políticas, Francisco Martínez como secretario de Finanzas e Isabel Salud (Secretaria General del Partido Comunista de Euskadi) como responsable de Mundo del Trabajo y Movimiento Obrero.
Dicha Comisión Permanente ha asumido como primera tarea la preparación de la Fiesta anual del PCE, que se celebrará en Madrid los días 16, 17 y 18 de septiembre, y que debe contener, tanto en sus debates y demás actividades políticas como en el mitin central, los contenidos de esta nueva fase, que implican la necesidad de un partido activo y fuerte como condición de posibilidad de una IU alternativa, fuerte y plural.
Asimismo el PCE ha iniciado sus trabajo de cara a estudiar los Presupuestos Generales del Estado del año 2006, que deberían ser pactados con el PSOE, así como los términos de la posible reforma laboral y la redefinición de los estatutos de autonomía y el nuevo sistema de financiación de las Comunidades Autónomas.
Nota de prensa de Corriente Roja-Córdoba
Ante la polémica suscitada por la financiación con dinero público del viaje a Venezuela de la Concejala de Juventud del Ayuntamiento de Córdoba y dieciséis jóvenes más, Corriente Roja quiere manifestar que siempre ha defendido la participación, la democracia y la transparencia en la gestión y la asignación de recursos públicos. La participación popular debe ser, en nuestra opinión, la garantía de una gestión en la que los comportamientos éticos supongan el elemento

diferencial de una auténtica política de izquierdas. Cuando desde nuestro Gobierno Municipal tanto se habla de participación ciudadana en la gestión de los presupuestos, es más de esperar que se predique con el ejemplo, y no que se practiquen el nepotismo y la falta de control, como parece que ha ocurrido en este caso.
Queremos, también, salir al paso de la burda e interesada manipulación partidista que ha intentado llevar a cabo el Partido Popular al querer descalificar el Encuentro de la Juventud y, de paso, a todo el proceso de la revolución bolivariana por un desafortunado hecho aislado. Nos parece desvergonzado que desde un partido que ha apoyado guerras ilegales e ilegitimas y que apoya el terrorismo de estado del gobierno Bush se pretenda estar calificado para juzgar el proceso más intachablemente democrático que se desarrolla actualmente en América Latina. El ejemplo de solidaridad y combatividad expresado por los miles de jóvenes, haciendo un esfuerzo económico individual o con ayuda de sus organizaciones, que acudieron a apoyar el proceso de la revolución bolivariana no puede ser cuestionado por un desafortunado y aislado episodio local.
Corriente Roja apoya y continuará apoyando firmemente todos los procesos democráticos y populares que se desarrollen en cualquier lugar de nuestro planeta.
Córdoba, 24 de Agosto de 2005

diferencial de una auténtica política de izquierdas. Cuando desde nuestro Gobierno Municipal tanto se habla de participación ciudadana en la gestión de los presupuestos, es más de esperar que se predique con el ejemplo, y no que se practiquen el nepotismo y la falta de control, como parece que ha ocurrido en este caso.
Queremos, también, salir al paso de la burda e interesada manipulación partidista que ha intentado llevar a cabo el Partido Popular al querer descalificar el Encuentro de la Juventud y, de paso, a todo el proceso de la revolución bolivariana por un desafortunado hecho aislado. Nos parece desvergonzado que desde un partido que ha apoyado guerras ilegales e ilegitimas y que apoya el terrorismo de estado del gobierno Bush se pretenda estar calificado para juzgar el proceso más intachablemente democrático que se desarrolla actualmente en América Latina. El ejemplo de solidaridad y combatividad expresado por los miles de jóvenes, haciendo un esfuerzo económico individual o con ayuda de sus organizaciones, que acudieron a apoyar el proceso de la revolución bolivariana no puede ser cuestionado por un desafortunado y aislado episodio local.
Corriente Roja apoya y continuará apoyando firmemente todos los procesos democráticos y populares que se desarrollen en cualquier lugar de nuestro planeta.
Córdoba, 24 de Agosto de 2005
PCE: Francisco Frutos, los cambios... Juan R. Lejarza
El actual Secretario General del PCE Francisco Frutos, ha señalado a través del tiempo y en sus intervenciones públicas, los cambios que se están produciendo en el mundo del trabajo (agricultura, industria y servicios), se entiende que nos llama a la reflexión para comprender la realidad actual y poder intervenir en ella. Es una verdad decir que hoy los Comunistas estén donde estén, trabajan con ideas preconcebidas, y esto esta muy lejos del Materialismo Dialéctico.

Aquí se recogen dos (2) estractos aunque hay muchos más que van en la misma dirección, el tema no es nuevo, lo nuevo seria analizar en profundidad el asunto.
XVII Congreso del PCE: Los Comunistas y el mundo del trabajo.
En términos cuantitativos aumenta el número de trabajadores en los servicios en detrimento de la industria, y con ello la distinta percepción que los trabajadores tienen de sí mismos, del sindicalismo y de su propia capacidad para condicionar la realidad.
Las sucesivas reformas laborales que con diferentes pretextos, han aumentado el desempleo, la precariedad, la pobreza, la inseguridad de los trabajadores, la marginalidad, y que afecta con especial intensidad a los jóvenes y las mujeres, pero no solo a ellos.
Todos estos cambios hacen difícilEl seguir actuando como si existiera una centralidad de la clase obrera industrial.
INFORMACIÓN Diciembre 1999 (Balance,valoración política y conclusiones de las jornadas de M.O. del PCE-Coslada 23 y 24 Octubre de 1999 )
Conclusiones básicas.
a/ La estructura y configuración de la clase trabajadora. Referencias elementales del debate.
Los permanentes cambios de la estructura productiva y de servicios de nuestro país generan una mayor segmentación, caracterizada por la mayor individualización de las relaciones laborales, esto supone un deterioro sistemático de las condiciones de trabajo, en cuanto al salario, la jornada, los derechos sociales y laborales.
Se constata un crecimiento de la tasa de salarización, de un 5% en una década, así como un crecimiento de los activos.
Crece la cualificación profesional y porcentaje de trabajadores técnicos o intelectuales.
Disminuye los trabajadores agrícolas, también pero en muy menor medida los de la construcción y la industria, y los trabajadores del sector servicios, suponen más del 60 % del total de los asalariados.
En cuanto a los salarios, hay que destacar la fragmentación del conjunto salarial.
Los asalariados se fragmentan al menos en dos, uno relativo al trabajo fijo,
estable, con derechos regulados, y otro para el trabajo precario, a veces sumergido y muy desregulado.
Entre trabajadores precarios y trabajadores en desempleo se sitúa la mayoría de los asalariados potenciales, los cuáles son mayoritaria mente jóvenes y mujeres. En particular las mujeres se han beneficiado en menor medida de los avances de la lucha obrera.
La mujer sobrepasa con creces las tasas de precariedad, economía sumergida y paro respecto de los hombres. Se hacen necesaria medidas que permitan una mayor y mejor incorporación de la mujer a los empleos dignos, favoreciendo acciones de discriminación positiva, y de formación específica.
El alto nivel de precariedad en general hace difícil el paso de precario a regulado, siendo más fácil al contrario.
La mayoría de los trabajadores en desempleo y los trabajadores en las condiciones más precarias están ajenos a la dinámica de las organizaciones sindicales, lo cual nos tiene que hacer ofrecer propuestas organizativas y sindicales, haciendo de las organizaciones sindicales estructuras más útiles y eficaces.
Vincular a las realidades más marginales del mundo del trabajo con el movimiento sindical organizado, favoreciendo su organización y desarrollar sus posibilidades para la movilización, la participación y la mejora de sus condiciones de vida y de
trabajo. Esta debe significar una prioridad inmediata de la izquierda sindical y política en nuestro país.
También se hace cada vez más prioritaria la organización territorial para aquellos que no se vinculan de forma estable en un sector o empresa concreta.
No solo es necesario garantizar el papel activo de las organizaciones, sino su propia renovación con las nuevas generaciones de trabajadores, que apenas se organizan y afilian sindical mente.
Los parados de larga duración (el 34'5% del total de desempleados llevan más de dos años en el paro.), son una realidad creciente.
Los trabajadores eventuales, son por tanto cada vez más eventuales, sus contratos son de menor duración, los trabajadores fijos lo son menos, en tanto la involución legislativa ampara cada vez más su salida del empleo estable con derechos, para volcarlo en el desempleo o empleo precario.
Las organizaciones sindicales deben urgentemente adaptarse a esta nueva realidad, consiguiendo ser útiles, y motivar la participación e implicación sindical de quienes padecen de forma las perores condiciones de trabajo. Por tanto el aspecto sociopolítico es necesario desarrollarlo desde una orientación amplia, abierta, dinámica, susceptible de cambios vertebrales que favorezcan un sindicato para todos y todas los trabajadores y las trabajadoras, también los subempleados, los eventuales, los parados, los autónomos explotados, etc.
La actual situación del movimiento obrero organizado se caracteriza por una serie de condicionantes que requieren un analisis a fondo, y una confirmación de nuestra línea estratégica. El PCE con su capacidad de analisis, propuesta y organización pretende incidir positivamente en él de forma global, y en particular en cada uno de los elementos que componen el actual contexto, plagado de contradicciones, adversidades y dificultades, que exigen de nuestra organización una política de cohesión interna para favorecer un incremento real de nuestra presencia en el mundo del trabajo.
La actual situación del movimiento obrero organizado se caracteriza por una serie de condicionantes que requieren un analisis a fondo, y una confirmación de nuestra línea estratégica. El PCE con su capacidad de analisis, propuesta y organización pretende incidir positivamente en él de forma global, y en particular en cada uno de los elementos que componen el actual contexto, plagado de contradicciones, adversidades y dificultades, que exigen de nuestra organización una política de cohesión interna para favorecer un incremento real de nuestra presencia en el mundo del trabajo.
Todo ello requiere articular un frente común ante el neoliberalismo, que contemple a todo el movimiento sindical de clase, a los movimientos sociales, desde la unidad de acción de toda la izquierda que comparta estos objetivos. Se hace necesario un giro a la izquierda de las políticas del movimiento sindical organizado, un incremento de la conciencia social y un nuevo marco de amplia respuesta social, desde la unidad de acción de la izquierda, con la participación vital de los sindicatos de clase.
INFORMACIÓN Abril 1997 (informe al Comité Ejecutivo,Cordoba 11 de Abril de 1997)
Porque el sector público es objetivamente planificador y por eso tiene un contenido potencialmente democratizador, organizador y de dirección económica. «La mano invisible» del mercado, la que soluciona todas las contradicciones socioeconómicas, es un invento de las filosofías que dieron nacimiento al capitalismo allá por los lejanos siglos XVII y XVIII. Piezas magistrales de esta filosofía se pueden encontrar, y no especialmente en Adam Smith. Pero, incluso dentro de los paradigmas de la filosofía capitalista, los países que más y mejor han desarrollado su relación producción-comercio y su presencia económica y técnica en el mundo son los que, como Japón, han creado una verdadera simbiosis entre industria y planificación, a través del MITI (Ministerio de Comercio. Internacional e Industria). Por tanto, es una falacia de los fuertes destinada a arrodillar a los débiles, la tesis de la «total liberación».
Cada vez se necesita menos tiempo de. trabajo para producir, no lo mismo, sino más. El desarrollo científico-técnico, aplicado directamente al sistema productivo hace el milagro. Los bienes y servicios creados son más, y potencialmente mejores, con menos puestos de trabajo y menos horas.
4. La política española viene determinada por lo que pasa en el mundo económico, social, laboral y sindical mundial e interno. Por el tipo de trabajo que hay y por la cantidad y calidad del mismo. Por los cambios estructurales en las fuerzas productivas y técnicas. Por el tipo de relación individuo-trabajo, que generan la realidad en las leyes y éstas en la realidad.
El tipo de trabajo actual cambia en relación a otras épocas recientes, aunque, a veces, solo de ámbito. Pongamos un ejemplo: se dice que desaparece el tipo de producción fordista y taylorista y que se sustituye por otras formas, con inicio y final por una misma persona del producto elaborado, con círculos de calidad competitivos entre sí, etc. Ni todo es así ni desaparecen determinadas formas, sino que cambian de lugar. El sistema de trabajo de la gran factoría se traslada progresivamente al sector servicios, donde se mezclan y complementan tipos de trabajo en cadena con relación individual con el empresario y con «méritos personales ante éste, en relación a las ventas producidas». Sería interesante ver qué pasa en El Corte Inglés, en grandes superficies, en la relación de estos espacios de servicios con el trabajador de la «motocicleta de reparto», con el contratado o contratada en Navidades, o el fin de semana, o por horas, etc.. O estudiar los productos fabricados por las empresas directamente o los que fabrican o culminan las empresas a través de contratas o subcontratas, en condiciones laborales y sociales diferentes.
La sociedad es menos comunicativa porque desaparecen los lazos sociales basados en la antigua estructura industrial y no son sustituidos por otro tipo de relación.
Nuestra propuesta de programa, que es la de (...), se centra en una política de empleo digno, de trabajo para todos y todas, de reducción de horario y de reparto del empleo, organizado y sistemático (iniciar su estudio concréto y práctica), de derechos sociales consolidados y mejorados. Nuestra propuesta significa el desarrollo de políticas concretas para la juventud (empleo, educación, derechos...) y para la mujer, que continúa siendo discriminada en la práctica, a pesar de los avances legislativos. Todo lo cual exige el diseño y planificación de programas de inversiones en los sectores de estrategia económica actual o de futuro, en la potenciación de un desarrollo sostenible ecológicamente que permita crear miles de puestos de trabajo, en la investigación y desarrollo, tanto de viejas técnicas, productos y servicios, como en la investigación de nuevos campos para el trabajo.

Aquí se recogen dos (2) estractos aunque hay muchos más que van en la misma dirección, el tema no es nuevo, lo nuevo seria analizar en profundidad el asunto.
XVII Congreso del PCE: Los Comunistas y el mundo del trabajo.
En términos cuantitativos aumenta el número de trabajadores en los servicios en detrimento de la industria, y con ello la distinta percepción que los trabajadores tienen de sí mismos, del sindicalismo y de su propia capacidad para condicionar la realidad.
Las sucesivas reformas laborales que con diferentes pretextos, han aumentado el desempleo, la precariedad, la pobreza, la inseguridad de los trabajadores, la marginalidad, y que afecta con especial intensidad a los jóvenes y las mujeres, pero no solo a ellos.
Todos estos cambios hacen difícilEl seguir actuando como si existiera una centralidad de la clase obrera industrial.
INFORMACIÓN Diciembre 1999 (Balance,valoración política y conclusiones de las jornadas de M.O. del PCE-Coslada 23 y 24 Octubre de 1999 )
Conclusiones básicas.
a/ La estructura y configuración de la clase trabajadora. Referencias elementales del debate.
Los permanentes cambios de la estructura productiva y de servicios de nuestro país generan una mayor segmentación, caracterizada por la mayor individualización de las relaciones laborales, esto supone un deterioro sistemático de las condiciones de trabajo, en cuanto al salario, la jornada, los derechos sociales y laborales.
Se constata un crecimiento de la tasa de salarización, de un 5% en una década, así como un crecimiento de los activos.
Crece la cualificación profesional y porcentaje de trabajadores técnicos o intelectuales.
Disminuye los trabajadores agrícolas, también pero en muy menor medida los de la construcción y la industria, y los trabajadores del sector servicios, suponen más del 60 % del total de los asalariados.
En cuanto a los salarios, hay que destacar la fragmentación del conjunto salarial.
Los asalariados se fragmentan al menos en dos, uno relativo al trabajo fijo,
estable, con derechos regulados, y otro para el trabajo precario, a veces sumergido y muy desregulado.
Entre trabajadores precarios y trabajadores en desempleo se sitúa la mayoría de los asalariados potenciales, los cuáles son mayoritaria mente jóvenes y mujeres. En particular las mujeres se han beneficiado en menor medida de los avances de la lucha obrera.
La mujer sobrepasa con creces las tasas de precariedad, economía sumergida y paro respecto de los hombres. Se hacen necesaria medidas que permitan una mayor y mejor incorporación de la mujer a los empleos dignos, favoreciendo acciones de discriminación positiva, y de formación específica.
El alto nivel de precariedad en general hace difícil el paso de precario a regulado, siendo más fácil al contrario.
La mayoría de los trabajadores en desempleo y los trabajadores en las condiciones más precarias están ajenos a la dinámica de las organizaciones sindicales, lo cual nos tiene que hacer ofrecer propuestas organizativas y sindicales, haciendo de las organizaciones sindicales estructuras más útiles y eficaces.
Vincular a las realidades más marginales del mundo del trabajo con el movimiento sindical organizado, favoreciendo su organización y desarrollar sus posibilidades para la movilización, la participación y la mejora de sus condiciones de vida y de
trabajo. Esta debe significar una prioridad inmediata de la izquierda sindical y política en nuestro país.
También se hace cada vez más prioritaria la organización territorial para aquellos que no se vinculan de forma estable en un sector o empresa concreta.
No solo es necesario garantizar el papel activo de las organizaciones, sino su propia renovación con las nuevas generaciones de trabajadores, que apenas se organizan y afilian sindical mente.
Los parados de larga duración (el 34'5% del total de desempleados llevan más de dos años en el paro.), son una realidad creciente.
Los trabajadores eventuales, son por tanto cada vez más eventuales, sus contratos son de menor duración, los trabajadores fijos lo son menos, en tanto la involución legislativa ampara cada vez más su salida del empleo estable con derechos, para volcarlo en el desempleo o empleo precario.
Las organizaciones sindicales deben urgentemente adaptarse a esta nueva realidad, consiguiendo ser útiles, y motivar la participación e implicación sindical de quienes padecen de forma las perores condiciones de trabajo. Por tanto el aspecto sociopolítico es necesario desarrollarlo desde una orientación amplia, abierta, dinámica, susceptible de cambios vertebrales que favorezcan un sindicato para todos y todas los trabajadores y las trabajadoras, también los subempleados, los eventuales, los parados, los autónomos explotados, etc.
La actual situación del movimiento obrero organizado se caracteriza por una serie de condicionantes que requieren un analisis a fondo, y una confirmación de nuestra línea estratégica. El PCE con su capacidad de analisis, propuesta y organización pretende incidir positivamente en él de forma global, y en particular en cada uno de los elementos que componen el actual contexto, plagado de contradicciones, adversidades y dificultades, que exigen de nuestra organización una política de cohesión interna para favorecer un incremento real de nuestra presencia en el mundo del trabajo.
La actual situación del movimiento obrero organizado se caracteriza por una serie de condicionantes que requieren un analisis a fondo, y una confirmación de nuestra línea estratégica. El PCE con su capacidad de analisis, propuesta y organización pretende incidir positivamente en él de forma global, y en particular en cada uno de los elementos que componen el actual contexto, plagado de contradicciones, adversidades y dificultades, que exigen de nuestra organización una política de cohesión interna para favorecer un incremento real de nuestra presencia en el mundo del trabajo.
Todo ello requiere articular un frente común ante el neoliberalismo, que contemple a todo el movimiento sindical de clase, a los movimientos sociales, desde la unidad de acción de toda la izquierda que comparta estos objetivos. Se hace necesario un giro a la izquierda de las políticas del movimiento sindical organizado, un incremento de la conciencia social y un nuevo marco de amplia respuesta social, desde la unidad de acción de la izquierda, con la participación vital de los sindicatos de clase.
INFORMACIÓN Abril 1997 (informe al Comité Ejecutivo,Cordoba 11 de Abril de 1997)
Porque el sector público es objetivamente planificador y por eso tiene un contenido potencialmente democratizador, organizador y de dirección económica. «La mano invisible» del mercado, la que soluciona todas las contradicciones socioeconómicas, es un invento de las filosofías que dieron nacimiento al capitalismo allá por los lejanos siglos XVII y XVIII. Piezas magistrales de esta filosofía se pueden encontrar, y no especialmente en Adam Smith. Pero, incluso dentro de los paradigmas de la filosofía capitalista, los países que más y mejor han desarrollado su relación producción-comercio y su presencia económica y técnica en el mundo son los que, como Japón, han creado una verdadera simbiosis entre industria y planificación, a través del MITI (Ministerio de Comercio. Internacional e Industria). Por tanto, es una falacia de los fuertes destinada a arrodillar a los débiles, la tesis de la «total liberación».
Cada vez se necesita menos tiempo de. trabajo para producir, no lo mismo, sino más. El desarrollo científico-técnico, aplicado directamente al sistema productivo hace el milagro. Los bienes y servicios creados son más, y potencialmente mejores, con menos puestos de trabajo y menos horas.
4. La política española viene determinada por lo que pasa en el mundo económico, social, laboral y sindical mundial e interno. Por el tipo de trabajo que hay y por la cantidad y calidad del mismo. Por los cambios estructurales en las fuerzas productivas y técnicas. Por el tipo de relación individuo-trabajo, que generan la realidad en las leyes y éstas en la realidad.
El tipo de trabajo actual cambia en relación a otras épocas recientes, aunque, a veces, solo de ámbito. Pongamos un ejemplo: se dice que desaparece el tipo de producción fordista y taylorista y que se sustituye por otras formas, con inicio y final por una misma persona del producto elaborado, con círculos de calidad competitivos entre sí, etc. Ni todo es así ni desaparecen determinadas formas, sino que cambian de lugar. El sistema de trabajo de la gran factoría se traslada progresivamente al sector servicios, donde se mezclan y complementan tipos de trabajo en cadena con relación individual con el empresario y con «méritos personales ante éste, en relación a las ventas producidas». Sería interesante ver qué pasa en El Corte Inglés, en grandes superficies, en la relación de estos espacios de servicios con el trabajador de la «motocicleta de reparto», con el contratado o contratada en Navidades, o el fin de semana, o por horas, etc.. O estudiar los productos fabricados por las empresas directamente o los que fabrican o culminan las empresas a través de contratas o subcontratas, en condiciones laborales y sociales diferentes.
La sociedad es menos comunicativa porque desaparecen los lazos sociales basados en la antigua estructura industrial y no son sustituidos por otro tipo de relación.
Nuestra propuesta de programa, que es la de (...), se centra en una política de empleo digno, de trabajo para todos y todas, de reducción de horario y de reparto del empleo, organizado y sistemático (iniciar su estudio concréto y práctica), de derechos sociales consolidados y mejorados. Nuestra propuesta significa el desarrollo de políticas concretas para la juventud (empleo, educación, derechos...) y para la mujer, que continúa siendo discriminada en la práctica, a pesar de los avances legislativos. Todo lo cual exige el diseño y planificación de programas de inversiones en los sectores de estrategia económica actual o de futuro, en la potenciación de un desarrollo sostenible ecológicamente que permita crear miles de puestos de trabajo, en la investigación y desarrollo, tanto de viejas técnicas, productos y servicios, como en la investigación de nuevos campos para el trabajo.
En los documentos del PCE-PSUC...Juan R. Lejarza
Apuntes:
En los documentos del PCE-PSUC aparecen con frecuencia propuestas de analisis, relativas al Proletariado dentro del mundo del trabajo. El Proletariado se divide grosso modo por su actividad en: trabajadores agrícolas,trabajadores industriales y trabajadores de servicios; su caracteristica común es la venta de su fuerza de trabajo al Capital, su actividad puede estar ó desarrollarse en el ámbito del “trabajo simple” ó en el del “trabajo compuesto”.
El Proletariado clasico “clase obrera” produce mercancías con “valor de cambio” y “valor de uso”. El Proletariado actual se encuentra en forma desarrollada en los servicios, púes realiza el “valor de uso” de las mercancías, pero no produce mercancías.
El “valor de cambio “es igual a Sociedad dividida en clases; el “valor de uso” es igual a Comunismo sin clases. Nuestro objetivo es la abolición del “valor de cambio”. Todas las premisas para la Revolución Comunista están presentes en la actualidad de forma objetiva, la subjetividad se ve que marcha por otro lado, y a esta debemos prestar atención sí queremos transformar la Sociedad en Comunidad.
En el Boletín “INFORMACIÓN del Comité Federal del PCE” Nº 1 publicado en junio de 1992, bajo el titulo: Especial XIII Congreso y en su Pag. 31- IV DOCUMENTOS APROBADOS “manifiesto del PCE para la izquierda”, aparecen ciertas reflexiones no desarrolladas que nos permitirian aclarar quién hace que dentro del Proletariado.
EXTRACTOS DEL TEXTO
A. PRÓLOGO.
En las últimas décadas se han producido grandes cambios en el mundo: cambios en la base tecnológica de la civilización, en las condiciones medioambientales, en la vida social y cultural, en el orden político y económico internacional. El análisis en profundidad de dichos cambios es fundamental para desarrollar una estrategia emancipadora orientada a la transformación del mundo real en el que vivimos.
E intentamos desentrañar las condiciones materiales y subjetivas para dicha superación, conscientes de que, como señaló Marx, la nueva sociedad a que aspiramos sólo puede engendrarse en las entrañas de la vieja.
El nuevo orden internacional.
No podemos continuar con el despilfarro consumista que actualmente realizamos en los países del llamado "primer mundo", a costa de la explotación y miseria de las dos terceras partes de nuestro planeta, en donde muchos millones de seres humanos mueren de hambre, con unas expectativas de vida desastrosas.
El capital intenta así poner a su servicio la renovación tecnológica y el nuevo sector estratégico (económica e ideológicamente) de la comunicación, generando un paro estructural de los trabajadores menos cualificados y promoviendo una escisión entre los trabajadores más cualificados dedicados a tareas de gestión, dirección o programación y la masa dedicada a tareas de producción y subsidiarias de control y mantenimiento, en el contexto de una mayor heterogeneidad de la clase trabajadora.
Pero el capital choca con la incapacidad de la disciplina mecánica fordista para organizar la producción en el marco de las nuevas tecnologías, que exigen una actitud activamente consciente de partes significativas de las fuerzas de trabajo. Y la respuesta toyotista orientada a conceder autonomía e iniciativa a colectivos obreros sin darles capacidad de control y decisión sobre el proceso productivo global cae en una contradicción irresoluble en el marco del capitalismo.
Pero este proceso sólo es posible reduciendo el peso de los trabajadores en la sociedad y su dignidad como personas mediante el recorte de sus derechos sindicales y sociales, en la distribución de la renta, con la flexibilización del mercado laboral y con el aumento de los ritmos de trabajo, apoyándose en la debilidad de la izquierda política y sindical.
Las transformaciones culturales.
Los cambios tecnológicos minan una de las bases comunes a los diversos modos de vida propios del capitalismo: la separación entre el tiempo libre y el tiempo de trabajo, que genera a su vez una escisión dentro del propio individuo, con unas pautas culturales para el trabajo y otras, completamente distintas, para el asueto.
Sin embargo, las nuevas tecnologías abren también otras posibilidades, que se expresan en una creciente pujanza de nuevos movimientos antijerárquicos, como las redes de libre circulación de información sin un centro dirigente. Así, también en el terreno de la cultura y la comunicación se enfrentan las tendencias que tienden a anular la libertad y las tendencias que tienden a expandirla.
El socialismo y el comunismo a que aspiramos.
La transformación de la sociedad habrá de ser obra de la actuación consciente, voluntaria y organizada de las personas que componen esa sociedad, a través de una auténtica revolución de la mayoría.
Lo escribió Pisarev y lo repitió Lenin: "Hay que soñar, siempre que la persona que sueñe crea seriamente en su sueño, se fije atentamente en la vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire y, en general, trabaje escrupulosamente en la realización de sus fantasías. Cuando existe algún contacto entre los sueños y la vida, todo va bien.".
La centralidad del trabajo.
Se han producido cambios importantes en la organización del trabajo, en el mercado laboral y en la estructura de clases que favorecen la difuminación de la conciencia de clase entre los trabajadores de los paises económicamente desarrollados. Pero esos cambios no presuponen que haya desaparecido el potencial transformador de la clase trabajadora: el trabajo continúa siendo elemento central para la transformación social.
El proceso de mecanización y automatización del trabajo es más complejo de lo que algunos afirman. El trabajo manual, en todas sus formas, no es marginal hoy día ni parece que vaya a serlo en los próximos tiempos. Además, la sobreexplotación y precarización del trabajo manual está alcanzando porcentajes muy altos —y no sólo en el mercado negro de trabajo— lo que se refleja en un aumento espectacular del número de accidentes de trabajo y enfermedades psíquicas. No debemos olvidar, además, la explotación de la mano de obra en el Tercer Mundo para mantener el sistema capitalista.
Por otra parte debemos dar una mayor visibilidad y valoración al trabajo doméstico que en esta sociedad se atribuye casi en exclusiva a las mujeres, ocultando en un ámbito "privado", un trabajo imprescindible para la reproducción social.
Asimismo los comunistas debemos enfrentar las contradicciones entre el movimiento obrero y otros sujetos transformadores.
3. Defender colectivamente y esforzarse en lo personal en el trabajo bien hecho, en especial en el sector público así como la corresponsabilización, en el ámbito privado, con el trabajo doméstico.
4. Incluir en nuestros análisis el trabajo en su globalidad incorporando baremos que cuenten con el trabajo realizado en el ámbito doméstico así como los factores específicos que afectan al trabajo de las mujeres, luchando contra las prácticas discriminatorias y los mecanismos de segregación.
Se trata en definitiva de contraponer la lógica del trabajo a la lógica del Capital: es el trabajo, y no el capital, el que crea riqueza. El Capital no "crea empleo", sino que explota a la fuerza de trabajo.
Elementos alternativos para una política económica socialista.
a) Planificación y mercado.
En la producción capitalista vienen teniendo lugar cambios sustanciales. De una parte, aumenta la dependencia de la producción de ciencia y tecnología que, por sus propias características, es una producción social. De otra, y gracias a estos avances técnicos, aumenta la integración técnica de las unidades de producción lo que permite desvincular el control de la misma cada vez más de una fuerza de trabajo concreta y de un territorio concreto.
Por todo ello el dilema entre planificación y mercado es falso. De lo que se trata es de optar políticamente entre una planificación democrática o no, entre una planificación al servicio de los intereses sociales mayoritarios o de los privilegios de una minoría. Y asimismo de decidir al servicio de qué intereses se realiza la intervención en los mercados. Todo ello nos sitúa ante la necesidad de dar una respuesta de carácter político que ataque los mecanismos de "ocultación" del carácter crecientemente social de la producción que la dinámica del capitalismo va alimentando.
b) Autogestión social, renovación tecnológica y poder privado.
De hecho el productivismo maquinista, al supeditar el trabajador a la maquinaria, convirtiéndolo en un engranaje de la misma, creaba las condiciones objetivas para marginar al trabajador de la gestión de la producción, poniendo ésta en manos de capitalistas o burócratas, preocupados esencialmente por la cantidad de los productos obtenidos, menospreciando los costes ecológicos y sociales de tal producción.
Pero en la medida en que avanza la automatización de las tareas rutinarias y la renovación tecnológica adquiere una importancia creciente para un desarrollo de la producción en el que los aspectos cualitativos son cada vez más relevantes…,
el capitalismo…, interesado primordialmente en controlar sus beneficios podía fácilmente delegar en técnicos la gestión directa de la producción. Pero a su vez el carácter cada vez más social de la producción de ciencia y tecnología tiende a facilitar la autogestión social de la producción.
Y en la medida en que el desarrollo cualitativo de la producción depende cada vez más de sus trabajadores científicos y técnicos, aumenta la responsabilidad de éstos ante sí y ante sus conciudadanos. Es así como puede aparecer ante los trabajadores la exigencia creciente de la autogestión social de la producción frente al poder privado en las empresas y en las instituciones.
c) Una planificación democrática y articulada.
La planificación democrática debería desarrollarse a través de la articulación de los esfuerzos transformadores a los distintos niveles, disputándole el poder concreto al capital, tanto desde las instituciones como a partir de la organización de los trabajadores y la alianza de estos con otros sectores populares en un Bloque Social de Progreso.
Las aportaciones feministas a la emancipación global.
El movimiento feminista y la lucha de las mujeres por su liberación han contribuido a destacar la importancia de una serie de aspectos teóricos y políticos que conforman, de hecho, un factor importante para la renovación y desarrollo del pensamiento marxista y que a la vez exigen una práctica política diferente:
1. Un nuevo análisis de lo productivo, entendiendo por tal no solo la producción directa sino también la esfera de reproducción social de la fuerza de trabajo.
De forma especial hay que destacar la crítica feminista a las organizaciones políticas, sociales y sindicales, con estructuras verticales, fuertemente jerarquizadas, y unos modos de hacer política inspirados en idénticos principios a la organización del Estado.
Una alternativa al modo de vida.
Para ello es necesario crear otra valoración distinta en la colectividad sobre el bienestar, así como crear conciencia de la posibilidad y ahorro de otros hábitos de consumo que, de asumirse socialmente, significarían una mejora real de las condiciones de vida con un menor coste energético y una mayor posibilidad de equilibrar el reparto internacional. Se trata de proponer placeres alternativos al consumismo, socializables, basados en las relaciones interpersonales y el desarrollo de la creatividad. Es en este sentido que hablamos de síntesis del "ascetismo" y el "hedonismo". Nuestra alternativa no puede ser la sociedad de la "abundancia", pero sí debe ser la sociedad del placer, de un placer y un modo de vida generalizable al conjunto de la humanidad.
Democratización de la comunicación y la cultura.
La democratización de la comunicación y de la cultura, implica igualmente establecer relaciones democráticas en la producción y creación, en la distribución y el consumo, en la formación, en las condiciones de trabajo en los sectores implicados, etc. La democratización en los ámbitos de la información, la comunicación y la cultura conlleva necesariamente el pluralismo de las opiniones y enriquecerla con el contraste de las diferentes perspectivas. Estas relaciones democráticas no pueden limitarse a los medios de titularidad pública, sino que deben ampliarse también a los medios privados.
Esto significa que su modo de producción debe regirse prioritariamente por criterios de utilidad social como servicio público, basado en los principios de independencia, pluralismo y acceso universal, y no por criterios de rentabilidad financiera, esto es, de ganancia privada.
F. CONCLUSION.
Para la consecución de estos objetivos es necesaria una organización revolucionaria que utilice métodos científicos de análisis, que fomente el debate sobre los procesos de transformación social, impulse movimientos sociales emancipatorios y promueva en cada ámbito una amplia unidad del conjunto de las fuerzas progresistas y obreras.
En los documentos del PCE-PSUC aparecen con frecuencia propuestas de analisis, relativas al Proletariado dentro del mundo del trabajo. El Proletariado se divide grosso modo por su actividad en: trabajadores agrícolas,trabajadores industriales y trabajadores de servicios; su caracteristica común es la venta de su fuerza de trabajo al Capital, su actividad puede estar ó desarrollarse en el ámbito del “trabajo simple” ó en el del “trabajo compuesto”.
El Proletariado clasico “clase obrera” produce mercancías con “valor de cambio” y “valor de uso”. El Proletariado actual se encuentra en forma desarrollada en los servicios, púes realiza el “valor de uso” de las mercancías, pero no produce mercancías.
El “valor de cambio “es igual a Sociedad dividida en clases; el “valor de uso” es igual a Comunismo sin clases. Nuestro objetivo es la abolición del “valor de cambio”. Todas las premisas para la Revolución Comunista están presentes en la actualidad de forma objetiva, la subjetividad se ve que marcha por otro lado, y a esta debemos prestar atención sí queremos transformar la Sociedad en Comunidad.
En el Boletín “INFORMACIÓN del Comité Federal del PCE” Nº 1 publicado en junio de 1992, bajo el titulo: Especial XIII Congreso y en su Pag. 31- IV DOCUMENTOS APROBADOS “manifiesto del PCE para la izquierda”, aparecen ciertas reflexiones no desarrolladas que nos permitirian aclarar quién hace que dentro del Proletariado.
EXTRACTOS DEL TEXTO
A. PRÓLOGO.
En las últimas décadas se han producido grandes cambios en el mundo: cambios en la base tecnológica de la civilización, en las condiciones medioambientales, en la vida social y cultural, en el orden político y económico internacional. El análisis en profundidad de dichos cambios es fundamental para desarrollar una estrategia emancipadora orientada a la transformación del mundo real en el que vivimos.
E intentamos desentrañar las condiciones materiales y subjetivas para dicha superación, conscientes de que, como señaló Marx, la nueva sociedad a que aspiramos sólo puede engendrarse en las entrañas de la vieja.
El nuevo orden internacional.
No podemos continuar con el despilfarro consumista que actualmente realizamos en los países del llamado "primer mundo", a costa de la explotación y miseria de las dos terceras partes de nuestro planeta, en donde muchos millones de seres humanos mueren de hambre, con unas expectativas de vida desastrosas.
El capital intenta así poner a su servicio la renovación tecnológica y el nuevo sector estratégico (económica e ideológicamente) de la comunicación, generando un paro estructural de los trabajadores menos cualificados y promoviendo una escisión entre los trabajadores más cualificados dedicados a tareas de gestión, dirección o programación y la masa dedicada a tareas de producción y subsidiarias de control y mantenimiento, en el contexto de una mayor heterogeneidad de la clase trabajadora.
Pero el capital choca con la incapacidad de la disciplina mecánica fordista para organizar la producción en el marco de las nuevas tecnologías, que exigen una actitud activamente consciente de partes significativas de las fuerzas de trabajo. Y la respuesta toyotista orientada a conceder autonomía e iniciativa a colectivos obreros sin darles capacidad de control y decisión sobre el proceso productivo global cae en una contradicción irresoluble en el marco del capitalismo.
Pero este proceso sólo es posible reduciendo el peso de los trabajadores en la sociedad y su dignidad como personas mediante el recorte de sus derechos sindicales y sociales, en la distribución de la renta, con la flexibilización del mercado laboral y con el aumento de los ritmos de trabajo, apoyándose en la debilidad de la izquierda política y sindical.
Las transformaciones culturales.
Los cambios tecnológicos minan una de las bases comunes a los diversos modos de vida propios del capitalismo: la separación entre el tiempo libre y el tiempo de trabajo, que genera a su vez una escisión dentro del propio individuo, con unas pautas culturales para el trabajo y otras, completamente distintas, para el asueto.
Sin embargo, las nuevas tecnologías abren también otras posibilidades, que se expresan en una creciente pujanza de nuevos movimientos antijerárquicos, como las redes de libre circulación de información sin un centro dirigente. Así, también en el terreno de la cultura y la comunicación se enfrentan las tendencias que tienden a anular la libertad y las tendencias que tienden a expandirla.
El socialismo y el comunismo a que aspiramos.
La transformación de la sociedad habrá de ser obra de la actuación consciente, voluntaria y organizada de las personas que componen esa sociedad, a través de una auténtica revolución de la mayoría.
Lo escribió Pisarev y lo repitió Lenin: "Hay que soñar, siempre que la persona que sueñe crea seriamente en su sueño, se fije atentamente en la vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire y, en general, trabaje escrupulosamente en la realización de sus fantasías. Cuando existe algún contacto entre los sueños y la vida, todo va bien.".
La centralidad del trabajo.
Se han producido cambios importantes en la organización del trabajo, en el mercado laboral y en la estructura de clases que favorecen la difuminación de la conciencia de clase entre los trabajadores de los paises económicamente desarrollados. Pero esos cambios no presuponen que haya desaparecido el potencial transformador de la clase trabajadora: el trabajo continúa siendo elemento central para la transformación social.
El proceso de mecanización y automatización del trabajo es más complejo de lo que algunos afirman. El trabajo manual, en todas sus formas, no es marginal hoy día ni parece que vaya a serlo en los próximos tiempos. Además, la sobreexplotación y precarización del trabajo manual está alcanzando porcentajes muy altos —y no sólo en el mercado negro de trabajo— lo que se refleja en un aumento espectacular del número de accidentes de trabajo y enfermedades psíquicas. No debemos olvidar, además, la explotación de la mano de obra en el Tercer Mundo para mantener el sistema capitalista.
Por otra parte debemos dar una mayor visibilidad y valoración al trabajo doméstico que en esta sociedad se atribuye casi en exclusiva a las mujeres, ocultando en un ámbito "privado", un trabajo imprescindible para la reproducción social.
Asimismo los comunistas debemos enfrentar las contradicciones entre el movimiento obrero y otros sujetos transformadores.
3. Defender colectivamente y esforzarse en lo personal en el trabajo bien hecho, en especial en el sector público así como la corresponsabilización, en el ámbito privado, con el trabajo doméstico.
4. Incluir en nuestros análisis el trabajo en su globalidad incorporando baremos que cuenten con el trabajo realizado en el ámbito doméstico así como los factores específicos que afectan al trabajo de las mujeres, luchando contra las prácticas discriminatorias y los mecanismos de segregación.
Se trata en definitiva de contraponer la lógica del trabajo a la lógica del Capital: es el trabajo, y no el capital, el que crea riqueza. El Capital no "crea empleo", sino que explota a la fuerza de trabajo.
Elementos alternativos para una política económica socialista.
a) Planificación y mercado.
En la producción capitalista vienen teniendo lugar cambios sustanciales. De una parte, aumenta la dependencia de la producción de ciencia y tecnología que, por sus propias características, es una producción social. De otra, y gracias a estos avances técnicos, aumenta la integración técnica de las unidades de producción lo que permite desvincular el control de la misma cada vez más de una fuerza de trabajo concreta y de un territorio concreto.
Por todo ello el dilema entre planificación y mercado es falso. De lo que se trata es de optar políticamente entre una planificación democrática o no, entre una planificación al servicio de los intereses sociales mayoritarios o de los privilegios de una minoría. Y asimismo de decidir al servicio de qué intereses se realiza la intervención en los mercados. Todo ello nos sitúa ante la necesidad de dar una respuesta de carácter político que ataque los mecanismos de "ocultación" del carácter crecientemente social de la producción que la dinámica del capitalismo va alimentando.
b) Autogestión social, renovación tecnológica y poder privado.
De hecho el productivismo maquinista, al supeditar el trabajador a la maquinaria, convirtiéndolo en un engranaje de la misma, creaba las condiciones objetivas para marginar al trabajador de la gestión de la producción, poniendo ésta en manos de capitalistas o burócratas, preocupados esencialmente por la cantidad de los productos obtenidos, menospreciando los costes ecológicos y sociales de tal producción.
Pero en la medida en que avanza la automatización de las tareas rutinarias y la renovación tecnológica adquiere una importancia creciente para un desarrollo de la producción en el que los aspectos cualitativos son cada vez más relevantes…,
el capitalismo…, interesado primordialmente en controlar sus beneficios podía fácilmente delegar en técnicos la gestión directa de la producción. Pero a su vez el carácter cada vez más social de la producción de ciencia y tecnología tiende a facilitar la autogestión social de la producción.
Y en la medida en que el desarrollo cualitativo de la producción depende cada vez más de sus trabajadores científicos y técnicos, aumenta la responsabilidad de éstos ante sí y ante sus conciudadanos. Es así como puede aparecer ante los trabajadores la exigencia creciente de la autogestión social de la producción frente al poder privado en las empresas y en las instituciones.
c) Una planificación democrática y articulada.
La planificación democrática debería desarrollarse a través de la articulación de los esfuerzos transformadores a los distintos niveles, disputándole el poder concreto al capital, tanto desde las instituciones como a partir de la organización de los trabajadores y la alianza de estos con otros sectores populares en un Bloque Social de Progreso.
Las aportaciones feministas a la emancipación global.
El movimiento feminista y la lucha de las mujeres por su liberación han contribuido a destacar la importancia de una serie de aspectos teóricos y políticos que conforman, de hecho, un factor importante para la renovación y desarrollo del pensamiento marxista y que a la vez exigen una práctica política diferente:
1. Un nuevo análisis de lo productivo, entendiendo por tal no solo la producción directa sino también la esfera de reproducción social de la fuerza de trabajo.
De forma especial hay que destacar la crítica feminista a las organizaciones políticas, sociales y sindicales, con estructuras verticales, fuertemente jerarquizadas, y unos modos de hacer política inspirados en idénticos principios a la organización del Estado.
Una alternativa al modo de vida.
Para ello es necesario crear otra valoración distinta en la colectividad sobre el bienestar, así como crear conciencia de la posibilidad y ahorro de otros hábitos de consumo que, de asumirse socialmente, significarían una mejora real de las condiciones de vida con un menor coste energético y una mayor posibilidad de equilibrar el reparto internacional. Se trata de proponer placeres alternativos al consumismo, socializables, basados en las relaciones interpersonales y el desarrollo de la creatividad. Es en este sentido que hablamos de síntesis del "ascetismo" y el "hedonismo". Nuestra alternativa no puede ser la sociedad de la "abundancia", pero sí debe ser la sociedad del placer, de un placer y un modo de vida generalizable al conjunto de la humanidad.
Democratización de la comunicación y la cultura.
La democratización de la comunicación y de la cultura, implica igualmente establecer relaciones democráticas en la producción y creación, en la distribución y el consumo, en la formación, en las condiciones de trabajo en los sectores implicados, etc. La democratización en los ámbitos de la información, la comunicación y la cultura conlleva necesariamente el pluralismo de las opiniones y enriquecerla con el contraste de las diferentes perspectivas. Estas relaciones democráticas no pueden limitarse a los medios de titularidad pública, sino que deben ampliarse también a los medios privados.
Esto significa que su modo de producción debe regirse prioritariamente por criterios de utilidad social como servicio público, basado en los principios de independencia, pluralismo y acceso universal, y no por criterios de rentabilidad financiera, esto es, de ganancia privada.
F. CONCLUSION.
Para la consecución de estos objetivos es necesaria una organización revolucionaria que utilice métodos científicos de análisis, que fomente el debate sobre los procesos de transformación social, impulse movimientos sociales emancipatorios y promueva en cada ámbito una amplia unidad del conjunto de las fuerzas progresistas y obreras.
Nudos Corredizos
www.toni1977.tk
Perseguís a la gente de la que dependéis. Preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambulancias y os protegemos mientras dormís. Así que no os metáis con nosotros" Tyler Durden en "El Club de la Lucha"
Eso pienso en el metro a las 5 y media de la mañana, cada día, en la estación Paral·lel de la línea verde del metro. A esas horas, me junto en los vagones con las que les limpian las basuras a los trajeados de la parte alta de Pedralbes. Con los que les protegen incluso cuando no duermen. Con los que les hacen las comidas. Y el que esto escribe: el que les vende el Financial Times, el Expansión, o el Cinco días, para que sepan qué empresa deslocalizar, dónde invertir, dónde vender. Como la marca A ha absorbido a la portentosísima marca B, para hacer frente a la marca C; y por en medio y entre líneas, fábricas cerradas, personas a la calle, familias que se hunden en la miseria.

Y la gran mayoría, y por algo dije que eran subterráneos, invisibles, son immigrantes. Que yo ya considero gente de aquí solo por vivir donde viven. El racismo casposo, cutre, de la inmensísima mayoría de población, aflora cada vez que uno de su raza, de su etnia, de fuera . Cuando algún desarraigado le roba una cartera a algún turista millonario, los invisibles se vuelven su contrario, y estos que os limpian las basuras, os hacen las comidas, os construyen los tabiques, y os limpian las cacas del culo, se convierten en los culpables de todo.
A partir de ahí, todo lo demás es pura lógica. El columnista de turno del diario Z abre un debate sobre seguridad vs. libertad , el blanquito de la esquina que se levanta a las 5 como todo el mundo le falta el tiempo para blasfemar contra los que vienen de fuera solo a joder , sin percatarse que su familia emigró de Extremadura a un bloque miserable en la perfieria de Barcelona. Algún analista de internacional mete a los amigos saudís de Bush en el ajo, y ya la tenemos liada.
Personalmente, siempre pensé en quién era peor: si el desarraigado que le roba veinte euros a un turista adinerado por las Ramblas, o el trajeado que lee el Financial Times que yo le preparo cada mañana en un monísimo paquete. El trajeado que vive de las hipotecas, prestamos, movimientos de capital y negocios varios; es decir, de chuparle la sangre a los invisibles, blanquitos, negritos, o bicolor cafe-con-leche.
Un día de estos, como cuando Rouse Banks se negó a cederle el asiento del autobús a un blanco, los invisibles que preparan comidas, que recogen basuras, que protegen a sus trajeados, tomarán conciencia de lo que son y el poder que tienen. Será bonito ver los barrios pijos desatendidos, y sus negocios paralizados. Y un servidor sumarse con mucho placer a todo ello.
Perseguís a la gente de la que dependéis. Preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambulancias y os protegemos mientras dormís. Así que no os metáis con nosotros" Tyler Durden en "El Club de la Lucha"
Eso pienso en el metro a las 5 y media de la mañana, cada día, en la estación Paral·lel de la línea verde del metro. A esas horas, me junto en los vagones con las que les limpian las basuras a los trajeados de la parte alta de Pedralbes. Con los que les protegen incluso cuando no duermen. Con los que les hacen las comidas. Y el que esto escribe: el que les vende el Financial Times, el Expansión, o el Cinco días, para que sepan qué empresa deslocalizar, dónde invertir, dónde vender. Como la marca A ha absorbido a la portentosísima marca B, para hacer frente a la marca C; y por en medio y entre líneas, fábricas cerradas, personas a la calle, familias que se hunden en la miseria.

Y la gran mayoría, y por algo dije que eran subterráneos, invisibles, son immigrantes. Que yo ya considero gente de aquí solo por vivir donde viven. El racismo casposo, cutre, de la inmensísima mayoría de población, aflora cada vez que uno de su raza, de su etnia, de fuera . Cuando algún desarraigado le roba una cartera a algún turista millonario, los invisibles se vuelven su contrario, y estos que os limpian las basuras, os hacen las comidas, os construyen los tabiques, y os limpian las cacas del culo, se convierten en los culpables de todo.
A partir de ahí, todo lo demás es pura lógica. El columnista de turno del diario Z abre un debate sobre seguridad vs. libertad , el blanquito de la esquina que se levanta a las 5 como todo el mundo le falta el tiempo para blasfemar contra los que vienen de fuera solo a joder , sin percatarse que su familia emigró de Extremadura a un bloque miserable en la perfieria de Barcelona. Algún analista de internacional mete a los amigos saudís de Bush en el ajo, y ya la tenemos liada.
Personalmente, siempre pensé en quién era peor: si el desarraigado que le roba veinte euros a un turista adinerado por las Ramblas, o el trajeado que lee el Financial Times que yo le preparo cada mañana en un monísimo paquete. El trajeado que vive de las hipotecas, prestamos, movimientos de capital y negocios varios; es decir, de chuparle la sangre a los invisibles, blanquitos, negritos, o bicolor cafe-con-leche.
Un día de estos, como cuando Rouse Banks se negó a cederle el asiento del autobús a un blanco, los invisibles que preparan comidas, que recogen basuras, que protegen a sus trajeados, tomarán conciencia de lo que son y el poder que tienen. Será bonito ver los barrios pijos desatendidos, y sus negocios paralizados. Y un servidor sumarse con mucho placer a todo ello.
1992-Manifiesto del PCE para la izquierda

A. PRÓLOGO.
B. LA GRAN REESTRUCTURACIÓN DEL SISTEMA CAPITALISTA.
1. El nuevo orden internacional.
2. La reestructuración capitalista.
3. La crisis y hundimiento del Socialismo Burocrático de Estado.
4. Las transformaciones culturales.
C. ESPAÑA: ENTRE LA CRISIS Y LA MODERNIZACION CAPITALISTA.
1. La transición política.
2. La política económica de los gobiernos del PSOE.
3. Consecuencias del proyecto del PSOE: el final de una etapa.
4. Izquierda Unida: origen y desarrollo.
D. ALTERNATIVA. LINEAS PROGRAMATICAS.
1. El socialismo y el comunismo a que aspiramos.
2. La centralidad del trabajo.
3. Elementos alternativos para una política económica socialista.
a) Planificación y mercado.
b) Autogestión social, renovación tecnológica y poder privado.
c) Una planificación democrática y articulada.
d) Las relaciones económicas internacionales.
4. Una alternativa ecológica.
5. Las aportaciones feministas a la emancipación global.
6. Una alternativa al modo de vida.
7. Democratización de la comunicación y la cultura.
8. Los valores de la paz.
9. La democracia y la política.
10. Una propuesta federal para la socialización del Estado.
E. INTERNACIONALISMO Y SOLIDARIDAD.
1. Una Europa unida y solidaria.
2. Por la izquierda europea: el polo rojiverde.
3. Por un nuevo internacionalismo.
F. CONCLUSION.
A. PRÓLOGO.

En las últimas décadas se han producido grandes cambios en el mundo: cambios en la base tecnológica de la civilización, en las condiciones medioambientales, en la vida social y cultural, en el orden político y económico internacional. El análisis en profundidad de dichos cambios es fundamental para desarrollar una estrategia emancipadora orientada a la transformación del mundo real en el que vivimos.
Pero dicho análisis parte de una voluntad que nos define como comunistas: la voluntad de superar toda forma de opresión y explotación. Por ello, en la medida en que somos conscientes de que el capitalismo sigue siendo un sistema profundamente injusto, afirmamos nuestra voluntad de superarlo. E intentamos desentrañar las condiciones materiales y subjetivas para dicha superación, conscientes de que, como señaló Marx, la nueva sociedad a que aspiramos sólo puede engendrarse en las entrañas de la vieja. Pero también de que el alumbramiento de una nueva sociedad libre e igualitaria sólo puede ser una obra consciente y voluntaria de los seres humanos.
Así, al proponer este Manifiesto para la izquierda, los comunistas del PCE, parte integrante de Izquierda Unida, aspiramos a mantener y actualizar el viejo principio del Manifiesto Comunista según el cuál los comunistas no tenemos intereses propios que se distingan de los intereses generales de las personas trabajadoras y de cuantas trabajan por la emancipación de la humanidad, y queremos caracterizarnos por poner siempre en primer plano los intereses comunes del movimiento emancipador enfocado en su conjunto, contribuyendo así a que los diferentes movimientos sociales emancipatorios fundan su fuerza transformadora con la de las demás fuerzas de la liberación humana.
B. LA GRAN REESTRUCTURACIÓN DEL SISTEMA CAPITALISTA.
Las crisis cíclicas son connaturales al capitalismo. El "capitalismo regulado" del Estado del Bienestar no consiguió anularlas, sino que dio paso a una profunda crisis que no sólo cuestionaba los fundamentos políticos, económicos y sociales del modelo de acumulación capitalista forjado en el período de expansión de la postguerra, sino que al chocar con los límites ecológicos al crecimiento y abarcar al conjunto de las relaciones sociales, revelaba su carácter de crisis de civilización. Pero dicha crisis no implica por sí sola el hundimiento del capitalismo mundial, sino que está conduciendo a una profunda reestructuración del mismo ante las nuevas condiciones.
1. El nuevo orden internacional.
La actual economía capitalista mundial es incompatible con la preservación de una biosfera capaz de acoger, en condiciones mínimamente dignas, a la humanidad futura. Produciendo y consumiento como lo hacemos los países ricos, pesamos demasiado sobre la delicada superficie de la Tierra. Cada vez más estamos cruzando umbrales de irreversibilidad en el camino que lleva al desastre ecológico, por lo que el modo de vida de los países capitalistas, despilfarrador de fuerza de trabajo, de capacidades humanas, de energía y recursos, profundamente contaminante y destructor de los equilibrios naturales, no es generalizable al conjunto de la humanidad. No podemos continuar con el despilfarro consumista que actualmente realizamos en los países del llamado "primer mundo", a costa de la explotación y miseria de las dos terceras partes de nuestro planeta, en ! donde muchos millones de seres humanos mueren de hambre, con unas expectativas de vida desastrosas. No podemos confiar en que el crecimiento económico cuantitativo lleve a superar los desniveles existentes entre los privilegiados y los desposeídos del planeta, ya que la existencia de estos desniveles se debe a la injusta e insolidaria distribución de riqueza.
Tras el final de la confrontación Este-Oeste, nos encontramos ante un nuevo orden internacional basado en las relaciones de dominación entre el Centro y la Periferia. Un Centro en el que el declive económico de los EE.UU. frente a Alemania y Japón se ve compensado por su hegemonía política y militar. Una Periferia en la que a los pueblos emergidos de la descolonización política se han añadido los surgidos del hundimiento del bloque del Este, y en la que junto a países con mayor o menor base industrial o de exportación de materias primas, se encuentran países en proceso de creciente marginación económica y social y amenazados de una catástrofe demográfica. Un mundo en que frente a los pueblos que luchan por un orden internacional pacífico y más igualitario se alzan los gobiernos de los poderosos que quieren instrumentalizar las insti! tuciones internacionales, incluyendo la ONU, al servicio del orden capitalista internacional. Un orden capitalista en que a los mecanismos tradiciones de intercambio desigual, como la subordinación político-militar o la explotación neocolonial, se añaden la dramática espiral de la deuda y la degradación medioambiental.
2. La reestructuración capitalista.
La respuesta capitalista a la crisis está siendo el desmantelamiento de los mecanismos económicos y sociales del "Estado del Bienestar" y un pretendido retorno a la lógica del supuestamente libre mercado capitalista, bajo las banderas del neoliberalismo. Pero el Estado Capitalista no ha reducido, sino redefinido, su papel económico.
El capital intenta así poner a su servicio la renovación tecnológica y el nuevo sector estratégico (económica e ideológicamente) de la comunicación, generando un paro estructural de los trabajadores menos cualificados y promoviendo una escisión entre los trabajadores más cualificados dedicados a tareas de gestión, dirección o programación y la masa dedicada a tareas de producción y subsidiarias de control y mantenimiento, en el contexto de una mayor heterogeneidad de la clase trabajadora.
Pero el capital choca con la incapacidad de la disciplina mecánica fordista para organizar la producción en el marco de las nuevas tecnologías, que exigen una actitud activamente consciente de partes significativas de las fuerzas de trabajo. Y la respuesta toyotista orientada a conceder autonomía e iniciativa a colectivos obreros sin darles capacidad de control y decisión sobre el proceso productivo global cae en una contradicción irresoluble en el marco del capitalismo.
La internacionalización del proceso productivo, apoyándose en las nuevas técnicas de comunicación y con enormes concentraciones transnacionales de capital y tecnología que escapan al control de los Estados, intenta enfrentarse a esta contradicción mediante empresas que fragmentan los procesos de producción asignándolos a unidades situadas en diversos países con mano de obra barata, frecuentemente de la Periferia, incapaces de subsistir por sí mismas, digidas por un "cerebro" ubicado siempre en el Centro. Ésta tiende a ser la nueva división internacional de trabajo, que al trasladar las contradicciones al ámbito internacional lleva a la agudización de éstas, especialmente cuando se hunda la demanda de productos desde el Centro una vez empobrecida su base social.
La crisis del Estado del Bienestar, en efecto, lleva a una crisis de legitimación del Estado democrático en los países del Centro, por la incompatibilidad entre las exigencias hechas al Estado por parte del capital y las demandas democráticas de las distintas poblaciones, generando una involución democrática con la subordinación de las libertades y los Parlamentos a los aparatos del poder capitalista.
Pero este proceso sólo es posible reduciendo el peso de los trabajadores en la sociedad y su dignidad como personas mediante el recorte de sus derechos sindicales y sociales, en la distribución de la renta, con la flexibilización del mercado laboral y con el aumento de los ritmos de trabajo, apoyándose en la debilidad de la izquierda política y sindical.
Y a su vez, la agudización de las desigualdades territoriales ha llevado al agravamiento y la multiplicación de los conflictos nacionales.
3. La crisis y hundimiento del Socialismo Burocrático de Estado.
Hoy disponemos de una cierta perspectiva histórica de los acontecimientos que dieron lugar al hundimiento de la URSS y demás regímenes del Este de Europa, pero debemos evitar simplificaciones que banalicen las enseñanzas del fin del ciclo histórico inaugurado por la Revolución de 1917.
Si bien los regímenes del llamado "socialismo real" se han diferenciado entre sí, han tenido en común una economía en la que los medios de producción estaban mayoritariamente bajo la propiedad y el control estal, y un sistema político de Partido-Estado que mantenía el monopolio del poder; junto con ello, tuvieron lugar procesos de eliminación de las clases tradicionalmente dominantes y el acceso al poder de sectores sociales anteriormente excluídos, así como profundas transformaciones de las estructuras del estado, del trabajo y de la cultura.
Ello puede considerarse como el primer intento histórico de superación práctica del capitalismo en un importante número de países, intentando abolir la explotación del ser humano por el ser humano, lo que ha constituído de por sí un factor de superioridad respecto del capitalismo y ha conducido a importantes beneficios para la vida de las personas trabajadoras.
Pero dicho intento se ha enfrentado desde su fase inicial con graves obstáculos, como la falta de madurez económica para el socialismo derivada del insuficiente desarrollo económico, y las duras condiciones derivadas primero de la guerra civil y la intervención hostil extranjera, después de la espantosa destrucción material y humana sufrida en la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente de los rigores de la guerra fría. En estas condiciones, y en ausencia en casi todos los casos de experiencias democráticas previas (partiendo de regímenes autoritarios en los países del Este de Europa, y de una situación de colonias o semicolonias en los países asiáticos y africanos y en Cuba), debieron emprender un proceso de industrialización acelerada como condición para su misma supervivencia. Este proceso fue visto como un modelo para muchos países del llamad! o Tercer Mundo, pero se vivió de forma dolorosa por su propia población.
Todo ello dificultó el desarrollo de las primeras experiencias de democracia socialista en la Rusia soviética, y facilitó una perversión del proceso de construcción del socialismo: la concentración de poder y privilegios en manos de la burocracia estatal, junto a la falta de democracia y de libertades cívicas, configuraron un modelo de Socialismo Burocrático de Estado que tras la Segunda Guerra Mundial sería adoptado por el resto de países del Este de Europa. Y la esperanza que supuso el intento reformista ecabezado por Jruschov se vio frustrada por la falta de una ruptura que llevara a una desestalinización política, económica y cultural efectiva.
No obstante, el sistema formado por los países de Socialismo Burocrático de Estado cambió radicalmente el panorama mundial, como contrapeso a las tendencias absolutistas del capitalismo, como un factor decisivo en la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial y por su solidaridad con la lucha contra diversas dictaduras capitalistas, siendo unos aliados importantes de los movimientos de liberación nacional frente al imperialismo capitalista. Asímismo, la satisfacción general en dichos países de derechos sociales fundamentales como el derecho al trabajo, a la atención sanitaria y educativa y al acceso a la cultura, al tiempo que mostraba las potencialidades de su sistema social para mejorar la vida de la gente, especialmente teniendo en cuenta su punto de partida, forzó al capitalismo en los países del Centro a realizar importantes concesiones al movimiento obrero y sindical.
Pero la falta de participación social activa en la construcción del Socialismo Burocrático de Estado era una importante causa de fragilidad de éste. Así, la aceleración de la carrera de armamentos forzada por los EE.UU. al frente del campo imperialista, unida al estancamiento y recesión económica de los países del Este de Europa y a la atracción que ejercía sobre su población el consumismo del capitalismo de los países del Centro, fueron factores determinantes de la crisis de su sistema. El intento de superar esta crisis que supuso la perestroika, corrigiendo las graves deformaciones del sistema y recuperando la democracia socialista, sucumbió ante la rapidez de los acontecimientos a finales de los 80, que abrieron en camino a la restauración de las relaciones capitalistas en los países del Este de Europa. De este modo, la confrontación hi! stórica entre el Capitalismo y el Socialismo Burocrático de Estado se ha saldado con la victoria del primero, cuya base de desarrollo histórico facilitaba mayores niveles de iniciativa individual y progreso tecnológico, en el marco del mercado capitalista. Con dicha victoria, que ha conducido tambi&eacut e;n a una situación de derrota, a superar, de la izquierda de los países capitalistas avanzados, el movimiento obrero anticapitalista ha perdido un aliado potencial, pero ha ganado una mayor libertad en el desarrollo de su propia estrategia emancipadora hacia el socialismo y el comunismo.
4. Las transformaciones culturales.

Los cambios tecnológicos minan una de las bases comunes a los diversos modos de vida propios del capitalismo: la separación entre el tiempo libre y el tiempo de trabajo, que genera a su vez una escisión dentro del propio individuo, con unas pautas culturales para el trabajo y otras, completamente distintas, para el asueto. El trabajo asalariado se vive como subordinación a objetivos y normas ajenas, como subordinación a los intereses de la empresa, del capital, a través de la adaptación forzosa al proceso productivo; pero también como medio necesario para permitirse la vida deseada en el tiempo libre.
Pero, por una parte, hemos señalado cómo la misma falta de libertad y democracia en el trabajo deviene un lastre para la eficiencia de la producción.
Y, por otra parte, el tiempo de ocio tiende a ser controlado desde el poder, por medio de la "cultura de masas" generada a través de los medios de comunicación masiva, dejando así de ser propiamente tiempo libre. El control desde el Centro de dichos medios tiende además a producir un uniformismo cultural e ideológico, anulando la capacidad de desarrollo cultural autónomo de los países de la Periferia e imponiendo la universalización de un Pensamiento Único.
Sin embargo, las nuevas tecnologías abren también otras posibilidades, que se expresan en una creciente pujanza de nuevos movimientos antijerárquicos, como las redes de libre circulación de información sin un centro dirigente. Así, también en el terreno de la cultura y la comunicación se enfrentan las tendencias que tienden a anular la libertad y las tendencias que tienden a expandirla.
C. ESPAÑA: ENTRE LA CRISIS Y LA MODERNIZACION CAPITALISTA.
1. La transición política.
La transición de la dictadura a la democracia se gestó y desarrolló de forma sustancialmente diferente a como se había previsto en 1976 en el Manifiesto Programa.
El modelo de transición defendido por el PCE, ruptura democrática con el régimen anterior, basado en una política de amplia unidad democrática y popular, encontró obstáculos que no pudo superar en la presión de fuerzas económicas y políticas externas, preocupadas por el auge de las movilizaciones sociales y de que éstas condicionasen o socavasen el poder real de las clases dominantes españolas, y también por la ruptura objetiva de la unidad antifranquista y la división sindical.
Fruto de este proceso contradictorio fueron un sistema parlamentario sin exclusiones, el reconocimiento de las nacionalidades y regiones, y la configuración del Estado de las autonomías,así como la consecución de conquistas cuantitativas importantes en el terreno de la educación, la sanidad o el urbanismo; pero también, el mantenimiento, cuando no el reforzamiento,de los poderes económicos fundamentales a los cuales se dotó de nuevos mecanismos de intervención social; la continuación, sin cambios sustanciales, de los aparatos del Estado y de la administración; la aceptación explícita de la monarquía parlamentaria, etc.
Junto a la construcción del sistema democrático, el gran problema que gravitó sobre la transición democrática fué la crisis económica. Respuesta a dicha crisis fueron los Pactos de la Moncloa, firmados y apoyados por el PCE como expresión concreta de nuestra estrategia de concentración democrática, aunque quizás sin llevar a cabo un profundo análisis y debate en todo el Partido.
Los Pactos de la Moncloa fueron prioritariamente una apuesta por la aproximación al capitalismo europeo, si bien incluían medidas que favorecían a los trabajadores, pero que no contaron con la participación en su negociación de las organizaciones sindicales y sociales. Pero la política del PCE ante los problemas derivados de la situación económica y política marginando el trabajo en la sociedad produjo objetivamente la desmovilización y el desaprovechamiento de la fuerza real y potencial de los movimientos sociales, principalmente el sindicalismo de clase, así como una práctica política institucionalista.
Disipados rápidamente los efectos positivos de los Pactos de la Moncloa, la política de concentración agravó las consecuencias de la crisis sobre el movimiento obrero, manteniendo su división, dificultando su organización y su respuesta global a la nueva política económica que se instrumentó desde 1979 y al profundo proceso de reestructuración de la economía que se desarrolló a partir de dicho año.
Por ello, el PCE valora autocríticamente los enfoques que guiaron nuestra acción política durante la transición. La política de concentración, mantenida hasta 1982, incluso tras la elaboración de la Constitución, impedía poner en juego la fuerza que se desprendía de la capacidad de lucha de CC.OO., de las asociaciones de vecinos, de las organizaciones tanto estudiantiles, como feministas, ecologistas, de los movimientos intelectuales y profesionales en los que miles de militantes del PCE jugaban un papel relevante.
Pero simultáneamente debemos señalar que la estabilización de la dominación de la oligarquía —que tenía bases objetivas— contó con la aquiescencia del PSOE. La situación internacional, dominada por la confrontación de bloques, los rebrotes de la guerra fría y la ofensiva conservadora constituyó sin duda un marco adverso que dificultó una mayor profundización de las conquistas democráticas.
La destrucción de UCD y la crisis del PCE, facilitaron el éxito electoral del PSOE, que apareció como depositario de una fuerte corriente de cambio que existía en la sociedad española y que supo expresar, primero a través de una política de oposición a UCD y, posteriormente, en un programa electoral progresista.
Sin embargo, inmediatamente después de conseguir los votos y formar Gobierno, el PSOE giró rápidamente hacia una política conservadora en los temas fundamentales, convirtiéndose en defensor de muchos de los valores que históricamente ha defendido la derecha.
2. La política económica de los gobiernos del PSOE.
Tras el 'ajuste Boyer' se asistió a un proceso de recuperación de la tasa de crecimiento que fué acompañada de una politica presupuestaria de caracter restrictivo y de un comportamiento moderado de los costes laborales. Paralelamente,la economía española estuvo sometida a una apertura al exterior de magnitud desconocida hasta entonces, como consecuencias del proceso de integración comunitaria y de la aplicación del Acta Unica Europea, lo que ha enfrentado a nuestro sistema económico a una creciente competencia de economías más desarrolladas y en situación, por tanto, más ventajosa.
Esta debilidad relativa de nuestra economía hundía sus raíces en causas históricas, como la tardía industrialización o la ausencia de una Reforma Agraria, pero también, y nos referimos a los últimos tiempos, en la ausencia de una voluntad decidida por parte de los poderes públicos para remover los obstáculos que estrangulan nuestra capacidad de desarrollo.
La "modernización" del país —eje del discurso del cambio en 1982— fué en realidad un durísimo proceso de reestructuración económica y política orientado por una lógica que tomaba a la llamada clase empresarial y a los tradicionales centros de poder financiero, como los auténticos sujetos activos del desarrollo. En esta elección de fondo el PSOE ha sido extremadamente coherente: si la "modernización" del país dependía decisivamente de las 'expectativas' y preferencias de los grupos económicos (autóctonos o foráneos dominantes) había que crear las condiciones (políticas, fiscales y laborales) que permitiesen su libre desarrollo, removiendo los posibles obstáculos y favoreciendo todos aquellos elementos que contribuyeran, directa o indirectamente, a incrementar la rentabilidad del capital. Por ello las rentas salariales se han c! onvertido en la variable independiente sobre la cual han girado las políticas de 'ajuste permanente' practicadas por los distintos gobiernos del PSOE, ya sea como instrumento para reducir la inflación o como mecanismo para conseguir un incremento de la productividad. La crisis económica pone de manifiesto los límites y las enormes debilidades de un modelo de desarrollo fundamentalmente especulativo incapaz de generar una dinámica autónoma, así como territorialmente desequilibrado, socialmente injusto, ecológicamente insostenible y con una estructura productiva profundamente distorsionada e incapaz de emplear al conjunto de las fuerzas de trabajo existentes. Ello ha llevado a una profunda destrucción de tejido productivo, especialmente en el sector público, aumentando gravemente el número de parados.
En el marco del fracaso de la "modernización", el recurso a políticas coyunturales, la insistencia en el control salarial, la práctica suicida de políticas de subvenciones a multinacionales para su establecimiento en España, el mantenimiento de políticas monetarias restrictivas han sido los instrumentos más utilizados para combatir la persistente propensión a la inflación o a incurrir en déficits externos y han sustituído a políticas de fondo ajustadas a la naturaleza real de los problemas. Simultáneamente, la estructura productiva se manifestaba incapaz de utilizar plenamente la fuerza de trabajo de la población potencialmente activa, ya sea por el uso de técnicas inadecuadas a nuestra dotación de recursos como por la ausencia de reformas en el medio rural o la incorrecta especialización sectorial.
Al sentar las bases de nuestro frágil equilibrio exterior en la entrada de capital extranjero y los ingresos por turismo, como principales factores correctores de una balanza comercial crónicamente deficitaria, y al ser esos factores muy sensibles a la evolución de la coyuntura internacional así como limitados sus efectos, la economía española añade un caracter diferencial a los riesgos que acechan a las economías desarrolladas de occidente.
El crecimiento económico desencadenado en dicho periodo se produjo sobre dichas débiles bases sin que en ningún momento los responsables económicos del país abordaran la corrección de las deficiencias estructurales. Por el contrario, se abandonó todo posible intento de dirigir conscientemente un verdadero proceso modernizador de nuestra economía descargando en las fuerzas del mercado la responsabilidad de impulsar la economía. Se creó así un espejismo del crecimiento que explotó con facilidad las ventajas inmediatas de una febril actividad más especulativa y financiera que real.
Los graves conflictos que han enfrentado a gobierno y sindicatos de clase de nuestro país, han puesto de manifiesto la incompatibilidad de fondo existente entre la política económica practicada y las aspiraciones del movimiento obrero. La propuesta del Gobierno a CC.OO. y UGT ha sido siempre la misma: aceptación de las líneas básicas de su proyecto a cambio de su cooptación en la maquinaria institucional y financiera del Estado. La negativa de los sindicatos a aceptar esta estrategia estaba más que justificada: la política del Gobierno necesitaba y necesita de una fuerza de trabajo estructuralmente debilitada, con una capacidad contractual limitada y unos sindicatos subalternos a la lógica de los poderes económicos dominantes. El paro, la precarización del empleo, la dualización del mercado laboral, el recorte de las prestaciones sociales han sido los instrumentos pr! ivilegiados de la estrategia económica de la oligarquía financiera asumida por el Gobierno del PSOE.
3. Consecuencias del proyecto del PSOE: el final de una etapa.
Junto a lo anteriormente indicado, tal vez lo más profundamente inquietante del modelo de sociedad conformado desde las políticas conservadoras del PSOE es el nivel de desarme moral y la creciente alienación en el terreno de lo cultural y de los valores.
Tales políticas generan mensajes tales como que el desarrollo y la eficacia económica conducen inevitablemente a la marginación, el paro crónico y la miseria, aceptando en lo fundamental el mensaje del capitalismo neoliberal puro y duro. Tales políticas propician los valores del más rancio conservadurismo: el culto a la agresividad, el individualismo, el consumismo despilfarrador, la adoración del dinero y el éxito fácil, la corrupción y el egoísmo insolidario.
Una política económica neoliberal y la exaltación de los correspondientes valores insolidarios han sido el caldo de cultivo que ha propiciado el rosario de escándalos económicos que ha coronado la etapa final del gobierno del PSOE. Si a ello añadimos que las limitaciones en la democratización de los aparatos del Estado heredados de la dictadura han supuesto el mantenimiento de prácticas que hemos de calificar como de terrorismo de Estado, completaremos el cuadro de la descomposición final de lo que en 1982 se presentó como depositario de las esperanzas de cambio de la sociedad española.
Tras las elecciones municipales y autonómicas de 1995 se ha configurado en cierta medida un nuevo panorama político-institucional en España. En un deslizamiento del voto iniciado en las elecciones generales de 1993, mantenido en las europeas de 1994 y consolidado en las autonómicas y municipales, la 'política de derechas' del PSOE ha abierto el camino al triunfo electoral del PP, lo cual puede representar una intensificación de la política antisocial practicada y de la connivencia con los llamados «poderes fácticos». Por el contrario, la solución de los problemas de la sociedad necesita de una política de izquierdas.
4.Izquierda Unida: origen y desarrollo.
No es aventurado afirmar que sólo la articulación unitaria, amplia y plural de todas las fuerzas de izquierda, en torno a programas y políticas de progreso y transformación social, puede conllevar, en un proceso interactivo, la recuperación democrática necesaria para construir una alternativa real a las políticas y recambios de derechas.
Dada la naturaleza y el calado de los problemas centrales de la época, el proceso emancipatorio asume hoy el carácter de una gran convergencia y alianza de pueblos y de fuerzas sociales, políticas y culturales diversas.
En consecuencia, ¿cuál ha de ser la amplia, la compleja, a veces contradictoria y desigual, convergencia en que se exprese la mayoría social que ha de impulsar el proceso hacia la conquista de la hegemonía, la transformación social y el socialismo?.
El PCE inició, junto con otros, la contestación a tal interrogante desde el análisis constante, la reflexión teórica y la práctica cotidiana en la acción política, social y cultural.
La política de convergencia aprobada por el XI Congreso del PCE, y que tuvo su primera expresión en el importante trabajo llevado a cabo en Convocatoria por Andalucía, a lo que se sumó las movilizaciones por la Paz durante el Referendo de la OTAN, generó la constitución de Izquierda Unida, que nació como coalición de partidos políticos junto a compañeros que sin tener filiación partidaria apostaban por una izquierda transformadora.
Tras años de existencia y trabajo, IU se ha consolidado y fortalecido, teniendo una creciente presencia en la vida política y social. IU ha sabido interpretar, canalizar y, al tiempo, representar los anhelos y voluntades de un amplio sector de la sociedad española.
Izquierda Unida continúa su progresión tanto en implantación geográfica y social como en representación institucional habiéndose consolidado como una fuerza política ascendente que aspira a conseguir la hegemonía social en la izquierda y en la sociedad, si bien ello no se ha visto representado en la misma proporción en la sociedad, ni tampoco organizativamente.
IU ha de conseguir armonizar su función de instrumento unitario y plural para la intervención política y social cotidiana con su paulatina y constante transformación en un amplio marco de convergencia no sólo política, sino también social. La crítica argumentada a las políticas y prácticas del gobierno del PSOE ha constituído, y constituye, un elemento esclarecedor de IU, de su autonomía y desarrollo, entendiendo que una parte importante del electorado que opta por la abstención está conformada por personas que a sí mismas se consideran de izquierda, por lo que debemos incorporar este potencial transformador al proyecto común de emancipación social y humana, combatiendo los fenómenos que provocan esa abstención.
En los variados ámbitos de la geografía española aparecen movimientos sociales, asociaciones culturales, etc..., algunos de los cuales se sitúan en la cultura de los valores y prácticas de la izquierda, y que demandan de IU mayores niveles de iniciativa política y de imaginación, al objeto de posibilitar un notable ensanchamiento de la actual pluralidad unitaria articulada hoy en IU.
Las movilizaciones obreras, populares y democráticas que emanan de la confrontación de intereses y de la voluntad de solución de los grandes problemas contemporáneos, constituyen vías privilegiadas en la construcción y desarrollo de IU como proyecto unitario y plural de transformación social, consolidada ya como tercera fuerza política que aspira a convertirse en fuerza hegemónica en la izquierda y en la sociedad.
El PCE como organización política que ha hecho de IU su proyecto estratégico, actuará, en el ámbito de IU, según los acuerdos de la Asamblea Federal de IU u órgano pertinente.
Consecuentemente con ello todos los comunistas, militen donde militen, están emplazados a la contribución a construir el movimiento político y social organizado que representa IU, a organizarlo e impulsarlo, dedicando su esfuerzo intelectual, individual y colectivo, a IU, garantizando el cumplimiento de los postulados que suponen llevar a la práctica el movimiento político y social.
En esta perspectiva, el PCE ha de dedicar buena parte de sus esfuerzos a la lucha ideológica y cultural y a impulsar la articulación de tejido social, cuya debilidad es uno de los principales problemas para la construcción de la alternativa, objetivo central de IU.
D. ALTERNATIVA. LINEAS PROGRAMATICAS.
1. El socialismo y el comunismo a que aspiramos.
Para superar las injusticias existentes en el mundo actual, para terminar con las distintas formas de opresión y explotación, para conseguir una humanidad justa, libre y solidaria, hay que superar el capitalismo que se ha alzado con la hegemonía política desde el Occidente y el Norte del mundo.
En nuestro esfuerzo por la superación de lo existente, ya desde el Manifiesto Comunista hemos venido planteando como alternativa una sociedad socialista que terminara con la explotación de unas personas por otras y una sociedad comunista sin clases y sin Estado. Para ello hemos de comprometernos en un ejercicio de coherencia personal y política que nos permita relacionar nuestros grandes objetivos emancipatorios con nuestra actividad cotidiana del día a día.
El desarrollo social de la humanidad, de la economía, de la ciencia y de la técnica hacen cada vez más posible y necesario sustituir la rapiña por el cultivo racional de los recursos naturales, la confrontación por la cooperación y el lucro insolidario por la búsqueda de un bienestar compartido por el conjunto de la humanidad. Y si la misma supervivencia de la vida y de la civilización en el planeta exige generalizar la cooperación por encima de egoísmos insolidarios, el desarrollo de las formas de comunicación social posibilita que dicha cooperación se asiente en la autoorganización social, y no en la coacción impuesta desde los centros del poder político.
La transformación de la sociedad habrá de ser obra de la actuación consciente, voluntaria y organizada de las personas que componen esa sociedad, a través de una auténtica revolución de la mayoría.
En este proceso, los mecanismos electorales democráticos de conformación de la voluntad colectiva habrán de ser no sólo respetados, sino desarrollados al máximo, de modo que permitan corregir las acciones de gobierno y sustituir a los gobernantes que se aparten de la voluntad mayoritaria.
Somos conscientes de que el desarrollo de una voluntad emancipatoria colectiva no puede circunscribirse a los procesos electorales ni ser resultado de la simple recepción de propaganda política. Por el contrario, dicha voluntad sólo podrá desarrollarse de forma activa a través de la movilización social y de una práctica cotidiana por la mejora de las condiciones de vida que, impregnadas de valores emancipatorios, vayan articulando la autoorganización social en un proceso de superación del mercantilismo y del estatalismo. Impulsar este proceso es la tarea de las y los comunistas.
Abolida ya la explotación, en una asociación de personas libres en armonía con la naturaleza, se inaugura la auténtica historia de la humanidad. En el corazón de esta sociedad se inscribirá el principio que dice: a cada cual según sus necesidades, de cada cual según su capacidad. La existencia ya no estará constreñida por la posición que se ocupe en las relaciones de producción y los seres humanos podrán dedicarse libremente a crear, a gozar y a amar. Decía Paul Lafargue: "el fin de la Revolución no es el triunfo de la justicia, la moral, la libertad y otros infernales embustes con que se burla a la humanidad desde hace siglos, sino trabajar lo menos posible y gozar física e intelectualmente lo más posible." La manera de expresarlo quizá no fuese afortunada, pero el fondo es cierto. No aspiramos a un mundo de ascetas o sacrificados ! héroes, sino a la felicidad humana, a la asociación en la que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos.
Este es nuestro sueño, nuestra utopía.
Lo escribió Pisarev y lo repitió Lenin: "Hay que soñar, siempre que la persona que sueñe crea seriamente en su sueño, se fije atentamente en la vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire y, en general, trabaje escrupulosamente en la realización de sus fantasías. Cuando existe algún contacto entre los sueños y la vida, todo va bien.".
Para la realización de un sueño de esta índole trabajamos.
2. La centralidad del trabajo.
La naturaleza es la fuente de toda riqueza y el trabajo humano no es otra cosa que la consecuencia de una fuerza natural, la fuerza de trabajo del ser humano. Sin el trabajo humano nada es posible en ningún tipo de sociedad.
Se han producido cambios importantes en la organización del trabajo, en el mercado laboral y en la estructura de clases que favorecen la difuminación de la conciencia de clase entre los trabajadores de los paises económicamente desarrollados. Pero esos cambios no presuponen que haya desaparecido el potencial transformador de la clase trabajadora: el trabajo continúa siendo elemento central para la transformación social.
Ello no significa que haya que limitar la acción política al lugar de trabajo, ni menos aún al reparto del excedente. Las transformaciones sociales experimentadas por el capitalismo y los propios mecanismos desarrollados por éste para hacer frente a los retos que le ha planteado históricamente el movimiento obrero, obligan a integrar y extender las estrategias y prácticas en el mundo del trabajo más allá de las reivindicaciones laborales y económicas tradicionales así como a establecer como prioritarias las luchas contra los aspectos más injustos de las relaciones de producción capitalista.
El proceso de mecanización y automatización del trabajo es más complejo de lo que algunos afirman. El trabajo manual, en todas sus formas, no es marginal hoy día ni parece que vaya a serlo en los próximos tiempos. Además, la sobreexplotación y precarización del trabajo manual está alcanzando porcentajes muy altos —y no sólo en el mercado negro de trabajo— lo que se refleja en un aumento espectacular del número de accidentes de trabajo y enfermedades psíquicas. No debemos olvidar, además, la explotación de la mano de obra en el Tercer Mundo para mantener el sistema capitalista.
La consideración de la situación en que se encuentran las mujeres añaden nueva perspectivas y contenidos a nuestra comprensión del mundo del trabajo. Por una parte aparece la necesidad de revindicar para las mujeres el derecho a la plena incorporación al trabajo remunerado, instando a la implantación de medidas que posibiliten una igualdad de acceso real. Por otra parte debemos dar una mayor visibilidad y valoración al trabajo doméstico que en esta sociedad se atribuye casi en exclusiva a las mujeres, ocultando en un ámbito "privado", un trabajo imprescindible para la reproducción social.
Asimismo los comunistas debemos enfrentar las contradicciones entre el movimiento obrero y otros sujetos transformadores. Para ello debemos esforzarnos por poner de relieve en cada conflicto concreto cómo las contradicciones se relacionan con el modelo social capitalista, oponernos claramente a los comportamientos y prácticas machistas y autoritarias citadas y proponer alternativas que procuren superarlas desde los valores de la izquierda y la defensa de los intereses de las personas más desfavorecidas.
Con relación a las organizaciones sindicales, los comunistas dentro y fuera de ellas debemos procurar su extensión, fortalecimiento y unidad y evitar su burocratización y su subordinación a la Administración. La apuesta por el sindicalismo sociopolítico de clase debe fomentar, que junto a la indispensable acción reivindicativa, actúe como parte integrante de un bloque social de progreso contribuyendo a incorporar a la lucha social los valores y los objetivos de la izquierda.
La valorización o revalorización del trabajo, desde una perspectiva comunista, debe:.
1. Proponer la reducción drástica de la jornada laboral y la necesidad de "trabajar menos para trabajar todas y todos", tener más tiempo libre para el desarrollo de la persona de una forma creativa y la participación política y social en la vida ciudadana, así como asumir de manera compartida las tareas domésticas;.
2. Impulsar la participación activa de los trabajadores para mejorar las condiciones de trabajo e incidir en la organización del mismo con el fin de avanzar en la democratización de ésta.
3. Defender colectivamente y esforzarse en lo personal en el trabajo bien hecho, en especial en el sector público así como la corresponsabilización, en el ámbito privado, con el trabajo doméstico.
4. Incluir en nuestros análisis el trabajo en su globalidad incorporando baremos que cuenten con el trabajo realizado en el ámbito doméstico así como los factores específicos que afectan al trabajo de las mujeres, luchando contra las prácticas discriminatorias y los mecanismos de segregación.
5. Denunciar prioritariamente la situación de los pueblos y capas sociales más desfavorecidos y fomentar la solidaridad con ellos de la parte de los trabajadores del Centro y de sus sindicatos, actuando sobre los beneficios del capital y no sobre los salarios para resolver las contradicciones originadas por la división internacional del trabajo.
Se trata en definitiva de contraponer la lógica del trabajo a la lógica del Capital: es el trabajo, y no el capital, el que crea riqueza. El Capital no "crea empleo", sino que explota a la fuerza de trabajo.
3. Elementos alternativos para una política económica socialista.
a) Planificación y mercado.
La defensa liberal del capitalismo se centra en contraponer mercado a planificación. Sin embargo, el capitalismo se ha caracterizado por un gran desarrollo de la planificación, primordialmente dentro de cada empresa: la base del desarrollo del capitalismo ha estado en el desarrollo industrial mediante el trabajo organizado, yendo a formas cada vez más complejas de cooperación; así, la base de la producción capitalista es la cooperación y no la competencia mercantil, que queda restringida a la esfera de la distribución y cada vez de manera más imperfecta. De hecho a medida que se desarrolla la concentración de capital y de grandes empresas, la esfera de la cooperación va desplazando a la esfera del mercado, y se desarrollan formas más amplias de planificación empresarial; a su vez, el Estado capitalista interviene planifican! do para regular las condiciones de la producción y del mercado capitalista, intervención que se hace cada vez más necesaria a medida que crece la complejidad de éstos y sus desequilibrios amenazan la estabilidad del sistema económico. Así tenemos como, en nombre del liberalismo, las políticas monetaristas frecuentemente distorsionan el funcionamiento de los mercados no financieros.
Lo que distingue al capitalismo del socialismo no es la existencia de la planificación, sino el quién y para qué se planifica. Así, el capitalismo se caracteriza por la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la propiedad de los medios de producción, que supone no sólo la apropiación privada por el capitalista de los frutos del trabajo colectivo, sino que la planificación de este trabajo se realice al servicio del beneficio de los capitalistas.
Por el contrario, en los regímenes estatalistas la propiedad estatal unificada entraba en contradicción con el carácter fragmentado de la producción: el carácter unificado de la propiedad no se apoyaba en una unificación técnica de la producción, sino que derivaba de una imposición política del Estado; la planificación centralizada basada en la propiedad estatal se convertía así en una planificación burocrática desconectada de la realidad productiva, de la base económica de la sociedad; y la falta de un funcionamiento democrático del Estado agravaba más aún esa desconexión.
En la producción capitalista vienen teniendo lugar cambios sustanciales. De una parte, aumenta la dependencia de la producción de ciencia y tecnología que, por sus propias características, es una producción social. De otra, y gracias a estos avances técnicos, aumenta la integración técnica de las unidades de producción lo que permite desvincular el control de la misma cada vez más de una fuerza de trabajo concreta y de un territorio concreto.
Todo ello se manifiesta en una contradicción: cuanto más social es el proceso de producción, más opaco aparece ese carácter social y más se dificulta la democracia económica, por la independencia relativa de las condiciones de producción concretas en que esta se desenvuelve. La desregulación económica y la reducción del papel del Estado van despejando las condiciones para que la integración técnica bajo el poder privado prospere.
El mercado, de este modo, llena los intersticios que deja libres la integración técnica de la producción (lo que ocurría también con el mercado negro bajo la planificación burocrática). De modo que sólo a medida que esta integración técnica se va desarrollando la esfera del mercado va retrocediendo, como viene ocurriendo a todo lo largo del desarrollo del capitalismo.
Pero el mercado es un mecanismo social a través del cual se expresan las relaciones de dominación. Y en el mundo actual, siempre funciona en el marco de una planificación por parte de las empresas o las instituciones.
Por todo ello el dilema entre planificación y mercado es falso. De lo que se trata es de optar políticamente entre una planificación democrática o no, entre una planificación al servicio de los intereses sociales mayoritarios o de los privilegios de una minoría. Y asimismo de decidir al servicio de qué intereses se realiza la intervención en los mercados. Todo ello nos sitúa ante la necesidad de dar una respuesta de carácter político que ataque los mecanismos de "ocultación" del carácter crecientemente social de la producción que la dinámica del capitalismo va alimentando.
b) Autogestión social, renovación tecnológica y poder privado.
La planificación socialista, que sólo puede ser democrática, se corresponde con la propiedad social de los medios de producción colectivos. Pero la tarea de dar un carácter socialista a la planificación no debería supeditarse a la forma jurídica de la propiedad: dicha supeditación significaría, en la actualidad, supeditarse al Estado como sancionador de dicha forma jurídica, en vez de dar el protagonismo de la emancipación de los trabajadores a los propios trabajadores.
De hecho el productivismo maquinista, al supeditar el trabajador a la maquinaria, convirtiéndolo en un engranaje de la misma, creaba las condiciones objetivas para marginar al trabajador de la gestión de la producción, poniendo ésta en manos de capitalistas o burócratas, preocupados esencialmente por la cantidad de los productos obtenidos, menospreciando los costes ecológicos y sociales de tal producción.
Pero en la medida en que avanza la automatización de las tareas rutinarias y la renovación tecnológica adquiere una importancia creciente para un desarrollo de la producción en el que los aspectos cualitativos son cada vez más relevantes, las formas dirigistas de gestión se vuelven más y más ineficientes. De hecho, la rigidez burocrática de los regímenes estatalistas se ha mostrado menos flexible que el capitalismo, que interesado primordialmente en controlar sus beneficios podía fácilmente delegar en técnicos la gestión directa de la producción. Pero a su vez el carácter cada vez más social de la producción de ciencia y tecnología tiende a facilitar la autogestión social de la producción.
Dentro de una empresa capitalista, los trabajadores se ven forzados a confrontarse con el poder privado del capital para defender sus intereses. Y dichos intereses no se limitan a las reivindicaciones salariales, sino que abarcan también al conjunto de las decisiones sobre la marcha de la empresa, a toda su planificación interna. Un sindicalismo sociopolítico no ha de limitarse a disputar la compraventa de la fuerza de trabajo, sino que debe disputar la misma gestión de la empresa, desde la organización del trabajo hasta el destino de los beneficios.
Las demandas ecológicas, vecinales, de igualdad sexual y culturales dependen en buena medida no sólo de la actuación de las instituciones, sino también de la gestión de las empresas. Y en la medida en que el desarrollo cualitativo de la producción depende cada vez más de sus trabajadores científicos y técnicos, aumenta la responsabilidad de éstos ante sí y ante sus conciudadanos. Es así como puede aparecer ante los trabajadores la exigencia creciente de la autogestión social de la producción frente al poder privado en las empresas y en las instituciones.
c) Una planificación democrática y articulada.
Una planificación democrática debe ser una planificación articulada a distintos niveles, desde las empresas a las instituciones.
La propiedad puede adoptar múltiples formas, en función del nivel de integración técnica y social de la producción: ni la planificación democrática ni la propiedad social pueden vincularse exclusivamente al Estado; y no sólo porque en unos casos puedan adoptar una forma individual, cooperativa, municipal, etc., sino porque en otros casos habrán de adoptar formas supraestatales: socializar una empresa multinacional, con una producción integrada a través de diversos Estados, no es una tarea que pueda realizarse en el ámbito de un Estado; igualmente, una planificación del ecosistema deberá en última instancia ser global, de ámbito internacional, articulando a los paises desarrollados y subdesarrollados para superar a un tiempo el despilfarro y la miseria. Por último hay que tener en cuenta que los objetivos comunistas suponen en último! término la desaparición del Estado, perviviendo la propiedad social de los medios de producción más allá de éste.
La planificación democrática debería desarrollarse a través de la articulación de los esfuerzos transformadores a los distintos niveles, disputándole el poder concreto al capital, tanto desde las instituciones como a partir de la organización de los trabajadores y la alianza de estos con otros sectores populares en un Bloque Social de Progreso.
d) Las relaciones económicas internacionales.
Mientras persistan las diferencias económicas regionales a nivel mundial se necesita una regulación de las relaciones económicas internacionales que permitan el desarrollo endógeno y sostenible de las regiones menos desarrolladas e impidan el "dumping" social en las más avanzadas.
En tanto no exista un marco único de regulación económica mundial suficientemente democrático, es preciso contraponer a las prácticas agresivas del proteccionismo capitalista, disfrazadas de libre comercio, la protección de los derechos sociales, de los tejidos productivos locales y del medio ambiente concreto.
Esto implica, en primer lugar oponerse a la protección del capital financiero que practican el FMI y los bancos centrales a través de los mecanismos de estabilidad cambiaria y acortamiento del déficit público. En segundo lugar, imponer normas de protección social y ecológica, unilateral y multilateralmente, para regular el comercio internacional. Y, por último, apostar por marcos bilaterales de intercambio entre regiones mundiales de diferente nivel de desarrollo para que el comercio sea efectivamente beneficioso para las partes.
4. Una alternativa ecológica.
Hoy el socialismo implica también diseñar y aplicar una política a escala mundial y de cada país que ponga en el centro de toda la actividad económica el respeto al medio donde el ser humano debe realizar su actividad y su vida.
El PCE debe defender una política ecológica radical como parte inseparable de la lucha por el socialismo, trabajando por superar las contradicciones entre las necesidades globales y las demandas específicas de determinados sectores populares.
Una política que sólo será posible desarrollar estableciendo prioridades, esforzándonos por extenderla en la sociedad mediante el debate de alternativas y la movilización y defendiéndola ante las instituciones de forma sistemática, como la puesta en marcha de mecanismos efectivos de corrección del estado actual de deterioro ambiental.
La realidad nos está demostrando la capacidad de movilización creciente que tiene la conciencia ecológica. Esta capacidad coexiste con una contradicción real: es una concepción ecológica sin traducción política.
El desarrollo ecológicamente sostenible se basa en el cultivo de la naturaleza y la fuerza de trabajo y no en su explotación. Un tal desarrollo ha de ser esencialmente cualitativo, no puede basarse en políticas globalmente expansivas, sino que debe contemplar un decrecimiento del consumo de energía no renovable y materias primas junto a la expansión de la cultura, la educación y la sanidad públicas. Esto exige políticas redistributivas del tiempo de trabajo, de la renta (entre el capital y el trabajo y entre los mismos trabajadores) y de los presupuestos (ampliando los servicios sociales y eliminando los gastos antisociales, militares y suntuarios).
5. Las aportaciones feministas a la emancipación global.
El movimiento feminista y la lucha de las mujeres por su liberación han contribuido a destacar la importancia de una serie de aspectos teóricos y políticos que conforman, de hecho, un factor importante para la renovación y desarrollo del pensamiento marxista y que a la vez exigen una práctica política diferente:
1. La crítica al economicismo pseudomarxista que ha basado el discurso tradicional de los partidos comunistas y que, además de propiciar otros fenómenos deformantes, ha ocasionado un terrible reduccionismo sobre la política y los proyectos de transformación.
2. Un nuevo análisis de lo productivo, entendiendo por tal no solo la producción directa sino también la esfera de reproducción social de la fuerza de trabajo.
3. Consecuentemente con lo anterior, el feminismo ha puesto en entredicho la división público/privado y ha abierto un nuevo campo para la política. El feminismo como opción estratégica tiene como objetivo intervenir sobre la acción política entre cuyo marco se encuentra lo privado, de la misma manera que debe intervenir sobre unas nuevas formas de hacer política en su forma y su contenido.
4. El feminismo ha puesto de manifiesto la existencia dentro del capitalismo de una serie de conflictos que no se derivan sólo de la contradicción entre capital y trabajo. El conflicto entre sexos, la tensión guerra/paz, la relación humanidad/naturaleza, etc. se realizan de una forma específica dentro del capitalismo pero no son "emanaciones directas" de este sistema.
5. El feminismo ha aportado un nuevo concepto de emancipación y transformación, en el que los cambios no sólo afectan a las esferas de la producción sino también a la organización social y al conjunto de las relaciones sociales humanas.
6. La existencia de nuevos sujetos políticos, entre ellos de forma destacada la mujer, que son protagonistas con elaboraciones que modifican cualitativamente el proyecto.
7. El discurso feminista establece una relación privilegiada con los nuevos movimientos sociales estableciendo problemáticas comunes que derivan de la globalidad de dicho discurso global.
8. El feminismo ha puesto de relieve la relación entre la jerarquía social del capitalismo y la jerarquía entre sexos. La crítica feminista a la jerarquía se extiende a todos los aspectos de la vida cotidiana, contribuyendo a esclarecer las relaciones de dominación que se establecen en el interior del sistema y que impregnan todo tipo de relaciones sociales. De forma especial hay que destacar la crítica feminista a las organizaciones políticas, sociales y sindicales, con estructuras verticales, fuertemente jerarquizadas, y unos modos de hacer política inspirados en idénticos principios a la organización del Estado. En este sentido merece especial atención, en el camino de actuación del feminismo del futuro, el intento de socavar esos valores insolidarios desde la enseñanza a través de las experiencias de la coeducación.
9. Estas aportaciones no sólo interesan a las mujeres en su lucha por la emancipación sino también a todos los colectivos interesados en la misma; la globalidad del discurso-mujer es una aportación política y teórica con capacidad y necesidad de intervenir en el conjunto de la elaboración, desde la concepción del Estado, la organización de la economía, la organización social, etc.
Desde estas aportaciones es imprescindible el encuentro entre el movimiento obrero y el movimiento feminista. Los términos de este encuentro no pueden ser sólo teóricos, su virtualidad radica en un cambio en los contenidos y talantes de las fuerzas interesadas en alternativas de transformación, y dotando a estas políticas de una mayor concreción y acercamiento a la vida, siendo conscientes de que el futuro de la humanidad dependerá del nuevo lugar que ocupen las mujeres en la sociedad.
En otro orden de cosas, valoramos positivamente las aportaciones hechas por el movimiento de liberación homosexual, tanto femenino como masculino, ya que reclama la libertad en el sentir y en el amar, y pone en jaque ciertos tópicos y estructuras de la sociedad capitalista occidental.
6. Una alternativa al modo de vida.
El modo de vida "occidental" se basa en el consumismo, en el despilfarro, el lujo superfluo y la acumulación de objetos de uso privado por parte de una minoría, condenando a la miseria a la mayoría de la humanidad y a la degradación al planeta en que vivimos. La misma supervivencia de la humanidad y de la vida en el planeta exige un cambio radical en el modo de vida.
Nuestro proyecto debe ser capaz de dar respuestas igualitarias asegurando la consecución del mayor grado posible de bienestar. Los avances científicos y técnicos deben servir a la mejora de las condiciones reales de vida.
Para ello es necesario crear otra valoración distinta en la colectividad sobre el bienestar, así como crear conciencia de la posibilidad y ahorro de otros hábitos de consumo que, de asumirse socialmente, significarían una mejora real de las condiciones de vida con un menor coste energético y una mayor posibilidad de equilibrar el reparto internacional. Se trata de proponer placeres alternativos al consumismo, socializables, basados en las relaciones interpersonales y el desarrollo de la creatividad. Es en este sentido que hablamos de síntesis del "ascetismo" y el "hedonismo". Nuestra alternativa no puede ser la sociedad de la "abundancia", pero sí debe ser la sociedad del placer, de un placer y un modo de vida generalizable al conjunto de la humanidad.
7. Democratización de la comunicación y la cultura.
Esta alternativa requiere la asunción de valores coherentes con la misma. Para ello es necesaria una democratización de la comunicación y la cultura.
El PCE propugna una producción cultural que conciba a los receptores como sujetos activos y no como meros recipientes pasivos. El PCE se proclama partidario de unos contenidos que defiendan y amplíen los valores humanistas de la solidaridad, la cooperación, la igualdad y la dignidad humanas, frente a los predominantes valores actuales del individualismo, la competitividad, el derecho del más fuerte, la discriminación y el enriquecimiento de los pocos a costa de los muchos.
La democratización de la comunicación y de la cultura, implica igualmente establecer relaciones democráticas en la producción y creación, en la distribución y el consumo, en la formación, en las condiciones de trabajo en los sectores implicados, etc. La democratización en los ámbitos de la información, la comunicación y la cultura conlleva necesariamente el pluralismo de las opiniones y enriquecerla con el contraste de las diferentes perspectivas. Estas relaciones democráticas no pueden limitarse a los medios de titularidad pública, sino que deben ampliarse también a los medios privados.
Esto significa que su modo de producción debe regirse prioritariamente por criterios de utilidad social como servicio público, basado en los principios de independencia, pluralismo y acceso universal, y no por criterios de rentabilidad financiera, esto es, de ganancia privada.
En consecuencia el PCE propugna la creación de un Código de la Comunicación que proteja a los usuarios y a las minorías y garantice el derecho de acceso. El PCE se opone igualmente a la banalización de la cultura y de los sentimientos y a los contenidos que atenten contra la dignidad humana, promocionen estereotipos de hombres y mujeres e inviten a la violencia.
En el medio plazo, dado que el papel actual de los medios como propagandistas de la ideología dominante del sistema tiene su origen en su conformación como empresas de propiedad privada, ligadas a poderosos grupos financieros nacionales e internacionales, es necesario concluir que sólo será posible su adecuación a las necesidades e interés de la mayoría de la población mediante su socialización, más allá de la mera nacionalización o monopolio estatal.
Dado que asistimos a una nueva forma de poder, entroncada en las esferas de la economía, la política y la cultura, y sustentada en un fortísimo desarrollo tecnológico, el PCE defiende el establecimiento de un nuevo Sistema Crítico, Alternativo y Democrático de la Información y de la Comunicación, con centros y canales informativos que abran espacio para el intercambio multilateral, horizontal y regional de información, fomentando la entrada en el mundo de la información de los paises de la periferia, lo que implicaría garantizar el respeto en todos los ámbitos de las culturas y características nacionales. Dos elementos fundamentales de este nuevo orden son la puesta en marcha de mecanismos antimonopolistas que puedan quebrar el dominio absoluto de los grandes grupos de la comunicación y el apoyo a los llamados medios alternativos de comunicación, que pe! rmitan la expresión de los colectivos socia les más abandonados o castigados por su ideología anti-sistema.
Defendemos el derecho de toda persona a tener una formación adecuada, útil para su desarrollo y, por ende, útil para construir una sociedad más solidaria. Consideramos necesaria una formación integral durante toda la vida, con los medios adecuados para ello, que prepare a los hombres y mujeres para la participación social de forma activa y crítica para la vida cultural y que sea útil asimismo para un desarrollo económico y social, ecológicamente fundamentado, para toda la sociedad.
En este marco, defendemos un sistema público de educación orientado a garantizar una formación crítica de calidad para todas las personas.
8. Los valores de la paz.
Los valores de la paz que el PCE defiende se refieren a la lucha contra la guerra, que es un acto de violencia suprema que destruye todos los valores, y van hasta la raíz del mal que engendra la violencia. Significan que la acción concreta y sistemática contra la guerra y los belicistas se inicia con la lucha política y cultural por el desarme y contra el militarismo, contra el paro y la marginalidad; contra la destrucción que las drogas pueden llevar a suponer a las personas, la miseria económica y el hacinamiento humano; contra la inducción a la confrontación de muchos mensajes comunicacionales; contra el dogmatismo, el sectarismo, la intolerancia, el racismo y la xenofobia.
La voluntad de construir una sociedad pacífica y pacifista, a nivel mundial y en cada país, debe ser uno de los ejes básicos de la acción de los comunistas, debe impregnar todo el comportamiento social y político —incluído el personal— de todos y todas los que apoyamos una opción socialista.
La situación a la que nos enfrentamos hoy en el panorama internacional es bastante más pesimista de lo que se preveía al inicio de la década. La multiplicación de los conflictos bélicos (muchos de ellos de carácter civil) y el aumento de los gastos militares (de nuevo en una alocada carrera de armamentos) exigen mantener la demanda de una reducción inmediata y drástica de estos gastos y la renuncia a la guerra como instrumento de relación humana.
Tampoco ha desaparecido la posibilidad de que sean utilizadas armas nucleares en un conflicto. Es más, pese a las afirmaciones de los gobiernos en el sentido de la necesaria desaparición de estas armas, asistimos a un repunte de su modernización y extensión.
El PCE aboga por la disolución progresiva y completa del ejército, por reorientar el presupuesto de defensa hacia la cooperación social entre los pueblos, de reducir la concentración del poder militar y orientar la política defensiva a favor del concepto de defensa integral no militar, cuyo eje sea la población y su participación activa en la misma.
Respecto a la objeción de conciencia, el PCE se opone a la imposición de servicios obligatorios como la llamada Prestación Social Sustitutoria, denuncia la sustitución de puestos de trabajo en las entidades prestacionistas y defiende y apoya la insumisión, como derecho individual, sino como expresión de nuestra propia coherencia política, en tanto que asumimos el antimilitarismo como una de nuestras señas de identidad.
En cuanto a la política internacional, el PCE se opone a la intervención bélica a cualquier nivel, tanto nacional o regional, de fuerzas ajenas al conflicto, defendiendo el cese de la violencia y su sustitución por marcos de diálogo y entendimiento entre los afectados. En cualquier caso, el poder de mediación entre contingentes bélicos, deberá, evitando la intervención de fuerzas transnacionales o nacionales, como es el caso de la OTAN, que bajo la excusa de la pacificación actúa para imponer los intereses del capital internacional, reservarse en exclusiva a las Naciones Unidas. Unas Naciones Unidas cuyo funcionamiento deberá ser replanteado desde los mismos principios del derecho internacional que la inspiran, impidiendo el uso indiscriminado del derecho de veto por parte de aquellos paises que gozan de una posición hegemónica en el panorama internacional.
El PCE se declara decididamente partidario de la disolución del ejército de nuestro país y de todos los restantes paises, rechazando la idea de crear u organizar un ejército europeo. Proponemos que la UE se conforme como un espacio desmilitarizado. Para alcanzar ese objetivo, el PCE impulsará y apoyará aquellas iniciativas tendentes a la desaparición de los ejércitos de los paises miembros de la UE y defenderá que la ampliación a terceros paises se haga teniendo presente este proyecto de desmilitarización.
9. La democracia y la política.
Nuestro horizonte socialista se inscribe en el marco de la democracia más profunda, completa y participativa, que para nosotros significa:.
- Una labor constante para la realización efectiva de todos los derechos humanos.
- Una participación cada vez más amplia de todos las personas en la gestión de los asuntos públicos desde las pequeñas comunidades hasta el ámbito internacional.
- Igualdad de acceso de todos los individuos a las libertades consagradas formalmente.
- Capacidad de decidir colectivamente los contenidos, las formas y la distribución de la producción.
Ello presupone ampliar y profundizar las normas democráticas, los controles de la sociedad sobre el quehacer político y económico, el desarrollo legislativo adecuado y los instrumentos eficaces para el seguimiento y control de la acción política. En una palabra, acabar con la separación sociedad-política, gobernado-gobernante.
10. Una propuesta federal para la socialización del Estado.
El PCE históricamente ha defendido y defiende el derecho a la autodeterminación de los pueblos, apuesta por una organización federal del Estado Español que aúne el respeto y defensa de los derechos nacionales y regionales y la solidaridad entre todas las comunidades que configuran el actual Estado Español, considerando que para ello la fórmula ideal es la República.
Consideramos necesario seguir avanzando en este proceso, desarrollando los Estatutos de Autonomía en el marco de la Constitución de 1978 y superar dicho marco para federalizar el Estado, de modo que la convivencia de los pueblos que lo componen no se base en la coacción de un poder central, sino en el acuerdo entre ellos, en una solidaridad no impuesta sino concertada en base a un interés recíproco, que se prolongue en el marco europeo e internacional.
Este acuerdo federal en condiciones de igualdad entre las naciones y pueblos que componen el Estado Español permitirá la superación de los conflictos nacionales permitiendo el desarrollo en condiciones de igualdad de las distintas lenguas y culturas nacionales. Pero nuestra propuesta federal va mucho más allá de la resolución de estos problemas, inscribiéndose en un proyecto global para la socialización del Estado, para devolver a la sociedad organizada el control sobre la gestión de los asuntos públicos, superando así la utilización del Estado como instrumento de dominio de una minoría para mantener sus privilegios.
Por ello, no sólo planteamos el principio federal para la relación entre las naciones y regiones, sino para la completa organización del Estado, desarrollando la autonomía de las entidades locales, desde los Ayuntamientos, de modo que desde la soberanía en la gestión municipal se articule la cooperación entre ellos al servicio de los ciudadanos.
Nuestra propuesta federal supone que, al tiempo que se desarrolla el sufragio universal a todos los niveles, para la elección de los gestores públicos y la toma de decisiones concretas desde cada barrio y municipio hasta el gobierno del Estado y más allá, en el marco de Europa, se articulen mecanismos de control y revocabilidad de los representantes elegidos a todos los niveles, de modo que los organismos superiores estén sometidos al control democrático de los inferiores y no al revés. En este contexto, la adopción del principio republicano de la elección y revocabilidad del Jefe del Estado no será más que una consecuencia lógica del desarrollo de un principio democrático general.
A través de este proceso de socialización del Estado, deberá tanto desarrollarse la capacidad para ejercer la función institucional con modos y maneras diferentes de ética, de eficacia y de ejemplaridad, como dar lugar a la generación de participación ciudadana capaz de hacer cada día menos indispensable la existencia del Estado. Dicha socialización del Estado no será así un horizonte lejano que se aleje a medida que vamos avanzando, sino un proceso de transformación desde la realidad actual, a medida que se desarrolla la articulación social comunitaria, a través de las comunidades de vecinos, municipales, autónomas, federal, europea e internacional. Y no hacemos un juego de palabras al decir que dicho desarrollo comunitario es el objetivo y la tarea de los comunistas.
E. INTERNACIONALISMO Y SOLIDARIDAD.
1. Una Europa unida y solidaria.
En 1972, en su VIII Congreso, el PCE apoyó el ingreso de España en la CE apostando por trabajar en un proyecto de transformación. Nuestro análisis sobre la internacionalización de la economía, de la tecnología, de las comunicaciones, etc., indicaba la necesidad de acentuar la coordinación de los Estados en marcos regionales nuevos, creando instancias políticas, económicas y sociales internacionales, superadoras del Estado-nación, que impulsaran el desarrollo de las relaciones humanas.
Ahora bien, la Unión Europea fruto del tratado de Maastricht supone un retroceso en esa dirección. La apertura de un Espacio Económico Europeo sin avances significativos en la Unión Política y Social, el propio programa de convergencia europeo, basado en el más puro y duro neoliberalismo, sitúan a las regiones y sectores más desfavorecidos de Europa en una peor posición para defender sus intereses. Por ello nos reafirmamos en nuestra oposición a esta forma de construir Europa.
No apostamos por cualquier proyecto abstracto de Europa:.
1) Nos pronunciamos por una UE con plena unidad política, social y económica, apoyando el proceso de ampliación de la UE a otros Estados europeos, e impulsando desde la consolidación comunitaria, la más plena unidad de Europa en su conjunto donde se garantice el desarrollo de las diversas culturas y expresiones específicas de todos los pueblos que componen Europa. En ese sentido, es imprescindible impulsar, frente a la Europa de los Estados, la Europa de las regiones y de los pueblos en un sentido solidario con los menos desarrollados, frente al proyecto neoliberal de carácter netamente discriminatorio.
2) La plena unidad europea es incompatible con una política de dependencia o supeditación, en aspectos fundamentales, a la de los EE.UU., como por ejemplo de seguridad. La UE ha de impulsar una Europa independiente en todos los campos que tenga las mejores relaciones con todos los pueblos del mundo.
3) Ese desarrollo independiente tiene su mejor expresión en la política de seguridad. La desaparición del Pacto de Varsovia deja sin ninguna justificación lógica la pervivencia del bloque de la OTAN, e igualmente la nueva situación mundial no justifica el mantenimiento de estructuras reflejo de la guerra fría que, como la UEO, se diseñaban para el impulso de la política de bloques. La UE puede y debe desarrollar una política propia de seguridad comunitaria inscrita en las nuevas perspectivas de un mundo donde desapareció la confrontación Este-Oeste. Una política basada en el desarrollo máximo de la teoría de seguridad compartida, en el desarme sostenido, comenzando con la eliminación de todas las armas de exterminio masivo; en definitiva, en la creación de un espacio de seguridad por el que ningún pueblo del mundo se vea amenazado y! que al mismo tiempo garantice que nadie puede amenazar a los pueblos europeos.
4) Una Europa pacífica y pacifista que desde los parámetros antes señalados juegue un papel preeminente en el impulso a la solución negociada de todos los conflictos, en el marco de las normas, renunciando al recurso a la guerra como solución última (aunque nunca deseada) para los conflictos internacionales. En consecuencia, una Europa que realice el más estricto control del comercio de armas contribuyendo al desarme real en todo el mundo. El PCE considera que la UE debería declarar la industria de armamentos como sector a desaparecer. Para ello deberá diseñar planes de reconversión de la misma en industria civil.
5) Una Europa solidaria. La construcción europea sólo será efectiva desde la aplicación del más amplio concepto de solidaridad como expresión de un mundo cada vez más interdependiente. Solidaridad referida a cuatro esferas complementarias:.
a) En el seno de la propia Unión Europea, superando con la implantación de auténticas políticas sociales las desigualdades interregionales e impulsando la Carta Social demandada por los sindicatos que supere la construcción desigual de la UE, acentuada en la esfera de lo económico y ralentizada, cuando no parada, en lo social.
b) Solidaria en la esfera intereuropea. La desigual situación económica y social del conjunto europeo será un punto permanente de tensiones que amenazará a la propia construcción europea. La puesta en marcha de una política solidaria que contemple el desarrollo del conjunto de Europa es imprescindible para el impulso y estabilidad de todo el continente, acentuando la acción en el este europeo para el impulso de su desarrollo económico que le permita en el menor tiempo posible su acercamiento a los mínimos comunitarios.
c) Solidaridad con el resto del mundo: el fin de la confrontación Este-Oeste puso en evidencia el problema real entre Centro y Periferia, poniendo un acento especial en la solución de los problemas de los pueblos ribereños del Mediterráneo, foco permanente de tensión, incluida la militar, y donde sólo será posible una solución de futuro desde la promoción de sus potenciales económicos.
d) Solidaridad y cooperación para la solución de los problemas migratorios, que se acentuarán en el futuro y no serán solucionables con políticas represivas. Europa no puede sustituir el caído Muro de Berlín por un muro en el Mediterráneo que sería el del racismo y la xenofobia. Reclamamos la extensión del derecho de voto activo y pasivo y a preservar a la vez su nacionalidad de origen a todos los inmigrantes sin distinción. Al reto europeo de la integración de Estados, naciones y pueblos, se añade hoy el reto de la integración ciudadana de millones de personas de nacionalidad, raza, religión y cultura diferenciadas de las que ostenta la mayoría de la población. No hay proyecto europeo de transformación social sin la participación de millones de inmigrados. Defendemos, por tanto, una Europa abierta, con fronteras que deben ha! cerse cada vez más permeables a las gentes del sur, y en la que las políticas de cooperación al desarrollo del Tercer Mundo sean una verdadera prioridad, no una cuesti&oacut e;n testimonial, cuando no un negocio para empresas especializadas.
2. Por la izquierda europea: el polo rojiverde.
El desarrollo de una Europa progresista requiere el impulso y la coordinación de toda la izquierda europea.
La izquierda europea está integrada por formaciones plurales que suman en su seno corrientes clásicas del pensamiento obrero (comunistas, socialistas, etc...), los pensamientos emergentes del pacifismo, ecologismo y feminismo y sectores sociales que se confrontan en un sentido progresista con el sistema como grupos de jóvenes o creyentes comprometidos. Ello permite espacios de comunicación y cooperación concretos de un abanico amplio de la izquierda.
Por ello, seguiremos propiciando la extensión de la más amplia red de relaciones internaciones con toda la Izquierda Europea, que permita impulsar políticas comunes en todas las instancias políticas donde participamos, comenzando por el Parlamento Europeo, priorizando la confluencia de las formaciones de carácter alternativo al sistema capitalista, con el fin de desarrollar un polo rojiverde con un programa común que sirva de referencia para los pueblos de Europa, encabezando el esfuerzo por la consecución de la hegemonía de la izquierda frente a las políticas liberal-conservadoras.
En esa misma dirección desarrollaremos nuestro trabajo impulsando foros de debate y propiciando la coordinación de los movimientos sindicales, pacifistas, ecologistas y culturales de ámbito europeo.
La izquierda europea ha de constituirse desde la negación de cualquier política eurocentrista y por ello practicando una política de relaciones para la solidaridad con toda la izquierda y fuerzas progresistas del mundo.
3. Por un nuevo internacionalismo.
El PCE, al impulsar un proyecto transformador de la sociedad en la perspectiva del socialismo, considera que los derechos humanos son indivisibles en su conjunto, tanto en su integridad como en la complementariedad de todos ellos y que su validez ha de extenderse sin fronteras a la totalidad del mundo y del género humano.
El PCE declara su voluntad solidaria universal y proclama el internacionalismo como una seña de identidad inherente a la naturaleza de la izquierda. Por ello, el PCE se esforzará en promover el rechazo social a toda muestra de injusticia, independientemente del lugar del mundo en que se produzca, al mismo tiempo que reafirma su compromiso solemne con la paz, advirtiendo que esa paz está siendo permanentemente amenazada por el mantenimiento de una situación de desequilibrio y atropello a los pueblos. La paz está indisolublemente ligada al desarrollo económico, la democracia y el avance social en la Periferia del planeta.
Por tanto, el PCE se opone a toda forma de neocolonialismo y de discriminación racial, apoya el derecho de los pueblos a su soberanía y a convivir en paz. Se opone al uso de la fuerza como instrumento para solucionar los conflictos internaciones, al armamentismo y a la pervivencia de cualesquiera bloques militares o de bases en territorio extranjero.
El PCE se declara solidario con la lucha y los logros de los pueblos en sus caminos diversos hacia la democracia, el ejercicio de su soberanía y su liberación nacional y social, y apoya las iniciativas de cooperación internacional y propugna la condonación de la deuda externa de los paises pobres.
Este nuevo internacionalismo debe tener dos ejes de actuación, aunque las acciones a desarrollar sean múltiples y complejas. El primer eje es la solidaridad más radical con los explotados y humillados en cada ámbito y situación, y el segundo es la convergencia con todos los protagonistas sociales que apuestan, desde cada posición propia, por una acción social e institucional incardinada en actuaciones concretas o en programas de actuación coincidentes. En este marco, el PCE apuesta por las experiencias de solidaridad sin intermediarios estatales a través de ONGs que potencien la participación social en estas tareas.
En este empeño cabemos todos los que nos reclamamos de uno u otro pensamiento emancipador, sea éste religioso o agnóstico, marxista, anarquista o humanista. Para la más profunda, concreta y viable solidaridad internacionalista y para la construcción de una cultura socialista todos somos necesarios.
F. CONCLUSION.
Nuestra finalidad como comunistas es una humanidad pacífica y solidaria, en armonía consigo misma y con la naturaleza, sin clases y sin Estados.
Planteamos como objetivo de la izquierda para Europa un socialismo a través de la autogestión individual y colectiva y de la propiedad social de los medios de producción colectivos como base para una planificación democrática.
Proponemos como alternativa progresista al Estado Español una democracia política y social, basada en una república federal con una perspectiva solidaria por encima de las fronteras y que garantice el derecho a la autodeterminación de todos sus pueblos.
Para la consecución de estos objetivos es necesaria una organización revolucionaria que utilice métodos científicos de análisis, que fomente el debate sobre los procesos de transformación social, impulse movimientos sociales emancipatorios y promueva en cada ámbito una amplia unidad del conjunto de las fuerzas progresistas y obreras.
Nuestra perspectiva socializadora debe ser a un tiempo anticapitalista y antiautoritaria, fundiendo las tradiciones comunista y libertaria con las aportaciones de los movimientos actuales en una nueva síntesis emancipatoria.
Defendemos que un movimiento político de izquierdas (como Izquierda Unida) trabaje por la socialización del Estado, disolviéndolo en la sociedad a través de un proceso de federalización y del control y la revocabilidad de todos los cargos públicos, desde los ayuntamientos a la jefatura del Estado.
Propugnamos que el sindicalismo, como organización sociopolíticas de los trabajadores, supere en su dinámica reivindicativa tanto las fronteras del Mercado (compraventa de la fuerza de trabajo) como el tutelaje del Estado, trabajando por una democratización autogestionaria de la empresa que socialice la toma de decisiones poniendo su planificación interna en armonía con los intereses ecológicos del conjunto de la humanidad.
Impulsamos un pacifismo que apunte a liberar a la humanidad del militarismo, superando la utilización de métodos coactivos para el tratamiento de las contradicciones entre los pueblos y las clases sociales y permitiendo así la socialización de la humanidad en libertad.
Trabajamos por impregnar el comunismo de una cultura de trabajo y un contenido ecologista que rechace tanto el despilfarro contaminador basado en la seudolibertad del mercado como el supuesto papel salvador del Estado: los instrumentos coactivos del Estado, el armamento y la guerra, son elementos e instrumentos contaminadores de primer orden; nuestra alternativa debe ser la sociedad consciente y pacíficamente organizada para evitar los efectos destructivos de la acumulación de acciones individuales inconexas.
Sostenemos un feminismo que tiene ante sí el reto de reivindicar los valores humanos afectivos minusvalorados como femeninos, socializándolos para el conjunto de la humanidad frente a la agresividad autoritaria machista y patriarcal.
Apoyamos los movimientos por la liberación sexual como palancas para liberar el potencial socializador del sexo, promoviendo la realización social del individuo y reivindicando el valor de la comunicación humana tanto frente al fetichismo mercantilista del sexo como frente a su represión puritana.
Abogamos por que los movimientos de emancipación nacional realicen su potencial liberador así como a la libre inserción de sus pueblos en una humanidad pacífica sin ejércitos ni fronteras.
Estos son los objetivos y las tareas que tiene ante sí el PCE, nuestro partido, como un instrumento de acción política de la izquierda alternativa e impulsor de un proceso de confluencia de la misma. Un partido organizado sobre la base de un federalismo democrático, cuyos miembros reflexionen y debatan libremente y actúen unidos en todos los ámbitos y a todos los niveles de la sociedad, dentro de diversos movimientos políticos y sociales, fijando autónomamente sus posiciones en cada uno de ellos, e inequívocamente comprometido en el ámbito del Estado Español con la alternativa política que representa Izquierda Unida.
Comunicado de apoyo de la Secretaria Politica del P.S.U.C.
La secretaria política del PSUC viu queremos expresar nuestro rechazo a la actuación de Ezker Batua hacia el Partido Comunista de Euskadi, es inadmisible que se ignore el acuerdo de utilización común de infraestructuras entre ambas organizaciones. Incluso en el supuesto caso de que en algún momento pudiera darse problema real de falta de espacio físico, es una falta de respeto incomprensible la decisión unilateral de Ezker Batua de expulsar el PCE-EPK de la sede central. Creemos que es importante destacar esta simple y elemental consideración por ser esencial en cualquier acuerdo tomado entre dos partes.

En el PSUC viu creemos que a estas situaciones no hay que restarles atención, deben ser denunciadas en todo momento y, por ello, las rechazamos públicamente. No se puede ignorar o disfrazar lo que son síntomas de la deriva en que se encuentran las relaciones entre el PCE y IU en algunas federaciones y que ponen de manifiesto un distanciamiento entre ambas organizaciones a partir de la deriva de los intereses de miembros de IU una vez instalados en la política institucional.
Los comunistas no queremos ni debemos estar en las instituciones a cualquier precio, y mucho menos pagando el peaje nuestros propios camaradas. Nuestra presencia y participación en gobiernos de cualquier ámbito debe ser con fidelidad a nuestros ideales y a nuestra identidad comunista, de otra forma se convierte en inútil.
El PSUC viu queremos hacer llegar a los comunistas vascos nuestro apoyo, comprensión y solidaridad y reclamamos a Ezker Batua la voluntad de diálogo y entendimiento al que nos comprometimos la mayoría de los y las comunistas en el último congreso del PCE para hacer posible una Izquierda Unida fuerte en todo el estado español.
PSUC viu - Secretaria Política
Comunicació
Comtessa de Sobradiel, 7 - Barcelona 08002 tel 93 4122195/ fax 934123207
psuc@psuc.org comunicacio@psuc.org
___________________________________
Ezker Batua desaloja al Partido Comunista de Euskadi de la sede de Bilbao
El Partido Comunista de Euskadi-EPK quiere informar y denunciar mediante este comunicado la reciente actuación de Ezker Batua que ha desembocado en el desalojo del EPK de la sede central sita en Bilbao.
El PCE-EPK como partido fundador e integrante de la pluralidad de Ezker Batua que renuncia voluntariamente a presentarse a los procesos electorales, mantiene un protocolo de relación y financiación con EB por el que se acuerda, entre las partes, la utilización mutua de infraestructuras y material así como la asignación económica.
En el marco de este acuerdo se encuentra la utilización por parte del PCE-EPK de un espacio en la sede central de Ezker Batua, acuerdo que ha sido vulnerado de forma unilateral y bajo el falso pretexto de la necesidad de espacio. Desde el Partido nos hemos mostrado dispuestos a buscar una solución al problema al considerar que la falta de espacio es una excusa y no una realidad, ya que el edificio cuenta con una planta vacía que requiere muy poca rehabilitación.
Los comunistas vascos venimos mostrando nuestra preocupación por la evolución política y organizativa de Ezker Batua que viene a añadir un capitulo más de crispación a la grave situación interna. La expulsión del PCE-EPK de la sede central es la última actuación de un proceso de transformación de la sede central de Ezker Batua que bien refleja la deriva institucional de nuestra organización. En la actualidad la sede se ha convertido en una multitud de despachos ocupados por compañeras y compañeros liberados, que han ido comiendo el espacio destinado al trabajo de las áreas, las reuniones y la actividad militante.
Desde el Partido Comunista de Euskadi-EPK nos dirigimos a la Dirección de Izquierda Unida, a todas sus Federaciones y a todos los compañeros y compañeras del resto del Estado para pedirles su solidaridad y su actuación en aras de solucionar este problema. Nosotros nos mostramos de nuevo dispuestos a buscar una solución satisfactoria para ambas partes que reconozca el derecho que asiste al Partido y que ha sido una realidad desde la fundación de Ezker Batua.
Partido Comunista de Euskadi
Euskadiko Partidu Komunista
Bilbao, 19 de julio de 2004

En el PSUC viu creemos que a estas situaciones no hay que restarles atención, deben ser denunciadas en todo momento y, por ello, las rechazamos públicamente. No se puede ignorar o disfrazar lo que son síntomas de la deriva en que se encuentran las relaciones entre el PCE y IU en algunas federaciones y que ponen de manifiesto un distanciamiento entre ambas organizaciones a partir de la deriva de los intereses de miembros de IU una vez instalados en la política institucional.
Los comunistas no queremos ni debemos estar en las instituciones a cualquier precio, y mucho menos pagando el peaje nuestros propios camaradas. Nuestra presencia y participación en gobiernos de cualquier ámbito debe ser con fidelidad a nuestros ideales y a nuestra identidad comunista, de otra forma se convierte en inútil.
El PSUC viu queremos hacer llegar a los comunistas vascos nuestro apoyo, comprensión y solidaridad y reclamamos a Ezker Batua la voluntad de diálogo y entendimiento al que nos comprometimos la mayoría de los y las comunistas en el último congreso del PCE para hacer posible una Izquierda Unida fuerte en todo el estado español.
PSUC viu - Secretaria Política
Comunicació
Comtessa de Sobradiel, 7 - Barcelona 08002 tel 93 4122195/ fax 934123207
psuc@psuc.org comunicacio@psuc.org
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Ezker Batua desaloja al Partido Comunista de Euskadi de la sede de Bilbao
El Partido Comunista de Euskadi-EPK quiere informar y denunciar mediante este comunicado la reciente actuación de Ezker Batua que ha desembocado en el desalojo del EPK de la sede central sita en Bilbao.
El PCE-EPK como partido fundador e integrante de la pluralidad de Ezker Batua que renuncia voluntariamente a presentarse a los procesos electorales, mantiene un protocolo de relación y financiación con EB por el que se acuerda, entre las partes, la utilización mutua de infraestructuras y material así como la asignación económica.
En el marco de este acuerdo se encuentra la utilización por parte del PCE-EPK de un espacio en la sede central de Ezker Batua, acuerdo que ha sido vulnerado de forma unilateral y bajo el falso pretexto de la necesidad de espacio. Desde el Partido nos hemos mostrado dispuestos a buscar una solución al problema al considerar que la falta de espacio es una excusa y no una realidad, ya que el edificio cuenta con una planta vacía que requiere muy poca rehabilitación.
Los comunistas vascos venimos mostrando nuestra preocupación por la evolución política y organizativa de Ezker Batua que viene a añadir un capitulo más de crispación a la grave situación interna. La expulsión del PCE-EPK de la sede central es la última actuación de un proceso de transformación de la sede central de Ezker Batua que bien refleja la deriva institucional de nuestra organización. En la actualidad la sede se ha convertido en una multitud de despachos ocupados por compañeras y compañeros liberados, que han ido comiendo el espacio destinado al trabajo de las áreas, las reuniones y la actividad militante.
Desde el Partido Comunista de Euskadi-EPK nos dirigimos a la Dirección de Izquierda Unida, a todas sus Federaciones y a todos los compañeros y compañeras del resto del Estado para pedirles su solidaridad y su actuación en aras de solucionar este problema. Nosotros nos mostramos de nuevo dispuestos a buscar una solución satisfactoria para ambas partes que reconozca el derecho que asiste al Partido y que ha sido una realidad desde la fundación de Ezker Batua.
Partido Comunista de Euskadi
Euskadiko Partidu Komunista
Bilbao, 19 de julio de 2004
El Banco Mundial y sus esquemas de lucro ambiental
Daphne Wysham *
Casi un año después de rechazar la propuesta de retirarse paulatinamente de los combustibles fósiles, el Banco Mundial (BM) anuncia un nuevo intento por enfrentar el cambio climático -trabajar juntos por derrotar el calentamiento-, algo surgido de la cumbre del G-8 llevada a cabo en julio. Realmente es sorprendente la historia de hipocresía y falta de acciones del BM cuando le toca responder al cambio climático desde adentro de sus muros institucionales.
En agosto de 2004 una revisión del BM recomendó, entre otras cosas, que abandonara el carbón combustible de inmediato, y se retirara paulatinamente del crudo dejándolo en 2008.
Sí, era ambicioso, pero los estudios muestran que la inversión en las industrias extractivas en los países en desarrollo sólo fomentan la corrupción, la pobreza, las violaciones a los derechos humanos, la degradación ambiental -asuntos todos que el BM dice combatir- mientras que no hace nada por brindarle energía a los 2 mil millones de pobres que viven en las áreas rurales a las que dice servir. La directiva del BM prefirió ignorar el consejo de la "eminente persona" que contrató para supervisar esta extensa revisión trianual, Emil Salim, y continuó a todo vapor con sus negocios, como de costumbre.
Sin embargo, éste es sólo uno en el ramillete de actos hipócritas del BM. El Banco anuncia con trompetas su compromiso de incrementar, en 20 por ciento, sus préstamos para apoyar proyectos de energía renovable. Pero hay que leer la letra pequeña: este 20 por ciento es contabilizado a partir de su línea mínima de apoyo en toda su historia de operación, mientras que el financiamiento que el BM hace de los combustibles fósiles sobrepasa a la energía renovable 17 a uno. Esta sesgada serie de prioridades sigue haciendo guiños al mercado de la industria de la energía renovable -un actor incipiente en el escenario de la energía global- mientras subsidia con gran peso una de las industrias más subsidiadas del planeta.

Y otra cosa que hay que anotar: según la página electrónica del BM relativa a su nueva iniciativa, mantiene un "nuevo" compromiso con la eficiencia energética del sector de combustibles fósiles. No obstante, quienes conocen la historia del BM saben que si tan sólo hubiera implementado sus lineamientos de eficiencia energética de 1993, en vez de diluirlos continuamente y de hacerlos no vinculantes, habríamos visto un impacto extremadamente positivo en la reducción de los gases que provocan los efectos de invernadero a nivel global durante los doce años anteriores. Pero eso habría interferido con los negocios del Banco, así que hoy esto es puramente voluntario.
Otra muestra de su hipocresía es que no habla claro de sus propias emisiones de gases. El BM sabe exactamente qué tanto bióxido de carbono puede acreditar dentro de sus esquemas de captura e intercambio de carbono -que se expanden rápida y riesgosamente con sus paquetes de pago por captura-, pero no tiene idea de cuánto más carbono yace en el resto de sus paquetes. Y como el BM no evalúa sus impactos sobre el calentamiento global, tampoco lo hacen los otros bancos privados o públicos que ven al BM líder en asuntos ambientales planetarios.
Es más, los "esquemas de intercambio de carbono" del BM se perfilan como un desastre para los más pobres del mundo. Sus primeros proyectos de intercambio de carbono, tales como los de captura de metano procedentes de los tiraderos de residuos en Sudáfrica, la captura de carbono de las plantaciones de eucalipto brasileños, las compensaciones por la captura de carbono en ladrillos fabricados con ceniza de volátiles tóxicos en India, terminaron siendo muy controvertidos. Estos esquemas de pago por captura de carbono serán un riesgo importante para la de por sí manchada reputación del BM y no logran nada que responda al reto climático.
En la reunión del G-8, el nuevo presidente del BM, Paul Wolfowitz, uno de los arquitectos de la guerra de Irak en el Pentágono, anunció que en cuanto al "manejo del clima, se le pidió que creara un nuevo marco de trabajo para movilizar inversiones hacia energía limpia y desarrollo". Pero repentinamente el Banco junta a Estados Unidos, Australia y otros que se negaron a los protocolos de Kyoto y los llama a un "nuevo marco de trabajo" fuera del marco de trabajo multilateral respaldado por la mayoría de los países del mundo dentro del Convenio-Marco de Cambio Climático de Naciones Unidas.
Quienes observan el comportamiento del Banco se percatan de lo poco que ha hecho el BM por llevar a cabo intentos sinceros por disminuir su propio impacto significativo sobre el clima. Por desgracia, si logra más poder como resultado del mandato del G-8, podrá desatar desastres para el marco de trabajo de Naciones Unidas (que tiene años avanzando hacia una estabilidad energética) debido a que la industria petrolera y Estados Unidos atan los bolsillos a los políticos estadunidenses. Tal vez es esto lo que ansiosamente buscan Wolfowitz y otros: situar el cambio climático -el problema más urgente del mundo- en manos del BM es lucrar con el financiamiento de los combustibles fósiles mientras lucran también con sus esquemas de intercambio de carbono. Es como pedir a un alcohólico que construya un marco de trabajo para la sobriedad. Pero en este caso no es un asunto de mera salud pública. Está en juego la salud y la viabilidad del planeta entero.
Daphne Wysham es Integrante del Institute for Policy Studies y directora de Sustainable Energy & Economy Network
Casi un año después de rechazar la propuesta de retirarse paulatinamente de los combustibles fósiles, el Banco Mundial (BM) anuncia un nuevo intento por enfrentar el cambio climático -trabajar juntos por derrotar el calentamiento-, algo surgido de la cumbre del G-8 llevada a cabo en julio. Realmente es sorprendente la historia de hipocresía y falta de acciones del BM cuando le toca responder al cambio climático desde adentro de sus muros institucionales.
En agosto de 2004 una revisión del BM recomendó, entre otras cosas, que abandonara el carbón combustible de inmediato, y se retirara paulatinamente del crudo dejándolo en 2008.
Sí, era ambicioso, pero los estudios muestran que la inversión en las industrias extractivas en los países en desarrollo sólo fomentan la corrupción, la pobreza, las violaciones a los derechos humanos, la degradación ambiental -asuntos todos que el BM dice combatir- mientras que no hace nada por brindarle energía a los 2 mil millones de pobres que viven en las áreas rurales a las que dice servir. La directiva del BM prefirió ignorar el consejo de la "eminente persona" que contrató para supervisar esta extensa revisión trianual, Emil Salim, y continuó a todo vapor con sus negocios, como de costumbre.
Sin embargo, éste es sólo uno en el ramillete de actos hipócritas del BM. El Banco anuncia con trompetas su compromiso de incrementar, en 20 por ciento, sus préstamos para apoyar proyectos de energía renovable. Pero hay que leer la letra pequeña: este 20 por ciento es contabilizado a partir de su línea mínima de apoyo en toda su historia de operación, mientras que el financiamiento que el BM hace de los combustibles fósiles sobrepasa a la energía renovable 17 a uno. Esta sesgada serie de prioridades sigue haciendo guiños al mercado de la industria de la energía renovable -un actor incipiente en el escenario de la energía global- mientras subsidia con gran peso una de las industrias más subsidiadas del planeta.

Y otra cosa que hay que anotar: según la página electrónica del BM relativa a su nueva iniciativa, mantiene un "nuevo" compromiso con la eficiencia energética del sector de combustibles fósiles. No obstante, quienes conocen la historia del BM saben que si tan sólo hubiera implementado sus lineamientos de eficiencia energética de 1993, en vez de diluirlos continuamente y de hacerlos no vinculantes, habríamos visto un impacto extremadamente positivo en la reducción de los gases que provocan los efectos de invernadero a nivel global durante los doce años anteriores. Pero eso habría interferido con los negocios del Banco, así que hoy esto es puramente voluntario.
Otra muestra de su hipocresía es que no habla claro de sus propias emisiones de gases. El BM sabe exactamente qué tanto bióxido de carbono puede acreditar dentro de sus esquemas de captura e intercambio de carbono -que se expanden rápida y riesgosamente con sus paquetes de pago por captura-, pero no tiene idea de cuánto más carbono yace en el resto de sus paquetes. Y como el BM no evalúa sus impactos sobre el calentamiento global, tampoco lo hacen los otros bancos privados o públicos que ven al BM líder en asuntos ambientales planetarios.
Es más, los "esquemas de intercambio de carbono" del BM se perfilan como un desastre para los más pobres del mundo. Sus primeros proyectos de intercambio de carbono, tales como los de captura de metano procedentes de los tiraderos de residuos en Sudáfrica, la captura de carbono de las plantaciones de eucalipto brasileños, las compensaciones por la captura de carbono en ladrillos fabricados con ceniza de volátiles tóxicos en India, terminaron siendo muy controvertidos. Estos esquemas de pago por captura de carbono serán un riesgo importante para la de por sí manchada reputación del BM y no logran nada que responda al reto climático.
En la reunión del G-8, el nuevo presidente del BM, Paul Wolfowitz, uno de los arquitectos de la guerra de Irak en el Pentágono, anunció que en cuanto al "manejo del clima, se le pidió que creara un nuevo marco de trabajo para movilizar inversiones hacia energía limpia y desarrollo". Pero repentinamente el Banco junta a Estados Unidos, Australia y otros que se negaron a los protocolos de Kyoto y los llama a un "nuevo marco de trabajo" fuera del marco de trabajo multilateral respaldado por la mayoría de los países del mundo dentro del Convenio-Marco de Cambio Climático de Naciones Unidas.
Quienes observan el comportamiento del Banco se percatan de lo poco que ha hecho el BM por llevar a cabo intentos sinceros por disminuir su propio impacto significativo sobre el clima. Por desgracia, si logra más poder como resultado del mandato del G-8, podrá desatar desastres para el marco de trabajo de Naciones Unidas (que tiene años avanzando hacia una estabilidad energética) debido a que la industria petrolera y Estados Unidos atan los bolsillos a los políticos estadunidenses. Tal vez es esto lo que ansiosamente buscan Wolfowitz y otros: situar el cambio climático -el problema más urgente del mundo- en manos del BM es lucrar con el financiamiento de los combustibles fósiles mientras lucran también con sus esquemas de intercambio de carbono. Es como pedir a un alcohólico que construya un marco de trabajo para la sobriedad. Pero en este caso no es un asunto de mera salud pública. Está en juego la salud y la viabilidad del planeta entero.
Daphne Wysham es Integrante del Institute for Policy Studies y directora de Sustainable Energy & Economy Network
Debate sobre Lenin
¿Y si Lenin fuera hoy tan atacado no tanto porque su aportación sea obsoleta, sino porque fue uno de los pocos que consiguió derribar al capitalismo? El odio que los estratos privilegiados exhiben contra él, ¿no provendrá de que, a diferencia de otros programas políticos, el legado de Lenin continúa siendo peligroso para el sistema? ¿La crítica socialista ha sido superada por la evolución del capitalismo o los análisis socialistas sobre el capitalismo se han cumplido y es la extraordinaria brutalidad del capital del siglo XXI la que ha hecho –por el momento- entrar en crisis al socialismo?

Lo debatimos el jueves 18 de agosto a las 19:30h. en la sede central del PSUC Viu (c/ Comtessa de Sobradiel 7, Barcelona). No cerramos en agosto: son muchos los que ya no tienen vacaciones y es un excelente momento para la discusión. El debate está abierto a todos: miembros del PSUC Viu y la JC de los diferentes territorios y sectores, simpatizantes, independientes e integrantes de otras organizaciones políticas o asociaciones.
Comité de Barcelona del PSUC Viu

Lo debatimos el jueves 18 de agosto a las 19:30h. en la sede central del PSUC Viu (c/ Comtessa de Sobradiel 7, Barcelona). No cerramos en agosto: son muchos los que ya no tienen vacaciones y es un excelente momento para la discusión. El debate está abierto a todos: miembros del PSUC Viu y la JC de los diferentes territorios y sectores, simpatizantes, independientes e integrantes de otras organizaciones políticas o asociaciones.
Comité de Barcelona del PSUC Viu
La tasa de temporalidad está 20 puntos por encima de la media de la UE
Periodista Digital
El crecimiento del empleo temporal en España, que supera el 20% desde 2003, ha hecho que en nuestro país haya ya más trabajadores temporales que en Italia, Reino Unido, Bélgica y Suecia juntos, según un informe del sindicato UGT, elaborado con los datos de la Encuesta de Población Activa correspondiente al segundo trimestre.
De acuerdo con los datos de esta Encuesta, al terminar el mes de junio había en España más de cinco millones de trabajadores temporales, una cifra que, a juicio de UGT demuestra que la calidad del empleo empeora constantemente desde el 2003.
Veinte puntos por encima de la UE
En estos dos años, siempre según la UGT, la tasa de temporalidad se ha elevado 2,5 puntos porcentuales, hasta el 33,3%, 'la cota más alta, con excepción del bienio 1994-1995'. Esta tasa es además 20 puntos superior a la media de la UE, que se sitúa en el 13,6%.
Por ello, el informe de UGT insiste en que hay que 'recuperar' el principio de contratación indefinida, revisar los sistemas de bonificación para esta modalidad y vigilar la contratación temporal para que no se utilice para sustituir empleo fijo.
Además, recomienda evitar el encadenamiento injustificado de los contratos eventuales, aumentar la actividad de control de la Inspección de Trabajo y la colaboración sindical, y velar por el cumplimiento del principio de igualdad de trato y no discriminación en el trabajo, unos aspectos que, en opinión de UGT, son los que 'deben primar' en el debate para la reforma laboral.
El crecimiento del empleo temporal en España, que supera el 20% desde 2003, ha hecho que en nuestro país haya ya más trabajadores temporales que en Italia, Reino Unido, Bélgica y Suecia juntos, según un informe del sindicato UGT, elaborado con los datos de la Encuesta de Población Activa correspondiente al segundo trimestre.
De acuerdo con los datos de esta Encuesta, al terminar el mes de junio había en España más de cinco millones de trabajadores temporales, una cifra que, a juicio de UGT demuestra que la calidad del empleo empeora constantemente desde el 2003.
Veinte puntos por encima de la UE
En estos dos años, siempre según la UGT, la tasa de temporalidad se ha elevado 2,5 puntos porcentuales, hasta el 33,3%, 'la cota más alta, con excepción del bienio 1994-1995'. Esta tasa es además 20 puntos superior a la media de la UE, que se sitúa en el 13,6%.
Por ello, el informe de UGT insiste en que hay que 'recuperar' el principio de contratación indefinida, revisar los sistemas de bonificación para esta modalidad y vigilar la contratación temporal para que no se utilice para sustituir empleo fijo.
Además, recomienda evitar el encadenamiento injustificado de los contratos eventuales, aumentar la actividad de control de la Inspección de Trabajo y la colaboración sindical, y velar por el cumplimiento del principio de igualdad de trato y no discriminación en el trabajo, unos aspectos que, en opinión de UGT, son los que 'deben primar' en el debate para la reforma laboral.
IRAK:Las insoportables condiciones de vida bajo el imperialismo
Bagdad, 9 de agosto, RIA “Novosti”.
Un número siempre mayor de iraquíes protestan contra las insoportables condiciones de vida.
El domingo pasado, en varias ciudades de Iraq se desarrollaron manifestaciones de protesta de sus desesperados habitantes. Los medios noticiosos iraquíes y árabes comentaron sólo una, la que tuvo lugar en la ciudad de El Samawa.
Pero según han informado a RIA “Novosti” unas fuentes de los organismos de seguridad de Iraq, multitudinarias acciones de protesta se desarrollaron también en las ciudades de El Najaf, Kerbela y Ramadi.

Los manifestantes exigieron que las autoridades restablezcan y normalicen el suministro de víveres, electricidad, agua y combustible.
En pleno verano, con un calor de más de 45 grados Celsio, las ciudades iraquíes de hecho están privadas de la energía eléctrica. Ésta se suministra sólo durante dos horas al día, lo que convierte en innecesarios frigoríficos y neveras. La gente se ve obligada a adquirir hielo a comerciantes ambulantes. Como resultado, el costo de un pedazo de hielo se decuplicó con creces estos últimos tiempos, y en las ciudades de Amara y Basora aumentó casi en 25 veces.
Durante los últimos cuatro meses los iraquíes ni reciben los alimentos básicos: harina, azúcar y manteca. A lo largo de los últimos años esos víveres se distribuían según cartillas de racionamiento, las que fueron introducidas en el marco del programa humanitario de la ONU “Petróleo a cambio de víveres”. Pero estos últimos tiempos, las autoridades de Iraq no son capaces de garantizar la seguridad de tránsito por el país a las columnas de automóviles que llevan víveres, lo que repercute nefastamente en la situación de millones de personas.
Del racionamiento en cuestión dependen de lleno nueve de los veinticinco millones de iraquíes, dijo entrevistado por RIA “Novosti” el famoso economista iraquí Houmam Al Shamma, profesor de la Universidad de Bagdad. –Todos ellos viven por debajo del umbral de la pobreza.
Al basarse en los datos de un estudio realizado por él, el economista afirma que las condiciones de vida en Iraq han empeorado sustancialmente en los últimos dos años transcurridos desde la caída del régimen de Sadam Husein.
Han aumentado mucho el desempleo y los precios, se han agravado los problemas de seguridad y residencial, faltan los servicios comunitarios esenciales, dice él.
En las manifestaciones de protesta participa no sólo la población sunita, la que también protestaba anteriormente, sino también la chiíta. Tres de las cuatro ciudades en que se desarrollaron manifestaciones el domingo se encuentran en las zonas chiítas.
Mejor que regrese al poder Sadam Husein que seguir viviendo como ahora, dice un taxista de Bagdad, el chiíta Abu Husein. – No hay electricidad ni gasolina, no se puede transitar por muchas calles, el paso está prohibido en la “zona verde” de Bagdad del Oeste; y en el del Este, allí donde se ubican la sede del partido de Abdel Aziz Al Khakim, la casa del presidente de Iraq, Jalal Talabani, la sede del Interior y Alá sabe qué otros establecimientos.
Según Abu Husein, por todas partes hay calles cerradas, pero la seguridad no ha aumentado.
En la policía contratan a unos mozuelos inexpertos, sin adiestrarlos debidamente. Los de la resistencia abren fuego contra ellos en pleno día en Bagdad, y los novatos se dan a la fuga presas del pánico. Lo único de lo que ellos son capaces es pegar un tiro a uno de nosotros por puro miedo, dice Abu Husein enfadado.
Lo mismo que la mayoría de los iraquíes, él no cree que la situación mejore en el futuro próximo.
No, sólo va a ser peor, dice el taxista.
Un número siempre mayor de iraquíes protestan contra las insoportables condiciones de vida.
El domingo pasado, en varias ciudades de Iraq se desarrollaron manifestaciones de protesta de sus desesperados habitantes. Los medios noticiosos iraquíes y árabes comentaron sólo una, la que tuvo lugar en la ciudad de El Samawa.
Pero según han informado a RIA “Novosti” unas fuentes de los organismos de seguridad de Iraq, multitudinarias acciones de protesta se desarrollaron también en las ciudades de El Najaf, Kerbela y Ramadi.

Los manifestantes exigieron que las autoridades restablezcan y normalicen el suministro de víveres, electricidad, agua y combustible.
En pleno verano, con un calor de más de 45 grados Celsio, las ciudades iraquíes de hecho están privadas de la energía eléctrica. Ésta se suministra sólo durante dos horas al día, lo que convierte en innecesarios frigoríficos y neveras. La gente se ve obligada a adquirir hielo a comerciantes ambulantes. Como resultado, el costo de un pedazo de hielo se decuplicó con creces estos últimos tiempos, y en las ciudades de Amara y Basora aumentó casi en 25 veces.
Durante los últimos cuatro meses los iraquíes ni reciben los alimentos básicos: harina, azúcar y manteca. A lo largo de los últimos años esos víveres se distribuían según cartillas de racionamiento, las que fueron introducidas en el marco del programa humanitario de la ONU “Petróleo a cambio de víveres”. Pero estos últimos tiempos, las autoridades de Iraq no son capaces de garantizar la seguridad de tránsito por el país a las columnas de automóviles que llevan víveres, lo que repercute nefastamente en la situación de millones de personas.
Del racionamiento en cuestión dependen de lleno nueve de los veinticinco millones de iraquíes, dijo entrevistado por RIA “Novosti” el famoso economista iraquí Houmam Al Shamma, profesor de la Universidad de Bagdad. –Todos ellos viven por debajo del umbral de la pobreza.
Al basarse en los datos de un estudio realizado por él, el economista afirma que las condiciones de vida en Iraq han empeorado sustancialmente en los últimos dos años transcurridos desde la caída del régimen de Sadam Husein.
Han aumentado mucho el desempleo y los precios, se han agravado los problemas de seguridad y residencial, faltan los servicios comunitarios esenciales, dice él.
En las manifestaciones de protesta participa no sólo la población sunita, la que también protestaba anteriormente, sino también la chiíta. Tres de las cuatro ciudades en que se desarrollaron manifestaciones el domingo se encuentran en las zonas chiítas.
Mejor que regrese al poder Sadam Husein que seguir viviendo como ahora, dice un taxista de Bagdad, el chiíta Abu Husein. – No hay electricidad ni gasolina, no se puede transitar por muchas calles, el paso está prohibido en la “zona verde” de Bagdad del Oeste; y en el del Este, allí donde se ubican la sede del partido de Abdel Aziz Al Khakim, la casa del presidente de Iraq, Jalal Talabani, la sede del Interior y Alá sabe qué otros establecimientos.
Según Abu Husein, por todas partes hay calles cerradas, pero la seguridad no ha aumentado.
En la policía contratan a unos mozuelos inexpertos, sin adiestrarlos debidamente. Los de la resistencia abren fuego contra ellos en pleno día en Bagdad, y los novatos se dan a la fuga presas del pánico. Lo único de lo que ellos son capaces es pegar un tiro a uno de nosotros por puro miedo, dice Abu Husein enfadado.
Lo mismo que la mayoría de los iraquíes, él no cree que la situación mejore en el futuro próximo.
No, sólo va a ser peor, dice el taxista.
Anticapitalistas del mundo, ¡coordinaos!
Oscar Gràcia
Miramos atrás años, décadas o siglos y nos parece estar viendo un mismo paisaje con pequeños matices que no transforman suficientemente el conjunto como para poder llamarlo ‘diferente’.
Pequeños grupos sociales disfrutan del poder que sufre una mayoría dominada por él. Sean señores y vasallos, terratenientes y esclavos o patrones y obreros, un mismo esquema reproduce unas relaciones entre oprimidos y opresores basadas en la explotación y control de los más por parte de los menos, usando diversas cadenas dependiendo del momento histórico en que se viva.

A veces, la tortilla se gira y aquellos que segundos antes tan seguros estaban, son apartados del Poder a patadas por la acción conjunta de la mayoría, ya sea manipulada para defender los intereses de otra minoría o, muy pocas veces, por tal o cual Utopía necesaria.
Si a ese brusco cambio de control del Poder le llamamos Revolución, las reformas serían (y los reformistas) aquellos cambios sociales que no cuestionan el lugar ni el derecho de quién tiene el Poder a usarlo.
Como parece lógico, reformas y reformistas son imprescindibles como barrera de contención de movimientos revolucionarios, son los ajustes automáticos que permiten la misma salida de presión que hacen las válvulas de vapor de una olla exprés. Mientras exista ese escape no se corre riesgo de alteración del sistema.
Echemos una mirada a cómo estamos posicionados hoy oprimidos y opresores, no hace falta inventar la rueda, nuestro momento no tiene nada de especial que lo haga merecedor de profundas reflexiones ‘nuevas’. Como en una receta de cocina veamos qué nos falta a los oprimidos para crear un cóctel revolucionario que permita poner en cuestión quién nos manda y explota, cómo echarlos a patadas junto con su modelo de organización social y, por último, qué podemos proponer nosotros.
Contra qué luchamos
Se puede estar rápidamente de acuerdo en que quien tiene el Poder en sus manos es un Capital, que usa para mantenerlo los diferentes conglomerados mediáticos, políticos y judiciales que regulan las sociedades en la llamada ‘democracia’.
De la misma forma que ratones en una jaula, los trabajadores competimos entre nosotros dentro y entre regiones políticas como parte imprescindible del proceso expansivo capitalista. En una loca carrera, individualizados y presentes como espectadores de un teatro virtual, nos encontramos en medio de la degeneración del anterior proceso reformista llamado ‘del bienestar’. Este ultracapitalismo desenfrenado presenta su peor cara de la forma más natural posible, eliminando caretas de falsa moralina y pretendiendo que los oprimidos aceptemos su credo para ganar el último obstáculo a invadir: nuestras mentes.
Si este sistema nos parece abominable, si no compartimos ningún principio con esa religión, si creemos en una justicia y solidaridad incompatible con esas reglas, si creemos que ni debe haber oprimidos ni opresores, ni ricos, ni dinero, somos en esencia lo contrario a ese modelo, somos anticapitalistas.
Autocrítica del Movimiento Global de Resistencias al Capitalismo
Antiglobalización (sic)
No es este movimiento de masas nuevo: ni en su definición de global, ni en la de apostar por una cierta movilización, ni en el compromiso militante, ni tan siquiera en las inacabables polémicas entre facciones rupturistas/reformistas.
Las corrientes reformistas siempre son dirigidas, por el motivo que sea, hacia la moderación del descontento social existente, hacia la consecución de objetivos simbólicos, a veces ni tan siquiera reales. El compromiso militante muestra la entrada de una concienciación imprescindible para comprender la naturaleza del modelo oponente y el tipo de vida que se busca, da solidez al movimiento porque lo aparta de vaivenes de moda o reducidos a momentos concretos de la vida de los participantes.
La movilización muestra un carácter, que se llega a la conclusión que nada se nos es dado, que cualquier cosa la tenemos que ganar actuando de forma colectiva, física pero también mentalmente.
Por último no somos ni los primeros ni los últimos en coordinarnos internacionalmente, un movimiento que lucha contra los valores capitalistas sólo puede ser internacionalista, solidario y coordinado en cierta forma.
Pero, ¿qué es lo que no tenemos?. Todos podemos notar que falta algo, que hay una base creciente de comprensión y concienciación de ‘cómo creemos que funcionan las cosas’ pero que no acaba de ponerse en movimiento hacia ‘no podemos permitir que funcionen así las cosas’.
Existen múltiples fogonazos aquí y allá de actitudes colectivas anticapitalistas, de plataformas que crecen y desaparecen para resurgir en otra forma, otro motor, un poco más tarde, en contracumbres, contra avances neoliberales y un largo etcétera. Sin un sentido estratégico, estas acciones y luchas quedan aisladas en su radio de acción, podemos ganar muchas batallas pero sin una iniciativa y estrategia común en la preparación de cada una de ellas jamás ganaremos una guerra.
Un movimiento de masas sin cobertura ideológica y política no es más que una revuelta, momentos de desahogo de fuertes descontentos que no cristalizan en una dirección que permita parar esta inhumana locomotora.
El Movimiento Anticapitalista ha sabido mostrar sobradamente que es posible trabajar juntos desde posiciones ideológicas diferentes, no se trata que una opción prevalezca sobre las demás sino que simplemente se plante de forma conjunta cara a un sistema explotador.
Quién sabe, quizás de todas las visiones surga una forma común de respeto basada, digamos, en multiplicar por -1 todo aquello que defina el capitalismo.
Sería, parece, un punto de partida bastante mejor que el actual.
Coordinación o barbarie
Obviamente sin organización no es posible definir estrategias, sin estrategia no pueden plantearse acciones puntuales hacia un objetivo más o menos concreto, sin ese objetivo en el horizonte no es posible poner punto y final a la barbarie civilizada capitalista.
Darle un empujón político es la mejor forma de evitar que se diluyan esfuerzos en fogonazos puntuales que de momento no inquietan a nadie.
Ese empujón debería realizarse desde la base, sin estructura de mando, sin representantes, sin reproducir ninguna de las estructuras de dominación que pretendemos eliminar, un empujón asambleario donde unas líneas generales, pero con acciones concretas, no impongan estrategias particulares de ningún grupo, donde las decisiones se tomen por consenso de forma activa y con iniciativa, donde el horizonte común sea la superación de la explotación capitalista.
Individualizados, aislados, sin estrategia, no somos nada. Coordinados, debatiendo, discutiendo y tomando la iniciativa, no son nada.
Tenemos la oportunidad de aprovechar el marco que el capital está creando, la degeneración del estado asistencial, la prepotencia militar, el fascismo de estado y el sufrimiento que provoca en la población unas medidas neoliberales que generan el mejor caldo de cultivo para tomar conciencia, comprender el descontento y sus soluciones.
Aún así no es suficiente, comprendiendo nuestra diversidad debemos dirigir los actos que nos unen de forma coordinada, creando plataformas locales permanentes que trabajen por un fin concreto, sin palabrerías, cada paso como parte de una estrategia alcanzable, real, no utópica: la eliminación del capitalismo de nuestras vidas.
Miramos atrás años, décadas o siglos y nos parece estar viendo un mismo paisaje con pequeños matices que no transforman suficientemente el conjunto como para poder llamarlo ‘diferente’.
Pequeños grupos sociales disfrutan del poder que sufre una mayoría dominada por él. Sean señores y vasallos, terratenientes y esclavos o patrones y obreros, un mismo esquema reproduce unas relaciones entre oprimidos y opresores basadas en la explotación y control de los más por parte de los menos, usando diversas cadenas dependiendo del momento histórico en que se viva.

A veces, la tortilla se gira y aquellos que segundos antes tan seguros estaban, son apartados del Poder a patadas por la acción conjunta de la mayoría, ya sea manipulada para defender los intereses de otra minoría o, muy pocas veces, por tal o cual Utopía necesaria.
Si a ese brusco cambio de control del Poder le llamamos Revolución, las reformas serían (y los reformistas) aquellos cambios sociales que no cuestionan el lugar ni el derecho de quién tiene el Poder a usarlo.
Como parece lógico, reformas y reformistas son imprescindibles como barrera de contención de movimientos revolucionarios, son los ajustes automáticos que permiten la misma salida de presión que hacen las válvulas de vapor de una olla exprés. Mientras exista ese escape no se corre riesgo de alteración del sistema.
Echemos una mirada a cómo estamos posicionados hoy oprimidos y opresores, no hace falta inventar la rueda, nuestro momento no tiene nada de especial que lo haga merecedor de profundas reflexiones ‘nuevas’. Como en una receta de cocina veamos qué nos falta a los oprimidos para crear un cóctel revolucionario que permita poner en cuestión quién nos manda y explota, cómo echarlos a patadas junto con su modelo de organización social y, por último, qué podemos proponer nosotros.
Contra qué luchamos
Se puede estar rápidamente de acuerdo en que quien tiene el Poder en sus manos es un Capital, que usa para mantenerlo los diferentes conglomerados mediáticos, políticos y judiciales que regulan las sociedades en la llamada ‘democracia’.
De la misma forma que ratones en una jaula, los trabajadores competimos entre nosotros dentro y entre regiones políticas como parte imprescindible del proceso expansivo capitalista. En una loca carrera, individualizados y presentes como espectadores de un teatro virtual, nos encontramos en medio de la degeneración del anterior proceso reformista llamado ‘del bienestar’. Este ultracapitalismo desenfrenado presenta su peor cara de la forma más natural posible, eliminando caretas de falsa moralina y pretendiendo que los oprimidos aceptemos su credo para ganar el último obstáculo a invadir: nuestras mentes.
Si este sistema nos parece abominable, si no compartimos ningún principio con esa religión, si creemos en una justicia y solidaridad incompatible con esas reglas, si creemos que ni debe haber oprimidos ni opresores, ni ricos, ni dinero, somos en esencia lo contrario a ese modelo, somos anticapitalistas.
Autocrítica del Movimiento Global de Resistencias al Capitalismo
Antiglobalización (sic)
No es este movimiento de masas nuevo: ni en su definición de global, ni en la de apostar por una cierta movilización, ni en el compromiso militante, ni tan siquiera en las inacabables polémicas entre facciones rupturistas/reformistas.
Las corrientes reformistas siempre son dirigidas, por el motivo que sea, hacia la moderación del descontento social existente, hacia la consecución de objetivos simbólicos, a veces ni tan siquiera reales. El compromiso militante muestra la entrada de una concienciación imprescindible para comprender la naturaleza del modelo oponente y el tipo de vida que se busca, da solidez al movimiento porque lo aparta de vaivenes de moda o reducidos a momentos concretos de la vida de los participantes.
La movilización muestra un carácter, que se llega a la conclusión que nada se nos es dado, que cualquier cosa la tenemos que ganar actuando de forma colectiva, física pero también mentalmente.
Por último no somos ni los primeros ni los últimos en coordinarnos internacionalmente, un movimiento que lucha contra los valores capitalistas sólo puede ser internacionalista, solidario y coordinado en cierta forma.
Pero, ¿qué es lo que no tenemos?. Todos podemos notar que falta algo, que hay una base creciente de comprensión y concienciación de ‘cómo creemos que funcionan las cosas’ pero que no acaba de ponerse en movimiento hacia ‘no podemos permitir que funcionen así las cosas’.
Existen múltiples fogonazos aquí y allá de actitudes colectivas anticapitalistas, de plataformas que crecen y desaparecen para resurgir en otra forma, otro motor, un poco más tarde, en contracumbres, contra avances neoliberales y un largo etcétera. Sin un sentido estratégico, estas acciones y luchas quedan aisladas en su radio de acción, podemos ganar muchas batallas pero sin una iniciativa y estrategia común en la preparación de cada una de ellas jamás ganaremos una guerra.
Un movimiento de masas sin cobertura ideológica y política no es más que una revuelta, momentos de desahogo de fuertes descontentos que no cristalizan en una dirección que permita parar esta inhumana locomotora.
El Movimiento Anticapitalista ha sabido mostrar sobradamente que es posible trabajar juntos desde posiciones ideológicas diferentes, no se trata que una opción prevalezca sobre las demás sino que simplemente se plante de forma conjunta cara a un sistema explotador.
Quién sabe, quizás de todas las visiones surga una forma común de respeto basada, digamos, en multiplicar por -1 todo aquello que defina el capitalismo.
Sería, parece, un punto de partida bastante mejor que el actual.
Coordinación o barbarie
Obviamente sin organización no es posible definir estrategias, sin estrategia no pueden plantearse acciones puntuales hacia un objetivo más o menos concreto, sin ese objetivo en el horizonte no es posible poner punto y final a la barbarie civilizada capitalista.
Darle un empujón político es la mejor forma de evitar que se diluyan esfuerzos en fogonazos puntuales que de momento no inquietan a nadie.
Ese empujón debería realizarse desde la base, sin estructura de mando, sin representantes, sin reproducir ninguna de las estructuras de dominación que pretendemos eliminar, un empujón asambleario donde unas líneas generales, pero con acciones concretas, no impongan estrategias particulares de ningún grupo, donde las decisiones se tomen por consenso de forma activa y con iniciativa, donde el horizonte común sea la superación de la explotación capitalista.
Individualizados, aislados, sin estrategia, no somos nada. Coordinados, debatiendo, discutiendo y tomando la iniciativa, no son nada.
Tenemos la oportunidad de aprovechar el marco que el capital está creando, la degeneración del estado asistencial, la prepotencia militar, el fascismo de estado y el sufrimiento que provoca en la población unas medidas neoliberales que generan el mejor caldo de cultivo para tomar conciencia, comprender el descontento y sus soluciones.
Aún así no es suficiente, comprendiendo nuestra diversidad debemos dirigir los actos que nos unen de forma coordinada, creando plataformas locales permanentes que trabajen por un fin concreto, sin palabrerías, cada paso como parte de una estrategia alcanzable, real, no utópica: la eliminación del capitalismo de nuestras vidas.
¿Por qué Marx?
Emir Sader
Cuando la revista Times hizo una consulta a los lectores para escoger el personaje del siglo XX, asustada con los resultados, hizo correr la noticia de que Hitler estaba en primer lugar, en un desesperado llamado a los lectores para frenar ese acceso de sinceridad de los que se habían pronunciado. Una articulación paralela llevó la victoria a Einstein —en un homenaje inocuo a la ciencia, a partir de la teoría de la relatividad, sobre la cual la mayoría abrumadora de los lectores del Times no entiende el significado. Pero salvaron la cara.

La BBC hizo circular hace algunas semanas la noticia de que Marx lideraba la lista de los mayores filósofos de todos los tiempos en una investigación que estaba realizando, apelando para que alguna articulación paralela evitara esa victoria. La revista The Economist recogió, en el fondo del baúl de los filósofos clásicos, y decidió que aquel que podría hacer frente al barbudo subversivo era... David Hume —tal vez considerando que David podría ser asociado a Beckham y dar popularidad al empirista inglés. Otros apelaron en Wittgenstein, en Kant, Nietzsche y casi en Churchill.
No resultó: Marx fue elegido por los oyentes de la BBC —la vetusta emisora estatal británica, durante el tercer mandato de la tercera “vía” de Tony Blair, bajo el patrocinio teórico de Anthony Giddens— el mayor filósofo de todos los tiempos.
El resultado, imprevisto para los apostadores de la Bolsa de Londres, colocó a Marx en primer lugar, con un 28% de los votos. Es decir, casi uno de cada tres oyentes de la BBC escogió a Marx como el mayor filósofo de todos los tiempos. En segundo, el candidato de The Economist, Hume, con un 12,7%., en tercero, el candidato del The Independent, Wittgenstein, en cuarto Nietzsche, después, por orden, Platón, Kant (candidato del The Guardian), Santo Tomás de Aquino, Sócrates, Aristóteles y, finalmente, Karl Popper.
Bien antes de la BBC, Marx ya había recibido otras consagraciones, como la de Sartre: “El marxismo es la filosofía insuperable de nuestro tiempo”. Sin embargo, desde el fin de la URSS, la derecha se apropió de la idea de que “la rueda de la historia no vuelve hacia tras”, de que el horizonte insuperable de la historia es la economía capitalista de mercado, la democracia liberal y de que la libertad se identifica con “el libre comercio”.
Pasada la euforia del corto ciclo expansivo de la economía de los EUA en los años 90, que tuvo en Davos la Microsoft y el McDonalds sus iconos, después que se dieron cuenta de que las promesas de la nueva “economía” de que el capitalismo a partir del toque de Midas de los ordenadores crecería sin parar eran falacias, algunas publicaciones conservadoras volvieron a dar valor a Marx. Pero, ¡atención! Conforme el capitalismo de mercado se extendía a la zonas inesperadas del mundo —de China a las empresas públicas privatizadas, de la explotación del trabajo esclavo y de niños a la explotación del trabajo de presidiarios— y conforme se revelaba dramáticamente que los análisis de Marx sobre las crisis cíclicas continuaban acompañando el capitalismo como su piel inseparable —de que la crisis, acompañada de los mayores escándalos de su historia económica, de los EUA, la crisis del sudeste asiático, de Brasil, de Argentina, eran solo algunos nuevos ejemplos—, Marx era revalorizado. Pero solo como analista.
Como tantos “marxólogos” o ex-marxistas convertidos a Witgenstein, a Kant o Foucault, se pasó a separar Marx analista del Marx político. Aquel sería rescatado, para intentar prevenir las crisis del capitalismo, para entender fenómenos de productividad del trabajo, para calcular la tasa de explotación de la fuerza de trabajo. Pero el Marx político sería un desastre. Sus “pronósticos” tendrían resultados en quimeras —revolución en el centro del capitalismo— o en desastres —la URSS.
Pero entonces, por qué Marx? ¿Por que fue elegido el mayor filósofo de todos los tiempos, en el país del apóstol fundador del liberalismo, John Locke, por un órgano conservador de prensa?
Porque la obra de Marx sigue siendo el instrumento fundamental para la comprensión del mundo contemporáneo, un siglo y medio después de ser escrita. Tantos que “abandonaron” el marxismo, lo sustituyeron ¿por cual visión del mundo? ¿Que grandes obras fueron producidas por esos refugios alternativos al “marxismo superado”? ¿Cuáles son las visiones del mundo producidas por esos “superadores” del marxismo?
Mientras tanto, es en el marco de los análisis de Marx que se consigue comprensión del mundo contemporáneo, dominado cada vez más por la lógica del capital, de la mercancía, de las crisis cíclicas. Pero también por la lógica de la lucha de clases, cuando el capitalismo liberal reproduce de la forma más aguda las contradicciones entre propietarios del capital y la abrumadora mayoría de la humanidad, que vive de su trabajo. La hegemonía del capital financiero corrompe por dentro la capacidad del capitalismo de imponerse como “fuerza civilizadora”, contrapuesta a la barbarie plebeya de los proletarios.
El reconocimiento de Marx como el mayor filósofo de todos los tiempos solo reafirma con fuerza sus ideas y su método —la dialéctica—, como marcos insuperables de comprensión y de propuesta de transformación revolucionaria del mundo. La lectura de sus obras y su aplicación creadora siguen siendo los instrumentos esenciales de todos los revolucionarios. Sus palabras resuenan con más fuerza que nunca el nuevo siglo: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”
Traducido por Fernando Henríquez
Cuando la revista Times hizo una consulta a los lectores para escoger el personaje del siglo XX, asustada con los resultados, hizo correr la noticia de que Hitler estaba en primer lugar, en un desesperado llamado a los lectores para frenar ese acceso de sinceridad de los que se habían pronunciado. Una articulación paralela llevó la victoria a Einstein —en un homenaje inocuo a la ciencia, a partir de la teoría de la relatividad, sobre la cual la mayoría abrumadora de los lectores del Times no entiende el significado. Pero salvaron la cara.

La BBC hizo circular hace algunas semanas la noticia de que Marx lideraba la lista de los mayores filósofos de todos los tiempos en una investigación que estaba realizando, apelando para que alguna articulación paralela evitara esa victoria. La revista The Economist recogió, en el fondo del baúl de los filósofos clásicos, y decidió que aquel que podría hacer frente al barbudo subversivo era... David Hume —tal vez considerando que David podría ser asociado a Beckham y dar popularidad al empirista inglés. Otros apelaron en Wittgenstein, en Kant, Nietzsche y casi en Churchill.
No resultó: Marx fue elegido por los oyentes de la BBC —la vetusta emisora estatal británica, durante el tercer mandato de la tercera “vía” de Tony Blair, bajo el patrocinio teórico de Anthony Giddens— el mayor filósofo de todos los tiempos.
El resultado, imprevisto para los apostadores de la Bolsa de Londres, colocó a Marx en primer lugar, con un 28% de los votos. Es decir, casi uno de cada tres oyentes de la BBC escogió a Marx como el mayor filósofo de todos los tiempos. En segundo, el candidato de The Economist, Hume, con un 12,7%., en tercero, el candidato del The Independent, Wittgenstein, en cuarto Nietzsche, después, por orden, Platón, Kant (candidato del The Guardian), Santo Tomás de Aquino, Sócrates, Aristóteles y, finalmente, Karl Popper.
Bien antes de la BBC, Marx ya había recibido otras consagraciones, como la de Sartre: “El marxismo es la filosofía insuperable de nuestro tiempo”. Sin embargo, desde el fin de la URSS, la derecha se apropió de la idea de que “la rueda de la historia no vuelve hacia tras”, de que el horizonte insuperable de la historia es la economía capitalista de mercado, la democracia liberal y de que la libertad se identifica con “el libre comercio”.
Pasada la euforia del corto ciclo expansivo de la economía de los EUA en los años 90, que tuvo en Davos la Microsoft y el McDonalds sus iconos, después que se dieron cuenta de que las promesas de la nueva “economía” de que el capitalismo a partir del toque de Midas de los ordenadores crecería sin parar eran falacias, algunas publicaciones conservadoras volvieron a dar valor a Marx. Pero, ¡atención! Conforme el capitalismo de mercado se extendía a la zonas inesperadas del mundo —de China a las empresas públicas privatizadas, de la explotación del trabajo esclavo y de niños a la explotación del trabajo de presidiarios— y conforme se revelaba dramáticamente que los análisis de Marx sobre las crisis cíclicas continuaban acompañando el capitalismo como su piel inseparable —de que la crisis, acompañada de los mayores escándalos de su historia económica, de los EUA, la crisis del sudeste asiático, de Brasil, de Argentina, eran solo algunos nuevos ejemplos—, Marx era revalorizado. Pero solo como analista.
Como tantos “marxólogos” o ex-marxistas convertidos a Witgenstein, a Kant o Foucault, se pasó a separar Marx analista del Marx político. Aquel sería rescatado, para intentar prevenir las crisis del capitalismo, para entender fenómenos de productividad del trabajo, para calcular la tasa de explotación de la fuerza de trabajo. Pero el Marx político sería un desastre. Sus “pronósticos” tendrían resultados en quimeras —revolución en el centro del capitalismo— o en desastres —la URSS.
Pero entonces, por qué Marx? ¿Por que fue elegido el mayor filósofo de todos los tiempos, en el país del apóstol fundador del liberalismo, John Locke, por un órgano conservador de prensa?
Porque la obra de Marx sigue siendo el instrumento fundamental para la comprensión del mundo contemporáneo, un siglo y medio después de ser escrita. Tantos que “abandonaron” el marxismo, lo sustituyeron ¿por cual visión del mundo? ¿Que grandes obras fueron producidas por esos refugios alternativos al “marxismo superado”? ¿Cuáles son las visiones del mundo producidas por esos “superadores” del marxismo?
Mientras tanto, es en el marco de los análisis de Marx que se consigue comprensión del mundo contemporáneo, dominado cada vez más por la lógica del capital, de la mercancía, de las crisis cíclicas. Pero también por la lógica de la lucha de clases, cuando el capitalismo liberal reproduce de la forma más aguda las contradicciones entre propietarios del capital y la abrumadora mayoría de la humanidad, que vive de su trabajo. La hegemonía del capital financiero corrompe por dentro la capacidad del capitalismo de imponerse como “fuerza civilizadora”, contrapuesta a la barbarie plebeya de los proletarios.
El reconocimiento de Marx como el mayor filósofo de todos los tiempos solo reafirma con fuerza sus ideas y su método —la dialéctica—, como marcos insuperables de comprensión y de propuesta de transformación revolucionaria del mundo. La lectura de sus obras y su aplicación creadora siguen siendo los instrumentos esenciales de todos los revolucionarios. Sus palabras resuenan con más fuerza que nunca el nuevo siglo: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”
Traducido por Fernando Henríquez
Las condiciones para un proyecto comunista del siglo XXI
Texto presentado por Corriente Roja en el Congreso del PCE
La doctrina materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y la educación, y, por lo tanto, unos hombres nuevos serán producto de nuevas condiciones y de educación nueva, olvida que son los hombres precisamente, los que alteran las circunstancias, y que también los educadores tienen que ser educados.
Karl Marx. Tesis sobre Feuerbach.
Nos encontramos en un momento en el que, de un modo cada vez más violento y descarnado, las agresiones del capitalismo en su versión neoliberal son sufridas por los trabajadores y las capas populares del Estado Español. Uno de los factores clave que explican la actual hegemonía ideológica del capitalismo se visualiza en la correlación de fuerzas de clase; nos encontramos con unas organizaciones de la teórica izquierda política y sindical que no sólo no son capaces de presentar y desarrollar un proyecto alternativo creíble, sino que ni siquiera tienen la capacidad, y en la mayoría de los casos tampoco la intención, de articular una estrategia mínima de resistencia.
En este marco, la necesidad de un proyecto comunista autónomo se hace más necesario que nunca. El fracaso del proyecto reformista de la socialdemocracia ha quedado demostrado, no solo en nuestro estado, sino a nivel europeo y mundial. El desmantelamiento casi total del llamado Estado del Bienestar y su conversión en un Estado de Guerra Global y Permanente es una buena muestra del proceso de involución que se ha producido incluso en los países del “centro” del sistema. La privatizacion de los servicios públicos es un proceso real que en nuestro país viene impuesto desde la Unión Europea, con el apoyo del grupo socialista. La lucha imperialista por los recursos energéticos, tiene en EEUU, su cara más violenta y arrogante; pero todos los países europeos, incluidos los gobiernos socialdemócratas, tienen estrategias con sus multinacionales: para ganar áreas geoestratégicas de influencia, abrir mercados exteriores a las empresas privadas nacionales, cubrir la demanda energética interna y repatriar las ganancias de estas empresas que operan en los países subdesarrollados que tienen importantes recursos naturales y graves problemas de financiación de su desarrollo económico. En definitiva, no existen alternativas de izquierdas con partidos que apoyan este orden económico internacional.

Pensamos que el objetivo de la superación del capitalismo hacia el socialismo y el comunismo no constituye simplemente una aspiración, sino que nace de las propias contradicciones que el capitalismo no está en condiciones de resolver. El capitalismo ha entrado en el tercer milenio con contradicciones y con expresiones de injusticia social cada vez más acentuadas, fenómenos como la guerra, el racismo, el trabajo esclavo, o el analfabetismo son buena muestra de la dirección del camino emprendido. Un camino que va en un sentido contrario al de la humanización de las relaciones sociales, va en el camino de la barbarie.
Afirmamos, también, la vigencia de la noción de “imperialismo”. El Estado, pese que ha cambiado sus funciones en algunos casos, continúa siendo un elemento clave en el desarrollo del capitalismo y la expansión de las empresas transnacionales. La guerra de Iraq y la continua lucha, tanto en lo estrictamente económico como en lo geoestratégico, entre los principales polos imperialistas, Estados Unidos, Unión Europea y Japón, constituyen un ejemplo incuestionable.
La refundación del proyecto de los comunistas españoles, o lo que es lo mismo, la reconstrucción del proyecto emancipatorio de los trabajadores y los pueblos de nuestro estado, no debe pasar ni por la tentación de renegar del pasado, ni por la de no hacer balance de la historia de nuestro partido ni del movimiento comunista internacional. Seriamos enormemente injustos si despreciáramos el enorme potencial que supone para los comunistas el ejemplo y la tradición de la lucha antifascista y de las experiencias unitarias del siglo XX. Lo seriamos también, si no somos capaces de analizar los motivos que hicieron que “el siglo del comunismo” terminase con la derrota y la práctica desaparición de las experiencias socialistas.
Nosotros estamos convencidos de que el desmoronamiento de la Unión Soviética y de la práctica totalidad del campo socialista no supone, de ningún modo, la cancelación de la necesidad del comunismo ni una derrota ni mucho menos definitiva. Todos los grandes pensadores marxistas, Marx, Engels, Lenin, que constituyen nuestros principales referentes culturales, reflexionaron y sacaron consecuencias de las múltiples derrotas de la clase obrera: 1848, Comuna de París, revolución de 1905. Sin estos análisis y derrotas temporales, grandes triunfos como la gran revolución socialista de Octubre no hubieran sido nunca posibles. Debemos seguir su ejemplo e identificar los errores para no volver a repetirlos.
A la muerte de Lenin, el grupo que resultó vencedor en la lucha por la dirección del partido soviético, encaminó el citado partido, y, por ende, al movimiento comunista internacional, hacia una línea política que fue poco a poco separando la voluntad de las masas de la de sus gobernantes; que destruyó el profundo contenido democrático del concepto “dictadura del proletariado”; que fue gradualmente subordinando el internacionalismo a los intereses del estado soviético; y que, terminó con la vengorzante traición, del pase, con armas y bagajes, de la burocracia dirigente, a las filas del capitalismo.
El divorcio definitivo de esa línea política y de la socialdemocracia, en su actual versión neoliberal, constituye condición indispensable para poder plantear hoy la cuestión del comunismo.
Negamos categóricamente las teorías del revisionismo histórico según las cuales el marxismo mismo lleva en su código genético la tendencia al totalitarismo o a la ausencia de democracia. Es un hecho puntual, pero significativo que en el otoño de 1989, cuando la RDA llegaba a su fin, pintaron con aerosol en el monumento a Marx y Engels en Berlín, las palabras “No Culpables”. No creemos, tampoco, que de haber triunfado el grupo que disputaba por la dirección del estado soviético con el de Stalin, en la lucha desarrollada en los años 20 del pasado siglo, debido a su tendencia al personalismo y a la interpretación dogmática del marxismo, estuviera garantizado un desarrollo de los acontecimientos mucho mejor que el que finalmente se dio.
La única alternativa al burocratismo y a las interpretaciones dogmáticas del marxismo es el desarrollo de la democracia socialista. El rápido abandono de experiencias, muy positivas, como los frentes populares antifascistas y la liquidación en el este europeo de las experiencias de democracia popular supusieron golpes, quizá definitivos, para el movimiento comunista internacional y especialmente para el europeo occidental. Por el contrario, los partidos comunistas occidentales, incluido el español, adoptaron una variante crítica de la línea soviética oficial, que fue el eurocomunismo, y que constituía la aceptación acrítica del liberalismo y del secuestro de la soberanía popular por parte de los parlamentos. Cometieron un error tan evidente como confundir democracia burguesa con democracia socialista. Hoy estamos pagando las consecuencias.
El Partido continúa constituyendo un instrumento esencial para los comunistas. Necesitamos un partido comunista capaz de organizar luchas, de promover conflictos, de desarrollar movimientos, con profundas raíces en la sociedad y en el mundo del trabajo y culturalmente autónomo de las ideologías dominantes: un partido que sea capaz de mantener abierta la perspectiva de la superación del capitalismo. Que ponga en primer plano la necesidad de una política para la organización, especialmente en la formación de cuadros y militantes, y al reforzamiento de las estructuras de base.
La fisonomía del partido debe ser determinada por las características concretas, actuales, de las transformaciones sociales y productivas. La construcción del partido no debe estar ligada a un modelo siempre válido, sino que la validez del modelo es determinada por su capacidad de representar y de ser instrumento adecuado de la idea de transformación que es propia de los comunistas. Cualquier aproximación dogmática al partido, que no parta de su cualidad de instrumento y de su contextualización histórica, es absolutamente errónea.
Si en nuestro país, la versión propia del eurocomunismo encabezada por la dirección liquidacionista de Carrillo, asumiendo la falsa democracia burguesa y renunciando expresamente al cambio revolucionario, asestó el golpe de gracia al proyecto de los comunistas españoles, la única solución consiste en iniciar el camino opuesto. La propuesta comunista sólo tendra unas bases teóricas sólidas si se construye sobre la negación de los pilares ideológicos de las instituciones del sistema. Solo el cuestionamiento del proceso de Transición, la denuncia de la ilegitimidad del régimen monárquico, la ruptura del pacto constitucional, y la denuncia permanente de la falsa identificación del parlamentarismo burgués como expresión de la soberanía popular, y la recuperación de la necesidad de la ruptura democrática pueden abrir el camino de la refundación comunista.
La salida de los comunistas de Izquierda Unida constituye para nosotros condición necesaria e indispensable, pero ni mucho menos suficiente, para el proceso de recuperación del proyecto comunista. No podemos caer en errores idealistas al aproximarnos a la figura del partido como un “fetiche”. El partido comunista será necesario en tanto en cuanto sea útil para los trabajadores y para los oprimidos. No podemos negar la responsabilidad de los dirigentes del PCE, tanto en lo positivo como en lo negativo, en el proceso de creación y desarrollo de IU. Pretender presentarse, por parte de los mismos responsables que han destruido de modo científico y calculado el PCE, como un partido y unos dirigentes que nada tienen que ver con la degeneración de IU es un ejercicio de cinismo difícilmente superable.
Las siglas y la herencia histórica solo tienen un dueño y una legitimidad real, la de aquellos que mantienen la lucha y trabajan sin descanso por el comunismo. Direcciones liquidadoras, como la que terminó con el PSUC, no tienen ningún derecho a traicionar los esfuerzos y los sufrimientos de los miles de militantes comunistas que se dejaron la vida en la pelea sincera por un ideal que pretendía la liberación de todo el genero humano.
Los comunistas españoles necesitamos un partido que trabaje por la reconstrucción de la unidad de clase, por la constitución del sujeto social autónomo y por que la clase trabajadora española vuelva a constituirse en “clase para sí”. Para esto es fundamental que el partido tenga una política definida y autónoma hacia las organizaciones sindicales y hacia el conjunto del movimiento obrero. El partido comunista no debe apoyar ninguna organización sindical incondicionalmente “por tradición”. En la actualidad ni UGT ni CCOO constituyen herramientas eficaces para la defensa de los intereses de los trabajadores, sino todo lo contrario: forman parte y son sostén imprescindible de la estructura de dominación, por lo que el partido debe apoyar todas las experiencias sindicales que se desarrollen bajo premisas democráticas, combativas y de clase. El partido no debe desaprovechar ninguna ocasión para denunciar y combatir con todas sus armas las traiciones de las cúpulas burocráticas de los sindicatos.
Para la reconstrucción de la unidad de clase la integración de los inmigrantes constituye una condición indispensable y fundamental. No se debe contemplar la problemática de los trabajadores inmigrantes como algo ajeno al conjunto de la clase, sino que se debe trabajar por que se consideren parte integrante del conjunto de esta, y por que los trabajadores nativos les consideren unos compañeros de lucha más solo diferenciados por sufrir un grado de explotación más acentuado.
El fenómeno de la precariedad constituye el elemento clave para entender e intentar abordar toda la problemática del movimiento obrero. La subordinación de las direcciones de UGT y CCOO a los intereses de la patronal y la falta de estructuras eficaces para dar respuesta a esta problemática señalan la invalidez de los modelos sindicales vigentes. Unas organizaciones que solo negocian a la baja los intereses de un estrato de la clase cada vez menos numeroso y con edad más avanzada, no están en condiciones de ser herramientas útiles para los nuevos proletarios. Una política comunista consecuente en este tema debe ir encaminada en el apoyo y el aprendizaje de las formas de lucha y autoorganización de los jóvenes. El educador, más que nunca, es necesario que sea educado.
Hablar de partido significa referirse a la clase y a su articulación. Hoy la clase sigue el desarrollo de las fuerzas y asume una forma internacional concretamente y no ideológicamente. Esto significa que todo proceso de organización debe tener bien presente, por lo que respecta a nuestro país, la dimensión europea y su bloque económico, dentro del cual se están determinando los procesos de reorganización de la clase trabajadora.
Un proyecto comunista para el siglo XXI debe ser un proyecto netamente europeísta e internacionalista. Un proyecto que no solo denuncie el Tratado de la Constitución Europea sino que vaya a la raíz del problema e impugne los pilares mismos del modelo capitalista de construcción europea. Una alternativa, que sin dejar de lado la intervención en los espacios institucionales, apueste por la movilización social como eje central para la construcción de una Europa de los trabajadores, los derechos sociales y los pueblos.
Esta alternativa implica la salida del Partido de la Izquierda Europea. Un partido este, que carece de connotaciones de clase y anticapitalistas y que viene marcado por una perspectiva claramente institucionalista. Los comunistas debemos apoyar todas las iniciativas que, a escala europea y mundial, favorezcan una decidida unidad de acción de las fuerzas comunistas y de izquierda anticapitalista y antiimperialista. Un auténtico proyecto internacionalista no puede quedar constreñido a los marcos institucionales, con lo que ello tiene de aceptación del sistema, de la Unión Europea.
La lucha contra el imperialismo y el apoyo a los distintos pueblos que lo enfrentan representa un pilar fundamental para la reconstrucción de un nuevo internacionalismo. En este sentido es necesario redoblar los esfuerzos en apoyo de la revolución cubana, especialmente contra los ataques que se hacen desde posiciones falsamente “progresistas” que deben ser las más firmemente combatidas debido al peligro de confusión que entrañan para los trabajadores. El apoyo y el seguimiento del proceso venezolano deben ocupar también gran parte de nuestros esfuerzos al tratarse de un proceso incipiente, original y especialmente molesto para los intereses imperialistas.
Junto a todo esto, apoyo a la resistencia de los pueblos iraquí y palestino. Nuestra apuesta por la paz no es contradictoria con el apoyo de la resistencia armada, las formas de lucha dependen del contexto en el que se practican: al igual que en el Estado Español hoy es posible practicar la lucha pacífica pese a que en el pasado hubo que empuñar las armas contra el fascismo, los pueblos iraqui y palestino están obligados, debido a una guerra y una ocupación ilegitimas, a mantener una resistencia armada para derrotar a los invasores.
Un partido comunista que beba de las fuentes del marxismo no puede hacer otra que empeñarse en la defensa del derecho de autodeterminación de los pueblos y las naciones de todo el mundo, siempre en un sentido socialista y no exclusivamente territorial, y por supuesto, de los pueblos y naciones del Estado Español. El derecho a la autodeterminación debe ser entendido, en la mejor tradición del Partido Comunista de España, en el sentido leninista del término, esto es, como el derecho de cada uno de esos pueblos o naciones a hacer efectivo su derecho a elegir su futuro, incluida la secesión.
Es necesario que el partido se implique a fondo en la intervención en los movimientos sociales en general, y en el movimiento antiglobalización en particular, como lugar de encuentro privilegiado con los sectores juveniles que acceden a la militancia política desde la militancia en los movimientos. La intervención del partido debe traducirse en el fortalecimiento de los movimientos, en el estudio de sus dinámicas, en la asunción de las formas organizativas más eficaces y en su potenciación. La política de los comunistas en los MMSS debe huir de todo tipo de dirigismo, tanto propio, como de otros grupos que pretendan dominar el movimiento para domesticarlo y rebajar sus contenidos anticapitalistas.
Los comunistas deben, también, contar con una política propia, autónoma y diferenciada en el ámbito local. Este ámbito supone un espacio de intervención en el que los comunistas pueden tener la oportunidad de trabajar en la microfundación del tejido social crítico y se nos presenta como lugar privilegiado para volver a recuperar, mediante el ejemplo, la ligazón, que nunca tuvo que romperse, entre ética y política.
La política local de los comunistas debe basarse en la reconstrucción de lo que muchos de sus dirigentes se empeñaron durantes años en destruir: el tejido asociativo crítico y no domesticado; en la lucha contra la especulación en todas sus formas; en la democracia participativa vinculante y en la exigencia de un comportamiento ético en la actuación de los cargos públicos.
En lo que respecta al aspecto organizativo necesitamos un partido democrático, abierto a la diversidad de opiniones y a la juventud. Un partido permeable que sea capaz de aprender de las experiencias y las formas de organización de los jóvenes y del nuevo precariado. Una organización que sirva para tender puentes y ayudar a los jóvenes a construir la organización comunista eficaz para el futuro.
En esta organización el “control” de los censos no debe ser el objetivo fundamental que determina mayoría y minorías. Es necesario que el debate y las propuestas políticas ocupen la mayor parte de los esfuerzos y desplacen o eliminen las luchas por el poder.
La organización debe tener una estructura adecuada a las condiciones reales de los trabajadores y los jóvenes. Es necesario combinar, huyendo de fórmulas preconcebidas, estructuras tanto en el territorio como en los centros de trabajo y estudio. Unas estructuras, estas, que respondan siempre a las necesidades y a militancias reales y que no reflejen simples estadísticas y “contabilidades creativas”.
El problema de la refundación del comunismo de ningún modo se solventará con un retorno acrítico al pasado. Esta refundación solo será posible por medio de una combinación audaz y prudente a la vez, de análisis y acción. En este camino los militantes de las organizaciones tradicionales deberemos asumir el papel de saber construir los puentes necesarios para que los jóvenes se empeñen en la tarea de la reconstrucción de clase, y que, en este proceso vayan creando, siempre bajo criterios democráticos y no alienados, junto a nosotros, los instrumentos políticos y sindicales necesarios para la defensa de los intereses del conjunto de los trabajadores. Es un camino que merece la pena recorrer y en el que ninguna respuesta ni ninguna solución nos vendrá dada de antemano.
La doctrina materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y la educación, y, por lo tanto, unos hombres nuevos serán producto de nuevas condiciones y de educación nueva, olvida que son los hombres precisamente, los que alteran las circunstancias, y que también los educadores tienen que ser educados.
Karl Marx. Tesis sobre Feuerbach.
Nos encontramos en un momento en el que, de un modo cada vez más violento y descarnado, las agresiones del capitalismo en su versión neoliberal son sufridas por los trabajadores y las capas populares del Estado Español. Uno de los factores clave que explican la actual hegemonía ideológica del capitalismo se visualiza en la correlación de fuerzas de clase; nos encontramos con unas organizaciones de la teórica izquierda política y sindical que no sólo no son capaces de presentar y desarrollar un proyecto alternativo creíble, sino que ni siquiera tienen la capacidad, y en la mayoría de los casos tampoco la intención, de articular una estrategia mínima de resistencia.
En este marco, la necesidad de un proyecto comunista autónomo se hace más necesario que nunca. El fracaso del proyecto reformista de la socialdemocracia ha quedado demostrado, no solo en nuestro estado, sino a nivel europeo y mundial. El desmantelamiento casi total del llamado Estado del Bienestar y su conversión en un Estado de Guerra Global y Permanente es una buena muestra del proceso de involución que se ha producido incluso en los países del “centro” del sistema. La privatizacion de los servicios públicos es un proceso real que en nuestro país viene impuesto desde la Unión Europea, con el apoyo del grupo socialista. La lucha imperialista por los recursos energéticos, tiene en EEUU, su cara más violenta y arrogante; pero todos los países europeos, incluidos los gobiernos socialdemócratas, tienen estrategias con sus multinacionales: para ganar áreas geoestratégicas de influencia, abrir mercados exteriores a las empresas privadas nacionales, cubrir la demanda energética interna y repatriar las ganancias de estas empresas que operan en los países subdesarrollados que tienen importantes recursos naturales y graves problemas de financiación de su desarrollo económico. En definitiva, no existen alternativas de izquierdas con partidos que apoyan este orden económico internacional.
Pensamos que el objetivo de la superación del capitalismo hacia el socialismo y el comunismo no constituye simplemente una aspiración, sino que nace de las propias contradicciones que el capitalismo no está en condiciones de resolver. El capitalismo ha entrado en el tercer milenio con contradicciones y con expresiones de injusticia social cada vez más acentuadas, fenómenos como la guerra, el racismo, el trabajo esclavo, o el analfabetismo son buena muestra de la dirección del camino emprendido. Un camino que va en un sentido contrario al de la humanización de las relaciones sociales, va en el camino de la barbarie.
Afirmamos, también, la vigencia de la noción de “imperialismo”. El Estado, pese que ha cambiado sus funciones en algunos casos, continúa siendo un elemento clave en el desarrollo del capitalismo y la expansión de las empresas transnacionales. La guerra de Iraq y la continua lucha, tanto en lo estrictamente económico como en lo geoestratégico, entre los principales polos imperialistas, Estados Unidos, Unión Europea y Japón, constituyen un ejemplo incuestionable.
La refundación del proyecto de los comunistas españoles, o lo que es lo mismo, la reconstrucción del proyecto emancipatorio de los trabajadores y los pueblos de nuestro estado, no debe pasar ni por la tentación de renegar del pasado, ni por la de no hacer balance de la historia de nuestro partido ni del movimiento comunista internacional. Seriamos enormemente injustos si despreciáramos el enorme potencial que supone para los comunistas el ejemplo y la tradición de la lucha antifascista y de las experiencias unitarias del siglo XX. Lo seriamos también, si no somos capaces de analizar los motivos que hicieron que “el siglo del comunismo” terminase con la derrota y la práctica desaparición de las experiencias socialistas.
Nosotros estamos convencidos de que el desmoronamiento de la Unión Soviética y de la práctica totalidad del campo socialista no supone, de ningún modo, la cancelación de la necesidad del comunismo ni una derrota ni mucho menos definitiva. Todos los grandes pensadores marxistas, Marx, Engels, Lenin, que constituyen nuestros principales referentes culturales, reflexionaron y sacaron consecuencias de las múltiples derrotas de la clase obrera: 1848, Comuna de París, revolución de 1905. Sin estos análisis y derrotas temporales, grandes triunfos como la gran revolución socialista de Octubre no hubieran sido nunca posibles. Debemos seguir su ejemplo e identificar los errores para no volver a repetirlos.
A la muerte de Lenin, el grupo que resultó vencedor en la lucha por la dirección del partido soviético, encaminó el citado partido, y, por ende, al movimiento comunista internacional, hacia una línea política que fue poco a poco separando la voluntad de las masas de la de sus gobernantes; que destruyó el profundo contenido democrático del concepto “dictadura del proletariado”; que fue gradualmente subordinando el internacionalismo a los intereses del estado soviético; y que, terminó con la vengorzante traición, del pase, con armas y bagajes, de la burocracia dirigente, a las filas del capitalismo.
El divorcio definitivo de esa línea política y de la socialdemocracia, en su actual versión neoliberal, constituye condición indispensable para poder plantear hoy la cuestión del comunismo.
Negamos categóricamente las teorías del revisionismo histórico según las cuales el marxismo mismo lleva en su código genético la tendencia al totalitarismo o a la ausencia de democracia. Es un hecho puntual, pero significativo que en el otoño de 1989, cuando la RDA llegaba a su fin, pintaron con aerosol en el monumento a Marx y Engels en Berlín, las palabras “No Culpables”. No creemos, tampoco, que de haber triunfado el grupo que disputaba por la dirección del estado soviético con el de Stalin, en la lucha desarrollada en los años 20 del pasado siglo, debido a su tendencia al personalismo y a la interpretación dogmática del marxismo, estuviera garantizado un desarrollo de los acontecimientos mucho mejor que el que finalmente se dio.
La única alternativa al burocratismo y a las interpretaciones dogmáticas del marxismo es el desarrollo de la democracia socialista. El rápido abandono de experiencias, muy positivas, como los frentes populares antifascistas y la liquidación en el este europeo de las experiencias de democracia popular supusieron golpes, quizá definitivos, para el movimiento comunista internacional y especialmente para el europeo occidental. Por el contrario, los partidos comunistas occidentales, incluido el español, adoptaron una variante crítica de la línea soviética oficial, que fue el eurocomunismo, y que constituía la aceptación acrítica del liberalismo y del secuestro de la soberanía popular por parte de los parlamentos. Cometieron un error tan evidente como confundir democracia burguesa con democracia socialista. Hoy estamos pagando las consecuencias.
El Partido continúa constituyendo un instrumento esencial para los comunistas. Necesitamos un partido comunista capaz de organizar luchas, de promover conflictos, de desarrollar movimientos, con profundas raíces en la sociedad y en el mundo del trabajo y culturalmente autónomo de las ideologías dominantes: un partido que sea capaz de mantener abierta la perspectiva de la superación del capitalismo. Que ponga en primer plano la necesidad de una política para la organización, especialmente en la formación de cuadros y militantes, y al reforzamiento de las estructuras de base.
La fisonomía del partido debe ser determinada por las características concretas, actuales, de las transformaciones sociales y productivas. La construcción del partido no debe estar ligada a un modelo siempre válido, sino que la validez del modelo es determinada por su capacidad de representar y de ser instrumento adecuado de la idea de transformación que es propia de los comunistas. Cualquier aproximación dogmática al partido, que no parta de su cualidad de instrumento y de su contextualización histórica, es absolutamente errónea.
Si en nuestro país, la versión propia del eurocomunismo encabezada por la dirección liquidacionista de Carrillo, asumiendo la falsa democracia burguesa y renunciando expresamente al cambio revolucionario, asestó el golpe de gracia al proyecto de los comunistas españoles, la única solución consiste en iniciar el camino opuesto. La propuesta comunista sólo tendra unas bases teóricas sólidas si se construye sobre la negación de los pilares ideológicos de las instituciones del sistema. Solo el cuestionamiento del proceso de Transición, la denuncia de la ilegitimidad del régimen monárquico, la ruptura del pacto constitucional, y la denuncia permanente de la falsa identificación del parlamentarismo burgués como expresión de la soberanía popular, y la recuperación de la necesidad de la ruptura democrática pueden abrir el camino de la refundación comunista.
La salida de los comunistas de Izquierda Unida constituye para nosotros condición necesaria e indispensable, pero ni mucho menos suficiente, para el proceso de recuperación del proyecto comunista. No podemos caer en errores idealistas al aproximarnos a la figura del partido como un “fetiche”. El partido comunista será necesario en tanto en cuanto sea útil para los trabajadores y para los oprimidos. No podemos negar la responsabilidad de los dirigentes del PCE, tanto en lo positivo como en lo negativo, en el proceso de creación y desarrollo de IU. Pretender presentarse, por parte de los mismos responsables que han destruido de modo científico y calculado el PCE, como un partido y unos dirigentes que nada tienen que ver con la degeneración de IU es un ejercicio de cinismo difícilmente superable.
Las siglas y la herencia histórica solo tienen un dueño y una legitimidad real, la de aquellos que mantienen la lucha y trabajan sin descanso por el comunismo. Direcciones liquidadoras, como la que terminó con el PSUC, no tienen ningún derecho a traicionar los esfuerzos y los sufrimientos de los miles de militantes comunistas que se dejaron la vida en la pelea sincera por un ideal que pretendía la liberación de todo el genero humano.
Los comunistas españoles necesitamos un partido que trabaje por la reconstrucción de la unidad de clase, por la constitución del sujeto social autónomo y por que la clase trabajadora española vuelva a constituirse en “clase para sí”. Para esto es fundamental que el partido tenga una política definida y autónoma hacia las organizaciones sindicales y hacia el conjunto del movimiento obrero. El partido comunista no debe apoyar ninguna organización sindical incondicionalmente “por tradición”. En la actualidad ni UGT ni CCOO constituyen herramientas eficaces para la defensa de los intereses de los trabajadores, sino todo lo contrario: forman parte y son sostén imprescindible de la estructura de dominación, por lo que el partido debe apoyar todas las experiencias sindicales que se desarrollen bajo premisas democráticas, combativas y de clase. El partido no debe desaprovechar ninguna ocasión para denunciar y combatir con todas sus armas las traiciones de las cúpulas burocráticas de los sindicatos.
Para la reconstrucción de la unidad de clase la integración de los inmigrantes constituye una condición indispensable y fundamental. No se debe contemplar la problemática de los trabajadores inmigrantes como algo ajeno al conjunto de la clase, sino que se debe trabajar por que se consideren parte integrante del conjunto de esta, y por que los trabajadores nativos les consideren unos compañeros de lucha más solo diferenciados por sufrir un grado de explotación más acentuado.
El fenómeno de la precariedad constituye el elemento clave para entender e intentar abordar toda la problemática del movimiento obrero. La subordinación de las direcciones de UGT y CCOO a los intereses de la patronal y la falta de estructuras eficaces para dar respuesta a esta problemática señalan la invalidez de los modelos sindicales vigentes. Unas organizaciones que solo negocian a la baja los intereses de un estrato de la clase cada vez menos numeroso y con edad más avanzada, no están en condiciones de ser herramientas útiles para los nuevos proletarios. Una política comunista consecuente en este tema debe ir encaminada en el apoyo y el aprendizaje de las formas de lucha y autoorganización de los jóvenes. El educador, más que nunca, es necesario que sea educado.
Hablar de partido significa referirse a la clase y a su articulación. Hoy la clase sigue el desarrollo de las fuerzas y asume una forma internacional concretamente y no ideológicamente. Esto significa que todo proceso de organización debe tener bien presente, por lo que respecta a nuestro país, la dimensión europea y su bloque económico, dentro del cual se están determinando los procesos de reorganización de la clase trabajadora.
Un proyecto comunista para el siglo XXI debe ser un proyecto netamente europeísta e internacionalista. Un proyecto que no solo denuncie el Tratado de la Constitución Europea sino que vaya a la raíz del problema e impugne los pilares mismos del modelo capitalista de construcción europea. Una alternativa, que sin dejar de lado la intervención en los espacios institucionales, apueste por la movilización social como eje central para la construcción de una Europa de los trabajadores, los derechos sociales y los pueblos.
Esta alternativa implica la salida del Partido de la Izquierda Europea. Un partido este, que carece de connotaciones de clase y anticapitalistas y que viene marcado por una perspectiva claramente institucionalista. Los comunistas debemos apoyar todas las iniciativas que, a escala europea y mundial, favorezcan una decidida unidad de acción de las fuerzas comunistas y de izquierda anticapitalista y antiimperialista. Un auténtico proyecto internacionalista no puede quedar constreñido a los marcos institucionales, con lo que ello tiene de aceptación del sistema, de la Unión Europea.
La lucha contra el imperialismo y el apoyo a los distintos pueblos que lo enfrentan representa un pilar fundamental para la reconstrucción de un nuevo internacionalismo. En este sentido es necesario redoblar los esfuerzos en apoyo de la revolución cubana, especialmente contra los ataques que se hacen desde posiciones falsamente “progresistas” que deben ser las más firmemente combatidas debido al peligro de confusión que entrañan para los trabajadores. El apoyo y el seguimiento del proceso venezolano deben ocupar también gran parte de nuestros esfuerzos al tratarse de un proceso incipiente, original y especialmente molesto para los intereses imperialistas.
Junto a todo esto, apoyo a la resistencia de los pueblos iraquí y palestino. Nuestra apuesta por la paz no es contradictoria con el apoyo de la resistencia armada, las formas de lucha dependen del contexto en el que se practican: al igual que en el Estado Español hoy es posible practicar la lucha pacífica pese a que en el pasado hubo que empuñar las armas contra el fascismo, los pueblos iraqui y palestino están obligados, debido a una guerra y una ocupación ilegitimas, a mantener una resistencia armada para derrotar a los invasores.
Un partido comunista que beba de las fuentes del marxismo no puede hacer otra que empeñarse en la defensa del derecho de autodeterminación de los pueblos y las naciones de todo el mundo, siempre en un sentido socialista y no exclusivamente territorial, y por supuesto, de los pueblos y naciones del Estado Español. El derecho a la autodeterminación debe ser entendido, en la mejor tradición del Partido Comunista de España, en el sentido leninista del término, esto es, como el derecho de cada uno de esos pueblos o naciones a hacer efectivo su derecho a elegir su futuro, incluida la secesión.
Es necesario que el partido se implique a fondo en la intervención en los movimientos sociales en general, y en el movimiento antiglobalización en particular, como lugar de encuentro privilegiado con los sectores juveniles que acceden a la militancia política desde la militancia en los movimientos. La intervención del partido debe traducirse en el fortalecimiento de los movimientos, en el estudio de sus dinámicas, en la asunción de las formas organizativas más eficaces y en su potenciación. La política de los comunistas en los MMSS debe huir de todo tipo de dirigismo, tanto propio, como de otros grupos que pretendan dominar el movimiento para domesticarlo y rebajar sus contenidos anticapitalistas.
Los comunistas deben, también, contar con una política propia, autónoma y diferenciada en el ámbito local. Este ámbito supone un espacio de intervención en el que los comunistas pueden tener la oportunidad de trabajar en la microfundación del tejido social crítico y se nos presenta como lugar privilegiado para volver a recuperar, mediante el ejemplo, la ligazón, que nunca tuvo que romperse, entre ética y política.
La política local de los comunistas debe basarse en la reconstrucción de lo que muchos de sus dirigentes se empeñaron durantes años en destruir: el tejido asociativo crítico y no domesticado; en la lucha contra la especulación en todas sus formas; en la democracia participativa vinculante y en la exigencia de un comportamiento ético en la actuación de los cargos públicos.
En lo que respecta al aspecto organizativo necesitamos un partido democrático, abierto a la diversidad de opiniones y a la juventud. Un partido permeable que sea capaz de aprender de las experiencias y las formas de organización de los jóvenes y del nuevo precariado. Una organización que sirva para tender puentes y ayudar a los jóvenes a construir la organización comunista eficaz para el futuro.
En esta organización el “control” de los censos no debe ser el objetivo fundamental que determina mayoría y minorías. Es necesario que el debate y las propuestas políticas ocupen la mayor parte de los esfuerzos y desplacen o eliminen las luchas por el poder.
La organización debe tener una estructura adecuada a las condiciones reales de los trabajadores y los jóvenes. Es necesario combinar, huyendo de fórmulas preconcebidas, estructuras tanto en el territorio como en los centros de trabajo y estudio. Unas estructuras, estas, que respondan siempre a las necesidades y a militancias reales y que no reflejen simples estadísticas y “contabilidades creativas”.
El problema de la refundación del comunismo de ningún modo se solventará con un retorno acrítico al pasado. Esta refundación solo será posible por medio de una combinación audaz y prudente a la vez, de análisis y acción. En este camino los militantes de las organizaciones tradicionales deberemos asumir el papel de saber construir los puentes necesarios para que los jóvenes se empeñen en la tarea de la reconstrucción de clase, y que, en este proceso vayan creando, siempre bajo criterios democráticos y no alienados, junto a nosotros, los instrumentos políticos y sindicales necesarios para la defensa de los intereses del conjunto de los trabajadores. Es un camino que merece la pena recorrer y en el que ninguna respuesta ni ninguna solución nos vendrá dada de antemano.
La refundación en el ciberespacio
Rafael Plá López / jul-ago 05
Cuando esto se publique en papel, el XVII Congreso del PCE ya se habrá realizado. Pero las cuestiones aquí planteadas no habrán perdido suvigencia.
El camarada Julio Anguita ha venido proponiendo una refundación del partido comunista. Esa expresión podía resultar confusa: el PCE, a diferencia del PCI, nunca se ha disuelto, por lo que no puede ser "refundado" en sentido estricto. Pero cabe entender que Anguita hablaba de desarrollar una nueva forma de organizanos los comunistas, desde el PCE, pero superando viejas estructuras y métodos.
Lo cierto es que la nueva forma de organizarnos, en estrecha relación con los movimientos sociales alternativos, supone una estructura en red que vaya más allá de las relaciones "verticales" entre la "base" y la "dirección". Pero dicha estructura en red se viene desarrollando desde hace tiempo en el ciberespacio a través de Internet y de iniciativas diversas como la misma RedRoja auspiciada desde el Partido.
Una tal estructura en red nos permite compartir informaciones y reflexiones en tiempo real y difundir todo tipo de iniciativas, configurando así una forma de organización que en bastentes sentidos es mucho más eficiente que las formas clásicas de organización partidaria. Pero una estructura en red a través de Internet se rige por reglas propias, una de las cuales es su carácter difuso y la ausencia de fronteras definidas, ni partidarias ni territoriales: en el correspondiente intercambio de información y propuestas participan de una forma natural personas y colectivos vinculados a distintas organizaciones políticas y sociales y residentes en cualquier parte del mundo. Recalquemos que "difuso" no signfica "liviano": por el contrario, el entrecruzamiento de múltiples conexiones puede generar una estructura mucho más sólida que la clásica organización piramidal. Tal estructura, como hemos señalado en otras ocasiones, favorece la integración a través de un debate abierto, al contrario de la tendencia a la escisión a la que tendían las divergencias en las formas clásicas de organización centralizada.
En todo caso, debemos entender lo anterior como un proceso: las nuevas estructuras en red no excluyen, y no excluirán durante bastante tiempo, el funcionamiento regular del Partido que posibilite las decisiones colectivas democráticas en las reuniones presenciales de sus órganos. Pero pueden complementarlo evitando el anquilosamiento y la constricción de los debates en compartimientos estancos, al tiempo que ser una vía para conseguir un Partido que, según la metáfora maoista, se mueva entre el pueblo como pez en el agua. Tan sólo que el agua, en nuestro caso, la constituyen tanto los movimientos sociales como el ciberespacio.
mundo-obrero@pce.es
Cuando esto se publique en papel, el XVII Congreso del PCE ya se habrá realizado. Pero las cuestiones aquí planteadas no habrán perdido suvigencia.
El camarada Julio Anguita ha venido proponiendo una refundación del partido comunista. Esa expresión podía resultar confusa: el PCE, a diferencia del PCI, nunca se ha disuelto, por lo que no puede ser "refundado" en sentido estricto. Pero cabe entender que Anguita hablaba de desarrollar una nueva forma de organizanos los comunistas, desde el PCE, pero superando viejas estructuras y métodos.
Lo cierto es que la nueva forma de organizarnos, en estrecha relación con los movimientos sociales alternativos, supone una estructura en red que vaya más allá de las relaciones "verticales" entre la "base" y la "dirección". Pero dicha estructura en red se viene desarrollando desde hace tiempo en el ciberespacio a través de Internet y de iniciativas diversas como la misma RedRoja auspiciada desde el Partido.
Una tal estructura en red nos permite compartir informaciones y reflexiones en tiempo real y difundir todo tipo de iniciativas, configurando así una forma de organización que en bastentes sentidos es mucho más eficiente que las formas clásicas de organización partidaria. Pero una estructura en red a través de Internet se rige por reglas propias, una de las cuales es su carácter difuso y la ausencia de fronteras definidas, ni partidarias ni territoriales: en el correspondiente intercambio de información y propuestas participan de una forma natural personas y colectivos vinculados a distintas organizaciones políticas y sociales y residentes en cualquier parte del mundo. Recalquemos que "difuso" no signfica "liviano": por el contrario, el entrecruzamiento de múltiples conexiones puede generar una estructura mucho más sólida que la clásica organización piramidal. Tal estructura, como hemos señalado en otras ocasiones, favorece la integración a través de un debate abierto, al contrario de la tendencia a la escisión a la que tendían las divergencias en las formas clásicas de organización centralizada.
En todo caso, debemos entender lo anterior como un proceso: las nuevas estructuras en red no excluyen, y no excluirán durante bastante tiempo, el funcionamiento regular del Partido que posibilite las decisiones colectivas democráticas en las reuniones presenciales de sus órganos. Pero pueden complementarlo evitando el anquilosamiento y la constricción de los debates en compartimientos estancos, al tiempo que ser una vía para conseguir un Partido que, según la metáfora maoista, se mueva entre el pueblo como pez en el agua. Tan sólo que el agua, en nuestro caso, la constituyen tanto los movimientos sociales como el ciberespacio.
mundo-obrero@pce.es
Aznar, Bush y el golpe de Estado en Mauritania
Pascual Serrano
Ayer tres de agosto un grupo de militares aprovechó la ausencia del presidente de Mauritania, Sidi Ahmed Uld Taya, , quien había salido del país para asistir a los funerales del rey Fahd de Arabia Saudí, para dar un golpe de Estado y tomar el control del país.
Dos reacciones inmediatas llaman la atención. La primera, la del ex presidente español, José María Aznar, quien, como presidente de la Internacional Demócrata de Centro (IDC), expresa su “más enérgica condena” y pide que se “investigue y persiga a los promotores del golpe”. La segunda, del presidente de Estados Unidos George W. Bush, quien, además de condenar el golpe, hizo un llamamiento al fin de la violencia y al retorno pacífico del gobierno depuesto. Casualmente son los dos dirigentes que conspiraron para llevar adelante un golpe de Estado contra Venezuela en abril del año 2002. Este, en cambio, parece que no es de su gusto.
Una de las cosas que se aprende en política internacional es que cuando se quiere conocer un gobierno, lo más rápido es buscar quienes son sus amigos y quienes son sus enemigos.
Sidi Ahmed Uld Taya llega a la presidencia de Mauritania en 1984 tras un golpe de Estado contra Mohammed Khuna uld Haidalla. En un principio mantuvo estrechos lazos con la ideología baasista (nacionalismo árabe), al igual que Sadam Hussein, hasta el punto que se dijo que la aviación iraquí llegó a refugiarse en Mauritania durante la primera Guerra del Golfo. Pronto el presidente golpista comprobó que no le iría bien por ese camino y comenzó a “rectificar”. Ya en 1999 cerró la embajada iraquí en su país y reconoció al Estado de Israel. Junto a Egipto y Jordania serían los únicos países que tienen relaciones con el estado hebreo.
Asimismo, Mauritania reforzó la cooperación militar con Estados Unidos en el marco de la “guerra contra el terror”. Ello se tradujo en la detención en abril de 2005 de varias personas, incluida un periodista de Al Yazzira. Todos ellos, según Amnistía Internacional, “están recluidos en régimen de incomunicación, en un lugar desconocido en el que corren peligro de ser sometidos a tortura o malos tratos”. Más méritos para el presidente.
El derrocado gobernante se ha mantenido hasta ayer en el poder ganando fraudulentamente las elecciones de 1992, 1997 y 2003. Todos los intentos, tanto democráticos como militares, por desplazarlo han sido aplastados brutalmente. El 8 de junio de 2003 fracasó un golpe de Estado que provocó numerosas detenciones. En agosto de 2004 el ministerio de Defensa anunció otra oleada de detenciones argumentado un nuevo complot para derrocar al gobierno.
En octubre de 2004, Amnistía Internacional denunció la detención de varias personas consideradas presos de conciencia. El día del juicio se detuvo también a sus familiares cuando se disponían a asistir a la vista, acusadas de distribuir folletos. AI también denunció “torturas y malos tratos” a los detenidos relacionados con las tramas golpistas de 2003 y las supuestas conspiraciones de 2004.
En cuanto a la oposición democrática no ha corrido mejor suerte. En abril de 2004 el ministro de Interior se negó a reconocer oficialmente al Partido de la Convergencia Democrática, creado por los socios del ex presidente Haidalla.
En las elecciones del 7 de noviembre de 2003 se presentaron seis candidatos, entre ellos el derrocado Khuna uld Haidalla. La víspera de la votación fue detenido junto a todos su equipo, fue detenido al día siguiente para ser nuevamente encarcelado acusado de atentar contra la seguridad del Estado. En diciembre fue condenado a cinco años de prisión. Junto a él se juzgó también a otras 180 personas. La Federación Internacional de Ligas de los Derechos Humanos denunció “numerosas violaciones del derecho a un juicio justo”. Amnistía Internacional reflejó en su informe anual que se los acusados estuvieron recluidos en “régimen de incomunicación durante meses y se torturó a alguno de ellos”. Asimismo, “no se respetó el derecho a un juicio justo, y el presidente del tribunal intimidó seriamente a los abogados defensores, dos de los cuales estuvieron detenidos durante un breve periodo”.
Respecto a los derechos sociales basta reseñar que en agosto de 2004, el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial expresó su preocupación por la persistencia de prácticas esclavistas en Mauritania, a pesar de que la esclavitud se había abolido hacía 23 años.
La situación para regenerar el país estaba tan bloqueada que, tras el golpe de Estado, el portavoz del Forum de la oposición mauritana en el exilio ha declarado a Efe que “nos felicitamos, es un gran día para Mauritania salir del yugo de Taya y enterrar definitivamente veinte años de capa de plomo”. Añadió que “por primera vez en d6s décadas, hay una verdadera esperanza de reconciliación nacional, de respeto de los derechos humanos y de organización de elecciones libres y democráticas, de una vida democrática, plural y abierta”. Recordó también que los militares sublevados han dado un plazo de dos años para convocar elecciones libres, democráticas y plurales y que no ha habido derramamiento de sangre.
Igualmente, el secretario general del observatorio mauritano de Derechos Humanos, había declarado también a Efe desde París que se felicitaba por la caída del “dictador Taya” y expresaba su “expresaba la esperanza de que los militares estén a la altura de las esperanzas del pueblo mauritano y organicen rápidamente elecciones transparentes”.
Parece que la interpretación de la oposición y los organismos de derechos humanos es diametralmente opuesta a la de Aznar y Bush. Para el ex presidente español el gobernante derrocado merecía todo su reconocimiento hasta el punto de que su partido, el Partido Republicano Demócrata y Social (PRDS) es miembro de la Internacional Demócrata de Centro que preside Aznar. El ex presidente español ha reiterado a las pocas horas del golpe el apoyo de la organización que preside al PRDS.
Y es que, aunque Mauritania sea hoy un país mísero y empobrecido con una tasa de analfabetismo del 59 por ciento y una esperanza de vida de 51 años, el próximo año se unirá al círculo de países africanos exportadores de petróleo. Entre el yacimiento que se comenzó a explotar el pasado año en Chinguetti y el que se espera este o el que viene en Tifo, la producción petrolera del país podría alcanzar los 165.000 barriles al día, similar a la de Costa de Marfil y Guinea Ecuatorial. De hecho, según las estadísticas del FMI, el PIB del país ha crecido un 40 % en los últimos diez años. La ausencia de mecanismos de control económico y la corrupción imperante convierten a Mauritania en una codiciada presa para las multinacionales cuando comience la extracción masiva de oro negro. A todo ello, le podemos añadir su importancia estratégica para España por su proximidad al Sahara y a las islas Canarias.
Ni Bush ni Aznar pueden dejar abandonado al amigo rico de Africa por muchas violaciones de derechos humanos y fraudes electorales que organice. O sí, todo depende de la política que adopten los nuevos militares que acaban de tomar el poder y sobretodo de lo que faciliten el acceso de los recursos del país a las corporaciones.
Ayer tres de agosto un grupo de militares aprovechó la ausencia del presidente de Mauritania, Sidi Ahmed Uld Taya, , quien había salido del país para asistir a los funerales del rey Fahd de Arabia Saudí, para dar un golpe de Estado y tomar el control del país.
Dos reacciones inmediatas llaman la atención. La primera, la del ex presidente español, José María Aznar, quien, como presidente de la Internacional Demócrata de Centro (IDC), expresa su “más enérgica condena” y pide que se “investigue y persiga a los promotores del golpe”. La segunda, del presidente de Estados Unidos George W. Bush, quien, además de condenar el golpe, hizo un llamamiento al fin de la violencia y al retorno pacífico del gobierno depuesto. Casualmente son los dos dirigentes que conspiraron para llevar adelante un golpe de Estado contra Venezuela en abril del año 2002. Este, en cambio, parece que no es de su gusto.
Una de las cosas que se aprende en política internacional es que cuando se quiere conocer un gobierno, lo más rápido es buscar quienes son sus amigos y quienes son sus enemigos.
Sidi Ahmed Uld Taya llega a la presidencia de Mauritania en 1984 tras un golpe de Estado contra Mohammed Khuna uld Haidalla. En un principio mantuvo estrechos lazos con la ideología baasista (nacionalismo árabe), al igual que Sadam Hussein, hasta el punto que se dijo que la aviación iraquí llegó a refugiarse en Mauritania durante la primera Guerra del Golfo. Pronto el presidente golpista comprobó que no le iría bien por ese camino y comenzó a “rectificar”. Ya en 1999 cerró la embajada iraquí en su país y reconoció al Estado de Israel. Junto a Egipto y Jordania serían los únicos países que tienen relaciones con el estado hebreo.
Asimismo, Mauritania reforzó la cooperación militar con Estados Unidos en el marco de la “guerra contra el terror”. Ello se tradujo en la detención en abril de 2005 de varias personas, incluida un periodista de Al Yazzira. Todos ellos, según Amnistía Internacional, “están recluidos en régimen de incomunicación, en un lugar desconocido en el que corren peligro de ser sometidos a tortura o malos tratos”. Más méritos para el presidente.
El derrocado gobernante se ha mantenido hasta ayer en el poder ganando fraudulentamente las elecciones de 1992, 1997 y 2003. Todos los intentos, tanto democráticos como militares, por desplazarlo han sido aplastados brutalmente. El 8 de junio de 2003 fracasó un golpe de Estado que provocó numerosas detenciones. En agosto de 2004 el ministerio de Defensa anunció otra oleada de detenciones argumentado un nuevo complot para derrocar al gobierno.
En octubre de 2004, Amnistía Internacional denunció la detención de varias personas consideradas presos de conciencia. El día del juicio se detuvo también a sus familiares cuando se disponían a asistir a la vista, acusadas de distribuir folletos. AI también denunció “torturas y malos tratos” a los detenidos relacionados con las tramas golpistas de 2003 y las supuestas conspiraciones de 2004.
En cuanto a la oposición democrática no ha corrido mejor suerte. En abril de 2004 el ministro de Interior se negó a reconocer oficialmente al Partido de la Convergencia Democrática, creado por los socios del ex presidente Haidalla.
En las elecciones del 7 de noviembre de 2003 se presentaron seis candidatos, entre ellos el derrocado Khuna uld Haidalla. La víspera de la votación fue detenido junto a todos su equipo, fue detenido al día siguiente para ser nuevamente encarcelado acusado de atentar contra la seguridad del Estado. En diciembre fue condenado a cinco años de prisión. Junto a él se juzgó también a otras 180 personas. La Federación Internacional de Ligas de los Derechos Humanos denunció “numerosas violaciones del derecho a un juicio justo”. Amnistía Internacional reflejó en su informe anual que se los acusados estuvieron recluidos en “régimen de incomunicación durante meses y se torturó a alguno de ellos”. Asimismo, “no se respetó el derecho a un juicio justo, y el presidente del tribunal intimidó seriamente a los abogados defensores, dos de los cuales estuvieron detenidos durante un breve periodo”.
Respecto a los derechos sociales basta reseñar que en agosto de 2004, el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial expresó su preocupación por la persistencia de prácticas esclavistas en Mauritania, a pesar de que la esclavitud se había abolido hacía 23 años.
La situación para regenerar el país estaba tan bloqueada que, tras el golpe de Estado, el portavoz del Forum de la oposición mauritana en el exilio ha declarado a Efe que “nos felicitamos, es un gran día para Mauritania salir del yugo de Taya y enterrar definitivamente veinte años de capa de plomo”. Añadió que “por primera vez en d6s décadas, hay una verdadera esperanza de reconciliación nacional, de respeto de los derechos humanos y de organización de elecciones libres y democráticas, de una vida democrática, plural y abierta”. Recordó también que los militares sublevados han dado un plazo de dos años para convocar elecciones libres, democráticas y plurales y que no ha habido derramamiento de sangre.
Igualmente, el secretario general del observatorio mauritano de Derechos Humanos, había declarado también a Efe desde París que se felicitaba por la caída del “dictador Taya” y expresaba su “expresaba la esperanza de que los militares estén a la altura de las esperanzas del pueblo mauritano y organicen rápidamente elecciones transparentes”.
Parece que la interpretación de la oposición y los organismos de derechos humanos es diametralmente opuesta a la de Aznar y Bush. Para el ex presidente español el gobernante derrocado merecía todo su reconocimiento hasta el punto de que su partido, el Partido Republicano Demócrata y Social (PRDS) es miembro de la Internacional Demócrata de Centro que preside Aznar. El ex presidente español ha reiterado a las pocas horas del golpe el apoyo de la organización que preside al PRDS.
Y es que, aunque Mauritania sea hoy un país mísero y empobrecido con una tasa de analfabetismo del 59 por ciento y una esperanza de vida de 51 años, el próximo año se unirá al círculo de países africanos exportadores de petróleo. Entre el yacimiento que se comenzó a explotar el pasado año en Chinguetti y el que se espera este o el que viene en Tifo, la producción petrolera del país podría alcanzar los 165.000 barriles al día, similar a la de Costa de Marfil y Guinea Ecuatorial. De hecho, según las estadísticas del FMI, el PIB del país ha crecido un 40 % en los últimos diez años. La ausencia de mecanismos de control económico y la corrupción imperante convierten a Mauritania en una codiciada presa para las multinacionales cuando comience la extracción masiva de oro negro. A todo ello, le podemos añadir su importancia estratégica para España por su proximidad al Sahara y a las islas Canarias.
Ni Bush ni Aznar pueden dejar abandonado al amigo rico de Africa por muchas violaciones de derechos humanos y fraudes electorales que organice. O sí, todo depende de la política que adopten los nuevos militares que acaban de tomar el poder y sobretodo de lo que faciliten el acceso de los recursos del país a las corporaciones.
NO A LA MONARQUIA DE FRANCO, SI AL PODER POPULAR Y DEMOCRATICO
Manifiesto del Movimiento Popular Contra la Monarquía
Se cumplen 30 años de la designación por el dictador de su heredero, ?La Monarquía de Juan Carlos I?, prorrogando de este modo el golpe de estado de 1936 contra la II República.
No aceptamos una monarquía instaurada por un dictador que obtuvo y mantuvo el poder mediante un golpe fascista, una guerra civil, cientos de miles de asesinatos en la posguerra y cuarenta años de brutal represión.
No aceptamos una monarquía creada para garantizar la continuidad de las estructuras de dominación oligárquica de la economía que desde el franquismo a través de la transición sin ruptura se impuso al pueblo.
No aceptamos a un rey que juró los Fundamentales del Movimiento.
No aceptamos una monarquía impuesta por una falsa transición que, con la complicidad de las cúpulas de los partidos supuestamente de izquierdas, usurpó el derecho popular a decidir la forma de Estado a instaurar tras la vulneración la legalidad democrática republicana.
No aceptamos una monarquía cuya expresión explícita es la Constitución antidemocrática de 1978. No aceptamos un Rey como Jefe del Estado que además se vincula y se subordina al imperialismo, aprobando las bases yankis
en nuestro territorio, pidiendo el sí a la OTAN y apoyando la Consiutución Europea, tan profundamente antidemocrática y antipopular.
No aceptamos una monarquía que es el emblema de quinientos años de expolio y exterminio en Latinoamérica por medio de la guerra de invasión y conquistas, como hoy hacen los invasores norteamericanos en Irak o Afganistán;
un expolio y un exterminio históricos que hoy se prolongan en las masacres auspiciadas por las multinacionales españolas en estrecha colaboración con las estadounidenses.
Propugnamos la reconstrucción de una izquierda digna de ese nombre y capaz de reanudar el proyecto histórico emancipatorio , frente a la Monarquía heredera y personificadora de privilegios e injusticias retrógradas e inaceptables; un proyecto, sustendado en la soberanía popular, la democracia directa y la libre determinación de los pueblos; proyecto truncado por una falsa transición, una Constitución fraudulenta y una monarquía impuesta.
El heroico legado de lucha contra la opresión y de logros sociales de las generaciones que nos precedieron, solo podrán reclamarlo quienes reivindiquen sus objetivos y actualicen su lucha.
Madrid 1 de Agosto del 2005
Se cumplen 30 años de la designación por el dictador de su heredero, ?La Monarquía de Juan Carlos I?, prorrogando de este modo el golpe de estado de 1936 contra la II República.
No aceptamos una monarquía instaurada por un dictador que obtuvo y mantuvo el poder mediante un golpe fascista, una guerra civil, cientos de miles de asesinatos en la posguerra y cuarenta años de brutal represión.
No aceptamos una monarquía creada para garantizar la continuidad de las estructuras de dominación oligárquica de la economía que desde el franquismo a través de la transición sin ruptura se impuso al pueblo.
No aceptamos a un rey que juró los Fundamentales del Movimiento.
No aceptamos una monarquía impuesta por una falsa transición que, con la complicidad de las cúpulas de los partidos supuestamente de izquierdas, usurpó el derecho popular a decidir la forma de Estado a instaurar tras la vulneración la legalidad democrática republicana.
No aceptamos una monarquía cuya expresión explícita es la Constitución antidemocrática de 1978. No aceptamos un Rey como Jefe del Estado que además se vincula y se subordina al imperialismo, aprobando las bases yankis
en nuestro territorio, pidiendo el sí a la OTAN y apoyando la Consiutución Europea, tan profundamente antidemocrática y antipopular.
No aceptamos una monarquía que es el emblema de quinientos años de expolio y exterminio en Latinoamérica por medio de la guerra de invasión y conquistas, como hoy hacen los invasores norteamericanos en Irak o Afganistán;
un expolio y un exterminio históricos que hoy se prolongan en las masacres auspiciadas por las multinacionales españolas en estrecha colaboración con las estadounidenses.
Propugnamos la reconstrucción de una izquierda digna de ese nombre y capaz de reanudar el proyecto histórico emancipatorio , frente a la Monarquía heredera y personificadora de privilegios e injusticias retrógradas e inaceptables; un proyecto, sustendado en la soberanía popular, la democracia directa y la libre determinación de los pueblos; proyecto truncado por una falsa transición, una Constitución fraudulenta y una monarquía impuesta.
El heroico legado de lucha contra la opresión y de logros sociales de las generaciones que nos precedieron, solo podrán reclamarlo quienes reivindiquen sus objetivos y actualicen su lucha.
Madrid 1 de Agosto del 2005
Debate sobre Lenin-18 de agosto a las 19:30h. (c/ Comtessa de Sobradiel 7, Barcelona).
PSUC Barcelona
¿Y si Lenin fuera hoy tan atacado no tanto porque su aportación sea
obsoleta, sino porque fue uno de los pocos que consiguió derribar al
capitalismo? El odio que los estratos privilegiados exhiben contra él,
¿no provendrá de que, a diferencia de otros programas políticos, el
legado de Lenin continúa siendo peligroso para el sistema? ¿La crítica
socialista ha sido superada por la evolución del capitalismo o los
análisis socialistas sobre el capitalismo se han cumplido y es la
extraordinaria brutalidad del capital del siglo XXI la que ha hecho
–por el momento- entrar en crisis al socialismo?
Lo debatimos el jueves 18 de agosto a las 19:30h. en la sede central
del PSUC Viu (c/ Comtessa de Sobradiel 7, Barcelona).
No cerramos en agosto: son muchos los que ya no tienen vacaciones y es
un excelente momento para la discusión. El debate está abierto a
todos: miembros del PSUC Viu y la JC de los diferentes territorios y
sectores, simpatizantes, independientes e integrantes de otras
organizaciones políticas o asociaciones.
Comité de Barcelona del PSUC Viu
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Materiales para el Debate sobre Lenin:
Repetir Lenin
Slavoj Zizek
Introducción: Entre las dos revoluciones
La primera reacción pública ante la idea de reactualizar a Lenin es, claro, un ataque de risa sarcástica: Marx vale, hoy en día incluso en Wall Street hay gente que le adora -Marx el poeta de las mercancías, Marx el que proporcionó perfectas descripciones de la dinámica capitalista, Marx el que retrató la alienación y reificación de nuestras vidas cotidianas-, pero Lenin, no, ¡no puedes ir en serio! ¿No representa Lenin precisamente el FRACASO a la hora de poner en práctica el Marxismo, la gran catástrofe que dejó huella en la política mundial de todo el siglo XX, el experimento de Socialismo Real que culminó en una dictadura económicamente ineficaz? De modo que, de haber algún consenso en (lo que queda de) la izquierda radical de hoy en día, éste estriba en la idea de que, para resucitar el proyecto político radical, habría que dejar atrás el legado leninista: la inquebrantable atención a la lucha de clases, el partido como forma privilegiada de organización, la toma revolucionaria y violenta del poder, la consiguiente «dictadura del proletariado». ¿no constituyen todos estos «conceptos-zombi» que hay que abandonar si la izquierda quiere tener alguna oportunidad bajo las condiciones del capitalismo tardío «posindustrial»?
El problema con este argumento aparentemente convincente es que suscribe con demasiada facilidad la imagen heredada de un Lenin, sabio dirigente revolucionario, que, después de formular las coordenadas básicas de su pensamiento y práctica en el ¿Qué hacer?, se limitó a aplicarlas consiguiente e implacablemente. ¿Y si hubiera otra historia que contar sobre Lenin? Es cierto que la izquierda de hoy en día está atravesando una experiencia devastadora del fin de toda una época de movimiento progresista, una experiencia que la obliga a reinventar las coordenadas básicas de su proyecto -sin embargo, una experiencia exactamente homóloga fue la que dio origen al leninismo. Recuerden la conmoción de Lenin cuando, en otoño de 1914, todos los partidos socialdemócratas europeos (con la honorable excepción de los bolcheviques rusos y de los socialdemócratas serbios) adoptaron la «línea patriótica» -Lenin llegó a pensar que el número de Vorwaerts, el diario de la socialdemocracia alemana, que informaba de cómo los socialdemócratas habían votado en el Reichstag a favor de los créditos militares era una falsificación de la policía secreta rusa destinada a engañar a los obreros rusos. En aquella época del conflicto militar que dividió en dos el continente europeo, ¡qué difícil era rechazar la idea de que había que tomar partido en este conflicto y luchar contra el «fervor patriótico» en el propio país! ¡Cuántas grandes cabezas (incluida la de Freud) sucumbieron a la tentación nacionalista, aunque sólo fuera por un par de semanas!
Esta conmoción de 1914 fue -por expresarlo en palabras de Alain Badiou- un desastre, una catástrofe en la que desapareció un mundo entero: no sólo la idílica fe burguesa en el progreso, sino TAMBIÉN el movimiento socialista que la acompañaba. El propio Lenin (el Lenin de ¿Qué hacer?) perdió el suelo bajo los pies -no hay, en su reacción desesperada, ninguna satisfacción, ningún «¡os lo dije!». ESTE momento de Verzweiflung [desesperación], ESTA catástrofe abrió el escenario para el acontecimiento leninista, para romper el historicismo evolutivo de la Segunda Internacional -y sólo Lenin estuvo a la altura de esta apertura, sólo él articuló la Verdad de la catástrofe. En este momento de desesperación nació el Lenin que, dando un rodeo por la atenta lectura de la Lógica de Hegel, fue capaz de identificar la oportunidad única de revolución. Resulta crucial hacer hincapié en esta relevancia de la «alta teoría» para la lucha política más concreta hoy, cuando hasta a un intelectual tan comprometido como Noam Chomsky le gusta recalcar la poca importancia que tiene el conocimiento teórico para la lucha política progresista: ¿de qué sirve estudiar grandes textos filosóficos y socioteóricos para la lucha de hoy en día contra el modelo neoliberal de globalización? ¿No estamos tratando o bien hechos evidentes (que no hay más que hacer públicos, algo que Chomsky está haciendo en sus numerosos textos políticos) o bien de una complejidad tan incomprensible que no podemos entender nada? Contra esta tentación antiteórica, no basta con llamar la atención sobre la gran cantidad de presupuestos teóricos existentes acerca de la libertad, el poder y la sociedad, que abundan también en los textos políticos de Chomsky; cabe sostener que es más importante ver cómo, hoy en día, quizá por primera vez en la historia de la humanidad, nuestra experiencia cotidiana (de la biogenética, la ecología, el ciberespacio y la realidad virtual) nos obliga a TODOS a enfrentarnos a los temas filosóficos esenciales sobre la naturaleza de la libertad y la identidad humana, etc. Volviendo a Lenin, su El Estado y la revolución es el correlato estricto de esta experiencia devastadora de 1914 -la absoluta implicación subjetiva de Lenin en ella queda clara desde su célebre carta a Kamanev de Julio de 1917:
«Entre nous [entre nosotros]: si me matan, te pido que publiques mi cuaderno "El marxismo y el Estado" (que abandoné en Estocolmo). Está forrado con una cubierta azul. Se trata de una recopilación de todas las citas de Marx y Engels, así como de Kautsky contra Pannekoek. Hay una serie de observaciones y notas, formulaciones. Creo que con una semana de trabajo se podría publicar. Lo considero imp. porque no sólo Plejanov, sino también Kautsky lo entendieron mal. Condición: todo esto es entre nous»[1].
La implicación existencial es aquí extrema, y el núcleo de la «utopía» leninista surge a partir de las cenizas de la catástrofe de 1914, en su ajuste de cuentas con la ortodoxia de la Segunda Internacional: el imperativo radical de aplastar el Estado burgués, lo cual significa el Estado COMO TAL, e inventar una nueva forma social común sin ejército, policía o burocracia permanentes, en la que todos pudieran participar en la administración de las cuestiones sociales. Esto no era para Lenin un proyecto teórico para un futuro remoto -en octubre de 1917, Lenin proclamó que «ahora mismo podemos poner en marcha un aparato estatal constituido por diez, si no veinte, millones de personas»[2]. Este impulso del momento es la verdadera utopía. Con lo que habría que quedarse es con la LOCURA (en sentido Kierkegaardiano estricto) de esta utopía leninista -y el estalinismo representa, si acaso, un retorno del «sentido común» realista. Es imposible sobrestimar el potencial explosivo de El Estado y la revolución -en este libro, «se prescinde abruptamente del vocabulario y de la gramática de la tradición occidental de la política»[3]. Lo que vino a continuación puede llamarse, apropiándonos del título del texto de Althusser sobre Maquiavelo, la solitude de Lenine [la soledad de Lenin]: un periodo en el que éste se encontró básicamente solo, luchando contra la corriente en su propio partido. Cuando, en sus «Tesis de abril» de 1917, Lenin identificaba el Augenblick, la oportunidad única para una revolución, sus propuestas se toparon primero con el estupor o el desdén de la gran mayoría de compañeros de partido. Dentro del partido bolchevique, ningún dirigente destacado respaldaba su llamamiento a la revolución y Pravda tomó la extraordinaria medida de disociar al partido, y al consejo de redacción en su totalidad, de las «Tesis de abril» de Lenin -lejos de ser un oportunista que halagaba y explotaba los ánimos imperantes entre el pueblo, las visiones de Lenin eran sumamente idiosincráticas. Bogdanov caracterizó las «Tesis de abril» como «el delirio de un loco»[4] y la propia Nadezhda Krupskaya concluyó que «temo que parezca como si Lenin se hubiera vuelto loco»[5].
En febrero de 1917, Lenin era un emigrante político semi-anónimo, desamparado en Zurich, sin ningún contacto fiable con Rusia, que se enteraba la mayoría de las veces de los acontecimientos a través de la prensa suiza; en octubre, dirigió la primera revolución socialista exitosa -así que ¿qué sucedió entre medias? En febrero, Lenin percibió de manera inmediata la oportunidad revolucionaria, resultado de circunstancias contingentes únicas -si no se aprovechaba el momento, la oportunidad de revolución se habría perdido, quizá por décadas. En su testaruda insistencia en que había que arriesgarse y pasar a la siguiente fase, es decir, REPETIR la revolución, Lenin estaba solo, ridiculizado por la mayoría de los miembros del Comité Central de su propio partido: no obstante, por más indispensable que fuera la intervención personal de Lenin, no se debería modificar la historia de la Revolución de octubre para convertirla en la del genio solitario enfrentado a las masas desorientadas que paulatinamente va imponiendo su visión. Lenin tuvo éxito porque su llamamiento, soslayando a la nomenklatura de partido, encontró eco en lo que uno se siente tentado a llamar micropolítica revolucionaria: la increíble explosión de democracia de base, de comités locales que empezaban a aparecer inesperadamente por todas las grandes ciudades de Rusia y que, al mismo tiempo que ignoraban la autoridad del gobierno «legítimo», tomaban las cosas en sus manos. Ésta es la historia no contada de la Revolución de octubre, el reverso del mito del grupo minúsculo de revolucionarios entregados e implacables que llevaron a cabo un golpe de Estado.
Lenin era plenamente consciente de la paradoja de la situación: en la primavera de 1917, después de la Revolución de febrero que derrocó el régimen zarista, Rusia era el país más democrático de toda Europa, con unas cotas sin precedentes de movilización de masas, libertad de organización y libertad de prensa -y, sin embargo, esta libertad volvió la situación opaca, profundamente ambigua. Si hay un hilo común que recorre todos los textos de Lenin escritos «entre medias de las dos revoluciones» (la de febrero y la de octubre), es su insistencia en el desfase que separa los contornos formales «explícitos» de la lucha política entre la multitud de partidos y otros sujetos políticos de los intereses sociales reales de la misma (paz inmediata, distribución de la tierra y, por supuesto, «todo el poder a los soviets», es decir, el desmantelamiento de los aparatos estatales existentes y su sustitución por nuevas formas comunales de administración social). Este desfase es el desfase entre la revolución qua explosión imaginaria de libertad en pleno entusiasmo sublime, qua momento mágico de solidaridad universal cuando «todo parece posible», y el duro trabajo de reconstrucción social que hay que realizar si esta explosión entusiasta pretende dejar huellas en la inercia del propio edificio social.
Este desfase -repetición del desfase entre 1789 y 1793 en la Revolución francesa- es precisamente el espacio de la intervención única de Lenin: la lección fundamental de materialismo revolucionario que nos da es que la revolución debe golpear dos veces, y por motivos esenciales. El desfase no es simplemente el desfase entre forma y contenido: en lo que falla la «primera revolución» no es en el contenido, sino en la forma misma -sigue atascada en la vieja forma, en la idea de que la libertad y la justicia se pueden lograr simplemente haciendo uso del aparato estatal ya existente y de sus mecanismos democráticos. ¿Y si el partido «bueno» gana las elecciones libres y lleva a cabo «legalmente» la transformación socialista? (La expresión más clara de esta ilusión, rayando el ridículo, la tenemos en la tesis de Karl Kautsky, formulada en la década de 1920, de que la forma política lógica de la primera fase del socialismo, del pasaje del capitalismo al socialismo, es la coalición parlamentaria de partidos burgueses y proletarios). Se puede trazar aquí un perfecto paralelismo con los inicios de la modernidad, cuando la oposición a la hegemonía ideológica de la Iglesia se articuló en un primer momento bajo la propia forma de otra ideología religiosa, como una herejía: de acuerdo con esta misma pauta, los partidarios de la «primera revolución» quieren subvertir la dominación capitalista bajo la misma forma política de la democracia capitalista. Se trata de la «negación de la negación» hegeliana: en primer lugar, se niega el viejo orden dentro de su propia forma ideológico-política; a continuación, hay que negar la forma misma. Quienes vacilan, quienes tienen miedo de dar el segundo paso de superar la propia forma, son quienes (por repetir a Robespierre) quieren una «revolución sin revolución» -y Lenin despliega toda la fuerza de su «hermenéutica de la sospecha» en la identificación de las distintas formas de este repliegue.
En sus escritos de 1917, Lenin reserva su ironía mordaz suma para quienes se meten en la búsqueda sin fin de algún tipo de «garantía» de la revolución; esta garantía adopta dos formas fundamentales: bien la noción reificada de Necesidad social (uno no debería arriesgarse a la revolución demasiado pronto; hay que esperar al momento adecuado, cuando la situación esté «madura» con respecto a las leyes del desarrollo histórico: «es demasiado pronto para la revolución socialista, la clase obrera todavía no está madura»), bien la legitimidad normativa («democrática»: «la mayoría de la población no está de nuestro lado, así que la revolución no sería realmente democrática») -tal y como lo expresa Lenin repetidas veces, es como si el agente revolucionario, antes de arriesgarse a tomar el poder estatal, debiera obtener el permiso de alguna figura del gran Otro (organizar un referéndum que establecería que la mayoría apoya la revolución). Con Lenin, al igual que con Lacan, la revolución ne s'autorise que d'elle-meme [sólo se autoriza por sí misma]: se debería asumir el ACTO revolucionario sin la cobertura del gran Otro -el miedo a tomar el poder «prematuramente», la búsqueda de garantías, es el miedo al abismo del acto. En esto reside la dimensión fundamental de lo que Lenin denuncia sin cesar como «oportunismo» y su envite es que el «oportunismo» es una postura que es de suyo, inherentemente, falsa y que oculta el miedo a efectuar el acto tras la pantalla protectora de hechos, leyes o normas «objetivos», lo cual explica que la primera medida para combatirlo sea anunciarlo claramente: «¿Qué hacer, entonces? Debemos aussprechen was ist [expresar lo que hay], "exponer los hechos", admitir la verdad de que hay una tendencia, o una opinión, en nuestro Comité Central.»[6].
La respuesta de Lenin no consiste en hacer referencia a un conjunto DIFERENTE de «hechos objetivos», sino en repetir la argumentación que Rosa Luxemburgo hizo una década antes contra Kautsky: los que esperan a que lleguen las condiciones objetivas de la revolución, esperarán siempre -una postura como ésta, del observador objetivo (y no de un agente implicado), es de por sí el principal obstáculo de la revolución. La contraargumentación de Lenin contra la crítica formal-democrática al segundo paso es que esta opción «democrática pura» es de por sí utópica: en las circunstancias concretas rusas, el Estado burgués-democrático no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir -el único modo «realista» de proteger las verdaderas conquistas de la Revolución de febrero (libertad de organización y de prensa, etc.) pasa por avanzar hacia la revolución socialista, de otro modo, la reacción zarista vencerá.
La lección básica de la noción psicoanalítica de temporalidad es que hay cosas que hay que hacer para descubrir que son superfluas: en el transcurso del tratamiento, uno pierde meses en falsos movimientos hasta que «algo hace clic» y uno encuentra la fórmula adecuada -aunque retroactivamente parecen superfluos, estos rodeos eran necesarios. ¿No vale esto mismo también para la revolución? ¿Qué sucedió entonces cuando, en sus últimos años, Lenin se hizo plenamente consciente de las limitaciones del poder bolchevique? En este punto, habría que contraponer Lenin a Stalin: a partir de los ultimísimos escritos de Lenin, muy posteriores a su renuncia a la utopía de El Estado y la revolución, se pueden discernir los contornos de un modesto proyecto «realista» de lo que el poder bolchevique debería hacer. Debido al subdesarrollo económico y al atraso cultural de las masas rusas, no hay manera de que Rusia «pase directamente al socialismo»; todo lo que el poder de los soviets puede hacer es combinar una política moderada de «capitalismo de Estado» con una intensa educación cultural de las desidiosas masas campesinas -NO el lavado de cerebros de la «propaganda comunista», sino simplemente una imposición paciente y gradual de los estándares civilizados desarrollados. Hechos y cifras revelan «qué inmensa cantidad de trabajo preliminar urgente tenemos todavía que hacer para alcanzar los estándares de un país civilizado normal de la Europa occidental. [.] Debemos tener en cuenta la ignorancia semi-asiática de la que todavía no nos hemos librado»[7]. De modo que Lenin previene repetidas veces contra cualquier tipo de «implantación [directa] del comunismo»: «Bajo ningún concepto debe entenderse esto como que deberíamos limitarnos a propagar inmediatamente por el campo ideas estrictamente comunistas. Mientras a nuestro campo le falte la base material para el comunismo, hacerlo sería de hecho pernicioso, diría yo, incluso fatal, diría yo, para el comunismo»[8]. Su tema recurrente es, pues, el siguiente: «lo más pernicioso en este contexto sería la prisa»[9]. Contra esta postura de «revolución cultural», Stalin optó por la noción profundamente antileninista de «construir el socialismo en un Estado».
¿Significa esto, entonces, que Lenin adoptó en silencio la crítica menchevique habitual al utopismo bolchevique, su idea de que la revolución debe seguir las fases necesarias predestinadas (ésta sólo puede tener lugar una vez que se den sus condiciones materiales)? En este punto, podemos observar el refinado sentido dialéctico de Lenin en funcionamiento: Lenin es plenamente consciente de que en aquel momento, a principios de la década de 1920, la principal tarea del poder bolchevique consiste en ejecutar las tareas del régimen burgués progresista (educación general, etc.); sin embargo, el simple hecho de que sea un poder REVOLUCIONARIO PROLETARIO el que lo esté haciendo, cambia la situación en un sentido fundamental -hay una oportunidad única de que estas medidas «civilizatorias» se apliquen de tal modo que estén desprovistas de su restringido marco ideológico burgués (la educación general será realmente educación general al servicio del pueblo, no una máscara ideológica para la propagación del estrecho interés de clase burgués, etc.). La paradoja verdaderamente dialéctica estriba, pues, en que la propia desesperanza de la situación rusa (el atraso que obliga al poder proletario a llevar a cabo el proceso civilizatorio burgués) es lo que puede convertirse en su ventaja única:
«¿Y si la absoluta desesperanza de la situación, al estimular los esfuerzos de los obreros y los campesinos diez veces más, nos brindara la oportunidad de crear los requisitos fundamentales de la civilización de un modo diferente al de los países de la Europa occidental?»[10]
Tenemos aquí dos modelos, dos lógicas incompatibles, de la revolución: los que esperan el momento teleológico maduro de la crisis final en el que la revolución estallará «a su debido tiempo» por la necesidad de la evolución histórica; y los que son conscientes de que la revolución no tiene un «debido tiempo», los que perciben la oportunidad revolucionaria como algo que surge en los propios periplos del desarrollo histórico «normal» y que hay que aprovechar. Lenin no es un «subjetivista» voluntarista -en lo que insiste es en que la excepción (el conjunto extraordinario de circunstancias, como las de Rusia en 1917) ofrece una vía para socavar la propia norma. ¿Y no es esta línea de argumentación, esta postura fundamental, más actual hoy que nunca? ¿No vivimos también en una época en la que el Estado y sus aparatos, incluidos sus agentes políticos, son simplemente cada vez menos capaces de expresar las cuestiones clave? La ilusión de 1917 de que los problemas acuciantes a los que se enfrentaba Rusia (la paz, la distribución de la tierra, etc.) podrían haberse resuelto a través de medidas parlamentarias «legales» es idéntica a la ilusión actual de que, por ejemplo, el peligro ecológico puede evitarse a través de una expansión de la lógica de mercado a la ecología (obligando a los contaminadores a pagar el precio del daño que ocasionan).
Repetir Lenin, Slavoj Zizek. Akal, colección Cuestiones de Antagonismo
[1] V.I. Lenin, Collected Works, Progress Publishers, Moscú, 1965, vol. 42, p. 67. [Traducción al castellano: Obras completas, Editorial Progreso, Moscú, 1985, vol. 42].
[2] Citado en Neil Harding, Leninism, Duke University Press, Durham, 1996, p. 309.
[3] N. Harding, Leninism, cit, p. 152.
[4] Citado en N. Harding, Leninism, cit., p. 87.
[5] Ibid.
[6] V.I. Lenin, Collected Works, cit., vol. 33, p. 422.
[7] Ibid., p. 463.
[8] Ibid., p. 465.
[9] Ibid., p. 488.
[10] Ibid., p. 479.
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¿Qué hacer hoy con el Qué hacer de Lenin?
Es decir: el cuerpo del General Intellect
Por Antonio Negri
“El punto débil de la cadena imperialista está allí donde la clase trabajadora es más fuerte”
(Operarios y capital, “Lenín en Inglaterra”, M. Tronti, 1964)
1. La cara biopolítica del leninismo
"Hablar de Lenín es hablar de la conquista del poder. No vale la pena colocar en otro horizonte su pensamiento o la acción, ya se la exalte o se la critique: la conquista del poder es el único tema leninista". Así rinde homenaje a Lenín la ciencia política occidental, exaltando paradójicamente la "sombría grandeza"... ¿Acaso Hitler y Mussolini no soñaron ser Lenín? Como sea, al finalizar las guerras civiles del siglo XX, a Lenín, el vencedor de octubre de 1917, el hombre de decisiones intempestivas e inquebrantable firmeza, le ha sido concedido el reconocimiento de la ciencia política burguesa.
Y es un reconocimiento a disgusto.
¿Qué es, efectivamente, la "toma del poder" para el marxismo revolucionario? Para el movimiento obrero del ochocientos y novecientos, y para el movimiento comunista, no hay "toma del poder" que no esté asociada a la "extinción del Estado". Y Lenín no es una excepción. Su extraordinaria aventura está ligada a ese proyecto. Baste esto para poner mil millas de distancia entre lo que Lenín hizo y la ambigua exaltación que la ciencia política burguesa ni hace. Es verdad que la obra de Lenín tuvo éxito a medias: conquistó el poder pero no destruyó al Estado. Aquel Estado que debía descomponerse resultó de tal fortaleza y ferocidad para disolverse, que eliminó de generaciones enteras de comunistas toda esperanza de enlazar la toma del poder con la disolución del Estado. Sin embargo, la cuestión permanece... Volver a hablar de Lenín significa preguntarse nuevamente si es posible retomar el camino que, al mismo tiempo que subvierte el orden estatal de las cosas existentes e inventa un mundo de libertad e igualdad, destruye el arco metafísico del mundo, ya sea como principio de autoridad o como dispositivo de explotación social, la jerarquía política y el comando productivo.
Planteado así el problema, añadimos otra nota, referida al reconocimiento de que el poder capitalista es indistinguible del comando estatal y la estructura social para la explotación, y que la revolución, cuando sea comunista, ataca y destruye a ambos. Y que, para Lenín (como en general para el marxismo revolucionario), la lucha comunista es biopolítica. Lo es porque involucra todo aspecto de la vida, y, sobre todo, porque la voluntad política revolucionaria de los comunistas ataca al bios, lo critica, lo construye, lo transforma. Lenín lleva a la ciencia política fuera de toda simplificación idealista, de toda idea de "razón de Estado", de toda ilusión de definición de lo político en términos burocráticos o decisionísticos. Pero aún más radicalmente: de toda separación de lo político de lo social y lo humano. En el terreno del pensamiento político, Lenín comienza liberando el análisis del Estado de la teoría de la forma de gobierno (aquella antigua, siempre repetida y siempre mistificadora); propone por ello el análisis de lo político fuera de las hipótesis ingenuas de reflejo de las formas económicas, y hace esto liberándose tanto de las pulsiones milenaristas como de las utopías laicas que, en referencia a una hipótesis de revolución, podrían confundir la mirada. Contrariamente, él mezcla, hibridiza, desbarata, revoluciona una y otra teoría: aquello que siempre deberá vencer es la voluntad política proletaria, en la cual cuerpo y razón, vida y pasión, rebelión y proyecto pueden constituirse en sujeto biopolítico- el sujeto "clase obrera", su "vanguardia", el alma del proletariado en su cuerpo.
Rosa Luxemburgo, tan lejana de Lenín en muchos aspectos, se halla aquí, en el carácter biopolítico del proyecto comunista, muy cercana. Por diversas vías, la curva de Luxemburgo y la recta de Lenín se cruzan, al asumir la vida de las masas y la articulación integral de sus necesidades como un potencial físico, corpóreo, que sólo puede dar base y contenido a la abstracción y a la violencia de la intelectualidad revolucionaria. Es misterioso este desarrollo de la ontología política del comunismo: pero muy real- muestra, con la cara biopolítica, la extraordinaria modernidad del pensamiento comunista, en la plenitud corpórea de la libertad que expresa y desea. Lenín se halla aquí dentro, en este materialismo de los cuerpos que se liberan, en la materialidad de la vida que mediante (y sólo mediante) la revolución, puede renovarse. Lenín es la invención revolucionaria de un cuerpo, no la apología de la autonomía de lo político.
2. Lenín más allá de Lenín.
¿Qué significa (hoy, no ayer ni hace un siglo) explotación y lucha contra la explotación? ¿Qué es hoy aquel cuerpo que se revolucionó en las aventuras y las guerras civiles del siglo XX? ¿Qué es el nuevo cuerpo de la lucha comunista?
Ya a principios de los años ’60 (y luego con intensidad cada vez mayor) esta pregunta se instalaba en primer plano. Sin grandes posibilidades de ser respondida, pero con la convicción que, sobre esta cuestión, Lenín no sólo era interrogado con exegética fidelidad sino también repropuesto- como suele decirse- "más allá de Lenín".
El primer problema fue preservar el sentido del leninismo dentro de las transformaciones de la realidad productiva, de las relaciones de poder que las caracterizan y de las mutaciones del sujeto. Un segundo problema, derivado del primero, fue el de restituir al leninismo (es decir, la necesidad de organización para la revolución anticapitalista y la destrucción del Estado) adecuándolo a la actual consistencia de la realidad productiva y a la nueva insistencia de los sujetos. Esto significa, por lo tanto, preguntarse cómo será posible la conquista del poder y la extinción del Estado en un período histórico que muestra (anticipando un tema crucial) la hegemonía del capital sobre el General Intellect.
Todo ha cambiado. Respecto de lo que Lenín vio y teorizó, la producción y el comando chocan hoy con una nueva composición técnica y política de la fuerza de trabajo. La experiencia de su explotación está transformada completamente. La naturaleza del trabajo productivo es hoy, en efecto, fundamentalmente inmaterial, mientras que la cooperación productiva es enteramente social: de aquí viene que el trabajo es coextensivo a la vida y la cooperación lo es a la multitud. Es por consiguiente en la sociedad (y ya no más, sólo en la fábrica) donde el trabajo tiende redes productivas, capaces de innovar el mundo de las mercancías, poniendo en acción al conjunto de los deseos racionales y afectivos del hombre. La explotación se determina en la misma extensión. Fin que atañe a la composición técnica. Y la cuestión es repropuesta por la composición política de la nueva fuerza de trabajo, ya que ella (calificada por la incorporación de utensilios: en el trabajo inmaterial el utensilio es el cerebro) se presenta en el mercado con la mayor movilidad (que es también éxodo de las formas disciplinarias del poder capitalista) y con la más alta flexibilidad- que es también autonomía política, búsqueda de autovalorización, rechazo de la representación. ¿Cómo poner al leninismo dentro de estas nuevas condiciones de la fuerza de trabajo? ¿Cómo transformar éxodo y autovalorización del trabajador inmaterial en una nueva lucha de clases, en deseo organizado de apropiación de la riqueza social y liberación de la subjetividad? ¿Cómo enlazar una realidad diversa con el proyecto estratégico del comunismo? ¿Cómo innovar lo antiguo en una apertura radical a lo nuevo, que sea también un "retorno a los orígenes", al leninismo- tal como Maquiavelo exigía de toda revolución verdadera?
Marx estaba asociado a una fenomenología "manufacturera" del trabajo industrial: de allí resultó una concepción fundamental autogestionaria del partido y de la dictadura social del proletariado. Lenín está asociado desde el principio a una perspectiva vanguardista del partido que- antes que la Revolución- anticipa en Rusia el pasaje de la manufactura a la "gran industria", y por ello instala como tarea estratégica el gobierno de aquella. Tanto para Marx como para Lenín, la relación entre composición técnica del proletariado y estrategia política se llama "Comuna" o "partido comunista"- y es la "Comuna" o el "Partido" los que efectúan el reconocimiento de la realidad y proponen una plena circulación entre estrategia política (subversiva) y organización (biopolítica) de las masas. El partido es motor de producción de subjetividad- o, mejor dicho, es el utensilio para la producción de subjetividad subversiva.
Nuestra pregunta es: ¿qué producción de subjetividad para la toma del poder, hoy, por parte del proletariado inmaterial? Dicho en otros términos, el discurso puede formularse de este modo: si hoy el contexto de la producción está constituido por la cooperación social del trabajo inmaterial, es todo esto que llamamos General Intellect - ¿cómo será posible construir el cuerpo subversivo del intelecto general, haciendo de la organización comunista la palanca, el punto de generación de la nueva corporeidad revolucionaria, la base potente de producción de subjetividad? Así, por lo tanto, entramos en "Lenín más allá de Lenín".
3. El cuerpo subversivo del General Intellect.
No se puede entrar en este tema como si fuese un paréntesis. Pero como a veces sucede en la argumentación socrática, un paréntesis puede evidenciar el concepto. Hay en los Grundrisse de Marx un famoso capítulo titulado "Capítulo sobre las Máquinas": allí Marx parece construir una "historia natural" (es decir, lineal, continua, necesaria) del capital hacia el intelecto general...El intelecto general es producto del desarrollo capitalista...Conclusión ambigua para nosotros y también para Lenín (que evidentemente no podía conocer los Grundrisse, pero poseía aquella lógica de ruptura que exalta el pensamiento marxiano tornando imposible toda continuidad natural del desarrollo capitalista). En efecto, junto a las ilusiones objetivistas que con frecuencia se insinúan en la crítica de la economía política, también para Marx las cosas eran así: el desarrollo que genera al General Intellect es, en efecto, para él un proceso de ningún modo natural: por una parte está lleno de vida (la fuerza vital – toda- de la producción y la reproducción, el contexto biopolítico de la sociedad capitalista); y, por otra parte, este proceso es potencialmente contradictorio (el General Intellect, efectivamente, no es sólo el producto de la lucha contra el trabajo asalariado, sino también la representación de aquella tendencia antropológica que se representa en el rechazo del trabajo: es, en fin, el resultado- revolucionado- de la caída tendencial de la tasa de ganancia capitalista).
De hecho, estamos aquí por completo en situación biopolítica. Esto es lo que une al Marx del General Intellect con Lenín y con nosotros: es el hecho de ser todos actores, mujeres y hombres, de aquel mundo de la producción que constituye la vida – de ser la carne del desarrollo. Es esta realidad del desarrollo capitalista, esta su nueva carne, donde la potencia del saber se entremezcla inseparablemente con la de la producción, y la actividad científica – del modo más singular y armónica- a las pasiones: pues bien, este bios (o, mejor, esta realidad biopolítica que caracteriza a la revolución industrial post ’68) es al que algunos autores y maestros (que se proclamaron comunistas cuando la noche se tornó más oscura) llamaron CsO. Cuerpo sin Órganos. Yo sigo llamando carne a todo esto. Quizá ella tiene la fuerza para volverse cuerpo y constituir todos los órganos que le competen. Quizá: porque necesitamos un demiurgo que haga real el evento, es decir, una vanguardia externa, que de la carne haga cuerpo. Cuerpo del General Intellect. ¿O, tal vez, como dicen otros autores, el hacerse cuerpo del General Intellect, podrá ser determinado por las palabras que el mismo General intellect articula, de modo que el General Intellect sea demiurgo de su propio cuerpo?
No creo que la elección de la vía posible nos resulte identificable; pienso que sólo un movimiento de lucha podrá decidirla. Y, más aún, seguramente en las perspectivas de maduración del General Intellect, debemos esperar la experimentación. Porque es sólo de este modo, oponiendo a la historia natural del capital aquellas contradicciones insolubles que Marx inventó, que la genealogía del General Intellect se constituirá como fuerza subversiva. Definir el cuerpo del General Intellect es, de hecho, lo mismo que afirmar la potencia del sujeto donde habita, la violencia de la crisis que sacude su ambigüedad, el choque teleológico que lo atraviesa: es decir de qué lado se está en este caos. Hemos decidido que el sujeto es, en el General Intellect, potente en tanto nómade y autónomo; que aquí, por lo tanto, la cooperación vence al mercado; que la teleología de lo común se impone a la del individuo y lo privado- esto es así, pues, por haber tomado partido por el cuerpo del General Intellect. Es una constitución que nace de la militancia de los hombres construida en el trabajo inmaterial y cooperativo, decidida a vivir como asociación subversiva.
La "biopolítica del leninismo" la hallamos por lo tanto aquí, incrustada en las nuevas contradicciones del "más allá de Lenín". Con Lenín decidimos hacer del cuerpo del General Intellect el sujeto de la organización de una nueva vida.
4. Espacio y temporalidad.
Pero, "más allá de Lenín" no es sólo el reconocimiento de una nueva realidad y por consiguiente un renovado descubrimiento de la urgencia de la organización: debe ser también la determinación espacial y temporal de un proyecto de liberación. El cuerpo siempre está localizado y es en aquel tiempo. La producción de subjetividad- para devenir eficaz- requiere de determinaciones espaciales y temporales. Para la Rusia que es un lugar y un tiempo, hay por Lenín una determinación absoluta- ¡aquí y ahora, o nunca más! ¿Cuáles son los espacios y tiempos de la organización subversiva y de la revolución posible para un proletariado inmaterial, en éxodo y autónomo?
Surgen muchas dificultades para reconocer la dimensión espacial de un nuevo proyecto leninista. Nosotros vivimos en el Imperio y sabemos que cualquier iniciativa revolucionaria que se mueva en espacios limitados (aunque sean puros Estados- nación de grandes dimensiones), no podrá tener continuidad. ¡Por supuesto que es evidente que hoy día el único Palacio de Invierno reconocible es la Casa Blanca! Difícil de atacar, no sé cómo decirlo... Además, a medida que se refuerza el poder imperial, su representación política deviene compleja e integrada en el ámbito mundial. Aunque tiene su ápice en USA, el Imperio no es americano – es el Imperio del capital colectivo. Por otra parte: reconozcamos que no hay espacio para el partido si no es Internacional, lo cual es una obviedad, sin nada inesencial. De hecho, no es tan decisiva para la renovación del leninismo, la reafirmación teórica de un punto sobre el cual deba asentarse la leva para multiplicar la fuerza de la subversión. Lo que interesa, en "Lenín más allá de Lenín", es identificar prácticamente aquel punto débil de la cadena imperial donde sea posible forzar la realidad. Ahora, este no es un "punto débil"- no lo será más: será más bien aquel donde sea más fuerte la resistencia, la insurrección, la hegemonía del General Intellect, en resumen, el poder constituyente del nuevo proletariado. En la base del dispositivo revolucionario de producción de subjetividad está por lo tanto, formalmente, lo Internacional: concretamente, políticamente, materialmente, no hay un espacio sino un lugar, no un horizonte sino un punto: aquel donde el evento es posible.
El tema del espacio para el partido está, por consiguiente, subordinado a un kairos específico, a la potencia intempestiva de un evento- es la flecha que el General Intellect lanza para reconocerse como cuerpo.
El discurso a hacer sobre la temporalidad del neo- partido leninista, en época de mundialización postfordista, es de algún modo análogo a cuanto ya se ha dicho. Como para el espacio, también para la temporalidad las determinaciones han caído. La historia económica y la historia política son siempre menos definibles de acuerdo con secuencias rítmicas; tanto más irreconocible es la regularidad cíclica de la historia económica o de los períodos creativos de lucha obrera, que también han caracterizado a un siglo, desde 1870 a 1970... ¿Qué temporalidad se le puede confiar hoy al partido leninista para controlar, usar, transformar? También aquí la indistinción es muy fuerte: como cuando razonábamos sobre espacialidad y lugares y veíamos a los Estados- nación devenir feudos del Imperio, y al Norte desarrollado y al Sur subdesarrollado ahora internalizados el uno en el otro y entrelazados en un mismo destino, así también es indistinguible la temporalidad. Sólo un kairos específico permitirá que el cuerpo del General Intellect emerja.
¿Pero qué significa todo esto? No hay conclusiones teóricas a estas consideraciones. Nunca se ha requerido tanta militancia y experimentación como sobre este punto. Es verdad que ahora está claro que el dispositivo leninista de intervención sobre un punto débil en un momento crítico, determinado objetivamente, es totalmente ineficaz. Está claro que sólo donde el partido de la fuerza de trabajo inmaterial presente una energía más alta que la de la explotación capitalista, sólo allí será posible un proyecto de liberación. La decisión anticapitalista deviene eficaz sólo allí donde la subjetividad es más fuerte, donde ella pueda construir la "guerra civil" contra el Imperio.
5. Dictadura sin soberanía, o sea la "democracia absoluta".
Debemos admitir en este punto que el razonamiento no es tan demostrativo como pretendía, al principio, nuestra apelación socrática. Es cierto que, para reafirmar la figura del partido leninista (que defiende el poder y constituye libertad en una decisión intempestiva y absoluta) hemos fijado alguna premisa importante (el manifestarse del General Intellect y la posibilidad de darle cuerpo; la centralidad tendencial del trabajo inmaterial, el éxodo y el nomadismo, la autonomía y la autovalorización que se agitan en este contexto; en fin, las contradicciones que señalan la relación entre la globalización y el entrelazamiento de sus dispositivos internos, resistencia y subversión)- pero, finalmente debemos reconocer que no hemos arribado a ninguna conclusión. Si no llenamos este cuadro de contenidos, de determinaciones y de potencias singulares, confiar en el kairos puede ser no esencial. Esta apelación al kairos puede tal vez dar forma a la producción de subjetividad, pero está terriblemente expuesto a la tautología cuando no propone palabras y contenidos subversivos... Debemos dar contenido al kairos del General Intellect, y alimentar al cuerpo del General Intellect revolucionario. ¿Qué es hoy una decisión revolucionaria? ¿Qué contenidos la caracterizan?
Para responder esta pregunta debemos dar un pequeño rodeo. Debemos recordar la limitación (que de por sí constituía un enorme salto adelante, más allá de la cultura manufacturera de la socialdemocracia rusa)- la limitación, por lo tanto, del punto de vista leninista. Su decisión revolucionaria, volviéndose poder constituyente, ocultaba interiormente un modelo de industria- el occidental, el americano concretamente. El desarrollo industrial moderno es el esqueleto en el armario de la teoría bolchevique de la revolución. El modelo de administración revolucionaria, es decir la obra de los constituyentes rusos, fue determinada por aquel presupuesto. Y, en el largo plazo, pervertida por él.
Hoy la situación ha cambiado radicalmente. Ya no hay una clase obrera que llora sobre la falta de un proyecto de gestión de la industria y la sociedad, gestión dirigida o bien a través del Estado. Y aunque este proyecto fuese reactualizado, ya no podría ser hegemónico sobre el proletariado y/ o sobre la intelectualidad de masas; no podría atacar a un poder capitalista que se ha desplazado a otros niveles (financieros, burocráticos, comunicativos...) de comando.
Hoy, ahora, la decisión revolucionaria debe basarse sobre otro esquema constituyente: que no colocará como preliminar un eje industrial y/ o de desarrollo económico sino, a través de aquella multitud en la cual se configura la intelectualidad de masas, propondrá el programa de una ciudad liberada en la cual la industria se someta a las urgencias de la vida, la sociedad a la ciencia, el trabajo a la multitud. La decisión constituyente, aquí, deviene democracia de una multitud.
Así arribamos a las conclusiones de esta intervención. Es muy grande la radicalidad que aquí se le requiere al partido para las transformaciones del movimiento en el ejercicio del poder constituyente. El poder constituyente anticipa siempre al derecho, por lo tanto es siempre dictadura (pero hay dictaduras y dictaduras. La fascista no es igual a la comunista, aunque nosotros no preferíamos la segunda a la primera). El hecho es que las decisiones políticas son siempre producciones de subjetividad, y la subjetividad es producto de cuerpos concretos, de masas y/ o multitudes de cuerpos- por lo que toda subjetividad es distinta de las otras.
Hoy, la que interesa es la subjetividad del cuerpo del General Intellect. Para transformar al mundo que lo rodea, debe usar la fuerza- una fuerza que será ordenada por la potencia constituyente. Naturalmente, también este ejercicio de potencia constituyente podrá tener resultados positivos o negativos. No hay ninguna medida para decidir preventivamente el criterio de aquello que crea la multitud. Y más aún, para que las cosas queden claras y no se nos acuse de trabajar para una dictadura indiscriminada, cubierta de palabras hipócritas y hoy más peligrosa que nunca, porque se esconde en la vulgaridad de un social homogéneo en el consumo- decimos rápidamente que aquella dictadura que deseamos, y que creemos constituye el tesoro de un Lenín redescubierto, puede también ser llamada "democracia absoluta". Spinoza llamaba así a aquella forma de gobierno que la multitud ejercía sobre sí misma. Necesitó mucho coraje Spinoza para agregar el adjetivo "absoluta" a una de las formas equivalentes de gobierno que la teoría antigua había transmitido: monarquía contra tiranía, aristocracia contra oligarquía, democracia contra anarquía. La "democracia absoluta" de Spinoza no tiene nada que ver con la teoría de las formas de gobierno. De acuerdo con esta última, aquella podía ser, y era, cubierta de epítetos negativos. "Democracia absoluta" es, en cambio, un término particularmente adecuado para la invención de una nueva forma de libertad, mejor, para la producción de un pueblo a- llegar.
Pero tal vez la razón fundamental que se sostiene en esta propuesta de "democracia absoluta" es constatar que de este nombre se halla excluida (por la fuerza de las cosas, del espacio y de la temporalidad de la posmodernidad) toda contaminación del concepto moderno de soberanía. Debemos- y podemos, si tomamos la valencia biopolítica- llevar a Lenín fuera del universo moderno (del modelo industrial soberano) en el cual vivió: podemos traducir su decisión revolucionaria en una nueva producción de subjetividad, comunista y autónoma, de la multitud postmoderna.
Febrero 2001
Traducción: ED
Digitalización: Colectivo NPH
Este artículo fue publicado en el número de mayo 2002 de la revista POSSE. El mismo se corresponde con la intervención de Toni Negri en la Conferencia Internacional sobre Lenin que tuvo lugar en Essen (Alemania) del 2 al 4 de febrero de 2001, organizada por Slavoj Zizek.
La multitud y la metrópoli
Toni Negri
Artículo publicado en el número 5 de la revista POSSE
1. “Generalizar” la huelga. Ha sido interesante observar, con ocasión de las luchas de la primavera y del verano del 2002 en Italia, cómo el proyecto de “generalizar” la huelga por parte de los movimientos de los precarios, de los obreros sociales, mujeres y hombres había parecido deslizarse de manera inocua e inútil a través de la “huelga general” de los trabajadores. Después de esta experiencia muchos compañeros que han participado en la lucha, han comenzado a darse cuenta que, mientras la huelga obrera “hacía daño” al patrón, la huelga social pasaba, por así decirlo, a través los pliegues de la jornada laboral global, sin hacer daño al patrón sino más bien a los trabajadores movibles flexibles. Esta constatación plantea un problema: el de comprender cómo lucha el obrero social, cómo puede concretamente destruir en el espacio metropolitano la subordinación productiva y la violencia de la explotación. Se trata de preguntarse cómo la metrópoli se presenta ante la multitud y si es correcto decir que la metrópoli es a la multitud como la fabrica fue a la clase obrera. De hecho esta hipótesis se nos presenta como problema. Ello no ha sido simplemente planteado desde las evidentes diferencias de eficacia inmediata entre luchas sociales y luchas obreras, sino también desde una cuestión mucho más pertinente y general: si la metrópoli es investida de la relación capitalista de valorización y de explotación, ¿cómo se puede, en su interior, aferrar el antagonismo de la multitud metropolitana? En los años sesenta y setenta a estos problemas, a medida que surgían en relación a las luchas de clase obrera y a las mutaciones de los estilos de vida metropolitanos, se le dieron varias respuestas, a menudo muy eficaces. Pronto las resumiremos. Aquí basta con subrayar cómo aquellas respuestas guardaban una relación externa entre la clase obrera y los otros estratos metropolitanos del trabajo asalariado y/o intelectual. Hoy el problema se presenta de manera diversa porque las varias secciones de la fuerza de trabajo se presentan en el híbrido metropolitano como relación interna e inmediatamente como multitud: un conjunto de singularidades, una multiplicidad de grupos y de subjetividades, que ponen en forma (antagonista) el espacio metropolitano.
2. Anticipaciones teóricas. Entre los estudiosos de la metrópoli (arquitectos y urbanistas), ha sido Koolhaas quien nos ha dado, de manera delirante, hacia finales de los setenta, una primera nueva imagen de la metrópoli. Aludimos, evidentemente, a Delirious New York. ¿En qué consistía la tesis central de este libro? Consistía en dar una imagen de la metrópoli que, más allá y a través de las planificaciones (siempre, de manera más o menos coherente, desarrollada), vivía todavía de dinámicas, conflictos y superposiciones potentes de estratos culturales, de formas y de estilos de vida, de una multiplicidad de hipótesis y de proyectos sobre el porvenir. Se debía mirar esta complejidad, esta microfisica de potencias desde dentro, para comprender la ciudad. New York, en particular, era el ejemplo de un extraordinario acumularse histórico y político, tecnológico y artístico, de varias formas de programación urbana. Pero no bastaba. Era necesario añadir que la metrópoli era más fuerte que lo urbano. Los intereses especulativos y las resistencias de los ciudadanos imponían y arrollaban a un tiempo, las prescripciones del poder y las utopías de los opositores. El hecho es que la metrópoli confundía y mezclaba los términos del discurso urbanístico: a partir de una cierta intensidad urbana, la metrópoli constituía nuevas categorías, era una nueva maquina proliferante. La medida se desmesuraba. Se trataba pues, a un tiempo, de dar de la metrópoli, de New York, un análisis microfísico, que fuese al encuentro ya sea de los miles y miles agentes singulares, ya sea de las formas de represión y bloqueo que la potencia de la multitud encontraba. Es así que la arquitectura de Koolhaas se eleva a través de grandes medidas de convivencia urbana, que vienen luego revueltas, mutadas y mezcladas en otras formas arquitectónicas... Es una gran narración la que la arquitectura de Koolhaas expresa, la gran narración de la destrucción de la ciudad occidental, para dar lugar a una metrópoli mestiza. No es relevante (aunque útil para comprender) que en Koolhaas el desarrollo arquitectónico sea clasificado de manera funcional a las varias técnicas de la organización del trabajo de construcción. Lo que interesa es exactamente lo contrario: también a través de una corporativización industrial de los agentes de la producción, aquí se percibe cuanto ahora ya la metrópoli se organiza sobre niveles continuos aunque distorsionados, fieles al Welfare aunque híbridos. La metrópoli es mundo común. Es el producto de todos -no voluntad general sino aleatoriedad común. Así la metrópoli se quiere imperial. Los postmodernos débiles son golpeados por Koolhaas. Koolhaas anticipa efectivamente, buscando en la genealogía de la metrópoli, una operación que en el postmoderno maduro deviene fundamental: el reconocimiento de la dimensión global como más productiva y más generosa desde el punto de vista de las figuras económicas y de los estilos de vida. Este esfuerzo critico no es solitario ni neutralizante. Al contrario produce otra critica, la confiada al movimiento real. Por ejemplo, cuando nosotros introducimos elementos diferenciales y antagonistas en el saber de la ciudad, y hacemos de éstos el motor de la construcción metropolitana, componemos también nuevos enfoques del vivir y del luchar -comunes. Todavía un ejemplo entre otros: un propósito de metrópoli y colectivización. Esta vieja palabra socialista está ciertamente ya obsoleta y totalmente superada en la consciencia de las nuevas generaciones. Pero éste no es el problema. El proyecto no es el de colectivizar sino el de reconocer y organizar el común. Un común hecho de un patrimonio riquísimo de estilos de vida, de posibilidades colectivas de comunicación y reproducción de la vida y, sobretodo, del exceso de la expresión común de la vida en los espacios metropolitanos. Disfrutamos de una segunda generación de vida metropolitana, creativa de cooperación y excedente en los valores inmateriales, relacionales, lingüísticos que produce. Esta es la metrópoli de la multitud singular y colectiva. Hay muchos postmodernos que rechazan la posibilidad de considerar la metrópoli de la multitud como espacio colectivo y singular, resistentemente común y subjetivamnte maleable y siempre nuevamente inventada. Estos rechazos sustituyen al analista por el bufón o el sicofante del poder. De hecho nosotros hemos recuperado la idea de las economías externas, de las dinámicas inmateriales, los ciclos de lucha y todo aquello que compone la multitud. New York es postmoderna, en la medida en que ha participado en todas condiciones del moderno, y ahí ha, por así decirlo, consumado en la crítica y en la prefiguración de otro: el resultado es un híbrido, el híbrido metropolitano como figura espacial y temporal de las luchas, plano de la microfísica de los poderes.
3. Metrópoli y espacio global. Es Saskia Sassen quien, antes y después de cualquier otro, nos ha enseñado a ver la metrópoli, todas las metrópolis, no solo, desde Koohlaas, como un agregado híbrido e interiormente antagonista, sino como figura homologa de la estructura general que el capitalismo ha asumido en la fase imperial. Las metrópolis expresan e individualizan el consolidarse de la jerarquía global, en sus puntos más articulados, en un complejo de formas y ejercicio de comando. Las diferencias de clase y la programación genérica en la división del trabajo ya no se hacen más entre naciones sino entre centro y periferia, en las metrópolis. Sassen va a observar los rascacielos para sacar lecciones implacables. Arriba está el que manda y abajo el que obedece; en el aislamiento de los que están más alto está la conexión con el mundo, mientras en la comunicación de los que están más abajo, están los puntos móviles, los estilos de vida y renovadas funciones de la recomposición metropolitana. Por esto nosotros debemos atravesar los espacios posibles de la metrópoli, si queremos reanudar los trazos de lucha, para descubrir los canales y las formas de conexión, los modos en que los sujetos están juntos. Sassen nos propone observar los rascacielos como estructura de la unificación imperial. Pero al mismo tiempo insinúa la sutil provocativa propuesta de imaginar los rascacielos no como un todo sino como un arriba y un abajo. Entre el arriba y el abajo corre la relación de comando, de explotación, y por tanto la posibilidad de rebelión. Los temas de Sassen son recorridos nuevamente fuertemente, en Europa, en los años noventa, cuando, con alguna dificultad, todavía sin embargo eficazmente, algunas fuerzas antagonistas han comenzado a ver en la estructura de la metrópoli reflejarse las contradicciones de la globalización. De hecho, que fuesen rascacielos o no, de todos modos el orden global restablecía un alto y un abajo en la metrópoli, que era la de una relación de explotación que se extendía sobre el horizonte interno de la sociedad urbana. Sassen mostraba los lugares y las relaciones de la explotación y disolvía la multitud devolviéndola al ejercicio disperso de actividad material. De otra parte está el comando. Blade Runner deviene una ficción científica.
4. Anticipaciones históricas. Pero las metrópolis de los rascacielos y del Impero otros las perciben sobretodo como lugares de lucha, que pueden revelar aspectos comunes y sobretodo pueden encarnar formaciones y organizaciones de resistencia y de subversión. El ejemplo que inmediatamente viene a la mente, a este propósito, es el de las luchas parisinas del invierno del ’95-’96. Estas luchas vienen recordadas porque en aquella ocasión los proyectos de privatización de los transportes públicos parisinos fueron rechazadas, no sólo por los sindicatos, sino por las luchas conjuntas de gran parte de la población metropolitana. Estas luchas, sin embargo, no habrían alcanzado nunca la intensidad y la importancia que tuvieron si no fuesen estado atravesadas, y ya primero de algún modo prefiguradas, por las luchas de los sans-papiers, sans-logement, sans-travail etc... Vale decir que el máximo de la complejidad metropolitana abre vías de fuga a toda la povertà urbana: es aquí que la metrópoli, también aquella imperial, se despierta al antagonismo. En los años setenta estos desarrollos y estos antagonismos habían sido anticipados: en Alemania, en los EE.UU., en Italia. El gran pasaje desde el frente de lucha de la fabrica a la metrópoli, de la clase a la multitud, ha sido visto y organizado, teóricamente y prácticamente, desde muchísimas vanguardias. “Tomemos la ciudad” era una parola d’ordine italiana, insistente, importante, arrolladora. Palabras similares atravesaron las Bürger-initiativen alemanas, pero también las experiencias de los okupas en casi todas las metrópolis europeas. Los obreros fabriles se reconocían en este desarrollo, mientras las dirigencias sindicales y las de los partidos del movimiento obrero lo ignoraron. La huelga del billete en los transportes, las ocupaciones masivas de casas, la toma de los barrios para organizar el tiempo libre y la seguridad de los trabajadores contra la policía y los recaudadores fiscales, etc... , en definitiva la toma de zonas de la ciudad, fue un proyecto (per)seguido con mucha atención. Estas zonas se llamaban entonces “bases rojas”, aunque frecuentemente no eran lugares, sino espacios urbanos, sitios de opinión publica. Alguna vez también sucedía que eran decididamente no-lugares: eran manifestaciones de masa que en movimiento recorrían y ocupaban plazas y territorios. Así la metrópoli comenzó a ser reconstruida por una alianza extraña: obreros de fabrica y proletarios metropolitanos. Aquí comenzamos a ver cuánto fue potente esta alianza. Junto a estas experiencias políticas estaba también otro y más amplio experimento teórico. Se comenzaba efectivamente, desde el inicio de los años setenta, a ver cómo la metrópoli no fuera sólo invadida por la mundialización a partir de la cima de los rascacielos, sino también como fuera así constituida desde las transformaciones del trabajo que estaban realizándose. Alberto Magnaghi, y sus compañeros, publicaron en los años setenta, una formidable revista (Quaderni del territorio) que mostraba, a cada número de manera más convincente, como el capital estaba invistiendo la ciudad, transformando cada vía en un flujo productivo de mercancías. La fábrica se encontraba, por tanto, en y sobre la sociedad: esto era evidente. Pero también era evidente que este investimento productivo de la ciudad modificaba radicalmente la lucha de clases.
5. Policía y guerra. En los años noventa que la gran transformación de las relaciones productivas, que invisten las metrópolis, llega al limite cuantitativo, configurando una nueva fase. La recomposición capitalista de la ciudad, mejor, de la metrópoli, se da en toda la complejidad de la nueva configuración de las relaciones de fuerza en el Impero. Ha sido Mike Davis quien, primero, nos ha dado una caracterización apropiada de los fenómenos característicos de la metrópoli postmoderna. La erección de muros para limitar zonas intransitables a los pobres, la definición de espacios para ghettos donde los desesperados de la tierra pudieran/puedan hacinarse, el disciplinamiento de las líneas de circulación y de control que tuvieran orden, un preventivo análisis y practica de contención y de persecución de las eventuales interrupciones del ciclo: hoy, en la literatura imperial, cuando se habla de la continuidad entre guerra y policía global, lo que se olvida decir es que las técnicas continuas y homogéneas de guerra y policía han sido inventadas en la metrópoli. “Tolerancia cero” deviene una parola d’ordine, mejor, el dispositivo de prevención que inviste estratos sociales enteros, también ensañándose con sus opositores o excluidos individuales. El color de la raza o el credo religioso, las costumbres de vida o la diversidad de clase, vienen, de vez en vez, asumidos como elementos que definen la zona represiva en el interior de la metrópoli. La metrópoli se construye sobre estos dispositivos. Como decíamos a propósito del trabajo de la Sassen, las dimensiones espaciales, anchura y altura, de los edificios y de los espacios públicos, están completamente subordinados a la lógica del control. Dónde es esto posible: donde en cambio el capital inmobiliario determina rentas demasiado altas para poder ser sometidas a instrumentos de control directo, a través de la aplicación de procesos urbanísticos pesados, el paisaje metropolitano está cubierto por redes de control electrónico, y recorrido, y excavado, por representaciones de peligro que televisiones o helicópteros diseñan. Dentro de poco sobre cada ciudad se condensaran aquellos instrumentos automáticos de control, aéreos sin piloto, clones policíacos que los ejércitos están normalmente utilizando en las guerras. Pronto las [restricciones] y las zonas rojas se instalarán sobre la lógica de los vuelos de control: el urbanismo deberá interiorizar las formas del control a partir de una globalidad aérea, presupuesta a la libertad de desarrollar espacios y sociedad. Es evidente que, describiendo esto, nosotros exasperamos algunas líneas de tendencia que están de todos modos limitadas y representan solo una parte del desarrollo metropolitano. Efectivamente, también aquí (como en la teoría de la guerra) la enorme capacidad de desarrollar violencia por parte del poder, la así llamada asimetría total, genera respuestas adecuadas: el fantasma de David contra la realidad de Goliat. Del mismo modo la planificación del control sobre la ciudad, la “tolerancia cero”, producen nuevas formas de resistencia. La red metropolitana es continuamente interrumpida, a veces destruida, por redes de resistencia. La recomposición capitalista de la metrópoli construye trazos de recomposición por la multitud. El hecho es que, para darse, el control debe el mismo reconocerse, o hasta construir, en los esquemas transindividuales de ciudadanía. Toda la sociología urbana, desde la Escuela de Chicago hasta nuestros días, sabe que incluso dentro de un marco de individualismo extremo, los conceptos y los esquemas de interpretación deben asumir dimensiones transindividuales, casi comunitarias. Es al desarrollo de estas formas de vida que el análisis debe aplicarse. Se descubren así, en la metrópoli, espacios definidos, localizaciones determinadas de los movimientos de la multitud. Determinaciones espaciales y temporales del hábitat y del salario (consumo), diseñan de nuevo los contornos de los barrios y a caracterizar los comportamientos de las poblaciones. La guerra como legitimación del orden, la policía como instrumento del orden –estas potencias que asumen una función constituyente en la metrópoli, sustituyendo a los ciudadanos y a los movimientos- no consiguen pasar. De nuevo el análisis de la metrópoli remite aquí a la percepción del exceso de valor que es producida por la cooperación del trabajo inmaterial. La crisis de la metrópoli es, pues, desplazada mucho más adelante
6. Construir la huelga metropolitana. Me cuentan que en Sevilla, cuando la “huelga generalizada” se puso en marcha -fue una huelga de 24 horas- por la noche, en todos los barrios, se formaron rondas que a partir de la medianoche bloqueaban los transportes, cerraban las boites de nuit, comunicaban a la ciudad la urgencia de la lucha. Y esto ha transcurrido, con una movilización general sobre el territorio metropolitano, concentrada por la tarde en las grandes manifestaciones de masa, durante toda la jornada. He aquí un buen ejemplo de gestión de la huelga generalizada. Es una huelga metropolitano en la cual se encuentran, durante las 24 horas de la jornada laboral, las varias formas del trabajo social. Sin embargo, todo esto, este formidable movimiento político, no parece suficiente para caracterizar la “huelga generalizada”. Tenemos necesidad de un ahondamiento más amplio, de un análisis especifico de todo pasaje y/o movimiento de recomposición, de todo momento de lucha que pueda confluir en la construcción de la huelga social. ¿Porque decimos esto? Porque consideramos la huelga metropolitana como forma especifica de recomposición de la multitud en la metrópoli. La huelga metropolitano no es la socialización de la huelga obrera: es una nueva forma de contrapoder. Cómo actúe en el tiempo y en el espacio, no lo sabemos todavía. Lo que sabemos es que no será una sociología funcionalista, una de esas que pone conjuntamente las varias formas de la recomposición social del trabajo bajo el control capitalista, para poder diseñar la huelga metropolitana. El encuentro, el choque, y el moverse adelante de los varios estratos de la multitud metropolitana no pueden efectivamente ser indicados sino como construcciones (en las luchas) de movimientos de potencia. Pero. ¿sobre qué el movimiento deviene capacidad de potencia desplegada? Para nosotros la respuesta no alude ciertamente a la toma Palacio de invierno. Las revueltas metropolitanas no se proponen el problema de sustituir al gobierno: expresan nuevas formas de democracia, esquemas destruidos respecto a aquellos del control de la metrópoli. La revuelta metropolitana es siempre una refundación de ciudad.
7. Reconstruir la metrópoli. La “huelga generalizada” debe pues contener en sí misma el “delirante” proyecto de reconstruir la metrópoli. ¿Qué quiere decir reconstruir la metrópoli? Significa descubrir el común, construir proximidad metropolitana. Tenemos dos figuras que son absolutamente indicativas de este proyecto puestas a los términos extremos de una escala de comunidad: son el bombero y el inmigrado. El bombero representa el común como seguridad, como recurso en caso de peligro, como constructor de la imaginación común de los niños; el inmigrado es el hombre necesario para dar color a la metrópoli más allá de dar sentido a la solidaridad. El bombero es el peligro y el inmigrado es la esperanza. El bombero es la inseguridad y el inmigrado y el porvenir. Cuando nosotros pensamos en la metrópoli la pensamos como una comunidad física que es riqueza y producción de comunidad cultural. Nada, como la metrópoli, indica mejor y más el diseño de un desarrollo sostenible, síntesis de ecología y producción, en fin, cuadro biopolítico. Hoy, precisamente en este periodo, estamos soportando el peso de una serie de viejos esquemas, innobles cuanto impotentes, de la socialdemocracia, que nos dicen que la metrópoli puede reproducirse solo si en ella son introducidos los amortiguadores sociales que sirven para monetizar (y eventualmente para reparar) las recaídas dramáticas del desarrollo capitalista. Políticos y sindicatos corruptos están tratando sobre los amortiguadores... Nosotros pensamos que la metrópoli es un recurso, una recurso excepcional y excesivo, también cuando la ciudad está constituida por favelas, por chabolas, por el caos. A la metrópoli no le pueden ser impuestos ni esquemas de orden, prefigurados por un control omnipotente (desde la tierra o desde el cielo a través de la guerra y la policía), ni estructuras de neutralización (represión, amortiguamiento, etc.) que se pretenden internas al tejido social. La metrópoli es libre. La libertad de la metrópoli nace en la construcción y reconstrucción que cada día ella opera sobre sí misma y de sí misma; la “huelga general” se inserta en este marco. Ello es la prolongación, mejor la manifestación, es decir la revelación, de cuanto vive en lo profundo de la ciudad. Probablemente en Sevilla la “huelga generalizada” ha sido también esto, el descubrimiento de esa otra sociedad que vive en la metrópoli durante todo el tiempo de la jornada laboral. Nosotros no sabemos si las cosas son verdaderamente así: lo que sin embargo nos interesa subrayar es que la “huelga generalizada” es una especie de exploración radical de la vida de la metrópoli, de su estructura productiva, de su común.
Traducción: PB
Digitalización: Colectivo NPH
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Lenin hoy: la actualización de Slavoj Zizek
Marco Antonio Esteban
Nou Treball
Cuando le preguntan a Zizek qué modelo de sociedad prefiere, contesta: comunismo con un toque de terror. Es obvio que estamos ante un pensador interesante. Muchos aseguran que no hay que tomar a Zizek literalmente. A mí me da la impresión contraria. Su tono de broma genial le permite trascender a los medios y lanzar lo que en realidad es un mensaje serio y contundente. Aunque Zizek lleva más de diez años entre los teóricos culturales más famosos del mundo, es a partir del año 2002 con la publicación de un libro sobre el totalitarismo y otro sobre Lenin cuando adopta, para asombro de muchos, una postura decididamente marxista y leninista.
Las revoluciones culturales desatadas en el 68, las derrotas de la izquierda en los 80 y el postmodernismo resultante de los años 90 han generado en el espacio situado a la izquierda de la socialdemocracia diversas corrientes de pensamiento que libran una dura batalla por la hegemonía entre la satisfecha intelectualidad académica radical, las organizaciones de izquierda y los movimientos sociales. Entre los principales exponentes de estas corrientes destacan anarquistas libertarios como Chomsky, antiteórico y antiestatista y antileninista; marxistas postestructuralistas como Negri, Hardt y, hasta cierto punto, Holloway, mucho más teóricos pero no menos antiestatistas y antileninistas; demócratas radicales como Laclau, Mouffe o Badiou que abogan por un igualitarismo no necesariamente socialista; y, por reacción, autores como Zizek que levantan de nuevo contra viento y marea la bandera leninista. Ante la resistencia anarquista, la fragmentación foucaltiana de las luchas o la democracia sin emancipación Zizek reivindica el momento revolucionario y la destrucción del capitalismo. Con independencia de las críticas que se le puedan hacer, no cabe duda de que Slavoj Zizek es uno de los autores que más brillantemente ha escrito en los últimos años sobre Lenin y su pertinencia en los tiempos que corren.
La izquierda en la actualidad se divide en dos grandes grupos claramente diferenciados. Uno abrumadoramente mayoritario que no contempla un horizonte más allá del capitalismo y otro minoritario que sí lo imagina. El principal punto de fricción en el debate teórico dentro del grupo anticapitalista se centra en las condiciones de posibilidad de articulación de un espacio más allá de la democracia liberal. ¿Es posible reformular un proyecto político anticapitalista de izquierda frente al capitalismo global y sus excrecencias irracionalistas, las ultraderechas populistas y los fundamentalismos religiosos? ¿Cómo podemos repetir la proeza de Lenin, quien en un tiempo de desintegración del sistema fue capaz de reinventar el proyecto socialista y generar nuevas coordenadas? ¿Y cómo hacerlo en el actual ambiente generalizado de renuncia a toda esperanza de transformación?
En opinión de Zizek, la referencia a Lenin es inapreciable para distanciarse de cinco actitudes que predominan en la izquierda. La primera acepta la esfera de las luchas culturales ecológicas, feministas, gays, étnicas, nacionales, religiosas o multiculturalistas como el centro de la política emancipatoria y relega la esfera económica -casualmente la decisiva- a un segundo plano o al silencio. La segunda se encastilla en la defensa de las conquistas del Estado del Bienestar, defensa inviable porque ni las clases dominantes apuestan ya por el consenso social ni la base obrera tradicional que integró ese consenso mantiene su fuerza y tamaño. La tercera alberga una ingenua ilusión sobre las potencialidades de la tecnología, especialmente Internet, para la creación de nuevas comunidades y opciones políticas. La cuarta mantiene ortodoxias -como el trotskismo fiel al programa transicional de los años 30- que aplican mecánicamente el mismo patrón a todas las crisis políticas: identifican un supuesto movimiento de clase trabajadora que, carente de una auténtica dirección marxista capaz de vehicular su potencial revolucionario, es invariablemente traicionado por las fuerzas anticomunistas y procapitalistas. Finalmente, la quinta actitud asume la forma de terceras vías que son en la práctica simples certificaciones de defunción de las segundas vías, las anticapitalistas, y glorificaciones de las primeras vías, las liberales puras y duras.
Vivimos en un momento de despolitización de la economía, no por azar. Se puede opinar, proponer y legislar sobre todo: derechos humanos, racismo, medio ambiente, sexismo, homofobia, fundamentalismo religioso, violencia. Todo menos la economía. En la esfera económica reina el silencio, la censura y la inmovilidad más absolutos. Son muchos los que consideran más probable el fin del mundo que la más ligera modificación en la arquitectura del capitalismo. ¿Puede haber mayor prueba de la centralidad de la esfera económica? Zizek no tiene inconveniente en ser políticamente incorrecto en extremo y señalar que las demandas de las luchas del multiculturalismo posmoderno pertenecen esencialmente a las clases medias y altas occidentales; en ningún caso son comparables al horror que viven buena parte de las poblaciones del tercer mundo y no deben ser aceptadas por la izquierda como luchas fundamentales. El objetivo de la izquierda debe ser trasladar la lucha de nuevo a la esfera clave: la economía. Es necesario volver a repolitizar la economía con una intervención política de signo inverso a la que, en los últimos 30 años, han efectuado las clases privilegiadas para revertir las conquistas logradas por los trabajadores en los dos últimos siglos. El desmontaje de los avances en materia de legislación laboral, derechos sociales y regulación financiera ha hecho retroceder a la humanidad más de un siglo. Frente a la democracia liberal, cabe preguntarse: ¿dónde se toman la decisiones públicas clave? Si no se toman en un espacio público y con la participación de la mayoría, tanto da que exista formalmente una democracia parlamentaria. Zizek no es el único que extrae esta conclusión. Eric Hobsbawm afirma que la extensión de la democracia liberal en el mundo a golpe de misil imperial no sólo es hipócrita, sino contraproducente y peligrosa. Una democracia así es cada vez menos necesaria en sitio alguno, puesto que las decisiones políticas y económicas más importantes tienen lugar en organizaciones transnacionales privadas y públicas no democráticas. En otras palabras: el deterioro del modelo democrático liberal está llegando a tal punto que la diferencia entre su existencia o no para amplias partes del mundo es cada día más pequeña, por mucho que nos empeñemos en buscarla.
Cuando una demanda particular no se limita a la mera negociación de intereses en el espacio social existente, sino que desata la necesidad de una completa reestructuración de ese espacio a partir de su parte subordinada, esa demanda se convierte en universal. La causa de la mujer conserva aún su prestigio porque se identifica con todas las mujeres del mundo contra una sociedad patriarcal y su reivindicación no sólo les concierne a ellas, sino a toda la humanidad. La izquierda sólo puede ser universal si defiende en primer lugar a los que carecen de sitio en el sistema: el inmigrante sin papeles, la mujer sin derechos, el habitante del suburbio, el esclavo obrero de la periferia del imperio. Siguen conformando los grupos sociales que Marx consideraba como el crimen de la sociedad entera y su liberación la autoemancipación universal. En ellos reside la universalidad política y también la verdad. Zizek afirma que en la era del relativismo posmoderno es necesario recuperar la política de la verdad. Por verdad no entiende un conocimiento objetivo y neutral, sino un compromiso, una toma de partido por un bando. En la medida en que lo universal sólo puede articularse a partir del bando más débil, el verdadero universalismo requiere decantarse y abandonar la neutralidad. Zizek preguntaba a los cándidos europeos que aconsejaban imparcialmente a serbios y bosnios olvidar sus diferencias y pactar graciosamente la paz, qué hubieran pensado si durante la segunda guerra mundial un bienintencionado pacifista aconsejara, desde la tranquilidad de algún país neutral, olvidar las diferencias tribales, darse la mano amistosamente y comenzar sin más a vivir en armonía. El ejemplo de Lenin muestra que la verdad universal y el partidismo deben ir de la mano. La verdad universal es parcial y únicamente puede formularse desde una posición partidaria. No puede haber soluciones de compromiso. La parte excluida del orden global se convierte en la representante de la injusticia global. El antagonismo actual no se produce entre la globalización y los fundamentalismos étnicos y religiosos, sino entre la globalización como proceso de exclusión de enormes partes de la humanidad y el universalismo de la parte excluida que se convierte en referencia universal de la utopía.
Zizek, basándose en Lacan, plantea que vivimos en un orden simbólico, ficcional, no en el mundo real. Lo Real y la realidad no son idénticos. La realidad es virtual, fabricada con representaciones y significados que nos permiten dar sentido al mundo. Por contra, lo Real no puede ser directamente representado, porque es precisamente lo que no puede ser incorporado en el orden simbólico. La realidad es una interpretación simbólica de lo Real. Matrix es una película inspirada en esta visión del mundo. No es necesario recurrir a una interpretación psicoanalítica de este tipo para llegar a conclusiones similares. El clásico aserto marxista de la emancipación de los trabajadores como obra de los propios trabajadores encierra el mismo mensaje: únicamente los siervos tienen la voluntad necesaria en última instancia para acabar con sus amos y con su sistema de dominación social e ideológica. ¿Cómo operar entonces un cambio radical en la realidad? Atacando su arquitectura simbólica mediante un acto político que quiebre las coordenadas existentes. Lenin ejemplifica la necesidad, para que las coordenadas cambien, de desembarazarse del Gran Otro, el sujeto o entidad que conoce, que tiene presuntamente la respuesta. Por supuesto, el Gran Otro no existe. Ninguna señal luminosa indicará nunca que las condiciones objetivas se dan en ese preciso momento, ningún sabio aportará la fórmula mágica que garantice el curso de acción perfecto, ninguna autorización legitimadora aparecerá por encanto en el instante oportuno. Al final no hay más remedio que librarse del miedo a tomar el poder y de la cobertura del Gran Otro. A la hora de la decisión revolucionaria estamos completamente solos. La emancipación es obra de nosotros mismos. Ante la teleología que confía en que la revolución estallará inevitablemente cuando llegue la crisis final, Lenin intuye que no hay un tiempo definido y predeterminado para la revolución. Simplemente, la oportunidad revolucionaria se presenta en función de un conjunto extraordinario de circunstancias. La oportunidad se aprovecha o se pierde. Ser revolucionario en 1917 significaba arriesgarse a romper completamente con el orden establecido. Ese es el acto político por excelencia. Zizek retoma aquí el Augenblick de Lukacs, el breve momento en que se abre la posibilidad de actuar sobre una situación agravando el conflicto antes de que el sistema pueda integrarlo. La libertad no es un estado de armonía y equilibrio, sino el acto violento que perturba el equilibrio y libera. Una liberación que no puede ser completamente explicada en función de las condiciones objetivas o circunstancias históricas preexistentes.
Frente a la apuesta revolucionaria de Lenin el comité central bolchevique -muchos de cuyos miembros tomaban al fundador de su partido por loco- opuso dos grandes argumentos que apelaban a la llegada del Gran Otro: el primero, la inexistencia de consenso democrático entre la población. Lenin ironizaba sobre la necesidad de convocar un referéndum para hacer la revolución. El segundo, la falta de condiciones objetivas para la acción revolucionaria. Rosa Luxemburgo ya advirtió en su tiempo que quien espere la llegada de las condiciones objetivas esperará siempre. Lenin tuvo éxito, subraya Zizek, porque su decisión fue respaldada por la población en un momento revolucionario de enorme expansión de la democracia de base que desafiaba al gobierno existente. Lenin reconocía que Rusia en 1917 era el país más democrático del mundo, pero era consciente de que si no se iba más allá, si no se eliminaba el liberalismo y el capitalismo, el momento se perdería. Una revolución debe golpear dos veces. Tras el primer golpe, la revolución se encuentra todavía demasiado vinculada al viejo aparato estatal. Surge la ilusión de que las cosas pueden cambiarse dentro de las estructuras del viejo orden. Esto es imposible: hay que negar el viejo orden, golpear otra vez y dar paso al nuevo. El acto político revolucionario es el que modifica los parámetros de lo existente. La idea de Lenin no es que las leyes de la historia estén de nuestro lado, sino que no hay Gran Otro. No hay garantía para nuestros actos.
Lenin liberó un enorme territorio del planeta de las garras del capitalismo y demostró que una organización social anticapitalista era posible. Con todos sus horrores, la Unión Soviética fue la única fuerza política que presentó una amenaza real al dominio mundial del capitalismo, impulsó la utopía en todo el planeta y generó un sano miedo a la revolución en las clases dirigentes occidentales que permitió a los estratos populares avanzar en materia de conquistas sociales. La legión de ex-comunistas que critican ahora el comunismo y abrazan el neoliberalismo suelen pertenecer a las capas que más se beneficiaron de esas conquistas. La caída de la Unión Soviética ha sido un desastre para la humanidad. Por eso los Soviets todavía conservan su potencial emancipatorio. Todo territorio comunista es territorio liberado. Lenin es más necesario que nunca en las circunstancias actuales, cuando ha llegado a desaparecer la creencia en el potencial de la humanidad para cambiar y mejorar la sociedad, cuando se contempla de nuevo la historia como destino inevitable, cuando todas las vías se ponderan excepto la revolucionaria Lenin personifica el acto revolucionario como única alternativa a la guerra y la barbarie. Lenin hoy no comporta aplicar mecánicamente sus análisis a la situación actual, ni siquiera ajustar el viejo programa a las nuevas condiciones, sino seguir su ejemplo: reformular completamente el proyecto socialista e iniciar un proyecto político que mine la totalidad del orden global capitalista liberal. ¿Cómo inventar la estructura organizacional que canalice el demanda política universal de contestación al capitalismo global? Lenin hoy significa que para ser anticapitalista hay que combatir el cáncer de la democracia: el liberalismo y su puntal, la propiedad privada. La lección clave de Lenin radica en que la política sin estructura ni organización que le confiera la forma de demanda universal es política sin política, revolución sin revolución con denada al fracaso.
Marx aseguraba que el socialismo no podía realizarse sin revolución y Lenin añadía que para tener una revolución hay que tener una revolución. Zizek propone una bella definición de revolución: es la representación de la utopía. Presente y futuro se aproximan brevemente en el instante revolucionario y podemos comportarnos como si la utopía nos tocara. El futuro utópico se materializa fugaz y somos realmente felices mientras luchamos por él. La utopía no es un sueño, una ilusión o un producto de la imaginación, sino un impulso surgido de la necesidad de supervivencia ante una situación sin salida. Nos vemos obligados a pensar la utopía ante la imposibilidad de solucionar los problemas dentro de las coordenadas existentes, ante la convicción de que la peor opción es continuar con lo que conocemos. Los momentos en que somos más libres e iguales en este sistema son aquellos que dedicamos a la consecución de la utopía. El resto del tiempo somos meros esclavos.
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V. I. Lenin
Carta a los miembros del CC
Escrito: 24 de octubre (6 de Noviembre) de 1917
Primera Edición: 1924
Digitalización: Aritz, Diciembre de 2000
Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2000
Camaradas: Escribo estas líneas el 24 por la tarde. La situación es crítica en extremo. Es claro como la luz del día que hoy todo lo que sea aplazar la insurrección significará verdaderamente la muerte.
Poniendo en ello todas mis fuerzas, quiero convencer a los camaradas de que hoy todo está pendiente de un hilo, de que en el orden del día figuran cuestiones que no pueden resolverse por medio de conferencias, ni de congresos (aunque sean incluso congresos de los Soviets), sino únicamente por los pueblos, por las masas, por medio de la lucha de las masas armadas.
La korniloviada inspirada por la burguesía, la destitución de Verjovski demuestran que no se puede esperar. Es necesario, a todo trance, detener al gobierno esta tarde, esta noche, desarmando previamente a los cadetes (después de vencerlos, si oponen resistencia), etc.
¡¡No se puede esperar!! ¡¡Nos exponemos a perderlo todo!!
¿Qué se conseguirá con la toma inmediata del poder? Proteger al pueblo (no al Congreso, sino al pueblo, al ejército y a los campesinos, en primer término) contra el gobierno kornilovista, que ha arrojado de su puesto a Verjovski ya ha urdido una segunda conspiración kornilovista.
¿Quién ha de hacerse cargo del Poder?
Esto, ahora, no tiene importancia: que se haga cargo el Comité Militar Revolucionario “u otra institución” que declare que sólo entregará el Poder a los verdaderos representantes de los intereses del pueblo, de los intereses del ejército (inmediata propuesta de paz), de los intereses de los campesinos (inmediata toma de posesión de la tierra, abolición de la propiedad privada), de los intereses de los hambrientos.
Es necesario que todos los distritos, todos los regimientos, todas las fuerzas sean inmediatamente movilizadas y que envíen sin demora delegaciones al Comité Militar Revolucionario, al CC del Partido Bolchevique, exigiendo insistentemente: no dejar en modo alguno el Poder en manos de Kerenski y Cía. Hasta el 25; en modo alguno. Es menester que la cosa se decida a todo trance esta tarde o esta noche.
La historia no perdonará ninguna dilación a los revolucionarios que hoy pueden triunfar (y que triunfarán hoy con toda seguridad) y que mañana correrán el riesgo de perder mucho, tal vez de perderlo todo.
Si hoy nos adueñamos del Poder, no nos adueñamos de él contra los Soviets, sino para ellos.
La toma del Poder debe ser obra de la insurrección; su meta política se verá después de que hayamos tomado el Poder.
Aguardar a la votación incierta del 25 de octubre sería echarlo todo a perder, sería un puro formalismo; el pueblo tiene el derecho y el deber de decidir estas cuestiones no mediante votación, sino por la fuerza; tiene, en momentos críticos de la revolución, el derecho y el deber de enseñar el camino a sus representantes, incluso a sus mejores representantes, sin detenerse a esperar por ellos.
Así lo ha demostrado la historia de todas las revoluciones, y los revolucionarios cometerían el mayor de los crímenes, si dejasen pasar el momento, sabiendo que de ellos depende la salvación de la revolución, la propuesta de paz, la salvación de Petrogrado, la salida del hambre, la entrega de la tierra a los campesinos.
El gobierno vacila. ¡Hay que acabar con él, cueste lo que cueste!
Demorar la acción equivaldría a la muerte.
¿Y si Lenin fuera hoy tan atacado no tanto porque su aportación sea
obsoleta, sino porque fue uno de los pocos que consiguió derribar al
capitalismo? El odio que los estratos privilegiados exhiben contra él,
¿no provendrá de que, a diferencia de otros programas políticos, el
legado de Lenin continúa siendo peligroso para el sistema? ¿La crítica
socialista ha sido superada por la evolución del capitalismo o los
análisis socialistas sobre el capitalismo se han cumplido y es la
extraordinaria brutalidad del capital del siglo XXI la que ha hecho
–por el momento- entrar en crisis al socialismo?
Lo debatimos el jueves 18 de agosto a las 19:30h. en la sede central
del PSUC Viu (c/ Comtessa de Sobradiel 7, Barcelona).
No cerramos en agosto: son muchos los que ya no tienen vacaciones y es
un excelente momento para la discusión. El debate está abierto a
todos: miembros del PSUC Viu y la JC de los diferentes territorios y
sectores, simpatizantes, independientes e integrantes de otras
organizaciones políticas o asociaciones.
Comité de Barcelona del PSUC Viu
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Materiales para el Debate sobre Lenin:
Repetir Lenin
Slavoj Zizek
Introducción: Entre las dos revoluciones
La primera reacción pública ante la idea de reactualizar a Lenin es, claro, un ataque de risa sarcástica: Marx vale, hoy en día incluso en Wall Street hay gente que le adora -Marx el poeta de las mercancías, Marx el que proporcionó perfectas descripciones de la dinámica capitalista, Marx el que retrató la alienación y reificación de nuestras vidas cotidianas-, pero Lenin, no, ¡no puedes ir en serio! ¿No representa Lenin precisamente el FRACASO a la hora de poner en práctica el Marxismo, la gran catástrofe que dejó huella en la política mundial de todo el siglo XX, el experimento de Socialismo Real que culminó en una dictadura económicamente ineficaz? De modo que, de haber algún consenso en (lo que queda de) la izquierda radical de hoy en día, éste estriba en la idea de que, para resucitar el proyecto político radical, habría que dejar atrás el legado leninista: la inquebrantable atención a la lucha de clases, el partido como forma privilegiada de organización, la toma revolucionaria y violenta del poder, la consiguiente «dictadura del proletariado». ¿no constituyen todos estos «conceptos-zombi» que hay que abandonar si la izquierda quiere tener alguna oportunidad bajo las condiciones del capitalismo tardío «posindustrial»?
El problema con este argumento aparentemente convincente es que suscribe con demasiada facilidad la imagen heredada de un Lenin, sabio dirigente revolucionario, que, después de formular las coordenadas básicas de su pensamiento y práctica en el ¿Qué hacer?, se limitó a aplicarlas consiguiente e implacablemente. ¿Y si hubiera otra historia que contar sobre Lenin? Es cierto que la izquierda de hoy en día está atravesando una experiencia devastadora del fin de toda una época de movimiento progresista, una experiencia que la obliga a reinventar las coordenadas básicas de su proyecto -sin embargo, una experiencia exactamente homóloga fue la que dio origen al leninismo. Recuerden la conmoción de Lenin cuando, en otoño de 1914, todos los partidos socialdemócratas europeos (con la honorable excepción de los bolcheviques rusos y de los socialdemócratas serbios) adoptaron la «línea patriótica» -Lenin llegó a pensar que el número de Vorwaerts, el diario de la socialdemocracia alemana, que informaba de cómo los socialdemócratas habían votado en el Reichstag a favor de los créditos militares era una falsificación de la policía secreta rusa destinada a engañar a los obreros rusos. En aquella época del conflicto militar que dividió en dos el continente europeo, ¡qué difícil era rechazar la idea de que había que tomar partido en este conflicto y luchar contra el «fervor patriótico» en el propio país! ¡Cuántas grandes cabezas (incluida la de Freud) sucumbieron a la tentación nacionalista, aunque sólo fuera por un par de semanas!
Esta conmoción de 1914 fue -por expresarlo en palabras de Alain Badiou- un desastre, una catástrofe en la que desapareció un mundo entero: no sólo la idílica fe burguesa en el progreso, sino TAMBIÉN el movimiento socialista que la acompañaba. El propio Lenin (el Lenin de ¿Qué hacer?) perdió el suelo bajo los pies -no hay, en su reacción desesperada, ninguna satisfacción, ningún «¡os lo dije!». ESTE momento de Verzweiflung [desesperación], ESTA catástrofe abrió el escenario para el acontecimiento leninista, para romper el historicismo evolutivo de la Segunda Internacional -y sólo Lenin estuvo a la altura de esta apertura, sólo él articuló la Verdad de la catástrofe. En este momento de desesperación nació el Lenin que, dando un rodeo por la atenta lectura de la Lógica de Hegel, fue capaz de identificar la oportunidad única de revolución. Resulta crucial hacer hincapié en esta relevancia de la «alta teoría» para la lucha política más concreta hoy, cuando hasta a un intelectual tan comprometido como Noam Chomsky le gusta recalcar la poca importancia que tiene el conocimiento teórico para la lucha política progresista: ¿de qué sirve estudiar grandes textos filosóficos y socioteóricos para la lucha de hoy en día contra el modelo neoliberal de globalización? ¿No estamos tratando o bien hechos evidentes (que no hay más que hacer públicos, algo que Chomsky está haciendo en sus numerosos textos políticos) o bien de una complejidad tan incomprensible que no podemos entender nada? Contra esta tentación antiteórica, no basta con llamar la atención sobre la gran cantidad de presupuestos teóricos existentes acerca de la libertad, el poder y la sociedad, que abundan también en los textos políticos de Chomsky; cabe sostener que es más importante ver cómo, hoy en día, quizá por primera vez en la historia de la humanidad, nuestra experiencia cotidiana (de la biogenética, la ecología, el ciberespacio y la realidad virtual) nos obliga a TODOS a enfrentarnos a los temas filosóficos esenciales sobre la naturaleza de la libertad y la identidad humana, etc. Volviendo a Lenin, su El Estado y la revolución es el correlato estricto de esta experiencia devastadora de 1914 -la absoluta implicación subjetiva de Lenin en ella queda clara desde su célebre carta a Kamanev de Julio de 1917:
«Entre nous [entre nosotros]: si me matan, te pido que publiques mi cuaderno "El marxismo y el Estado" (que abandoné en Estocolmo). Está forrado con una cubierta azul. Se trata de una recopilación de todas las citas de Marx y Engels, así como de Kautsky contra Pannekoek. Hay una serie de observaciones y notas, formulaciones. Creo que con una semana de trabajo se podría publicar. Lo considero imp. porque no sólo Plejanov, sino también Kautsky lo entendieron mal. Condición: todo esto es entre nous»[1].
La implicación existencial es aquí extrema, y el núcleo de la «utopía» leninista surge a partir de las cenizas de la catástrofe de 1914, en su ajuste de cuentas con la ortodoxia de la Segunda Internacional: el imperativo radical de aplastar el Estado burgués, lo cual significa el Estado COMO TAL, e inventar una nueva forma social común sin ejército, policía o burocracia permanentes, en la que todos pudieran participar en la administración de las cuestiones sociales. Esto no era para Lenin un proyecto teórico para un futuro remoto -en octubre de 1917, Lenin proclamó que «ahora mismo podemos poner en marcha un aparato estatal constituido por diez, si no veinte, millones de personas»[2]. Este impulso del momento es la verdadera utopía. Con lo que habría que quedarse es con la LOCURA (en sentido Kierkegaardiano estricto) de esta utopía leninista -y el estalinismo representa, si acaso, un retorno del «sentido común» realista. Es imposible sobrestimar el potencial explosivo de El Estado y la revolución -en este libro, «se prescinde abruptamente del vocabulario y de la gramática de la tradición occidental de la política»[3]. Lo que vino a continuación puede llamarse, apropiándonos del título del texto de Althusser sobre Maquiavelo, la solitude de Lenine [la soledad de Lenin]: un periodo en el que éste se encontró básicamente solo, luchando contra la corriente en su propio partido. Cuando, en sus «Tesis de abril» de 1917, Lenin identificaba el Augenblick, la oportunidad única para una revolución, sus propuestas se toparon primero con el estupor o el desdén de la gran mayoría de compañeros de partido. Dentro del partido bolchevique, ningún dirigente destacado respaldaba su llamamiento a la revolución y Pravda tomó la extraordinaria medida de disociar al partido, y al consejo de redacción en su totalidad, de las «Tesis de abril» de Lenin -lejos de ser un oportunista que halagaba y explotaba los ánimos imperantes entre el pueblo, las visiones de Lenin eran sumamente idiosincráticas. Bogdanov caracterizó las «Tesis de abril» como «el delirio de un loco»[4] y la propia Nadezhda Krupskaya concluyó que «temo que parezca como si Lenin se hubiera vuelto loco»[5].
En febrero de 1917, Lenin era un emigrante político semi-anónimo, desamparado en Zurich, sin ningún contacto fiable con Rusia, que se enteraba la mayoría de las veces de los acontecimientos a través de la prensa suiza; en octubre, dirigió la primera revolución socialista exitosa -así que ¿qué sucedió entre medias? En febrero, Lenin percibió de manera inmediata la oportunidad revolucionaria, resultado de circunstancias contingentes únicas -si no se aprovechaba el momento, la oportunidad de revolución se habría perdido, quizá por décadas. En su testaruda insistencia en que había que arriesgarse y pasar a la siguiente fase, es decir, REPETIR la revolución, Lenin estaba solo, ridiculizado por la mayoría de los miembros del Comité Central de su propio partido: no obstante, por más indispensable que fuera la intervención personal de Lenin, no se debería modificar la historia de la Revolución de octubre para convertirla en la del genio solitario enfrentado a las masas desorientadas que paulatinamente va imponiendo su visión. Lenin tuvo éxito porque su llamamiento, soslayando a la nomenklatura de partido, encontró eco en lo que uno se siente tentado a llamar micropolítica revolucionaria: la increíble explosión de democracia de base, de comités locales que empezaban a aparecer inesperadamente por todas las grandes ciudades de Rusia y que, al mismo tiempo que ignoraban la autoridad del gobierno «legítimo», tomaban las cosas en sus manos. Ésta es la historia no contada de la Revolución de octubre, el reverso del mito del grupo minúsculo de revolucionarios entregados e implacables que llevaron a cabo un golpe de Estado.
Lenin era plenamente consciente de la paradoja de la situación: en la primavera de 1917, después de la Revolución de febrero que derrocó el régimen zarista, Rusia era el país más democrático de toda Europa, con unas cotas sin precedentes de movilización de masas, libertad de organización y libertad de prensa -y, sin embargo, esta libertad volvió la situación opaca, profundamente ambigua. Si hay un hilo común que recorre todos los textos de Lenin escritos «entre medias de las dos revoluciones» (la de febrero y la de octubre), es su insistencia en el desfase que separa los contornos formales «explícitos» de la lucha política entre la multitud de partidos y otros sujetos políticos de los intereses sociales reales de la misma (paz inmediata, distribución de la tierra y, por supuesto, «todo el poder a los soviets», es decir, el desmantelamiento de los aparatos estatales existentes y su sustitución por nuevas formas comunales de administración social). Este desfase es el desfase entre la revolución qua explosión imaginaria de libertad en pleno entusiasmo sublime, qua momento mágico de solidaridad universal cuando «todo parece posible», y el duro trabajo de reconstrucción social que hay que realizar si esta explosión entusiasta pretende dejar huellas en la inercia del propio edificio social.
Este desfase -repetición del desfase entre 1789 y 1793 en la Revolución francesa- es precisamente el espacio de la intervención única de Lenin: la lección fundamental de materialismo revolucionario que nos da es que la revolución debe golpear dos veces, y por motivos esenciales. El desfase no es simplemente el desfase entre forma y contenido: en lo que falla la «primera revolución» no es en el contenido, sino en la forma misma -sigue atascada en la vieja forma, en la idea de que la libertad y la justicia se pueden lograr simplemente haciendo uso del aparato estatal ya existente y de sus mecanismos democráticos. ¿Y si el partido «bueno» gana las elecciones libres y lleva a cabo «legalmente» la transformación socialista? (La expresión más clara de esta ilusión, rayando el ridículo, la tenemos en la tesis de Karl Kautsky, formulada en la década de 1920, de que la forma política lógica de la primera fase del socialismo, del pasaje del capitalismo al socialismo, es la coalición parlamentaria de partidos burgueses y proletarios). Se puede trazar aquí un perfecto paralelismo con los inicios de la modernidad, cuando la oposición a la hegemonía ideológica de la Iglesia se articuló en un primer momento bajo la propia forma de otra ideología religiosa, como una herejía: de acuerdo con esta misma pauta, los partidarios de la «primera revolución» quieren subvertir la dominación capitalista bajo la misma forma política de la democracia capitalista. Se trata de la «negación de la negación» hegeliana: en primer lugar, se niega el viejo orden dentro de su propia forma ideológico-política; a continuación, hay que negar la forma misma. Quienes vacilan, quienes tienen miedo de dar el segundo paso de superar la propia forma, son quienes (por repetir a Robespierre) quieren una «revolución sin revolución» -y Lenin despliega toda la fuerza de su «hermenéutica de la sospecha» en la identificación de las distintas formas de este repliegue.
En sus escritos de 1917, Lenin reserva su ironía mordaz suma para quienes se meten en la búsqueda sin fin de algún tipo de «garantía» de la revolución; esta garantía adopta dos formas fundamentales: bien la noción reificada de Necesidad social (uno no debería arriesgarse a la revolución demasiado pronto; hay que esperar al momento adecuado, cuando la situación esté «madura» con respecto a las leyes del desarrollo histórico: «es demasiado pronto para la revolución socialista, la clase obrera todavía no está madura»), bien la legitimidad normativa («democrática»: «la mayoría de la población no está de nuestro lado, así que la revolución no sería realmente democrática») -tal y como lo expresa Lenin repetidas veces, es como si el agente revolucionario, antes de arriesgarse a tomar el poder estatal, debiera obtener el permiso de alguna figura del gran Otro (organizar un referéndum que establecería que la mayoría apoya la revolución). Con Lenin, al igual que con Lacan, la revolución ne s'autorise que d'elle-meme [sólo se autoriza por sí misma]: se debería asumir el ACTO revolucionario sin la cobertura del gran Otro -el miedo a tomar el poder «prematuramente», la búsqueda de garantías, es el miedo al abismo del acto. En esto reside la dimensión fundamental de lo que Lenin denuncia sin cesar como «oportunismo» y su envite es que el «oportunismo» es una postura que es de suyo, inherentemente, falsa y que oculta el miedo a efectuar el acto tras la pantalla protectora de hechos, leyes o normas «objetivos», lo cual explica que la primera medida para combatirlo sea anunciarlo claramente: «¿Qué hacer, entonces? Debemos aussprechen was ist [expresar lo que hay], "exponer los hechos", admitir la verdad de que hay una tendencia, o una opinión, en nuestro Comité Central.»[6].
La respuesta de Lenin no consiste en hacer referencia a un conjunto DIFERENTE de «hechos objetivos», sino en repetir la argumentación que Rosa Luxemburgo hizo una década antes contra Kautsky: los que esperan a que lleguen las condiciones objetivas de la revolución, esperarán siempre -una postura como ésta, del observador objetivo (y no de un agente implicado), es de por sí el principal obstáculo de la revolución. La contraargumentación de Lenin contra la crítica formal-democrática al segundo paso es que esta opción «democrática pura» es de por sí utópica: en las circunstancias concretas rusas, el Estado burgués-democrático no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir -el único modo «realista» de proteger las verdaderas conquistas de la Revolución de febrero (libertad de organización y de prensa, etc.) pasa por avanzar hacia la revolución socialista, de otro modo, la reacción zarista vencerá.
La lección básica de la noción psicoanalítica de temporalidad es que hay cosas que hay que hacer para descubrir que son superfluas: en el transcurso del tratamiento, uno pierde meses en falsos movimientos hasta que «algo hace clic» y uno encuentra la fórmula adecuada -aunque retroactivamente parecen superfluos, estos rodeos eran necesarios. ¿No vale esto mismo también para la revolución? ¿Qué sucedió entonces cuando, en sus últimos años, Lenin se hizo plenamente consciente de las limitaciones del poder bolchevique? En este punto, habría que contraponer Lenin a Stalin: a partir de los ultimísimos escritos de Lenin, muy posteriores a su renuncia a la utopía de El Estado y la revolución, se pueden discernir los contornos de un modesto proyecto «realista» de lo que el poder bolchevique debería hacer. Debido al subdesarrollo económico y al atraso cultural de las masas rusas, no hay manera de que Rusia «pase directamente al socialismo»; todo lo que el poder de los soviets puede hacer es combinar una política moderada de «capitalismo de Estado» con una intensa educación cultural de las desidiosas masas campesinas -NO el lavado de cerebros de la «propaganda comunista», sino simplemente una imposición paciente y gradual de los estándares civilizados desarrollados. Hechos y cifras revelan «qué inmensa cantidad de trabajo preliminar urgente tenemos todavía que hacer para alcanzar los estándares de un país civilizado normal de la Europa occidental. [.] Debemos tener en cuenta la ignorancia semi-asiática de la que todavía no nos hemos librado»[7]. De modo que Lenin previene repetidas veces contra cualquier tipo de «implantación [directa] del comunismo»: «Bajo ningún concepto debe entenderse esto como que deberíamos limitarnos a propagar inmediatamente por el campo ideas estrictamente comunistas. Mientras a nuestro campo le falte la base material para el comunismo, hacerlo sería de hecho pernicioso, diría yo, incluso fatal, diría yo, para el comunismo»[8]. Su tema recurrente es, pues, el siguiente: «lo más pernicioso en este contexto sería la prisa»[9]. Contra esta postura de «revolución cultural», Stalin optó por la noción profundamente antileninista de «construir el socialismo en un Estado».
¿Significa esto, entonces, que Lenin adoptó en silencio la crítica menchevique habitual al utopismo bolchevique, su idea de que la revolución debe seguir las fases necesarias predestinadas (ésta sólo puede tener lugar una vez que se den sus condiciones materiales)? En este punto, podemos observar el refinado sentido dialéctico de Lenin en funcionamiento: Lenin es plenamente consciente de que en aquel momento, a principios de la década de 1920, la principal tarea del poder bolchevique consiste en ejecutar las tareas del régimen burgués progresista (educación general, etc.); sin embargo, el simple hecho de que sea un poder REVOLUCIONARIO PROLETARIO el que lo esté haciendo, cambia la situación en un sentido fundamental -hay una oportunidad única de que estas medidas «civilizatorias» se apliquen de tal modo que estén desprovistas de su restringido marco ideológico burgués (la educación general será realmente educación general al servicio del pueblo, no una máscara ideológica para la propagación del estrecho interés de clase burgués, etc.). La paradoja verdaderamente dialéctica estriba, pues, en que la propia desesperanza de la situación rusa (el atraso que obliga al poder proletario a llevar a cabo el proceso civilizatorio burgués) es lo que puede convertirse en su ventaja única:
«¿Y si la absoluta desesperanza de la situación, al estimular los esfuerzos de los obreros y los campesinos diez veces más, nos brindara la oportunidad de crear los requisitos fundamentales de la civilización de un modo diferente al de los países de la Europa occidental?»[10]
Tenemos aquí dos modelos, dos lógicas incompatibles, de la revolución: los que esperan el momento teleológico maduro de la crisis final en el que la revolución estallará «a su debido tiempo» por la necesidad de la evolución histórica; y los que son conscientes de que la revolución no tiene un «debido tiempo», los que perciben la oportunidad revolucionaria como algo que surge en los propios periplos del desarrollo histórico «normal» y que hay que aprovechar. Lenin no es un «subjetivista» voluntarista -en lo que insiste es en que la excepción (el conjunto extraordinario de circunstancias, como las de Rusia en 1917) ofrece una vía para socavar la propia norma. ¿Y no es esta línea de argumentación, esta postura fundamental, más actual hoy que nunca? ¿No vivimos también en una época en la que el Estado y sus aparatos, incluidos sus agentes políticos, son simplemente cada vez menos capaces de expresar las cuestiones clave? La ilusión de 1917 de que los problemas acuciantes a los que se enfrentaba Rusia (la paz, la distribución de la tierra, etc.) podrían haberse resuelto a través de medidas parlamentarias «legales» es idéntica a la ilusión actual de que, por ejemplo, el peligro ecológico puede evitarse a través de una expansión de la lógica de mercado a la ecología (obligando a los contaminadores a pagar el precio del daño que ocasionan).
Repetir Lenin, Slavoj Zizek. Akal, colección Cuestiones de Antagonismo
[1] V.I. Lenin, Collected Works, Progress Publishers, Moscú, 1965, vol. 42, p. 67. [Traducción al castellano: Obras completas, Editorial Progreso, Moscú, 1985, vol. 42].
[2] Citado en Neil Harding, Leninism, Duke University Press, Durham, 1996, p. 309.
[3] N. Harding, Leninism, cit, p. 152.
[4] Citado en N. Harding, Leninism, cit., p. 87.
[5] Ibid.
[6] V.I. Lenin, Collected Works, cit., vol. 33, p. 422.
[7] Ibid., p. 463.
[8] Ibid., p. 465.
[9] Ibid., p. 488.
[10] Ibid., p. 479.
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¿Qué hacer hoy con el Qué hacer de Lenin?
Es decir: el cuerpo del General Intellect
Por Antonio Negri
“El punto débil de la cadena imperialista está allí donde la clase trabajadora es más fuerte”
(Operarios y capital, “Lenín en Inglaterra”, M. Tronti, 1964)
1. La cara biopolítica del leninismo
"Hablar de Lenín es hablar de la conquista del poder. No vale la pena colocar en otro horizonte su pensamiento o la acción, ya se la exalte o se la critique: la conquista del poder es el único tema leninista". Así rinde homenaje a Lenín la ciencia política occidental, exaltando paradójicamente la "sombría grandeza"... ¿Acaso Hitler y Mussolini no soñaron ser Lenín? Como sea, al finalizar las guerras civiles del siglo XX, a Lenín, el vencedor de octubre de 1917, el hombre de decisiones intempestivas e inquebrantable firmeza, le ha sido concedido el reconocimiento de la ciencia política burguesa.
Y es un reconocimiento a disgusto.
¿Qué es, efectivamente, la "toma del poder" para el marxismo revolucionario? Para el movimiento obrero del ochocientos y novecientos, y para el movimiento comunista, no hay "toma del poder" que no esté asociada a la "extinción del Estado". Y Lenín no es una excepción. Su extraordinaria aventura está ligada a ese proyecto. Baste esto para poner mil millas de distancia entre lo que Lenín hizo y la ambigua exaltación que la ciencia política burguesa ni hace. Es verdad que la obra de Lenín tuvo éxito a medias: conquistó el poder pero no destruyó al Estado. Aquel Estado que debía descomponerse resultó de tal fortaleza y ferocidad para disolverse, que eliminó de generaciones enteras de comunistas toda esperanza de enlazar la toma del poder con la disolución del Estado. Sin embargo, la cuestión permanece... Volver a hablar de Lenín significa preguntarse nuevamente si es posible retomar el camino que, al mismo tiempo que subvierte el orden estatal de las cosas existentes e inventa un mundo de libertad e igualdad, destruye el arco metafísico del mundo, ya sea como principio de autoridad o como dispositivo de explotación social, la jerarquía política y el comando productivo.
Planteado así el problema, añadimos otra nota, referida al reconocimiento de que el poder capitalista es indistinguible del comando estatal y la estructura social para la explotación, y que la revolución, cuando sea comunista, ataca y destruye a ambos. Y que, para Lenín (como en general para el marxismo revolucionario), la lucha comunista es biopolítica. Lo es porque involucra todo aspecto de la vida, y, sobre todo, porque la voluntad política revolucionaria de los comunistas ataca al bios, lo critica, lo construye, lo transforma. Lenín lleva a la ciencia política fuera de toda simplificación idealista, de toda idea de "razón de Estado", de toda ilusión de definición de lo político en términos burocráticos o decisionísticos. Pero aún más radicalmente: de toda separación de lo político de lo social y lo humano. En el terreno del pensamiento político, Lenín comienza liberando el análisis del Estado de la teoría de la forma de gobierno (aquella antigua, siempre repetida y siempre mistificadora); propone por ello el análisis de lo político fuera de las hipótesis ingenuas de reflejo de las formas económicas, y hace esto liberándose tanto de las pulsiones milenaristas como de las utopías laicas que, en referencia a una hipótesis de revolución, podrían confundir la mirada. Contrariamente, él mezcla, hibridiza, desbarata, revoluciona una y otra teoría: aquello que siempre deberá vencer es la voluntad política proletaria, en la cual cuerpo y razón, vida y pasión, rebelión y proyecto pueden constituirse en sujeto biopolítico- el sujeto "clase obrera", su "vanguardia", el alma del proletariado en su cuerpo.
Rosa Luxemburgo, tan lejana de Lenín en muchos aspectos, se halla aquí, en el carácter biopolítico del proyecto comunista, muy cercana. Por diversas vías, la curva de Luxemburgo y la recta de Lenín se cruzan, al asumir la vida de las masas y la articulación integral de sus necesidades como un potencial físico, corpóreo, que sólo puede dar base y contenido a la abstracción y a la violencia de la intelectualidad revolucionaria. Es misterioso este desarrollo de la ontología política del comunismo: pero muy real- muestra, con la cara biopolítica, la extraordinaria modernidad del pensamiento comunista, en la plenitud corpórea de la libertad que expresa y desea. Lenín se halla aquí dentro, en este materialismo de los cuerpos que se liberan, en la materialidad de la vida que mediante (y sólo mediante) la revolución, puede renovarse. Lenín es la invención revolucionaria de un cuerpo, no la apología de la autonomía de lo político.
2. Lenín más allá de Lenín.
¿Qué significa (hoy, no ayer ni hace un siglo) explotación y lucha contra la explotación? ¿Qué es hoy aquel cuerpo que se revolucionó en las aventuras y las guerras civiles del siglo XX? ¿Qué es el nuevo cuerpo de la lucha comunista?
Ya a principios de los años ’60 (y luego con intensidad cada vez mayor) esta pregunta se instalaba en primer plano. Sin grandes posibilidades de ser respondida, pero con la convicción que, sobre esta cuestión, Lenín no sólo era interrogado con exegética fidelidad sino también repropuesto- como suele decirse- "más allá de Lenín".
El primer problema fue preservar el sentido del leninismo dentro de las transformaciones de la realidad productiva, de las relaciones de poder que las caracterizan y de las mutaciones del sujeto. Un segundo problema, derivado del primero, fue el de restituir al leninismo (es decir, la necesidad de organización para la revolución anticapitalista y la destrucción del Estado) adecuándolo a la actual consistencia de la realidad productiva y a la nueva insistencia de los sujetos. Esto significa, por lo tanto, preguntarse cómo será posible la conquista del poder y la extinción del Estado en un período histórico que muestra (anticipando un tema crucial) la hegemonía del capital sobre el General Intellect.
Todo ha cambiado. Respecto de lo que Lenín vio y teorizó, la producción y el comando chocan hoy con una nueva composición técnica y política de la fuerza de trabajo. La experiencia de su explotación está transformada completamente. La naturaleza del trabajo productivo es hoy, en efecto, fundamentalmente inmaterial, mientras que la cooperación productiva es enteramente social: de aquí viene que el trabajo es coextensivo a la vida y la cooperación lo es a la multitud. Es por consiguiente en la sociedad (y ya no más, sólo en la fábrica) donde el trabajo tiende redes productivas, capaces de innovar el mundo de las mercancías, poniendo en acción al conjunto de los deseos racionales y afectivos del hombre. La explotación se determina en la misma extensión. Fin que atañe a la composición técnica. Y la cuestión es repropuesta por la composición política de la nueva fuerza de trabajo, ya que ella (calificada por la incorporación de utensilios: en el trabajo inmaterial el utensilio es el cerebro) se presenta en el mercado con la mayor movilidad (que es también éxodo de las formas disciplinarias del poder capitalista) y con la más alta flexibilidad- que es también autonomía política, búsqueda de autovalorización, rechazo de la representación. ¿Cómo poner al leninismo dentro de estas nuevas condiciones de la fuerza de trabajo? ¿Cómo transformar éxodo y autovalorización del trabajador inmaterial en una nueva lucha de clases, en deseo organizado de apropiación de la riqueza social y liberación de la subjetividad? ¿Cómo enlazar una realidad diversa con el proyecto estratégico del comunismo? ¿Cómo innovar lo antiguo en una apertura radical a lo nuevo, que sea también un "retorno a los orígenes", al leninismo- tal como Maquiavelo exigía de toda revolución verdadera?
Marx estaba asociado a una fenomenología "manufacturera" del trabajo industrial: de allí resultó una concepción fundamental autogestionaria del partido y de la dictadura social del proletariado. Lenín está asociado desde el principio a una perspectiva vanguardista del partido que- antes que la Revolución- anticipa en Rusia el pasaje de la manufactura a la "gran industria", y por ello instala como tarea estratégica el gobierno de aquella. Tanto para Marx como para Lenín, la relación entre composición técnica del proletariado y estrategia política se llama "Comuna" o "partido comunista"- y es la "Comuna" o el "Partido" los que efectúan el reconocimiento de la realidad y proponen una plena circulación entre estrategia política (subversiva) y organización (biopolítica) de las masas. El partido es motor de producción de subjetividad- o, mejor dicho, es el utensilio para la producción de subjetividad subversiva.
Nuestra pregunta es: ¿qué producción de subjetividad para la toma del poder, hoy, por parte del proletariado inmaterial? Dicho en otros términos, el discurso puede formularse de este modo: si hoy el contexto de la producción está constituido por la cooperación social del trabajo inmaterial, es todo esto que llamamos General Intellect - ¿cómo será posible construir el cuerpo subversivo del intelecto general, haciendo de la organización comunista la palanca, el punto de generación de la nueva corporeidad revolucionaria, la base potente de producción de subjetividad? Así, por lo tanto, entramos en "Lenín más allá de Lenín".
3. El cuerpo subversivo del General Intellect.
No se puede entrar en este tema como si fuese un paréntesis. Pero como a veces sucede en la argumentación socrática, un paréntesis puede evidenciar el concepto. Hay en los Grundrisse de Marx un famoso capítulo titulado "Capítulo sobre las Máquinas": allí Marx parece construir una "historia natural" (es decir, lineal, continua, necesaria) del capital hacia el intelecto general...El intelecto general es producto del desarrollo capitalista...Conclusión ambigua para nosotros y también para Lenín (que evidentemente no podía conocer los Grundrisse, pero poseía aquella lógica de ruptura que exalta el pensamiento marxiano tornando imposible toda continuidad natural del desarrollo capitalista). En efecto, junto a las ilusiones objetivistas que con frecuencia se insinúan en la crítica de la economía política, también para Marx las cosas eran así: el desarrollo que genera al General Intellect es, en efecto, para él un proceso de ningún modo natural: por una parte está lleno de vida (la fuerza vital – toda- de la producción y la reproducción, el contexto biopolítico de la sociedad capitalista); y, por otra parte, este proceso es potencialmente contradictorio (el General Intellect, efectivamente, no es sólo el producto de la lucha contra el trabajo asalariado, sino también la representación de aquella tendencia antropológica que se representa en el rechazo del trabajo: es, en fin, el resultado- revolucionado- de la caída tendencial de la tasa de ganancia capitalista).
De hecho, estamos aquí por completo en situación biopolítica. Esto es lo que une al Marx del General Intellect con Lenín y con nosotros: es el hecho de ser todos actores, mujeres y hombres, de aquel mundo de la producción que constituye la vida – de ser la carne del desarrollo. Es esta realidad del desarrollo capitalista, esta su nueva carne, donde la potencia del saber se entremezcla inseparablemente con la de la producción, y la actividad científica – del modo más singular y armónica- a las pasiones: pues bien, este bios (o, mejor, esta realidad biopolítica que caracteriza a la revolución industrial post ’68) es al que algunos autores y maestros (que se proclamaron comunistas cuando la noche se tornó más oscura) llamaron CsO. Cuerpo sin Órganos. Yo sigo llamando carne a todo esto. Quizá ella tiene la fuerza para volverse cuerpo y constituir todos los órganos que le competen. Quizá: porque necesitamos un demiurgo que haga real el evento, es decir, una vanguardia externa, que de la carne haga cuerpo. Cuerpo del General Intellect. ¿O, tal vez, como dicen otros autores, el hacerse cuerpo del General Intellect, podrá ser determinado por las palabras que el mismo General intellect articula, de modo que el General Intellect sea demiurgo de su propio cuerpo?
No creo que la elección de la vía posible nos resulte identificable; pienso que sólo un movimiento de lucha podrá decidirla. Y, más aún, seguramente en las perspectivas de maduración del General Intellect, debemos esperar la experimentación. Porque es sólo de este modo, oponiendo a la historia natural del capital aquellas contradicciones insolubles que Marx inventó, que la genealogía del General Intellect se constituirá como fuerza subversiva. Definir el cuerpo del General Intellect es, de hecho, lo mismo que afirmar la potencia del sujeto donde habita, la violencia de la crisis que sacude su ambigüedad, el choque teleológico que lo atraviesa: es decir de qué lado se está en este caos. Hemos decidido que el sujeto es, en el General Intellect, potente en tanto nómade y autónomo; que aquí, por lo tanto, la cooperación vence al mercado; que la teleología de lo común se impone a la del individuo y lo privado- esto es así, pues, por haber tomado partido por el cuerpo del General Intellect. Es una constitución que nace de la militancia de los hombres construida en el trabajo inmaterial y cooperativo, decidida a vivir como asociación subversiva.
La "biopolítica del leninismo" la hallamos por lo tanto aquí, incrustada en las nuevas contradicciones del "más allá de Lenín". Con Lenín decidimos hacer del cuerpo del General Intellect el sujeto de la organización de una nueva vida.
4. Espacio y temporalidad.
Pero, "más allá de Lenín" no es sólo el reconocimiento de una nueva realidad y por consiguiente un renovado descubrimiento de la urgencia de la organización: debe ser también la determinación espacial y temporal de un proyecto de liberación. El cuerpo siempre está localizado y es en aquel tiempo. La producción de subjetividad- para devenir eficaz- requiere de determinaciones espaciales y temporales. Para la Rusia que es un lugar y un tiempo, hay por Lenín una determinación absoluta- ¡aquí y ahora, o nunca más! ¿Cuáles son los espacios y tiempos de la organización subversiva y de la revolución posible para un proletariado inmaterial, en éxodo y autónomo?
Surgen muchas dificultades para reconocer la dimensión espacial de un nuevo proyecto leninista. Nosotros vivimos en el Imperio y sabemos que cualquier iniciativa revolucionaria que se mueva en espacios limitados (aunque sean puros Estados- nación de grandes dimensiones), no podrá tener continuidad. ¡Por supuesto que es evidente que hoy día el único Palacio de Invierno reconocible es la Casa Blanca! Difícil de atacar, no sé cómo decirlo... Además, a medida que se refuerza el poder imperial, su representación política deviene compleja e integrada en el ámbito mundial. Aunque tiene su ápice en USA, el Imperio no es americano – es el Imperio del capital colectivo. Por otra parte: reconozcamos que no hay espacio para el partido si no es Internacional, lo cual es una obviedad, sin nada inesencial. De hecho, no es tan decisiva para la renovación del leninismo, la reafirmación teórica de un punto sobre el cual deba asentarse la leva para multiplicar la fuerza de la subversión. Lo que interesa, en "Lenín más allá de Lenín", es identificar prácticamente aquel punto débil de la cadena imperial donde sea posible forzar la realidad. Ahora, este no es un "punto débil"- no lo será más: será más bien aquel donde sea más fuerte la resistencia, la insurrección, la hegemonía del General Intellect, en resumen, el poder constituyente del nuevo proletariado. En la base del dispositivo revolucionario de producción de subjetividad está por lo tanto, formalmente, lo Internacional: concretamente, políticamente, materialmente, no hay un espacio sino un lugar, no un horizonte sino un punto: aquel donde el evento es posible.
El tema del espacio para el partido está, por consiguiente, subordinado a un kairos específico, a la potencia intempestiva de un evento- es la flecha que el General Intellect lanza para reconocerse como cuerpo.
El discurso a hacer sobre la temporalidad del neo- partido leninista, en época de mundialización postfordista, es de algún modo análogo a cuanto ya se ha dicho. Como para el espacio, también para la temporalidad las determinaciones han caído. La historia económica y la historia política son siempre menos definibles de acuerdo con secuencias rítmicas; tanto más irreconocible es la regularidad cíclica de la historia económica o de los períodos creativos de lucha obrera, que también han caracterizado a un siglo, desde 1870 a 1970... ¿Qué temporalidad se le puede confiar hoy al partido leninista para controlar, usar, transformar? También aquí la indistinción es muy fuerte: como cuando razonábamos sobre espacialidad y lugares y veíamos a los Estados- nación devenir feudos del Imperio, y al Norte desarrollado y al Sur subdesarrollado ahora internalizados el uno en el otro y entrelazados en un mismo destino, así también es indistinguible la temporalidad. Sólo un kairos específico permitirá que el cuerpo del General Intellect emerja.
¿Pero qué significa todo esto? No hay conclusiones teóricas a estas consideraciones. Nunca se ha requerido tanta militancia y experimentación como sobre este punto. Es verdad que ahora está claro que el dispositivo leninista de intervención sobre un punto débil en un momento crítico, determinado objetivamente, es totalmente ineficaz. Está claro que sólo donde el partido de la fuerza de trabajo inmaterial presente una energía más alta que la de la explotación capitalista, sólo allí será posible un proyecto de liberación. La decisión anticapitalista deviene eficaz sólo allí donde la subjetividad es más fuerte, donde ella pueda construir la "guerra civil" contra el Imperio.
5. Dictadura sin soberanía, o sea la "democracia absoluta".
Debemos admitir en este punto que el razonamiento no es tan demostrativo como pretendía, al principio, nuestra apelación socrática. Es cierto que, para reafirmar la figura del partido leninista (que defiende el poder y constituye libertad en una decisión intempestiva y absoluta) hemos fijado alguna premisa importante (el manifestarse del General Intellect y la posibilidad de darle cuerpo; la centralidad tendencial del trabajo inmaterial, el éxodo y el nomadismo, la autonomía y la autovalorización que se agitan en este contexto; en fin, las contradicciones que señalan la relación entre la globalización y el entrelazamiento de sus dispositivos internos, resistencia y subversión)- pero, finalmente debemos reconocer que no hemos arribado a ninguna conclusión. Si no llenamos este cuadro de contenidos, de determinaciones y de potencias singulares, confiar en el kairos puede ser no esencial. Esta apelación al kairos puede tal vez dar forma a la producción de subjetividad, pero está terriblemente expuesto a la tautología cuando no propone palabras y contenidos subversivos... Debemos dar contenido al kairos del General Intellect, y alimentar al cuerpo del General Intellect revolucionario. ¿Qué es hoy una decisión revolucionaria? ¿Qué contenidos la caracterizan?
Para responder esta pregunta debemos dar un pequeño rodeo. Debemos recordar la limitación (que de por sí constituía un enorme salto adelante, más allá de la cultura manufacturera de la socialdemocracia rusa)- la limitación, por lo tanto, del punto de vista leninista. Su decisión revolucionaria, volviéndose poder constituyente, ocultaba interiormente un modelo de industria- el occidental, el americano concretamente. El desarrollo industrial moderno es el esqueleto en el armario de la teoría bolchevique de la revolución. El modelo de administración revolucionaria, es decir la obra de los constituyentes rusos, fue determinada por aquel presupuesto. Y, en el largo plazo, pervertida por él.
Hoy la situación ha cambiado radicalmente. Ya no hay una clase obrera que llora sobre la falta de un proyecto de gestión de la industria y la sociedad, gestión dirigida o bien a través del Estado. Y aunque este proyecto fuese reactualizado, ya no podría ser hegemónico sobre el proletariado y/ o sobre la intelectualidad de masas; no podría atacar a un poder capitalista que se ha desplazado a otros niveles (financieros, burocráticos, comunicativos...) de comando.
Hoy, ahora, la decisión revolucionaria debe basarse sobre otro esquema constituyente: que no colocará como preliminar un eje industrial y/ o de desarrollo económico sino, a través de aquella multitud en la cual se configura la intelectualidad de masas, propondrá el programa de una ciudad liberada en la cual la industria se someta a las urgencias de la vida, la sociedad a la ciencia, el trabajo a la multitud. La decisión constituyente, aquí, deviene democracia de una multitud.
Así arribamos a las conclusiones de esta intervención. Es muy grande la radicalidad que aquí se le requiere al partido para las transformaciones del movimiento en el ejercicio del poder constituyente. El poder constituyente anticipa siempre al derecho, por lo tanto es siempre dictadura (pero hay dictaduras y dictaduras. La fascista no es igual a la comunista, aunque nosotros no preferíamos la segunda a la primera). El hecho es que las decisiones políticas son siempre producciones de subjetividad, y la subjetividad es producto de cuerpos concretos, de masas y/ o multitudes de cuerpos- por lo que toda subjetividad es distinta de las otras.
Hoy, la que interesa es la subjetividad del cuerpo del General Intellect. Para transformar al mundo que lo rodea, debe usar la fuerza- una fuerza que será ordenada por la potencia constituyente. Naturalmente, también este ejercicio de potencia constituyente podrá tener resultados positivos o negativos. No hay ninguna medida para decidir preventivamente el criterio de aquello que crea la multitud. Y más aún, para que las cosas queden claras y no se nos acuse de trabajar para una dictadura indiscriminada, cubierta de palabras hipócritas y hoy más peligrosa que nunca, porque se esconde en la vulgaridad de un social homogéneo en el consumo- decimos rápidamente que aquella dictadura que deseamos, y que creemos constituye el tesoro de un Lenín redescubierto, puede también ser llamada "democracia absoluta". Spinoza llamaba así a aquella forma de gobierno que la multitud ejercía sobre sí misma. Necesitó mucho coraje Spinoza para agregar el adjetivo "absoluta" a una de las formas equivalentes de gobierno que la teoría antigua había transmitido: monarquía contra tiranía, aristocracia contra oligarquía, democracia contra anarquía. La "democracia absoluta" de Spinoza no tiene nada que ver con la teoría de las formas de gobierno. De acuerdo con esta última, aquella podía ser, y era, cubierta de epítetos negativos. "Democracia absoluta" es, en cambio, un término particularmente adecuado para la invención de una nueva forma de libertad, mejor, para la producción de un pueblo a- llegar.
Pero tal vez la razón fundamental que se sostiene en esta propuesta de "democracia absoluta" es constatar que de este nombre se halla excluida (por la fuerza de las cosas, del espacio y de la temporalidad de la posmodernidad) toda contaminación del concepto moderno de soberanía. Debemos- y podemos, si tomamos la valencia biopolítica- llevar a Lenín fuera del universo moderno (del modelo industrial soberano) en el cual vivió: podemos traducir su decisión revolucionaria en una nueva producción de subjetividad, comunista y autónoma, de la multitud postmoderna.
Febrero 2001
Traducción: ED
Digitalización: Colectivo NPH
Este artículo fue publicado en el número de mayo 2002 de la revista POSSE. El mismo se corresponde con la intervención de Toni Negri en la Conferencia Internacional sobre Lenin que tuvo lugar en Essen (Alemania) del 2 al 4 de febrero de 2001, organizada por Slavoj Zizek.
La multitud y la metrópoli
Toni Negri
Artículo publicado en el número 5 de la revista POSSE
1. “Generalizar” la huelga. Ha sido interesante observar, con ocasión de las luchas de la primavera y del verano del 2002 en Italia, cómo el proyecto de “generalizar” la huelga por parte de los movimientos de los precarios, de los obreros sociales, mujeres y hombres había parecido deslizarse de manera inocua e inútil a través de la “huelga general” de los trabajadores. Después de esta experiencia muchos compañeros que han participado en la lucha, han comenzado a darse cuenta que, mientras la huelga obrera “hacía daño” al patrón, la huelga social pasaba, por así decirlo, a través los pliegues de la jornada laboral global, sin hacer daño al patrón sino más bien a los trabajadores movibles flexibles. Esta constatación plantea un problema: el de comprender cómo lucha el obrero social, cómo puede concretamente destruir en el espacio metropolitano la subordinación productiva y la violencia de la explotación. Se trata de preguntarse cómo la metrópoli se presenta ante la multitud y si es correcto decir que la metrópoli es a la multitud como la fabrica fue a la clase obrera. De hecho esta hipótesis se nos presenta como problema. Ello no ha sido simplemente planteado desde las evidentes diferencias de eficacia inmediata entre luchas sociales y luchas obreras, sino también desde una cuestión mucho más pertinente y general: si la metrópoli es investida de la relación capitalista de valorización y de explotación, ¿cómo se puede, en su interior, aferrar el antagonismo de la multitud metropolitana? En los años sesenta y setenta a estos problemas, a medida que surgían en relación a las luchas de clase obrera y a las mutaciones de los estilos de vida metropolitanos, se le dieron varias respuestas, a menudo muy eficaces. Pronto las resumiremos. Aquí basta con subrayar cómo aquellas respuestas guardaban una relación externa entre la clase obrera y los otros estratos metropolitanos del trabajo asalariado y/o intelectual. Hoy el problema se presenta de manera diversa porque las varias secciones de la fuerza de trabajo se presentan en el híbrido metropolitano como relación interna e inmediatamente como multitud: un conjunto de singularidades, una multiplicidad de grupos y de subjetividades, que ponen en forma (antagonista) el espacio metropolitano.
2. Anticipaciones teóricas. Entre los estudiosos de la metrópoli (arquitectos y urbanistas), ha sido Koolhaas quien nos ha dado, de manera delirante, hacia finales de los setenta, una primera nueva imagen de la metrópoli. Aludimos, evidentemente, a Delirious New York. ¿En qué consistía la tesis central de este libro? Consistía en dar una imagen de la metrópoli que, más allá y a través de las planificaciones (siempre, de manera más o menos coherente, desarrollada), vivía todavía de dinámicas, conflictos y superposiciones potentes de estratos culturales, de formas y de estilos de vida, de una multiplicidad de hipótesis y de proyectos sobre el porvenir. Se debía mirar esta complejidad, esta microfisica de potencias desde dentro, para comprender la ciudad. New York, en particular, era el ejemplo de un extraordinario acumularse histórico y político, tecnológico y artístico, de varias formas de programación urbana. Pero no bastaba. Era necesario añadir que la metrópoli era más fuerte que lo urbano. Los intereses especulativos y las resistencias de los ciudadanos imponían y arrollaban a un tiempo, las prescripciones del poder y las utopías de los opositores. El hecho es que la metrópoli confundía y mezclaba los términos del discurso urbanístico: a partir de una cierta intensidad urbana, la metrópoli constituía nuevas categorías, era una nueva maquina proliferante. La medida se desmesuraba. Se trataba pues, a un tiempo, de dar de la metrópoli, de New York, un análisis microfísico, que fuese al encuentro ya sea de los miles y miles agentes singulares, ya sea de las formas de represión y bloqueo que la potencia de la multitud encontraba. Es así que la arquitectura de Koolhaas se eleva a través de grandes medidas de convivencia urbana, que vienen luego revueltas, mutadas y mezcladas en otras formas arquitectónicas... Es una gran narración la que la arquitectura de Koolhaas expresa, la gran narración de la destrucción de la ciudad occidental, para dar lugar a una metrópoli mestiza. No es relevante (aunque útil para comprender) que en Koolhaas el desarrollo arquitectónico sea clasificado de manera funcional a las varias técnicas de la organización del trabajo de construcción. Lo que interesa es exactamente lo contrario: también a través de una corporativización industrial de los agentes de la producción, aquí se percibe cuanto ahora ya la metrópoli se organiza sobre niveles continuos aunque distorsionados, fieles al Welfare aunque híbridos. La metrópoli es mundo común. Es el producto de todos -no voluntad general sino aleatoriedad común. Así la metrópoli se quiere imperial. Los postmodernos débiles son golpeados por Koolhaas. Koolhaas anticipa efectivamente, buscando en la genealogía de la metrópoli, una operación que en el postmoderno maduro deviene fundamental: el reconocimiento de la dimensión global como más productiva y más generosa desde el punto de vista de las figuras económicas y de los estilos de vida. Este esfuerzo critico no es solitario ni neutralizante. Al contrario produce otra critica, la confiada al movimiento real. Por ejemplo, cuando nosotros introducimos elementos diferenciales y antagonistas en el saber de la ciudad, y hacemos de éstos el motor de la construcción metropolitana, componemos también nuevos enfoques del vivir y del luchar -comunes. Todavía un ejemplo entre otros: un propósito de metrópoli y colectivización. Esta vieja palabra socialista está ciertamente ya obsoleta y totalmente superada en la consciencia de las nuevas generaciones. Pero éste no es el problema. El proyecto no es el de colectivizar sino el de reconocer y organizar el común. Un común hecho de un patrimonio riquísimo de estilos de vida, de posibilidades colectivas de comunicación y reproducción de la vida y, sobretodo, del exceso de la expresión común de la vida en los espacios metropolitanos. Disfrutamos de una segunda generación de vida metropolitana, creativa de cooperación y excedente en los valores inmateriales, relacionales, lingüísticos que produce. Esta es la metrópoli de la multitud singular y colectiva. Hay muchos postmodernos que rechazan la posibilidad de considerar la metrópoli de la multitud como espacio colectivo y singular, resistentemente común y subjetivamnte maleable y siempre nuevamente inventada. Estos rechazos sustituyen al analista por el bufón o el sicofante del poder. De hecho nosotros hemos recuperado la idea de las economías externas, de las dinámicas inmateriales, los ciclos de lucha y todo aquello que compone la multitud. New York es postmoderna, en la medida en que ha participado en todas condiciones del moderno, y ahí ha, por así decirlo, consumado en la crítica y en la prefiguración de otro: el resultado es un híbrido, el híbrido metropolitano como figura espacial y temporal de las luchas, plano de la microfísica de los poderes.
3. Metrópoli y espacio global. Es Saskia Sassen quien, antes y después de cualquier otro, nos ha enseñado a ver la metrópoli, todas las metrópolis, no solo, desde Koohlaas, como un agregado híbrido e interiormente antagonista, sino como figura homologa de la estructura general que el capitalismo ha asumido en la fase imperial. Las metrópolis expresan e individualizan el consolidarse de la jerarquía global, en sus puntos más articulados, en un complejo de formas y ejercicio de comando. Las diferencias de clase y la programación genérica en la división del trabajo ya no se hacen más entre naciones sino entre centro y periferia, en las metrópolis. Sassen va a observar los rascacielos para sacar lecciones implacables. Arriba está el que manda y abajo el que obedece; en el aislamiento de los que están más alto está la conexión con el mundo, mientras en la comunicación de los que están más abajo, están los puntos móviles, los estilos de vida y renovadas funciones de la recomposición metropolitana. Por esto nosotros debemos atravesar los espacios posibles de la metrópoli, si queremos reanudar los trazos de lucha, para descubrir los canales y las formas de conexión, los modos en que los sujetos están juntos. Sassen nos propone observar los rascacielos como estructura de la unificación imperial. Pero al mismo tiempo insinúa la sutil provocativa propuesta de imaginar los rascacielos no como un todo sino como un arriba y un abajo. Entre el arriba y el abajo corre la relación de comando, de explotación, y por tanto la posibilidad de rebelión. Los temas de Sassen son recorridos nuevamente fuertemente, en Europa, en los años noventa, cuando, con alguna dificultad, todavía sin embargo eficazmente, algunas fuerzas antagonistas han comenzado a ver en la estructura de la metrópoli reflejarse las contradicciones de la globalización. De hecho, que fuesen rascacielos o no, de todos modos el orden global restablecía un alto y un abajo en la metrópoli, que era la de una relación de explotación que se extendía sobre el horizonte interno de la sociedad urbana. Sassen mostraba los lugares y las relaciones de la explotación y disolvía la multitud devolviéndola al ejercicio disperso de actividad material. De otra parte está el comando. Blade Runner deviene una ficción científica.
4. Anticipaciones históricas. Pero las metrópolis de los rascacielos y del Impero otros las perciben sobretodo como lugares de lucha, que pueden revelar aspectos comunes y sobretodo pueden encarnar formaciones y organizaciones de resistencia y de subversión. El ejemplo que inmediatamente viene a la mente, a este propósito, es el de las luchas parisinas del invierno del ’95-’96. Estas luchas vienen recordadas porque en aquella ocasión los proyectos de privatización de los transportes públicos parisinos fueron rechazadas, no sólo por los sindicatos, sino por las luchas conjuntas de gran parte de la población metropolitana. Estas luchas, sin embargo, no habrían alcanzado nunca la intensidad y la importancia que tuvieron si no fuesen estado atravesadas, y ya primero de algún modo prefiguradas, por las luchas de los sans-papiers, sans-logement, sans-travail etc... Vale decir que el máximo de la complejidad metropolitana abre vías de fuga a toda la povertà urbana: es aquí que la metrópoli, también aquella imperial, se despierta al antagonismo. En los años setenta estos desarrollos y estos antagonismos habían sido anticipados: en Alemania, en los EE.UU., en Italia. El gran pasaje desde el frente de lucha de la fabrica a la metrópoli, de la clase a la multitud, ha sido visto y organizado, teóricamente y prácticamente, desde muchísimas vanguardias. “Tomemos la ciudad” era una parola d’ordine italiana, insistente, importante, arrolladora. Palabras similares atravesaron las Bürger-initiativen alemanas, pero también las experiencias de los okupas en casi todas las metrópolis europeas. Los obreros fabriles se reconocían en este desarrollo, mientras las dirigencias sindicales y las de los partidos del movimiento obrero lo ignoraron. La huelga del billete en los transportes, las ocupaciones masivas de casas, la toma de los barrios para organizar el tiempo libre y la seguridad de los trabajadores contra la policía y los recaudadores fiscales, etc... , en definitiva la toma de zonas de la ciudad, fue un proyecto (per)seguido con mucha atención. Estas zonas se llamaban entonces “bases rojas”, aunque frecuentemente no eran lugares, sino espacios urbanos, sitios de opinión publica. Alguna vez también sucedía que eran decididamente no-lugares: eran manifestaciones de masa que en movimiento recorrían y ocupaban plazas y territorios. Así la metrópoli comenzó a ser reconstruida por una alianza extraña: obreros de fabrica y proletarios metropolitanos. Aquí comenzamos a ver cuánto fue potente esta alianza. Junto a estas experiencias políticas estaba también otro y más amplio experimento teórico. Se comenzaba efectivamente, desde el inicio de los años setenta, a ver cómo la metrópoli no fuera sólo invadida por la mundialización a partir de la cima de los rascacielos, sino también como fuera así constituida desde las transformaciones del trabajo que estaban realizándose. Alberto Magnaghi, y sus compañeros, publicaron en los años setenta, una formidable revista (Quaderni del territorio) que mostraba, a cada número de manera más convincente, como el capital estaba invistiendo la ciudad, transformando cada vía en un flujo productivo de mercancías. La fábrica se encontraba, por tanto, en y sobre la sociedad: esto era evidente. Pero también era evidente que este investimento productivo de la ciudad modificaba radicalmente la lucha de clases.
5. Policía y guerra. En los años noventa que la gran transformación de las relaciones productivas, que invisten las metrópolis, llega al limite cuantitativo, configurando una nueva fase. La recomposición capitalista de la ciudad, mejor, de la metrópoli, se da en toda la complejidad de la nueva configuración de las relaciones de fuerza en el Impero. Ha sido Mike Davis quien, primero, nos ha dado una caracterización apropiada de los fenómenos característicos de la metrópoli postmoderna. La erección de muros para limitar zonas intransitables a los pobres, la definición de espacios para ghettos donde los desesperados de la tierra pudieran/puedan hacinarse, el disciplinamiento de las líneas de circulación y de control que tuvieran orden, un preventivo análisis y practica de contención y de persecución de las eventuales interrupciones del ciclo: hoy, en la literatura imperial, cuando se habla de la continuidad entre guerra y policía global, lo que se olvida decir es que las técnicas continuas y homogéneas de guerra y policía han sido inventadas en la metrópoli. “Tolerancia cero” deviene una parola d’ordine, mejor, el dispositivo de prevención que inviste estratos sociales enteros, también ensañándose con sus opositores o excluidos individuales. El color de la raza o el credo religioso, las costumbres de vida o la diversidad de clase, vienen, de vez en vez, asumidos como elementos que definen la zona represiva en el interior de la metrópoli. La metrópoli se construye sobre estos dispositivos. Como decíamos a propósito del trabajo de la Sassen, las dimensiones espaciales, anchura y altura, de los edificios y de los espacios públicos, están completamente subordinados a la lógica del control. Dónde es esto posible: donde en cambio el capital inmobiliario determina rentas demasiado altas para poder ser sometidas a instrumentos de control directo, a través de la aplicación de procesos urbanísticos pesados, el paisaje metropolitano está cubierto por redes de control electrónico, y recorrido, y excavado, por representaciones de peligro que televisiones o helicópteros diseñan. Dentro de poco sobre cada ciudad se condensaran aquellos instrumentos automáticos de control, aéreos sin piloto, clones policíacos que los ejércitos están normalmente utilizando en las guerras. Pronto las [restricciones] y las zonas rojas se instalarán sobre la lógica de los vuelos de control: el urbanismo deberá interiorizar las formas del control a partir de una globalidad aérea, presupuesta a la libertad de desarrollar espacios y sociedad. Es evidente que, describiendo esto, nosotros exasperamos algunas líneas de tendencia que están de todos modos limitadas y representan solo una parte del desarrollo metropolitano. Efectivamente, también aquí (como en la teoría de la guerra) la enorme capacidad de desarrollar violencia por parte del poder, la así llamada asimetría total, genera respuestas adecuadas: el fantasma de David contra la realidad de Goliat. Del mismo modo la planificación del control sobre la ciudad, la “tolerancia cero”, producen nuevas formas de resistencia. La red metropolitana es continuamente interrumpida, a veces destruida, por redes de resistencia. La recomposición capitalista de la metrópoli construye trazos de recomposición por la multitud. El hecho es que, para darse, el control debe el mismo reconocerse, o hasta construir, en los esquemas transindividuales de ciudadanía. Toda la sociología urbana, desde la Escuela de Chicago hasta nuestros días, sabe que incluso dentro de un marco de individualismo extremo, los conceptos y los esquemas de interpretación deben asumir dimensiones transindividuales, casi comunitarias. Es al desarrollo de estas formas de vida que el análisis debe aplicarse. Se descubren así, en la metrópoli, espacios definidos, localizaciones determinadas de los movimientos de la multitud. Determinaciones espaciales y temporales del hábitat y del salario (consumo), diseñan de nuevo los contornos de los barrios y a caracterizar los comportamientos de las poblaciones. La guerra como legitimación del orden, la policía como instrumento del orden –estas potencias que asumen una función constituyente en la metrópoli, sustituyendo a los ciudadanos y a los movimientos- no consiguen pasar. De nuevo el análisis de la metrópoli remite aquí a la percepción del exceso de valor que es producida por la cooperación del trabajo inmaterial. La crisis de la metrópoli es, pues, desplazada mucho más adelante
6. Construir la huelga metropolitana. Me cuentan que en Sevilla, cuando la “huelga generalizada” se puso en marcha -fue una huelga de 24 horas- por la noche, en todos los barrios, se formaron rondas que a partir de la medianoche bloqueaban los transportes, cerraban las boites de nuit, comunicaban a la ciudad la urgencia de la lucha. Y esto ha transcurrido, con una movilización general sobre el territorio metropolitano, concentrada por la tarde en las grandes manifestaciones de masa, durante toda la jornada. He aquí un buen ejemplo de gestión de la huelga generalizada. Es una huelga metropolitano en la cual se encuentran, durante las 24 horas de la jornada laboral, las varias formas del trabajo social. Sin embargo, todo esto, este formidable movimiento político, no parece suficiente para caracterizar la “huelga generalizada”. Tenemos necesidad de un ahondamiento más amplio, de un análisis especifico de todo pasaje y/o movimiento de recomposición, de todo momento de lucha que pueda confluir en la construcción de la huelga social. ¿Porque decimos esto? Porque consideramos la huelga metropolitana como forma especifica de recomposición de la multitud en la metrópoli. La huelga metropolitano no es la socialización de la huelga obrera: es una nueva forma de contrapoder. Cómo actúe en el tiempo y en el espacio, no lo sabemos todavía. Lo que sabemos es que no será una sociología funcionalista, una de esas que pone conjuntamente las varias formas de la recomposición social del trabajo bajo el control capitalista, para poder diseñar la huelga metropolitana. El encuentro, el choque, y el moverse adelante de los varios estratos de la multitud metropolitana no pueden efectivamente ser indicados sino como construcciones (en las luchas) de movimientos de potencia. Pero. ¿sobre qué el movimiento deviene capacidad de potencia desplegada? Para nosotros la respuesta no alude ciertamente a la toma Palacio de invierno. Las revueltas metropolitanas no se proponen el problema de sustituir al gobierno: expresan nuevas formas de democracia, esquemas destruidos respecto a aquellos del control de la metrópoli. La revuelta metropolitana es siempre una refundación de ciudad.
7. Reconstruir la metrópoli. La “huelga generalizada” debe pues contener en sí misma el “delirante” proyecto de reconstruir la metrópoli. ¿Qué quiere decir reconstruir la metrópoli? Significa descubrir el común, construir proximidad metropolitana. Tenemos dos figuras que son absolutamente indicativas de este proyecto puestas a los términos extremos de una escala de comunidad: son el bombero y el inmigrado. El bombero representa el común como seguridad, como recurso en caso de peligro, como constructor de la imaginación común de los niños; el inmigrado es el hombre necesario para dar color a la metrópoli más allá de dar sentido a la solidaridad. El bombero es el peligro y el inmigrado es la esperanza. El bombero es la inseguridad y el inmigrado y el porvenir. Cuando nosotros pensamos en la metrópoli la pensamos como una comunidad física que es riqueza y producción de comunidad cultural. Nada, como la metrópoli, indica mejor y más el diseño de un desarrollo sostenible, síntesis de ecología y producción, en fin, cuadro biopolítico. Hoy, precisamente en este periodo, estamos soportando el peso de una serie de viejos esquemas, innobles cuanto impotentes, de la socialdemocracia, que nos dicen que la metrópoli puede reproducirse solo si en ella son introducidos los amortiguadores sociales que sirven para monetizar (y eventualmente para reparar) las recaídas dramáticas del desarrollo capitalista. Políticos y sindicatos corruptos están tratando sobre los amortiguadores... Nosotros pensamos que la metrópoli es un recurso, una recurso excepcional y excesivo, también cuando la ciudad está constituida por favelas, por chabolas, por el caos. A la metrópoli no le pueden ser impuestos ni esquemas de orden, prefigurados por un control omnipotente (desde la tierra o desde el cielo a través de la guerra y la policía), ni estructuras de neutralización (represión, amortiguamiento, etc.) que se pretenden internas al tejido social. La metrópoli es libre. La libertad de la metrópoli nace en la construcción y reconstrucción que cada día ella opera sobre sí misma y de sí misma; la “huelga general” se inserta en este marco. Ello es la prolongación, mejor la manifestación, es decir la revelación, de cuanto vive en lo profundo de la ciudad. Probablemente en Sevilla la “huelga generalizada” ha sido también esto, el descubrimiento de esa otra sociedad que vive en la metrópoli durante todo el tiempo de la jornada laboral. Nosotros no sabemos si las cosas son verdaderamente así: lo que sin embargo nos interesa subrayar es que la “huelga generalizada” es una especie de exploración radical de la vida de la metrópoli, de su estructura productiva, de su común.
Traducción: PB
Digitalización: Colectivo NPH
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Lenin hoy: la actualización de Slavoj Zizek
Marco Antonio Esteban
Nou Treball
Cuando le preguntan a Zizek qué modelo de sociedad prefiere, contesta: comunismo con un toque de terror. Es obvio que estamos ante un pensador interesante. Muchos aseguran que no hay que tomar a Zizek literalmente. A mí me da la impresión contraria. Su tono de broma genial le permite trascender a los medios y lanzar lo que en realidad es un mensaje serio y contundente. Aunque Zizek lleva más de diez años entre los teóricos culturales más famosos del mundo, es a partir del año 2002 con la publicación de un libro sobre el totalitarismo y otro sobre Lenin cuando adopta, para asombro de muchos, una postura decididamente marxista y leninista.
Las revoluciones culturales desatadas en el 68, las derrotas de la izquierda en los 80 y el postmodernismo resultante de los años 90 han generado en el espacio situado a la izquierda de la socialdemocracia diversas corrientes de pensamiento que libran una dura batalla por la hegemonía entre la satisfecha intelectualidad académica radical, las organizaciones de izquierda y los movimientos sociales. Entre los principales exponentes de estas corrientes destacan anarquistas libertarios como Chomsky, antiteórico y antiestatista y antileninista; marxistas postestructuralistas como Negri, Hardt y, hasta cierto punto, Holloway, mucho más teóricos pero no menos antiestatistas y antileninistas; demócratas radicales como Laclau, Mouffe o Badiou que abogan por un igualitarismo no necesariamente socialista; y, por reacción, autores como Zizek que levantan de nuevo contra viento y marea la bandera leninista. Ante la resistencia anarquista, la fragmentación foucaltiana de las luchas o la democracia sin emancipación Zizek reivindica el momento revolucionario y la destrucción del capitalismo. Con independencia de las críticas que se le puedan hacer, no cabe duda de que Slavoj Zizek es uno de los autores que más brillantemente ha escrito en los últimos años sobre Lenin y su pertinencia en los tiempos que corren.
La izquierda en la actualidad se divide en dos grandes grupos claramente diferenciados. Uno abrumadoramente mayoritario que no contempla un horizonte más allá del capitalismo y otro minoritario que sí lo imagina. El principal punto de fricción en el debate teórico dentro del grupo anticapitalista se centra en las condiciones de posibilidad de articulación de un espacio más allá de la democracia liberal. ¿Es posible reformular un proyecto político anticapitalista de izquierda frente al capitalismo global y sus excrecencias irracionalistas, las ultraderechas populistas y los fundamentalismos religiosos? ¿Cómo podemos repetir la proeza de Lenin, quien en un tiempo de desintegración del sistema fue capaz de reinventar el proyecto socialista y generar nuevas coordenadas? ¿Y cómo hacerlo en el actual ambiente generalizado de renuncia a toda esperanza de transformación?
En opinión de Zizek, la referencia a Lenin es inapreciable para distanciarse de cinco actitudes que predominan en la izquierda. La primera acepta la esfera de las luchas culturales ecológicas, feministas, gays, étnicas, nacionales, religiosas o multiculturalistas como el centro de la política emancipatoria y relega la esfera económica -casualmente la decisiva- a un segundo plano o al silencio. La segunda se encastilla en la defensa de las conquistas del Estado del Bienestar, defensa inviable porque ni las clases dominantes apuestan ya por el consenso social ni la base obrera tradicional que integró ese consenso mantiene su fuerza y tamaño. La tercera alberga una ingenua ilusión sobre las potencialidades de la tecnología, especialmente Internet, para la creación de nuevas comunidades y opciones políticas. La cuarta mantiene ortodoxias -como el trotskismo fiel al programa transicional de los años 30- que aplican mecánicamente el mismo patrón a todas las crisis políticas: identifican un supuesto movimiento de clase trabajadora que, carente de una auténtica dirección marxista capaz de vehicular su potencial revolucionario, es invariablemente traicionado por las fuerzas anticomunistas y procapitalistas. Finalmente, la quinta actitud asume la forma de terceras vías que son en la práctica simples certificaciones de defunción de las segundas vías, las anticapitalistas, y glorificaciones de las primeras vías, las liberales puras y duras.
Vivimos en un momento de despolitización de la economía, no por azar. Se puede opinar, proponer y legislar sobre todo: derechos humanos, racismo, medio ambiente, sexismo, homofobia, fundamentalismo religioso, violencia. Todo menos la economía. En la esfera económica reina el silencio, la censura y la inmovilidad más absolutos. Son muchos los que consideran más probable el fin del mundo que la más ligera modificación en la arquitectura del capitalismo. ¿Puede haber mayor prueba de la centralidad de la esfera económica? Zizek no tiene inconveniente en ser políticamente incorrecto en extremo y señalar que las demandas de las luchas del multiculturalismo posmoderno pertenecen esencialmente a las clases medias y altas occidentales; en ningún caso son comparables al horror que viven buena parte de las poblaciones del tercer mundo y no deben ser aceptadas por la izquierda como luchas fundamentales. El objetivo de la izquierda debe ser trasladar la lucha de nuevo a la esfera clave: la economía. Es necesario volver a repolitizar la economía con una intervención política de signo inverso a la que, en los últimos 30 años, han efectuado las clases privilegiadas para revertir las conquistas logradas por los trabajadores en los dos últimos siglos. El desmontaje de los avances en materia de legislación laboral, derechos sociales y regulación financiera ha hecho retroceder a la humanidad más de un siglo. Frente a la democracia liberal, cabe preguntarse: ¿dónde se toman la decisiones públicas clave? Si no se toman en un espacio público y con la participación de la mayoría, tanto da que exista formalmente una democracia parlamentaria. Zizek no es el único que extrae esta conclusión. Eric Hobsbawm afirma que la extensión de la democracia liberal en el mundo a golpe de misil imperial no sólo es hipócrita, sino contraproducente y peligrosa. Una democracia así es cada vez menos necesaria en sitio alguno, puesto que las decisiones políticas y económicas más importantes tienen lugar en organizaciones transnacionales privadas y públicas no democráticas. En otras palabras: el deterioro del modelo democrático liberal está llegando a tal punto que la diferencia entre su existencia o no para amplias partes del mundo es cada día más pequeña, por mucho que nos empeñemos en buscarla.
Cuando una demanda particular no se limita a la mera negociación de intereses en el espacio social existente, sino que desata la necesidad de una completa reestructuración de ese espacio a partir de su parte subordinada, esa demanda se convierte en universal. La causa de la mujer conserva aún su prestigio porque se identifica con todas las mujeres del mundo contra una sociedad patriarcal y su reivindicación no sólo les concierne a ellas, sino a toda la humanidad. La izquierda sólo puede ser universal si defiende en primer lugar a los que carecen de sitio en el sistema: el inmigrante sin papeles, la mujer sin derechos, el habitante del suburbio, el esclavo obrero de la periferia del imperio. Siguen conformando los grupos sociales que Marx consideraba como el crimen de la sociedad entera y su liberación la autoemancipación universal. En ellos reside la universalidad política y también la verdad. Zizek afirma que en la era del relativismo posmoderno es necesario recuperar la política de la verdad. Por verdad no entiende un conocimiento objetivo y neutral, sino un compromiso, una toma de partido por un bando. En la medida en que lo universal sólo puede articularse a partir del bando más débil, el verdadero universalismo requiere decantarse y abandonar la neutralidad. Zizek preguntaba a los cándidos europeos que aconsejaban imparcialmente a serbios y bosnios olvidar sus diferencias y pactar graciosamente la paz, qué hubieran pensado si durante la segunda guerra mundial un bienintencionado pacifista aconsejara, desde la tranquilidad de algún país neutral, olvidar las diferencias tribales, darse la mano amistosamente y comenzar sin más a vivir en armonía. El ejemplo de Lenin muestra que la verdad universal y el partidismo deben ir de la mano. La verdad universal es parcial y únicamente puede formularse desde una posición partidaria. No puede haber soluciones de compromiso. La parte excluida del orden global se convierte en la representante de la injusticia global. El antagonismo actual no se produce entre la globalización y los fundamentalismos étnicos y religiosos, sino entre la globalización como proceso de exclusión de enormes partes de la humanidad y el universalismo de la parte excluida que se convierte en referencia universal de la utopía.
Zizek, basándose en Lacan, plantea que vivimos en un orden simbólico, ficcional, no en el mundo real. Lo Real y la realidad no son idénticos. La realidad es virtual, fabricada con representaciones y significados que nos permiten dar sentido al mundo. Por contra, lo Real no puede ser directamente representado, porque es precisamente lo que no puede ser incorporado en el orden simbólico. La realidad es una interpretación simbólica de lo Real. Matrix es una película inspirada en esta visión del mundo. No es necesario recurrir a una interpretación psicoanalítica de este tipo para llegar a conclusiones similares. El clásico aserto marxista de la emancipación de los trabajadores como obra de los propios trabajadores encierra el mismo mensaje: únicamente los siervos tienen la voluntad necesaria en última instancia para acabar con sus amos y con su sistema de dominación social e ideológica. ¿Cómo operar entonces un cambio radical en la realidad? Atacando su arquitectura simbólica mediante un acto político que quiebre las coordenadas existentes. Lenin ejemplifica la necesidad, para que las coordenadas cambien, de desembarazarse del Gran Otro, el sujeto o entidad que conoce, que tiene presuntamente la respuesta. Por supuesto, el Gran Otro no existe. Ninguna señal luminosa indicará nunca que las condiciones objetivas se dan en ese preciso momento, ningún sabio aportará la fórmula mágica que garantice el curso de acción perfecto, ninguna autorización legitimadora aparecerá por encanto en el instante oportuno. Al final no hay más remedio que librarse del miedo a tomar el poder y de la cobertura del Gran Otro. A la hora de la decisión revolucionaria estamos completamente solos. La emancipación es obra de nosotros mismos. Ante la teleología que confía en que la revolución estallará inevitablemente cuando llegue la crisis final, Lenin intuye que no hay un tiempo definido y predeterminado para la revolución. Simplemente, la oportunidad revolucionaria se presenta en función de un conjunto extraordinario de circunstancias. La oportunidad se aprovecha o se pierde. Ser revolucionario en 1917 significaba arriesgarse a romper completamente con el orden establecido. Ese es el acto político por excelencia. Zizek retoma aquí el Augenblick de Lukacs, el breve momento en que se abre la posibilidad de actuar sobre una situación agravando el conflicto antes de que el sistema pueda integrarlo. La libertad no es un estado de armonía y equilibrio, sino el acto violento que perturba el equilibrio y libera. Una liberación que no puede ser completamente explicada en función de las condiciones objetivas o circunstancias históricas preexistentes.
Frente a la apuesta revolucionaria de Lenin el comité central bolchevique -muchos de cuyos miembros tomaban al fundador de su partido por loco- opuso dos grandes argumentos que apelaban a la llegada del Gran Otro: el primero, la inexistencia de consenso democrático entre la población. Lenin ironizaba sobre la necesidad de convocar un referéndum para hacer la revolución. El segundo, la falta de condiciones objetivas para la acción revolucionaria. Rosa Luxemburgo ya advirtió en su tiempo que quien espere la llegada de las condiciones objetivas esperará siempre. Lenin tuvo éxito, subraya Zizek, porque su decisión fue respaldada por la población en un momento revolucionario de enorme expansión de la democracia de base que desafiaba al gobierno existente. Lenin reconocía que Rusia en 1917 era el país más democrático del mundo, pero era consciente de que si no se iba más allá, si no se eliminaba el liberalismo y el capitalismo, el momento se perdería. Una revolución debe golpear dos veces. Tras el primer golpe, la revolución se encuentra todavía demasiado vinculada al viejo aparato estatal. Surge la ilusión de que las cosas pueden cambiarse dentro de las estructuras del viejo orden. Esto es imposible: hay que negar el viejo orden, golpear otra vez y dar paso al nuevo. El acto político revolucionario es el que modifica los parámetros de lo existente. La idea de Lenin no es que las leyes de la historia estén de nuestro lado, sino que no hay Gran Otro. No hay garantía para nuestros actos.
Lenin liberó un enorme territorio del planeta de las garras del capitalismo y demostró que una organización social anticapitalista era posible. Con todos sus horrores, la Unión Soviética fue la única fuerza política que presentó una amenaza real al dominio mundial del capitalismo, impulsó la utopía en todo el planeta y generó un sano miedo a la revolución en las clases dirigentes occidentales que permitió a los estratos populares avanzar en materia de conquistas sociales. La legión de ex-comunistas que critican ahora el comunismo y abrazan el neoliberalismo suelen pertenecer a las capas que más se beneficiaron de esas conquistas. La caída de la Unión Soviética ha sido un desastre para la humanidad. Por eso los Soviets todavía conservan su potencial emancipatorio. Todo territorio comunista es territorio liberado. Lenin es más necesario que nunca en las circunstancias actuales, cuando ha llegado a desaparecer la creencia en el potencial de la humanidad para cambiar y mejorar la sociedad, cuando se contempla de nuevo la historia como destino inevitable, cuando todas las vías se ponderan excepto la revolucionaria Lenin personifica el acto revolucionario como única alternativa a la guerra y la barbarie. Lenin hoy no comporta aplicar mecánicamente sus análisis a la situación actual, ni siquiera ajustar el viejo programa a las nuevas condiciones, sino seguir su ejemplo: reformular completamente el proyecto socialista e iniciar un proyecto político que mine la totalidad del orden global capitalista liberal. ¿Cómo inventar la estructura organizacional que canalice el demanda política universal de contestación al capitalismo global? Lenin hoy significa que para ser anticapitalista hay que combatir el cáncer de la democracia: el liberalismo y su puntal, la propiedad privada. La lección clave de Lenin radica en que la política sin estructura ni organización que le confiera la forma de demanda universal es política sin política, revolución sin revolución con denada al fracaso.
Marx aseguraba que el socialismo no podía realizarse sin revolución y Lenin añadía que para tener una revolución hay que tener una revolución. Zizek propone una bella definición de revolución: es la representación de la utopía. Presente y futuro se aproximan brevemente en el instante revolucionario y podemos comportarnos como si la utopía nos tocara. El futuro utópico se materializa fugaz y somos realmente felices mientras luchamos por él. La utopía no es un sueño, una ilusión o un producto de la imaginación, sino un impulso surgido de la necesidad de supervivencia ante una situación sin salida. Nos vemos obligados a pensar la utopía ante la imposibilidad de solucionar los problemas dentro de las coordenadas existentes, ante la convicción de que la peor opción es continuar con lo que conocemos. Los momentos en que somos más libres e iguales en este sistema son aquellos que dedicamos a la consecución de la utopía. El resto del tiempo somos meros esclavos.
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V. I. Lenin
Carta a los miembros del CC
Escrito: 24 de octubre (6 de Noviembre) de 1917
Primera Edición: 1924
Digitalización: Aritz, Diciembre de 2000
Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2000
Camaradas: Escribo estas líneas el 24 por la tarde. La situación es crítica en extremo. Es claro como la luz del día que hoy todo lo que sea aplazar la insurrección significará verdaderamente la muerte.
Poniendo en ello todas mis fuerzas, quiero convencer a los camaradas de que hoy todo está pendiente de un hilo, de que en el orden del día figuran cuestiones que no pueden resolverse por medio de conferencias, ni de congresos (aunque sean incluso congresos de los Soviets), sino únicamente por los pueblos, por las masas, por medio de la lucha de las masas armadas.
La korniloviada inspirada por la burguesía, la destitución de Verjovski demuestran que no se puede esperar. Es necesario, a todo trance, detener al gobierno esta tarde, esta noche, desarmando previamente a los cadetes (después de vencerlos, si oponen resistencia), etc.
¡¡No se puede esperar!! ¡¡Nos exponemos a perderlo todo!!
¿Qué se conseguirá con la toma inmediata del poder? Proteger al pueblo (no al Congreso, sino al pueblo, al ejército y a los campesinos, en primer término) contra el gobierno kornilovista, que ha arrojado de su puesto a Verjovski ya ha urdido una segunda conspiración kornilovista.
¿Quién ha de hacerse cargo del Poder?
Esto, ahora, no tiene importancia: que se haga cargo el Comité Militar Revolucionario “u otra institución” que declare que sólo entregará el Poder a los verdaderos representantes de los intereses del pueblo, de los intereses del ejército (inmediata propuesta de paz), de los intereses de los campesinos (inmediata toma de posesión de la tierra, abolición de la propiedad privada), de los intereses de los hambrientos.
Es necesario que todos los distritos, todos los regimientos, todas las fuerzas sean inmediatamente movilizadas y que envíen sin demora delegaciones al Comité Militar Revolucionario, al CC del Partido Bolchevique, exigiendo insistentemente: no dejar en modo alguno el Poder en manos de Kerenski y Cía. Hasta el 25; en modo alguno. Es menester que la cosa se decida a todo trance esta tarde o esta noche.
La historia no perdonará ninguna dilación a los revolucionarios que hoy pueden triunfar (y que triunfarán hoy con toda seguridad) y que mañana correrán el riesgo de perder mucho, tal vez de perderlo todo.
Si hoy nos adueñamos del Poder, no nos adueñamos de él contra los Soviets, sino para ellos.
La toma del Poder debe ser obra de la insurrección; su meta política se verá después de que hayamos tomado el Poder.
Aguardar a la votación incierta del 25 de octubre sería echarlo todo a perder, sería un puro formalismo; el pueblo tiene el derecho y el deber de decidir estas cuestiones no mediante votación, sino por la fuerza; tiene, en momentos críticos de la revolución, el derecho y el deber de enseñar el camino a sus representantes, incluso a sus mejores representantes, sin detenerse a esperar por ellos.
Así lo ha demostrado la historia de todas las revoluciones, y los revolucionarios cometerían el mayor de los crímenes, si dejasen pasar el momento, sabiendo que de ellos depende la salvación de la revolución, la propuesta de paz, la salvación de Petrogrado, la salida del hambre, la entrega de la tierra a los campesinos.
El gobierno vacila. ¡Hay que acabar con él, cueste lo que cueste!
Demorar la acción equivaldría a la muerte.
Algunos detalles sobre el difunto rey Fahd
Pascual Serrano
Ha muerto tras una larga enfermedad el rey Fahd de Arabia Saudí. Fahd Ben Abdul-Aziz al Saud, jefe de Estado y de gobierno de Arabia Saudí gobernaba su país desde hacía veintitres años, aunque había delegado desde 1995 la mayoría de las competencias a su hermanastro y ahora heredero Abdala bin Abdelaziz. La Unión Europea expresó su pesar por la muerte del rey Fahd y destacó el "coraje y visión" con que gobernó Arabia Saudí y la "amistad" que mostró hacia Europa. "Fue un hombre con gran capacidad de liderazgo y visión que hizo mucho por su país y sus ciudadanos. Era también un gran amigo de la Unión Europea", recalcó la presidencia británica a través de un comunicado.
También el Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, Javier Solana, envió un mensaje personal de condolencias al nuevo monarca de Arabia Saudí por el fallecimiento del rey Fahd. "El difunto rey gobernó Arabia Saudí con coraje y visión en una época turbulenta y desafiante. La cordialidad y la amistad que mostró hacia la Unión Europea fue muy apreciada y será recordada", señala el mensaje de pésame. "Confío en que su sabiduría y buen juicio harán posible que las buenas relaciones entre la UE y Arabia Saudí continúen y se hagan todavía más profundas", escribió Solana al nuevo rey Abdalá.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, también remitió a Arabia Saudí un mensaje de pésame por la muerte del rey Fahd y de felicitación a su sucesor.
El presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, expresó sus condolencias y las del pueblo español por la muerte del rey Fadh, en sendos telegramas enviados al nuevo soberano. "Tras su dilatado reinado, la personalidad y trayectoria de Su Alteza el Rey Fahd ocupa ya el destacado lugar que merece en la memoria del pueblo hermano de España", dice Zapatero en sus misivas.
"En estas horas de profunda tristeza, los españoles nos sumamos al pesar de todos los ciudadanos saudíes ante tan sensible pérdida", añade el texto. El Gobierno español ha decretado incluso un día de luto oficial y las banderas en los edificios oficiales y los buques de la Armada ondearán a media asta.
Por supuesto, Juan Carlos de Borbón, cuya familia mantenía una estrecha amistad con su homóloga saudí, tiene intención de viajar a Arabia Saudí para expresar formalmente las condolencias de España por la muerte del Rey Fahd.
Juan Carlos de Borbón envió hoy un telegrama de pésame y quiso hacer llegar 'sus más sentidas condolencias' en nombre suyo y de toda la familia real, así como del Gobierno y el pueblo español. También destacó los estrechos lazos que le han unido al rey Fahd, que llegó al trono en 1982 tras la muerte de su hermanastro el rey Jaled, estrechos vínculos de 'afecto y amistad'.
Los gobernantes que dictan las pautas de buenos y malos en el mundo aplauden a este dictador que estuvo más de dos décadas como jefe de Estado bajo una monarquía absoluta medieval y que ha acaparado una fortuna personal de 30.000 millones de dólares, mientras condenan a los gobiernos que no les compran armas ni les regalan sus riquezas naturales. El rey Fahd es diferente, su país dedica un 12'8 % del Producto Interior Bruto a gastos de Defensa (España destina el 1'5 y Alemania el 1'7), importaciones en su mayoría de Estados Unidos. Su petróleo, a diferencia del de Iraq antes de ser invadido o el de Venezuela, está en manos de las multinaciones norteamericanas.
La última ocasión que el dictador saudí visitó España fue el 14 de agosto de 2002, fue una de sus temporadas de descanso en Marbella, ciudad que le acaba de nombrar hijo predilecto. La noticia se abordaba en las páginas de sociedad de los medios de comunicación. Algunos datos de su riqueza eran estos: una corte real de tres mil personas, jet privado más otros tres jumbos para sus 400 familiares, 200 mercedes, cinco millones de pesetas de gasto diario, 500 teléfonos móviles...
Los medios españoles escribieron como pícara anécdota la existencia de una empresa inglesa que "surtirá" de señoritas a las acaudalados saudíes. Solo el bochorno superaba a la indignación cuando se leía eso.
Las autoridades del "mundo democrático" le recibían con los brazos abiertos y le adulaban hasta la extenuación, al igual que ahora le lloran. Recuerdo todavía la fotografía de su visita del año 2002 con el delegado del gobierno, es decir el gobierno español, reverenciándole a su llegada al aeropuerto de Málaga. Una docena de vehículos de las fuerzas de seguridad española le escoltan hasta su mansión. Allí le visitarán el rey de España, el entonces presidente español José María Aznar y el secretario de Estado de EEUU, Colin Powell.
El rey de Arabia Saudí vino a Marbella a gastarse en putas y champán treinta mil euros diarios, mientras en su país la mortalidad infantil es del 23 por mil habitantes, similar a la de Colombia o Rumanía, países con la mitad del PIB por habitante que Arabia Saudí. El Indice de Desarrollo Humano, cifra manejada por las NNUU para expresar el estado de bienestar de un país, en el feudo del dictador es similar al de Brasil, Polonia o México, países con un PIB por habitante de 5.000 dólares frente a los 9.700 de Arabia Saudí.
El dinero que dedica el rey Fahd para educar a su pueblo no llega para alfabetizar al 37 % de los adultos, una situación similar a la de Camerún y peor que la de Tanzania. La escolaridad en Arabia Saudí es similar a la de El Salvador o Albania y mucho menor que la de Zimbabwe.
En cuanto a los derechos humanos, la situación en Arabia Saudí es espeluznante, un último informe anual de Amnistía Internacional, señalaba a este país como el tercero del mundo en ejecutados por pena de muerte, 79 personas durante el año 2002 y 766 en la década de los noventa. Le sigue su principal socio internacional, Estados Unidos. Entre los delitos que conllevan pena de muerte está la sodomía y la "brujería". Las ejecuciones se hacen mediante decapitación, a veces en público. La mayoría de los condenados suelen ser inmigrantes pobres que en ocasiones no conocen el idioma y ni siquiera saben que han sido condenados a muerte y ni ellos ni sus familiares conocen de antemano la fecha de la ejecución.
Amnistía Internacional lleva años denunciando las detenciones de presuntos activistas políticos y religiosos y el secretismo sobre la situación legal de los detenidos. En el feudo de nuestro difunto turista marbellí están prohibidos los partidos políticos, las elecciones, los sindicatos, los colegios de abogados independientes y las organizaciones de derechos humanos. El sistema de justicia penal funciona a puerta cerrada, todos los medios de comunicación son censurados, el gobierno no permite el acceso de las organizaciones internacionales no gubernamentales de derechos humanos. La tortura es la norma frecuente en el sistema saudí. Amputaciones, flagelación y decapitación tras juicios son una parodia de la justicia.
El mayo de 2002 Amnistía Internacional publicó el documento titulado "Arabia Saudí: Todavía un terreno abonado para la tortura impune", en el que denuncia que "a pesar de que Arabia Saudí pasó a ser Estado Parte de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes hace más de cuatro años, el país sigue siendo un caldo de cultivo para la tortura, que se facilita y perpetúa gracias a diversos factores, a saber: la ausencia de una prohibición legal inequívoca que tipifique la tortura como delito, las deficiencias graves del sistema de justicia penal, la práctica (tanto judicial como extrajudicialmente) de castigos corporales que constituyen tortura, la discriminación, de hecho y de derecho, de mujeres y trabajadores extranjeros, y la ausencia de cualquier tipo de mecanismo de reparación creíble. Todos estos factores han institucionalizado la tortura en Arabia Saudí durante décadas y han dado como resultado una larga lista de víctimas, entre los que se cuentan hombres, mujeres y niños".
La represión y marginación de las mujeres saudís no tiene nada que envidiar al régimen taliban de Afganistán. En Arabia Saudí, las mujeres, ya sean ciudadanas del país o extranjeras, están expuestas a ser discriminadas por razón de sexo según las leyes, normas sociales y tradiciones vigentes en el país. Sus derechos civiles, políticos y sociales son violados sistemáticamente. Su libertad de circulación, por ejemplo, está severamente limitada. Una mujer necesita el permiso de un familiar varón para viajar al extranjero. No sólo no puede conducir un automóvil, sino que, si pasea sola o acompañada de un hombre que no sea su esposo ni un pariente próximo, se arriesga a ser detenida por sospecha de prostitución u «otros delitos morales». Estas restricciones de la libertad de circulación no son su única limitación: las mujeres ven severamente restringido el disfrute de muchos otros derechos. Muchos terrenos les siguen estando vedados, especialmente en el ámbito educativo y laboral. En Arabia Saudí ninguna mujer desempeña el cargo de juez y, respecto a la participación en la vida política, si ya está bastante limitada para la mayoría de los ciudadanos, para las mujeres es un terreno totalmente cerrado.
La opinión pública se estremeció el 11 de marzo del año 2002 cuando 14 niñas perdieron la vida y decenas más resultaron heridas al incendiarse el colegio al que asistían en La Meca e impedir la policía religiosa saudí (Al Mutawa'een) que escaparan del fuego porque no llevaban pañuelo para cubrirles la cabeza y no había ningún familiar varón para recogerlas. Los informes también indican que la policía religiosa impidió a los equipos de rescate que entraran en el colegio porque eran hombres y por tanto no podían mezclarse con mujeres.
No creo que muchos de estos datos se recuerden ahora con motivo de su muerte. El hombre que dictaba esas leyes, gestionaba los recursos de ese país y firmaba las sentencias de muerte acaba de morir provocando la tristeza y desolación de los líderes europeos y mundiales. Ya sabemos qué valores y principios admiran los que gobiernan el mundo.
Ha muerto tras una larga enfermedad el rey Fahd de Arabia Saudí. Fahd Ben Abdul-Aziz al Saud, jefe de Estado y de gobierno de Arabia Saudí gobernaba su país desde hacía veintitres años, aunque había delegado desde 1995 la mayoría de las competencias a su hermanastro y ahora heredero Abdala bin Abdelaziz. La Unión Europea expresó su pesar por la muerte del rey Fahd y destacó el "coraje y visión" con que gobernó Arabia Saudí y la "amistad" que mostró hacia Europa. "Fue un hombre con gran capacidad de liderazgo y visión que hizo mucho por su país y sus ciudadanos. Era también un gran amigo de la Unión Europea", recalcó la presidencia británica a través de un comunicado.
También el Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, Javier Solana, envió un mensaje personal de condolencias al nuevo monarca de Arabia Saudí por el fallecimiento del rey Fahd. "El difunto rey gobernó Arabia Saudí con coraje y visión en una época turbulenta y desafiante. La cordialidad y la amistad que mostró hacia la Unión Europea fue muy apreciada y será recordada", señala el mensaje de pésame. "Confío en que su sabiduría y buen juicio harán posible que las buenas relaciones entre la UE y Arabia Saudí continúen y se hagan todavía más profundas", escribió Solana al nuevo rey Abdalá.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, también remitió a Arabia Saudí un mensaje de pésame por la muerte del rey Fahd y de felicitación a su sucesor.
El presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, expresó sus condolencias y las del pueblo español por la muerte del rey Fadh, en sendos telegramas enviados al nuevo soberano. "Tras su dilatado reinado, la personalidad y trayectoria de Su Alteza el Rey Fahd ocupa ya el destacado lugar que merece en la memoria del pueblo hermano de España", dice Zapatero en sus misivas.
"En estas horas de profunda tristeza, los españoles nos sumamos al pesar de todos los ciudadanos saudíes ante tan sensible pérdida", añade el texto. El Gobierno español ha decretado incluso un día de luto oficial y las banderas en los edificios oficiales y los buques de la Armada ondearán a media asta.
Por supuesto, Juan Carlos de Borbón, cuya familia mantenía una estrecha amistad con su homóloga saudí, tiene intención de viajar a Arabia Saudí para expresar formalmente las condolencias de España por la muerte del Rey Fahd.
Juan Carlos de Borbón envió hoy un telegrama de pésame y quiso hacer llegar 'sus más sentidas condolencias' en nombre suyo y de toda la familia real, así como del Gobierno y el pueblo español. También destacó los estrechos lazos que le han unido al rey Fahd, que llegó al trono en 1982 tras la muerte de su hermanastro el rey Jaled, estrechos vínculos de 'afecto y amistad'.
Los gobernantes que dictan las pautas de buenos y malos en el mundo aplauden a este dictador que estuvo más de dos décadas como jefe de Estado bajo una monarquía absoluta medieval y que ha acaparado una fortuna personal de 30.000 millones de dólares, mientras condenan a los gobiernos que no les compran armas ni les regalan sus riquezas naturales. El rey Fahd es diferente, su país dedica un 12'8 % del Producto Interior Bruto a gastos de Defensa (España destina el 1'5 y Alemania el 1'7), importaciones en su mayoría de Estados Unidos. Su petróleo, a diferencia del de Iraq antes de ser invadido o el de Venezuela, está en manos de las multinaciones norteamericanas.
La última ocasión que el dictador saudí visitó España fue el 14 de agosto de 2002, fue una de sus temporadas de descanso en Marbella, ciudad que le acaba de nombrar hijo predilecto. La noticia se abordaba en las páginas de sociedad de los medios de comunicación. Algunos datos de su riqueza eran estos: una corte real de tres mil personas, jet privado más otros tres jumbos para sus 400 familiares, 200 mercedes, cinco millones de pesetas de gasto diario, 500 teléfonos móviles...
Los medios españoles escribieron como pícara anécdota la existencia de una empresa inglesa que "surtirá" de señoritas a las acaudalados saudíes. Solo el bochorno superaba a la indignación cuando se leía eso.
Las autoridades del "mundo democrático" le recibían con los brazos abiertos y le adulaban hasta la extenuación, al igual que ahora le lloran. Recuerdo todavía la fotografía de su visita del año 2002 con el delegado del gobierno, es decir el gobierno español, reverenciándole a su llegada al aeropuerto de Málaga. Una docena de vehículos de las fuerzas de seguridad española le escoltan hasta su mansión. Allí le visitarán el rey de España, el entonces presidente español José María Aznar y el secretario de Estado de EEUU, Colin Powell.
El rey de Arabia Saudí vino a Marbella a gastarse en putas y champán treinta mil euros diarios, mientras en su país la mortalidad infantil es del 23 por mil habitantes, similar a la de Colombia o Rumanía, países con la mitad del PIB por habitante que Arabia Saudí. El Indice de Desarrollo Humano, cifra manejada por las NNUU para expresar el estado de bienestar de un país, en el feudo del dictador es similar al de Brasil, Polonia o México, países con un PIB por habitante de 5.000 dólares frente a los 9.700 de Arabia Saudí.
El dinero que dedica el rey Fahd para educar a su pueblo no llega para alfabetizar al 37 % de los adultos, una situación similar a la de Camerún y peor que la de Tanzania. La escolaridad en Arabia Saudí es similar a la de El Salvador o Albania y mucho menor que la de Zimbabwe.
En cuanto a los derechos humanos, la situación en Arabia Saudí es espeluznante, un último informe anual de Amnistía Internacional, señalaba a este país como el tercero del mundo en ejecutados por pena de muerte, 79 personas durante el año 2002 y 766 en la década de los noventa. Le sigue su principal socio internacional, Estados Unidos. Entre los delitos que conllevan pena de muerte está la sodomía y la "brujería". Las ejecuciones se hacen mediante decapitación, a veces en público. La mayoría de los condenados suelen ser inmigrantes pobres que en ocasiones no conocen el idioma y ni siquiera saben que han sido condenados a muerte y ni ellos ni sus familiares conocen de antemano la fecha de la ejecución.
Amnistía Internacional lleva años denunciando las detenciones de presuntos activistas políticos y religiosos y el secretismo sobre la situación legal de los detenidos. En el feudo de nuestro difunto turista marbellí están prohibidos los partidos políticos, las elecciones, los sindicatos, los colegios de abogados independientes y las organizaciones de derechos humanos. El sistema de justicia penal funciona a puerta cerrada, todos los medios de comunicación son censurados, el gobierno no permite el acceso de las organizaciones internacionales no gubernamentales de derechos humanos. La tortura es la norma frecuente en el sistema saudí. Amputaciones, flagelación y decapitación tras juicios son una parodia de la justicia.
El mayo de 2002 Amnistía Internacional publicó el documento titulado "Arabia Saudí: Todavía un terreno abonado para la tortura impune", en el que denuncia que "a pesar de que Arabia Saudí pasó a ser Estado Parte de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes hace más de cuatro años, el país sigue siendo un caldo de cultivo para la tortura, que se facilita y perpetúa gracias a diversos factores, a saber: la ausencia de una prohibición legal inequívoca que tipifique la tortura como delito, las deficiencias graves del sistema de justicia penal, la práctica (tanto judicial como extrajudicialmente) de castigos corporales que constituyen tortura, la discriminación, de hecho y de derecho, de mujeres y trabajadores extranjeros, y la ausencia de cualquier tipo de mecanismo de reparación creíble. Todos estos factores han institucionalizado la tortura en Arabia Saudí durante décadas y han dado como resultado una larga lista de víctimas, entre los que se cuentan hombres, mujeres y niños".
La represión y marginación de las mujeres saudís no tiene nada que envidiar al régimen taliban de Afganistán. En Arabia Saudí, las mujeres, ya sean ciudadanas del país o extranjeras, están expuestas a ser discriminadas por razón de sexo según las leyes, normas sociales y tradiciones vigentes en el país. Sus derechos civiles, políticos y sociales son violados sistemáticamente. Su libertad de circulación, por ejemplo, está severamente limitada. Una mujer necesita el permiso de un familiar varón para viajar al extranjero. No sólo no puede conducir un automóvil, sino que, si pasea sola o acompañada de un hombre que no sea su esposo ni un pariente próximo, se arriesga a ser detenida por sospecha de prostitución u «otros delitos morales». Estas restricciones de la libertad de circulación no son su única limitación: las mujeres ven severamente restringido el disfrute de muchos otros derechos. Muchos terrenos les siguen estando vedados, especialmente en el ámbito educativo y laboral. En Arabia Saudí ninguna mujer desempeña el cargo de juez y, respecto a la participación en la vida política, si ya está bastante limitada para la mayoría de los ciudadanos, para las mujeres es un terreno totalmente cerrado.
La opinión pública se estremeció el 11 de marzo del año 2002 cuando 14 niñas perdieron la vida y decenas más resultaron heridas al incendiarse el colegio al que asistían en La Meca e impedir la policía religiosa saudí (Al Mutawa'een) que escaparan del fuego porque no llevaban pañuelo para cubrirles la cabeza y no había ningún familiar varón para recogerlas. Los informes también indican que la policía religiosa impidió a los equipos de rescate que entraran en el colegio porque eran hombres y por tanto no podían mezclarse con mujeres.
No creo que muchos de estos datos se recuerden ahora con motivo de su muerte. El hombre que dictaba esas leyes, gestionaba los recursos de ese país y firmaba las sentencias de muerte acaba de morir provocando la tristeza y desolación de los líderes europeos y mundiales. Ya sabemos qué valores y principios admiran los que gobiernan el mundo.





