LECHE DE LUNA
La «leche de luna» (* ) descubierta en Ernio es única en todo el mundo. Aranzadi dio a conocer ayer que el rio blanco subterraneo que surca las entrañas del monte Ernio es de gibbsite, lo que nunca antes se habia visto en ninguna parte del planeta.
Las montañas de Euskal Herria esconden celosamente secretos. En 2004 Aranzadi reveló que en las galerías del monte Ernio hay «leche de luna» en estado líquido, algo nunca antes visto. Ayer la misma sociedad científica dio a conocer que ese líquido está compuesto por un mineral llamado gibbsite, lo que lo hace único en todo el mundo y supone un nuevo tipo de «leche de luna». No obstante, la investigación continúa para aclarar su origen.
Miembros de la sociedad científica Aranzadi y Carlos Galán, director de la investigación sobre el mondmilch o «leche de luna», revelaron ayer que el río subterráneo del monte Ernio localizado hace tres años es único en el mundo, pues está compuesto en su mayoría por un mineral denominado gibbsite.
«Ninguno de los mondmilch conocidos hasta ahora había aportado la presencia de gibbsite. Es el primer mondmilch de este material», explicó Galán, a la vez que afirmaba que el descubrimiento es «una gran noticia».
Asimismo, el director de la investigación aclaró que su estado líquido, también caso única en el mundo, se debe al «extraordinariamente pequeño tamaño de los cristales que lo componen». Y es que, si las formas cristalinas más pequeñas suelen medir normalmente 2.000 nanómetros, en este caso miden menos de 100 (un metro es igual a mil millones de nanómetros).
La gibbsite es uno de los tres minerales más importantes en la composición de la roca de bauxita, roca de la que se extrae el aluminio. La gibbsite es también componente de distintos tipos de arcilla.
La zona de Alzola es la única en el mundo donde se ha encontrado un río de «leche de luna» de gibbsite. En la zona central de Gipuzkoa es abundante la caliza carbonácea. En este sentido, unas galerías que ocupa la «leche de luna» fueron construidas por una minería de carbón y que, según reconoció Galán, pudo haber influido en la ‘‘leche de luna’’.
Preguntado por el origen del río, Galán responde que «se trata de un proceso natural, fruto de las características de la roca, la reacción del agua al estar en contacto con la roca y los procesos químicos». En algunos casos las reacciones químicas dan lugar a estalactitas. De todos modos, no se conoce a ciencia cierta de dónde proviene el elemento lechoso. Las investigaciones siguen en curso para aclararlo.
El descubrimiento del río no es nuevo. Un grupo de espeleólogos de Aranzadi lo encontró a finales de 2002. Era la primera vez en la historia de la espeleología que se daba con un río de estas características. El descubrimiento se hizo público año y medio después, en marzo de 2004, suscitando gran interés entre los medios de comunicación.
Sin embargo, en aquel entonces se desconocía la mayor parte de su composición, interrogante que ayer aclararon los responsables de la investigación y de Aranzadi.
Según lo estudiado hasta el momento, el río fluye por una red de 300 metros de longitud compuesta por galerías naturales y artificiales. La red ocupa un desnivel de 90 metros. Carlos Galán recuerda que «una de las primeras peculiaridades que nos llamó la atención fue la diversidad de colores de las estalactitas y la consistencia blanda de éstas».
Explicó que el río «fluye lentamente, de una forma algo lagunar. En época de lluvias aumenta el caudal y corre más rápidamente», explico Galán.
Los científicos entonces recogieron varias muestras de «leche de luna» y la estudiaron mediante rayos X para conocer sus componentes minerales. Sin embargo, este método se mostró insuficiente, ya que las partículas de sus componentes son extraordinariamente pequeñas. De hecho, «son las más pequeñas entre las partículas cristalinas», precisó Galán.
Por lo tanto, el equipo de investigación optó por el análisis con microscopía electrónica de barrido. Este trabajo lo realizaron profesores de la Escuela de Minas de Alés (Estado francés) que mostraron su asombro ante el hallazgo realizado en las entrañas del macizo de Ernio.
La técnica de microscopía electrónica de barrido exige que las muestras estén secas. Para eso, es necesario evaporar el agua a una temperatura ambiente de 25ºC. El residuo polvoriento resultante del proceso es lo que se analiza con el microscopio.
No obstante, en estos momentos se está trabajando con muestras sin secar, lo que supone «un trabajo más complicado, pero que puede aportar más información», subraya Galán.
Los responsables de la investigación no descartan nuevos hallazgos en la zona.
La red de galerías en las que se localiza el río de «leche de luna» se encuentra a decenas de metros bajo suelo, en las entrañas de la sierra de Ernio. Para acceder a ellas los espeleólogos deben descender varias simas. Galán advierte de la peligrosidad de aventurarse en las entrañas de Ernio: «Son cavidades muy peligrosas y que se deben explorar con mucho cuidado, por dos razones: los derrumbes y el gas grisú, que provoca explosiones con tan sólo encender una llama». Por eso, Galán recomienda la no visita.
La sociedad de ciencias Aranzadi no va a facilitar la localización del hallazgo, tal y como adelantó en la presentación de ayer Imanol Goikoetxea, director del Departamento de Espeleología. «Si se diese a conocer el sitio exacto en donde se encuentra, en pocas semanas se deterioraría». Los responsables de Aranzadi y los miembros del equipo de investigación abogan por conservarlo en las mejores condiciones posibles.
«Desconocemos si es leche potable o veneno puro»
Todavía se desconoce si el líquido conocido como «leche de luna» es apto o no para el consumo humano. Aunque algún que otro miembro de la sociedad de ciencias Aranzadi se haya aventurado ya a echarle un pequeño trago al misterioso líquido, Carlos Galán, director de la investigación que trata de determinar la composición y origen del mondmilch, asegura no haberlo probado hasta la fecha: «No he bebido nada por si acaso afirma con una sonrisa. El líquido puede resultar ser muy beneficioso para la salud por los componentes químicos que la conforman o, por el contrario, ser peor que el veneno puro». La «leche de luna» no tiene mal aspecto, incluso podría confundirse con la que consumimos diariamente, pero a la gente en general le infunde mayor confianza el producto lácteo de la vaca o de la cabra. -
(*) Sustancia que debe su nombre a una caverna del monte Pilatos, en Suiza. La leche de luna era conocida en el siglo XVI. La cavidad donde se la halló se llama Höhle Mondmilchloch (Caverna de la Leche de Luna) y la sustancia fue usada para el tratamiento de úlceras en la piel y de distintas "fiebres", también como cosmético, en los tres siglos siguientes. Está constituida básicamente por calcita. La leche de luna fue hallada posteriormente en cavernas de varios países europeos, en América, en el sudeste asiático, en Africa y en Australia.
En marzo de 2004, un grupo de espelólogos anunció que un año antes había encontrado el primer río de leche de luna del planeta en una caverna del macizo de Ernio, en la provincia de Guipúzcoa, España. El río fluye unos 150 metros y tiene consistencia de leche espesa, dijeron los investigadores de la Sociedad Científica Aranzadi. La leche de luna suele presentarse adherida a las paredes de las cavernas, en estado pastoso o casi sólido, por lo que la existencia del "río" es una curiosidad. Los análisis revelaron que el líquido está compuesto por varios minerales, además de la calcita, entre ellos cuarzo y brushita.
Las montañas de Euskal Herria esconden celosamente secretos. En 2004 Aranzadi reveló que en las galerías del monte Ernio hay «leche de luna» en estado líquido, algo nunca antes visto. Ayer la misma sociedad científica dio a conocer que ese líquido está compuesto por un mineral llamado gibbsite, lo que lo hace único en todo el mundo y supone un nuevo tipo de «leche de luna». No obstante, la investigación continúa para aclarar su origen.
Miembros de la sociedad científica Aranzadi y Carlos Galán, director de la investigación sobre el mondmilch o «leche de luna», revelaron ayer que el río subterráneo del monte Ernio localizado hace tres años es único en el mundo, pues está compuesto en su mayoría por un mineral denominado gibbsite.
«Ninguno de los mondmilch conocidos hasta ahora había aportado la presencia de gibbsite. Es el primer mondmilch de este material», explicó Galán, a la vez que afirmaba que el descubrimiento es «una gran noticia».
Asimismo, el director de la investigación aclaró que su estado líquido, también caso única en el mundo, se debe al «extraordinariamente pequeño tamaño de los cristales que lo componen». Y es que, si las formas cristalinas más pequeñas suelen medir normalmente 2.000 nanómetros, en este caso miden menos de 100 (un metro es igual a mil millones de nanómetros).
La gibbsite es uno de los tres minerales más importantes en la composición de la roca de bauxita, roca de la que se extrae el aluminio. La gibbsite es también componente de distintos tipos de arcilla.
La zona de Alzola es la única en el mundo donde se ha encontrado un río de «leche de luna» de gibbsite. En la zona central de Gipuzkoa es abundante la caliza carbonácea. En este sentido, unas galerías que ocupa la «leche de luna» fueron construidas por una minería de carbón y que, según reconoció Galán, pudo haber influido en la ‘‘leche de luna’’.
Preguntado por el origen del río, Galán responde que «se trata de un proceso natural, fruto de las características de la roca, la reacción del agua al estar en contacto con la roca y los procesos químicos». En algunos casos las reacciones químicas dan lugar a estalactitas. De todos modos, no se conoce a ciencia cierta de dónde proviene el elemento lechoso. Las investigaciones siguen en curso para aclararlo.
El descubrimiento del río no es nuevo. Un grupo de espeleólogos de Aranzadi lo encontró a finales de 2002. Era la primera vez en la historia de la espeleología que se daba con un río de estas características. El descubrimiento se hizo público año y medio después, en marzo de 2004, suscitando gran interés entre los medios de comunicación.
Sin embargo, en aquel entonces se desconocía la mayor parte de su composición, interrogante que ayer aclararon los responsables de la investigación y de Aranzadi.
Según lo estudiado hasta el momento, el río fluye por una red de 300 metros de longitud compuesta por galerías naturales y artificiales. La red ocupa un desnivel de 90 metros. Carlos Galán recuerda que «una de las primeras peculiaridades que nos llamó la atención fue la diversidad de colores de las estalactitas y la consistencia blanda de éstas».
Explicó que el río «fluye lentamente, de una forma algo lagunar. En época de lluvias aumenta el caudal y corre más rápidamente», explico Galán.
Los científicos entonces recogieron varias muestras de «leche de luna» y la estudiaron mediante rayos X para conocer sus componentes minerales. Sin embargo, este método se mostró insuficiente, ya que las partículas de sus componentes son extraordinariamente pequeñas. De hecho, «son las más pequeñas entre las partículas cristalinas», precisó Galán.
Por lo tanto, el equipo de investigación optó por el análisis con microscopía electrónica de barrido. Este trabajo lo realizaron profesores de la Escuela de Minas de Alés (Estado francés) que mostraron su asombro ante el hallazgo realizado en las entrañas del macizo de Ernio.
La técnica de microscopía electrónica de barrido exige que las muestras estén secas. Para eso, es necesario evaporar el agua a una temperatura ambiente de 25ºC. El residuo polvoriento resultante del proceso es lo que se analiza con el microscopio.
No obstante, en estos momentos se está trabajando con muestras sin secar, lo que supone «un trabajo más complicado, pero que puede aportar más información», subraya Galán.
Los responsables de la investigación no descartan nuevos hallazgos en la zona.
La red de galerías en las que se localiza el río de «leche de luna» se encuentra a decenas de metros bajo suelo, en las entrañas de la sierra de Ernio. Para acceder a ellas los espeleólogos deben descender varias simas. Galán advierte de la peligrosidad de aventurarse en las entrañas de Ernio: «Son cavidades muy peligrosas y que se deben explorar con mucho cuidado, por dos razones: los derrumbes y el gas grisú, que provoca explosiones con tan sólo encender una llama». Por eso, Galán recomienda la no visita.
La sociedad de ciencias Aranzadi no va a facilitar la localización del hallazgo, tal y como adelantó en la presentación de ayer Imanol Goikoetxea, director del Departamento de Espeleología. «Si se diese a conocer el sitio exacto en donde se encuentra, en pocas semanas se deterioraría». Los responsables de Aranzadi y los miembros del equipo de investigación abogan por conservarlo en las mejores condiciones posibles.
«Desconocemos si es leche potable o veneno puro»
Todavía se desconoce si el líquido conocido como «leche de luna» es apto o no para el consumo humano. Aunque algún que otro miembro de la sociedad de ciencias Aranzadi se haya aventurado ya a echarle un pequeño trago al misterioso líquido, Carlos Galán, director de la investigación que trata de determinar la composición y origen del mondmilch, asegura no haberlo probado hasta la fecha: «No he bebido nada por si acaso afirma con una sonrisa. El líquido puede resultar ser muy beneficioso para la salud por los componentes químicos que la conforman o, por el contrario, ser peor que el veneno puro». La «leche de luna» no tiene mal aspecto, incluso podría confundirse con la que consumimos diariamente, pero a la gente en general le infunde mayor confianza el producto lácteo de la vaca o de la cabra. -
(*) Sustancia que debe su nombre a una caverna del monte Pilatos, en Suiza. La leche de luna era conocida en el siglo XVI. La cavidad donde se la halló se llama Höhle Mondmilchloch (Caverna de la Leche de Luna) y la sustancia fue usada para el tratamiento de úlceras en la piel y de distintas "fiebres", también como cosmético, en los tres siglos siguientes. Está constituida básicamente por calcita. La leche de luna fue hallada posteriormente en cavernas de varios países europeos, en América, en el sudeste asiático, en Africa y en Australia.
En marzo de 2004, un grupo de espelólogos anunció que un año antes había encontrado el primer río de leche de luna del planeta en una caverna del macizo de Ernio, en la provincia de Guipúzcoa, España. El río fluye unos 150 metros y tiene consistencia de leche espesa, dijeron los investigadores de la Sociedad Científica Aranzadi. La leche de luna suele presentarse adherida a las paredes de las cavernas, en estado pastoso o casi sólido, por lo que la existencia del "río" es una curiosidad. Los análisis revelaron que el líquido está compuesto por varios minerales, además de la calcita, entre ellos cuarzo y brushita.





