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NEPAL
En su famosa obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Karl Marx había dicho: 'Hegel observa en alguna parte que todos los grandes incidentes e individuos de la historia del mundo, se producen dos veces'. Se olvidó de añadir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa'. Fue al trazar un paralelismo entre el golpe de 1851 por parte del sobrino de Napoleón, Luis Bonaparte, quien se había coronado a sí mismo como Napoleón III, y el golpe original de Napoleón en 1799. Esto era, claro, en un sentido irónico.

Una ley similar respecto a la dialéctica de Hegel parece darse también en la historia actual de Nepal. Mientras que el padre, el rey Mahendra, había dado un golpe militar el 16 de diciembre de 1960 contra la primera democracia parlamentaria desde 1950, para conseguir el poder absoluto, el rey Gyanedra ha puesto en marcha otro golpe militar el 1 de febrero de 2005 contra la segunda democracia parlamentaria restablecida después de 1990, centralizando todo el poder del estado en su persona. Sin embargo, no es difícil ver que este episodio del 1 de febrero es una continuación o culminación del episodio del 1 de junio de 2001, cuando el rey Bihendra, más débil o 'liberal', fue asesinado junto a su familia, imponiéndose la dinastía de Gyanedra. Así, el 'Primero de febrero' de la historia de Nepal parece una copia del 'Dieciocho Brumario' de la historia francesa; pero aún está por ver si se trata más de una tragedia o de una farsa.

En sus pronunciamientos públicos tras el golpe, incluida la 'proclamación real' del 1 de febrero, Gyanedra se ha esforzado en demostrar de que su actuación tiene como objeto el restaurar la 'paz' y consolidar la 'democracia multi-partidista', a la vez que exorciza el fantasma del 'terrorismo' (p. ej. La guerra popular liderada por el CPN-Maoista), haciendo referencia sólo a los tres años venideros. Mientras hablaba con un grupo de representantes de los medios de comunicación el 24 de febrero, intentaba presentarse como el verdadero Mesías de la 'democracia' y pedía a los partidos políticos y a los miembros de la comunidad internacional que cooperasen con él en la gran empresa contra el 'terrorismo'. Así, busca proyectarse como el verdadero seguidor del presidente de los EEUU, G. Bush, en la cruzada internacional contra el 'terrorismo' y pide que se legitime su régimen militar autocrático en esa dirección. Parece haber aprendido algo del general Musarraf de Pakistán.

Sin embargo, la política de Gyanedra no parece tener éxito entre las masas y tampoco dentro de palacio donde su imagen es la de un autócrata, desde los tiempos de su padre y su hermano. Entre el público se le considera como el verdadero fratricida en la masacre de palacio del 1 de junio de 2001. Después de la influencia de personajes como Tulsi Giri y Kirti Nidhi Bista como sus socios políticos, y de la suspensión de derechos fundamentales y democráticos del pueblo bajo una declaración de emergencia, la naturaleza despótica de su gobierno militar ha sido desenmascarada. A pesar de su discurso a favor de la monarquía constitucional y la democracia de partidos, sus prácticas reales respecto a los partidos políticos y sus líderes, la prensa libre y los activistas de derechos humanos, así como el trampeo de las limitadas provisiones democráticas de la antigua constitución, no dejan ninguna duda de que el sistema de democracia parlamentaria ha sido relegada y la monarquía autocrática restablecida en el país.

Surgen la siguientes preguntas: ¿Cómo pudo ser abolido el limitado sistema de democracia burguesa establecida después de 1990 y la monarquía restablecida con tanta facilidad? ¿No debería la rueda de la historia girar hacia adelante y no hacia atrás? Para poder responder a estas cuestiones es necesario manejar las leyes del desarrollo social de un modo científico y objetivo y evaluar correctamente las debilidades y limitaciones del sistema parlamentario-enfermo crónico- de después de 1990.

En primer lugar, debe reconocerse que la lucha de clases constituye el motivo básico del desarrollo de la sociedad. La sociedad actual de Nepal en una fase semi-feudal y semi-colonial es una sociedad de clases, feudal, burguesa y proletaria, teniendo además cada clase sus aliados. La tradicional clase feudal dominante tiene de su parte a la burguesía comerciante y del aparato burocrático del estado. La burguesía, pequeña y débil, tiene consigo a una parte de la pequeña burguesía rural y urbana. Esta contención triangular de clase se está convirtiendo en una contención bi-polar tras el comienzo y desarrollo de la guerra revolucionaria del pueblo liderada por el proletariado desde 1996. Es decir, las clases reaccionarias y parásitas se aglutinan en torno al liderazgo de la clase más fuerte y capaz de entre ellas, y las clases progresistas lo hacen en torno al proletariado, la clase más avanzada. La monarquía es la representante de las clases más reaccionarias que se sienten más amenazadas por la presencia de la guerra revolucionaria del pueblo. Así se explica la restauración de una monarquía autocrática. La marcha regresiva de las clases reaccionarias en oposición al avance progresivo de las clases trabajadoras está en consonancia con las leyes de la dialéctica.

En segundo lugar, desde un punto de vista político tenemos que reconocer que los defectos inherentes y debilidades de la democracia parlamentaria burguesa establecida tras 1990, así como la incapacidad de las capas medias, han proporcionado una base objetiva para la regresión hacia una autocracia feudal. Históricamente, las principales fuerzas políticas parlamentarias en el Congreso de Nepal incluidos los revisionistas UML, no gozan de un sustrato de clase propio, y tienden a representar a una mezcla de fuerzas de clase que van desde los feudales y la burguesía comerciante y de la burocracia del estado, hasta la pequeña burguesía, y constantemente adoptan posiciones conciliadoras y vacilantes. Frente a esto, la monarquía tradicionalmente se nutre de los propietarios feudales y de sus relaciones culturales, y sobre todo del control que ejerce sobre el ejército real de Nepal (RNA). El cambio político y la constitución de 1990 no solventó la cuestión de la 'soberanía del estado' (tradicionalmente reclamado por la monarquía), dejando finalmente el control de la 'autoridad del estado' y del RNA en manos de la monarquía. Esta situación preparó el terreno para que la monarquía pudiese devorar paulatinamente el parlamento y la constitución y para que se consumase la regresión actual. Además, durante los 12 años de gobierno las fuerzas parlamentarias no realizaron ninguna transformación progresista en una sociedad con una fuerte tradición feudal. Por ello, la burguesía comerciante y ligada al aparato del estado se hizo más fuerte tanto socio-económicamente como culturalmente. Después, con el rápido desarrollo de la guerra revolucionaria del pueblo, su fuerza política y de clase se vio muy erosionada. Esto dio lugar a que los estratos más altos de la sociedad que habían apoyado a las fuerzas parlamentarias tras los cambios políticos de 1990, volviesen a apoyar a la monarquía mientras que las clases más bajas y parte de las medias se polarizaran en torno a la guerra revolucionaria del pueblo. El dilema de las fuerzas parlamentarias reformistas ha sido resumido en el discurso del aniversario de la guerra popular por el presidente Com. Prachanda: 'La llamada proclamación de la monarquía del 1 de febrero ha puesto de manifiesto la irrelevancia del reformismo en la política de Nepal y también ha sacudido el letargo colectivo de las fuerzas parlamentarias'.

En tercer lugar, desde un punto de vista militar la centralización de la antigua autoridad del estado en la monarquía absoluta puede ser un intento de las moribundas clases reaccionarias para dar una batalla final a las fuerzas revolucionarias. Según una reciente declaración del CPN(Maoísta) dirigida a acelerar una guerra de 9 años a una fase final y decisiva de ofensiva estratégica, no es ilógico pensar que las clases reaccionarias asustadas intenten acabar con la guerra popular bajo el liderazgo de la monarquía, quien ha asumido el mando del RNA desde un principio. En un pasado reciente la patética actuación del RNA frente al Ejército de Liberación del pueblo (PLA), se había achacado a la influencia de las contradicciones entre el liderazgo-de jure- político del parlamento y el liderazgo -de ipso- de la monarquía, sobre el RNA. También hay que tener en cuenta las ambiciones militaristas de Gyanendra, quien arrebató el trono a su hermano Birendra asesinando a toda su familia, y se postuló como el representante de las clases feudales y burguesas. Sin embargo, no hay que olvidar que la victoria o la derrota de cualquier ejército depende más de su apoyo social de clase y de sus objetivos políticos que del liderazgo de su jefe, por lo que se puede concluir que la derrota final del ejército reaccionario RNA es bastante probable.

En el momento actual de globalización imperialista cualquier suceso de política interna tiene más consecuencias internacionales que nunca. Por ello, el 1 de febrero ha generado reacciones en todo el mundo, y los principales poderes y organizaciones mundiales y regionales, incluyendo a NNUU, los EEUU, Inglaterra, India, China y otros que han realizado declaraciones públicas sobre esta cuestión. Sorprendentemente ninguno de los principales 'jugadores' internacionales ha apoyado los pasos dados por Gyanendra. No sólo los más poderosos como los EEUU, Inglaterra, la UE e India que han apoyado los regímenes reaccionarios en Nepal en el pasado, han dicho públicamente que le apoyan, sino también China, Rusia, Pakistán, Bangladesh etc. Han declarado que se trata de 'asuntos internos de Nepal'. El hecho internacional más significativo ha sido la suspensión de ayuda militar por parte de India e Inglaterra (EEUU parece orientarse en la misma línea) y de ayuda para el desarrollo por parte de varios países de la UE. Organizaciones internacionales de derechos humanos tales como Amnistía Internacional, Human Rights Watch etc. Han denunciado el régimen monárquico por su flagrante violación de los derechos humanos. Así, este régimen autocrático ha sido totalmente aislado por la comunidad internacional hasta ahora lo cual es una buena profecía para el movimiento democrático.

Sin embargo este régimen despótico busca desesperadamente explotar dos temas para ganarse el apoyo internacional. La primera baza es la del 'anti-terrorismo', y la segunda, la de la 'geopolítica'. La del 'anti-terrorismo' se ha utilizado demasiado desde el 11 de septiembre por parte de todo tipo de dictadores y regímenes totalitarios, y está por ver cuanto le puede dar de sí a Gyanendra. Además resulta poco creíble como luchador contra el terrorismo alguien conocido como el autor de la masacre del palacio real y que acaba de suspender todos los derechos políticos fundamentales instaurando el terror militar. No sería nada extraño a pesar de todo que otros gobernantes reaccionarios del mundo apoyaran el régimen de manera encubierta o abiertamente, ya que todas las políticas responden en última instancia a intereses de clase.

En cuanto a la baza 'geopolítica', en lo referente al posicionamiento estratégico del país entre los estados de China e India, Gyanendra intenta repetir las maniobras diplomáticas de poner a un vecino contra el otro que practicó su padre, y que funcionó en el contexto de la guerra fría, pero que no parece tener mucho sentido en el marco de los actuales equilibrios internacionales ni en lo que respecta a las relaciones actuales entre China e India. El reciente acercamiento entre EEUU e India y su política coordinada contra el actual régimen, pueden llevar a Gyanendra a intentar jugar la baza de China. Ha dado muestras de ello teniendo en su gobierno a un político pro China. De modo similar, Pakistán y Bangladesh, con tradicionales contradicciones con India, pueden suponer un respiro para este régimen, tal como lo indica la embajada de Pakistán en Katmandú. Sin embargo, dado el futuro incierto que le espera a Gyanendra, resulta difícil de creer que ningún país vecino le vaya a apoyar de una forma real. También por parte de los revolucionarios debería de actuarse prudentemente practicando la firmeza estratégica y la flexibilidad táctica en las relaciones diplomáticas con estos países.

Otro factor importante es un cierto cambio de actitud más positiva hacia las fuerzas revolucionarias de Nepal por parte de los principales poderes internacionales y regionales. Debido a su perspectiva e intereses de clase, estos poderes en el pasado solían considerar a la monarquía y a las fuerzas parlamentarias como los 'dos pilares de la estabilidad', procurando una alianza entre ambos contra las fuerzas revolucionarias. Ahora parece haberse producido un viraje hacia una teoría de los 'tres pilares', incluyendo a las fuerzas democráticas revolucionarias. Esto es un paso adelante pero la necesidad histórica y la nueva realidad objetiva de país indican que los nuevos 'dos pilares' -las fuerzas revolucionarias y las parlamentarias- pueden unirse para desbancar al obsoleto 'tercer pilar' de la monarquía. El CPN (maoísta) ya ha tomado una decisión en este sentido que queda recogida en la declaración del reciente aniversario a cargo del presidente Com. Prachand

Tras la regresión del 1 de febrero ha habido algunos cambios importantes en la situación política interna. Se está dando una polarización en torno a monarquía y democracia -hasta ahora había 3 corrientes: monarquía, democracia parlamentaria y democracia popular-. Los líderes, cuadros y seguidores de la democracia parlamentaria ya han comprendido las maniobras antidemocráticas y políticas de división de la monarquía en el pasado, y han dirigido su ira contra esta monarquía. Ningún líder de los partidos políticos se atreve a apoyar abiertamente a la monarquía, a pesar de que ésta intenta convencer a la opinión pública de que sus medidas represivas solamente van dirigidas a los 'terroristas' (es decir, revolucionarios maoístas). El pueblo sabe que estas medidas se están aplicando a todas las fuerzas democráticas y la mayoría de los componentes de la 'sociedad civil' (medios de comunicación, organizaciones de derechos humanos, grupos profesionales etc.) se han manifestado abiertamente contra el golpe. Esto es un buen pronóstico para el futuro de la democracia en el país.

Sin embargo es preocupante que a más de un mes de este golpe, las fuerzas democráticas no hayan sido capaces de elaborar un plan efectivo y coordinado ni un programa de resistencia frente a la monarquía. El CPN decidió llevar a cabo un cierre de tres días (Napal Bandh) y un bloqueo al transporte de quince días en febrero, y planea futuras movilizaciones y programas de acción militar en los próximos meses. Las fuerzas parlamentarias organizaron actividades propagandísticas desde India y otras acciones pacíficas en el interior del país. Sin embargo aún no se han materializado ningún ataque directo contra la monarquía de manera unificada entre fuerzas revolucionarias y parlamentarias. Mientras el Congreso Nepalí se ha manifestado contra la monarquía, el llamado 'izquierdista' UML se ha mantenido en silencio. Esto ha suscitado una sospecha entre las masas en el sentido de que se trate de una nueva tendencia 'Rayamijhi' (la capitulación del entonces secretario general del CPN K. J. Rayamijhi a la monarquía en los años 60). Pero aunque pudieran surgir algunos Rayamijhis desde la izquierda o Tulsi Giris desde el Congreso Nepalí, la mayoría de líderes y cuadros de los partidos políticos y de las masas están dispuestos a dar la batalla a esta monarquía. Con la presencia del PLA frente al ejército RNA y con una coyuntura internacional más favorable para luchar contra el absolutismo, se está gestando una nueva situación objetiva que permitirá la lucha de las fuerzas políticas democráticas. Unificadas.

Resulta pertinente en este contexto establecer un programa mínimo común y un eslogan aceptable para todas las fuerzas democráticas, parlamentarias, revolucionarias e internacionales. El CPN considera adecuado la elección de una Asamblea Constituyente y la institucionalización de una república democrática para este propósito. La vieja consigna de la restauración del parlamento o la reactivación y enmienda de la constitución de 1990 nos parecen inadecuados y desfasados en el actual contexto. Una breve recapitulación de la lucha incesante entre monarquía y democracia desde los años 50 indica que la única solución pasa por la abolición de una institución arcaica como es la monarquía feudal y su ejército, condición necesaria para cualquier forma de democracia. Esta monarquía no es equiparable a las monarquías constitucionales de países desarrollados capitalistas por lo que es inadmisible cualquier concesión desde fuerzas parlamentarias e internacionales.

Respecto a la posición de las fuerzas revolucionarias respecto a la necesidad de pasar por una fase de república democrática burguesa antes de llegar al socialismo y al comunismo, el CPN ha dejado clara su opinión en su 'Propuesta del CPN para la negociación' presentada durante las negociaciones de abril del 2003 (Ver documentos del Partido comunista de Nepal (maoísta), 2004) donde se explica el contenido mínimo y el proceso de realización de la república democrática a través de una Asamblea Constituyente. La creación de un nuevo ejército que sustituiría al actual ejército mercenario del RNA se discutiría en el proceso negociador.

Es necesaria la unidad de todas las fuerzas democráticas del país en torno al programa mínimo de una república democrática. Falta aún una verdadera visión y voluntad democrática por parte de los principales partidos políticos. Por ello, es básico que se dé una renovación democrática interna en los partidos para poder así ganarse la confianza de las masas.

Finalmente, puede ser útil recordar la visión de Engels sobre porqué un partido proletario debe apoyar el programa de la república burguesa en un país con las particularidades que hoy en día posee Nepal. Frente a los anarquistas bakuninistas que se oponían al programa inmediato de una república en la España del siglo XIX, Engels dijo: 'Cuando se proclamó la República en febrero de 1873, los miembros españoles de la Alianza (Internacional bakuninista) se encontraron en un dilema. España es un país tan atrasado industrialmente que no hay duda de la inmediata emancipación de toda la clase trabajadora pero el país tendrá que pasar primero por varias fases preliminares de desarrollo eliminando ciertos obstáculos. La república ofrece la oportunidad de recorrer esas fases en el tiempo más corto posible pero esto sólo será posible si la clase trabajadora española juega un papel político activo en el proceso' (De 'El trabajo de los bakuninistas).
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