PROYECTO DE VUELO TRIPULADO A MARTE
El proyecto de misión tripulada a Marte elaborado por especialistas rusos ocupa 30 volúmenes y suscita tantos comentarios que parece que el vuelo al Planeta Rojo ya muy pronto será realidad.
Ello se debe a que en los últimos años han aumentado los conocimientos sobre el planeta vecino, y junto con los conocimientos han aumentado los deseos del hombre de conquistar y colonizar Marte. Las pruebas casi probadas de la presencia de agua en ese planeta hacen que su colonización sea un hecho del todo real. Muchos científicos afirman que la atmósfera de Marte podrá ser restablecida si provocar en su superficie un "efecto invernadero" artificial.
El tema del vuelo del hombre a Marte fue mencionado por primera vez a principios de los años 60 del siglo pasado por los fundadores de la cosmonáutica soviética, los académicos Serguei Koroliov y Mstislav Keldish. Pero sólo a finales del siglo XX - gracias a los vuelos tripulados en las estaciones orbitales "Saliut" y "Mir"- fue posible afirmar que una misión a destino tan lejano podía ser realidad.
Una expedición tripulada a Marte es una tarea tan complicada que sólo es posible realizarla aunando los esfuerzos de varios países. Con tal de concordar las acciones de los científicos rusos y extranjeros durante el trabajo en el proyecto, hace cuatro años fue instituido el Comité científico-técnico internacional, cuya tarea consiste en coordinar los programas nacionales de desarrollo de la cosmonáutica para que apunten a la meta final: organizar el vuelo del hombre a Marte. El Comité lo integran ocho representantes de Rusia, ocho de Estados Unidos y cinco de la Unión Europea.
Actualmente, en la cooperación internacional en los preparativos del vuelo tripulado a Marte participan los siguientes organismos. Por parte de EE UU: los centros científicos de la NASA y el consorcio "Boeing"; por parte de Europa: la Agencia Especial Europea y la empresa "Astrium"; y por parte de Rusia: los centros científicos de la Agencia Federal Espacial, la Corporación de Cohetería Espacial "Energía", el Instituto de Investigaciones Espaciales y el Instituto de Problemas Médico-Biológicos (ambos de la Academia de Ciencias de Rusia), entre otros.
Las subvenciones del Comité científico-técnico internacional han permitido a los especialistas rusos diseñar los anteproyectos de la expedición tripulada a Marte. La documentación elaborada, como ya se ha dicho, es voluminosa - ocupa 30 volúmenes- e incluye prácticamente toda la información sobre Marte, enumera las posibles variantes de realizar la misión y recoge todos los puntos de vista de los especialistas rusos sobre cómo volar, en qué volar y para qué volar.
La Corporación de Cohetería Espacial "Energía" propone, por ejemplo, el proyecto de una estación espacial tripulada que se coloca en la órbita de Marte (MARPOST). Los cosmonautas, que viajan a bordo de la estación, la insertan en la órbita marciana y luego envían a la superficie del planeta unas sondas robóticas que se ocuparán de investigarlo. Terminada la misión, el complejo orbital abandona la órbita de Marte y parte con destino a la Tierra, en cuya órbita volverá a quedar colocado al igual que la Estación Espacial Internacional (ISS).
A su vez, el Centro de Investigaciones "Mstislav Keldish" está ensayando en un túnel aerodinámico el modelo del futuro aparato tripulado que se posará en la superficie de Marte. El modelo ha sido hecho en tamaño reducido (en 200 veces) pero es la copia exacta del aparato real.
La plataforma de aterrizaje, que dejará al hombre en la superficie marciana, pesará unas 35 toneladas. De hecho, se trata de varios aparatos autónomos instalados de una forma compacta en un casco único. En particular, es el vehículo robótico que andará por la superficie de Marte y el cohete de regreso que utilizarán los cosmonautas para abandonar el planeta. Ya que la atmósfera del Planeta Rojo es muy enrarecida, no será posible aprovechar los paracaídas para aterrizar: para ello serán empleados los propulsores de reacción.
En la expedición tomarían parte seis personas: el comandante, el ingeniero de a bordo, el médico, el piloto y dos investigadores. Los primeros tres se quedarán en la nave principal, que permanecerá en la órbita de Marte. Los demás, el piloto y los investigadores (el biólogo y el geólogo, lo más probable) descenderán a la superficie marciana. Un mes después, montarán el cohete de regreso y volarán a la nave principal que estará esperándoles en la órbita. Se calcula que el vuelo tripulado Tierra-Marte-Tierra ocupará 730 días.
Entretanto, en el Instituto de Problemas Médico-Biológicos están por finalizar los preparativos de un experimento en el que se simula el vuelo tripulado a Marte. Seis voluntarios permanecerán durante 500 días en un espacio cerrado de la "nave espacial", en la que serán imitados el vuelo a Marte, el descenso a la superficie del planeta y el regreso a la Tierra. Los participantes en el experimento llevarán consigo tres toneladas de agua y cinco toneladas de alimentos. El oxígeno será extraído de los residuos originados por la actividad del hombre. La Agencia Espacial Europea ha expresado su deseo de participar en el experimento.
Desde luego, la mayor dificultad a la hora de organizar una misión tripulada a Marte es de índole financiera. Y no sólo para Rusia, sino para otros países también, incluido Estados Unidos. Así, el plazo de ejecución del proyecto MARPOST es de 10 a 12 años, y cada año se necesitará casi 1,5 mil millones de dólares. Es mucho menos de lo que cuesta el proyecto marciano diseñado por EE UU, pero tres veces más que el presupuesto anual con el que cuenta el sector espacial de Rusia.
Pero lo peor de todo es que el programa tripulado ruso no infunde entusiasmo ni a los científicos - sobre todo a los representantes de la ciencia fundamental- ni al Gobierno, que es el que administra los fondos. Las autoridades federales ven que la participación de Rusia en el desarrollo de la Estación Espacial Internacional no incrementa el potencial científico-técnico ni el de la producción, ni contribuye a mejorar la imagen del país. De allí que la financiación del programa esté "entre la vida y la muerte". Incluso así, ello se debe a que aparte de los vuelos espaciales tripulados, Rusia no tiene otros atributos notables de ser una avanzada potencia tecnológica. ¿Cambiará la postura de las autoridades con respecto al programa de vuelo tripulado a Marte? Por ahora es difícil decirlo.
Cabe notar que EE UU también ha procedido a reducir sus "gastos marcianos". En enero de 2004, cuando el presidente estadounidense George W. Bush había lanzado las consignas de "Retornar a la Luna" y "Conquistar Marte", prometió ir aumentando durante tres años el presupuesto de la NASA un 5% anual.
En el presupuesto de 2005 todo ha sido bien, pero ya en el de 2006, el aumento será reducido casi a la mitad. En primer lugar ha quedado reducido el proyecto de propulsor para la nave marciana. Como resultado, de los 500 millones de dólares que había solicitado la NASA para 2006, sólo recibirá 320 millones.
Hay todas razones para esperar que Washington siga perdiendo interés hacia los programas de investigación marciana y, como consecuencia, reduzca el apoyo financiero a esos planes. La Administración norteamericana lo explica con que para 2009 necesita reducir a la mitad el déficit presupuestario. En este caso, una de las medidas más importantes para ahorrar los recursos sería la reducción de los programas no vinculados a la industria de defensa. Entre estos figuran precisamente los programas de investigaciones espaciales.
Todo ello significa que para Rusia es peligroso planificar la cooperación con EE UU en materia espacial, sobre todo en lo referente a vuelos tripulados. En el transcurso del desarrollo de la Estación Espacial Internacional, la parte rusa ha tomado una buena lección, que es la siguiente: sean cuales fueren las ventajas tecnológicas con las que cuenta el partenaire económicamente más débil, éste siempre quedará en dependencia del partenaire más fuerte. Desde el punto de vista tecnológico, los especialistas rusos hoy están más cerca que otros a la plasmación en realidad de un vuelo tripulado a Marte. En este sentido, el liderazgo de Rusia es incuestionable. Pero ello no aminora el peligro de que Rusia pueda ser aprovechada como una especie de ricksha para llevar a Marte a los países económicamente más prósperos.
Por último, vale señalar que no todos los científicos - tanto rusos como extranjeros- comparten el entusiasmo que muestran los partidarios del vuelo a Marte. Los astrónomos y planetólogos advierten que hoy por hoy, el vuelo a Marte sería un despilfarro irracional de recursos, especialmente desde el punto de vista de la correlación gastos-beneficios. Porque todo lo que haría el hombre durante el vuelo, lo pueden hacer los robots, y en este caso los gastos serían mucho menores. Una expedición tripulada costaría como mínimo 100 veces más caro.
De manera que la pregunta sobre si el hombre volará a Marte en los próximos decenios, por ahora no tiene una respuesta expresa.
Ello se debe a que en los últimos años han aumentado los conocimientos sobre el planeta vecino, y junto con los conocimientos han aumentado los deseos del hombre de conquistar y colonizar Marte. Las pruebas casi probadas de la presencia de agua en ese planeta hacen que su colonización sea un hecho del todo real. Muchos científicos afirman que la atmósfera de Marte podrá ser restablecida si provocar en su superficie un "efecto invernadero" artificial.
El tema del vuelo del hombre a Marte fue mencionado por primera vez a principios de los años 60 del siglo pasado por los fundadores de la cosmonáutica soviética, los académicos Serguei Koroliov y Mstislav Keldish. Pero sólo a finales del siglo XX - gracias a los vuelos tripulados en las estaciones orbitales "Saliut" y "Mir"- fue posible afirmar que una misión a destino tan lejano podía ser realidad.
Una expedición tripulada a Marte es una tarea tan complicada que sólo es posible realizarla aunando los esfuerzos de varios países. Con tal de concordar las acciones de los científicos rusos y extranjeros durante el trabajo en el proyecto, hace cuatro años fue instituido el Comité científico-técnico internacional, cuya tarea consiste en coordinar los programas nacionales de desarrollo de la cosmonáutica para que apunten a la meta final: organizar el vuelo del hombre a Marte. El Comité lo integran ocho representantes de Rusia, ocho de Estados Unidos y cinco de la Unión Europea.
Actualmente, en la cooperación internacional en los preparativos del vuelo tripulado a Marte participan los siguientes organismos. Por parte de EE UU: los centros científicos de la NASA y el consorcio "Boeing"; por parte de Europa: la Agencia Especial Europea y la empresa "Astrium"; y por parte de Rusia: los centros científicos de la Agencia Federal Espacial, la Corporación de Cohetería Espacial "Energía", el Instituto de Investigaciones Espaciales y el Instituto de Problemas Médico-Biológicos (ambos de la Academia de Ciencias de Rusia), entre otros.
Las subvenciones del Comité científico-técnico internacional han permitido a los especialistas rusos diseñar los anteproyectos de la expedición tripulada a Marte. La documentación elaborada, como ya se ha dicho, es voluminosa - ocupa 30 volúmenes- e incluye prácticamente toda la información sobre Marte, enumera las posibles variantes de realizar la misión y recoge todos los puntos de vista de los especialistas rusos sobre cómo volar, en qué volar y para qué volar.
La Corporación de Cohetería Espacial "Energía" propone, por ejemplo, el proyecto de una estación espacial tripulada que se coloca en la órbita de Marte (MARPOST). Los cosmonautas, que viajan a bordo de la estación, la insertan en la órbita marciana y luego envían a la superficie del planeta unas sondas robóticas que se ocuparán de investigarlo. Terminada la misión, el complejo orbital abandona la órbita de Marte y parte con destino a la Tierra, en cuya órbita volverá a quedar colocado al igual que la Estación Espacial Internacional (ISS).
A su vez, el Centro de Investigaciones "Mstislav Keldish" está ensayando en un túnel aerodinámico el modelo del futuro aparato tripulado que se posará en la superficie de Marte. El modelo ha sido hecho en tamaño reducido (en 200 veces) pero es la copia exacta del aparato real.
La plataforma de aterrizaje, que dejará al hombre en la superficie marciana, pesará unas 35 toneladas. De hecho, se trata de varios aparatos autónomos instalados de una forma compacta en un casco único. En particular, es el vehículo robótico que andará por la superficie de Marte y el cohete de regreso que utilizarán los cosmonautas para abandonar el planeta. Ya que la atmósfera del Planeta Rojo es muy enrarecida, no será posible aprovechar los paracaídas para aterrizar: para ello serán empleados los propulsores de reacción.
En la expedición tomarían parte seis personas: el comandante, el ingeniero de a bordo, el médico, el piloto y dos investigadores. Los primeros tres se quedarán en la nave principal, que permanecerá en la órbita de Marte. Los demás, el piloto y los investigadores (el biólogo y el geólogo, lo más probable) descenderán a la superficie marciana. Un mes después, montarán el cohete de regreso y volarán a la nave principal que estará esperándoles en la órbita. Se calcula que el vuelo tripulado Tierra-Marte-Tierra ocupará 730 días.
Entretanto, en el Instituto de Problemas Médico-Biológicos están por finalizar los preparativos de un experimento en el que se simula el vuelo tripulado a Marte. Seis voluntarios permanecerán durante 500 días en un espacio cerrado de la "nave espacial", en la que serán imitados el vuelo a Marte, el descenso a la superficie del planeta y el regreso a la Tierra. Los participantes en el experimento llevarán consigo tres toneladas de agua y cinco toneladas de alimentos. El oxígeno será extraído de los residuos originados por la actividad del hombre. La Agencia Espacial Europea ha expresado su deseo de participar en el experimento.
Desde luego, la mayor dificultad a la hora de organizar una misión tripulada a Marte es de índole financiera. Y no sólo para Rusia, sino para otros países también, incluido Estados Unidos. Así, el plazo de ejecución del proyecto MARPOST es de 10 a 12 años, y cada año se necesitará casi 1,5 mil millones de dólares. Es mucho menos de lo que cuesta el proyecto marciano diseñado por EE UU, pero tres veces más que el presupuesto anual con el que cuenta el sector espacial de Rusia.
Pero lo peor de todo es que el programa tripulado ruso no infunde entusiasmo ni a los científicos - sobre todo a los representantes de la ciencia fundamental- ni al Gobierno, que es el que administra los fondos. Las autoridades federales ven que la participación de Rusia en el desarrollo de la Estación Espacial Internacional no incrementa el potencial científico-técnico ni el de la producción, ni contribuye a mejorar la imagen del país. De allí que la financiación del programa esté "entre la vida y la muerte". Incluso así, ello se debe a que aparte de los vuelos espaciales tripulados, Rusia no tiene otros atributos notables de ser una avanzada potencia tecnológica. ¿Cambiará la postura de las autoridades con respecto al programa de vuelo tripulado a Marte? Por ahora es difícil decirlo.
Cabe notar que EE UU también ha procedido a reducir sus "gastos marcianos". En enero de 2004, cuando el presidente estadounidense George W. Bush había lanzado las consignas de "Retornar a la Luna" y "Conquistar Marte", prometió ir aumentando durante tres años el presupuesto de la NASA un 5% anual.
En el presupuesto de 2005 todo ha sido bien, pero ya en el de 2006, el aumento será reducido casi a la mitad. En primer lugar ha quedado reducido el proyecto de propulsor para la nave marciana. Como resultado, de los 500 millones de dólares que había solicitado la NASA para 2006, sólo recibirá 320 millones.
Hay todas razones para esperar que Washington siga perdiendo interés hacia los programas de investigación marciana y, como consecuencia, reduzca el apoyo financiero a esos planes. La Administración norteamericana lo explica con que para 2009 necesita reducir a la mitad el déficit presupuestario. En este caso, una de las medidas más importantes para ahorrar los recursos sería la reducción de los programas no vinculados a la industria de defensa. Entre estos figuran precisamente los programas de investigaciones espaciales.
Todo ello significa que para Rusia es peligroso planificar la cooperación con EE UU en materia espacial, sobre todo en lo referente a vuelos tripulados. En el transcurso del desarrollo de la Estación Espacial Internacional, la parte rusa ha tomado una buena lección, que es la siguiente: sean cuales fueren las ventajas tecnológicas con las que cuenta el partenaire económicamente más débil, éste siempre quedará en dependencia del partenaire más fuerte. Desde el punto de vista tecnológico, los especialistas rusos hoy están más cerca que otros a la plasmación en realidad de un vuelo tripulado a Marte. En este sentido, el liderazgo de Rusia es incuestionable. Pero ello no aminora el peligro de que Rusia pueda ser aprovechada como una especie de ricksha para llevar a Marte a los países económicamente más prósperos.
Por último, vale señalar que no todos los científicos - tanto rusos como extranjeros- comparten el entusiasmo que muestran los partidarios del vuelo a Marte. Los astrónomos y planetólogos advierten que hoy por hoy, el vuelo a Marte sería un despilfarro irracional de recursos, especialmente desde el punto de vista de la correlación gastos-beneficios. Porque todo lo que haría el hombre durante el vuelo, lo pueden hacer los robots, y en este caso los gastos serían mucho menores. Una expedición tripulada costaría como mínimo 100 veces más caro.
De manera que la pregunta sobre si el hombre volará a Marte en los próximos decenios, por ahora no tiene una respuesta expresa.





