logotipo

img_google
GARROTXA
Apunts
Sindicación
 
Cósmica...
Noticias recientes sobre la próxima publicación de una nueva doctrina espacial de los Estados Unidos, que justifique el despliegue de armas en el espacio cósmico, han despertado el interés de muchos periodistas y académicos que siguen con atención la evolución de los planes norteamericanos para la militarización del cosmos en el siglo XXI. La consumación de ese propósito militarista en los meses venideros seguramente tendrá una amplia cobertura de prensa por parte de las grandes corporaciones de la información controladas por Washington, pero su contenido será un hecho poco espectacular a la altura del segundo período presidencial del vilipendiado George W. Bush, porque basta con un análisis de las acciones ya emprendidas por la administración en ese campo para imaginarnos las características del nuevo teatro de operaciones bélicas en el espacio que nos presentará el anunciado documento del Comando Estratégico imperial.
 
Estupidez...
Estoy convencido de que la estupidez es un rasgo exclusivo de los individuos, siendo imposible su sintomatología en los pueblos; otra cosa es que estos se vean envueltos e impotentes ante acontecimientos que no conocen ni pueden aprehender. Un pueblo que sea protagonista de su propia historia, desgajando a esta del azar y demás supersticiones, generará dinámicas transformadoras cargadas de consciencia que lo vacunarán de utopías y ensoñaciones sangrientas provenientes de diferentes estúpidos. Es la democracia participativa el mejor antídoto.
 
República...
No se puede sobrevalorar la República como no se puede sobrevalorar el hecho de respirar. La República es sólo una Forma y en la última nuestra, tan corta y asediada, cupieron cuartelazos azules y rojos y gobiernos de todos los colores. Pero si se trata de política no cabe elegir entre una Forma y un Rey de la misma manera que, si se trata de respirar, no cabe elegir entre tener pulmones o tener un sombrero; o entre el oxígeno y las camisas de seda. La República no es una garantía, pero tampoco es una opción: es a la política lo que la atmósfera a la naturaleza. Es lo mínimo, como lo es el suelo bajo los pies; es normal como el aire; es trivial como una patata; es prosaica como un pañuelo con cuatro nudos para protegerse del sol. Eso es lo que queremos porque amamos los verdaderos cuentos y las verdaderas constituciones. Eso es lo que queremos porque ambicionamos absolutamente un gobierno prosaico. Eso es lo que queremos, además, porque en España es lo justo: el único pueblo español todavía soberano es ése, ya muerto, que en 1931 mandó a Alfonso XIII al exilio. Ningún desierto puede ilegalizar esa decisión; ningún cuento puede revocarla.

 
Agua...
La visión mercantil afirma que el agua, como otros recursos naturales, es un bien que puede ser apropiado y convertirse en mercancía. Tiene por tanto un valor económico y debe regirse por las leyes del mercado. La mala distribución de los recursos hídricos, su desperdicio y la contaminación son problemas reales y estos males son achacables a los Estados, que no se preocupan del agua, y a los usuarios, pues nadie cuida lo que es público. El agua debe, pues, privatizarse, reconocer su valor económico y su mercantilización. Los usuarios aprenderán a no malgastarla y a utilizarla mejor Una primera crítica a este razonamiento es que no todos los usos del agua producirán el mismo beneficio: el agua para la agricultura y los usos domésticos tendrían menos rentabilidad que los destinados a la industria, y las empresas privadas buscan, ante todo, el máximo beneficio.

La visión social plantea que el agua es sobre todo y ante todo un bien destinado a todos los hombres y seres vivos y que es misión de los Estados garantizar su justa distribución. En la Declaración de 27 de noviembre de 2002 el Comité de la ONU para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales,incluyó el agua en esos derechos, afirmando: “El agua es fundamental para la vida y la salud. La realización del derecho humano a disponer de agua es imprescindible para llevar una vida saludable, que respete la dignidad humana. Es un requisito para la realización de todos los demás derechos humanos.” Si el agua se privatiza se puede llegar a su acaparamiento en muy pocas manos, convirtiendo el acceso al agua no en un derecho sino en una mercancía a la que sólo se accede si se tiene dinero. La privatización en lugar de promover el acceso de los seres vivos y ecosistemas los reduciría con perjuicio para la sostenibilidad y las generaciones venideras.