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Arte y Vida: Un viaje
bitácora de viaje del ramo "arte y vida"
Acerca de
Estás en una bitácora de mi experiencia en el ramo "Arte y Vida", de la Licenciatura de Estética de la Universidad Católica. Esta bitácora es un requisito del ramo, pero haré todo lo posible por hacerla muy amena, ojalá profunda y rica en reflexiones, para que así se vuelva un fin en sí. Espero con ansias sus comentarios, agragados, pies de página, etc.
Sindicación
 
1 de Septiembre, 2004
Hoy salí al mundo sin música. Sí, sin música. Dejé de lado mi melomania ("desorden compulsivo por la música") y me enfrenté a los sonidos del mundo, a sus ruidos, a sus voces y palabras escondidas tras cada objeto.
Nada más me queda por decir hoy. Sólo que espero con ansias el día que me atreva a salir al mundo sin mochila. Y sin zapatos.
 
Rito, música para trance, meditación y Steve Reich...
Steve Reich (haz click aquí, luego en los links bajo "obras")

Conozco dos formas de plena atención y darse-cuenta que involucran la música: en una de estas formas, la música te lleva a un trance tal que se pierde el yo, estado en el cuál me puedo sumergir a concho en las cosas ahí-fuera y casi (reitero: casi) rozar su esencia. En la otra forma, la misma música, con un efecto similar, te lleva a un trance en que el ahí-fuera deja ya de importar, y te permite una retroflexión, introspección en que el espíritu se acoge a sí mismo como espectador y visión, sujeto y objeto a la vez.

Esto no es casual, y la relación que conlleva con el sentido de los ritos no es pura añadidura.

El Ritual se nos presenta como un tercer nivel, posterior (¿superior?) a los niveles de Rutina y Cotidianeidad. Se nos dice de él que es una presencia de la otra orilla, algo numinoso que posee una polaridad positiva y negativa, de atracción y repulsión. Esta otra orilla está fuera y dentro de nosotros.
La educación y el desarrollo como individuos regidos bajo una sola realidad (construída y ferozmente resguardada por la ciencia y la técnica) se empeñan en alejarnos de "realidades que no lo son", de experiencias que podrían ser archivadas como legítimas y, por consiguiente, desestabilizar el orden imperante (orden bajo el dogma de la ciencia, precisa e indubitable), pero aún así, hay veces en que ciertos indiviuos se asoman, por cosa de segundos, a eso Otro que hay más allá, a eso que queda demasiado grande y complejo para cualquier categorización.
Lo Otro no es cosa de fantasmas y fantasías, no es cosa de juegos o morbosidad de niños curiosos. Más bien, es parte de aquello que subyace, como terreno de base, a lo que consideramos como realidad: la realidad no nos es presentada jamás en su forma pura e inmediata, siempre necesitamos de organos perceptivos mediadores que hagan cortes de aquello que es Real, para convertirlo en lo que consideramos realidad, en nuestras propias percepciones e impresiones. ¿Qué pasa?... que siempre hay algo más allá, a lo que no tenemos un acceso conciente pero a lo que estamos perpetuamente expuestos. Un algo que es tan legítimo abordar mediante un estudio científico como por una experiencia personal significativa, con la diferencia que esta última puede, muchas veces, decirnos más, al no intentar explícitamente (como lo hace el método científico) cortar y desfigurar lo vivido en pos de hacerlo "concreto", en pos de lograr coherencia con lo esperado.

El trance y la meditación parecen llevar al individuo más allá de sí mismo, hacia esa otra orilla que se halla precisamente en sí y fuera de sí. Al igual que en el rito, hay una entrega hacia un Otro, que puede ser desde el mero hecho de buscar un estado no-ordinario de conciencia, hasta la creencia de la conexión con un ente o fuerza superior, un Dios. Llevado a lo cotidiano, la mera música y la contemplación absorta en las cosas ahí-fuera, en la naturaleza, en los otros seres vivos, y a mi parecer también en las nuevas creaciones producto de la técnica (obras arquitectónicas, por poner un ejemplo), la entrega a la observación y atención devota de lo externo puede llevar a estados increíbles de conciencia, a la percepción vívida de un mundo al que, en nuestras mentes, hemos matado al darle estaticidad, al imputarle injustamente unanimidad, fijeza, determinación e invariabilidad.
La música puede ser, en ocasiones, un excelente catalizador para estos efectos. Como ejemplo, el link a extractos de obras de Steve Reich (arriba, al principio de este escrito).

 
18 de Agosto, 2004
Ante la experiencia rutinaria:
¿Por qué es rutinaria?
¿Qué quiebres son posibles para volverla cotidiana?


Encontrar lo significativo en lo inútil.
Asombro e ingenuidad.
Descubro cosas nuevas en lo común: el fruto de un árbol que hasta hoy no conocía.

Me detengo en mis pasos, alzo la mirada, atención en mis oídos.
Descubro nuevas puertas,
ventanas,
casilleros

Casi una realidad aparte: un salón ascéptico, blanco-nuevo... me interno... ¿trampa?

A ver si logro perderme, como antaño.
robo música a los cantantes, intérpretes, compositores esforzados....
Voyerismo auditivo.

Me concentro, me acuerdo, me encuentro.


Rutina --> Cotidiano--> Ritual

Lo rutinario es enajenante, es una pérdida de los límites del mundo, de la configuración de la realidad. El mundo pasa a ser un otro-amorfo. Desconfiguración del mundo en términos del espacio y del tiempo.
La rutina enfrentada con el tiempo abre un cráter de vacío. Cuando el tiempo se desvincula del sentido, el propio Ser se deforma, pierde consistencia y sentido. Ejemplo de esto es el tedio.

La rutina provoca el desfondamiento del Ser.

En lo cotidiano tomamos la experiencia y la honramos con su valor inherente, la enfrentamos y vivimos en su propia plenitud. Las cosas dejan de pasarnos, como sucede en lo rutinario, y se convierten en nuestras obras. La cotidianeidad se relaciona con el ser-estar en el mundo: un existir en la propiedad, genuina y legítimamente dueños y concientes de nuestros actos, actuando en un mundo que se configura precisamente desde nuestros actos, al que no le es indiferente nuestra forma de situarnos ante él.

El mundo encarnado en el hombre, y el hombre encarnado en el mundo, su mundo.
 
11 de Agosto, 2004
El Asombro
Detenerse en un árbol o en una flor,
en una araña o en el pasto,
en el cemento quebradizo
o en la caca de pájaro...

Recuperar la ingenuidad,
recuperar el asombro.


La estética como disposición ante la vida nos ayuda a hacer sintonía con el entorno, nos da herramientas para cultivar y mantener (con esfuerzo) la perdida capacidad de asombro. Asombrarnos y entusiasmarnos por las cosas simples, obvias, pero llenas de vida e ignoradas injustamente.
De verdad que impresiona cómo nos atrae lo enajenante, la televisión, lo mórbido de la farándula, la acumulación y gasto compulsivo de bienes, pero nos repele lo natural, las experiencias reales y legítimas.
Rutinariamente nos instalamos frente a un aparato cuadrado que emite rayos de colores, e imaginamos que vivimos, pero no damos el paso de ir hacia aquello que ese aparato evoca: la realidad, la vida, las experiencias. Parece que estamos tan acostumbrados a ser espectadores de la vida de otros, que nuestro ideal se transforma en esto: ser espectadores de nuestra propia vida, voyeristas de nuestros procesos y experiencias, mas no vividores de ellos, cuerpos a encarnar el espíritu latente.