DEJAR VUESTROS ARTICULOS.
Adelante amigos, ya podeis dejar vuestros articulos aqui.
Comentario:
Este texto ya lo envié con ocasión de otro fin de año, creo recordar, pero creo que al iniciar un nuevo año, es bueno tener presentes a las personas que "están ahí", que a veces ni caemos en la cuenta, o damos por supuesta su presencia, pero que son auténticos "pilares maestros" en nuestro caminar diario.
Cada uno que vea qué rostros puede poner a las diferentes frases...
Por mi parte, gracias por estar ahí y por vuestra entrega diaria.
Un fuerte abrazo, y feliz año nuevo.
JM - metropoli
AGRADECE
Agradece...
A aquéllos que, con su manera de ser, te ayudaron a ser más
humano, más sencillo, más sensible a las cosas de Dios.
A aquél que, inesperado y oportuno,
supo escucharte comprensivo.
A aquéllos con quienes compartiste tus ratos de juego.
A aquél que te ayuda desvelar tu riqueza interior.
A aquél que, con su gran bondad, te hizo ser sencillo.
A aquél que descubriste un día y «se quedó en ti».
A aquél que, corrigiéndote con cariño, te hizo caminar.
A aquél que, con su vida incansable, te animó a luchar.
A aquél que, sin cansancio, esperó lo mejor de ti.
A aquél que te exigía siempre, haciéndote crecer en grandeza.
A aquél que te hace sentir importante cuando necesita de ti.
A aquél que, estando lejos, lo sentiste cerca.
A aquél, que, con su desacuerdo, te hace descubrir tu verdad.
A aquél que sabes que te quiere y siempre te espera.
A aquél que siempre te anima a ver lo positivo.
A aquél que te quiere como eres, animándote a crecer.
A aquél que, con su necesidad de ti,
hizo que te sintieras «único».
A aquéllos que, con su experiencia interior,
te ayudaron a conocer a Dios
y te anunciaron la buena noticia de que..
Dios es tu mejor amigo, y te ama.
(Cáritas Española: “La espesura del amor, Dios” Adviento y Navidad 2008-2009)
Cada uno que vea qué rostros puede poner a las diferentes frases...
Por mi parte, gracias por estar ahí y por vuestra entrega diaria.
Un fuerte abrazo, y feliz año nuevo.
JM - metropoli
AGRADECE
Agradece...
A aquéllos que, con su manera de ser, te ayudaron a ser más
humano, más sencillo, más sensible a las cosas de Dios.
A aquél que, inesperado y oportuno,
supo escucharte comprensivo.
A aquéllos con quienes compartiste tus ratos de juego.
A aquél que te ayuda desvelar tu riqueza interior.
A aquél que, con su gran bondad, te hizo ser sencillo.
A aquél que descubriste un día y «se quedó en ti».
A aquél que, corrigiéndote con cariño, te hizo caminar.
A aquél que, con su vida incansable, te animó a luchar.
A aquél que, sin cansancio, esperó lo mejor de ti.
A aquél que te exigía siempre, haciéndote crecer en grandeza.
A aquél que te hace sentir importante cuando necesita de ti.
A aquél que, estando lejos, lo sentiste cerca.
A aquél, que, con su desacuerdo, te hace descubrir tu verdad.
A aquél que sabes que te quiere y siempre te espera.
A aquél que siempre te anima a ver lo positivo.
A aquél que te quiere como eres, animándote a crecer.
A aquél que, con su necesidad de ti,
hizo que te sintieras «único».
A aquéllos que, con su experiencia interior,
te ayudaron a conocer a Dios
y te anunciaron la buena noticia de que..
Dios es tu mejor amigo, y te ama.
(Cáritas Española: “La espesura del amor, Dios” Adviento y Navidad 2008-2009)
Comentario:
Te adjunto la última entrega sobre la resiliencia, esta semana en la que trata el tema del "educador", aunque yo prefiero llamarlo "acompañante". Todos necesitamos acompañamiento para sacar lo mejor de nosotros mismos. El acompañamiento es el que también nos hará aprovechar del mejor modo las posibilidades de los ambientes personales, como refleja el autor, para que sean "escuela de resiliencia".
Espero que te haya resultado interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (final)
El educador
Nadie crece solo. El ser humano es, fundamentalmente, un ser social. Nacemos acompañados, al menos por nuestra madre. Y crecemos también en compañía. El ser humano que crece solo, sólo se estira y engorda, pero no madura. Es como la fruta que no goza del sol. Por eso es importante la presencia del educador. Y ¡tantos son educadores en la vida! Partiendo de que educar es sacar lo que hay dentro de nosotros, normalmente lo mejor, son muchas las personas y los medios que lo van consiguiendo en la vida. Desde los padres a los maestros; desde los familiares a los vecinos; desde los compañeros a los políticos; desde el colegio en el que nos apuntan a la parroquia que nos acoge; desde el móvil que nos regalan a los juegos que nos divierten… todos ellos van configurando nuestras capacidades para reaccionar ante los malos momentos. La resiliencia que conseguimos se da a través de la interacción yo-medio social.
Ciertamente, como hemos dicho, todos nacemos con una cierta resiliencia. No es propia de gente extraordinaria. Lo que hace falta es fortalecer todas aquellas actitudes que nos preparan para reaccionar de manera positiva y maduradora ante los traumas, contrariedades, conflictos… que toda vida acarrea. Todo hombre y mujer, niño, adolescente y joven, tienen la capacidad, mayor o menor, de reaccionar, pero la ayuda del educador hace que una experiencia sea más positiva y cada uno sepa sacar las consecuencias que vayan creando una continua historia de crecimiento.
Son muchos los ambientes y las personas que nos pueden ayudar a adquirir esos recursos que nos van a hacer triunfar en medio de los huracanes que pretenden destruir nuestra casa. Los ambientes, tanto externos como personales, pueden constituir unos factores de riesgo para destruir y retardar las capacidades de dominio de los dolores y traumas normales de la vida; o pueden ser ayudadores, factores protectores o factores de resiliencia.
Los ambientes personales en los que se puede ayudar o impedir el crecimiento suelen ser: la familia, la escuela, la ciudad, la parroquia, el parque, los medios de comunicación, el trabajo, el deporte, el ocio… lugares en los que se dan las circunstancias que nos ayudan a madurar nuestra capacidad de enfrentar de manera positiva el fortalecimiento o debilitamiento de nuestra resiliencia.
(extraído de La potencia de la hierba pisoteada, por Julio Yagüe, en Misión Joven nº 377)
Espero que te haya resultado interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (final)
El educador
Nadie crece solo. El ser humano es, fundamentalmente, un ser social. Nacemos acompañados, al menos por nuestra madre. Y crecemos también en compañía. El ser humano que crece solo, sólo se estira y engorda, pero no madura. Es como la fruta que no goza del sol. Por eso es importante la presencia del educador. Y ¡tantos son educadores en la vida! Partiendo de que educar es sacar lo que hay dentro de nosotros, normalmente lo mejor, son muchas las personas y los medios que lo van consiguiendo en la vida. Desde los padres a los maestros; desde los familiares a los vecinos; desde los compañeros a los políticos; desde el colegio en el que nos apuntan a la parroquia que nos acoge; desde el móvil que nos regalan a los juegos que nos divierten… todos ellos van configurando nuestras capacidades para reaccionar ante los malos momentos. La resiliencia que conseguimos se da a través de la interacción yo-medio social.
Ciertamente, como hemos dicho, todos nacemos con una cierta resiliencia. No es propia de gente extraordinaria. Lo que hace falta es fortalecer todas aquellas actitudes que nos preparan para reaccionar de manera positiva y maduradora ante los traumas, contrariedades, conflictos… que toda vida acarrea. Todo hombre y mujer, niño, adolescente y joven, tienen la capacidad, mayor o menor, de reaccionar, pero la ayuda del educador hace que una experiencia sea más positiva y cada uno sepa sacar las consecuencias que vayan creando una continua historia de crecimiento.
Son muchos los ambientes y las personas que nos pueden ayudar a adquirir esos recursos que nos van a hacer triunfar en medio de los huracanes que pretenden destruir nuestra casa. Los ambientes, tanto externos como personales, pueden constituir unos factores de riesgo para destruir y retardar las capacidades de dominio de los dolores y traumas normales de la vida; o pueden ser ayudadores, factores protectores o factores de resiliencia.
Los ambientes personales en los que se puede ayudar o impedir el crecimiento suelen ser: la familia, la escuela, la ciudad, la parroquia, el parque, los medios de comunicación, el trabajo, el deporte, el ocio… lugares en los que se dan las circunstancias que nos ayudan a madurar nuestra capacidad de enfrentar de manera positiva el fortalecimiento o debilitamiento de nuestra resiliencia.
(extraído de La potencia de la hierba pisoteada, por Julio Yagüe, en Misión Joven nº 377)
Comentario:
Te adjunto una nueva entrega de estos artículos sobre la resiliencia. Esta semana un poco más corto, ya que completa el correo de la semana pasada. Como ya dije entonces, son cosas tan básicas que demasiadas veces las damos por supuestas o las pasamos por alto... y merece la pena cuidarlas. Y, como indica la última propuesta, necesitamos "cuidarnos".
La semana que viene finalizará esta serie, con una reflexión acerca de la figura importantísima del educador, o como yo prefiero llamar, acompañante.
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (8)
Respuestas educativas (continúa)
En los momentos difíciles tomar decisiones: La peor equivocación está en quedarse paralizado. El encontrar alguien para contrastar el tipo de decisiones que quieres tomar es fundamental. Es ahí donde crecen los amigos.
Aprovechar las dificultades para conocerse a sí mismo: Son los mejores momentos en los que podemos descubrir todo lo que habita en nuestro “cuarto trastero”.
La confianza en uno mismo: Es la base de cualquier empresa que queramos construir.
Lo último que se pierde es la esperanza: Y hasta que se pierda hay mucho que andar. Pero la impaciencia nos hace desistir de lo que hemos emprendido.
¡Cuídate!: Suele ser una frase hecha. Pero el que te aficiones a actividades que te reconforten, te distraigan, te hagan gozar… es la mejor manera de volver a tomar la clave que te aparta un tiempo del “comecocos” que piensas que avanza hacia ti y te acorrala.
(extraído de La potencia de la hierba pisoteada, por Julio Yagüe, en Misión Joven nº 377)
La semana que viene finalizará esta serie, con una reflexión acerca de la figura importantísima del educador, o como yo prefiero llamar, acompañante.
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (8)
Respuestas educativas (continúa)
En los momentos difíciles tomar decisiones: La peor equivocación está en quedarse paralizado. El encontrar alguien para contrastar el tipo de decisiones que quieres tomar es fundamental. Es ahí donde crecen los amigos.
Aprovechar las dificultades para conocerse a sí mismo: Son los mejores momentos en los que podemos descubrir todo lo que habita en nuestro “cuarto trastero”.
La confianza en uno mismo: Es la base de cualquier empresa que queramos construir.
Lo último que se pierde es la esperanza: Y hasta que se pierda hay mucho que andar. Pero la impaciencia nos hace desistir de lo que hemos emprendido.
¡Cuídate!: Suele ser una frase hecha. Pero el que te aficiones a actividades que te reconforten, te distraigan, te hagan gozar… es la mejor manera de volver a tomar la clave que te aparta un tiempo del “comecocos” que piensas que avanza hacia ti y te acorrala.
(extraído de La potencia de la hierba pisoteada, por Julio Yagüe, en Misión Joven nº 377)
Comentario:
Te envío una nueva entrega sobre la resiliencia, esta semana ya con propuestas de acción. Son cosas tan básicas, que en demasiadas ocasiones las pasamos por alto, o no las cuidamos lo suficiente... También es verdad que son cosas fáciles de decir, pero difíciles de llevar a la práctica, pero ahí está el reto: en ponerse metas, como dice el autor. Y se empieza por poco.
Espero que te resulte interesante. La semana que viene continuaré con más propuestas.
Un abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (7)
Respuestas educativas
Todos nacemos con una resiliencia innata, y con capacidad para desarrollar rasgos o cualidades que nos permiten ser resilientes, tales como el éxito social (flexibilidad, empatía, afecto, habilidad para comunicarse, sentido del humor y capacidad de respuesta); habilidad para resolver problemas (elaborar estrategias, solicitar ayuda, creatividad y criticidad); autonomía (sentido de identidad, autosuficiencia, conocimiento propio, competencia y capacidad para distanciarse de mensajes y condiciones negativas); propósitos y expectativas de un futuro prometedor (metas, aspiraciones educativas, optimismo, fe y espiritualidad). Pero la resiliencia se puede educar y preparar, en todas las edades y sobre todo en las más jóvenes, para que la persona tenga suficientes recursos para sobreponerse a los golpes que la vida de por sí ya trae.
La resiliencia hay que considerarla como una cualidad ordinaria, no extraordinaria. Se necesita en los momentos ordinarios en los que podemos sucumbir o tomar caminos que marcan la vida de la persona. El único que está en el momento preciso y en el lugar exacto es la propia persona que vive el problema. Si saca sus recursos resilientes sabrá levantarse, saltar, reaccionar para escoger los senderos que le llevan a la salida del laberinto en el que todos nos encontramos a veces.
Saber crear relaciones: ¡Qué difícil y necesario es saber pedir ayuda! Las relaciones son lazos, de los que no ahogan, sino que crean una red bajo la cuerda que atraviesas con un cierto equilibrio. Sabes que, si caes, te recogerá entre sus brazos. ¡Qué importante es este recurso en tiempos en los que escasean los amigos y abundan los colegas!
Aceptar la vida como continuo cambio y crecimiento: Es ley de vida. Quien no tiene dificultades puede quedar enano personalmente, inmaduro. ¡Cómo se nota la madurez de quien ha pasado dificultades en la niñez! No tiene por qué ser un amargado.
Aprender a ponerse metas: Pueden ser cortas al principio, e ir consiguiendo realizarlas. El ser humano es “proyeccionista”. Es el único animal capaz de pintar en un papel el camino que va a seguir para conseguir llegar a un lugar. Soñar es barato, pero resulta caro el no hacerlo, pues nos mata la capacidad de crear, que es lo que nos acerca más a lo que Dios quiso hacer de nosotros. Quien no sueña termina rompiendo los sueños de los demás.
(extraído de La potencia de la hierba pisoteada, por Julio Yagüe, en Misión Joven nº 377)
Espero que te resulte interesante. La semana que viene continuaré con más propuestas.
Un abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (7)
Respuestas educativas
Todos nacemos con una resiliencia innata, y con capacidad para desarrollar rasgos o cualidades que nos permiten ser resilientes, tales como el éxito social (flexibilidad, empatía, afecto, habilidad para comunicarse, sentido del humor y capacidad de respuesta); habilidad para resolver problemas (elaborar estrategias, solicitar ayuda, creatividad y criticidad); autonomía (sentido de identidad, autosuficiencia, conocimiento propio, competencia y capacidad para distanciarse de mensajes y condiciones negativas); propósitos y expectativas de un futuro prometedor (metas, aspiraciones educativas, optimismo, fe y espiritualidad). Pero la resiliencia se puede educar y preparar, en todas las edades y sobre todo en las más jóvenes, para que la persona tenga suficientes recursos para sobreponerse a los golpes que la vida de por sí ya trae.
La resiliencia hay que considerarla como una cualidad ordinaria, no extraordinaria. Se necesita en los momentos ordinarios en los que podemos sucumbir o tomar caminos que marcan la vida de la persona. El único que está en el momento preciso y en el lugar exacto es la propia persona que vive el problema. Si saca sus recursos resilientes sabrá levantarse, saltar, reaccionar para escoger los senderos que le llevan a la salida del laberinto en el que todos nos encontramos a veces.
Saber crear relaciones: ¡Qué difícil y necesario es saber pedir ayuda! Las relaciones son lazos, de los que no ahogan, sino que crean una red bajo la cuerda que atraviesas con un cierto equilibrio. Sabes que, si caes, te recogerá entre sus brazos. ¡Qué importante es este recurso en tiempos en los que escasean los amigos y abundan los colegas!
Aceptar la vida como continuo cambio y crecimiento: Es ley de vida. Quien no tiene dificultades puede quedar enano personalmente, inmaduro. ¡Cómo se nota la madurez de quien ha pasado dificultades en la niñez! No tiene por qué ser un amargado.
Aprender a ponerse metas: Pueden ser cortas al principio, e ir consiguiendo realizarlas. El ser humano es “proyeccionista”. Es el único animal capaz de pintar en un papel el camino que va a seguir para conseguir llegar a un lugar. Soñar es barato, pero resulta caro el no hacerlo, pues nos mata la capacidad de crear, que es lo que nos acerca más a lo que Dios quiso hacer de nosotros. Quien no sueña termina rompiendo los sueños de los demás.
(extraído de La potencia de la hierba pisoteada, por Julio Yagüe, en Misión Joven nº 377)
Comentario:
Después de un "parón" forzado por acumulación de otras tareas, aquí te remito una nueva entrega de la serie sobre la resiliencia, que continúa profundizando en las consecuencias de no educar a las personas para que sepan afrontar lo que la vida conlleva, unas consecuencias que vemos y a veces sufrimos en múltiples momentos.
La semana que viene, D.m., analizaremos las posturas resilientes fretne a los mismos traumas y vulnerabilidades.
Espero que te resulte interesante, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (6)
Posturas traumatizadoras
Ante situaciones traumáticas y la vulnerabilidad propia de esta sociedad que vivimos, muchos se sienten, como decía Chaplin, sparring de la vida. Para unos sirve el trauma para tomar la conciencia de víctima y vivir traumatizado toda la vida. Todos conocemos gente cercana que al vivir los problemas que tiene toda vida y crecimiento, toman el carnet de traumatizados, al sentirse incapaces de superar esa dificultad. Quedan en ellos señales fisiológicas (problemas del sistema nervioso, pautas problemáticas de alimentación, falta de atención e interés, alteración de sueño, psicosis diversas…), así como cicatrices psicológicas (miedo, inseguridad, exclusión social, incapacidad de comunicación…). Los traumas n superados son a veces como los catarros: quedan crónicos.
Son noticia frecuente la intervención de los padres en los centros educativos para defender la incomprensión que los profesores/educadores tienen con su pequeño niño, traumatizado por una nota o una advertencia ante su mal comportamiento o agresividad ante los compañeros o autoridades académicas. Señalar este hecho no es vano, ya que supone para los padres una manera de defender a su pequeño, lo que va haciendo crecer su sensación de que es víctima de la sociedad, que no lo entienden, que le tienen rabia, que es incomprendido, que van contra él… Y, con el tiempo, perderá la capacidad de afrontar las contrariedades que toda vida social tiene.
La respuesta que con frecuencia se da al maltrato, al abandono, a la utilización infantil… es la institucionalización del menor, con el fin de que tenga los mismos medios que cualquier otro de su edad. el proteccionismo lleva a evitar que le falte nada, con la mejor intención, sin duda. Pero nos resulta, como bastantes educadores de centros reconocen, que los hacemos inútiles para enfrentar después lo que la vida tiene de dificultad. Y con esta superprotección que el Estado de bienestar proporciona, llegamos a un producto (¡perdón por el término!) no preparado para afrontar el frío que el invierno social sostiene. Tal vez no sea el mejor modo de ayudar a un desprotegido a afrontar la vida. El subvencionismo no es índice de buenos resultados educativos.
(extraído de La potencia de la hierba pisoteada, por Julio Yagüe, en Misión Joven nº 377)
La semana que viene, D.m., analizaremos las posturas resilientes fretne a los mismos traumas y vulnerabilidades.
Espero que te resulte interesante, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (6)
Posturas traumatizadoras
Ante situaciones traumáticas y la vulnerabilidad propia de esta sociedad que vivimos, muchos se sienten, como decía Chaplin, sparring de la vida. Para unos sirve el trauma para tomar la conciencia de víctima y vivir traumatizado toda la vida. Todos conocemos gente cercana que al vivir los problemas que tiene toda vida y crecimiento, toman el carnet de traumatizados, al sentirse incapaces de superar esa dificultad. Quedan en ellos señales fisiológicas (problemas del sistema nervioso, pautas problemáticas de alimentación, falta de atención e interés, alteración de sueño, psicosis diversas…), así como cicatrices psicológicas (miedo, inseguridad, exclusión social, incapacidad de comunicación…). Los traumas n superados son a veces como los catarros: quedan crónicos.
Son noticia frecuente la intervención de los padres en los centros educativos para defender la incomprensión que los profesores/educadores tienen con su pequeño niño, traumatizado por una nota o una advertencia ante su mal comportamiento o agresividad ante los compañeros o autoridades académicas. Señalar este hecho no es vano, ya que supone para los padres una manera de defender a su pequeño, lo que va haciendo crecer su sensación de que es víctima de la sociedad, que no lo entienden, que le tienen rabia, que es incomprendido, que van contra él… Y, con el tiempo, perderá la capacidad de afrontar las contrariedades que toda vida social tiene.
La respuesta que con frecuencia se da al maltrato, al abandono, a la utilización infantil… es la institucionalización del menor, con el fin de que tenga los mismos medios que cualquier otro de su edad. el proteccionismo lleva a evitar que le falte nada, con la mejor intención, sin duda. Pero nos resulta, como bastantes educadores de centros reconocen, que los hacemos inútiles para enfrentar después lo que la vida tiene de dificultad. Y con esta superprotección que el Estado de bienestar proporciona, llegamos a un producto (¡perdón por el término!) no preparado para afrontar el frío que el invierno social sostiene. Tal vez no sea el mejor modo de ayudar a un desprotegido a afrontar la vida. El subvencionismo no es índice de buenos resultados educativos.
(extraído de La potencia de la hierba pisoteada, por Julio Yagüe, en Misión Joven nº 377)
Comentario:
Como de costumbre, te envío el correo semanal, una nueva entrega sobre la "resiliencia". La reflexión de esta semana no va a descubrir nada nuevo, son cosas que "sabemos" pero que deberíamos pensar y tener más en cuenta si queremos empezar a contrarrestar esa "sociedad de vulnerables".
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (5)
Sociedad de vulnerables
El Estado de bienestar ha querido dejar las cosas fáciles a la generación que no había vivido los momentos de las guerras (española y europea). “Lo que yo he sufrido no quiero que lo sufra mi hijo”, era el lema de muchos padres. Y ahora existe un clamor general de que no lo hemos hecho del todo bien.
Este estado de protección social, base de un estado de bienestar, ha llevado a crear un infantilismo ciudadano que hace pasar de la beneficencia a la dependencia (situación propia del menor, pero que se extiende hasta la mayoría de edad).
Es bueno analizar las consecuencias que trae en los barrios necesitados la actuación de las rentas mínimas (REMI), a las que acuden muchas personas antes de ir a prepararse y buscar un empleo. Estas actuaciones políticas, propias de las épocas electorales, aportan a una población necesitada la idea de que el Estado es el responsable de arreglar mi vida. Crea en muchos chicos el mal del institucionalismo del que no se liberarán algunos en toda su vida. La pobreza en estas circunstancias se hace endémica, profunda, personalizada, cultural e incluso estructura.
A nivel de educación es un elemento peligroso, pues nunca crearemos un sujeto independiente, poseyendo todo ser la capacidad para lograrlo, en mayor o menor medida. Siempre necesitaré de papá para poder superar los problemas. ¿Para qué dejar la familia si me solucionan todo?
Esta superprotección lleva a crear generaciones cada día más vulnerables ante cualquier dificultad inherente a la vida humana. No se trata de culpabilizar a la persona del niño que crece. Él sólo es capaz de respirar el aire que le proporciona el ambiente. Es la misma sociedad, los adultos, padres, educadores, medios de comunicación… los que creamos, a nivel social y ambiental, las bases de la vulnerabilidad.
Las bases de esta vulnerabilidad son en principio, externas: trabajo precario, inestabilidad en las relaciones, sentido vital frágil; pero tienen también su componente interno: dependencia de cosas y personas (principio de toda adicción), debilidad para afrontar los problemas, hundimiento ante las dificultades, escasa confianza en uno mismo.
(extraído de La potencia de la hierba pisoteada, por Julio Yagüe, en Misión Joven nº 377)
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (5)
Sociedad de vulnerables
El Estado de bienestar ha querido dejar las cosas fáciles a la generación que no había vivido los momentos de las guerras (española y europea). “Lo que yo he sufrido no quiero que lo sufra mi hijo”, era el lema de muchos padres. Y ahora existe un clamor general de que no lo hemos hecho del todo bien.
Este estado de protección social, base de un estado de bienestar, ha llevado a crear un infantilismo ciudadano que hace pasar de la beneficencia a la dependencia (situación propia del menor, pero que se extiende hasta la mayoría de edad).
Es bueno analizar las consecuencias que trae en los barrios necesitados la actuación de las rentas mínimas (REMI), a las que acuden muchas personas antes de ir a prepararse y buscar un empleo. Estas actuaciones políticas, propias de las épocas electorales, aportan a una población necesitada la idea de que el Estado es el responsable de arreglar mi vida. Crea en muchos chicos el mal del institucionalismo del que no se liberarán algunos en toda su vida. La pobreza en estas circunstancias se hace endémica, profunda, personalizada, cultural e incluso estructura.
A nivel de educación es un elemento peligroso, pues nunca crearemos un sujeto independiente, poseyendo todo ser la capacidad para lograrlo, en mayor o menor medida. Siempre necesitaré de papá para poder superar los problemas. ¿Para qué dejar la familia si me solucionan todo?
Esta superprotección lleva a crear generaciones cada día más vulnerables ante cualquier dificultad inherente a la vida humana. No se trata de culpabilizar a la persona del niño que crece. Él sólo es capaz de respirar el aire que le proporciona el ambiente. Es la misma sociedad, los adultos, padres, educadores, medios de comunicación… los que creamos, a nivel social y ambiental, las bases de la vulnerabilidad.
Las bases de esta vulnerabilidad son en principio, externas: trabajo precario, inestabilidad en las relaciones, sentido vital frágil; pero tienen también su componente interno: dependencia de cosas y personas (principio de toda adicción), debilidad para afrontar los problemas, hundimiento ante las dificultades, escasa confianza en uno mismo.
(extraído de La potencia de la hierba pisoteada, por Julio Yagüe, en Misión Joven nº 377)
Comentario:
Aquí te envío una nueva entrega de esta serie sobre la "resiliencia", y que está extraída de varios artículos que aparecen en el número de junio de 2008 de la revista Misión Joven. El fragmento de hoy es uno de esos que "choca" con una buena parte de la mentalidad de hoy: el excesivo paternalismo. Quizá nos vengan a la mente ejemplos en ese sentido, y sus consecuencias... Y ojalá también encontremos ejemplos, o hayamos experimentado personalmente, el crecimiento al que hace referencia el autor.
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (4)
Educar es sacar lo mejor de cada persona, sin que se derrumbe ante el primer empujón que le da la propia historia. En eso se resume la tarea educativa. La hierba pisoteada retoma fuerzas para levantarse hacia el sol. Más tarde será capaz de florecer y dar frutos como cualquier otra planta. O tal vez mejor, ya que ha tenido que sacar mayor energía para sobrevivir. Así podemos definir con esta imagen ese término tan extraño que llamamos resiliencia.
Sociedad de traumas
Son muchos los traumas que vivimos día tras día. ¿Cómo la gente enfrenta eventos difíciles que cambian su vida? ¿Cómo reacciona a eventos traumáticos como la muerte de un ser querido, la pérdida del trabajo, una enfermedad difícil, un ataque terrorista y otras situaciones catastróficas?
La psicología positiva va en busca de las posibilidades que surgen al afrontar un trauma. Y se ve claramente cómo, en esos momentos difíciles de la vida, surgen, en lo más profundo del ser humano, resortes que buscan la vida, que luchan por levantarse frente a los empujes que tratan de hundir.
A veces evitamos la maduración de la persona que sufre un trauma/duelo. El excesivo paternalismo en los momentos traumáticos que, como es lógico, provocan una crisis en la persona, hace que cada individuo no madure por sí mismo. La crisis y el trauma son naturales en la evolución histórica de cada uno de nosotros, y nos han servido a todos para un crecimiento y un mejor conocimiento de nosotros mismos. No debemos evitar esa experiencia enriquecedora. Conocemos situaciones que han sido traumáticas en la vida de personas conocidas, que agradecen esos momentos como fundamentales en sus vidas.
Todo trauma tiene su proceso, que hay que dejar discurrir sin detenerlo:
- trastorno: que es el lógico desequilibrio ante un golpe inesperado de la vida;
- trastorno retardado: en el que pueden aparecer los desequilibrios tiempo más tarde;
- recuperación: alrededor de un 85% de las personas afectadas por una experiencia traumática siguen este proceso de recuperación natural y no desarrollan ningún tipo de trastorno;
- resiliencia: los resilientes pasan también por este período de trastorno, pero no se quedan pegados a él.
- crecimiento: la persona sale fortalecida de la experiencia traumática, después de reflexionar la enseñanza que le queda. Se conoce mejor y se siente más fuerte.
(extraído de La potencia de la hierba pisoteada, por Julio Yagüe, en Misión Joven nº 377)
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (4)
Educar es sacar lo mejor de cada persona, sin que se derrumbe ante el primer empujón que le da la propia historia. En eso se resume la tarea educativa. La hierba pisoteada retoma fuerzas para levantarse hacia el sol. Más tarde será capaz de florecer y dar frutos como cualquier otra planta. O tal vez mejor, ya que ha tenido que sacar mayor energía para sobrevivir. Así podemos definir con esta imagen ese término tan extraño que llamamos resiliencia.
Sociedad de traumas
Son muchos los traumas que vivimos día tras día. ¿Cómo la gente enfrenta eventos difíciles que cambian su vida? ¿Cómo reacciona a eventos traumáticos como la muerte de un ser querido, la pérdida del trabajo, una enfermedad difícil, un ataque terrorista y otras situaciones catastróficas?
La psicología positiva va en busca de las posibilidades que surgen al afrontar un trauma. Y se ve claramente cómo, en esos momentos difíciles de la vida, surgen, en lo más profundo del ser humano, resortes que buscan la vida, que luchan por levantarse frente a los empujes que tratan de hundir.
A veces evitamos la maduración de la persona que sufre un trauma/duelo. El excesivo paternalismo en los momentos traumáticos que, como es lógico, provocan una crisis en la persona, hace que cada individuo no madure por sí mismo. La crisis y el trauma son naturales en la evolución histórica de cada uno de nosotros, y nos han servido a todos para un crecimiento y un mejor conocimiento de nosotros mismos. No debemos evitar esa experiencia enriquecedora. Conocemos situaciones que han sido traumáticas en la vida de personas conocidas, que agradecen esos momentos como fundamentales en sus vidas.
Todo trauma tiene su proceso, que hay que dejar discurrir sin detenerlo:
- trastorno: que es el lógico desequilibrio ante un golpe inesperado de la vida;
- trastorno retardado: en el que pueden aparecer los desequilibrios tiempo más tarde;
- recuperación: alrededor de un 85% de las personas afectadas por una experiencia traumática siguen este proceso de recuperación natural y no desarrollan ningún tipo de trastorno;
- resiliencia: los resilientes pasan también por este período de trastorno, pero no se quedan pegados a él.
- crecimiento: la persona sale fortalecida de la experiencia traumática, después de reflexionar la enseñanza que le queda. Se conoce mejor y se siente más fuerte.
(extraído de La potencia de la hierba pisoteada, por Julio Yagüe, en Misión Joven nº 377)
Comentario:
Aquí te adjunto una tercera entrega sobre la resiliencia. Muy sencillo pero, con el ejemplo que pone, muy claro. En ese proceso para descubrir las propias potencialidades, un proceso que no es nada fácil de hacer, es fundamental lo que indica en el segundo paso, el papel de "los otros", del grupo, de la comunidad, ya que es el espejo en el que nos miramos.
Sería una buena ocasión recordar a esas personas que, en un momento dado, han apostado por nosotros, han visto en nosotros más de lo que nosotros mismos vemos, y nos han animado, y han sido determinantes para que hoy podamos estar donde estamos.
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (3)
Todos poseemos fortalezas en nuestro interior que nos permitirán superar las situaciones adversas en diferentes grados y momentos en que éstas vayan presentándose a lo largo de la vida. A pesar de todo, hay personas que no hacen uso o hacen un uso diferente de esta capacidad, razón que nos explica por qué hay formas diferentes de reaccionar ante las situaciones problemáticas. ¿Cómo es posible este realismo de la esperanza? A través de un proceso.
Darse cuenta: Todos recordamos el cuento del patito feo. El patito es un claro ejemplo de realismo de la esperanza. Primero de todo, él se ve como diferente del resto de la familia, básicamente porque no es un pato sino un cisne. El patito es consciente de lo que está pasando. Este darse cuenta es el primer paso en el camino que va del realismo hasta la esperanza.
Proyectar hacia el futuro: una vez aceptada la realidad, una persona resiliente debe proyectarse hacia el futuro. El patito feo debe proyectarse hacia el futuro y lo consigue cuando se puede mirar al espejo en una familia de cisnes.
Imagen transformadora: un tercer paso que es necesario tener es esta imagen transformadora. El patito feo se ve como un maravilloso cisne.
Actuar «como si»: una vez nos hemos visto alcanzando lo que queremos hemos de actuar «como si». Gandhi decía que para llevar a cabo un cambio, lo hemos de encarnar. ¡Y él sabía mucho de ello! Así es como la energía que tenemos se transforma y nos dirige hacia aquello que hemos deseado. Es entonces cuando alcanzamos la esperanza. Ya nos hemos metamorfoseado y hemos creado algo nuevo. Entonces, volvemos a la vida como un cisne bello.
El realismo de la esperanza nos recuerda que el trabajo nos concierne a todos y cada uno de nosotros, hemos de saber enfocar bien nuestras cualidades y potencialidades, hemos de ser conscientes del poder que tenemos para poder tener éxito.
(extraído de Pedagogía de la resiliencia, por Anna Forés, en Misión Joven nº 377)
Sería una buena ocasión recordar a esas personas que, en un momento dado, han apostado por nosotros, han visto en nosotros más de lo que nosotros mismos vemos, y nos han animado, y han sido determinantes para que hoy podamos estar donde estamos.
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (3)
Todos poseemos fortalezas en nuestro interior que nos permitirán superar las situaciones adversas en diferentes grados y momentos en que éstas vayan presentándose a lo largo de la vida. A pesar de todo, hay personas que no hacen uso o hacen un uso diferente de esta capacidad, razón que nos explica por qué hay formas diferentes de reaccionar ante las situaciones problemáticas. ¿Cómo es posible este realismo de la esperanza? A través de un proceso.
Darse cuenta: Todos recordamos el cuento del patito feo. El patito es un claro ejemplo de realismo de la esperanza. Primero de todo, él se ve como diferente del resto de la familia, básicamente porque no es un pato sino un cisne. El patito es consciente de lo que está pasando. Este darse cuenta es el primer paso en el camino que va del realismo hasta la esperanza.
Proyectar hacia el futuro: una vez aceptada la realidad, una persona resiliente debe proyectarse hacia el futuro. El patito feo debe proyectarse hacia el futuro y lo consigue cuando se puede mirar al espejo en una familia de cisnes.
Imagen transformadora: un tercer paso que es necesario tener es esta imagen transformadora. El patito feo se ve como un maravilloso cisne.
Actuar «como si»: una vez nos hemos visto alcanzando lo que queremos hemos de actuar «como si». Gandhi decía que para llevar a cabo un cambio, lo hemos de encarnar. ¡Y él sabía mucho de ello! Así es como la energía que tenemos se transforma y nos dirige hacia aquello que hemos deseado. Es entonces cuando alcanzamos la esperanza. Ya nos hemos metamorfoseado y hemos creado algo nuevo. Entonces, volvemos a la vida como un cisne bello.
El realismo de la esperanza nos recuerda que el trabajo nos concierne a todos y cada uno de nosotros, hemos de saber enfocar bien nuestras cualidades y potencialidades, hemos de ser conscientes del poder que tenemos para poder tener éxito.
(extraído de Pedagogía de la resiliencia, por Anna Forés, en Misión Joven nº 377)
Comentario:
Aquí te envío la segunda entrega de esta serie sobre la resiliencia. No es nada fácil, desde luego, desarrollar la resiliencia, pero merece la pena intentarlo, no sólo ante los momentos duros o de crisis, sino también en las pequeñas cosas de cada día... Aprender a preguntarnos ese "para qué" que se indica en el texto.
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (2)
Todas las personas podemos ser resilientes. El desafío consiste en encontrar la manera de promover la resiliencia en cada persona, tanto individualmente como en las familias y las comunidades.
Una persona violada, que ha sufrido maltratos, un joven que acaba de tener un accidente de tráfico y le acaban de comunicar que será tetrapléjico para el resto de su vida, esa persona herida pregunta a diestro y siniestro: ¿por qué yo?, ¿por qué tengo que sufrir tanto?
Cada sociedad, cada persona, está comprometida con la empresa, nunca acabada, de construir un mundo con significación, de construir un nomos (todo aquello que proporciona orden y sentido), de configurar un área que proporcione el sentido suficiente a cada persona para defenderse contra el terror: la muerte, el sufrimiento, el sinsentido, el mal, la inseguridad. El nomos nos proporciona los argumentos necesarios para combatir este dolor. Los orientales cambian la pregunta “¿por qué?” por la de “¿para qué?” ¿Qué puedo aprender de esta experiencia? Se trata de saber encontrar la respuesta a la pregunta: ¿qué hay de bueno en todo esto? Desde la fe y la esperanza la creación de sentido también resulta menos difícil.
Es necesario dar razones del sufrimiento, de la muerte, del mal… Cualquier amenaza o adversidad ha de ser vivida pero también explicada. Estas explicaciones se llaman teodiceas. Teodicea quiere decir, etimológicamente, justicia divina. Las teodiceas nos proporcionan sentido. Son aquel conjunto de representaciones, actitudes y sentimientos que la sociedad suministra a cualquier persona para salir de los callejones sin salida donde, con gran frecuencia, nos conducen los azarosos caminos de la vida.
La resiliencia se edifica sobre este otorgamiento de sentido. Dar un sentido a la vida constituye un elemento esencial que permite a la persona que ha padecido una agresión sobreponerse a sus dificultades.
Cuando la búsqueda de sentido tiene un desenlace favorable, entonces la persona herida puede avanzar en su proceso de transformación. Al contrario, si esta búsqueda continúa indefinidamente sin respuesta, sólo encontraremos una herida que nunca cicatrizará: la sensación de desasosiego y el dolor persistirá por mucho tiempo.
(extraído de Pedagogía de la resiliencia, por Anna Forés, en Misión Joven nº 377)
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (2)
Todas las personas podemos ser resilientes. El desafío consiste en encontrar la manera de promover la resiliencia en cada persona, tanto individualmente como en las familias y las comunidades.
Una persona violada, que ha sufrido maltratos, un joven que acaba de tener un accidente de tráfico y le acaban de comunicar que será tetrapléjico para el resto de su vida, esa persona herida pregunta a diestro y siniestro: ¿por qué yo?, ¿por qué tengo que sufrir tanto?
Cada sociedad, cada persona, está comprometida con la empresa, nunca acabada, de construir un mundo con significación, de construir un nomos (todo aquello que proporciona orden y sentido), de configurar un área que proporcione el sentido suficiente a cada persona para defenderse contra el terror: la muerte, el sufrimiento, el sinsentido, el mal, la inseguridad. El nomos nos proporciona los argumentos necesarios para combatir este dolor. Los orientales cambian la pregunta “¿por qué?” por la de “¿para qué?” ¿Qué puedo aprender de esta experiencia? Se trata de saber encontrar la respuesta a la pregunta: ¿qué hay de bueno en todo esto? Desde la fe y la esperanza la creación de sentido también resulta menos difícil.
Es necesario dar razones del sufrimiento, de la muerte, del mal… Cualquier amenaza o adversidad ha de ser vivida pero también explicada. Estas explicaciones se llaman teodiceas. Teodicea quiere decir, etimológicamente, justicia divina. Las teodiceas nos proporcionan sentido. Son aquel conjunto de representaciones, actitudes y sentimientos que la sociedad suministra a cualquier persona para salir de los callejones sin salida donde, con gran frecuencia, nos conducen los azarosos caminos de la vida.
La resiliencia se edifica sobre este otorgamiento de sentido. Dar un sentido a la vida constituye un elemento esencial que permite a la persona que ha padecido una agresión sobreponerse a sus dificultades.
Cuando la búsqueda de sentido tiene un desenlace favorable, entonces la persona herida puede avanzar en su proceso de transformación. Al contrario, si esta búsqueda continúa indefinidamente sin respuesta, sólo encontraremos una herida que nunca cicatrizará: la sensación de desasosiego y el dolor persistirá por mucho tiempo.
(extraído de Pedagogía de la resiliencia, por Anna Forés, en Misión Joven nº 377)
Comentario:
Aquí te envío la primera entrega de una serie sobre la "resiliencia". Leí este verano varios artículos al respecto, y me gustó la idea que transmite. No sólo me gustó, sino que veo muy necesario desarrollar este concepto en las personas hoy en día.
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (1)
La primer tarea educativa consiste en ayudar a la persona a mirar dentro de sí misma, a descubrir el tesoro de su propio ser, la riqueza de su libertad. La resiliencia tiene que ver con todo ese proceso de aprendizaje interior, con esa capacidad de mirar dentro y descubrir el propio tesoro.
Contra la tendencia a la victimización o el recurso fácil a la protección social, base de una sociedad de bienestar creadora de infantilismos ciudadanos, de seres dependientes y traumatizados, es bueno que la acción educativa tenga muy en cuenta la necesidad de la lucha del ser humano por la vida para mejorar la calidad, la realización, la felicidad. Porque el ser humano nace con una resiliencia innata, es decir, con capacidad para desarrollar los rasgos y cualidades que permiten ser resilientes.
Pedagogía de la resiliencia
La resiliencia es la capacidad de un grupo o de una persona de afrontar, sobreponerse a las adversidades y resurgir fortalecido o transformado. En otras palabras, es la capacidad de una persona o de un grupo de desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de cruzarse con acontecimientos desestabilizadores, encontrarse con condiciones de vida difíciles y padecer traumas graves.
Cuando nos encontramos con situaciones que parecen no tener salida, la resiliencia nos invita a desbloquear la mirada paralizada, dar vuelta atrás del callejón sin salida y encontrar nuevas salidas, nuevas posibilidades. Consiste en reanimar lo que creemos acabado, sortear aquello que parecía que no se podía rehuir. «Reencantarnos» a nosotros mismos, redescubrir aquello extraordinario que todas las personas poseemos, sacar a la luz nuestro «tesoro» escondido. El proceso resiliente es parecido a la creación de la perla dentro de una ostra. Cuando un granito de arena entra en su interior y la arremete, la ostra segrega nácar para defenderse y, como resultado, crea una joya brillante y preciosa.
El término resiliencia proviene del latín resilio que significa volver atrás, volver de un salto, rebotar, saltar hacia atrás, ser repelido o resurgir. El concepto no es nuevo en la historia. Se trata de un término que surge de la física y la mecánica, de la metalurgia, y se refiere a la capacidad de los metales de resistir un impacto y recuperar su estructura original. Este término también se usa en medicina, concretamente en la osteología, donde expresa la capacidad de los huesos de crecer en la dirección correcta después de una fractura.
Más tarde, el concepto fue utilizado en las ciencias sociales, como la psicología, la pedagogía, la sociología, la medicina social y la intervención social con un significado muy cercano al etimológico: ser resiliente significa ser rebotado, reanimarse, avanzar hacia delante después de haber padecido una situación traumática.
(extraído de Pedagogía de la resiliencia, por Anna Forés, en Misión Joven nº 377)
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
RESILIENCIA (1)
La primer tarea educativa consiste en ayudar a la persona a mirar dentro de sí misma, a descubrir el tesoro de su propio ser, la riqueza de su libertad. La resiliencia tiene que ver con todo ese proceso de aprendizaje interior, con esa capacidad de mirar dentro y descubrir el propio tesoro.
Contra la tendencia a la victimización o el recurso fácil a la protección social, base de una sociedad de bienestar creadora de infantilismos ciudadanos, de seres dependientes y traumatizados, es bueno que la acción educativa tenga muy en cuenta la necesidad de la lucha del ser humano por la vida para mejorar la calidad, la realización, la felicidad. Porque el ser humano nace con una resiliencia innata, es decir, con capacidad para desarrollar los rasgos y cualidades que permiten ser resilientes.
Pedagogía de la resiliencia
La resiliencia es la capacidad de un grupo o de una persona de afrontar, sobreponerse a las adversidades y resurgir fortalecido o transformado. En otras palabras, es la capacidad de una persona o de un grupo de desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de cruzarse con acontecimientos desestabilizadores, encontrarse con condiciones de vida difíciles y padecer traumas graves.
Cuando nos encontramos con situaciones que parecen no tener salida, la resiliencia nos invita a desbloquear la mirada paralizada, dar vuelta atrás del callejón sin salida y encontrar nuevas salidas, nuevas posibilidades. Consiste en reanimar lo que creemos acabado, sortear aquello que parecía que no se podía rehuir. «Reencantarnos» a nosotros mismos, redescubrir aquello extraordinario que todas las personas poseemos, sacar a la luz nuestro «tesoro» escondido. El proceso resiliente es parecido a la creación de la perla dentro de una ostra. Cuando un granito de arena entra en su interior y la arremete, la ostra segrega nácar para defenderse y, como resultado, crea una joya brillante y preciosa.
El término resiliencia proviene del latín resilio que significa volver atrás, volver de un salto, rebotar, saltar hacia atrás, ser repelido o resurgir. El concepto no es nuevo en la historia. Se trata de un término que surge de la física y la mecánica, de la metalurgia, y se refiere a la capacidad de los metales de resistir un impacto y recuperar su estructura original. Este término también se usa en medicina, concretamente en la osteología, donde expresa la capacidad de los huesos de crecer en la dirección correcta después de una fractura.
Más tarde, el concepto fue utilizado en las ciencias sociales, como la psicología, la pedagogía, la sociología, la medicina social y la intervención social con un significado muy cercano al etimológico: ser resiliente significa ser rebotado, reanimarse, avanzar hacia delante después de haber padecido una situación traumática.
(extraído de Pedagogía de la resiliencia, por Anna Forés, en Misión Joven nº 377)
Comentario:
Como es costumbre, durante el mes de octubre se celebran varias fechas importantes: el día 2, la fiesta de los Ángeles Custodios, patronos del Cuerpo Nacional de Policía; el día 12, Nuestra Señora del Pilar, patrona de la Guardia Civil; y si no me equivoco, el 23 de octubre, en Valencia, la Policía Local celebra la fiesta de su patrón, el Ángel de la ciudad.
Aprovechando que se juntan tantas fechas significativas, y aunque sea con un poco de adelanto, os hago llegar mi más sincera felicitación a los que formáis las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Esos días os tendré especialmente presentes en la Eucaristía.
Hace unos días encontré una tarjeta con el siguiente texto:
Concédenos fe, firmeza y confianza
para afrontar los obstáculos,
las dificultades cotidianas.
Más allá de éstas, hay un sol
que ilumina nuestra esperanza.
Aprovechando estas palabras, también pido al Señor que Él os conceda la fe, firmeza y confianza necesarias para desempeñar cada día vuestro servicio.
Que podáis encontrar siempre ese “sol” que os ayude a mantener la esperanza por encima de las dificultades y sinsabores que vuestro trabajo, a veces, conlleva.
Un fuerte abrazo, y gracias por vuestra entrega diaria.
JM - metropoli
Aprovechando que se juntan tantas fechas significativas, y aunque sea con un poco de adelanto, os hago llegar mi más sincera felicitación a los que formáis las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Esos días os tendré especialmente presentes en la Eucaristía.
Hace unos días encontré una tarjeta con el siguiente texto:
Concédenos fe, firmeza y confianza
para afrontar los obstáculos,
las dificultades cotidianas.
Más allá de éstas, hay un sol
que ilumina nuestra esperanza.
Aprovechando estas palabras, también pido al Señor que Él os conceda la fe, firmeza y confianza necesarias para desempeñar cada día vuestro servicio.
Que podáis encontrar siempre ese “sol” que os ayude a mantener la esperanza por encima de las dificultades y sinsabores que vuestro trabajo, a veces, conlleva.
Un fuerte abrazo, y gracias por vuestra entrega diaria.
JM - metropoli
Comentario:
Como complemento al correo de la semana pasada, aquí te adjunto estos dos textos, para reflexionarlos un poco. El segundo es muy conocido, pero merece la pena pararse y buscar ejemplos concretos en la propia vida, situaciones, personas...
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
SI NO TENGO AMOR…
La inteligencia, sin amor… te hace perverso.
La justicia, sin amor… te hace implacable.
La diplomacia, sin amor… te hace hipócrita.
El éxito, sin amor… te hace arrogante.
La riqueza, sin amor… te hace avaro.
La docilidad, sin amor… te hace servil.
La pobreza, sin amor… te hace miserable.
La belleza, sin amor… te hace ridículo.
La autoridad, sin amor…. te hace tirano.
El trabajo, sin amor… te hace esclavo.
La sencillez, sin amor… te hace simple.
La política, sin amor… te hace calculador.
La fe, sin amor… te vuelve fanático.
La cruz, sin amor… se convierte en tortura.
(Misión Joven, nº 378 – 379, julio y agosto 2008)
“Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles;
si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podría tener el don de predicación y conocer todos los secretos y todo el saber,
podría tener una fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo;
si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia;
el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta;
no se irrita, no lleva cuentas del mal;
no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.”
(De la primera carta de san Pablo a los corintios, capítulo 13)
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
SI NO TENGO AMOR…
La inteligencia, sin amor… te hace perverso.
La justicia, sin amor… te hace implacable.
La diplomacia, sin amor… te hace hipócrita.
El éxito, sin amor… te hace arrogante.
La riqueza, sin amor… te hace avaro.
La docilidad, sin amor… te hace servil.
La pobreza, sin amor… te hace miserable.
La belleza, sin amor… te hace ridículo.
La autoridad, sin amor…. te hace tirano.
El trabajo, sin amor… te hace esclavo.
La sencillez, sin amor… te hace simple.
La política, sin amor… te hace calculador.
La fe, sin amor… te vuelve fanático.
La cruz, sin amor… se convierte en tortura.
(Misión Joven, nº 378 – 379, julio y agosto 2008)
“Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles;
si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podría tener el don de predicación y conocer todos los secretos y todo el saber,
podría tener una fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo;
si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia;
el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta;
no se irrita, no lleva cuentas del mal;
no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.”
(De la primera carta de san Pablo a los corintios, capítulo 13)
Comentario:
Te adjunto este texto que me llegó este verano, y que es muy sencillito pero da para la reflexión. Podemos pensar cuándo y con quiénes somos o son con nosotros hierro, hacha, sierra, martillo... y llama, por supuesto. Y podemos recordar y agradecer en qué momento el ser "llama" ha dado sus frutos, tanto si lo hemos sido nosotros, como si lo han sido con nosotros...
Espero que te guste. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
PARÁBOLA DEL AMOR
«Te moldearé», le dijo el hacha al pedazo de hierro mientras descendía con toda su fuerza sobre uno de sus costados. Pero a cada golpe que le daba iba perdiendo su filo, hasta que, después de un rato, aquella herramienta no pudo más: había quedado completamente obtusa.
«Déjenmelo a mí», repuso el serrucho mientras clavaba sus dientes en el pedazo de hierro, los cuales fueron desapareciendo uno a uno.
«Yo me encargaré de modelarlo», profirió con arrogancia el martillo, mientras se burlaba de sus compañeros que habían fracasado. Pero después de varios golpes se le quebró el mango y se le desprendió la cabeza.
«¿Me permiten probar?», inquirió humildemente una pequeña llama. Los tres se rieron a carcajadas, pero se lo permitieron porque estaban convencidos de que también iba a fracasar. Sin embargo, aquella llamita cubrió el pedazo de hierro; no se desprendió de él, lo abrazó y lo abrazó hasta volverlo blando y darle la figura que quería. Aquella pequeña llama logró lo que las otras tres poderosas herramientas no pudieron alcanzar…
Así es el amor. Hay en el mundo corazones tan duros que pueden resistir los hachazos de la ira, los dientes del encono, y los golpes de orgullo y del rechazo, pero, por más severo que sea el corazón de la persona, no podrá resistir los embates del amor; porque el amor es la fuerza más poderosa de este mundo.
(Misión Joven, nº 378-379, julio-agosto 2008)
Espero que te guste. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
PARÁBOLA DEL AMOR
«Te moldearé», le dijo el hacha al pedazo de hierro mientras descendía con toda su fuerza sobre uno de sus costados. Pero a cada golpe que le daba iba perdiendo su filo, hasta que, después de un rato, aquella herramienta no pudo más: había quedado completamente obtusa.
«Déjenmelo a mí», repuso el serrucho mientras clavaba sus dientes en el pedazo de hierro, los cuales fueron desapareciendo uno a uno.
«Yo me encargaré de modelarlo», profirió con arrogancia el martillo, mientras se burlaba de sus compañeros que habían fracasado. Pero después de varios golpes se le quebró el mango y se le desprendió la cabeza.
«¿Me permiten probar?», inquirió humildemente una pequeña llama. Los tres se rieron a carcajadas, pero se lo permitieron porque estaban convencidos de que también iba a fracasar. Sin embargo, aquella llamita cubrió el pedazo de hierro; no se desprendió de él, lo abrazó y lo abrazó hasta volverlo blando y darle la figura que quería. Aquella pequeña llama logró lo que las otras tres poderosas herramientas no pudieron alcanzar…
Así es el amor. Hay en el mundo corazones tan duros que pueden resistir los hachazos de la ira, los dientes del encono, y los golpes de orgullo y del rechazo, pero, por más severo que sea el corazón de la persona, no podrá resistir los embates del amor; porque el amor es la fuerza más poderosa de este mundo.
(Misión Joven, nº 378-379, julio-agosto 2008)
Comentario:
Aquí está mi correo semanal, con algunas pistas para aprovechar mejor el tiempo de verano... me quedo, sobre todo con las dos últimas frases del artículo.
Como siempre, espero que te resulte interesante, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
ASIGNATURAS PENDIENTES
Todos tenemos asignaturas pendientes del curso que finaliza y que, en verano, tendríamos que recuperar para empezar el nuevo curso con los deberes hechos. Le ofrecemos una «guía práctica».
1) Lea. Más de la mitad de los españoles no lee ni un libro al año. Por eso, leer es una asignatura pendiente para casi todos. Hay libros maravillosos, con todo tipo de géneros, gustos, colores y aromas, acordes con nuestros intereses. Quizá por eso la dificultad, en ocasiones es escoger uno por el cual empezar.
Como consejo práctico le diré que si es de los que cuando lee tiene impulsos de caballo y paradas de burro, no se proponga leer completo y de un tirón el Quijote de la Mancha. Pero, si insiste en ello, tiene dos opciones: despídase de su familia, váyase a una isla desierta y asuma como legal el saltarse algún párrafo de vez en cuando. Vamos, que será más efectivo que empiece por algo ligero y, sobre todo, que sea del género de su interés.
2) Pase tiempo con la familia. La ocupación fundamental del verano es la familia. Lo siento, pero es así. Sabe que hay dos tipos de familia: la propia y la política. No olvide que dedicar tiempo a una persona es la mejor manera de hacer ver lo mucho que se la quiere.
3) Practique deporte. Llega la operación de comprobar con horror que la ropa del verano pasado ya no entra porque el algodón encoge. El deporte no es más que un ejercicio de voluntad y de sufrimiento que, por inexplicable que parezca, proporciona placer.
El deporte pone en forma al cuerpo, lo engrasa, le saca brillo y elimina las visitas al médico. Pero es algo más. Es un estilo de vida, una excusa para descargar tensiones, un fenomenal modo de hacer amigos, de encontrarse bien, de estar a gusto con uno mismo. Nunca es tarde para empezar, y en verano siempre hay tiempo.
4) Fuera las obsesiones. En este mundo dominado por la prisa, la competitividad y la perfección, parece que interpretamos la vida como una gran carrera en la cual hemos de llegar antes que nadie a no sabemos dónde para ganar no sé qué. Practique el ocio y el tiempo libre, ya que además de un derecho, son un campo que también proporciona experiencias enriquecedoras de la vida. La melodía de la vida tiene sus ritmos, respetémoslos o la sinfonía saldrá desafinada.
Y por último, no se desespere si cuando terminan las vacaciones no ha conseguido alcanzar ninguno de los consejos de esta guía práctica. Confórmese pensando que no es el único que no lo ha logrado. Piense que siempre habrá una nueva oportunidad. Recuerde que del fracaso también se aprende. Propóngase no culpabilizarse del resultado. Al fin y al cabo, el verano sólo nos impone una tarea: disfrutar haciendo felices a los demás. Y esta misión sigue siendo posible todo el año.
(Extraído de un artículo de A. Cascante en Presencia Marista, nº 97)
Como siempre, espero que te resulte interesante, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
ASIGNATURAS PENDIENTES
Todos tenemos asignaturas pendientes del curso que finaliza y que, en verano, tendríamos que recuperar para empezar el nuevo curso con los deberes hechos. Le ofrecemos una «guía práctica».
1) Lea. Más de la mitad de los españoles no lee ni un libro al año. Por eso, leer es una asignatura pendiente para casi todos. Hay libros maravillosos, con todo tipo de géneros, gustos, colores y aromas, acordes con nuestros intereses. Quizá por eso la dificultad, en ocasiones es escoger uno por el cual empezar.
Como consejo práctico le diré que si es de los que cuando lee tiene impulsos de caballo y paradas de burro, no se proponga leer completo y de un tirón el Quijote de la Mancha. Pero, si insiste en ello, tiene dos opciones: despídase de su familia, váyase a una isla desierta y asuma como legal el saltarse algún párrafo de vez en cuando. Vamos, que será más efectivo que empiece por algo ligero y, sobre todo, que sea del género de su interés.
2) Pase tiempo con la familia. La ocupación fundamental del verano es la familia. Lo siento, pero es así. Sabe que hay dos tipos de familia: la propia y la política. No olvide que dedicar tiempo a una persona es la mejor manera de hacer ver lo mucho que se la quiere.
3) Practique deporte. Llega la operación de comprobar con horror que la ropa del verano pasado ya no entra porque el algodón encoge. El deporte no es más que un ejercicio de voluntad y de sufrimiento que, por inexplicable que parezca, proporciona placer.
El deporte pone en forma al cuerpo, lo engrasa, le saca brillo y elimina las visitas al médico. Pero es algo más. Es un estilo de vida, una excusa para descargar tensiones, un fenomenal modo de hacer amigos, de encontrarse bien, de estar a gusto con uno mismo. Nunca es tarde para empezar, y en verano siempre hay tiempo.
4) Fuera las obsesiones. En este mundo dominado por la prisa, la competitividad y la perfección, parece que interpretamos la vida como una gran carrera en la cual hemos de llegar antes que nadie a no sabemos dónde para ganar no sé qué. Practique el ocio y el tiempo libre, ya que además de un derecho, son un campo que también proporciona experiencias enriquecedoras de la vida. La melodía de la vida tiene sus ritmos, respetémoslos o la sinfonía saldrá desafinada.
Y por último, no se desespere si cuando terminan las vacaciones no ha conseguido alcanzar ninguno de los consejos de esta guía práctica. Confórmese pensando que no es el único que no lo ha logrado. Piense que siempre habrá una nueva oportunidad. Recuerde que del fracaso también se aprende. Propóngase no culpabilizarse del resultado. Al fin y al cabo, el verano sólo nos impone una tarea: disfrutar haciendo felices a los demás. Y esta misión sigue siendo posible todo el año.
(Extraído de un artículo de A. Cascante en Presencia Marista, nº 97)
Comentario:
Esta noche he visto este texto que me ha hecho pensar un poco: algo tan obvio, y tan fácil de olvidar... Así que lo comparto... Ah, y yo también procuro aplicármelo, jejeje.
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
¡CUIDA EL ESTILO DE HACER LAS COSAS!
El modo de hacer las cosas es muy importante. Hay gene que no tiene en cuenta los modos y estropea miserablemente la obra o el proyecto que intenta llevar a cabo. Hay estilos de actuar bruscos, airados o irónicos que malogran una acción que en sí es buena o laudable.
A veces cuidar los modos puede significar asegurar en más del cincuenta por ciento el éxito de una empresa. No basta con hacer cosas buenas. Es también muy importante la manera y el estilo como éstas se realizan. Pablo VI solía decir: "Haced bien el bien".
¡Cuántas conductas resultan inaguantables por el cómo se actúa! El mal genio, la brusquedad, la ironía hiriente con frecuencia echan a perder acciones que de por sí son correctas y hasta pueden llegar a malograr la actuación global de la vida de una persona.
Hay gente que no da importancia al "envoltorio" de los modos, y no obstante la tiene. No perder la corrección y la serenidad, por ejemplo, a la hora de tener que hacer una seria adverntencia a alguien puede conseguir más que si ésta se hace de forma airada y con los nervios crispados. No hay ninguna cosa seria que no pueda decirse con una sonrisa.
Procura estar muy atento a lo que haces, pero sin olvidar nunca el cómo, el estilo y la manera de hacerlo. No es cosa banal. Compruébalo en la vida diaria y te asombrarás del resultado.
(Joan Bestard Comas: Reflexiones cristianas, volumen 2)
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
¡CUIDA EL ESTILO DE HACER LAS COSAS!
El modo de hacer las cosas es muy importante. Hay gene que no tiene en cuenta los modos y estropea miserablemente la obra o el proyecto que intenta llevar a cabo. Hay estilos de actuar bruscos, airados o irónicos que malogran una acción que en sí es buena o laudable.
A veces cuidar los modos puede significar asegurar en más del cincuenta por ciento el éxito de una empresa. No basta con hacer cosas buenas. Es también muy importante la manera y el estilo como éstas se realizan. Pablo VI solía decir: "Haced bien el bien".
¡Cuántas conductas resultan inaguantables por el cómo se actúa! El mal genio, la brusquedad, la ironía hiriente con frecuencia echan a perder acciones que de por sí son correctas y hasta pueden llegar a malograr la actuación global de la vida de una persona.
Hay gente que no da importancia al "envoltorio" de los modos, y no obstante la tiene. No perder la corrección y la serenidad, por ejemplo, a la hora de tener que hacer una seria adverntencia a alguien puede conseguir más que si ésta se hace de forma airada y con los nervios crispados. No hay ninguna cosa seria que no pueda decirse con una sonrisa.
Procura estar muy atento a lo que haces, pero sin olvidar nunca el cómo, el estilo y la manera de hacerlo. No es cosa banal. Compruébalo en la vida diaria y te asombrarás del resultado.
(Joan Bestard Comas: Reflexiones cristianas, volumen 2)
Comentario:
Esta semana te envío un texto que da para pensar. Al leerlo, vi que algunas afirmaciones se podrían matizar, no se puede generalizar... pero en conjunto la idea que quiere transmitir es cierta. Sobre todo, la parte en la que afirma que Quizá hay intereses creados en hacer de las personas seres superficiales. Cuanto más superficial es uno, más fácilmente se le maneja, se le manipula.
Espero que te guste. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
¡DE REPENTE! ¡YA!
“Había una gran sequía en el país. Todos suplicaban y pedían la lluvia. Pero ésta no llegaba. La sequía era cada vez más grande. Todos suplicaban y pedían…
Un día anunciaron lluvias. Vinieron de manera torrencial. Chaparrones inesperados con fuerza inusitada. Cayó agua. Cayó mucha agua. Corrían los arroyos. Las alcantarillas no daban abasto para tragar el caudal. Los puentes se inundaron. Pasó la tormenta.
El anciano del lugar dijo: Toma un palo en las manos y escarba en la tierra.
Lo hice. Había caído tanta agua y tan deprisa, que la tierra no se había empapado. Escarbé. Ni un centímetro había empapado. Parecía imposible la constatación después del agua caída. Sólo se había «lavado» por encima la cara.
El anciano me dijo: La tierra sólo bebe a pequeños tragos.
No hizo falta más. Todo estaba muy claro.”
Y me hizo pensar esta historia en situaciones de hombres y mujeres, bastante numerosos, a quienes les sucede algo parecido. Hay un tipo de persona que no tiene cimientos ni consistencia. Vive una «sequía interior» profunda. Los acontecimientos sacuden a estas personas de manera sorprendente. No tienen dónde agarrarse. No tienen raíces y el viento las lleva y las trae como hojas de otoño. De repente, ¡ya!, son capaces de pasar del baile al llanto, de la euforia a la depresión.
Un accidente, un fracaso, una alegría, una noticia… les zarandea bruscamente, pero no les traspasa ni les lleva al lugar sagrado donde uno se hace preguntas y toma la vida en las manos… Viven a merced de los vientos. Y todo lo esperan del «viento que sopla». El viento que trajo una noticia triste, este mismo viento traerá una noticia alegre… Se dejan llevar de los vientos. Hay personas que no dependen de ellas, dependen de lo que pasa a su alrededor. La vida no sale de dentro. La vida está en lo que pasa sin ser ellas dueñas de su vida.
Basta que te acerques a los tanatorios, a los hospitales, y que sigas el comportamiento de jóvenes y adultos que lloran desolados o que viven todo de manera estoica, de piel para afuera… Son personas que no fueron adiestradas para recorrer los caminos que llevan a uno mismo. Personas que se acostumbraron a lo instantáneo: todo aquí y ahora. Tener lo que me apetece y cuando me apetece, sin dilación, sin demora.
En la vida hay que saber esperar. Las cosas llegan, sí. Pero, sobre todo, a las cosas se llega paso a paso. Se llega al misterio personal y a todo misterio por el camino de la espera, por el camino del paso lento, por el camino de la penumbra…
Quizá hay intereses creados en hacer de las personas seres superficiales. Cuanto más superficial es uno, más fácilmente se le maneja, se le manipula. Grupos, partidos, comercio, etc., prefieren mejor tener en sus redes a personas «de antojos» que a personas con sólidos cimientos. Catarros y dolores normales se eliminan con una simple pastilla… pero hay que tomar muchas «pastillas» de control personal para alcanzar buenos cimientos de vida personal, buenos horizontes, buenos asideros contra los vaivenes de la vida.
Para que el corazón se empapen no valen los «sustos que la vida nos da», sino las piedras que vamos poniendo en los días normales y rutinarios, echando sólidos cimientos con pequeños ejercicios de personalización.
(A. Ginel en Misión Joven, nº 361 – marzo 2007)
Espero que te guste. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
¡DE REPENTE! ¡YA!
“Había una gran sequía en el país. Todos suplicaban y pedían la lluvia. Pero ésta no llegaba. La sequía era cada vez más grande. Todos suplicaban y pedían…
Un día anunciaron lluvias. Vinieron de manera torrencial. Chaparrones inesperados con fuerza inusitada. Cayó agua. Cayó mucha agua. Corrían los arroyos. Las alcantarillas no daban abasto para tragar el caudal. Los puentes se inundaron. Pasó la tormenta.
El anciano del lugar dijo: Toma un palo en las manos y escarba en la tierra.
Lo hice. Había caído tanta agua y tan deprisa, que la tierra no se había empapado. Escarbé. Ni un centímetro había empapado. Parecía imposible la constatación después del agua caída. Sólo se había «lavado» por encima la cara.
El anciano me dijo: La tierra sólo bebe a pequeños tragos.
No hizo falta más. Todo estaba muy claro.”
Y me hizo pensar esta historia en situaciones de hombres y mujeres, bastante numerosos, a quienes les sucede algo parecido. Hay un tipo de persona que no tiene cimientos ni consistencia. Vive una «sequía interior» profunda. Los acontecimientos sacuden a estas personas de manera sorprendente. No tienen dónde agarrarse. No tienen raíces y el viento las lleva y las trae como hojas de otoño. De repente, ¡ya!, son capaces de pasar del baile al llanto, de la euforia a la depresión.
Un accidente, un fracaso, una alegría, una noticia… les zarandea bruscamente, pero no les traspasa ni les lleva al lugar sagrado donde uno se hace preguntas y toma la vida en las manos… Viven a merced de los vientos. Y todo lo esperan del «viento que sopla». El viento que trajo una noticia triste, este mismo viento traerá una noticia alegre… Se dejan llevar de los vientos. Hay personas que no dependen de ellas, dependen de lo que pasa a su alrededor. La vida no sale de dentro. La vida está en lo que pasa sin ser ellas dueñas de su vida.
Basta que te acerques a los tanatorios, a los hospitales, y que sigas el comportamiento de jóvenes y adultos que lloran desolados o que viven todo de manera estoica, de piel para afuera… Son personas que no fueron adiestradas para recorrer los caminos que llevan a uno mismo. Personas que se acostumbraron a lo instantáneo: todo aquí y ahora. Tener lo que me apetece y cuando me apetece, sin dilación, sin demora.
En la vida hay que saber esperar. Las cosas llegan, sí. Pero, sobre todo, a las cosas se llega paso a paso. Se llega al misterio personal y a todo misterio por el camino de la espera, por el camino del paso lento, por el camino de la penumbra…
Quizá hay intereses creados en hacer de las personas seres superficiales. Cuanto más superficial es uno, más fácilmente se le maneja, se le manipula. Grupos, partidos, comercio, etc., prefieren mejor tener en sus redes a personas «de antojos» que a personas con sólidos cimientos. Catarros y dolores normales se eliminan con una simple pastilla… pero hay que tomar muchas «pastillas» de control personal para alcanzar buenos cimientos de vida personal, buenos horizontes, buenos asideros contra los vaivenes de la vida.
Para que el corazón se empapen no valen los «sustos que la vida nos da», sino las piedras que vamos poniendo en los días normales y rutinarios, echando sólidos cimientos con pequeños ejercicios de personalización.
(A. Ginel en Misión Joven, nº 361 – marzo 2007)
Comentario:
Te envío una reflexión acerca de la música... me ha gustado especialmente el tercer párrafo. Y también la idea de "preparar la música" del día siguiente.
Espero que también te guste.
Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
LA MÚSICA
¿Qué decir de la música? Qué decir de aquello que, sin querer, se nos cuela en nuestra interioridad. Aquello que, sin violencia, entra en nosotros y es capaz de quedarse, de mover sentimientos, de traer recuerdos, de suscitar emociones, de representar ideales, de aglutinar personas… ¿Qué extraños resortes tendrá la música que, en todos nosotros –me atrevo a decir–, ocupa un lugar especial?
De alguna manera, parece que hay en nosotros una cierta connaturalidad para la música. Perece, incluso, que nuestro cuerpo está especialmente diseñado para ella. El ritmo de los latidos del corazón, la cadencia de la respiración, la tonalidad de nuestras palabras, el timbre de nuestra voz. Parece que lo más central de nosotros mismos (el corazón, la respiración, la capacidad para comunicarnos) está coloreado por la música. O mejor dicho –y quizá más fiel a la experiencia originaria–, la música quizá sea el vehículo más apropiado para expresar nuestra interioridad.
Bien por las letras, bien por las melodías, hay músicas que se nos quedan grabadas en la memoria porque son capaces de dar palabra y forma a estados de ánimo. Otras son capaces de modular y dejar plasmada la intensidad de ciertos momentos de nuestra vida. Otras, sin que resulten especialmente significativas, nos acompañan constantemente durante un día. Todo esto puede indicarnos que la música es un buen instrumento para cultivarnos, para expresarnos, para ensanchar nuestra interioridad.
Pero puede suceder lo contrario. Me pregunto si todas, o la mayoría, de las personas con las que me cruzo todos los días por la calle, en el autobús, en el cercanías… tienen esto presente y lo viven de manera similar. Me pregunto si estas personas, en sus trayectos, en los minutos que transcurren marcados en su mp3, mp4’s o iPod’s, tienen presente esta potencialidad de la música, o simplemente los puede la inercia, el no querer pensar en nada en concreto, el que el orden de la lista de reproducción vaya marcando sus pensamientos, sus sentimientos, sus pasos por las calles.
Creo que no sería mala tarea educarnos en la música y educar la música que escuchamos. Educar –del latín educere (sacar de sí mismo lo mejor)–, sacar el máximo potencial, lo mejor, de la música que escuchamos. De igual manera que casi todos los días preparamos la mochila o la agenda para el día siguiente, podríamos cuidar con esmero qué escuchar al día siguiente.
Educar la música para sacar lo mejor de nuestra interioridad quizá pase por decir:
Sí a una música que pueda dar palabras e intensidad a mi vida, y no a una música que venga simplemente marcada por las modas, aunque sean las de mis conocidos.
Sí a una música que me ayude a pensar las preocupaciones, a gustar los recuerdos, y no a una música que me desconecte de mi vida, que me saque de mí mismo, en el peor sentido de la expresión.
Sí a una música que tenga contenido, bien por el mensaje, bien porque es capaz de mover mi ánimo, y no a una música que sea vacía, que sea insípida, que no me acuerde a la media hora de lo que he escuchado.
(Santiago G. M. en Misión Joven – nº 375, abril 2008)
Espero que también te guste.
Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
LA MÚSICA
¿Qué decir de la música? Qué decir de aquello que, sin querer, se nos cuela en nuestra interioridad. Aquello que, sin violencia, entra en nosotros y es capaz de quedarse, de mover sentimientos, de traer recuerdos, de suscitar emociones, de representar ideales, de aglutinar personas… ¿Qué extraños resortes tendrá la música que, en todos nosotros –me atrevo a decir–, ocupa un lugar especial?
De alguna manera, parece que hay en nosotros una cierta connaturalidad para la música. Perece, incluso, que nuestro cuerpo está especialmente diseñado para ella. El ritmo de los latidos del corazón, la cadencia de la respiración, la tonalidad de nuestras palabras, el timbre de nuestra voz. Parece que lo más central de nosotros mismos (el corazón, la respiración, la capacidad para comunicarnos) está coloreado por la música. O mejor dicho –y quizá más fiel a la experiencia originaria–, la música quizá sea el vehículo más apropiado para expresar nuestra interioridad.
Bien por las letras, bien por las melodías, hay músicas que se nos quedan grabadas en la memoria porque son capaces de dar palabra y forma a estados de ánimo. Otras son capaces de modular y dejar plasmada la intensidad de ciertos momentos de nuestra vida. Otras, sin que resulten especialmente significativas, nos acompañan constantemente durante un día. Todo esto puede indicarnos que la música es un buen instrumento para cultivarnos, para expresarnos, para ensanchar nuestra interioridad.
Pero puede suceder lo contrario. Me pregunto si todas, o la mayoría, de las personas con las que me cruzo todos los días por la calle, en el autobús, en el cercanías… tienen esto presente y lo viven de manera similar. Me pregunto si estas personas, en sus trayectos, en los minutos que transcurren marcados en su mp3, mp4’s o iPod’s, tienen presente esta potencialidad de la música, o simplemente los puede la inercia, el no querer pensar en nada en concreto, el que el orden de la lista de reproducción vaya marcando sus pensamientos, sus sentimientos, sus pasos por las calles.
Creo que no sería mala tarea educarnos en la música y educar la música que escuchamos. Educar –del latín educere (sacar de sí mismo lo mejor)–, sacar el máximo potencial, lo mejor, de la música que escuchamos. De igual manera que casi todos los días preparamos la mochila o la agenda para el día siguiente, podríamos cuidar con esmero qué escuchar al día siguiente.
Educar la música para sacar lo mejor de nuestra interioridad quizá pase por decir:
Sí a una música que pueda dar palabras e intensidad a mi vida, y no a una música que venga simplemente marcada por las modas, aunque sean las de mis conocidos.
Sí a una música que me ayude a pensar las preocupaciones, a gustar los recuerdos, y no a una música que me desconecte de mi vida, que me saque de mí mismo, en el peor sentido de la expresión.
Sí a una música que tenga contenido, bien por el mensaje, bien porque es capaz de mover mi ánimo, y no a una música que sea vacía, que sea insípida, que no me acuerde a la media hora de lo que he escuchado.
(Santiago G. M. en Misión Joven – nº 375, abril 2008)
Comentario:
Este artículo lo vi en una revista a la que estoy suscrito, y la verdad es que me hizo pensar. Siempre se ha dicho de alguien que es "muy salao" para referirse a que tiene humor, gracia... y también sabemos lo que queremos decir cuando a alguien lo calificamos de "soso". Por eso, no está de más pensar un poco en nuestra vida, y ver si está "en su punto de sal", si le encontramos verdadero gusto, o se nos está haciendo demasiado sosa.
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
LA SAL DE NUESTRA VIDA
Mientras escribo esta columna entran por mi ventana los inconfundibles aromas de los guisos que se cuecen en el vecindario, y hasta los que llegan de un restaurante cercano. Si no fuera porque los nutrientes son indispensables para las funciones básicas de nuestro organismo, sólo el olor bastaría para alimentarnos. ¡Cuántos magníficos cocineros anónimos tenemos a nuestro alrededor que saben dar a la comida ese toque certero que la hace más sabrosa! Con ingredientes sencillos son capaces de salir de la rutina y preparar cada día un menú extraordinario.
Pero, ¿y nosotros?, ¿qué toque damos a nuestra vida?, ¿ponemos algún ingrediente especial para hacerla más sabrosa?, ¿cuál es nuestro secreto?, ¿o somos, quizá como esos otros cocineros que preparan cada día una comida para salir del paso?
A veces nos abandonamos a la rutina, con la sensación de que más que vivir la vida, pasamos por ella. Nos dejamos llevar por el relativismo, descuidando el valor de las cosas y de las acciones. En no pocas ocasiones nos cegamos por la cultura del bienestar, entendido como no poder prescindir de salir de casa cada fin de semana, viajar en todos los puentes y vacaciones, perdernos cada hora que tenemos libre en un centro comercial… Otras veces nos ocurre que no somos capaces de afrontar con madurez y responsabilidad los compromisos que la vida nos propone, y los esquivamos aun a costa de nuestra felicidad.
Nos sentimos atraídos por los mensajes que la sociedad, desde distintos ámbitos, nos sugiera, y que nos invitan a redecorar nuestra vida con propuestas superficiales, de usar y tirar. Nos inducen a seguir el camino más fácil, en el que no haya que esforzarse apenas ni para aprobar una asignatura. Nos dejamos seducir por los cantos de sirena que nos susurran cómo reinventarnos a nosotros mismos, aunque para ello tengamos que renunciar a nuestra esencia. Incluso en el ámbito de la fe, en más de una ocasión, caemos en la monotonía, rezamos como papagayos, relativizamos los fundamentos más incómodos.
En definitiva, demasiadas veces nos dejamos arrastrar por una corriente de agua en la que se diluye la sal de nuestro ser, de nuestra vida. Pero… si la sal se vuelve sosa, ¿quién salará el mundo?
Ésta es una de nuestras tareas, dar sabor a nuestra vida y a la de los demás. El sabor de la alegría, de las cosas bien hechas aunque cuesten, del silencio contemplativo. El sabor de fiarnos de los planes de Dios y decir sí, como María, a los caminos que nos vaya descubriendo, de mejorar cada día como personas, de descubrir lo que realmente importa y por lo que merece la pena luchar…
Creo que sólo así nuestra vida tendrá un toque muy especial y será un gusto vivirla.
(M. A. Fernández, en SIGNO, nº 20, marzo – abril 2008)
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
LA SAL DE NUESTRA VIDA
Mientras escribo esta columna entran por mi ventana los inconfundibles aromas de los guisos que se cuecen en el vecindario, y hasta los que llegan de un restaurante cercano. Si no fuera porque los nutrientes son indispensables para las funciones básicas de nuestro organismo, sólo el olor bastaría para alimentarnos. ¡Cuántos magníficos cocineros anónimos tenemos a nuestro alrededor que saben dar a la comida ese toque certero que la hace más sabrosa! Con ingredientes sencillos son capaces de salir de la rutina y preparar cada día un menú extraordinario.
Pero, ¿y nosotros?, ¿qué toque damos a nuestra vida?, ¿ponemos algún ingrediente especial para hacerla más sabrosa?, ¿cuál es nuestro secreto?, ¿o somos, quizá como esos otros cocineros que preparan cada día una comida para salir del paso?
A veces nos abandonamos a la rutina, con la sensación de que más que vivir la vida, pasamos por ella. Nos dejamos llevar por el relativismo, descuidando el valor de las cosas y de las acciones. En no pocas ocasiones nos cegamos por la cultura del bienestar, entendido como no poder prescindir de salir de casa cada fin de semana, viajar en todos los puentes y vacaciones, perdernos cada hora que tenemos libre en un centro comercial… Otras veces nos ocurre que no somos capaces de afrontar con madurez y responsabilidad los compromisos que la vida nos propone, y los esquivamos aun a costa de nuestra felicidad.
Nos sentimos atraídos por los mensajes que la sociedad, desde distintos ámbitos, nos sugiera, y que nos invitan a redecorar nuestra vida con propuestas superficiales, de usar y tirar. Nos inducen a seguir el camino más fácil, en el que no haya que esforzarse apenas ni para aprobar una asignatura. Nos dejamos seducir por los cantos de sirena que nos susurran cómo reinventarnos a nosotros mismos, aunque para ello tengamos que renunciar a nuestra esencia. Incluso en el ámbito de la fe, en más de una ocasión, caemos en la monotonía, rezamos como papagayos, relativizamos los fundamentos más incómodos.
En definitiva, demasiadas veces nos dejamos arrastrar por una corriente de agua en la que se diluye la sal de nuestro ser, de nuestra vida. Pero… si la sal se vuelve sosa, ¿quién salará el mundo?
Ésta es una de nuestras tareas, dar sabor a nuestra vida y a la de los demás. El sabor de la alegría, de las cosas bien hechas aunque cuesten, del silencio contemplativo. El sabor de fiarnos de los planes de Dios y decir sí, como María, a los caminos que nos vaya descubriendo, de mejorar cada día como personas, de descubrir lo que realmente importa y por lo que merece la pena luchar…
Creo que sólo así nuestra vida tendrá un toque muy especial y será un gusto vivirla.
(M. A. Fernández, en SIGNO, nº 20, marzo – abril 2008)
Comentario:
El correo de esta semana es más breve, pero profundo. Cuando lo leí, me quedé pensando en todos los que, de un modo u otro, deseamos hacer realidad nuestra "leyenda personal", nuestro sueño, alcanzar la meta que nos hemos propuesto... El camino a recorrer a veces es largo, con obstáculos, es el "precio" que tenemos que pagar, como dice el texto, y lógicamente vienen momentos de "bajón", pero como indica al final, la otra opción, abandonar, tiene el precio aún más alto.
Por eso, te invito a que durante unos minutos pienses en qué punto estás de tu "leyenda personal"... y que, a pesar de los "gastos", merece la pena.
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
La leyenda personal no es tan simple como parece.
Al contrario, puede ser una actividad peligrosa.
Cuando queremos algo, ponemos en marcha energías poderosas,
y ya no podemos ocultarnos el verdadero sentido de nuestra vida.
Cuando queremos algo, escogemos el precio que vamos a pagar.
Seguir un sueño tiene un precio. Puede exigir que abandonemos viejos hábitos,
puede hacernos pasar dificultades, tener decepciones, etc.
Pero, por alto que sea ese precio,
nunca es tan algo como el que paga el que no vivió su leyenda personal.
(Claudio Coelho, publicado en Cultura Religiosa, nº 472, enero-febrero 2008)
Por eso, te invito a que durante unos minutos pienses en qué punto estás de tu "leyenda personal"... y que, a pesar de los "gastos", merece la pena.
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
La leyenda personal no es tan simple como parece.
Al contrario, puede ser una actividad peligrosa.
Cuando queremos algo, ponemos en marcha energías poderosas,
y ya no podemos ocultarnos el verdadero sentido de nuestra vida.
Cuando queremos algo, escogemos el precio que vamos a pagar.
Seguir un sueño tiene un precio. Puede exigir que abandonemos viejos hábitos,
puede hacernos pasar dificultades, tener decepciones, etc.
Pero, por alto que sea ese precio,
nunca es tan algo como el que paga el que no vivió su leyenda personal.
(Claudio Coelho, publicado en Cultura Religiosa, nº 472, enero-febrero 2008)
Comentario:
El texto que te envío esta semana, además de bonito, es profundo, e invita a la reflexión. La decisión de "no rendirse" ante lo que sea la tenemos que tomar cada uno, pero es importante que busquemos las motivaciones y apoyos (humanos, religiosos, o de cualquier tipo) que nos van a ayudar y a acompañar para llevar adelante esta decisión.
En los últimos ejercicios espirituales que realicé, una de las pistas de oración fue que, ante las dificultades personales, sociales, etc., "no tenemos que ser personas optimistas, sino esperanzadas". Pues por eso... ¡No te rindas!
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
NO TE RINDAS
No te rindas,
aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas,
que la vida es eso: continuar el viaje
perseguir tus sueños, destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas,
por favor, no cedas, aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.
Abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto.
Recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo.
No te rindas,
por favor, no cedas.
(Mario Benedetti, publicado en Cultura Religiosa, nº 473, marzo-abril 2008)
En los últimos ejercicios espirituales que realicé, una de las pistas de oración fue que, ante las dificultades personales, sociales, etc., "no tenemos que ser personas optimistas, sino esperanzadas". Pues por eso... ¡No te rindas!
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
NO TE RINDAS
No te rindas,
aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas,
que la vida es eso: continuar el viaje
perseguir tus sueños, destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas,
por favor, no cedas, aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.
Abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto.
Recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo.
No te rindas,
por favor, no cedas.
(Mario Benedetti, publicado en Cultura Religiosa, nº 473, marzo-abril 2008)
Comentario:
Esta semana te envío la segunda parte de "Nuestros miedos". El modo de empezar a afrontarlos es "simple", pero difícil a la vez. Por eso mismo, vencer los propios miedos es un proceso, diferente en cada persona, y no se pueden dar reglas generales, sólo pistas, como las que ofrece el artículo. Y hay que tener paciencia, con uno mismo, y con los demás.
Como complemento, te ofrezco este texto que acompañaba al artículo:
Quien tenga miedo a andar, que no se suelte de la mano de su madre; quien tenga miedo a caer, que permanezca sentado; quien tenga miedo a escalar, que siga en el refugio; quien tenga miedo a equivocarse de camino, que se quede en casa... Pero quien haga todo eso ya no podrá ser hombre, porque lo propio del hombre es arriesgarse. Podrá decir que ama, pero no sabe amar, porque amar es ser capaz de arriesgar por otros. (Vientos de libertad, Julián Ríos).
Espero que te guste, te mando un fuerte abrazo.
JM - metropoli
NUESTROS MIEDOS (2)
Hay cinco miedos básicos que son: miedo a lo desconocido o a la muerte; miedo al abandono o a la soledad; miedo a fracasar o a equivocarme o al éxito; miedo a que me engañen o me traicionen; miedo a la pobreza o la escasez.
Si nos detenemos a pensar dónde viven estos miedos, podemos ver que muchas veces sólo lo hacen en nuestra conversación interna en forma de creencias que vivimos como si fueran verdaderas.
Pensamos que el pasado es una buena fuente de información de lo que puede ocurrir en el presente y en el futuro y damos a estos juicios validez como si fueran hechos, sin darnos cuenta de que son sólo las explicaciones que creamos en un determinado momento. El momento cambió, nosotros cambiamos, pero los juicios siguen vigentes en nuestro sistema de creencias y como tal los defendemos.
El verbo “creer” y el verbo “crear” se conjugan de la misma manera en la primera persona del singular: “yo creo”. Y esto es porque de alguna manera cuando creemos en algo, creamos eso para nuestras vidas. ¿Quieres crear ese espacio para ti?
Los juicios pertenecen a la categoría de los actos del habla que crean realidad al emitirlos. Por lo que podríamos decir que tener conversaciones de miedo o confianza crean esa realidad en nosotros. Entonces veamos cómo podríamos cambiar esos cinco miedos básicos en conversaciones que nos apoyen en el logro de los objetivos:
Me atraen las cosas nuevas y los desafíos.
Me siento bien conmigo mismo.
Estoy aprendiendo.
Éste es un momento y una persona diferentes.
Soy rico contentándome con lo que tengo.
¿Qué te parece esta nueva forma de ver las cosas? En las primeras te enfocas en el vaso medio vacío y en estas últimas en el vaso medio lleno. ¿Quién tiene razón? Ambas y ninguna.
Una vez un entrenador dijo: si vas a tener fantasías, ¿por qué no elegir aquellas positivas que puedan apoyarte para lograr tus metas? Prueba algo que no hayas probado antes y hazlo por lo menos tres veces: una para sobreponerte al miedo, otra para averiguar cómo hacerlo y la tercera para ver si te gusta o no.
El miedo es algo que necesita ser atravesado para creer. Aquello que tanto te asusta hacer es un claro indicador de la próxima cosa que necesitas emprender.
(J. A. Ocaña, en Catequética, noviembre – diciembre 2006)
Como complemento, te ofrezco este texto que acompañaba al artículo:
Quien tenga miedo a andar, que no se suelte de la mano de su madre; quien tenga miedo a caer, que permanezca sentado; quien tenga miedo a escalar, que siga en el refugio; quien tenga miedo a equivocarse de camino, que se quede en casa... Pero quien haga todo eso ya no podrá ser hombre, porque lo propio del hombre es arriesgarse. Podrá decir que ama, pero no sabe amar, porque amar es ser capaz de arriesgar por otros. (Vientos de libertad, Julián Ríos).
Espero que te guste, te mando un fuerte abrazo.
JM - metropoli
NUESTROS MIEDOS (2)
Hay cinco miedos básicos que son: miedo a lo desconocido o a la muerte; miedo al abandono o a la soledad; miedo a fracasar o a equivocarme o al éxito; miedo a que me engañen o me traicionen; miedo a la pobreza o la escasez.
Si nos detenemos a pensar dónde viven estos miedos, podemos ver que muchas veces sólo lo hacen en nuestra conversación interna en forma de creencias que vivimos como si fueran verdaderas.
Pensamos que el pasado es una buena fuente de información de lo que puede ocurrir en el presente y en el futuro y damos a estos juicios validez como si fueran hechos, sin darnos cuenta de que son sólo las explicaciones que creamos en un determinado momento. El momento cambió, nosotros cambiamos, pero los juicios siguen vigentes en nuestro sistema de creencias y como tal los defendemos.
El verbo “creer” y el verbo “crear” se conjugan de la misma manera en la primera persona del singular: “yo creo”. Y esto es porque de alguna manera cuando creemos en algo, creamos eso para nuestras vidas. ¿Quieres crear ese espacio para ti?
Los juicios pertenecen a la categoría de los actos del habla que crean realidad al emitirlos. Por lo que podríamos decir que tener conversaciones de miedo o confianza crean esa realidad en nosotros. Entonces veamos cómo podríamos cambiar esos cinco miedos básicos en conversaciones que nos apoyen en el logro de los objetivos:
Me atraen las cosas nuevas y los desafíos.
Me siento bien conmigo mismo.
Estoy aprendiendo.
Éste es un momento y una persona diferentes.
Soy rico contentándome con lo que tengo.
¿Qué te parece esta nueva forma de ver las cosas? En las primeras te enfocas en el vaso medio vacío y en estas últimas en el vaso medio lleno. ¿Quién tiene razón? Ambas y ninguna.
Una vez un entrenador dijo: si vas a tener fantasías, ¿por qué no elegir aquellas positivas que puedan apoyarte para lograr tus metas? Prueba algo que no hayas probado antes y hazlo por lo menos tres veces: una para sobreponerte al miedo, otra para averiguar cómo hacerlo y la tercera para ver si te gusta o no.
El miedo es algo que necesita ser atravesado para creer. Aquello que tanto te asusta hacer es un claro indicador de la próxima cosa que necesitas emprender.
(J. A. Ocaña, en Catequética, noviembre – diciembre 2006)
Comentario:
He encontrado una corta reflexión, que voy a dividir en dos envíos, acerca de algo tan común como nuestros miedos. Como dice el texto, hay miedos que surgen ante amenazas reales; pero también tenemos dentro muchos otros miedos que no son sino "fantasmas" que más o menos conscientemente nos creamos y damos por ciertos... Y el mejor modo de enfrentarse a ellos es empezar a reconocerlos para desarmarlos, como veremos la semana que viene.
Para pensar un poco... espero que te resulte interesante, porque... ¿quién no siente miedo?
Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
NUESTROS MIEDOS (1)
¿Dónde te parece que viven tus miedos? Si tuviera que ubicar los miedos en algún lugar diría que se encuentran en la conversación, en la autocharla que mantenemos con nosotros mismos. Los podemos encontrar con disfraces:
Me resulta difícil… Me cuesta decidirme… Esto es mucho para mí… No voy a poder…
Me van a decir que no… No me van a dar las fuerzas… No me atrevo… No entiendo…
Lo dejo para después… No tengo tiempo… Mejor lo pienso un poco más…
No puedo comprometerme…
El miedo es una emoción que nos asalta y nos avisa de un peligro inminente. Como cualquier emoción, nos predispone de alguna manera a la acción. El miedo es de las emociones que nos frenan
Existen circunstancias en las que el miedo funciona paralizándonos para protegernos de algo real que existe fuera y nos amenaza. Pero, ¿qué hay de esos momentos en que fuera no existe nada real amenazándonos y sólo es nuestra ilusión?
Aprendimos a tener miedo cuando éramos niños. Nos enseñaron a tener miedo a las cosas nuevas o a aquello para lo que no teníamos explicación. En ese momento éramos muy pequeños para diferenciar entre lo peligroso y lo excitante.
Aprendimos el comportamiento y hoy lo seguimos empleando. Las circunstancias fuera cambiaron, nosotros tenemos muchos más recursos que entonces; sin embargo, el comportamiento está aprendido y funciona automático.
Nuestros temores suelen crear eso que tememos. Los miedos son ilusiones que vivimos como si fueran ciertas.
J. A. Ocaña, en Catequética, noviembre – diciembre 2006)
Para pensar un poco... espero que te resulte interesante, porque... ¿quién no siente miedo?
Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
NUESTROS MIEDOS (1)
¿Dónde te parece que viven tus miedos? Si tuviera que ubicar los miedos en algún lugar diría que se encuentran en la conversación, en la autocharla que mantenemos con nosotros mismos. Los podemos encontrar con disfraces:
Me resulta difícil… Me cuesta decidirme… Esto es mucho para mí… No voy a poder…
Me van a decir que no… No me van a dar las fuerzas… No me atrevo… No entiendo…
Lo dejo para después… No tengo tiempo… Mejor lo pienso un poco más…
No puedo comprometerme…
El miedo es una emoción que nos asalta y nos avisa de un peligro inminente. Como cualquier emoción, nos predispone de alguna manera a la acción. El miedo es de las emociones que nos frenan
Existen circunstancias en las que el miedo funciona paralizándonos para protegernos de algo real que existe fuera y nos amenaza. Pero, ¿qué hay de esos momentos en que fuera no existe nada real amenazándonos y sólo es nuestra ilusión?
Aprendimos a tener miedo cuando éramos niños. Nos enseñaron a tener miedo a las cosas nuevas o a aquello para lo que no teníamos explicación. En ese momento éramos muy pequeños para diferenciar entre lo peligroso y lo excitante.
Aprendimos el comportamiento y hoy lo seguimos empleando. Las circunstancias fuera cambiaron, nosotros tenemos muchos más recursos que entonces; sin embargo, el comportamiento está aprendido y funciona automático.
Nuestros temores suelen crear eso que tememos. Los miedos son ilusiones que vivimos como si fueran ciertas.
J. A. Ocaña, en Catequética, noviembre – diciembre 2006)
Comentario:
El correo de esta semana toca un punto importante, el de las emociones. Como indica el texto, los sentimientos y emociones no son buenos ni malos, son humanos. No hay que asustarse de ellos, ni avergonzarse... hay que aprender a educarlos y canalizarlos. No es fácil, pero esforzarse en conocer y educar los sentimientos y emociones redunda en beneficio propio, y en beneficio de los demás.
Como siempre, espero que te resulte interesante, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
EDUCAR LAS EMOCIONES
Los valores no se pueden enseñar de manera abstracta, no se aprenden si no se viven. El modelo de los padres en el trato con los hijos y con los otros es el verdadero punto de referencia; los discursos lo son mucho menos. Las personas aprendemos a relacionarnos y a actuar según las relaciones que establecen nuestros padres con nosotros, con nuestros hermanos y con los demás. La adquisición de los valores depende en gran parte de la coherencia de los modelos.
¿Nos paramos alguna vez a analizar qué valores o contravalores transmiten nuestras actitudes y maneras de hacer? ¿Qué valores queremos que adquieran nuestros hijos? ¿Qué hemos de hacer con nuestras emociones?
Los valores o contravalores se viven en el día a día, en todo momento y en cualquier situación, y unos y otros se empiezan a adquirir y a interiorizar desde los primeros años de vida, incidiendo en la construcción de la personalidad y contribuyendo a conformar nuestra manera de hacer y reaccionar y nuestras actitudes.
Las conductas agresivas suelen ser respuestas reactivas a situaciones o tratos en los que nos sentimos agredidos, atacados en la autoestima o en nuestros derechos, y que nos provocan frustración, impotencia, rabia… Si tenemos en cuenta que la respuesta agresiva aumenta evidentemente el malestar de quien la recibe, pero también del que la efectúa, hay que buscar una mejor manera de defendernos, una mejor manera de reafirmarnos, una manera más positiva o menos lesiva de descargar la tensión.
En frío es fácil ser tolerante, respetuoso, generoso… Las dificultades surgen cuando nos invaden emociones negativas (rabia, frustración, celos, ira…). Para adelantar en el proceso de formación y maduración personales hay que aprender a reconocer y aceptar las emociones y los sentimientos que nos provocan las situaciones y los otros. A partir de este reconocimiento y aceptación es cuando podemos ir encontrando estrategias y recursos para dominarlas.
La educación emocional nos permite aprender a reconocer las propias emociones y las de los otros y a actuar reflexivamente, conteniendo las reacciones a pesar de la emoción negativa que nos pueda invadir.
No se trata tanto de reprimir los sentimientos y emociones, que son lo que son, cuanto de aprender a contener las reacciones negativas, como la agresividad, la venganza… (se trata de qué puedo hacer cuando estoy enfadado, dolido… que no haga daño a los otros ni a mí).
Los sentimientos y emociones no son ni buenos ni malos, son humanos y los sentiremos mientras vivamos (si son positivos o negativos lo serán en función del bienestar o malestar que provoquen a quien los tenga). Son las acciones las que son buenas o malas.
(Extracto del secretariado de la escuela cristiana de Cataluña,
publicado en Catequética, mayo-junio 2007)
Como siempre, espero que te resulte interesante, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
EDUCAR LAS EMOCIONES
Los valores no se pueden enseñar de manera abstracta, no se aprenden si no se viven. El modelo de los padres en el trato con los hijos y con los otros es el verdadero punto de referencia; los discursos lo son mucho menos. Las personas aprendemos a relacionarnos y a actuar según las relaciones que establecen nuestros padres con nosotros, con nuestros hermanos y con los demás. La adquisición de los valores depende en gran parte de la coherencia de los modelos.
¿Nos paramos alguna vez a analizar qué valores o contravalores transmiten nuestras actitudes y maneras de hacer? ¿Qué valores queremos que adquieran nuestros hijos? ¿Qué hemos de hacer con nuestras emociones?
Los valores o contravalores se viven en el día a día, en todo momento y en cualquier situación, y unos y otros se empiezan a adquirir y a interiorizar desde los primeros años de vida, incidiendo en la construcción de la personalidad y contribuyendo a conformar nuestra manera de hacer y reaccionar y nuestras actitudes.
Las conductas agresivas suelen ser respuestas reactivas a situaciones o tratos en los que nos sentimos agredidos, atacados en la autoestima o en nuestros derechos, y que nos provocan frustración, impotencia, rabia… Si tenemos en cuenta que la respuesta agresiva aumenta evidentemente el malestar de quien la recibe, pero también del que la efectúa, hay que buscar una mejor manera de defendernos, una mejor manera de reafirmarnos, una manera más positiva o menos lesiva de descargar la tensión.
En frío es fácil ser tolerante, respetuoso, generoso… Las dificultades surgen cuando nos invaden emociones negativas (rabia, frustración, celos, ira…). Para adelantar en el proceso de formación y maduración personales hay que aprender a reconocer y aceptar las emociones y los sentimientos que nos provocan las situaciones y los otros. A partir de este reconocimiento y aceptación es cuando podemos ir encontrando estrategias y recursos para dominarlas.
La educación emocional nos permite aprender a reconocer las propias emociones y las de los otros y a actuar reflexivamente, conteniendo las reacciones a pesar de la emoción negativa que nos pueda invadir.
No se trata tanto de reprimir los sentimientos y emociones, que son lo que son, cuanto de aprender a contener las reacciones negativas, como la agresividad, la venganza… (se trata de qué puedo hacer cuando estoy enfadado, dolido… que no haga daño a los otros ni a mí).
Los sentimientos y emociones no son ni buenos ni malos, son humanos y los sentiremos mientras vivamos (si son positivos o negativos lo serán en función del bienestar o malestar que provoquen a quien los tenga). Son las acciones las que son buenas o malas.
(Extracto del secretariado de la escuela cristiana de Cataluña,
publicado en Catequética, mayo-junio 2007)
Comentario:
De nuevo te envío el correo semanal, esta vez con un tema que ya he tocado en anteriores ocasiones, pero que considero básico para la convivencia en la familia, en el grupo de amigos, compañeros de trabajo, etc.: aprender a escuchar. Porque hay que "educarse" para la escucha.
La primera parte del texto propone dos ejercicios que también son básicos: el primero, para aprender a "parar la mente", y el segundo, para aprender a escucharnos a nosotros mismos, ya que si esto no lo hacemos, difícilmente sabremos escuchar bien a los demás y comunicarnos. Como dice el texto, "es necesario escuchar para hablar".
Espero que te resulte interesante, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
EDUCAR LA ESCUCHA
Empieza por recordar algunos sonidos o imágenes silenciosas que quizá hace tiempo que no escuchas: las olas chocando contra las rocas… los pájaros piando y trinando… las campanas repicando… una persona que te susurra al oído cosas bonitas… la lluvia golpeando el suelo… las hojas crujiendo bajo tus pies… el silencio del cielo estrellado…
Ahora da un paso más y escucha otro tipo de sonidos más interiores: escúchate a ti mismo. ¿Hace tiempo que no te escuchas el latido de tu corazón? ¿Hace mucho que no estás a solas contigo mismo y escuchas cómo está tu vida?
Quizá se te vaya el tiempo hablando de trabajo, de programas de la tele, de otras personas, del tiempo, del mundo… cuando a veces lo que querrías es hablar de lo que te inquieta de verdad, de tus dudas, inquietudes, reflexiones, dolores y alegrías.
Piensa…
…cuáles son tus preguntas en este momento de tu vida
…qué es aquello que necesitas hablar de verdad con alguien en confianza
…qué es lo más bonito que has aprendido en la vida y que te gustaría transmitir
…la persona que más te escucha y aquélla que admiras por su capacidad para poder escuchar
Pero, además de a ti mismo, es necesario que sepas escuchar a los demás. Y lo que piensas muchas veces sobre ti quizá te haga pensar si no le pasará lo mismo a la gente de tu entorno. Si detrás de sus gestos, palabras, seguridades, no habrá personas que piden ayuda, o que simplemente expresan dolor, o inseguridad, o paz. Si no se te estará escapando a chorros la vida de los tuyos.
Lo cierto es que no vamos a estar todo el día hablando con el corazón en la mano de nuestra intimidad. Es posible que en la vida cotidiana sigas hablando con tu gente de las cosas más cotidianas. El verdadero reto es aprender a escuchar, por debajo de esos discursos, la palabra profunda, el canto tranquilo o el llanto escondido.
Por último, es necesario escuchar para hablar. Las palabras nos asaltan. Y, a veces, nuestro mundo, entre tanta palabrería, pierde la Palabra. Entre tanto tópico perdemos la verdadera ilusión. Entre tanto galimatías perdemos lo evidente. Entre tanto deseo perdemos la acción.
Cuando abusamos de las palabras pierden su fuerza. Los nombres pierden su fondo. Hace falta gente que con lo que dice transmita algo nuevo. Por eso, piénsatelo bien antes de hablar, porque si no mataremos las palabras y su increíble poder humanizador.
(Catequética, mayo-junio 2007, nº 3)
La primera parte del texto propone dos ejercicios que también son básicos: el primero, para aprender a "parar la mente", y el segundo, para aprender a escucharnos a nosotros mismos, ya que si esto no lo hacemos, difícilmente sabremos escuchar bien a los demás y comunicarnos. Como dice el texto, "es necesario escuchar para hablar".
Espero que te resulte interesante, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
EDUCAR LA ESCUCHA
Empieza por recordar algunos sonidos o imágenes silenciosas que quizá hace tiempo que no escuchas: las olas chocando contra las rocas… los pájaros piando y trinando… las campanas repicando… una persona que te susurra al oído cosas bonitas… la lluvia golpeando el suelo… las hojas crujiendo bajo tus pies… el silencio del cielo estrellado…
Ahora da un paso más y escucha otro tipo de sonidos más interiores: escúchate a ti mismo. ¿Hace tiempo que no te escuchas el latido de tu corazón? ¿Hace mucho que no estás a solas contigo mismo y escuchas cómo está tu vida?
Quizá se te vaya el tiempo hablando de trabajo, de programas de la tele, de otras personas, del tiempo, del mundo… cuando a veces lo que querrías es hablar de lo que te inquieta de verdad, de tus dudas, inquietudes, reflexiones, dolores y alegrías.
Piensa…
…cuáles son tus preguntas en este momento de tu vida
…qué es aquello que necesitas hablar de verdad con alguien en confianza
…qué es lo más bonito que has aprendido en la vida y que te gustaría transmitir
…la persona que más te escucha y aquélla que admiras por su capacidad para poder escuchar
Pero, además de a ti mismo, es necesario que sepas escuchar a los demás. Y lo que piensas muchas veces sobre ti quizá te haga pensar si no le pasará lo mismo a la gente de tu entorno. Si detrás de sus gestos, palabras, seguridades, no habrá personas que piden ayuda, o que simplemente expresan dolor, o inseguridad, o paz. Si no se te estará escapando a chorros la vida de los tuyos.
Lo cierto es que no vamos a estar todo el día hablando con el corazón en la mano de nuestra intimidad. Es posible que en la vida cotidiana sigas hablando con tu gente de las cosas más cotidianas. El verdadero reto es aprender a escuchar, por debajo de esos discursos, la palabra profunda, el canto tranquilo o el llanto escondido.
Por último, es necesario escuchar para hablar. Las palabras nos asaltan. Y, a veces, nuestro mundo, entre tanta palabrería, pierde la Palabra. Entre tanto tópico perdemos la verdadera ilusión. Entre tanto galimatías perdemos lo evidente. Entre tanto deseo perdemos la acción.
Cuando abusamos de las palabras pierden su fuerza. Los nombres pierden su fondo. Hace falta gente que con lo que dice transmita algo nuevo. Por eso, piénsatelo bien antes de hablar, porque si no mataremos las palabras y su increíble poder humanizador.
(Catequética, mayo-junio 2007, nº 3)
Comentario:
CONDUCTAS DE RIESGO (8) – La desobediencia
El hábito de la obediencia debe adquirirse en edades tempranas. Cuando no se le presta atención, se corre el riesgo de que los pequeños lleguen a la adolescencia sin haber conseguido la costumbre de obedecer razonablemente.
En algunas ocasiones, la desobediencia de los pequeños es clara y rotunda: se niegan a cumplir las órdenes de profesores y padres, desafiando claramente la autoridad. Este tipo de desobediencia se constaba fácilmente. En otras ocasiones la desobediencia se expresa de forma más sutil: hacen como si no hubieran oído, se amparan en excusas, recurren a comportamientos exagerados y a chantajes afectivos.
Para garantizar la obediencia es imprescindible que padres y educadores mantengan sobre sus hijos y alumnos una autoridad positiva. Muchos educadores no consiguen este objetivo porque han dilapidado su autoridad moral. Y ésta se puede perder por varios motivos:
La permisividad: es imposible educar sin intervenir. Los educadores deben orientar en lo que está bien o está mal. Niños y adolescentes necesitan referentes y límites para sentirse seguros, felices y tener orientada su conducta. El educador que nunca ha señalado un límite, difícilmente será tenido en cuenta cuando quiera hacerlo de pronto.
Ceder después de decir «no»: una vez que un educador ha decidido poner un límite, la primera regla de oro es respetarlo. Muchos padres y educadores se atreven a poner normas pero ceden fácilmente ante el chantaje afectivo de los pequeños.
El autoritarismo: se halla en el otro extremo de la permisividad. El autoritarismo es la postura que persigue la obediencia por la obediencia. El objetivo del autoritarismo no es conseguir que el niño o el adolescente llegue a ser una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino que se convierta en un esclavo sumiso. El autoritarismo es tan pernicioso como la permisividad.
Gritar y perder la compostura: muchos educadores pierden los nervios y gritan y tratan a los niños de malos modos. Este abuso de la fuerza supone una humillación y un deterioro en la autoestima del niño o del adolescente. Y lo que es más grave: niños y adolescentes se acostumbran a los gritos y a los malos modos y cada vez hacen menos caso.
No escuchar: muchos padres y educadores se quejan de que niños y adolescentes no les escuchan. Para exigir una actitud de escucha en niños y adolescentes es necesario que previamente el educador les haya escuchado. Con frecuencia los educadores juzgan, evalúan, proponen qué se debe hacer… pero sin escuchar nunca.
La obediencia, la disciplina, el orden y la actuación responsable son metas a largo plazo. No suelen existir los éxitos inmediatos. Es necesaria mucha paciencia y dar tiempo al aprendizaje.
Niños y adolescentes suelen obedecer a quien goza de ascendente personal y de una autoridad moral nacida de: la cercanía personal, la valoración positiva de los logros realizados, la coherencia y el ejemplo, el reconocimiento de los propios errores, el afecto y el sentido común.
(publicado en la revista Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
El hábito de la obediencia debe adquirirse en edades tempranas. Cuando no se le presta atención, se corre el riesgo de que los pequeños lleguen a la adolescencia sin haber conseguido la costumbre de obedecer razonablemente.
En algunas ocasiones, la desobediencia de los pequeños es clara y rotunda: se niegan a cumplir las órdenes de profesores y padres, desafiando claramente la autoridad. Este tipo de desobediencia se constaba fácilmente. En otras ocasiones la desobediencia se expresa de forma más sutil: hacen como si no hubieran oído, se amparan en excusas, recurren a comportamientos exagerados y a chantajes afectivos.
Para garantizar la obediencia es imprescindible que padres y educadores mantengan sobre sus hijos y alumnos una autoridad positiva. Muchos educadores no consiguen este objetivo porque han dilapidado su autoridad moral. Y ésta se puede perder por varios motivos:
La permisividad: es imposible educar sin intervenir. Los educadores deben orientar en lo que está bien o está mal. Niños y adolescentes necesitan referentes y límites para sentirse seguros, felices y tener orientada su conducta. El educador que nunca ha señalado un límite, difícilmente será tenido en cuenta cuando quiera hacerlo de pronto.
Ceder después de decir «no»: una vez que un educador ha decidido poner un límite, la primera regla de oro es respetarlo. Muchos padres y educadores se atreven a poner normas pero ceden fácilmente ante el chantaje afectivo de los pequeños.
El autoritarismo: se halla en el otro extremo de la permisividad. El autoritarismo es la postura que persigue la obediencia por la obediencia. El objetivo del autoritarismo no es conseguir que el niño o el adolescente llegue a ser una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino que se convierta en un esclavo sumiso. El autoritarismo es tan pernicioso como la permisividad.
Gritar y perder la compostura: muchos educadores pierden los nervios y gritan y tratan a los niños de malos modos. Este abuso de la fuerza supone una humillación y un deterioro en la autoestima del niño o del adolescente. Y lo que es más grave: niños y adolescentes se acostumbran a los gritos y a los malos modos y cada vez hacen menos caso.
No escuchar: muchos padres y educadores se quejan de que niños y adolescentes no les escuchan. Para exigir una actitud de escucha en niños y adolescentes es necesario que previamente el educador les haya escuchado. Con frecuencia los educadores juzgan, evalúan, proponen qué se debe hacer… pero sin escuchar nunca.
La obediencia, la disciplina, el orden y la actuación responsable son metas a largo plazo. No suelen existir los éxitos inmediatos. Es necesaria mucha paciencia y dar tiempo al aprendizaje.
Niños y adolescentes suelen obedecer a quien goza de ascendente personal y de una autoridad moral nacida de: la cercanía personal, la valoración positiva de los logros realizados, la coherencia y el ejemplo, el reconocimiento de los propios errores, el afecto y el sentido común.
(publicado en la revista Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Comentario:
Aquí tienes un nueva entrega de "Conductas de riesgo". Y lo que dice está tan claro, que pocos comentarios necesita. Y las consecuencias de educar de un modo u otro se notan ya durante la infancia y juventud, pero sobre todo luego, en la vida adulta.
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (7)
Baja tolerancia a la frustración
Uno de los objetivos fundamentales de la educación es el desarrollo de personas maduras, responsables y autónomas. La cercanía personal, el afecto y la comunicación son instrumentos esenciales para una buena educación.
Pero también es función esencial de la educación señalar límites claros y coherentes, aunque a veces resulte complicado e ingrato. Decir un «no» a tiempo es conveniente y necesario. Existe un cierto miedo a que el niño y el adolescente sufra la frustración de recibir un «no». No obstante, el enseñar a interiorizar unas normas y transmitir una disciplina les hace más responsables, les ayuda a madurar y a tornarse resistentes ante los conflictos de la vida. Una persona adquiere mayor nivel de madurez cuando sabe integrar las dificultades y no se derrumba con el sufrimiento; cuando es resistente a la frustración y sabe gestionarla adecuadamente.
Resulta sencillo decir «no» a los niños pequeños. Es más difícil proponer límites a los adolescentes. El adolescente vive una etapa compleja y cuesta mostrarle que existen actitudes y comportamientos que no son convenientes para su desarrollo personal armónico.
Padres y educadores suelen tener miedo a poner límites. Sin embargo, es saludable enseñar a soportar el esfuerzo y el sufrimiento, siempre que éste sea proporcionado y que niños y adolescentes sientan a su lado la presencia de padres y educadores ayudándoles a superar estos momentos. Los chicos y chicas que desarrollan una adecuada capacidad de esfuerzo y resistencia al sufrimiento, presentan menor riesgo de ver alterada su persona y conducta por factores ambientales.
(publicado en la revista Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (7)
Baja tolerancia a la frustración
Uno de los objetivos fundamentales de la educación es el desarrollo de personas maduras, responsables y autónomas. La cercanía personal, el afecto y la comunicación son instrumentos esenciales para una buena educación.
Pero también es función esencial de la educación señalar límites claros y coherentes, aunque a veces resulte complicado e ingrato. Decir un «no» a tiempo es conveniente y necesario. Existe un cierto miedo a que el niño y el adolescente sufra la frustración de recibir un «no». No obstante, el enseñar a interiorizar unas normas y transmitir una disciplina les hace más responsables, les ayuda a madurar y a tornarse resistentes ante los conflictos de la vida. Una persona adquiere mayor nivel de madurez cuando sabe integrar las dificultades y no se derrumba con el sufrimiento; cuando es resistente a la frustración y sabe gestionarla adecuadamente.
Resulta sencillo decir «no» a los niños pequeños. Es más difícil proponer límites a los adolescentes. El adolescente vive una etapa compleja y cuesta mostrarle que existen actitudes y comportamientos que no son convenientes para su desarrollo personal armónico.
Padres y educadores suelen tener miedo a poner límites. Sin embargo, es saludable enseñar a soportar el esfuerzo y el sufrimiento, siempre que éste sea proporcionado y que niños y adolescentes sientan a su lado la presencia de padres y educadores ayudándoles a superar estos momentos. Los chicos y chicas que desarrollan una adecuada capacidad de esfuerzo y resistencia al sufrimiento, presentan menor riesgo de ver alterada su persona y conducta por factores ambientales.
(publicado en la revista Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Comentario:
Aquí tienes una nueva entrega extraída de las "Conductas de riesgo" que publicó la revista Misión Joven. Cuando copiaba el fragmento, me venían a la cabeza algunos padres que se sienten como bichos raros porque intentan educar a sus hijos del modo que ahí se indica, y que se ven sometidos a las críticas de los otros padres.
Sin embargo, la distinción entre la verdadera autoestima y la falsa es muy importante. Porque las consecuencias de uno u otro modo de educar son totalmente distintas. Y bastante de lo que, por desgracia, vemos o sufrimos, tiene que ver con una tremenda inseguridad personal provocada por una casi nula autoestima.
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo. JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (6) Factores de riesgo «menores»
La conducta social desajustada, las adicciones, la violencia, la depresión, la apatía, las crisis de ansiedad y angustia, los trastornos alimenticios graves… son situaciones no deseables que definen un cierto malestar individual y social. La prevención aparece como una vía de mejora óptima y deseable. La prevención de estos trastornos implica el análisis de las variables que intervienen en su origen.
La mayor parte de los factores de riesgo que vamos a ver a continuación no son graves. Pero cuando persisten en el tiempo, cuando no son objeto de atención por parte de padres y educadores y derivan a otras dimensiones de la persona… pueden convertirse en trampolines hacia situaciones preocupantes.
Inseguridad personal
Las personas necesitan un mínimo de autoestima en todas las etapas de su existencia. la autoestima ayuda a potenciar las propias posibilidades y a realizar las tareas de la vida con interés y eficacia. Durante la adolescencia aumenta considerablemente su necesidad. Esta cualidad personal evita estados de inseguridad e inferioridad.
La seguridad en uno mismo es el convencimiento de que posee la capacidad suficiente para resolver los problemas que se presentan y para ofrecer algo valioso a quienes nos rodean. La falta de autoestima, y la inseguridad personal derivada de su carencia, es un factor de riesgo. Conviene reforzar la identidad personal y la autoestima de niños y adolescentes como elemento para minimizar riesgos.
Padres y educadores deben desarrollar la autoestima «merecida». Es decir, aquella que se fundamenta en logros reales, la que perdura, la que se sustenta en el esfuerzo diario por ser cada vez un poco mejor y alcanzar nuevas metas de forma autónoma. Todo ello se consigue formando el carácter, educando la voluntad, generando hábitos de esfuerzo, promoviendo el trabajo bien hecho, facilitando una visión positiva de la propia persona, desarrollando el autodominio y la disciplina y abriéndose progresivamente a los demás. Una persona servicial y generosa presenta cotas altas de autoestima.
Hay que evitar aquella concepción errónea de autoestima en la que se alaba a niños y adolescentes por sistema, independientemente de su comportamiento. Este falso concepto busca que los menores no sufran, no se sientan avergonzados y que no consideren que se critica lo que dicen o hacen, reduciendo la autoestima a una tolerancia total.
La autoestima auténtica es fuente de seguridad personal y contribuye a fortalecer la persona, haciéndola más resistente y menos vulnerable a los problemas.
(publicado en la revista Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Sin embargo, la distinción entre la verdadera autoestima y la falsa es muy importante. Porque las consecuencias de uno u otro modo de educar son totalmente distintas. Y bastante de lo que, por desgracia, vemos o sufrimos, tiene que ver con una tremenda inseguridad personal provocada por una casi nula autoestima.
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo. JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (6) Factores de riesgo «menores»
La conducta social desajustada, las adicciones, la violencia, la depresión, la apatía, las crisis de ansiedad y angustia, los trastornos alimenticios graves… son situaciones no deseables que definen un cierto malestar individual y social. La prevención aparece como una vía de mejora óptima y deseable. La prevención de estos trastornos implica el análisis de las variables que intervienen en su origen.
La mayor parte de los factores de riesgo que vamos a ver a continuación no son graves. Pero cuando persisten en el tiempo, cuando no son objeto de atención por parte de padres y educadores y derivan a otras dimensiones de la persona… pueden convertirse en trampolines hacia situaciones preocupantes.
Inseguridad personal
Las personas necesitan un mínimo de autoestima en todas las etapas de su existencia. la autoestima ayuda a potenciar las propias posibilidades y a realizar las tareas de la vida con interés y eficacia. Durante la adolescencia aumenta considerablemente su necesidad. Esta cualidad personal evita estados de inseguridad e inferioridad.
La seguridad en uno mismo es el convencimiento de que posee la capacidad suficiente para resolver los problemas que se presentan y para ofrecer algo valioso a quienes nos rodean. La falta de autoestima, y la inseguridad personal derivada de su carencia, es un factor de riesgo. Conviene reforzar la identidad personal y la autoestima de niños y adolescentes como elemento para minimizar riesgos.
Padres y educadores deben desarrollar la autoestima «merecida». Es decir, aquella que se fundamenta en logros reales, la que perdura, la que se sustenta en el esfuerzo diario por ser cada vez un poco mejor y alcanzar nuevas metas de forma autónoma. Todo ello se consigue formando el carácter, educando la voluntad, generando hábitos de esfuerzo, promoviendo el trabajo bien hecho, facilitando una visión positiva de la propia persona, desarrollando el autodominio y la disciplina y abriéndose progresivamente a los demás. Una persona servicial y generosa presenta cotas altas de autoestima.
Hay que evitar aquella concepción errónea de autoestima en la que se alaba a niños y adolescentes por sistema, independientemente de su comportamiento. Este falso concepto busca que los menores no sufran, no se sientan avergonzados y que no consideren que se critica lo que dicen o hacen, reduciendo la autoestima a una tolerancia total.
La autoestima auténtica es fuente de seguridad personal y contribuye a fortalecer la persona, haciéndola más resistente y menos vulnerable a los problemas.
(publicado en la revista Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Comentario:
Aquí te envío una nueva entrega de "Conductas de riesgo". Seguro que conoces a alguno o algunos de estos "nuevos señoritos". El texto es lo suficientemente explícito. Y mira que se nota cuando se educa en la corresponsabilidad...
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo. JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (5)
Con tal de que estudien y saquen el curso…
«Los nuevos señoritos» en el hogar de no pocas familias son los hijos que estudian. Hay un consenso tácito generalmente admitido por muchos que se puede formular así: «Tu deber ahora es estudiar; con tal de que estudies y lo lleves todo al día ya cumples con tu deber; las tareas de casa ya las hacemos nosotros». En este marco de principio viven bastantes hijos en edad de estudio. El padre y/o la madre se multiplican: atiende a las labores de la casa además de realizar su trabajo profesional.
No sé si se dan cuenta de que se convierten en criados o siervos de sus hijos, siempre exigentes: «Me tienes que hacer…», «No me has hecho bien…», «Me recoges tú la ropa…», «Tengo que estudiar…» se convierte en razón o excusa para no implicarse en las labores hogareñas. Y cuando llegan las vacaciones, están de vacaciones, cosa que no le suele ocurrir a la madre que siempre tiene que pensar en la plancha y en qué pongo de cena hoy. Contrasta esta manera de funcionar con la de aquellas personas que trabajan y estudian o trabajan para poder estudiar.
Si nos ponemos a pensar en el riesgo que hay en este tipo de educación tenemos que señalar ese afán de poner las cosas tan fáciles que barremos del camino todas las piedras para que nada les estorbe, se centren en una sola cosa, no tropiecen y saquen adelante el curso. Probablemente la vida no será después así. Llegarán días en que se amontone todo y no tengan, como nos pasa hoy a nosotros, suficientes manos como para llevar todo adelante. ¿No será mejor conjugar lo importante con pequeñas tareas que habitúen a los hijos a lo que es la vida real?
Nadie en la vida nos hará el camino persona. Nadie podrá creer por nosotros. Nadie podrá decir nuestra palabra. Hay cosas que no se pueden delegar, que sólo existirán si las hacemos, si nuestras manos se implican. « Que lo haga mi mamá», «Que responda mi mamá», «eso lo dejo y ya mi mamá lo hará» son expresiones de riesgo. Tomar la propia vida en las manos y responsabilizarse de ella con mimo y con atención es algo que comienza en el hogar, en el cuidado, orden y limpieza de la habitación y sigue por asumir pequeñas encomiendas de la casa.
(Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo. JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (5)
Con tal de que estudien y saquen el curso…
«Los nuevos señoritos» en el hogar de no pocas familias son los hijos que estudian. Hay un consenso tácito generalmente admitido por muchos que se puede formular así: «Tu deber ahora es estudiar; con tal de que estudies y lo lleves todo al día ya cumples con tu deber; las tareas de casa ya las hacemos nosotros». En este marco de principio viven bastantes hijos en edad de estudio. El padre y/o la madre se multiplican: atiende a las labores de la casa además de realizar su trabajo profesional.
No sé si se dan cuenta de que se convierten en criados o siervos de sus hijos, siempre exigentes: «Me tienes que hacer…», «No me has hecho bien…», «Me recoges tú la ropa…», «Tengo que estudiar…» se convierte en razón o excusa para no implicarse en las labores hogareñas. Y cuando llegan las vacaciones, están de vacaciones, cosa que no le suele ocurrir a la madre que siempre tiene que pensar en la plancha y en qué pongo de cena hoy. Contrasta esta manera de funcionar con la de aquellas personas que trabajan y estudian o trabajan para poder estudiar.
Si nos ponemos a pensar en el riesgo que hay en este tipo de educación tenemos que señalar ese afán de poner las cosas tan fáciles que barremos del camino todas las piedras para que nada les estorbe, se centren en una sola cosa, no tropiecen y saquen adelante el curso. Probablemente la vida no será después así. Llegarán días en que se amontone todo y no tengan, como nos pasa hoy a nosotros, suficientes manos como para llevar todo adelante. ¿No será mejor conjugar lo importante con pequeñas tareas que habitúen a los hijos a lo que es la vida real?
Nadie en la vida nos hará el camino persona. Nadie podrá creer por nosotros. Nadie podrá decir nuestra palabra. Hay cosas que no se pueden delegar, que sólo existirán si las hacemos, si nuestras manos se implican. « Que lo haga mi mamá», «Que responda mi mamá», «eso lo dejo y ya mi mamá lo hará» son expresiones de riesgo. Tomar la propia vida en las manos y responsabilizarse de ella con mimo y con atención es algo que comienza en el hogar, en el cuidado, orden y limpieza de la habitación y sigue por asumir pequeñas encomiendas de la casa.
(Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Comentario:
Aquí te envío una nueva entrega de estas "Conductas de riesgo", que tienen repercusiones no sólo en las personas, sino en toda la sociedad. La reflexión de hoy, para los que vamos normalmente contra reloj, está muy indicada. Es necesario aprender no a "perder el tiempo", sino a respetar el tiempo... y no es fácil.
Espero que te resulte interesante, un fuerte abrazo. JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (4)
La inmediatez
Vivimos la inmediatez. Y la traspasamos a los hijos. No soportamos las esperas: se nos hace insoportable la espera del autobús, del metro, del semáforo, del stop, del turno del médico, de la cola en el mercado… Nos vamos porque «hay mucha cola» y «ya vendremos otro día o a otra hora». Lo que nos apetece es «ir y solucionar todo sin esperar».
El mismo esquema aplicamos a otras realidades de la vida, como el dolor de cabeza o de muelas; inmediatamente lo solucionamos tomando una pastilla que nos deja «como nuevos». Y si necesitamos algo nos decimos: «No te preocupes, vamos ahora mismo y lo compramos». El progreso y el poder adquisitivo tienden a solucionarlo todo de manera inmediata: gestorías, talleres, farmacias, revelado de foto… Todo en el acto, sin esperar, sin hacer perder el tiempo. Y si te hacen perder el tiempo, hay libro de reclamaciones.
El riesgo de la inmediatez que nos envuelve es que nos creamos que el crecimiento y cambio personal puede avanzar a ritmo de inmediatez. La educación de una persona no se resuelve en dos minutos, no admite un «ahora mismo te lo resuelvo». Educar es cuestión de tiempo, de aprendizaje. Hay que aprender la asignatura del valor de lo lento, de lo que crece como crece la semilla sembrada en la tierra sin artilugios especiales o climas artificiales de invernadero. Hay semillas de valores humanos que para que florezcan mañana tienen que ser sembradas desde la más tierna infancia.
Si permanecemos en la «cultura de la inmediatez» nos podremos encontrar con personas que «cogen un berrinche» como los niños pequeños ante la mínima contrariedad, o que «tiran todo por la borda» porque no les salieron las cosas según la agenda que ellos habían previsto. Así, hay hijos que comienzan muchas cosas, que «pican en todas partes» pero no se centran en nada… En cuanto advierten que algo cuesta o exige tiempo, abandonan y buscan otras salidas. Prefieren «perder miserablemente el tiempo» en no hacer nada que ocupar el tiempo en avanzar lentamente construyendo camino y futuro.
Sin darse cuenta, muchos adultos educan con el riesgo de la inmediatez. Meten prisa a los pequeños y no respetan su ritmo de vida. Los adultos siguen sin caer en la cuenta de que «las prisas no son buenas» para nada que sea verdaderamente educativo y personalizador. Saber esperar más allá de lo inmediato es una tarea pendiente y una asignatura que hay que poner en la formación desde los primeros años.
(Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Espero que te resulte interesante, un fuerte abrazo. JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (4)
La inmediatez
Vivimos la inmediatez. Y la traspasamos a los hijos. No soportamos las esperas: se nos hace insoportable la espera del autobús, del metro, del semáforo, del stop, del turno del médico, de la cola en el mercado… Nos vamos porque «hay mucha cola» y «ya vendremos otro día o a otra hora». Lo que nos apetece es «ir y solucionar todo sin esperar».
El mismo esquema aplicamos a otras realidades de la vida, como el dolor de cabeza o de muelas; inmediatamente lo solucionamos tomando una pastilla que nos deja «como nuevos». Y si necesitamos algo nos decimos: «No te preocupes, vamos ahora mismo y lo compramos». El progreso y el poder adquisitivo tienden a solucionarlo todo de manera inmediata: gestorías, talleres, farmacias, revelado de foto… Todo en el acto, sin esperar, sin hacer perder el tiempo. Y si te hacen perder el tiempo, hay libro de reclamaciones.
El riesgo de la inmediatez que nos envuelve es que nos creamos que el crecimiento y cambio personal puede avanzar a ritmo de inmediatez. La educación de una persona no se resuelve en dos minutos, no admite un «ahora mismo te lo resuelvo». Educar es cuestión de tiempo, de aprendizaje. Hay que aprender la asignatura del valor de lo lento, de lo que crece como crece la semilla sembrada en la tierra sin artilugios especiales o climas artificiales de invernadero. Hay semillas de valores humanos que para que florezcan mañana tienen que ser sembradas desde la más tierna infancia.
Si permanecemos en la «cultura de la inmediatez» nos podremos encontrar con personas que «cogen un berrinche» como los niños pequeños ante la mínima contrariedad, o que «tiran todo por la borda» porque no les salieron las cosas según la agenda que ellos habían previsto. Así, hay hijos que comienzan muchas cosas, que «pican en todas partes» pero no se centran en nada… En cuanto advierten que algo cuesta o exige tiempo, abandonan y buscan otras salidas. Prefieren «perder miserablemente el tiempo» en no hacer nada que ocupar el tiempo en avanzar lentamente construyendo camino y futuro.
Sin darse cuenta, muchos adultos educan con el riesgo de la inmediatez. Meten prisa a los pequeños y no respetan su ritmo de vida. Los adultos siguen sin caer en la cuenta de que «las prisas no son buenas» para nada que sea verdaderamente educativo y personalizador. Saber esperar más allá de lo inmediato es una tarea pendiente y una asignatura que hay que poner en la formación desde los primeros años.
(Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Comentario:
Hoy el texto es un poco más largo que otras veces, pero me he resistido a acortarlo, porque es para reflexionarlo, y para tener argumentos de cara a hacer ver las consecuencias que acarrean determinados comportamientos. Seguramente no nos harán caso, pero por lo menos que tengamos y podamos dejar claro adónde conducen.
JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (3)
Toma lo que quieras, pero déjame en paz
¡Quién no reconocerá la multiplicidad de asuntos a los que los adultos tienen que atender en el día a día! «Vivo en un sin vivir», escucho a muchos pares que se multiplican para llegar a la casa, al trabajo, a los hijos, a la compra, a los amigos… (casi siempre los olvidados son la propia persona y el cónyuge). No hay tiempo para nada. En este contexto de «falta de tiempo» y de «necesidad de espacios de tranquilidad», hay adultos que adoptan un comportamiento con sus hijos que resumimos en esta expresión: «Toma lo que quieras, pero déjame en paz, por favor».
Vaya por delante el reconocimiento de lo explicable que es esta conducta cuando la vida amontona tareas sobre las espaldas de los adultos y se llega al final de la jornada llenos de cansancio. Admitido el reconocimiento de la acumulación de tareas, es necesario ser críticos con la opción de una educación basada en esta perspectiva: «Toma lo que quieras, pero déjame en paz». Una educación así puede esconder riesgos serios en la formación de los hijos. Lo que subyace en el fondo de todo esto es la prioridad de la necesidad del adulto sobre la del niño o adolescente.
Es comprensible que “un día” podamos obrar así. Más, es comprensible que haya padres que no tienen más salida que obrar así, porque no disponen ni de un minuto de tiempo libre o necesitan descansar. Pero una educación de los hijos sustentada “habitualmente” en este principio acarrea consecuencias: el hijo crece «haciendo lo que le da la gana», sin límites en su conducta y en sus caprichos. Sus caprichos se convierten en «la norma de su comportamiento». El día que no pueda «funcionar» según sus caprichos, ¿qué pasará?
Además, detrás de esta formulación que resume un estilo de educación familiar, se puede esconder una especie de «comercio»: se paga un “precio” («toma lo que quieras», «¿qué es lo que quieres?»), por una “conducta” («déjame en paz»). El comportarse de una manera u otra tiene «paga». No se enseña al otro a comportarse por unos principios o valores, sino por el bienestar del otro.
Es cierto que los hijos saben «comprender» lo mucho que sus padres hacen por ellos y saben disculpar que no les puedan dedicar más tiempo o que les digan: «haz lo que quieras, pero déjame en paz que bastante tengo en el trabajo; ahora no tengo ganas de contemplaciones». Quizá los hijos comprendan, pero a pesar de todo se quedan sin la presencia activa de sus padres para hablar, para jugar, para reírse, para contrastar opiniones y actuaciones, para estar ocupándose juntos… En el aire queda una pregunta que viene del lado de los hijos: ¿Por qué te ocupas tanto en otras cosas que n o pedes ocuparte de nosotros? ¿Por qué hay cosas que son más importantes que nosotros de manera habitual? Nos dejas hacer lo que queramos con tal de no molestarte, ¿eres tú más importante que nosotros? Si tú no nos haces importantes, tampoco te haremos importante a ti ni a lo que tú nos digas…
Lo importante en un futuro será «hacer lo que nos dé la gana», y lo que me dé la gana será aquello por lo que obtenga un beneficio, una paga. ¿Dónde quedan los comportamientos de generosidad, de solidaridad, de amor samaritano? He aquí el riesgo.
(Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (3)
Toma lo que quieras, pero déjame en paz
¡Quién no reconocerá la multiplicidad de asuntos a los que los adultos tienen que atender en el día a día! «Vivo en un sin vivir», escucho a muchos pares que se multiplican para llegar a la casa, al trabajo, a los hijos, a la compra, a los amigos… (casi siempre los olvidados son la propia persona y el cónyuge). No hay tiempo para nada. En este contexto de «falta de tiempo» y de «necesidad de espacios de tranquilidad», hay adultos que adoptan un comportamiento con sus hijos que resumimos en esta expresión: «Toma lo que quieras, pero déjame en paz, por favor».
Vaya por delante el reconocimiento de lo explicable que es esta conducta cuando la vida amontona tareas sobre las espaldas de los adultos y se llega al final de la jornada llenos de cansancio. Admitido el reconocimiento de la acumulación de tareas, es necesario ser críticos con la opción de una educación basada en esta perspectiva: «Toma lo que quieras, pero déjame en paz». Una educación así puede esconder riesgos serios en la formación de los hijos. Lo que subyace en el fondo de todo esto es la prioridad de la necesidad del adulto sobre la del niño o adolescente.
Es comprensible que “un día” podamos obrar así. Más, es comprensible que haya padres que no tienen más salida que obrar así, porque no disponen ni de un minuto de tiempo libre o necesitan descansar. Pero una educación de los hijos sustentada “habitualmente” en este principio acarrea consecuencias: el hijo crece «haciendo lo que le da la gana», sin límites en su conducta y en sus caprichos. Sus caprichos se convierten en «la norma de su comportamiento». El día que no pueda «funcionar» según sus caprichos, ¿qué pasará?
Además, detrás de esta formulación que resume un estilo de educación familiar, se puede esconder una especie de «comercio»: se paga un “precio” («toma lo que quieras», «¿qué es lo que quieres?»), por una “conducta” («déjame en paz»). El comportarse de una manera u otra tiene «paga». No se enseña al otro a comportarse por unos principios o valores, sino por el bienestar del otro.
Es cierto que los hijos saben «comprender» lo mucho que sus padres hacen por ellos y saben disculpar que no les puedan dedicar más tiempo o que les digan: «haz lo que quieras, pero déjame en paz que bastante tengo en el trabajo; ahora no tengo ganas de contemplaciones». Quizá los hijos comprendan, pero a pesar de todo se quedan sin la presencia activa de sus padres para hablar, para jugar, para reírse, para contrastar opiniones y actuaciones, para estar ocupándose juntos… En el aire queda una pregunta que viene del lado de los hijos: ¿Por qué te ocupas tanto en otras cosas que n o pedes ocuparte de nosotros? ¿Por qué hay cosas que son más importantes que nosotros de manera habitual? Nos dejas hacer lo que queramos con tal de no molestarte, ¿eres tú más importante que nosotros? Si tú no nos haces importantes, tampoco te haremos importante a ti ni a lo que tú nos digas…
Lo importante en un futuro será «hacer lo que nos dé la gana», y lo que me dé la gana será aquello por lo que obtenga un beneficio, una paga. ¿Dónde quedan los comportamientos de generosidad, de solidaridad, de amor samaritano? He aquí el riesgo.
(Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Comentario:
Te envío una nueva entrega de esta miniserie acerca de "Conductas de Riesgo". Y la situación que plantea hoy el autor creo que no te resultará desconocida, seguro que te habrás encontrado con bastantes de estos casos de "santos". Lo triste es que lo dices a esos padres y no lo reconocen por nada del mundo, pero por lo menos, que se lo oigan: lo que siembran de pequeños empieza a fructificar, para mal, cuando van creciendo. Quizá algún día lo recuerden y cambien de actitud...
Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (2)
Cuando aquí ahora hablamos de comportamientos familiares de riesgo entendemos maneras de educar, modelos de ser persona que los adultos, especialmente los padres, adoptan en la vida ordinaria y que pueden tener consecuencias en el futuro de la persona educada ya sea porque se oriente hacia modos de vida marginales, o porque en el proceso de maduración personal experimente limitaciones.
Mi hijo es un santo
Educadores, animadores o catequistas se encuentran con frecuencia con padres y madres que defienden tanto a su hijo que no son capaces de ver la verdad. El punto de partida de dichos padres es que «hay que defender por encima de todo al hijo y que el hijo tiene siempre razón, aunque no la tenga». Recogemos algunas expresiones que aclaren lo que queremos señalar: «Mi hijo es un santo», «yo conozco bien a mi hijo y sé que eso es imposible que lo haya dicho, hecho…», «mi hijo me lo cuenta todo»…, «¡me van a decir a mí cómo es mi hija y yo sé bien que es incapaz de esas cosas!».
Los lazos de amor llevan a determinados padres a una defensa del hijo tal que es más importante la defensa que la verdad. El amor se vuelve ciego de manera que los equivocados son los otros: los educadores, los amigos, los que están junto a su hijo. El hijo nunca tiene la culpa de nada. La verdad está siempre de parte del hijo; la mentira o la equivocación, siempre reside en «los otros».
Ésta es una conducta de riesgo porque impide que el hijo vea su realidad. El hijo puede hacer lo que quiera porque sabe que en su defensa saldrá siempre su padre o su madre. Se le protege tanto que se le hace «intocable». Los otros son «los malos», los que no saben ver la realidad.
Con este tipo de comportamientos se está educando a la persona para vivir «echando las culpas a los demás», incapacitándolos para ver sus propios errores. No se les abre a la búsqueda de la verdad, de su propia verdad, ni al reconocimiento de la propia realidad, ni al diálogo con los otros para caminar juntos hacia la verdad. Este tipo de comportamientos familiares sumerge al niño o a la niña en una burbuja irreal: haga lo que haga está bien; sus padres le dan la razón y le defienden.
(Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (2)
Cuando aquí ahora hablamos de comportamientos familiares de riesgo entendemos maneras de educar, modelos de ser persona que los adultos, especialmente los padres, adoptan en la vida ordinaria y que pueden tener consecuencias en el futuro de la persona educada ya sea porque se oriente hacia modos de vida marginales, o porque en el proceso de maduración personal experimente limitaciones.
Mi hijo es un santo
Educadores, animadores o catequistas se encuentran con frecuencia con padres y madres que defienden tanto a su hijo que no son capaces de ver la verdad. El punto de partida de dichos padres es que «hay que defender por encima de todo al hijo y que el hijo tiene siempre razón, aunque no la tenga». Recogemos algunas expresiones que aclaren lo que queremos señalar: «Mi hijo es un santo», «yo conozco bien a mi hijo y sé que eso es imposible que lo haya dicho, hecho…», «mi hijo me lo cuenta todo»…, «¡me van a decir a mí cómo es mi hija y yo sé bien que es incapaz de esas cosas!».
Los lazos de amor llevan a determinados padres a una defensa del hijo tal que es más importante la defensa que la verdad. El amor se vuelve ciego de manera que los equivocados son los otros: los educadores, los amigos, los que están junto a su hijo. El hijo nunca tiene la culpa de nada. La verdad está siempre de parte del hijo; la mentira o la equivocación, siempre reside en «los otros».
Ésta es una conducta de riesgo porque impide que el hijo vea su realidad. El hijo puede hacer lo que quiera porque sabe que en su defensa saldrá siempre su padre o su madre. Se le protege tanto que se le hace «intocable». Los otros son «los malos», los que no saben ver la realidad.
Con este tipo de comportamientos se está educando a la persona para vivir «echando las culpas a los demás», incapacitándolos para ver sus propios errores. No se les abre a la búsqueda de la verdad, de su propia verdad, ni al reconocimiento de la propia realidad, ni al diálogo con los otros para caminar juntos hacia la verdad. Este tipo de comportamientos familiares sumerge al niño o a la niña en una burbuja irreal: haga lo que haga está bien; sus padres le dan la razón y le defienden.
(Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Comentario:
Aquí te envío la introducción a una serie de artículos, extraídos de la revista Misión Joven, de su número de noviembre de 2007. Para los que estamos "cara al público", más aún con jóvenes, es bueno tener presentes las ideas que aquí van a ir ofreciendo, aunque son cosas que "sabemos", para detectar alguna de las raíces de los comportamientos que luego observamos y, en ocasiones, sufrimos. Y, cuando la raíz del problema está bastante clara, ya sabemos por dónde hay que empezar a atajarlo.
Espero que te resulte interesante, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (1)
«Prevenir es vivir» era el lema de la campaña lanzada hace algunos años por Cruz Roja ante los meses de verano. En un pequeño folleto explicaba cuanto podía interesar al usuario para prevenir todos los riesgos veraniegos. Dicen los entendidos que, para vivir mejor, hay que prevenir. Y ciertamente se pueden prevenir los accidentes de tráfico o laborales, las enfermedades, la gripe, los ataques de corazón, las arrugas… ¿Es posible prevenir también la conducta humana?
En un primer momento, el concepto de prevención tenía una significación marcadamente defensiva: prevenir de los peligros, de las insidias, del vicio. Pero muy pronto alcanza un significado más rico y positivo. La educación preventiva es, principalmente, la educación en buenos hábitos, en valores y competencias, es acompañamiento y seguimiento personalizado; y está arraigada en la confianza en la persona, en el diálogo, en el robustecimiento de la libertad, en los valores éticos, en la formación de la conciencia moral.
A veces preocupan sólo los grandes riesgos, los riesgos con mayúscula (droga, alcohol, delincuencia, etc.). Pero existen, sin duda, otros muchos riesgos menores: son los «los otros riesgos», presentes incluso en los modos de educar en la familia, en el comportamiento y actitudes de los propios padres y educadores.
La vida familiar y la educación están llenas de «riesgos con minúsculas», a los que damos «menos importancia» o en los que «no caemos en la cuenta» pero que también son riesgos que condicionan la manera de ser personas. Muchos comportamientos de jóvenes y adultos tienen su origen en conductas familiares vividas de modo habitual sobre las que nunca se reflexiona o que incluso se las da por buenas.
La intención de este artículo es sencillamente enumerar una serie de comportamientos familiares que pueden encerrar un riesgo en la formación de la personalidad. Hay que precisar que lo que aquí se menciona como conducta de riesgo, en la realidad concreta familiar puede estar muy matizado o equilibrado o contrarrestado con otros comportamientos de los padres llenos de dedicación, de entrega, de seguimiento de los hijos, de presencia cercana… de tal suerte que, lo que «en teoría podría ser una conducta de riesgo», en la práctica no lo es porque está compensado con fuertes dosis de otros comportamientos.
(Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Espero que te resulte interesante, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
CONDUCTAS DE RIESGO (1)
«Prevenir es vivir» era el lema de la campaña lanzada hace algunos años por Cruz Roja ante los meses de verano. En un pequeño folleto explicaba cuanto podía interesar al usuario para prevenir todos los riesgos veraniegos. Dicen los entendidos que, para vivir mejor, hay que prevenir. Y ciertamente se pueden prevenir los accidentes de tráfico o laborales, las enfermedades, la gripe, los ataques de corazón, las arrugas… ¿Es posible prevenir también la conducta humana?
En un primer momento, el concepto de prevención tenía una significación marcadamente defensiva: prevenir de los peligros, de las insidias, del vicio. Pero muy pronto alcanza un significado más rico y positivo. La educación preventiva es, principalmente, la educación en buenos hábitos, en valores y competencias, es acompañamiento y seguimiento personalizado; y está arraigada en la confianza en la persona, en el diálogo, en el robustecimiento de la libertad, en los valores éticos, en la formación de la conciencia moral.
A veces preocupan sólo los grandes riesgos, los riesgos con mayúscula (droga, alcohol, delincuencia, etc.). Pero existen, sin duda, otros muchos riesgos menores: son los «los otros riesgos», presentes incluso en los modos de educar en la familia, en el comportamiento y actitudes de los propios padres y educadores.
La vida familiar y la educación están llenas de «riesgos con minúsculas», a los que damos «menos importancia» o en los que «no caemos en la cuenta» pero que también son riesgos que condicionan la manera de ser personas. Muchos comportamientos de jóvenes y adultos tienen su origen en conductas familiares vividas de modo habitual sobre las que nunca se reflexiona o que incluso se las da por buenas.
La intención de este artículo es sencillamente enumerar una serie de comportamientos familiares que pueden encerrar un riesgo en la formación de la personalidad. Hay que precisar que lo que aquí se menciona como conducta de riesgo, en la realidad concreta familiar puede estar muy matizado o equilibrado o contrarrestado con otros comportamientos de los padres llenos de dedicación, de entrega, de seguimiento de los hijos, de presencia cercana… de tal suerte que, lo que «en teoría podría ser una conducta de riesgo», en la práctica no lo es porque está compensado con fuertes dosis de otros comportamientos.
(Misión Joven, nº 370 – noviembre 2007)
Comentario:
Aquí te adjunto la última entrega de esta serie. Es para pensar un poco... Y a partir de lo que dice en los dos primeros párrafos, podemos hacer nuestras las "gracias", poniendo rostro y nombre a quienes nos aman o han amado...
Como siempre, espero que te resulte interesante.
Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
SOY AMADO, LUEGO EXISTO (4)
Todo el maravilloso amor que nos ofrecemos unos a otros es realmente la chispa de la vida. Pero todo ese amor, toda esa energía vivificante, sólo es participación del amor inmenso de Dios. Todos nuestros amores son chispas de la Hoguera divina.
Cuando yo me siento amado por mis padres o mis hijos, por mi esposa o mi esposo, por mis hermanos y amigos y tantas personas buenas, Dios me está amando en ellos y más, siempre más. «Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso nosotros podemos corresponder también con el amor» (Benedicto XVI, Dios es amor).
Fui amado, gracias a cuantos me disteis la existencia.
Fui amado, y yo no lo sabía.
Fui amado, pero no creía yo que fuera tanto.
Fui amado, ¿cómo haría yo el árbol genealógico de mis padres en el amor?
Fui amado, ¿quién pronunció mi nombre primero?
Fui amado, ¿quién primero me sonrió?
Fui amado, os llevo a todos grabados en mis genes, en mi corazón.
Soy amado, gracias, porque me hacéis crecer, sois mi aliento vivificante.
Soy amado, gracias, porque llenáis mi vida de luz y de música.
Soy amado, gracias, porque curáis mis heridas.
Soy amado, gracias, porque ya nunca estoy solo.
Soy amado, gracias, porque inspiráis mi trabajo.
Soy amado, gracias, porque me hace falta.
Soy amado, gracias, porque me capacitáis para poder yo también amar.
(Cáritas Española: Soy amado, luego existo – Adviento y Navidad 2007/2008)
Como siempre, espero que te resulte interesante.
Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
SOY AMADO, LUEGO EXISTO (4)
Todo el maravilloso amor que nos ofrecemos unos a otros es realmente la chispa de la vida. Pero todo ese amor, toda esa energía vivificante, sólo es participación del amor inmenso de Dios. Todos nuestros amores son chispas de la Hoguera divina.
Cuando yo me siento amado por mis padres o mis hijos, por mi esposa o mi esposo, por mis hermanos y amigos y tantas personas buenas, Dios me está amando en ellos y más, siempre más. «Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso nosotros podemos corresponder también con el amor» (Benedicto XVI, Dios es amor).
Fui amado, gracias a cuantos me disteis la existencia.
Fui amado, y yo no lo sabía.
Fui amado, pero no creía yo que fuera tanto.
Fui amado, ¿cómo haría yo el árbol genealógico de mis padres en el amor?
Fui amado, ¿quién pronunció mi nombre primero?
Fui amado, ¿quién primero me sonrió?
Fui amado, os llevo a todos grabados en mis genes, en mi corazón.
Soy amado, gracias, porque me hacéis crecer, sois mi aliento vivificante.
Soy amado, gracias, porque llenáis mi vida de luz y de música.
Soy amado, gracias, porque curáis mis heridas.
Soy amado, gracias, porque ya nunca estoy solo.
Soy amado, gracias, porque inspiráis mi trabajo.
Soy amado, gracias, porque me hace falta.
Soy amado, gracias, porque me capacitáis para poder yo también amar.
(Cáritas Española: Soy amado, luego existo – Adviento y Navidad 2007/2008)
Comentario:
Te envío una nueva entrega de esta miniserie... hoy sólo dos párrafos, pero son para leerlos despacio y pensarlos, poniendo "rostro y nombre" a lo que ahí dice.
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
SOY AMADO, LUEGO EXISTO (3)
Recuerda a las personas que te han iluminado, que te han hecho bien con sus palabras y sus gestos, con el calor y el cariño con que te han tratado. ¡Cuánto se agradece una palabra bonita, una alabanza justa, un reconocimiento oportuno, un agradecimiento sincero…! Debemos aprender a decirnos lo bueno que somos, lo mucho que valemos y el cariño que nos profesamos. No dejarlo sólo para después, y no apelar a la humildad. La humildad no está reñida con la verdad, sí con la envidia.
El que es amado se siente salvado. Cuando uno ama y es amado, se transforma. Sucede siempre que la persona encuentra un gran amor, y se enamora. Su vida se llena de sol. El que se siente definitiva e incondicionalmente amado está salvado. Puede pisar seguro, puede atreverse a todo. El que se sabe así amado no teme ni la muerte, es tocado por la inmortalidad: «Tú no morirás, porque yo te amo (…) El que es amado de este modo se siente verdaderamente llamado por su nombre, reconocido por un ser que le guarda y le salvará de una vez para siempre. En lugar del vacío experimenta la realidad de la plenitud, recibe un flujo de ser (…) tiene la experiencia más próxima de lo que podíamos llamar la gracia» (G. Marcel).
(Cáritas Española: Soy amado, luego existo – Adviento y Navidad 2007/2008)
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
SOY AMADO, LUEGO EXISTO (3)
Recuerda a las personas que te han iluminado, que te han hecho bien con sus palabras y sus gestos, con el calor y el cariño con que te han tratado. ¡Cuánto se agradece una palabra bonita, una alabanza justa, un reconocimiento oportuno, un agradecimiento sincero…! Debemos aprender a decirnos lo bueno que somos, lo mucho que valemos y el cariño que nos profesamos. No dejarlo sólo para después, y no apelar a la humildad. La humildad no está reñida con la verdad, sí con la envidia.
El que es amado se siente salvado. Cuando uno ama y es amado, se transforma. Sucede siempre que la persona encuentra un gran amor, y se enamora. Su vida se llena de sol. El que se siente definitiva e incondicionalmente amado está salvado. Puede pisar seguro, puede atreverse a todo. El que se sabe así amado no teme ni la muerte, es tocado por la inmortalidad: «Tú no morirás, porque yo te amo (…) El que es amado de este modo se siente verdaderamente llamado por su nombre, reconocido por un ser que le guarda y le salvará de una vez para siempre. En lugar del vacío experimenta la realidad de la plenitud, recibe un flujo de ser (…) tiene la experiencia más próxima de lo que podíamos llamar la gracia» (G. Marcel).
(Cáritas Española: Soy amado, luego existo – Adviento y Navidad 2007/2008)
Comentario:
Aquí te envío una entrega más de esta reflexión que Cáritas Española ha editado con motivo de la Navidad. Aunque todo el texto me gusta mucho, los dos últimos párrafos de hoy son para pensarlos despacio... Creo que es bueno "volver a las fuentes" de nuestro amor... y procurar después sembrar amor en la medida que podamos y nos dejen.
Espero que te guste. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
SOY AMADO, LUEGO EXISTO (2)
Fui amado, por eso existo; pero no sólo fui amado para que yo pudiera ser. Alguien pensó en mí con amor y empecé a existir. Alguien empezó a soñar en mí, empezó a hacer proyectos sobre mí, compuso mi boceto y empezó a trabajar en él primorosamente. Fueron mis padres, claro, su amor me trajo a la vida. Yo era una nada, pero su gran amor me sacó de esa nada. Fui amado, por eso existo.
Tejido en las entrañas maternas con admirable delicadeza y paciencia. No terminó ahí la obra de amor. Valiéndose de la ternura, los desvelos, la responsabilidad de los padres, el amor me fue moldeando para que pudiera ser. Y además de los padres, incontables testigos del mismo amor, hecho cercanía y simpatía, sonrisas y besos, admiraciones y aplausos, ayudas y generosidades.
Un niño que al nacer no fuera suficientemente amado, enfermaría. El que no es amado enloquece, dice Fromm. El que no recibe con la leche el alimento de amor será una persona traumatizada, insegura, sin autoestima. Lo que la leche es para el cuerpo, el amor es para el alma, y más. Fui amado para que yo pudiera amar.
Y vale también en el presente: porque soy amado, existo. Si ya nadie te amara, empezarías a debilitarte, hasta la depresión y la neurosis, hasta la degradación y la miseria. necesitamos imperiosa y permanentemente la vitamina del amor.
Si, por ejemplo, nadie te llamara, no sabrías ni tu nombre, no sabrías si eres alguien.
Si nadie te pidiera ayuda o consejo, no sabrías si vales para algo.
Si nadie te sonriera, te considerarías un inadaptado.
Si nadie te dijera una palabra amable, te creerías indeseable.
Si nadie te alabara, tendrías complejo de inútil y fracasado. Y yo, ¿para qué valgo?
Es decir, sólo el amor, de mil maneras manifestado, puede dar sentido a la vida. Si no recibes manifestaciones de amor, ¿para qué quieres vivir? La vida se te convertiría en un fardo insoportable, caminando por un callejón frío y oscuro. «Pero si me domesticas, mi vida se llenará de sol» (El Principito).
(Cáritas Española: Soy amado, luego existo – Adviento y Navidad 2007/2008)
Espero que te guste. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
SOY AMADO, LUEGO EXISTO (2)
Fui amado, por eso existo; pero no sólo fui amado para que yo pudiera ser. Alguien pensó en mí con amor y empecé a existir. Alguien empezó a soñar en mí, empezó a hacer proyectos sobre mí, compuso mi boceto y empezó a trabajar en él primorosamente. Fueron mis padres, claro, su amor me trajo a la vida. Yo era una nada, pero su gran amor me sacó de esa nada. Fui amado, por eso existo.
Tejido en las entrañas maternas con admirable delicadeza y paciencia. No terminó ahí la obra de amor. Valiéndose de la ternura, los desvelos, la responsabilidad de los padres, el amor me fue moldeando para que pudiera ser. Y además de los padres, incontables testigos del mismo amor, hecho cercanía y simpatía, sonrisas y besos, admiraciones y aplausos, ayudas y generosidades.
Un niño que al nacer no fuera suficientemente amado, enfermaría. El que no es amado enloquece, dice Fromm. El que no recibe con la leche el alimento de amor será una persona traumatizada, insegura, sin autoestima. Lo que la leche es para el cuerpo, el amor es para el alma, y más. Fui amado para que yo pudiera amar.
Y vale también en el presente: porque soy amado, existo. Si ya nadie te amara, empezarías a debilitarte, hasta la depresión y la neurosis, hasta la degradación y la miseria. necesitamos imperiosa y permanentemente la vitamina del amor.
Si, por ejemplo, nadie te llamara, no sabrías ni tu nombre, no sabrías si eres alguien.
Si nadie te pidiera ayuda o consejo, no sabrías si vales para algo.
Si nadie te sonriera, te considerarías un inadaptado.
Si nadie te dijera una palabra amable, te creerías indeseable.
Si nadie te alabara, tendrías complejo de inútil y fracasado. Y yo, ¿para qué valgo?
Es decir, sólo el amor, de mil maneras manifestado, puede dar sentido a la vida. Si no recibes manifestaciones de amor, ¿para qué quieres vivir? La vida se te convertiría en un fardo insoportable, caminando por un callejón frío y oscuro. «Pero si me domesticas, mi vida se llenará de sol» (El Principito).
(Cáritas Española: Soy amado, luego existo – Adviento y Navidad 2007/2008)
Comentario:
Durante estas próximas semanas voy a enviar algunas reflexiones sacadas del libro que Cáritas Española edita por estas fechas. Este año lo encuentro especialmente acertado, así que te iré enviando algunos fragmentos... nunca está de más pararnos un poco y pensar acerca de algo tan necesario en nuestra vida como es el amor. Como dice el texto: "para que yo pueda amar, tengo que haber sido amado antes".
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
SOY AMADO, LUEGO EXISTO
El amor es el núcleo de toda la existencia humana. El amor da “peso” y consistencia a la persona. Sin este peso, el hombre se convierte en “hombre light”, enteramente vacío, como el que hoy tanto se lleva y consume. El que ama y es amado vive y se realiza como persona. El que ama y es amado habla y canta de mil formas, hasta con la mirada; siente pasión por crear un mundo mejor; es enteramente libre, libre para amar; multiplica sus relaciones con todos y con todas las cosas; y, lo más importante, se abre a Dios y se llena de Él. El que vive en el amor se diviniza.
Soy amado, luego existo. Podríamos decir también: Amo, luego existo. Las dos cosas son verdad. Pero primero es la pasiva. Para que yo pueda amar, tengo que haber sido amado antes. El amor no es conquista, es un don, el primero de todos. Por mucho que te expliquen en qué consiste el amor, nunca aprenderás esa lección si no la has experimentado previamente. Es como si a un ciego quisieras explicarle los colores del arco iris.
Por mucho que te manden amar a los demás, nunca conseguirás cumplir ese precepto si no te han dado antes la capacidad de amar. El amor no se impone (¡Tienes que amarme!), sino que se contagia; no es un precepto, sino una exigencia existencial. Tú puedes dar muchas cosas sin hacer partícipe al otro de tu generosidad, pero cuando das amor, necesariamente capacitas a la persona amada para que pueda convertirse en amante. «El amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor.» (E. Fromm)
Mira y recuerda, tú que no entiendes ya tu vida si no es para amar: ¿quiénes te han amado primero, sin que tú lo merecieras? ¿Quiénes han ido moldeando tu mente, tus sentimientos, tu corazón, para que se convirtieran en hontanares de amor?
(Cáritas Española: Soy amado, luego existo – Adviento y Navidad 2007/2008)
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
SOY AMADO, LUEGO EXISTO
El amor es el núcleo de toda la existencia humana. El amor da “peso” y consistencia a la persona. Sin este peso, el hombre se convierte en “hombre light”, enteramente vacío, como el que hoy tanto se lleva y consume. El que ama y es amado vive y se realiza como persona. El que ama y es amado habla y canta de mil formas, hasta con la mirada; siente pasión por crear un mundo mejor; es enteramente libre, libre para amar; multiplica sus relaciones con todos y con todas las cosas; y, lo más importante, se abre a Dios y se llena de Él. El que vive en el amor se diviniza.
Soy amado, luego existo. Podríamos decir también: Amo, luego existo. Las dos cosas son verdad. Pero primero es la pasiva. Para que yo pueda amar, tengo que haber sido amado antes. El amor no es conquista, es un don, el primero de todos. Por mucho que te expliquen en qué consiste el amor, nunca aprenderás esa lección si no la has experimentado previamente. Es como si a un ciego quisieras explicarle los colores del arco iris.
Por mucho que te manden amar a los demás, nunca conseguirás cumplir ese precepto si no te han dado antes la capacidad de amar. El amor no se impone (¡Tienes que amarme!), sino que se contagia; no es un precepto, sino una exigencia existencial. Tú puedes dar muchas cosas sin hacer partícipe al otro de tu generosidad, pero cuando das amor, necesariamente capacitas a la persona amada para que pueda convertirse en amante. «El amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor.» (E. Fromm)
Mira y recuerda, tú que no entiendes ya tu vida si no es para amar: ¿quiénes te han amado primero, sin que tú lo merecieras? ¿Quiénes han ido moldeando tu mente, tus sentimientos, tu corazón, para que se convirtieran en hontanares de amor?
(Cáritas Española: Soy amado, luego existo – Adviento y Navidad 2007/2008)
Comentario:
Te envío la última entrega, de momento, de esta miniserie de "Búsqueda de interioridad". Cada vez estoy más convencido, a la vista de los signos de los tiempos, de que es necesario buscar un tiempo para pararse y entrar en nosotros mismos, para alcanzar, como dice el fragmento de hoy, una más profunda manera de vivir, frente a tanta dispersión que acaba por dejarnos vacíos.
Espero que te resulte interesante.
Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (5)
Lo que hay tras toda búsqueda de interioridad, la de hoy y la de siempre, es el anhelo de una más profunda manera de vivir. Por encima del reino de la necesidad sobrevuela el Reino del Ser y hacia él despegan las alas más nobles de cada generación. De lo que se trata es de ser cada vez más transparentes al Ser que nos da el ser.
Cada cultura y sociedad tiene sus facilidades y sus obstáculos. En otros tiempos, había que hacer frente a la carestía, a la enfermedad o a la guerra. Hoy, en Occidente, nuestros obstáculos son la dispersión, la sobreabundancia y el aislamiento.
Frente a la dispersión, la interioridad supone una unificación de nuestras personas que permite estar atentos al momento presente y entregarnos a él. Desde aquí, la extroversión no es un derramamiento, sin la expresión de lo que somos para incidir sobre nuestro entorno de un modo sereno y lúcido.
Ahora bien, es importante caer en la cuenta de que la búsqueda de la interioridad es inseparable de otros dos elementos que protegen la cualidad de un modo de estar en el mundo: la austeridad y la solidaridad. La austeridad aparece como un elemento indispensable que está presente en todas las tradiciones espirituales como una muralla de contención del deseo. Frente a la compulsión de lo que creemos que es una necesidad que nos hace perder la libertad y nos fuerza a ver el mundo y las personas como objetos de consumo, la austeridad permite devolverles rostro y respeto. Esto es lo que abre el horizonte de la solidaridad, de manera que en lugar de la indiferencia, se dé la porosidad hacia los demás seres humanos y criaturas del planeta.
De este modo, interioridad austeridad y solidaridad se descubren formando parte de una única constelación por donde nos vamos haciendo más humanos desde el Fondo de nosotros mismos hasta el Fondo de los demás, y de tanto Misterio que se abre por doquier cuando no andamos distraídos.
(Misión Joven, nº 369 – Octubre 2007)
Espero que te resulte interesante.
Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (5)
Lo que hay tras toda búsqueda de interioridad, la de hoy y la de siempre, es el anhelo de una más profunda manera de vivir. Por encima del reino de la necesidad sobrevuela el Reino del Ser y hacia él despegan las alas más nobles de cada generación. De lo que se trata es de ser cada vez más transparentes al Ser que nos da el ser.
Cada cultura y sociedad tiene sus facilidades y sus obstáculos. En otros tiempos, había que hacer frente a la carestía, a la enfermedad o a la guerra. Hoy, en Occidente, nuestros obstáculos son la dispersión, la sobreabundancia y el aislamiento.
Frente a la dispersión, la interioridad supone una unificación de nuestras personas que permite estar atentos al momento presente y entregarnos a él. Desde aquí, la extroversión no es un derramamiento, sin la expresión de lo que somos para incidir sobre nuestro entorno de un modo sereno y lúcido.
Ahora bien, es importante caer en la cuenta de que la búsqueda de la interioridad es inseparable de otros dos elementos que protegen la cualidad de un modo de estar en el mundo: la austeridad y la solidaridad. La austeridad aparece como un elemento indispensable que está presente en todas las tradiciones espirituales como una muralla de contención del deseo. Frente a la compulsión de lo que creemos que es una necesidad que nos hace perder la libertad y nos fuerza a ver el mundo y las personas como objetos de consumo, la austeridad permite devolverles rostro y respeto. Esto es lo que abre el horizonte de la solidaridad, de manera que en lugar de la indiferencia, se dé la porosidad hacia los demás seres humanos y criaturas del planeta.
De este modo, interioridad austeridad y solidaridad se descubren formando parte de una única constelación por donde nos vamos haciendo más humanos desde el Fondo de nosotros mismos hasta el Fondo de los demás, y de tanto Misterio que se abre por doquier cuando no andamos distraídos.
(Misión Joven, nº 369 – Octubre 2007)
Comentario:
Aquí te adjunto una nueva entrega de la "búsqueda de interioridad", algo bastante difícil con el ritmo que llevamos... por eso, aquí nos ofrecen ahora unas pistas para, aprovechando lo más rutinario y cotidiano, podamos darle un sentido más profundo.
Cada cual que utilice lo que mejor le sirva... pero es verdad que casi cualquier gesto podemos aprovecharlo para pasar de la exterioridad de gestos y relaciones a esa dimensión más profunda que nos hace realmente humanos.
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (4)
Cuando somos capaces de introducir en nuestro ritmo ordinario unos hábitos de interiorización, nuestra vida se transforma. Nuestras jornadas están más ritmadas de lo que parece por tiempos y espacios que las vertebran y nos vertebran. Se trata de que cada cual haga suyas esas ritualizaciones diarias, que es lo contrario de la mecanización. La diferencia está en que lo mecánico se realiza como un automatismo mediante una acción de la que nuestro ser está del todo alejado o indiferente, mientras que en el ritual, toda la persona queda unificada.
La atención al gesto permite que ese acto sea la expresión de uno mismo, lo cual significa que en una cultura en pleno movimiento como la nuestra, nos ejercitemos en unas acciones que surjan con conciencia integral y con reverencia hacia el objeto o personas sobre las que repercute nuestra actividad.
Así, por ejemplo...
la ducha de cada mañana puede hacerse con la intención de que no se aun mero acto de purificación corporal, sino integral;
limpiarse los dientes puede convertirse en un ritual par disponer mi boca para una palabra pura, que no maldiga sino que bendiga;
limpiarse los zapatos puede transformarse en expresión de que mi caminar sea sagrado;
abrir las puertas del coche al ir al trabajo o entrar en el vagón de metro puede convertirse en una oración por todos los que compartirán el mismo trayecto;
el comienzo de una clase o el sentarse en la mesa de la oficina, el momento de ponerse a comer, etc., todo ello es susceptible de adquirir una significación más profunda si tomamos consciencia de ello y la convertimos en ofrenda y ocasión de comunión con la Totalidad.
Las posibilidades son infinitas. Es cuestión de elegir alguna y mantenerse fiel a ella, de modo que su repetición se convierta en una conexión con la profundidad que emerge en ese momento y que permite conectar con una Presencia y un sentido que todo lo contiene, lo sostiene y lo suscita.
(Misión Joven, nº 369 – Octubre 2007)
Cada cual que utilice lo que mejor le sirva... pero es verdad que casi cualquier gesto podemos aprovecharlo para pasar de la exterioridad de gestos y relaciones a esa dimensión más profunda que nos hace realmente humanos.
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (4)
Cuando somos capaces de introducir en nuestro ritmo ordinario unos hábitos de interiorización, nuestra vida se transforma. Nuestras jornadas están más ritmadas de lo que parece por tiempos y espacios que las vertebran y nos vertebran. Se trata de que cada cual haga suyas esas ritualizaciones diarias, que es lo contrario de la mecanización. La diferencia está en que lo mecánico se realiza como un automatismo mediante una acción de la que nuestro ser está del todo alejado o indiferente, mientras que en el ritual, toda la persona queda unificada.
La atención al gesto permite que ese acto sea la expresión de uno mismo, lo cual significa que en una cultura en pleno movimiento como la nuestra, nos ejercitemos en unas acciones que surjan con conciencia integral y con reverencia hacia el objeto o personas sobre las que repercute nuestra actividad.
Así, por ejemplo...
la ducha de cada mañana puede hacerse con la intención de que no se aun mero acto de purificación corporal, sino integral;
limpiarse los dientes puede convertirse en un ritual par disponer mi boca para una palabra pura, que no maldiga sino que bendiga;
limpiarse los zapatos puede transformarse en expresión de que mi caminar sea sagrado;
abrir las puertas del coche al ir al trabajo o entrar en el vagón de metro puede convertirse en una oración por todos los que compartirán el mismo trayecto;
el comienzo de una clase o el sentarse en la mesa de la oficina, el momento de ponerse a comer, etc., todo ello es susceptible de adquirir una significación más profunda si tomamos consciencia de ello y la convertimos en ofrenda y ocasión de comunión con la Totalidad.
Las posibilidades son infinitas. Es cuestión de elegir alguna y mantenerse fiel a ella, de modo que su repetición se convierta en una conexión con la profundidad que emerge en ese momento y que permite conectar con una Presencia y un sentido que todo lo contiene, lo sostiene y lo suscita.
(Misión Joven, nº 369 – Octubre 2007)
Comentario:
Aquí te adjunto una nueva entrega de la "búsqueda de interioridad", algo bastante difícil con el ritmo que llevamos... por eso, aquí nos ofrecen ahora unas pistas para, aprovechando lo más rutinario y cotidiano, podamos darle un sentido más profundo.
Cada cual que utilice lo que mejor le sirva... pero es verdad que casi cualquier gesto podemos aprovecharlo para pasar de la exterioridad de gestos y relaciones a esa dimensión más profunda que nos hace realmente humanos.
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (4)
Cuando somos capaces de introducir en nuestro ritmo ordinario unos hábitos de interiorización, nuestra vida se transforma. Nuestras jornadas están más ritmadas de lo que parece por tiempos y espacios que las vertebran y nos vertebran. Se trata de que cada cual haga suyas esas ritualizaciones diarias, que es lo contrario de la mecanización. La diferencia está en que lo mecánico se realiza como un automatismo mediante una acción de la que nuestro ser está del todo alejado o indiferente, mientras que en el ritual, toda la persona queda unificada.
La atención al gesto permite que ese acto sea la expresión de uno mismo, lo cual significa que en una cultura en pleno movimiento como la nuestra, nos ejercitemos en unas acciones que surjan con conciencia integral y con reverencia hacia el objeto o personas sobre las que repercute nuestra actividad.
Así, por ejemplo...
la ducha de cada mañana puede hacerse con la intención de que no se aun mero acto de purificación corporal, sino integral;
limpiarse los dientes puede convertirse en un ritual par disponer mi boca para una palabra pura, que no maldiga sino que bendiga;
limpiarse los zapatos puede transformarse en expresión de que mi caminar sea sagrado;
abrir las puertas del coche al ir al trabajo o entrar en el vagón de metro puede convertirse en una oración por todos los que compartirán el mismo trayecto;
el comienzo de una clase o el sentarse en la mesa de la oficina, el momento de ponerse a comer, etc., todo ello es susceptible de adquirir una significación más profunda si tomamos consciencia de ello y la convertimos en ofrenda y ocasión de comunión con la Totalidad.
Las posibilidades son infinitas. Es cuestión de elegir alguna y mantenerse fiel a ella, de modo que su repetición se convierta en una conexión con la profundidad que emerge en ese momento y que permite conectar con una Presencia y un sentido que todo lo contiene, lo sostiene y lo suscita.
(Misión Joven, nº 369 – Octubre 2007)
Cada cual que utilice lo que mejor le sirva... pero es verdad que casi cualquier gesto podemos aprovecharlo para pasar de la exterioridad de gestos y relaciones a esa dimensión más profunda que nos hace realmente humanos.
Espero que te resulte interesante. Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (4)
Cuando somos capaces de introducir en nuestro ritmo ordinario unos hábitos de interiorización, nuestra vida se transforma. Nuestras jornadas están más ritmadas de lo que parece por tiempos y espacios que las vertebran y nos vertebran. Se trata de que cada cual haga suyas esas ritualizaciones diarias, que es lo contrario de la mecanización. La diferencia está en que lo mecánico se realiza como un automatismo mediante una acción de la que nuestro ser está del todo alejado o indiferente, mientras que en el ritual, toda la persona queda unificada.
La atención al gesto permite que ese acto sea la expresión de uno mismo, lo cual significa que en una cultura en pleno movimiento como la nuestra, nos ejercitemos en unas acciones que surjan con conciencia integral y con reverencia hacia el objeto o personas sobre las que repercute nuestra actividad.
Así, por ejemplo...
la ducha de cada mañana puede hacerse con la intención de que no se aun mero acto de purificación corporal, sino integral;
limpiarse los dientes puede convertirse en un ritual par disponer mi boca para una palabra pura, que no maldiga sino que bendiga;
limpiarse los zapatos puede transformarse en expresión de que mi caminar sea sagrado;
abrir las puertas del coche al ir al trabajo o entrar en el vagón de metro puede convertirse en una oración por todos los que compartirán el mismo trayecto;
el comienzo de una clase o el sentarse en la mesa de la oficina, el momento de ponerse a comer, etc., todo ello es susceptible de adquirir una significación más profunda si tomamos consciencia de ello y la convertimos en ofrenda y ocasión de comunión con la Totalidad.
Las posibilidades son infinitas. Es cuestión de elegir alguna y mantenerse fiel a ella, de modo que su repetición se convierta en una conexión con la profundidad que emerge en ese momento y que permite conectar con una Presencia y un sentido que todo lo contiene, lo sostiene y lo suscita.
(Misión Joven, nº 369 – Octubre 2007)
Comentario:
Aquí te envío una nueva entrega de estos extractos de artículos sobre la búsqueda de la interioridad. Buscar lugares y tiempos es lo básico y, a la vez, lo más difícil, por lo liados que vamos casi todos. ¿Quizá podríamos empezar a buscar ese "ratito" a la semana? A lo mejor encontramos alguno, y podemos aprovecharlo.
Pero eso es difícil. De ahí que haya que aprovechar lo "rutinario" y aparentemente vacío para llenarlo de sentido... En el correo de la semana próxima da algunas pistas para ello.
Espero que te resulte interesante.
Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (3)
Aunque las causas y motivos de esta búsqueda de interioridad son diversas y complejas, su fondo es uno: el ser humano tiene una sed constitutiva de trascendencia. Sin ella, nos mecanizamos o idiotizamos, condenándonos a llevar una existencia plana, atrapada en la inmediatez, la voracidad o la utilización. En un tiempo de anonimato y masificación, donde tendemos a contar sólo como números de carnets de identidad, sólo la interioridad –junto con la solidaridad- son capaces de abrir el verdadero horizonte de personalización.
Para cualquier actividad humana, es fundamental precisar y proteger sus tiempos y sus espacios. Lo mismo sucede con la práctica de la interioridad. Hay que conseguir delimitar momentos y lugares adecuados para que se pueda producir algo, para que se inicie algún itinerario. Antaño, el ritmo de la interioridad estaba protegido por el marco de la cristiandad: iglesias y conventos convocaban a la misa diaria o semanal, el toque del ángelus, el rosario familiar, etc. Esto ya no es así: el tiempo viene marcado por el calendario semanal que distingue entre los días de trabajo y los fines de semana, en los que se produce el éxodo hacia la naturaleza. Con todo, el paisaje urbano se va multiplicando de centros en los que la gente acude varias veces a la semana para avanzar en la práctica interior.
Es fundamental llegar a crear estos hábitos diarios de silenciamiento, así como propiciar lugares en nuestras parroquias, colegios o comunidades en los que exista un espacio sagrado que invite al recogimiento y que facilite esta entrada en la interioridad.
Ahora bien, tiempos y espacios no bastan. Todos sabemos que no es fácil alcanzar ese silencio que regenera. Los medios para llegar a esa interioridad regeneradora son múltiples. La dificultad no está en el qué, sino en el cómo llegar a ese punto.
Cuando somos capaces de introducir en nuestro ritmo ordinario unos hábitos de interiorización, nuestra vida se transforma. Nuestras jornadas están más ritmadas de lo que parece por tiempos y espacios que las vertebran y nos vertebran. Se trata de que cada cual haga suyas esas ritualizaciones diarias, que es lo contrario de la mecanización. La diferencia está en que lo mecánico se realiza como un automatismo mediante una acción de la que nuestro ser está del todo alejado o indiferente, mientras que en el ritual, toda la persona queda unificada.
(Misión Joven, nº 369 – Octubre 2007)
Pero eso es difícil. De ahí que haya que aprovechar lo "rutinario" y aparentemente vacío para llenarlo de sentido... En el correo de la semana próxima da algunas pistas para ello.
Espero que te resulte interesante.
Un fuerte abrazo.
JM - metropoli
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (3)
Aunque las causas y motivos de esta búsqueda de interioridad son diversas y complejas, su fondo es uno: el ser humano tiene una sed constitutiva de trascendencia. Sin ella, nos mecanizamos o idiotizamos, condenándonos a llevar una existencia plana, atrapada en la inmediatez, la voracidad o la utilización. En un tiempo de anonimato y masificación, donde tendemos a contar sólo como números de carnets de identidad, sólo la interioridad –junto con la solidaridad- son capaces de abrir el verdadero horizonte de personalización.
Para cualquier actividad humana, es fundamental precisar y proteger sus tiempos y sus espacios. Lo mismo sucede con la práctica de la interioridad. Hay que conseguir delimitar momentos y lugares adecuados para que se pueda producir algo, para que se inicie algún itinerario. Antaño, el ritmo de la interioridad estaba protegido por el marco de la cristiandad: iglesias y conventos convocaban a la misa diaria o semanal, el toque del ángelus, el rosario familiar, etc. Esto ya no es así: el tiempo viene marcado por el calendario semanal que distingue entre los días de trabajo y los fines de semana, en los que se produce el éxodo hacia la naturaleza. Con todo, el paisaje urbano se va multiplicando de centros en los que la gente acude varias veces a la semana para avanzar en la práctica interior.
Es fundamental llegar a crear estos hábitos diarios de silenciamiento, así como propiciar lugares en nuestras parroquias, colegios o comunidades en los que exista un espacio sagrado que invite al recogimiento y que facilite esta entrada en la interioridad.
Ahora bien, tiempos y espacios no bastan. Todos sabemos que no es fácil alcanzar ese silencio que regenera. Los medios para llegar a esa interioridad regeneradora son múltiples. La dificultad no está en el qué, sino en el cómo llegar a ese punto.
Cuando somos capaces de introducir en nuestro ritmo ordinario unos hábitos de interiorización, nuestra vida se transforma. Nuestras jornadas están más ritmadas de lo que parece por tiempos y espacios que las vertebran y nos vertebran. Se trata de que cada cual haga suyas esas ritualizaciones diarias, que es lo contrario de la mecanización. La diferencia está en que lo mecánico se realiza como un automatismo mediante una acción de la que nuestro ser está del todo alejado o indiferente, mientras que en el ritual, toda la persona queda unificada.
(Misión Joven, nº 369 – Octubre 2007)
Comentario:
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (2)
Aquí te envío la segunda entrega de esta miniserie sobre la búsqueda de la interioridad, con artículos extraídos del número de octubre de la revista Misión Joven.
Aunque todo lo que dice es para reflexionarlo, la cita de Unamuno no tiene desperdicio.
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (2)
Vivimos bajo la presión de un ritmo acelerado, cuando no frenético, en una sociedad que, por querer acumular cada vez más experiencias, conocimientos y objetos, provoca un angustiante desvivirnos, con un consiguiente desgaste energético y psicológico graves que cada vez acusa más gente.
La interioridad es buscada como una alternativa a ese bombardeo de actividad, información, imágenes, ruidos, posibilidades, etc., que nuestra cultura ha generado. La interioridad, en un primer momento, se anhela aunque sea sólo como un alivio, una detención, una ocasión de respiro entre tanto ruido, un área virgen frente a tanta saturación, un tiempo de desintoxicación frente a tanto bombardeo.
La búsqueda de la interioridad tiene mucho que ver con la reconversión del deseo. Frente al empacho de cosas provocado por nuestra incapacidad de contenernos, nos experimentamos atrapados por la inmediatez de la pulsión-satisfacción, lo cual nos está intoxicando y haciendo que vivamos en la superficialidad de relaciones, goces, placeres, informaciones, experiencias estéticas. etc., a costa de depredar el planeta y de mantener un orden internacional injusto.
Cada vez más gente percibe que desear más quita calidad al disfrute de lo que deseamos y que nos priva de la capacidad de solidaridad. Frente a la excitación del deseo, la interioridad se vislumbra como un camino de contención. Esta percepción convive con otros dos caminos: el compromiso ético y el ecológico. El adentramiento en la interioridad es una llamada a ir a la fuente del deseo en lugar de derramarse por sus agujeros. El origen del deseo está en el adentro de uno mismo y de las cosas. Como decía Unamuno: «Reconcéntrate para irradiar. Déjate llenar para que reboses luego, conservando el manantial. Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás, todo entero e indiviso».
(Misión Joven, nº 369 – Octubre 2007)
Aquí te envío la segunda entrega de esta miniserie sobre la búsqueda de la interioridad, con artículos extraídos del número de octubre de la revista Misión Joven.
Aunque todo lo que dice es para reflexionarlo, la cita de Unamuno no tiene desperdicio.
Espero que te guste, un fuerte abrazo.
JM - metropoli
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (2)
Vivimos bajo la presión de un ritmo acelerado, cuando no frenético, en una sociedad que, por querer acumular cada vez más experiencias, conocimientos y objetos, provoca un angustiante desvivirnos, con un consiguiente desgaste energético y psicológico graves que cada vez acusa más gente.
La interioridad es buscada como una alternativa a ese bombardeo de actividad, información, imágenes, ruidos, posibilidades, etc., que nuestra cultura ha generado. La interioridad, en un primer momento, se anhela aunque sea sólo como un alivio, una detención, una ocasión de respiro entre tanto ruido, un área virgen frente a tanta saturación, un tiempo de desintoxicación frente a tanto bombardeo.
La búsqueda de la interioridad tiene mucho que ver con la reconversión del deseo. Frente al empacho de cosas provocado por nuestra incapacidad de contenernos, nos experimentamos atrapados por la inmediatez de la pulsión-satisfacción, lo cual nos está intoxicando y haciendo que vivamos en la superficialidad de relaciones, goces, placeres, informaciones, experiencias estéticas. etc., a costa de depredar el planeta y de mantener un orden internacional injusto.
Cada vez más gente percibe que desear más quita calidad al disfrute de lo que deseamos y que nos priva de la capacidad de solidaridad. Frente a la excitación del deseo, la interioridad se vislumbra como un camino de contención. Esta percepción convive con otros dos caminos: el compromiso ético y el ecológico. El adentramiento en la interioridad es una llamada a ir a la fuente del deseo en lugar de derramarse por sus agujeros. El origen del deseo está en el adentro de uno mismo y de las cosas. Como decía Unamuno: «Reconcéntrate para irradiar. Déjate llenar para que reboses luego, conservando el manantial. Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás, todo entero e indiviso».
(Misión Joven, nº 369 – Octubre 2007)
Comentario:
Hoy inicio una miniserie con fragmentos de artículos en torno a la "búsqueda de interioridad". Están extraídos, como indico, del número de octubre de la revista Misión Joven, y la verdad es que me han parecido muy interesantes, porque abordan el tema desde ángulos muy variados. Y más que interesantes, necesarios.
Como siempre, espero que te gusten.
Un abrazo.
JM - metropoli
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (1)
Vivimos en una sociedad en la que las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden. Lo que importa es la velocidad, el vértigo, correr con todas las fuerzas sin detenerse, estar en continuo movimiento. No importa pararse para mirar hacia atrás, ni hacia delante, ni mucho menos hacia dentro.
Realmente, todo en nuestra cultura y en nuestra sociedad parece proyectado hacia el exterior. Y, sin embargo, es cierto también que, en medio de esta vida trepidante, germina una búsqueda de interioridad, de asumir el reto de la vida, de sentir y vivir la propia identidad, de emprender el camino de una realización que tenga en cuenta las aspiraciones y expectativas más profundas del propio ser, de centrarse en los valores y opciones fundamentales. Porque lo que significa e implica toda búsqueda de interioridad es siempre el anhelo de una manera más profunda de vivir.
Frente a la dispersión y fragmentación, la superficialidad y banalidad, el vacío y el sinsentido, la interioridad supone emprender el camino del ser, la
Como siempre, espero que te gusten.
Un abrazo.
JM - metropoli
BÚSQUEDA DE INTERIORIDAD (1)
Vivimos en una sociedad en la que las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden. Lo que importa es la velocidad, el vértigo, correr con todas las fuerzas sin detenerse, estar en continuo movimiento. No importa pararse para mirar hacia atrás, ni hacia delante, ni mucho menos hacia dentro.
Realmente, todo en nuestra cultura y en nuestra sociedad parece proyectado hacia el exterior. Y, sin embargo, es cierto también que, en medio de esta vida trepidante, germina una búsqueda de interioridad, de asumir el reto de la vida, de sentir y vivir la propia identidad, de emprender el camino de una realización que tenga en cuenta las aspiraciones y expectativas más profundas del propio ser, de centrarse en los valores y opciones fundamentales. Porque lo que significa e implica toda búsqueda de interioridad es siempre el anhelo de una manera más profunda de vivir.
Frente a la dispersión y fragmentación, la superficialidad y banalidad, el vacío y el sinsentido, la interioridad supone emprender el camino del ser, la