A SOLAS CON MI CUADERNO II
Diario de mi vida, opiniones, relatos, enlazando el pasado, presente y futuro.
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MI PRIMERA NOVELA - AVENTURA EN EL PASADO - Francisco Arsis ISBN: 84-96379-70-1 ------------------------------------ Una vida para amar, una vida para soñar. El tiempo es efímero, intenta disfrutarlo. Comparte, vive, ríe, sueña, llora, pero nunca te abandones... Mark... ________________________ *Nota del autor: Algunas fotos están sacadas de la propia red. Si el propietario desea que las retire de la web, lo haré de inmediato.


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SE ACERCAN FIESTAS...

He tenido un día de mucho trabajo (el viernes), aunque por otra parte la tranquilidad me ha estado invadiendo, tras una semana fulgurante.

Me alegro, porque cuando estoy así, todo funciona a la perfección, pero cuando estoy estresado mi carácter desvaría un poco, para consternación mía.



Me espera una semana más movida aún que la que pronto va a terminar. A mi ciudad llegan las fiestas, en la que apenas estoy involucrado (no me gustan, prefiero mil veces las fallas), si bien no por eso dejo de salir a la calle y contemplar el ambiente. Tengo algunas fotografías del año pasado, y las aprovecho para colocar ahora una.



Por cierto, aprovecho también para poner esta otra, del patio de mi casa, la cual hice un día de marzo en que nevó un poquito por aquí. Así os hacéis una idea de mi entorno...

Cierro la academia toda la semana, así que poco tiempo me quedará para acercarme por mi blog e ir actualizando, pero estoy seguro de que lograré encontrar el momento para hacerlo. Espero poder estar aquí todos los días.

Silent, este “fansing” te lo dedico a ti. Se me van agotando las ideassssss!!!!
Van cinco.


 
"HOY TE ESCRIBÍ UNA CARTA"...
Por Laura Doltz


5 de octubre de 1990

Querido amigo Mark:

¡No te imaginas cuánto me gustan tus cartas! Siempre hay en ellas alguna sorpresa o alguna historia “super-interesante”.

Esta misma mañana he ido caminando al pueblo y he tirado una carta al buzón. Era para ti. Y ahora recibo otra carta tuya. Me encanta pensar que sigues ahí. Por cierto, la carta que he recibido hoy es en la que me cuentas tu sueño y sin duda ahí hay mucho que decir.
Por ejemplo, todos los impedimentos con los que te encuentras para llegar hasta mí (el muro, las casas iguales, que no te dejan distinguir la auténtica, el perro, yo en la clínica) no es sino lo que nos ha pasado: nos conocemos ocho años por carta, pero... ¿cuántas veces hemos podido vernos?
Es decir, siempre había algo que no nos dejó vernos más a menudo, y ahora una razón de nuevo, que a tu mujer, Patricia, no le guste Valencia.



Y el hecho de que cuando por fin nos encontramos te despiertes es lo mismo... ¿cuánto tiempo hemos podido estar juntos cuando nos hemos visto?

Por otro lado, si hubieses tenido esos sueños antes de conocernos o de vernos por primera vez, hubiese sido una premonición, porque junto con lo que ya te he contado están dos cuestiones más: que yo me haya caído por las escaleras y que nos veamos finalmente y yo vaya en un coche, como cuando nos reconocimos hace ya unos años y tú estabas en el “Nuevo Centro” de Valencia. ¿Recuerdas? Me viste pasar con el Renault de mi padre, subiste al coche y estuvimos hablando unos minutos, apenas unos 500 mts, pero que alegría. Después tuviste que regresar a pie hasta el “Nuevo Centro” porque te esperaba el autobús para volver a tu casa.

¿No te parece curioso tu sueño? A mí me ha dejado fascinada totalmente. Cuánto me hubiera gustado que tú vivieras en Valencia y nos hubiésemos conocido y visto más a menudo.

Por eso me encantaría que fuese verdad que volveremos a vernos, aunque pasen los años y suceda lo que suceda, existan los impedimentos que existan.

¿Sabes que en estos momentos tengo tu cinta puesta? Me maravilla. Y déjame decirte de nuevo que tu hija es preciosa.

¡Ah! Gracias por el calendario. No podía ser mejor: el cartel de una película.



Mark, siento muchísimo tener tan poca memoria y no haber recordado tu cumpleaños. No te lo mereces, y por eso te pido que me perdones. Aunque ahora es un poco tarde, déjame “Desearte lo mejor hasta tu próximo cumpleaños del que espero no olvidarme... ¡¡¡FELICIDADES!!!”.
Espero que te guste la tarjeta de Snoopy, que, aunque no es precisamente una tarjeta de cumpleaños, creo que es muy adecuada para ti.

Por cierto, ¿cómo va lo de tu hermana Cris? Espero que si no está aún solucionado, decidáis lo mejor para todos. Ya me contarás, ¿vale? Para eso están los amigos, y ya sabes, si puedo ayudar...



¡Ah! No te lo había dicho... en la cinta de vídeo que me enviaste pusiste una de mis canciones favoritas. No sé como se llama él ni cómo se titula la canción... ¿Puede ser él un tal “Nick Kamen?
No sé, el caso es que este verano la he escuchado mucho y sólo sé que es preciosa. Por aquí dicen que es la canción de “las pijas”. Yo tengo igual si es verdad o no, a mí me gusta esa canción. Ahora mismo estoy viendo el “video-clip”.

¡Vaya! Acabo de darme cuenta de que al final de la actuación pone su nombre y el título. ¡Qué boba!
Ahora estoy escuchando una de “El último de la fila”, donde la letra dice algo de “Volverte a escribir”. Va con nosotros. En fin. Ya se acabó la música.

¡Ah! Pensaba que empezaría hoy las clases, pero me han dicho que hasta el día 10 nada. Así que tengo unos días libres que no me esperaba. ¡Que bien!

Sobre tus estudios “TE DESEO TODA LA SUERTE DEL MUNDO”. Tus exámenes se aproximan y me encantaría recibir una carta tuya en la que me cuentes que has estado celebrando todo el fin de semana tu aprobado. ¡Ojalá sea así!

Aunque, ¿sabes lo que pienso?... que tú sin duda llegarás lejos, porque te dedicas mucho a ello. No me refiero al tiempo, sino a tu dedicación por conseguir una seguridad en tu trabajo.



Oye, Mark ¿has visto el anuncio de “RED TAB LEVIS”? Es ese en el que un chico entra en moto en una oficina y le da unos vaqueros a una chica. Es mi anuncio favorito. Me gusta la “musiqueta” que han puesto y el montaje que han hecho. Y toda la escena. Aún no he conseguido grabármelo entero.

Noticia bomba: Este domingo actúan en “La Alameda” totalmente gratis “THE BEACH BOYS”. ¿Te das cuenta? No sé que hacer. Tengo que ir, no puedo perdérmelo, pero como siempre todo está en mi contra... vivo en las afueras de Valencia, no tengo coche, por la noche no hay trenes, no tengo con quién ir ni cómo volver... No sé cómo, pero tengo que arreglármelas para acudir al concierto. Necesito un golpe de suerte, y ya estamos a ¡¡Viernes!!



Desde luego, cuando termina el verano, parezco una monja de clausura. Viernes y tal vez no pueda salir. Esto no puede ser.

El sábado pasado me sucedió algo parecido pero tuve un golpe de suerte. Mi madre me dijo que cogiera el coche de mi padre (ella creía que iba a Líria), y me fui a Valencia con mis primos Juan y Silvia, y unas amigas de ella. El caso es que eso me impidió llegar tarde a casa, pues llegué a las 4:45, pero al menos salí. Odio conducir, y sola aún más, pues voy más insegura, y si no tengo a nadie aquí con quién ir a ver a los Beach Boys puedo morirme del disgusto. ¿Que hago? Voy a llamar a mi prima. Espera...

¡Ya! He hablado con mi tía, pues Silvia no estaba en casa. Con un poco de suerte salgo esta noche, pero imagínate si no... Ya veremos.

En fin, Mark, voy a despedirme por hoy.

Tu amiga que no te olvida
Laura


P.D. Dale un besito en la nariz a Isabel de mi parte. Hasta pronto.
 
DIARIO DE MI ADOLESCENCIA (MARZO-ABRIL 1983)
Antes que nada, muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios sobre el autodefinido. Me alegro de que os haya gustado. Los que queráis la foto os la puedo enviar, pero imagino que se puede guardar desde el blog.






DIARIO DE MI ADOLESCENCIA

27 de marzo 1983

Domingo por la noche. Ha sido un fin de semana intenso. Los dos días saliendo con Macarena y Alicia. Son dos de las chicas que conocí hace unas semanas. Me las encontré ayer sábado en la calle de nuevo, y me dijeron si podían ir conmigo a pasear un rato. Así que fuimos a tomar algo, aparte del paseo, y esta tarde hemos ido al cine. Bien, bien, no está nada mal. Como amigos no está nada mal, pero no me veo saliendo en serio con ninguna de las dos. De todas formas... Macarena es bien simpática y con una carilla muy dulce. No sé, no sé... De momento, así está muy bien. No quiero más desengaños, que me enamoro, y después me la dan con queso.


29 de marzo 1983

Acabo de recibir llamadas muy extrañas. Cuando cojo el teléfono no contesta nadie, y sin embargo, se oyen risitas...
Mi tía me ha dicho que ayer por la tarde, cuando no estaba, llamaron varias veces, y en una de esas llamadas preguntaron por mí:
-¿Está Mark?
-No, ahora no, ha salido. ¿Pero quién es? ¿Le digo algo cuando regrese?
-No, déjelo, déjelo.

Desconozco quiénes podrán ser, porque yo el teléfono... no se lo he dado a nadie, a menos que... pero no, Susana no puede ser, ya no. Carece de sentido. Sería una burla. Por otra parte... he conocido a mucha gente durante este mes, especialmente aquel día que conocí tantas chicas, pero... no les dí el teléfono y además, ¿para qué iban a llamarme?


30 de marzo 1983

Han terminado las clases. ¡Viva la Semana Santa! Esta misma mañana parto con mi tío Juan para Bunyol, un pueblecito de Valencia que se encuentra en la montaña. Pero no allí mismo, sino aún más lejos, unos cuantos kilómetros más allá, donde mi tío de Valencia (hermano de mi otro tío Juan) tiene una casita. Allí marca cerca de 1.000 metros sobre el nivel del mar. Ya de pequeño me llevaban mis padres, pero al cambiar nuestras vidas todo pasó a ser diferente, y al no llevarse bien mis tíos de Valencia (que habían acogido a mi hermana) con los tíos-abuelos que me habían acogido a mí, hasta hace dos años no había vuelto a tan bonito lugar.
Lo mejor es que estaré de nuevo con Cris, cuando apenas hace unos días que estuve con ella en Valencia. Si esto fuera así siempre...

Estoy pensando que quizás, mientras esté en Bunyol, Laura me escriba y no pueda leer su carta hasta que regrese. Pero bueno, lo más importante ahora es que voy a estar con mi hermana. A la vuelta ya veré que me encuentro...


Älbum de Suzi Quatro donde se incluye "HEART OF STONE" (CORAZÓN DE PIEDRA)

31 de marzo 1983

Es increíble estar aquí, rodeado de árboles, de naturaleza viva. No hay nada como esto, salvo claro está, la playa. Ayer por la noche hacía un poquillo de frío, pero se estaba tan bien observando las estrellas, escuchando el ruido de los grillos...
Mis primos son unas personas estupendas. Dos de ellos son gemelos, y si no los conociera bien, podría confundirles fácilmente. Se llaman Vicente y José. Menos mal que sé distinguirles. Después hay otro chico, Álex, con quien estuve de marcha en fallas, y tres chicas más. Un montón de primos. Álex es de mi edad, pero con los gemelos y las chicas me llevo igual de bien. La más pequeñita, Maria José, que solo tiene 3 años, es un encanto de niña. Y quiere estar conmigo a todas horas.
Todos juntos, los ocho, porque falta añadir a mi hermana Cris, parecemos los de “Verano Azul”, cada uno con una bici, pero cambiando la playa por la montaña. ¡Que chiquillería!

En la casita somos en total unos veintidós, contando los mayores. Menos mal que hay espacio para todos. No es grande, pero cabemos. En algunas habitaciones hay varias literas, así que todos tienen cama. Cuando viene más gente, hay otra casita cercana cuyo vecino es muy amigo de mi tío, y se la ceden para acoger a los visitantes. Da gusto montar esas comidas llenas de gente querida y con la que te sientes muy feliz. Espero que para el verano pueda volver y pasar más tiempo como Cris, que por cierto no cabe de gozo al estar conmigo. Al verme se puso a llorar de emocionada que estaba. Sé que cuando yo tenga que regresar con mis tíos-abuelos volverá a llorar y yo tendré que consolarla como pueda, porque no hay otro remedio.



1 de abril 1983

Mi hermana y yo nos hemos pasado gran parte de la mañana cantando varias de las canciones que se escuchan en la radio. Dos son las que más, una de Suzi Quatro (Corazón de piedra), y otra de Eddy Grant (I don' t wanna dance). Esta última ya la cantábamos en fallas, y nos traía recuerdos de esos días. Está radiante, feliz, y quisiera verla siempre así. No puedo soportar cuando está deprimida o me llama para decirme que no sabe que está haciendo en este mundo. Madre mía, si solo tiene 13 años.
-Mañana sábado te irás otra vez, y tendré que esperar ni se sabe el tiempo para volver a estar contigo. ¿Tu puedes asimilar eso? Yo no, y no me conformo, aunque no me quede más remedio -esto me lo dice con tanta tristeza que mitiga la felicidad de todos los momentos anteriores, en que lo pasamos riendo y jugando-.

Y me doy cuenta de que han pasado ya más de 7 años desde la muerte de mis padres, y nos sigue costando superar, a pesar de que no podemos quejarnos de nada, el haber tenido que vivir todos los hermanos separados. Al menos mi hermana, en gran parte.


2 de abril 1983

Esta tarde nos marchamos de Bunyol. Ya se acabó lo bueno. Pero quiero pensar en que el verano llegará pronto, y podremos disfrutar nuevamente de este entorno.
Ayer por la noche, estando con los gemelos, Vicente y José, sucedió algo increíble. Se habían acostado todos, y nosotros tres nos quedamos, como todas las noches, a jugar al póquer. De repente vimos algo muy extraño en el cielo, y tuvimos claro que no era un avión porque, aparte de que volaba muy rápido, era redondo y cambiaba de colores continuamente. Nos quedamos paralizados, y sólo cuando lo perdimos de vista nuestras miradas se cruzaron, con cara de asombro.
-¿Habéis visto? -decía José.
-¡Vaya que sí! -contesté yo-. Pero sabéis que os digo: Da igual lo que hayáis visto, mañana no os va a creer nadie, y además si insistimos lo único que conseguiremos es que se rían de nosotros, así que...
-Claro, tienes razón, mejor dejarlo -ahora era Vicente quien hablaba-. Mi padre, cada vez que le hablo de este tema, le sienta fatal. ¡Dedícate a estudiar y olvida esas burdas historias de ovnis!

Lo escribo en el diario, para que algún día pueda recordarlo, porque sé que después de hoy olvidaré lo que he visto, y ya no me quedaría ni siquiera la duda. Desconozco cuando repasaré de nuevo mi propio diario, pero si lo hago alguna vez, intentaré hacer memoria...

(El presente: ¡Que puedo decir! No estaba en mi memoria, y yo mismo me he quedado sorprendido con esto, pero... no sé, pudo ser cualquier cosa, ya no estoy seguro, y todo está tan borroso en mi mente... Siento dejaros con la duda. Lo único que puedo decir es que verse, se ven muchas cosas por la noche, pero atreverse a asegurar que todo lo extraño es un objeto volante no identificado...)
 
AUTODEFINIDO DE MIS WEBLOGS FAVORITOS
Tenéis que bajar un poco el blog para poder verlos. Es muy grande, y reducirlo le hubiese quitado definición.
Dedicado a todos vosotros. Espero que os guste.
;o)
 
ATRAPADOS ENTRE SUEÑOS (De mis relatos)

Un relato que escribí para la página web de una amiga. Tanto los personajes como el relato son ficticios.



ATRAPADOS ENTRE SUEÑOS

Hubiera querido no despertarme de aquél sueño. Era consciente de que, de volver a dormirme, no podría regresar al mismo lugar, allí donde la había vuelto a tener entre mis brazos, por segunda vez en mis sueños. Pero la recordaba tan nítidamente...

Era evidente que debía existir en la vida real. Me negaba a pensar ni por un solo instante que ella no formara parte de este mundo. No podía ser una invención de mi mente. Y, sin embargo, aunque tan real pareciese en mis sueños, no recordaba haberla visto jamás en mi vida.

Siempre que soñaba, ninguna persona cómplice conmigo en los brazos de “Morfeo”, salvo conocidos y familiares, disponía de personalidad propia, y mucho menos físico explícito. Eran seres casi inertes, totalmente inexpresivos.
Debía encontrarla, sin duda. Tarde o temprano se cruzaría en mi camino. No tenía prisa, pero me negaba siquiera a pensar en que nunca la vería fuera de mis sueños.

Seguramente soñaría con ella de nuevo. En las dos ocasiones, aunque violenta e inesperadamente terminara nuestro encuentro en el último instante, antes de despertarme, ella me había hecho saber de alguna manera que volvería a verla, que regresaría con ella en mis sueños.

Pero no bastaba. Ya no. Quería más, necesitaba más. Ahora, tumbado en la cama, con el libro de todas las noches en la mano, ese que nunca terminaba de leer, no cesaba de recordar el encuentro en mis ensoñaciones. Necesitaba recuperar ese momento en que ella estaba frente a mí, mirándome con inmensa ternura, como si no fuera a verme más. Después, juntos, abrazados, sabiendo que aquello iba a terminar de un momento a otro, de forma inesperada.

Los dos lo sabíamos. Claro que yo, podía entender que eso ocurriera, porque era consciente de que estaba soñando. Pero, ¿y ella? ¿cómo podía saberlo? ¿También ella estaba soñando y yo formaba parte de su sueño?

Y entonces, llegaba la pasión, desbordándonos por completo. Poco a poco, íbamos despojándonos de toda la ropa, quitándonosla mutuamente. Y con cada prenda, un nuevo abrazo, sintiéndonos cada vez más cerca, más uno dentro del otro.

Interminables caricias, suspiros entrecortados, miradas de mayúsculo deseo. Y, finalmente, una vez totalmente desnudos, nuestros dos cuerpos frotándose mutuamente, tocándose, y nuestras bocas fundiéndose con un infinito beso.

Después, una vez consumado el acto, el “summum”, pequeñas lágrimas saliendo de sus mejillas, las de ella, mientras yo las recogía con mis labios, absorbiéndolas, y susurrándole: ¡No llores, cariño! ¡No me marcharé, no desapareceré! Esta vez no...
-¿Volverás? ¡Prométeme que volverás! ¡Yo sé que lo harás! –me respondía ella entre lágrimas-.

Y en ese mismo instante, ¡zas! Regreso brusco a la realidad. No podía ser todo tan injusto. No por segunda vez ya...

Decidí levantarme, y como cada mañana, hacer un poco de “footing” antes de ir al trabajo. Podría pensar en ella, mientras hacía el recorrido habitual, así incluso me parecería menos aburrido.

Y entonces fue cuando la vi, de espaldas, mirando un escaparate. Incluso sin verla frontalmente sabía que era ella. No podía ser, no podía creerlo. Pero era ella, sin duda. ¿Me reconocería? Pero... ¿Cómo era posible? Nunca la había visto en la vida real, ni siquiera sabía si existía o si era producto de mi mente, y ahora estaba allí, tan cerca, pero tan lejos al mismo tiempo.

Me acerqué, y sin pensármelo dos veces, le di la vuelta. En aquel instante habría podido caer fulminado al suelo. ¡Dios mío, era más preciosa en la vida real que en mis sueños!
Y mirándome con su inigualable sonrisa, me dijo: ¡Hola, cariño, te estaba esperando!

-¿Me esperabas? –Dije, totalmente sorprendido-.
-Si, cada mañana, cada día de mi vida desde que te vi corriendo por primera vez por este mismo lugar. Siempre he estado aquí, en este escaparate, viéndote pasar, conformándome con eso, porque nada más podía hacer. Nunca supe como conocerte, ninguna excusa para poder hacerlo. No me atrevía. Y un día decidí que como fuera debía soñarte y robarte de tus sueños, para que estuvieses conmigo. Cada mañana tu me mirabas al pasar por aquí, por este mismo lugar, me mirabas, pero en realidad no me veías, porque nunca, a pesar de verme cientos de veces, me saludaste ni una sola vez.
Y ahora, por fin has reparado en mí, cariño. Me siento inmensamente feliz...


Así conocí a la mujer que hoy comparte mi vida. A veces, nunca vemos las cosas que hay a nuestro alrededor como realmente son, sino como las queremos ver. Y yo, hasta aquel momento, nunca había sabido ver con claridad como era la vida. Porque la vida es hermosa, hay que aprender a valorarla y vivirla intensamente, pero con respeto. Es el mejor regalo que Dios nos ha dado, y lo primero que debemos aprender es saber ver su lado positivo, ese que muchas veces nunca nos damos cuenta de que existe, y que no solo forma parte de nuestros sueños...
 
"LOS BARRILES" DE SANTA POLA

Ya estoy de vuelta. Un viaje completo. Hacía tiempo que no estaba en Santa Pola, y espero ir más veces. Un poquillo de escape no me ha venido nada mal, después de una vida tan agitada que llevo ahora, aunque no se note ni se refleje en el blog.

Algunas fotos he logrado hacer, porque como siempre, las pilas se agotan pronto. Tendré que revisar el cargador, esto no funciona. Me han faltado las fotos de “Los Barriles”, y es una lástima, porque por dentro está genialmente adornado. Un buen muchacho el dueño del bar (me pareció que era el dueño, no se lo pregunté), con quien estuve hablando unos minutos. Le dije que hablaría del bar en mi blog, porque había disfrutado comiendo y el ambiente era genial. Y como se lo “curran” estos chicos.

Las fotos.



Vista de Santa Pola desde el camping “Bahía Blanca”. Alrededor de las 10 de la mañana.



Mi hija observando el entorno del camping. Los vecinos, gente muy amable. La mayoría extranjeros. Se nos acercó un matrimonio inglés, y me quedé cortado a pesar de conocer un poco el idioma. Siempre me pasa lo mismo. Hice lo que pude. Comentaron que habían estado en las fiestas de Alcoy el pasado viernes (San Jorge). La mujer, levantando los brazos como si disparara a las gaviotas que sobrevuelan el entorno, decía: Tomorrow “Pum, pum”, en referencia al día de las embajadas en Alcoy de hoy domingo. Muy majetes.



En el mercadillo, sobre las 11,30. Me caen fenomenal estos peruanos. Estaban totales con su indumentaria india. La música se podía escuchar por todo el mercadillo, muy gigante, por cierto. Merecían la foto.



Una camiseta que compré. Se me ocurrió fotografiarla para que la vierais.



Cerca del mercado están las pistas municipales de tenis. Quería jugar, pero no había tiempo. Me cogieron de las orejas...



Pintadas en las paredes. Siempre me han llamado la atención. Una vez hicimos en el colegio un trabajo sobre ellas. Teníamos que reproducir en fichas blancas todas aquellas pintadas que nos resultaran impactantes. Disfruté mucho con aquél ejercicio, que me premiaron con un nueve con cinco. Ahí está Arispiq, fan de los fansing (valga la redundancia). Le dedico la foto, como suelo hacer en los últimos post. Y van cuatro.



La barca me pareció digna de ser fotografiada. Símbolo de la soledad... parece allí tan aislada de todo... como me siento muchas veces.



Una pareja disfrutando “Playa lisa”, en la que estuvimos. Había poca gente, desde luego. Contados.




Mi hija observando el inmenso mar... Se bañó al final, pero no pude fotografiarla dentro del agua. Me falló la máquina.



Lugares donde nos acercamos a tomar algo: “El francés” del Rebolledo, por la mañana. Cafetito largo. En los Arenales del Sol, a media tarde, otro cafetito en el “Tavira” (ya ves, Anjana, que sí conozco Los Arenales, ya que trabajé en el hospital de Elche hace unos 15 años, y solía acudir allí a la vez que a Santa Pola).
Comimos y cenamos en el camping a costa del “Ricopollo”. No había tiempo para ponerse a cocinar. De todas formas, estábamos hasta los topes con la comida al mediodía de “Los barriles”. Este comentario lo reservo para el final, porque fue muy agradable la visita allí. Ya estuve algunas veces, pero esta ha sido la más especial.
Me sorprendió comprobar que el dueño estaba al tanto de los blogs (la verdad, no sé por qué si los blogs están ya al cabo del día). Le dije que hablaría de mi visita a su bar, y me dijo que esperaba ver mi blog. También, al parecer, tiene él su blog, que espero pueda leer si me deja su dirección.
Fantástico lugar, “Los Barriles”. Sirven muy rápido. Unos cinco o seis chicos se mueven como peces en el agua para atender a todos los clientes. Muy profesionales. La comida para qué contar. Nos sirvieron una fuente de pescadilla y salmonetes que quita el hipo. Otra con seis sepias (una para cada uno de los que estábamos en la mesa), eso sí, medianitas, que si no a ver quien puede con todo. También unos calamares a la romana gigantescos... en fin, que junto a la cervecita me quedé como un “pachá”.

Lo más curioso, y ya para terminar, fue el tintineo de las campanitas y el “gong” de los becerros que había en el bar. Os explico. El bar está, en la barra, llena de campanas y becerros de distintos tamaños. Parece ser que a cada propina del cliente, los camareros hacen sonar una campana o un becerro, y según la calidad de la propina, lo hacen con la más grande o la más pequeña. Y anda que no suena. Muy original. Mi cuñado (pagó él), me falló, porque no puso propina... En fin...

Hasta mañana, y gracias a todos por vuestras visitas. ;o)






 
A SANTA POLA VOY...

7:20 de la mañana. Dentro de media hora salgo para Santa Pola. Por fin, después de varias semanas, visita al mar, a la playa. Espero que el día sea como promete. Bañarme no creo, porque el agua no debe estar para bromas.
Me gustaría hacer fotos, aunque sea un par de ellas. A la vuelta, si al final cae alguna, la cuelgo aquí, ¿vale?

¿Habéis estado en Santa Pola? Hay zonas que no están muy bien cuidadas, pero por lo demás no deja de ser otra bonita playa levantina más. Y la ciudad muy acogedora, eso sí.



La foto se la dedico a Anjana, uno de los primeros blogs que leí. Me gustaría seguir haciendo fotos con referencias a los blogs que leo, a ver si me sale la inspiración... Esta foto se la hice al espejo del armario.

¡Y ahora, “deprisita”, que me esperan para marcharmeeeee!!!!

 
"HOY TE ESCRIBÍ UNA CARTA"...
Por Laura Doltz


03 de octubre de 1990

Mi querido amigo Mark:

Nunca dejarás de sorprenderme, y eso me encanta.
Mira, para empezar tengo que decirte que tienes una hija preciosa. Esto quiere decir que he recibido la cinta de vídeo y no te puedes imaginar la cara de sorpresa y alegría cuando recibí el paquete y vi tu nombre en él. ¡Una cinta de video! No hay un amigo como tú.

Esa cinta de vídeo es tan especial como tú, sólo hay que fijarse en las grabaciones: Isabel, entrega de tu copa como campeón de fútbol-sala, fiestas típicas de tu ciudad, Infinity (Guru Josh), Black-Box y El último de la fila. Sorprendente y maravilloso.



Quiero contarte con detalle mi sorpresa al ver la cinta que, por cierto, la he visto varias veces y seguiré haciéndolo hasta que me canse, cosa que dudo mucho. Lo que no especificas es si quieres que te la mande de nuevo o es un regalo-sorpresa. Sea lo que sea, quiero decir, si quieres que te la devuelva, debes saber que no es ningún problema, pues el simple hecho de tenerla aquí un tiempo me hace sentirme más cerca de ti y de conocerte mejor... a ti, a los tuyos y un poco de tu vida.

Dime, ¿es un original o has hecho mezclas para que la copia haya salido así de perfecta? ¡Es increíble! Eres ideal.

A mi madre le encantó tu hija Isabel. De momento somos las únicas que hemos visto el vídeo y es que mi madre te conoce desde siempre, porque aunque no te ha visto nunca en persona, yo siempre le hablo de ti. A mí me gusta que mi madre lo sepa todo o casi todo de mi, y hablarle de ti era lógico. Eres, sin duda, mi mejor amigo.

Y eso me hace pensar que a ti te lo puedo contar todo. Y por ello te lo agradezco y no me siento sola en ningún momento. No quisiera perder jamás tu amistad.

Tengo que contarte una novedad que aún no sé si para mí es buena o mala: Nardo y yo lo hemos dejado.

Sinceramente, Mark, creo que no encontraré a alguien que me quiera con locura como cuando tenía 16 años y la vida era prácticamente perfecta.

Como te dije, yo, en mi casa, rompo con todas las reglas. Probablemente, si algún día me caso tendré cerca de 30 años. No sé si eso me gusta o no. Por un lado me gusta mi independencia pero por otro me encantaría tener hijos. Mi vida probablemente ya está escrita, pero yo no tengo ni vestigio de lo que será, y eso, en ocasiones, es lo que me hace sentirme sola.

No he sido exactamente yo quien lo ha dejado con Nardo, aunque como adulta, le he dado facilidades para que lo hiciera él con toda franqueza, sin omitir detalles que, después de todo, tuve que decirlos yo, ya que parece ser que yo sabía lo que estaba pensando Nardo mucho antes de que él intentara decir algo.

Para variar, quedamos como amigos y le prometí que seguiría escribiéndole. Pero ya ves, Mark... vuelvo a estar sola. Ese es mi sino, siempre rodeada de gente y en el fondo sola. Al menos sé que ese no es tu caso. Tú tienes una mujer y una hija. A veces me pregunto si yo algún día me casaré y tendré hijos...

Mark, estás en peligro de transformarte en mi consejero o algo así. Como “Elena Francis” pero en chico. Probablemente sea así como me conozcas mejor. ¿Te imaginas? Si hubieras sido psiquiatra tendría sesiones gratis por correo, ¡ja!



Por cierto, el adhesivo de “J’hayber” que me has enviado me ha hecho recordar nuestras viejas cartas en las que nos enviábamos de todo, y eso me ha gustado. Significa que nuestra amistad sigue siendo como siempre, si no más fuerte.

¡Ah! Sí que era mi hermana Sara aquella que viste en mi tienda la primera vez que viniste a verme, hace ya casi 8 años.

Hablando de mi tienda... ¿sabes que mis padres la han traspasado? Eso significa que habrá que apretarse los cinturones porque ni Mara ni yo trabajamos.

Oye... menudo equipo de fútbol-sala el tuyo. Y no hay que decir que eres un buen portero, porque lo demuestras muy bien. Sigue así, no te dejes ganar.

Mark, sobre tu hermana Cristina... yo creo que no tendrías ningún problema si te la llevaras a vivir contigo, aunque si lo haces deberías intentar que se interese por la vida, sus cosas... tan simple como los estudios, trabajo, amigos, familia... Es muy fuerte que alguien, un ser tan querido como una hermana (yo procuro llevarme lo mejor posible con las mías), se sienta tan mal como para no darle un sentido a su vida y decida que la vida no es soportable.

Mark, si puedo hacer algo por ti o por tu hermana, no dudes en decírmelo. No sé, lo que quieras... háblale de mí, pregúntale si le gustaría conocerme o cualquier historia. Verás, no sé si llevo bien mi vida –creo que sí- pero de lo que estoy segura es que yo soy muy buena consejera.

Dime una cosa, ¿tiene tu hermana Cris amigos? Quiero decir, ¿hay alguien en quien confíe lo suficiente como para darse cuenta de que no está sola? Sí, sé que están tus tíos y que deben quererla mucho, pero... está claro que le faltas tú y tus otros hermanos mayores. De momento os habéis casado todos, mientras que ella sigue siendo la pequeña, aunque ya tenga 20 años.

¿Os habéis planteado que tu hermana ha vivido un poco separada de vosotros y ahora siente que de algún modo la habéis dejado de lado? (aunque no sea ese el caso).

El problema de tu hermana probablemente haya sido crecer si ti. No es culpa de nadie, pero ella probablemente necesite hablar con una psicóloga para saber de dónde vienen sus reacciones, ya que un Centro Especial podría no ser buena para ella si cree que de ese modo en vez de preocuparos os desentendéis de ella. Piénsalo, Mark, te lo dice tu amiga que te aprecia de corazón.

Mañana empiezo las clases, Mark. En la próxima carta te contaré que tal me va.
Recuerda: eres mi mejor amigo.
No te olvida, tu amiga
Laura



 
Y EL TIEMPO SIGUE SU CURSO...



Ya casi hace un mes que tengo mi blog. Se me han ocurrido estas fotos mientras leía los blogs de euRia e Ideas. Son varios los blogs que leo, y todas las fotos no las puedo poner, ¿eh?
Intento reflejar lo cotidiano de mi vida, y es que en este momento, y espero que durante mucho tiempo, paso gran parte del día leyendo un montón de blogs, a cada cual más interesante. Gracias a todos por estar ahí...


Mark66  Jueves, 21 Abril 2005 18:32  Enlace Permanente  Comentarios (7)
 
DIARIO DE MI ADOLESCENCIA (MARZO 1983)


23 de marzo 1983

Parece mentira. Haber visto a Susana y ni siquiera dirigirme la palabra. Al menos podía haberme preguntado por mi hermana Cris, digo yo. No quería volver a mencionarla en mi diario, pero no puedo evitarlo. Es una página pasada para mí, pero como es vecina de barrio y sus padres son amigos de mis tíos... siempre está de alguna forma presente. De todas formas, noto que ya me la he sacado de la mente, porque hasta su amiga Rosa me resulta más atractiva...
Acabo de lanzar al buzón la carta para Laura. En ella le cuento algunos detalles sobre mi visita a Valencia y a mi encuentro con ella. También le comento que sentí no haberla encontrado al día siguiente, al llamarle por teléfono.



24 de marzo 1983

Cris me ha llamado. Necesitaba escuchar mi voz después de estar tantos días juntos. Y es que no estamos acostumbrados. Si yo pudiese, viviría en Valencia, si estuviese en mi mano. Pero no es así, mis tíos-abuelos no soportarían perderme, aunque ellos debieran comprender. También mi hermana me necesita. Esto es como estar entre la espada y la pared. Si al menos fuera a la Universidad, elegiría Valencia, sin duda alguna, y entonces...

25 de marzo 1983

Discusión terrible con mis tíos-abuelos. Solo pretendo que me comprendan. ¿Por qué tenemos que sufrir mi hermana y yo, el que ellos estén enfadados con mi familia de Valencia? Es que no acabo de entender. Me supera. A veces mi tío-abuelo me desespera. Cuando murió mi padre y nos quedamos solos, no faltaron familias para recogernos. Aunque nadie nos podía tener a los cuatro juntos, eso era obvio. Los mayores ya eran muy adultos, y mi abuela paterna pudo hacerse cargo. Pero los dos más pequeños, ¿con quién?
Yo apenas recuerdo nada, pero sé que hubo enfrentamientos. Mis tíos de Valencia querían tenernos a los dos más pequeños, pero mi abuela paterna, a pesar de todo, se empeñaba en criarnos a los cuatro juntos. El juez en esto fue implacable: -Usted no tiene suficiente solvencia para mantenerlos a todos-. Y mi tía-abuela, que había tenido ocasión de tenernos a mí y a Cris desde la muerte de mi madre, quería que siguiéramos con ella. ¿Usted quien es? -preguntó el juez-. ¿Yo? La tía-abuela de los niños. -¡Ah! Pues usted aquí no cuenta nada, sólo la familia más directa –respondió el letrado.
Mis tíos de Valencia lograron nuestra custodia, y mi tía-abuela terminó desmayándose, tras pasarse todo el día llorando amargamente. A pesar de llevarse mal desde hacía años, por malentendidos que tuvieron en su día, el hermano de mi madre pensó que quizá era mejor que yo quedara con mi tía-abuela, y Cris, en cambio, con ellos. Y así, quedó toda la familia partida en pedazos. No tuvo nadie la culpa, no fue hecho a mala conciencia, pero quizá hubiera sido mejor que mi hermana y yo no nos hubiésemos separado. Fue muy duro entonces y lo sigue siendo ahora.
Tardé mucho tiempo en asimilarlo, y me pasaba los días y las noches enteras pensando en Cris, al saber que ella estaría sin duda llorando por no estar a mi lado. Los mayores eran eso, mayores, aunque yo los veía todos los fines de semana, y no notaba tanta ausencia de hermanos. Pero Cris... pobrecita mía. Sin padres, sin hermanos... con tan solo cuatro años. De la noche a la mañana, sola, completamente sola.

26 de marzo 1983

¡Ahí va! Sábado y carta de Laura. Eso sí que es raro. El cartero haciéndome horas extras. Bienvenido sea.
Mi tío-abuelo está más que harto de verme con el clarinete. ¿Y el violín qué? –me dice. ¡Ya, ya voy! Al final pareceré el hombre orquesta. Me está cargando ya tanto instrumento. Y no tendré la oportunidad de elegir. Mi tío intentará por todos los medios que fracase con el clarinete.



¡Hola, super Mark!
¡Ah! Eso de: ¡Hola, pequeña! ¿Qué quiere decir, grandullón? Ya sé que soy baja, pero no exageres, ¿eh?
Hasta ahora yo no he tardado tanto en volver a casa por la noche, como tú hiciste en fallas. Los otros días sí tardé (no sé si te lo dije), pero dos veces a la semana... -¡bueno, una!- no es malo...
No sé si llamaste a casa algún día, pero no me dijeron nada ni estuve cuando llamaste. Seguramente no habría nadie en casa. Puede que estuviera en la tienda, pero si era fin de semana ya sabes que estaría en mi segunda casa, en las afueras de Valencia.

¿Sabes? Ya casi no dan entradas gratis de la discoteca a la que acudo. Pero sigo pensando que lograré colarme finalmente, y mi hermana Mara también.

Ahora mismo son las 16,30 y dentro de poco me iré a trabajar, así que tendré que dejar de escribirte. Casi estamos en abril, y pronto voy a cumplir 15 años, Mark. ¡Quince abriles como quince soles!

Por cierto, ya decía yo que mi madre vio por aquí una foto mía de carnet. ¿Es esa la que te gustaría tener? Por ahora no sé ni donde está, pero cuando hable con mi madre se lo preguntaré. Ahora no está. En la próxima carta recuérdamelo, ¿vale?

Yo también antes me coleccionaba fotos, y entre ellas también de Brooke Shields, como tú. Gracias por el adhesivo que iba en la carta.



¿Los discos que más escucho ahora? El vinilo, de Betty Troupe; La noche no es para mí, de Vídeo; Chica de ningún lugar, de B.Movie; Embrujada, de Tino Casal; No Controles, de Olé-Olé; Sonrisa incierta, de The The; Hymn, de Ultravox...

Ya me despido, Mark. Me esperan en la tienda. Chao, cuídate, ¿vale?
 
A TI, NOELYA... (De mis relatos)



Escribí este relato tras escuchar una vez la famosa canción de "Nino Bravo". Me senté junto a mi cuaderno, y este fue el resultado. Los personajes son inventados, no reales. Se trata de una carta imaginaria...


A TI, NOELYA


Son las diez de la mañana. En la soledad de mi cuarto, escuchando esa música que me embarga, y que no hace sino regalarme tu recuerdo, me siento transportado hacia esos momentos en que tu y yo vivimos tan intensamente, cuando ambos parecíamos uno solo en realidad.

Tú, que fuiste mía pero que un día desapareciste inevitablemente, Noelya.
Y ahora, aunque la tristeza me invade al escuchar el sonido del piano con sus ensalzadas y agradables notas, que parecen sacadas del mismísimo corazón, puedo sentir que de alguna forma tú estás de nuevo junto a mi, sintiéndote palpitar, notando tus caricias y tus besos, los únicos que me hacían sentir el dueño de la vida.

Si derramar mis lágrimas lograran evitar la tristeza que siento, todo sería tan sencillo... Pero no lo es, y cada momento, cada recuerdo revivido, es una punzada en el centro de mi corazón, porque no llega hasta mi en toda su esencia. Y mi dolor entonces acrecienta, en vez de disiparse.

Has sido tan importante en mi vida, que no puedo comprender como te dejé marchar. Tu pensaste que no te quería lo suficiente. No solía tener contigo excesivas muestras de cariño, pero te amaba con locura, Noelya. Si hubiera podido hacerte entender cuánto significabas para mí... Pero quizá no supe, y ahora ya es tarde. Ahora, que tantas cosas te diría, amor mío, ahora que sin duda mis palabras derretirían todo tu ser, no estás a mi lado para que pudieras sentir todo lo que llevo dentro, y que sin duda forma parte de ti.
Convertiría los sonidos de mi boca en palabras tan bellas que no harían sino sonrojarte sin remedio. Y ya no desearías otra cosa que estar conmigo...

Recorrimos tantos lugares juntos, había tanta belleza en esos paisajes que ambos compartimos, y ese cielo plagado de miles de estrellas que observábamos tumbados en aquella pradera, mientras tus besos erizaban mi cuello, haciendo estremecer todo mi cuerpo...

Te apoderaste de mi alma, Noelya, y eso ya no tiene remedio. Ya nada podrá ser igual en mi vida. Jamás podré amar a nadie en la vida como te amo a ti, a pesar de que nunca podrás saberlo. Ningún rastro dejaste al marchar, y yo no fui lo suficientemente capaz como para pedirte alguna reseña tuya, con la que poder reencontrarte. Y ahora ya es tarde... Tan pequeño parece el mundo, pero tan inmenso a la vez, que sería imposible dar contigo.

¿Dónde estás, Noelya? Si tan solo Dios pudiera darme una señal. Por pequeña que fuese, estoy seguro de que daría contigo... Y entonces te haría comprender tantas cosas, el inmenso amor que siento por ti, porque tu eres mi vida misma, el motor que impulsa mi corazón. Porque cuando veo a un cisne nadar sobre el lago azul, aquél por el que a veces recorríamos en barca, en realidad te veo a ti; porque cuando a través de la ventana de mi habitación veo una gota de lluvia caer lentamente por el cristal, siento que eres tu, que llegas hasta mí; porque todo lo que brota de estas palabras escritas, nace de ti, de esa gran semilla que un día depositaste en mi corazón.

En todas partes puedo verte, en la tierna sonrisa de un niño, en las flores que asoman en primavera, en las hojas que caen de los árboles en otoño, despacio, como si cayeran desde el mismísimo cielo.

Lanzaré esta carta al mar, encerrada en una botella. Quizá algún día la encuentres, quien sabe. Quizá el profundo amor que siento, obre un milagro y llegue finalmente hasta tus manos, y entonces, entonces podamos empezar de nuevo.

Noelya, vida mía...
 
EL CORTADO DE TODAS LAS MAÑANAS...


¡Buenos días a todos/as!

Acabo de tomar el “cortado” de todas las mañanas, y ya me encuentro al pie del cañón. Ahora mismo empiezo mi primera clase. Los miércoles estoy en la academia por las mañanas (doy clases de ofimática).
La foto es de la barra donde todas las mañanas acudo, normalmente alrededor de las 7 ó 7,15 a tomar mi especial “cortado”.



Esta otra foto que os dejo recoge mis primeros diarios y las cartas que, posteriormente, voy incluyendo en el blog. La libreta azul corresponde al primer diario, del ya lejano 1983.

¡Vaya! Ya tengo aquí a mi primer alumno. Llegó antes de tiempo...



 
"HOY TE ESCRIBÍ UNA CARTA"...
Por Laura Doltz


26 de septiembre de 1990

¡Mi querido y sorprendente amigo Mark!

Y digo sorprendente, porque no dejas de sorprenderme. Sabía que tu amistad no iba a perderla, pero no me imaginaba que te reengancharías a escribirme cartas como lo has hecho esta vez, cosa que me alegra no imaginas cuánto.

Sin duda no importa si me toca o no me toca escribir a mí porque esta vez no se trata de “tu turno” o “mi turno”. Sí. Esta vez sé que es diferente. Sé que nos escribimos porque somos amigos y nos gusta contarnos cosas. Y eso es todo. Por eso me gusta esta “nueva” relación de amigos, en la que el turno no es importante.

Tengo que repetirte que me encanta cuando me cuentas cosas sobre tu hija. Tu niñita es super curiosa y muy vivaracha, ¡eh! Me la imagino y me encanta...

¿Sabes? En estos momentos el reloj marca casi las dos de la madrugada, y es que últimamente siempre me acuesto tarde porque el día se me hace largo y las noches se me hacen más ligeras. Y aunque no salga por ahí, prefiero mil veces las noches. Hace menos calor, la casa está más silenciosa y el vídeo es todo mío.

Luego, cuando me voy a dormir, cojo el libro que me regaló Nardo –ya sabes, el que viste que leía cuando fuiste a verme el otro día, titulado “El médico” de Noah Gordon-.
Leo hasta que el reloj me hace recordar que mañana, como muy tarde, he de levantarme a las once. Sé que para ti las once de la mañana es tarde, pero para mí que no tengo nada que hacer... imagínate.

¿Te he contado algo sobre la boda de mi hermana? Pues sí, mi hermana Sara se casa en octubre y no te imaginas las ganas que tenemos todos de que eso ocurra. Yo, por mi parte tengo mucha ilusión, porque por primera vez en mi vida me voy a poner un traje de fiesta de los que hacen que –en mi caso- parezca una princesa. Sí, una princesa. Sé que suena raro dicho por cualquiera pero es que, cuando me lo probé en la tienda, me quedé alucinada frente al espejo. No podía reconocerme.

En fin, lo que sí te contaré con muchas ganas será la boda de mi hermana. ¡No! Tranquilo, no me enrollaré hasta aburrirte, esa no será mi intención. Pero tengo que contarte todo aquello que me entusiasme...

¿Sabes, Mark? Con todos los amigos y conocidos que tengo, en ocasiones me siento sola, y todo por culpa de la nostalgia. Si, nostalgia del chico que te hablé: Nardo. Como tú bien sabes, él vive en Italia y yo apenas sé de él en muchos días. A veces me llama por teléfono, pero la espera se me hace tan larga... Quizás me siento así porque todas mis hermanas y mis amigas tienen novio, están casadas o pronto se van a casar. Pero bueno, esta libertad de la que yo gozo no es tan mala, ¿no? Ya me expondrás tu opinión. ¿Vale?

Tengo que despedirme ya, Mark. Te deseo todo lo mejor.

Tu amiga
Laura

 
DIARIO DE MI ADOLESCENCIA (MARZO 1983)


16 de marzo 1983

He llamado insistentemente a Laura por teléfono, pero no he logrado que nadie me contestara en su casa. Es una pena, porque estoy casi seguro que de haberla encontrado, al menos habríamos charlado otro rato o bien dar algún paseo.
¡Que bonitas son las fallas! Ya siendo muy pequeño me llevaban a verlas. Y, como ahora, vivía el ambiente fallero desde bien cerca. Recuerdo entrar en el casal que hay en nuestra calle, es decir, la de los parientes donde residimos cuando estamos en Valencia, infinidad de veces junto con mis dos vecinos valencianos, David y Julia. Mi vecina se ha vestido de fallera alguna vez, al igual que mi hermana Cris. Y es que cuando se visten de falleras, están tan guapas...


17 de marzo 1983

Acabo de enterarme del resultado de los premios de fallas. La nuestra ha quedado en cuarto lugar de su sección. La verdad es que esperaban ganar, porque habían apostado muy alto. Los falleros y el vecindario dicen que el año que viene, o ganan, o la montan.
Hoy había paella en el casal, y un amigo de Julia nos ha invitado a los cuatro, es decir, a ella, su hermano David, a Cris y a mí. ¡Cómo he disfrutado! Y es que, donde esté una buena paella valenciana, que se quite todo lo demás.
Laura tampoco estaba en su casa hoy. En fin, no importa. Cuando regrese a casa, le escribiré de nuevo, y le diré que estuve llamándola. Tal vez la próxima vez que venga la vea más tiempo.



18 de marzo 1983

He pasado un susto de muerte. Y aún no puedo asimilar lo sucedido. A eso se le llama tener un ángel de la guarda. David ha venido a buscarme alrededor de las 8 de la tarde. Al principio me ha tenido intrigado, porque sus palabras han sido: Sígueme pero no preguntes. Y resulta que íbamos a la caza de una de las chicas de los clubs de alterne que pululan por aquí. ¡Que bestias!
Éramos unos ocho chicos. Y todos subiendo y bajando escaleras como locos, casa por casa, buscando a la susodicha. Pero yo no me enteraba, solo oía campanadas, eso sí. Y he terminado más cansado que una burra. Por supuesto, de la chavala, ni rastro. Total, no sé para que la querían encontrar. ¿Qué iban a hacer, violarla o que? Cuando yo digo que son la leche...
Y al llegar la noche, han hecho un pequeño castillo de fuegos artificiales, el de la “Nit del foc” de la comisión, antes de la “cremá” de la falla, que es mañana. Los cuatro, David, Julia, Cris y yo, nos hemos colocado tan cerca, que los restos de los cohetes silbaban por nuestras orejas. Ha llegado un momento en que me ha dado la sensación de que podía sucederme algo, y he optado por apartarme a un lado, debajo del balcón que tenía más cercano. Y justo al instante de hacerlo, una de las cañas, aún ardiendo, ha caído justo en el lugar que yo estaba, además a velocidad supersónica. De haberme quedado allí, solo dios sabe que podría haber ocurrido. Mi cara se ha puesto lívida al ver aquello. ¿Intuición? ¿Providencia?



20 de marzo 1983

Las fallas se han quemado ya. No queda ni rastro en las calles, tan solo restos de ceniza aún no recogida. Nuestra falla ardía alrededor de las 12 de la noche. Como siempre, al principio puedes estar cerca de la falla, pues el calor que desprende aún no es elevado, pero conforme el fuego devora a los “ninots”, se va haciendo insoportable estar tan cerca, y tienes que ir alejándote poco a poco, hasta que cuando ya se está consumiendo del todo, puedes ir acercándote más y más de nuevo. Al llegar los bomberos, dos o tres chavales han comenzado a provocarlos, y éstos han terminado regando a todo el que pillaban. He podido escabullirme a tiempo, pero aún así, algo si me han mojado.
La despedida ha sido triste. Mi hermana no quería soltarse de mi abrazo. Hemos disfrutado mucho, visto infinidad de fallas por las calles de Valencia, por los barrios, el Carmen, el Cabanyal, el Grao, Arrancapins... Todo lo recorríamos, cogiendo el autobús cuando algún barrio estaba muy lejos. Nos hemos hinchado a “bunyols”, en fin... para no olvidar. En una de las fallas, cerca del Barrio de San José, casi nos meamos de la risa que nos daba. La falla era una enorme paella, y encima un cocinero, o algo parecido... Cris no ha podido evitar llorar otra vez. -Mark, no te vayas, por favor, quédate conmigo, me decía-. Que más quisiera yo, hermanita. Si por mí fuera, yo me quedaba de “todas todas”. Y al final siempre es lo mismo. Incluso en Valencia cada uno tiene que estar en una casa distinta. Sólo porque nuestras familias están enfrentadas. Nunca podré comprender eso. ¿No tuvimos bastante con perder a nuestros padres? Yo quiero entenderles... pero, ¿y ellos, por qué no nos comprenden a nosotros?
 
PULSERAS SOLIDARIAS




He visto en uno de los dominicales este pequeño artículo sobre las ya famosas “Postales Solidarias”. Desde luego, como podéis ver, aún no la tengo, pero en cuanto tenga la que yo deseo, espero lucirla.

Pregunté en la “Asociación contra el cáncer”, y me ha sorprendido comprobar que muchos no saben nada al respecto. En estos momentos, de las existentes, si tuviera que quedarme con una lo haría con una de las amarillas, es decir, la de “Lance Armstrong”, quien la bautizó como “Livestrong”, pero sólo precisamente por su lucha contra el cáncer, no porque sea la pulsera de silicona más buscada.

Por lo visto, como en todo, ya existe el fraude, y muchos “listorros” se han apuntado a la falsificación y venta fraudulenta. Al final, siempre gana el negocio. Desde luego, tengo muy claro que yo la adquiriré directamente de una asociación y organización dedicada a una buena causa, humanitaria o cualquiera que su emblema sea la solidaridad. No quiero tenerla por tenerla, si no por defender, aunque humildemente sea, la causa.

Si ahora mismo me preguntaran cual desearía tener, aunque no exista, al margen de la creada por la lucha contra el cáncer, me quedaría con una cuyos fondos recaudados se destinaran a la defensa de los discapacitados psíquicos. Tengo dos primos hermanos mayores que yo, que recientemente se quedaron sin sus padres, de los cuáles yo soy ahora su tutor, aunque no vivan conmigo, salvo algún fin de semana aislado. Mi tío hizo posible que en la ciudad donde viven se edificara una enorme residencia destinada a acoger a las personas con esta discapacidad y que desgraciadamente hubieran perdido a sus padres. Ellos son felices allí, no les falta de nada, tienen su propia casa, su libertad de alguna forma, y cuando quieren, saben que pueden estar con nosotros.

Pero son muchas provincias y ciudades españolas en las que aún estas personas carecen de la atención que merecen. Al menos, no se hace lo suficiente por ellos.

Y ahora la pregunta es: ¿Y tú? ¿Cuál pulsera solidaria crearías, por qué, o de las que hay, cuál llevarías?


 
TÉ DE JAZMIN



¡Que domingo más aburrido! Casi diría lento, pesado. El sábado aguanté bien en el hospital, pero ayer no sabía ya ni como ponerme en la silla. Mis riñones me están pasando factura.

Esta vez no comimos en McDonald’s. ¡Menos mal! En cambio fuimos a un pequeño restaurante que han reformado, y que ahora tiene un aspecto magnífico. Hay un buffet libre, así que no veáis como me puse. Y todo buenísimo. Incluso paella había.

Al fondo estaba el comedor, pero a la entrada hay una estupenda cafetería, donde puedes tomar infinidad de infusiones. Fijaros cuántos tipos de té. Lástima que la foto no saliese demasiado bien y no se vean casi las letras. Hubiera tomado el té de jazmín, flor que siempre me recuerda mis vacaciones infantiles en “Piles” o “Gandía”. Allí todas las casitas y chalets tienen la flor del jazmín en sus jardines... Y me inunda de una paz...

 
ENTRE HOSPITALES Y McDONALDS..


Nuevamente de visita en el “Hospital”. Mi suegra sigue estable. Este fin de semana no le hacen pruebas, así que hasta mediados de semana no sabremos a ciencia cierta su estado de salud.

Llevo ya cuatro días viajando continuamente, realizando unos 200 kms., ya que el hospital se encuentra algo lejos de donde vivimos.

Aprovechamos para ir al supermercado de la ciudad, Carrefour. Me hice esta foto mientras subía por la escalera mecánica. Comimos en el McDonalds. No es que me guste especialmente ese tipo de comida, pero a mi mujer le encanta. Eso sí, apenas se podía estar allí de tanta gente metida.



Compré una funda nueva para mi cámara. No me viene mal, porque hace poco se me cayó al suelo y me temí lo peor. Afortunadamente, funciona correctamente, como podéis observar.

¡Que disfrutéis todos de este domingo! Yo procuraré hacerlo en el hospital como pueda, pero, por favor, ¡que mi mujer no me lleve otra vez hoy al Mc Donalds!





 
"HOY TE ESCRIBÍ UNA CARTA"...
Por Laura Doltz

24 de septiembre 1990

¡Hola, Mark! ¿Qué tal, músico-futbolista?

Antes que nada, quiero decirte que esta misma mañana he recibido tu carta. Por supuesto ha sido una grata sorpresa, porque no esperaba carta tuya tan pronto.
Por lo que he podido comprobar al leerla, ni siquiera esperaste a recibir la mía. Pero eso ha sido un detalle por tu parte. Me ha alegrado mucho.

El caso es que esta misma mañana he ido al pueblo a comprar sellos de 45 ptas. –ya sabes, para escribir a Nardo, el chico con el que salgo que, como ya te dije, está en Italia –y creía que tenía sellos de 20 ptas. en casa y no he comprado. Al regresar del pueblo he visto tu carta en el buzón y he ido a ver cuántos sellos me quedaban. ¡Y ya no tenía ni uno!
Pero eso tiene fácil solución: mañana compro sellos y seguidamente te envío la carta.

¿Sabes? Últimamente me acuesto tarde y, cómo no, me levanto tarde. Son ya casi las 2.
Creía que al empezar el curso volvería a madrugar, pero me ha salido el tiro por la culata. Voy a tener turno de tarde y saldré a las 9 ó 9,30 de la noche. Ya veremos cómo me las arreglo para levantarme temprano y aprovechar las mañanas.

Estoy frente al televisor, y en estos momentos están reponiendo en Tele-5 “Los Ángeles de Charlie”. El caso es que iba a ver medio capítulo de “Amazonas” que tenía grabado de esta mañana, pero como he visto que esa serie acababa de empezar, la he dejado puesta.

Las moraduras que me aparecieron por la caída que tuve cuando viniste, no se quieren ir de mis piernas. El color de los hematomas ya no es tan escandaloso, pero ha quedado un pequeño bulto hinchado y duro. Espero que algún día desaparezca. Al menos de la barbilla estoy totalmente recuperada.

Ahora, cuando bajo por las escaleras, lo hago con más cuidado. Aunque si te cuento qué he hecho hoy... Me he subido al tejado del porche de la barbacoa por una escalera que no es ni siquiera escalera, es una verja colocada verticalmente. No, no me he caído, pero me he pegado un susto de muerte, porque cuando he ido a bajar, la escalera se ha movido.

¿Qué por qué he subido? Me ha dado el punto de estar allí arriba, sola, y contemplar la luna. ¡Ah! Mientras estaba allí arriba, mi hermana Sara ha pasado por debajo, y yo le he dicho sin que me viera: “Que grande es tu sombra”. Se ha llevado un susto increíble. Cuando ha oído mi voz –que no ha reconocido- y no ha visto a nadie, se ha dicho: “Es una alucinación”. Algo parecido a lo que te pasó a ti con la cinta de inglés y los radioaficionados. Y es que estar escuchando en un cassette una cinta grabada en inglés, y de repente aparecer en la misma cinta la voz de un español de Cádiz -¿Quillo, que pasa por ahí, eh, que pasa?- puede parecer gracioso, pero a la vez ponerte los pelos de punta.

Por cierto, la historia me ha encantado. Se lo he contado a mi hermana Mara y también ha alucinado, porque lo de que fueran unos radioaficionados no lo he dicho hasta minutos más tarde.

Bueno, voy a despedirme por hoy. Hace mucho calor y es algo tarde. Gracias por seguir siendo Mark, mi amigo.

Tu gran amiga
Laura

 
MORIR Y RENACER...


Mi padre parecía por fin esbozar una ligera sonrisa, después de algunos meses tristes, lúgubres, en que nada tenía sentido. Su vida, la nuestra también, había recibido un durísimo golpe tras la muerte de mi madre.

Pero teníamos que reordenar nuestras vidas, situarlas de nuevo en este tren en marcha que, cada vez que realiza alguna parada, muchos son los que se bajan, aunque también, y con dicha, otros tantos o más los que se suben.

Yo iba a tomar la primera comunión, y mi padre se sentía orgulloso de mí, porque incluso me habían elegido para ofrecer la lectura del “Santo Evangelio según San Mateo”.

-Tu madre esperaba este momento con verdadera ilusión –me decía mientras transitábamos por el viaducto, camino de la iglesia –. Deja que te mire bien –continuaba hablando al tiempo que se alejaba unos pasos para verme caminar con mi flamante traje blanco.

Cuando terminé de leer el Santo Evangelio durante la misa, y levanté la mirada desde el púlpito, mi primera visión no fue otra que la de mi padre, cuyas lágrimas descendían por sus mejillas, sin duda producidas por una mezcla de emoción y tristeza. Emoción por comprobar que yo estaba creciendo y tristeza al no poder compartir aquel bello instante con mi madre.

Transcurrieron algunos meses más, y un día, mi padre llegaría a casa con la noticia de que había encontrado una nueva madre para nosotros. Por supuesto, jamás nadie ocuparía el lugar que yo tenía guardado en mi corazón para mi madre. Sin embargo, tener una madre como los demás niños... eso era importante para mí.

Esperé con gran expectación el día que mi padre había elegido para presentarnos a la que sería nuestra nueva madre. Nos había reunido a todos, sus cuatro hijos, en el comedor de nuestra nueva casa.

Era una mujer rubia, muy linda, con una grácil sonrisa permanentemente dibujada en su rostro, mientras observaba atentamente nuestras caras. Yo sonreía también, me sentía casi un poquito feliz por esta nueva etapa que se nos avecinaba.

Apenas recuerdo cuales fueron sus palabras, pero sí su mirada llena de ternura. Y aquella fue la primera y la última vez que la vi. Dos semanas después de su visita, mi padre esperaría su respuesta, una llamada, una carta. Isabel, que así se llamaba nuestra futura madre, debía decidir si se casaba o no con él, si iba a formar parte de nuestras vidas en un camino juntos hacia el futuro.

Faltaba poco para la medianoche, y el teléfono de la abuela, casa donde mi padre esperaba su respuesta, comenzó a sonar cuando ya había perdido toda esperanza. Unas horas antes, mi padre, al llegar a casa de la abuela, le había preguntado:
-Madre, ¿sabe usted algo? ¿Llegó carta esta mañana? –decía mi padre con tono algo compungido, deseando no recibir una respuesta negativa.
-No, hijo mío. ¿Estás seguro de que es eso lo que deseas?
-Si, madre. Es lo mejor para todos, especialmente para los niños. Usted lo sabe bien.
-Claro, claro hijo –decía la abuela, al tiempo que apoyaba sus manos en los hombros de su primogénito, mientras éste estaba sentado en la silla, mirando fijamente el teléfono.

Sin embargo, las noticias no iban a ser buenas. Al descolgar el teléfono, pudo escuchar la voz de Isabel, titubeante, llorosa.
-Lo siento, Roberto, no puedo afrontar esto. Es demasiado para mí. Perdóname, perdóname, Roberto. Yo te quiero, créeme, pero... tu necesitas algo más, y yo me siento tan insignificante... Te mereces lo mejor, y tus hijos también... No me siento capaz, mi vida. Espero que algún día puedas comprenderme...

No le dio tiempo a contestar. Isabel cortó la llamada sin más. No con mala fe, sino por sentirse incapaz de escuchar su voz... -¿por qué, por qué, Isabel? –diría mi padre a la nada...

Ya no habría otro amanecer para mi padre. Pero no fue aquella negativa de su amada la causa de su muerte, aunque sí el dolor que sintió en lo más profundo de su corazón. Decidió valorar, comprender... Mañana será otro día, Roberto, no desfallezcas.

Quiso cenar. A mi abuela le habían traído un jamón de jabugo, de esos que tanto le gustaban a su hijo. Comer le haría llenar el vacío que sentía en aquel angustioso momento.

Mi padre había dejado de cuidarse en este aspecto. Padecía del estómago, y mi madre, en vida, lo cuidaba constantemente, a base de purés, arroz, verduras. Todo cambió al quedarse solo, y comer y beber le hacía olvidar... sin comprender que se estaba matando poco a poco.

Y aquella misma noche, su magullado cuerpo no pudo más, estallando por dentro, deteniendo así su vida para siempre...


Al día siguiente, vinieron a buscarme al colegio. Yo no sabía nada, absolutamente nada. En el aula apareció mi tío-abuelo, diciéndome: -Vamos hijo, ven a casa-.

Por el camino temí lo peor, comprendí. Ya había pasado una vez. –Tío, mi padre ha muerto, ¿verdad? Es por eso que vienes a recogerme, ¿no es así?
Y la respuesta fue el grito del silencio.

Pero aún mi inocencia, la propia de mi edad, seguía triunfante, y cuando vi a mi padre allí, acostado en la cama, le dije a mi tío: -¿Puede oírnos? -. Y pellizcándome dulcemente mi mejilla, me respondió: -¡Pues claro que no! ¿No ves? Está dormido. Seguro que en estos momentos sueña contigo.

Y yo, me acerqué a su oreja, y tocándola con mis dedos, notando su rigidez, su helor, le susurré al oído: -¡Papá, tienes que despertarte, estamos todos aquí, esperándote...

Esa misma tarde fue el entierro, y al salir de la iglesia, nos pusieron en fila a mis hermanos y a mí, mientras infinidad de personas pasaban por delante nuestro, abrazándonos y dándonos el pésame.

Y entonces, al ver a mi amigo Juan, sentir su abrazo, con aquella triste expresión reflejada en su cara por segunda vez en mi vida... entonces comprendí todo. Jamás volvería a ver a mis padres, nunca más. Se habían ido los dos para siempre, y me había quedado solo, completamente solo... Estallé en sollozos, y jamás, jamás en la vida he vuelto a llorar como aquél día.


Aún no había transcurrido un mes, mis tíos-abuelos, que estaban pensando en adoptarme, me llevaron a Valencia y pasar allí el verano. Era importante olvidar un poco, aunque eso fuese más que imposible.

Iban a llevarme a “Almusafes”, y allí comer una paella, como las que hacía mi padre cuando venía a visitarnos toda nuestra familia valenciana. Justo la tarde anterior fuimos a visitar a la familia que nos había invitado, unos amigos de mi padre que vivían en un bloque de pisos de una zona céntrica de Valencia.

Yo seguía igual, sin ganas de nada, sin poder esbozar ni una sonrisa a nadie. ¿Para qué? Decidí salirme al rellano de la escalera. Quería estar solo, yo y mis pensamientos. Y de repente apareció una niñita de unos 6 ó 7 años que bajaba desde los pisos de arriba. Al verme se detuvo, justo en la puerta de enfrente de donde yo estaba. Miraba mi cara, seria, cabizbaja. Y al levantar la vista hacia ella vi que comenzaba a esbozar una delicada sonrisa, cercana, afable, pero a la vez tímida. Y ella arrancaría mi primera sonrisa desde el día de la muerte de mi padre. Sentí que quería hablarle, decirle: ¡Hola! ¿Quién eres? Pero llegué tarde. Al instante su madre la llamaría, desde uno o dos pisos más abajo: ¡Nena! ¿Estás ahí? Baja ya, que tu padre acaba de llegar... Y siguió descendiendo, con lo cual nunca más volvería a verla.

Al entrar de nuevo en la casa, no pude evitar preguntarle a mi tío:
-Tío ¿las niñas de Valencia son todas guapas?...
 
EL ANILLO DE MI VIDA...



Mi suegra se encuentra mejor, aunque sigue en el hospital. Estuve ayer tarde en su compañía, y esta mañana regresé para ver como evoluciona su mejora.
Es la primera vez que me hago una foto así. ¡Quien me iba a decir que aquella cámara que compré hace un año, me resulte ahora incluso más útil que entonces.
El anillo lo llevo conmigo desde que mi tío-abuelo me lo cediera en su día. Desde que tengo uso de conocimiento ha formado parte de mi vida, al principio desde fuera, luego desde dentro.

Por otra parte, creo que finalmente me siento más cómodo en este blog que el anterior. En este momento para nada me acuerdo ya del antiguo, que no me hacía más que la puñeta, al no funcionar nunca...

Gracias a Anika, Arispiq, Ideas, Amaltea, euRia, Silenthades, Fifi y Anjana por vuestros comentarios en este mi reciente inicio, de corazón.
 
YO... COPITO DE NIEVE


Escribí este relato no mucho tiempo después de la muerte de copito de nieve. Siempre me impresionó esta maravilla de la naturaleza. Para él, mi recuerdo de nuevo...


YO, COPITO DE NIEVE
(Mi homenaje al gorila más famoso del mundo)

Hoy sé que voy a morir. Ellos creen que yo no sé nada, que ni siquiera puedo ser capaz de pensar. Pero estoy cansado, muy cansado. En eso, no se equivocan. Mi momento final ha llegado. Sé que tengo una enfermedad incurable, producto de mi albinismo, ese que tanto ha apasionado a los humanos.

Estos humanos no han dejado de suministrarme innumerables medicinas, incluso algo que ellos llaman antidepresivos. Todo para intentar paliar los efectos de esta enfermedad que cada vez me costaba llevar más y más. Pero ahora por fin descansaré, porque ellos han comprendido que es lo mejor, lo más lógico y viable para mí.

Lo único que más echaré de menos son esos niños que tanto me quieren. ¡He visto y conocido tantos! Algunos, ya adultos, incluso volvían, después de muchos años. Y ellos pensaban que yo no los reconocería. Pero, sí, claro que me acuerdo de todos. Tengo mucha memoria, aunque nadie pueda darse cuenta de ese detalle.

Estas últimas semanas ha venido mucha gente a verme. Yo no deseaba ver a nadie ya, pero comprendo que la mayoría de los humanos necesitaba satisfacer su curiosidad, y al fin y al cabo, a mí no me disgusta del todo. Lo mejor, indudablemente, los niños.

Muchos llevaban consigo un dibujo que parecía un vivo retrato mío, algunos con más acierto que otros, pero sin duda realizados con especial cariño. Un niño incluso me entregó el suyo, con su manita agitándola al viento, y yo no dudé un instante en recogerlo. Quizá pensaban que iba a arrugarlo, pero no, nada de eso. Me dispuse a contemplarlo e intentar rasgar el dibujo con uno de mis dedos. Al final opté por besar el dibujo, como si de un congénere se tratara. El niño dibujó una amplia sonrisa, y fijo me quedé observándolo, con mirada triste. Si, era consciente de que el niño me apreciaba, y probablemente ni sabría que no volvería a verme más...

Llegué al Zoo hace ahora 37 largos años, desde los bosques de la actual Guinea Ecuatorial, que por entonces era conocida como Guinea española. Probablemente, de no ser capturado, habría sido imposible vivir feliz en la selva, pues seguramente mi grupo de gorilas nunca me habría aceptado entre ellos, por culpa de mi debilidad genética.

Gracias a Jordi, que me compró cuando fui capturado por un campesino de la selva del “kno”, pude salvar la vida. De no ser por él, habría muerto aquel mismo día. El campesino, Benito, mató a toda mi familia, incluso a mi madre, a la que yo me aferré todo lo que pude, a pesar de saber que estaba muerta. Tenía un miedo horrible, pero nada comparado con el dolor que sentía ante la muerte de mi madre. Benito estaba furioso, porque nosotros destrozábamos sus plantaciones, repletas de deliciosos plátanos, y de paso, las de café, aunque esas no nos interesaran demasiado. Pero nada más que por jugar, era más que suficiente para querer retozarse entre ellas.

Benito se quedó impresionado conmigo, como lo hicieran tantos y tantos humanos, y decidió no acabar con mi vida. Era un hombre inteligente, a pesar de todo, y supo que el hombre blanco pagaría muy bien por mí. Y así fue cuando llegué a las manos de mi adorable Jordi.

A jordi le encantaba estudiar la fauna guineana, y por entonces era director de un centro de experimentación zoológica, a la vez dependiente del Zoo de Barcelona, mi morada de siempre. En el Zoo de Barcelona no me querían al principio; a Jordi incluso lo tomaban a chufla. Pensaban que yo no interesaría a nadie, incluso que tal vez yo era producto de la imaginación de Jordi. Sin embargo, el no desistió en su empeño, pues sabía perfectamente de la cabezonería española. No eran capaces de ver nada más allá de sus narices hasta que alguien fuera de sus fronteras les abriese los ojos. Los españoles, al ver mi foto en la portada de una prestigiosa revista, empezaron a tomarme en serio, y así, las puertas del zoo fueron abiertas para mí indefinidamente, hasta el día de hoy.

Cuando Jordi me llevó al zoo yo ya tenía aproximadamente unos 3 años de vida. Antes de llegar allí me llamaban “Nfumu-Ngui”, que en el idioma de los españoles quiere decir “Gorila blanco”. Y entonces llegaron los ingleses y me bautizaron como “Snow flake”, es decir, “Copito de nieve”.

Tuve veintidós hijos y siete nietos. Muchísimas gorilas hembra compartieron parte de mi vida, principalmente para la procreación. Sin embargo, ninguno de mis descendientes ha sido blanco, ha poseído la piel rosada ni los ojos de color azul claro, como yo.

Lo mejor que he tenido en el “zoo” ha sido la comida, sobre todo la leche y los yogures desnatados. Siempre han sido mi delicia, y también las cosquillas y caricias de mis cuidadores. Eran lo único bueno durante el día, aparte de las visitas de los niños, a los que siempre tenía más deferencia que con los adultos.

Pero ha llegado el final, y yo sé que la gente me recordará siempre, porque han sido 37 años compartiendo mucho. No me ha importado compartir mi vida en el Zoo con la gente. Podría haber sido libre; sin embargo, quizá no hubiese vivido tanto, ni por supuesto haber vivido tan a cuerpo de rey como lo he hecho.

Sé que enterraran mis cenizas en el propio zoo de Barcelona, y que la gente seguirá afluyendo con sus visitas, aunque solo sea para contemplar el lugar donde descanso, pero tampoco quiero que me echen demasiado de menos, aunque sé que eso no será posible. La gente debe comprender que yo fui feliz, y eso es lo que verdaderamente importa.

Solo me queda decir: Gracias Jordi, mi mayor suerte fue que te cruzaras en mi camino, o que yo me cruzara en el tuyo. Sé lo que he significado para ti siempre, pero nunca podrás comprender tu mismo cuánto significaste para mi. Si existe un más allá, puedes estar seguro de que en mi alma siempre viajará, especialmente, mi recuerdo hacia ti.

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´”COPITO DE NIEVE” fallecería el 24 de noviembre de 2003 a causa de un cáncer de piel, en el Zoológico de Barcelona. Sus cenizas fueron enterradas en el propio Zoo, como el resto de los animales allí fallecidos. Antes de su muerte, se recibieron en el Zoo más de 4.000 dibujos realizados por los niños que acudieron a verle antes de que se cerraran las visitas al gorila más famoso del mundo, donde fueron expuestos en el propio zoológico durante más de 15 días.

 
"HOY TE ESCRIBÍ UNA CARTA"...
Por Laura Doltz


18 de septiembre de 1990

Querido amigo Mark:

No sabes la alegría que me dio verte de nuevo. Sin duda era algo que realmente no esperaba. Ya sabes: ocho años = dos visitas. Esta tercera era la inesperada, pero también la que más me gustó. Fue una visita llena de sorpresas.

Menos mal que caíste en la cuenta de que no me habías dado la dirección del hospital, y me la has enviado por carta, porque si no (ya sabes que en mi casa me riñen si llamo por teléfono), nos hubiéramos perdido la pista de nuevo, y eso no es lo que yo quería.
Me alegro muchísimo de que nuestra amistad se mantenga, y me encantaría que nunca se rompiese este lazo.

Por cierto, no te imaginas las moraduras que me salieron en las piernas de la caída que tuve por las escaleras, mientras esperaba tu llegada. Pero ya apenas duele. Es más, la mandíbula no me duele en absoluto (el ejercicio de masticar la comida me ayudó a ello).

¿Has visto por fin “LA JUNGLA DE CRISTAL II”? Yo también vi la primera, que es buenísima, y me gustaría ver la segunda parte. Bruce Willis es excepcional. Un buen actor. Coincido contigo.







¡Ah! Me tienes que decir cuál es la canción del “Último de la Fila” que te recuerda a mí. Me gustaría escucharla. Si me dices el título, buscaré el disco y lo compraré.

¿Sabes, Mark? Yo también creo que quizá nos hayamos conocido en otra vida o algo así, porque estuve contigo como si te conociera de siempre. No sabes lo que me alegró que tuvieras una niña. Ya tienes descendencia, ¡eh!

Ayer me llamó por teléfono el chico con el que salgo, Nardo. Ya te dije que vivía en Italia. Y eso de momento, porque, si no recuerdo mal, también te conté que le quedan unos cuantos años de vivir en Suiza para ir a la Universidad. ¡Así que imagínate que él fuera el hombre de mi vida! Si quisiera tener hijos, para cuando él vuelva a España yo ya tendré 26 años.

No sabes la alegría que sentí al escuchar su voz por teléfono. Le hablé de ti, aunque lo hice más extenso por carta. Desde luego, si un día resulta que tu vieja amiga Laura tiene novio oficial y se casa, hará lo posible por que os conozcáis. ¿Te parece? A mí me gustaría. Y tampoco estaría mal conocer a Patricia. Pero sobre todo a tu hija Isabel.

Me ha encantado eso de que al salir de la guardería tu hija sale corriendo para abrazarte. Eso significa que te quiere mucho, y no es para menos.

Voy a tener que informarme sobre “BLACK BOX”, porque mi hermana Mara se entera más de los grupos de ahora que yo. Por regla general, yo no conozco ni nombres de grupos ni de canciones. Supongo que ya te diste cuenta.







Oye, Mark... me has dejado muy intrigada con lo de la sorpresa que me tienes reservada. Por supuesto no tengo ni idea de qué se trata, pero sabré esperar. Sea lo que sea, sé que me gustará.

¡Ah! Escucha, Mark: acabo de preguntarle a Mara quiénes son “Black Box” y fíjate, a las dos nos gusta esa música. Ella a veces va tarareando la canción “Everybody’ s free” por la casa, aunque no la conozco por eso. Antes ya la había oído alguna vez.

En fin, ahora sí, voy a despedirme. Espero recibir pronto noticias tuyas.

Suerte en tu vida. Besos.
Afectuosamente, Laura.


MÚSICO LOCO: Qué dulce era hablar si te hacía sonreír sentados en cualquier bar. Tuve que marchar porque soy un músico loco. Volveré a por ti y tú lo sabes muy bien. Es lo que hay, es lo que hay, tarde o temprano vuelvo a por ti. No sé a donde voy, ni qué haré una vez allí; coches de alquiler para músicos locos. Volveré a por ti, un domingo de invierno; bajo el cielo gris sonreirás al verme llegar. ¡Espérame en el bar, mi niña bonita! ...en el bar de siempre. Hay un hombre ladrando ritmos de moda, el gato huye del receptor y yo le sigo; es lo que hay, es lo que hay, vuelvo a por ti, a por ti...



El Último de la Fila.

 
DIARIO DE MI ADOLESCENCIA (MARZO-1983)


06 de marzo 1983

Acabo de regresar de la calle ahora mismo, cuando son casi las 12 de la noche del sábado. Ha sido un día diferente, extraño, y a la vez fantástico. Muchas experiencias en poco tiempo.
Esta mañana me levanté triste, sin saber realmente el motivo ni el porqué. Pero lo estaba. Quizá tuvo que ver el hecho de que mi hermano tuviese su chica, y yo a nadie. Es posible.
No me apetecía quedar con mis amigos ni salir por ahí. La morriña me invadía.
Lo primero que se me ocurrió para sentirme mejor fue escribirle a Laura, pero ni una sola palabra salía de mi bolígrafo. Quería hacerlo, lo deseaba, y sin embargo al final decidí postergarlo.
De todos modos, acabo de decidir que esperaré a ir a Valencia, porque solo faltan 5 días para el viaje, y lo mismo llego yo antes que la carta. Si, eso haré. E iré a verla, que lo tengo muy claro. El fin de semana no estará en valencia, pero ¿y el lunes? El lunes la pillo in fraganti…

En fin, sigo. Eran poco más de las cinco de la tarde, cuando se me cruzó por la cabeza salir solo a la calle, yo y mis pensamientos, vagando en soledad por la ciudad. Me aburrí pronto, obviamente, y al final opté por sentarme en el banquillo de una placeta. Y allí me quedé, mirando a la gente pasar, a los niños jugando, el agua serpentear en la fuente…
El tiempo empezó a transcurrir lentamente, mientras yo permanecía desconectado del mundo, allí, con la mente caduca, absorta. Y de repente, todo cambió. Advertí un nutrido grupo de chicas, más o menos de mi edad, quizá algunas uno o dos años menos que yo, las cuáles por lo visto llevaban largo rato observándome. Así me pareció entenderlo. ¿Y qué, me dije? Se que me miran, sonríen, pero yo no tengo ganas de nada… Seguí allí un largo rato, y cuando ya me dolía el trasero de estar sentado en el banco, me levanté y me dispuse a regresar a casa.
Al principio no me di cuenta, pero notaba risas y susurros a mis espaldas, aunque no podía ni por asomo creer que yo fuera el causante de aquello. Miraba hacia atrás, y veía sus miradas, las de las chicas, pendientes de mí. Cuatro de ellas se habían separado de las demás, siguiendo el sendero que yo tomaba.
Quise estar seguro de que iban detrás de mí, así que decidí ir más deprisa, aumentar el ritmo, y cuesta arriba (la ciudad está llena de calles empinadas), sin detenerme. Entonces ocurrió. Me llamaron. ¿Mark? ¡Maaaaarrk!
¡Jope! Sabían mi nombre.
- ¿Os conozco?
- Si, bueno, no, es decir… no. Una amiga nuestra nos habló de ti. Pero no podemos decirte quien es. Además, que más da.
Y como me quedaba mirándolas, como esperando a que me dijeran el motivo de su llamada, habló de nuevo una de ellas:
- Mark, ¿vendrás mañana al parque de nuevo? ¿Irás? Nos… gustaría verte. (Con que voz más dulce lo dijo).
- Er… sí, claro que sí –dije finalmente.
- Estupendo… ¡Hasta mañana entonces!
- ¡Espera! –le grité a la chica que me había hablado, pues ya se estaban alejando-. ¿Cómo te llamas?
- Macarena, me llamo Macarena. Y estas son Patricia, Paloma y Loli…

Bueno… ¡cómo me he llenado de besos! En fin, empezamos a hablar, me fui con ellas paseando, y así hasta hace apenas un rato…
Reflexionaré sobre esto largamente. A mí me pareció que la primera de ellas, Macarena, me hacía mucho caso. Tampoco ella me es demasiado indiferente...

11 de marzo 1983

¡Partimos! ¡Partimos ya para Valencia! Mis primos me esperan para irnos algún día de marcha. Seguramente mañana sábado. Estoy que ardo de impaciencia por llegar...
Cris me está esperando impacientemente. Tenemos muchas cosas que contarnos, especialmente ella. Ya tiene 12 años y se está convirtiendo en toda una mujercita.
Y por fin podré conocer a Laura, al menos, eso espero. Sería triste que después de estar en la misma ciudad donde ella vive, no pudiese ni siquiera verla.

13 de marzo 1983

La noche de ayer fue increíble. Seguro que no la olvido jamás. Salí con mi primo Alex y sus amigos a corretear por toda Valencia. Entramos en infinidad de discotecas, nos colamos en innumerables fiestas, visitamos cantidad de comisiones falleras, con sus fallas medio expuestas en la calle. Aún faltan dos días para la “plantà” y ya están algunos monumentos casi colocados por completo. Al menos, las fallas más grandes.
Éramos unos 12, por sólo dos chicas, una de ellas novia de Pedro, amigo de Alex. Cada uno de nosotros tenía una cerveza de litro, además de llevar varias botellas de “mistela”. Nos lo bebimos todo. Junto al antiguo cauce del río Turia, echamos los cascos vacíos de la cerveza. No me pareció muy ecológico, pero en fin, yo allí era un invitado. Algunas botellas se partieron en mil pedazos, llenando todo de cristales.
Después a uno de los chavales se le ocurrió la idea de comenzar a tocar los timbres de todas las casas que le venían en gana, y algunos lo imitaban, provocando, y con razón, la hilaridad del vecindario. Desde luego, a mí si me llaman a las tres de la madrugada, y luego compruebo que es un simple gamberro, me lo como. ¡Ostras! Y éramos nosotros!!!
Regresamos a nuestras casas alrededor de las siete de la mañana, completamente hechos polvo. Pero esta noche... seguro que repito.



14 de marzo 1983

¡Acabo de conocer a Laura! Escribo estas líneas en el momento de regresar a casa. ¡Sabía que la encontraría en la tienda! Pero que guapa es.... guapa, guapa de verdad.
Y sus hermanas también. Todas se parecen mucho. No sé... son diferentes, pero a la vez hay algo en sus rasgos faciales que es común a todas. Lo percibo. Podría saber claramente cuál es una hermana suya y cuál no.
Su hermana más pequeña, Mara, es casi como ella, pero rubita. ¡Uffff! Son muchas hermanas. ¡Para perder la cuenta!... Tiene tres hermanas más: Sara, Olga y Lucía.
El caso es que cuando me acerqué a la puerta de entrada a la tienda, dos chicas se encontraban mirándome casi fijamente. No sé, no recuerdo eso muy bien. Quizá una de ellas era Laura y la otra chica su hermana Mara. Estaba un poco ansioso por entrar en la tienda y no reparaba en nada más que en cruzar el umbral de la puerta.
Al entrar en la tienda, una librería donde además hacen fotocopias, me quedé observando a las personas que atendían, y enseguida vi a Laura. Sabía que era ella, no puedo decir como lo adiviné, porque no lo sé. Quizá ella se me quedó mirando porque creyó reconocerme, y ni caí en la cuenta. Pero antes había visto a la que si duda era una hermana mayor, la cual estaba atendiendo muy simpáticamente a un cliente. Y entonces le dije a la que creía era Laura:
-¡Hola! ¿Sabes quien soy? ¿Me reconoces?
-Pues creo que sí. ¿Eres Mark, no es así?
-¡Vaya! Pues sí que me has reconocido. Claro, como tienes mi foto. Pero yo no tengo ninguna tuya, y sin embargo... euh! Creo que he sabido quien eras...

Allí parecía haber mucho trabajo. Hablábamos cuando podíamos, porque siempre había gente que atender. Al final me dijo: Mira, vamos a mi casa y de paso conoces a mi hermana Mara. ¡Ya verás! Ella es genial, y ¿sabes? Le he hablado mucho de ti. Ella es la que dice: ¿Ya te ha escrito Marquitos? Jajajaja.

Debo decir, con sorpresa, que ya de pequeño estuve en ese bloque de edificios. Lo recordaba perfectamente. Es curioso que gracias a Laura estuviese allí de nuevo. Era todo muy mágico. ¿Y si ya me había cruzado alguna vez con ella y ni siquiera sabíamos quienes éramos? Es que me suena tanto su cara...

Su casa es muy bonita, bien cuidada. La verdad es que yo, tan atontado estaba de ver a tanta chica, que mis ojos no podían controlar todo. Laura me presentó a su padre. Un hombre muy simpático y jovial. Apenas pude hablar con él, pero me trató muy bien.
Creo que fue en el comedor donde Laura me enseñó un montón de discos con sus artistas y canciones favoritas: Miguel Bosé, Mecano, Betty Troupe, Depeche Mode, Aviadro Dró...
Después conocí a Mara, su hermana. una chica muy maja. Estuvimos hablando largo rato... ¡Dios, que caras más bonitas tienen!

Un día genial el de hoy, si. Para recordar toda la vida. Laura tiene el pelo muy largo, muy voluminoso. La verdad, guapísima. ¡Que está buena, jolines! Para que nos vamos a engañar. Lástima que el tiempo pasara tan rápido y tuviera que marcharme. ¿La veré antes de irme? Estoy pensando que la llamaré mañana. Me gustaría que fuéramos a dar una vuelta por ahí, y afianzáramos un poquito nuestra amistad...
 
MUCHO MÁS QUE UN SIMPLE RECUERDO...




Hoy me levanto siendo otro, renovado, crecido, con el espíritu embargado pero al tiempo feliz. Siento como si el corazón me flotara, sensible pero agradecido.

He pasado prácticamente toda la noche en vela. Me dormí alrededor de las 4 y media de la madrugada, y son las ocho y cuarto y ya estoy aquí. Necesito estar aquí.

Ayer ingresaron a mi suegra. No, no esta muy grave. Se recuperará, seguro. Tienen que hacerle algunas pruebas, eso es todo. Pero mientras tanto, mi mujer está con ella en el Hospital. Estuve sólo anoche. Mi hija pequeña la dejamos con unos amigos íntimos, que nos la cuidan a menudo. Es egoísta por mi parte, pero a la vez que estaba algo triste por encontrarme solo por primera vez en muchos años, noté que podía reencontrar muchas cosas de mí mismo que en compañía no habría podido alcanzar.

Fue como una introspección, en la cual redescubrí cosas en mi mente que parecían escondidas, momentos vividos, en definitiva, cosas que de nuevo me han marcado profundamente, y que me fluían principalmente a través de algo que pasaba ante mis ojos, como una película, pero reconvertida en panfletos carentes por completo de espacio ni tiempo entre ellos, aunque repletos de emociones intensas. No puedo ahora expresarlas, aunque sé que irán apareciendo en mi blog paulatinamente. Sí, no podré evitarlo. Ha sido una noche distinta, especial, en mi vida. Nunca pensé que me pudiese ocurrir algo así, yo, que tanto he vivido, y que creía conocerme por entero.

Y me siento extraño...
 
MI INOLVIDABLE AMIGO...


Una mañana de abril, mientras paseaba por uno de los espaciosos parques de mi añeja ciudad, cuando contaba unos 18 años, coincidí de pura casualidad con un amigo al que hacía largo tiempo que no veía.

Y hoy también recordé a aquél hombre simpático, bonachón y agradable, llamado Gonzalo, un íntimo amigo de mi padre y al que yo aprecié enormemente en vida. Siempre parecía tener una especial atención hacia mí, y cuando nos visitaba, siendo todos muy pequeños, nunca dejaba de traernos alguna que otra golosina con que endulzarnos a mi hermana pequeña y a mí. Cuando no, unas pesetillas que yo, por descontado, recibía con inmensa alegría.

Precisamente él forma parte del recuerdo más antiguo que yo tengo sobre mi vida. Con apenas dos años, estando aún en la cuna, un hombre me recogería entre sus brazos, y sujetándome en lo alto, me diría palabras amables y cariñosas. Y aunque ininteligibles por mí, parecería comprenderlas gracias a la melodiosa entonación de su voz. No era otro que nuestro amigo Gonzalo.

Recuerdo la mirada triste que le envolvía aquél día en que su inapreciable amigo Roberto, ya no estaba para acompañarle en sus ratos de ocio. Aunque mucho mayor que mi padre, en ningún modo supuso un obstáculo para su amistad.

Gonzalo tenía, además de mi padre, cierta camaradería con mi tío-abuelo y posteriormente, tutor. Y por eso, en algunas ocasiones, aunque muy de tarde en tarde, era aún posible disfrutar de su compañía.

El tiempo fue transcurriendo, inevitablemente, y poco a poco fui perdiéndole de vista, hasta que aquella mañana de abril, siendo este amigo ya muy anciano, volviese a encontrarle de nuevo.

-¡Chico! ¡Qué alegría verte! ¿Cómo estás? ¿Qué es de tu vida?
-¡Muy bien, señor Gonzalo! No puedo quejarme. Pronto cumpliré los 19.
-¡Caray! Si parece que fue ayer, cuando no eras más que un niño, pegado a las faldas de su madre. Pero... dime, ¿Y tu tío? ¿Cómo está? –me dijo, mostrando verdadera simpatía.
-Ya sabe usted, siempre pendiente de la música y la orquesta. –Le respondí, con tono jovial-.
-Hay cosas que no cambian, ¿verdad?
-Así es, señor Gonzalo. ¿Y usted? Aún no puedo creer que le haya visto después de tantos años.
-Cierto es. Algo así como 10 años, más o menos. Recuerdo perfectamente a tu padre, y a tu madre, como si les estuviera viendo ahora mismo. Y tu... te pareces tanto a él -mientras decía esto, alborotaba mi cabello con benévolo gesto.
-Sí, son varias las personas que me lo dicen –le respondí.
-Ahora que te veo... Hay algo que quería decirte -siguió tras una breve pausa-. Cuando regreses a casa quisiera que saludaras a tu tío de mi parte. Dile que me hubiera gustado ir a verle, pero ésta enfermedad mía no me deja nunca tranquilo, y salvo estos pequeños paseos nada más puedo hacer. Créeme, él se alegrará mucho.
-Descuide. En cuanto llegue a casa, será lo primero que haga.
-Lo sé, muchacho, lo sé...

Y dicho esto, se despidió de mí, dejándome tan hipnotizado que, hasta que no le perdí de vista no fui capaz de moverme ni reaccionar...

Cuando, finalmente, llegué a casa, y tal y como había prometido, lo primero que hice antes de que pudiera olvidárseme fue contarle a mi tío-abuelo el agradable encuentro que había tenido.

-¿Sabes a quién acabo de ver? A nuestro amigo Gonzalo.
-¿Quién? ¿Cómo dices? –dijo mi tío-abuelo, como si no lograra entender.
-Sí, el amigo de mi padre. Me dio recuerdos para ti. Dijo que no había podido venir a verte, a pesar de que lo había pensado infinitas veces, y quería que lo supieras. Estuvo muy amable conmigo.
-¿Gonzalo? Pero si murió hace tres días. Tu tía-abuela y yo fuimos al entierro... ¿De dónde te sacas tú esta historia? ¿A quién has visto realmente? Lo habrás soñado...

No, no era un sueño, nunca lo fue. Aún ahora, pasados todos estos años, recuerdo aquello con claridad. Me dije a mi mismo que jamás olvidaría aquél encuentro.

Y hoy, casi 20 años después permanece imborrable en mi memoria...
 
DIARIO DE MI ADOLESCENCIA (FEB-MARZO 1983)


24 de febrero 1983

Se acercan, se acercan ya los exámenes, y no estoy nada preparado. ¡Dios mío, dios mío! ¿Qué voy a hacer? Estoy que me muero de miedo. Y como no apruebe, ya puedo despedirme de este verano. Y si algo no podría soportar ahora es no poder ir a Valencia en las vacaciones estivales para estar con mi hermana más tiempo… Menos mal que pase lo que pase, al menos iremos en fallas, que son en marzo. Falta poco ya. Ayer hablé por teléfono con Cris y ya casi no puede aguantar la espera.
Quiero también conocer a Laura. En 15 días estaré en Valencia y le daré la sorpresa, vaya que sí. Me presentaré de incógnito en la tienda, y veremos si me reconoce. Claro que, ella tiene una foto mía, pero yo no. Entraré, compraré algo, y observaré. Y si está allí, me da en la nariz que lo sabré. Si, si, saldrá todo muy bien…
Por supuesto le he dicho en mi última carta que es posible o casi seguro que le haga una visita, aprovechando el viaje.


28 de febrero 1983

Aún no está claro que vayamos a Valencia en fallas. Estoy realmente preocupado. Mi tío-abuelo está rarísimo conmigo. Se enfada por nada. Solo son tonterías, pero si fuera mal pensado diría que me tiene manía. ¡Por supuesto que tengo mucho que agradecerles! Me dieron un hogar, me criaron, porque desde los 9 años que estoy con ellos, y más aún, ya viviendo mi padre, que no podía tenernos a los cuatro, pasaba largas temporadas en su compañía.
Seguro que es porque no presto demasiada atención al violín. El querría que yo estuviese tocando ya en la orquesta, y al ver que no avanzo, de la frustración pasa al resentimiento. Lo peor fue cuando ayer me presenté en casa con un clarinete. Si, he decidido probar este instrumento. De esta forma, si todo fuera bien, entraría en la banda en lugar de la orquesta. Aunque… no sé si mi tío-abuelo será capaz de asumirlo.


02 de marzo 1983

Al volver de las clases, lo primero que hice fue meter mano al buzón. ¿Habría carta? No, para nada. Al buzón solo le faltaba sacar la lengua y hacerme burla. Y… al entrar en casa, ¡Sorpresa! Mi tía-abuela tenía la carta de Laura en la mano. Al parecer, “el carterito de los peines” se había confundido, echándola en el buzón de la vecina, quien muy amablemente se la dio a la “abuelilla”, como la llamo a veces. No me faltó tiempo para abrirla y ponerme a leer, eso por descontado…


¿Qué tal, Marquitos?... Bueeeno, Mark.
Te escribo a máquina sólo porque tenía ganas de utilizarla, ya que hace mucho tiempo que no la uso.
¿Sabes? No estoy segura si aprobé los exámenes, por lo menos el de Literatura sí, los demás, no lo sé. ¿Y tú, has aprobado?
Estoy con unas ganas de que llegue el verano para tener una moto a mi disposición, que no te lo puedes ni imaginar. Algunas de mis amigas ya tienen moto, así que ¡A probar se dijo!
Creo que me imaginaste mal. Imagíname así: Más espeluznante que una araña, más fea que un elefante, más horripilante que un hipopótamo y más horrenda que una mosca.
Es decir, espeluznantemente fea, y horripilantemente horrenda. Ala.
Yo tampoco me pierdo ningún capítulo de la serie Fama, ni me lo pienso perder. La película es fenomenal, también. Me encanta Bruno, el de origen italiano, y el negro.
¡Claro! Los chicos. Pero de las chicas me caen bien “Coco”, la profesora y la violinista. Ninguna más.
De la discoteca que me hablas, imagino que debe ser fantástica. Pero te diré, a la que yo suelo ir también es increíblemente buena. Está cerca de la casa donde vivo casi todo el verano. A esta casa suelo ir todos los sábados, y después, regreso los domingos a Valencia. Allí estoy con mis amigos y me lo paso muy bien. Te gustaría mucho, seguro.
Cuando vengas en fallas, no sé si estaré, porque igual nos vamos a mi segunda casa, la que te acabo de comentar.
Bueno, y ya se despide tu amiga que durante las fallas seguramente estará en su discoteca favorita….
Tu amiga Laura.


04 de marzo 1983

¡Terminaron los exámenes! ¡Que descansoooo! Y además es viernes.
No tengo claro que haya aprobado todo, y como sea así… me cortan el cuello. ¡Ay! Pero mantengamos la calma.
Mi hermano, Roberto, me ha dicho que vaya con él a la discoteca esta tarde-noche. Y encima me lo paga todo. Ya era hora que se enrollara un poco conmigo. Ahora ya me ve un poco más adulto, más cercano a él, que tiene 19. No hace mucho que terminó la mili, y desde luego noté en mi hermano un gran cambio, para mejor. Ya no me hace la puñeta como antes, tratándome siempre como un simple crío.
Pero si voy con Roberto, no puedo ir con mis amigos. Ya veremos si aparecen por ahí, porque una vez dentro, mi hermano irá a su rollo, y yo tendré que buscarme el mío…


05 de marzo 1983

Anoche fue increíble, pero aún más para mi hermano. ¡Me utilizó el tío como “conejillo de indias”! ¡No me lo podía creer! Ahora entiendo porqué quiso llevarme, y pagarme la entrada y todo. No, es un decir. Él no haría nunca eso. Pero sí lo pareció, que conste.
Se me acercó una chica que yo conocía bastante, que se llama Cecilia. Es hermana de un gran amigo, Antonio. La conozco desde primero de básica por lo menos. Y ella aún es más pequeña que yo. Así que tendrá unos 15. Se me acercó y me preguntó si había visto a mi hermano.
- Pues si, anda por aquí. ¿Para que lo buscas?
- Es que… tu hermano Roberto me gusta, hace ya algún tiempo. He hablado algunas veces con él… Vamos, que sí.
- ¿En serio? –mi cara era un mapa-.
- ¡Aja!
- Ya, ya. Oye, pues muy bien, ¡eh! Seguro que haríais buena pareja…
- Bueno, voy a ver si lo encuentro, ¿vale?
No me gusta ser chivato, desde luego no lo soy, las cosas claras. Pero… pensé que a mi hermano le interesaría saber esto. Así que, ni corto ni perezoso, me dediqué a buscarlo por la discoteca, hasta dar con él.
-Roberto, ¿recuerdas a mi amiga Cecilia?
-¡Ah! Si, ¿por?
-Pues que está colada por ti...
-¿Cuándo la has visto?
-Pues ahora mismo, apenas hace un momento. Te… te busca, tío.
- Ya, ya… (Siempre dice eso).

Bien, no hace falta que diga que salieron juntos de la discoteca. Y mi hermano me guiñó un ojo y me dijo: ¡Eres grande, pequeño!

...

 
LA PRINCESA DE LA MONEDA DE ROSA (CUENTO DE HADAS)
Relato dedicado a mi querida hermana Cristina, con todo el cariño de el mundo, allá donde esté.





Una mañana de primavera, muy temprano, mientras estaba asomado a la ventana de mi habitación, quedé sorprendido al ver aparecer en el portal de la casa una linda muchacha.

Pude comprobar que llevaba un bolso y un paraguas, ambos de color rojo, y al observarla con mayor detenimiento, pues me había impresionado su mirada triste y algo melancólica, me di cuenta al instante de que tenía unos ojos tremendamente hermosos, negros
como el azabache. Era realmente bonita, y su vestido aterciopelado aún realzaba más su agradable aspecto.

Al pasar por delante del jardín de mi casa, se paró a contemplar las flores que allí reposaban con todo su esplendor. Al instante, su semblante comenzó a cambiar, dibujando sus labios una amplia sonrisa y superando la belleza que poco antes había reconocido en ella. De pronto supe que iba a arrancar una de esas maravillosas flores, llevándosela consigo. Curiosamente fue a coger la única rosa que había en nuestro jardín, la más preciosa de todas las que allí habían, y que inexplicablemente para mí, apareció un precioso día tan soleado como el de esa mañana. Por supuesto que la rosa no debería sentirse triste por abandonar el jardín y pasar a las manos de alguien que, como mínimo, la igualaba en hermosura. Eran dos preciosas flores unidas, formando un esplendoroso cuadro.

La muchacha llevaba los cabellos negros, largos hasta casi rozar su cintura, con las puntas terminando en unos rizos graciosamente caídos en forma de caracol. En resumidas cuentas, parecía una princesa de un cuento de hadas.

Lo que a continuación sucedió, aún me sorprendió más. Inesperadamente sacó de su bolso una moneda, depositándola en el suelo del jardín, allí donde momentos antes había ocupado el lugar la rosa que ella había arrancado. Después se puso a recorrer con la mirada mi casa, deteniéndose justo en la ventana desde donde yo, inmóvil como una estatua, la estaba observando. Nuevamente esbozó una sonrisa al descubrirme, y tras oler la rosa, la lanzó al aire, no pudiendo yo por menos que demostrar una gran sorpresa en mi rostro al comprobar que la rosa desaparecía en el instante de ser lanzada. A continuación, la muchacha acercó la mano derecha a su linda boca, escapándosele un beso hacia donde yo me encontraba, y al momento, tras abrir su paraguas colocándolo delante de ella, despareció de repente de la misma forma que había hecho su aparición en la casa.

A partir de ese momento supe que mi vida ya no sería la misma, y que nada valdría la pena si no la volvía a ver. Pero no sabía nada de mi muchachita, y había desaparecido sin dejar rastro alguno. Tan solo una moneda era lo único que quedaba de su visita a mi
jardín, pues así interpreté yo su presencia allí.

Rápidamente me acerqué hacia donde unos instantes atrás ella había inundado de maravillosos colores el lugar en que depositara la moneda, recogiéndola del ajardinado suelo. Una vez más me invadió la sorpresa, pues aparte de que la moneda me era desconocida, brillaba más que el mejor metal precioso existente en la tierra. En una de las caras aparecía grabado un texto ininteligible, probablemente en un idioma desconocido; al menos, no se parecía a ninguno de los que yo tenía constancia. Decía lo siguiente:

ADALCZEM NOC SATOG ED ROMUH ED AL ADIV, EM OTREIVNOC NE ANU ROLF ASOMREH OMOC ANUGNIN

En la otra, se podía observar la imagen de una rosa idéntica a la que había tenido en mi jardín. ¿Qué clase de moneda era aquella? ¿De dónde había salido mi princesa? (pues a partir de entonces así la iba a llamar cada vez que pensara en ella).

Aquella noche primaveral no pude conciliar el sueño, recordando a mi princesa sin cesar y en todo lo que me había sucedido, y aunque solo había durado apenas unos minutos, procuraba extender el recuerdo del encuentro reparando en todos los detalles hasta el punto de convertirse en una obsesión para mí.

Pasaron los días, y mi mente no cesaba en el empeño de recordar una y otra vez la visita de mi adorable princesa a mi jardín. Mis padres estaban preocupados, pues notaban cierta tristeza en mi semblante, idéntica a la que la muchacha de cabellos negros y ojos azabaches tenía cuando la descubrí.

-No me pasa nada, mamá. Solo que descubrí algo que se ha convertido en el centro de mi vida, y no descansaré hasta que lo encuentre de nuevo, pues lo perdí y ahora no sé dónde se halla.

-Te diré una cosa, David, hijo mío. Si no desfalleces en tu empeño por encontrar aquello que buscas, al final lo lograrás. Solo los que tienen fe y luchan por aquello que desean con ahínco, pueden recibir finalmente su recompensa, tarde o temprano, siempre que sea de una manera noble y fiel a su propia conciencia.

-Gracias, mamá, por tu consejo -le contesté, acariciando su mejilla-. Sin embargo, no puedo encontrar el camino hacia donde se encuentra lo que busco, y tampoco sé como hacerlo.

-Penetra en el centro de tu corazón, hijo mío, pues seguro que hallarás lo que estás buscando.

-Así lo haré, mamá. Gracias por tus consejos.
Siguieron pasando los días, y una mañana, paseando por las calles, encontré a una niña sentada en el rellano de la escalera de una vieja casona, llorando desesperadamente. No pude evitar detenerme, y acercándome a ella, le pregunté rozando una de sus
mejillas:
-¿Que te ocurre, preciosa? ¿Por que lloras?

-Me he perdido, sin duda, y no sé como regresar a mi hogar -dijo la niña, acompañando sus palabras con un sollozo.

-Quizá yo pueda ayudarte. ¿Dónde vives?

-¡No lo recuerdo! Llegué aquí tras salir de mi casa, aun advirtiéndome mi hermanita que no me alejara demasiado, pues podía perderme. Y ahora veo que todo esto es desconocido para mí, y no sé como regresar.

-¿Llevas algo encima que nos pueda ayudar a identificar dónde está tu casa? -le pregunté, intentando contagiarle mi sonrisa.

-¡No! -dijo la muchachita, secándose las lágrimas con sus manitas-. Tan solo llevo una moneda que me dió mi hermanita por si quería comprarme algo en la tienda de golosinas.

-¡Bueno, quizá eso si pueda servirnos! ¿Me dejas un momento la moneda?
Al acercarme la moneda la pequeña, cuál no sería mi sorpresa al descubrir que ésta era idéntica a la de mi preciosa princesa.

-¡Oh! Yo tengo una moneda igualita a esta! Me la dejó en el jardin de mi casa una muchacha tan linda como tú. ¡Quizá la conozcas!
Echando una mano a mi bolsillo, saqué la moneda, que siempre llevaba encima como si fuese un talismán, enseñándosela a aquella niña que ahora secaba sus lagrimitas con un pañuelo bordado con la misma rosa grabada en la moneda.
-¡Ojalá fuese mi hermanita Zana! - dijo la niñita-. ¿Y si realmente es ella, que me está buscando?

-Te llevaré a mi casa, pues allí fue donde vi a mi princesa. Te cuidaremos mis padres y yo mientras tanto no sepamos dónde vives ni de dónde vienes, pero si verdaderamente es tu hermanita, seguro que prontamente aparece de nuevo en mi jardín y todo se arregla felizmente.
Sin embargo, el tiempo siguió su curso, y los días continuaron pasando, mientras que la niña cada vez estaba más triste y melancólica. Mi máximo interés ya no era otro que aquella muchacha que había robado mi corazón apareciese y pudiese recuperar a su hermanita Zobenia, que así se llamaba la niña, aunque ya no volviese a verla nunca más. Sería un justo precio que sin duda daría por bueno,
con tal de ver a la niña feliz. Ahora entendía la tristeza que embargaba a mi princesa ante la pérdida de su ser más querido, esa niñita que ahora ocupaba mi habitación, donde estaba la ventana en que la descubriría aquella mañana de primavera.

Intenté hallar una respuesta en mi corazón, como mi madre me aconsejó, refugiándome en mis pensamientos, hasta que de repente comprendí que todo lo que me había sucedido hasta ese momento no podía ser fruto de la casualidad, sino algo más profundo.

Finalmente, una noche soñé que mi princesa y su hermanita se reencontraban, sintiéndose infinitamente agradecidas, porque en parte yo había sido quien había logrado que estuvieran juntas otra vez.
Al despertar y comprobar que todo seguía igual, el abatimiento inundó mi espíritu, con la tristeza de nuevo reflejada en mis ojos.

Saqué de mi bolsillo nuevamente la monedita, y colocándola en la palma de mi mano derecha, me dediqué a observarla mientras con la otra mano le daba la vuelta una y otra vez, intentado ver algo con claridad, algo que me diese alguna pista, pues estaba seguro de que en ella se escondía la respuesta que yo iba buscando. Pero finalmente, tras desistir, opté por dejarla en un cofrecillo que me había regalado mi madre, y que también había pertenecido a mis antepasados, el cuál tenía un espejillo en la parte interna de la tapa.

Sorprendentemente, y al escapárseme la monedita de las manos y caer de canto frente al espejillo, me di cuenta de que la leyenda que figuraba en su reverso cobraba ahora vida, reflejándose en mis ojos, y decía:

MEZCLADA CON GOTAS DE HUMOR DE LA VIDA, ME CONVIERTO EN UNA FLOR HERMOSA COMO NINGUNA.

De repente comprendí que la solución estaba al alcance de mi mano, y que el sueño que había tenido era algo más profundo que todo eso, pues de alguna manera tenía ante mí la llave que me llevaría a lograr el encuentro de las dos muchachitas.

Salí corriendo al jardín, y en el lugar donde estuvo aquella rosa, enterré la moneda que mi princesa me había dejado. Regresando a casa, mezclé en un vaso de agua las lágrimas que corrían por las mejillas de la niña y utilicé la mezcla para regar el trozo de tierra
donde se encontraba la moneda. Al instante, una nueva rosa lucía ocupando aquel lugar, tan preciosa como la que antes había estado allí. Yendo en busca de la pequeña, y tras hacerla asomar a la ventana, le dije:
-Estoy seguro de que tu hermana aparecerá muy pronto para recoger esta rosa, y entonces podrás volver a tu casa, con aquellos que más te quieren.

Y, en efecto, de la misma manera que en la anterior ocasión, apareció mi preciosa princesa, inmensamente bella, y corriendo salí con la niña para que se reencontraran y abrazaran de nuevo. Y así fue, llorando de alegría y emoción las dos hermanitas al verse juntas otra vez.

Nunca podré olvidar el beso que Zana, mi adorada princesa, me dio, y no hay día que pase que no la recuerde con especial cariño, porque sé que tarde o temprano yo estaré en aquél, de seguro maravilloso lugar, de donde ella procede, y entonces ya no nos separaremos jamás.
 
MAMÁ, ¿CUANDO VOLVERÁS? 11/04/05



Hay un pasado que siempre quedará grabado en mi mente, cuando apenas era un niño de 8 años y comenzaba a despertar a la vida.

Con esa edad, yo era un niño feliz, rodeado de cariño, con 3 hermanos, dos mayores que yo: María, de 14, y Roberto, con 11, y una más pequeña, Cris, que sólo tenía 4.
Mis padres acababan de mudarse a un piso nuevo, un bloque de edificios recientemente construido, y donde cada uno de nosotros tenía una habitación propia.

Pero una triste mañana de mayo, mi madre murió, dejándonos un poco más solos y desamparados. Con 8 años, apenas podía concebir qué significaba aquello. Ni por asomo podía pensar que jamás volvería a recibir el dulce abrazo de mi madre. En aquella ocasión, no me dejaron verla muerta, así que tardé mucho tiempo en comprender la verdad.

Yo, con la inocencia propia de mi edad, decía: ¿Véis? No lloro, no pasa nada. ¡Si mi madre está bien!... Sólo se ha ido de viaje, pero pronto regresará...

Si, tardé muchos años en saber la verdad sobre la muerte de mi madre. Tras nacer mi hermana Cris, la tuvieron que intervenir de la matriz, extirpándole los ovarios, y perdiendo toda posibilidad de tener más hijos. Aquello debió afectarle profundamente, tanto que, con 34 años, parecía incomprensible tanta tristeza y melancolía en su semblante.

Mi padre hacía todo lo posible por que fuera feliz, pero sin duda, nunca nada parecía ser bastante.
Aquella noche previa a su muerte, de madrugada, mi padre comprendió que algo iba mal, y que mi madre tendría que ser atendida psicológicamente dado que su comportamiento distaba ya de ser normal: Insomnio, melancolía, apatía... incluso había dejado de comer.
Y al no poder conciliar el sueño, salía al balcón, un sexto piso, y allí permanecía largo rato viendo las estrellas, sumida en sus pensamientos más profundos.

Esa noche mi padre había tenido ya que recogerla del balcón al menos en tres ocasiones. La noche se presentaba fría, la temperatura había descendido varios grados, y pillar un resfriado en esas circunstancias era bien fácil. Pero no... no era ese el motivo por el que mi padre acudía a su lado cada vez que se levantaba, para acompañarla de nuevo a la cama...

Se temía lo peor. Era impensable que pensara en hacer una tontería, pero no podía fiarse... Y por si acaso, decidió no dormirse y cuidar de ella toda la noche. Al día siguiente ya se vería.

Sin embargo... mi padre había trabajado duro ese día, demasiadas horas incluso para un hombre como él, acostumbrado a resistir lo que le viniese encima. Y se durmió... Aún abrazado a mi madre, no pudo evitar que ella se escurriera de entre sus brazos, silenciosamente, sin hacer el más mínimo ruido...

Después de observar las estrellas por última vez, y aquella luna, con su cara más triste y pálida que nunca, mi madre creyó llegado el momento de decir adiós irremediablemente.
En el último aliento de vida, y desde el áspero, frío y duro suelo, con las pocas fuerzas que le quedaban, mi madre aún pudo lanzar al viento unas pocas palabras: ¡Roberto, cuida de los niños... lo siento, lo siento, vida mía!

Mi padre saltó como un rayo de la cama. Era impensable que hubiese escuchado las últimas palabras de su esposa, pero de alguna forma, misteriosamente, algo debió notar. Ella no estaba abrazada a él, y el balcón, con sus puertas abiertas de par en par, no tenía más compañía que el triste golpeteo del cortinaje, formando un ambiente espectral, con aquella pálida luna de la que sin duda brotaban ya las lágrimas, testigo una vez más de una muerte inevitable, anunciada...

Al asomarse al balcón, mi padre pudo verla, allí, con los ojos aún abiertos, sobre la calzada, mirando al cielo, esperando a que el mismo Dios o los ángeles fueran a recogerla.

Aquél día, una gran parte de nosotros partió con ella para siempre, nuestras vidas ya nunca serían igual, y sin embargo, había que mirar hacia delante, aunque no fuera más que una triste huida hacia un futuro incierto y nada esperanzador...

Mi padre no tardó en seguirle, y años después, también nuestra hermana pequeña, Cris, pero esa, esa es otra historia. Ahora los dos están con ella, y me consta que todos velan por nosotros, los que estamos aún aquí... y eso, creedme, no tiene precio.

 
DIARIO DE MI ADOLESCENCIA (FEBRERO 1983) - DE MI ANTERIOR BLOG...


01 de febrero 1983

¡Otra carta de Laura! ¡Qué contento estoy! Le escribiré inmediatamente, ya que tengo cantidad de cosas que contarle. La clase de violín no fue del todo bien esta vez. Si es que me cuesta. Lo que no puede hacer uno es andar tocando todo el día. ¿Que espacio queda para mis hobbies? Debería estar practicando unas seis horas diarias, y cuando ya llevo dos estoy más que harto, y toco con desgana. No quiero desilusionar a mi tío-abuelo, y estoy convencido de que lo hago solo por él, pero no sé si seré capaz de seguir con esto. Yo prefiero otros instrumentos, como el piano, o porque no, un instrumento de viento. El “saxo” no estaría nada mal.

Paso a transcribir la carta de Laura:

¡Hola, “colgao”! Bueeeeno... ¡Hola, Mark!
Si, si, recibí tu carta, así como tu foto. ¿Sabes lo que molaría, es decir, que estarías mejor? Pues bien, ahí va... ¿Porqué no te quitas las patillas? Te diré la razón de esta “locura”, siempre he odiado las patillas. Lo comprendes, ¿no?
Por cierto, o alguna vez te he visto o conozco a alguien muy, muy parecido a ti. A mi siempre me dicen: “Mi prima es idéntica a ti”, “te pareces a una amiga mía”, “conozco a una chica idéntica a ti”, y asi...
¿Sabes que me ocurrió ayer? Saliendo con mi hermana Mara y unos amigos míos, nos atracaron en plena calle. Fuimos a una horchatería del barrio de San José, y casi al llegar, en una esquina, aparecieron de golpe y porrazo varios chicos, yo diría que unos 15 ó 16, que rondaban más o menos nuestra edad, y quizá algunos mayores que nosotros, con no muy buenas intenciones. No iban mal vestidos, desde luego; algunos con chandal, otros con pantalones de pana, en fin, nada del otro mundo tampoco.
El caso es que empezaron a meterse con mi amigo Luis y acabaron pidiéndole el dinero. Al principio no me di cuenta de lo que pasaba, porque éramos muchos, y los mangantes estos también. Además, estaba distraída hablando con mi hermana, y fue precisamente ella, que pareció estar más atenta, quien avisó a unas señoras que pasaban por allí, las cuáles, gracias a dios, nos ayudaron.

Por suerte a Luis solo le quitaron 20 duros. Después regresamos en taxi (una auténtica locura), y eso que estábamos cerquita de casa. Pero es que el taxista era mi vecino del 2º piso, y no nos cobró, ¡ja!
Bueno, ya me despido. Hasta pronto, Mark. Cuídate.

P.D. Una curiosidad: ¿Que haces con las cartas? ¿Las tiras? ?¿Las quemas? ¿Las guardas?...

(Claro que las guardo. Han pasado más de 20 años, y aquí están conmigo. Y perdurarán, ya lo creo...)


3 de febrero 1983

Helena no ha venido a la academia. Es una chica muy maja, y las clases con ella resultan más amenas, desde luego. Y la verdad, no sé como piensa aprobar así. Ella anda igual de floja en contabilidad que yo, sino más. Pero a mí se me junta todo, el violín, las clases de repaso... No volviéndome loco, ya tengo bastante.


04 de febrero 1983

Hoy si apareció Helena por las clases de repaso. Hemos charlado mucho, principalmente sobre “Sor Clara” y sus clases de “Cálculo Mercantil”. Hay que ver que “tutora” más dura que tenemos, y eso que es monja. Si, si, fíate de las siervas del señor, con perdón.


06 de febrero 1983

Pensaba que lo había logrado. Y sin embargo... no, no puedo quitarme de la cabeza a Susana, por más que lo intento. Esto es una amarga derrota. Y yo, vagando por las calles en su busca, intentando tropezarme con ella, como si fuera pura casualidad. ¿Por qué me cuesta tanto sacármela de encima? Será por chicas... ¿Y tiene que ser ella, precisamente ella, que me ignora por completo?


08 de febrero 1983

Nueva carta de Laura. La reproduzco aquí.

¡Hola, Mark! ¿Que tal?
Bueno, he recibido tu carta. Me temo que esta carta va a ser algo corta, pues en apenas 10 minutos me voy a trabajar. Ya sabes, en la tienda de mi padre.
¿Sabes? El sábado fui a “Caniche”, una discoteca de aquí, y pasé gratis, por el morro. Me divertí mucho. Había gente que conozco desde hace mucho tiempo. Seguramente iré más sábados a esa discoteca. Fíjate, incluso algunos chicos y chicas me conocían a mí, y sin embargo yo a ellos no los recordaba, porque en ocasiones han comprado tabaco en la tienda. Fue fenómeno.
Te estoy escribiendo al tiempo que llevo unos auriculares puestos, y claro, con “music”. Sería estupendo que formaras un grupo musical. Pero escúchame bien, yo soy tu voz femenina, ¿ok?
Mira, tu te inventas la música y yo le pongo la letra. ¿Que te parece?
Mark, me voy corriendooooo... Adioooos....


9 de febrero 1983

Acabo de contestar a Laura. Espero que la carta llegue pronto.
Esta es la última vez que hablaré de Susana, definitivamente. Fue una historia que pudo funcionar, pero yo no sé que demonios pasó. Quien quiera que la entienda. Menuda chica mas rara. No tengo ninguna necesidad de ir detrás de nadie, y menos de una persona que no significa ya nada para mí. “Arrivederchi, bambina”. El nuevo Mark toma forma...


11 de febrero 1983

He recibido una nota en la cuál me indican las fechas de los exámenes. Al llegar a la academia esta tarde, tanto Helena como Silves me han dicho que también la habían recibido. Los tres vamos hacia el abismo... ¡Pero si no hay tiempo! Apenas queda un mes, y estamos más verdes que las manzanas que comemos en casa.


13 de febrero 1983

¡Qué remedio! Todo el sábado permanecí encerrado en casa estudiando, y hoy domingo, exactamente igual. Para lo que va a servir. Pero si no me entero de nada, ¡leches!
Menudo aburrimiento de fin de semana. Mi hermano encima “cachondeándose” de mi. Vino a verme, y de paso comió con nosotros. NO le veo mucho últimamente, y a mi hermana mayor, ya ni de coña. Este destino cruel hizo que viviéramos separados todos. Es muy triste, y es que nunca lograré acostumbrarme a esta ausencia de mis padres. Trato de encontrarle sentido, pero es inútil. A veces no puedo dejar de recordar su presencia, cuando mi madre me recogía entre sus brazos sin cesar, abrazándome como nadie lo ha hecho. Me miraba y remiraba, y sus besos no tenían fin. Con tan solo siete años, mi madre era todo para mí. Cris apenas tenía 3 años en aquél lejano ya 1974, y muchas tardes de los sábados éramos todo su mundo, mientras mi padre y mis hermanos mayores salían fuera.
Un triste y desapacible día del mes de mayo de aquél año, mi madre desapareció de nuestras vidas, para no regresar jamás. Fue una muerte muy amarga, y estoy seguro de que allá donde esté, si es que hay algo al otro lado, habrá sufrido mucho por nosotros, pero también sabe que no debe estar triste, porque todos estamos bien cuidados y nunca nos ha faltado de nada. Al principio sí fue difícil, no podía imaginarme mi vida sin ella. Y cuando iba por la calle, en el autobús, a la salida del colegio, y veía a todos los niños con sus madres, no podía evitar las lágrimas y la pena por no tenerla a mi lado. Y entre susurros, imploraba: Mamá, ¿Cuándo volverás con nosotros?


15 de febrero 1983

Esperaba carta de Laura, pero no llegó nada. Al cartero me lo voy a comer. Me había acostumbrado ya a recibirlas cada dos o tres días. Y es que se me ilumina la cara cuando las recibo. Disfruto tanto leyéndolas que cuando termino de leerlas, las releo varias veces. Y luego quiero más, pero me tengo que aguantar hasta la próxima…


17 de febrero 1983

¿Dónde estás, lauritaaaaa? Que te haces de rogar demasiadooooo…

He llamado por teléfono a mi hermana Cris. Estaba tan contenta de oírme. Tendré que hacerlo más a menudo, pero es que no me dejan. “El teléfono es caro, el teléfono es caro…”, me dice siempre mi tía-abuela. ¿No puede entender que hablar con mi hermana es importante? Ni que lo hiciera todos los días.
Cris parece feliz, pero yo sé que algo le ocurre. Algo no marcha bien. Y ella solo desea verme más a menudo, pero son tantos kilómetros los que nos separan. No es consciente aún de ello, pero seguro que en su interior una voz debe estar martilleándola sin parar: ¿Por qué, por qué, por qué?
A mí al menos si me pasa, aunque entiendo que no hay remedio. ¿Y ella? No, es muy pequeña, no puede haber asimilado todo. Con cuatro años, sin padre, sin padres, sin hermanos….
Me alegro mucho cuando hablo con ella, pero cuando cuelgo el teléfono, siento un vacío enorme, y quiero gritar y no puedo: ¡Cris, no te preocupes, tu hermano está aquí, a pesar de todo!...


19 de febrero 1983

A Laura le ha pasado algo, estoy convencido. Si no me escribe mañana, yo lo haré. Y ya está…


21 de febrero 1983

¡Por fin, por fin! Laura ha estado enferma. Por eso no pudo escribirme. Ya se encuentra mejor… Me alegro mucho por ella.
Mi tío-abuelo está loco de contento hoy. Acertó una de trece. ¡Pero si solo le han tocado dos mil pesetas! Para una vez que acierta… también lo hace media España. No vamos a salir de pobres, desde luego…
Eso sí, esta semana, tengo paga doble, ¡ja!
Se me rompió una cuerda del violín y no tengo repuesto. No tengo clase hasta el viernes, y el único que me puede dar una cuerda nueva es el “profe”. Toda la semana, “huelga”.

Esta es la carta de Laura:

¡Hola, Mark! ¿Qué? ¡Ah, si! Por fin te escribo, ¿verdad?
Supongo que estarás enfadado, mosqueado o algo así, al tardar tanto en escribirte, pero ahora cuando te diga el motivo no tendrás razón para estarlo.
Te cuento. Justo cuando recibí tu carta me puse enferma (la garganta y los oídos). A mí cuando me duelen los oídos, me duelen bien… Así que pasé unos días fatales, y no pude escribirte por el gran dolor de cabeza que tenía…

Poco a poco fui mejorando, pero el dolor persistía. Y encima tuve que bajar a la tienda a trabajar, porque llevamos unos días que traen tanto trabajo que no podemos con todo. El caso es que trabajé, aún sin encontrarme del todo bien. Esto fuel el viernes 18.
El sábado, como ya me encontraba mejor, salí con mis amigos. Estuvimos en la “disco”, y lo pasé fenomenal. Eso sí, me quedé sin vooooooz.
Por la noche apenas pude conciliar el sueño del dolor que tenía de nuevo, y el domingo llegamos a Valencia por la tarde y se me olvidó que tenía que escribirte. ¡Ay!
¡Ah! Se me olvidaba. Justo el día que caí enferma me iba a hacer las fotos para mandarte una, y tuve que regresar de lo malita que estaba.
Espero que me comprendas. Te digo esto porque en tu última carta estuviste algo raro conmigo. Tú sabes que voy a escribirte, y también me gusta recibir mucho tus cartas.
Por cierto, ¿sabes que tengo una noticia “guay” que darte? Soy madre… NO te asustes, jajajajaja, soy madre de 7 perritos. Cuando llegamos a casa, “Boga”, mi perra, estaba muy flaca, así que salimos corriendo a buscar por las habitaciones… y nos los encontramos. Pero uno estaba muerto, ¡que pena! Y son tan preciosos… ¿quieres uno?
Nosotros nos quedaríamos con todos, aunque no se si eso será posible. Yo ya le puse nombre a uno: “Fidel Castro”. Tiene el pelo rizadito de la cabeza a la cola. Aún no han abierto los ojos.
Ya me despido, Mark. Espero que al menos tú te encuentres bien, ¿vale? Hasta pronto.
 
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16 de enero 1983

Desde hace unos días me carteo con una chica. Se llama Laura. Siempre deseé conocer a alguien de esta forma, así que decidí elegir al azar una persona de la ciudad de Valencia, la de mis amores, de entre todas las que deseaban cartearse con gente de su edad. Tenía varios tebeos de “Mortadelo”, y de ahí saqué la dirección. Me contestó sin tardanza, y vaya alegría que me dio cuando vi la carta en el buzón.

Dice que le parezco “cantidad” de simpático y sincero. ¡Que bien! No está nada mal. Pero con lo tímido que soy... Tiene solo dos años menos que yo, que tengo 16, aunque como pronto cumplirá uno más, parecerá que la distancia se acorte.

Le sorprende que mi hermana viva en una ciudad y yo en otra. Es normal. Si supiera los avatares de mi vida. Pero ya se lo contaré poco a poco. ¡Ay! cuatro hermanos, y los cuatro separados, viviendo cada uno en un lugar distinto. ¡Y tan repartidos!

Porque desde que mis padres murieron, cuando apenas yo tenía 9 años, tuvimos que vivir así. La que más salió perdiendo fue mi hermana “Cris”. Ella vive en Valencia, a unos 100 kms. de donde yo vivo, y tiene 12 años. Mis otros dos hermanos mayores si que residen en la misma ciudad que yo, pero cada uno de nosotros vive con un familiar distinto.

Ahora mismo estoy escribiéndole mi segunda carta, en respuesta a la suya. Acaba de nacer una amistad, que ojalá fuese duradera, para siempre. Eso pretendo.


18 de enero 1983

Hoy es el cumpleaños de Susana, pero como no la he visto, no la he podido felicitar. Y de verdad que lo siento. De todas formas, yo sé que ya no le importo. No sé como fui tan estúpido aquella vez. Pero es que soy demasiado tímido. Es normal que dejara de gustarle, y ya no quisiese salir más conmigo. Estoy empezando a odiarla, pero más me odio a mí mismo por ser tan bobo. No sé lo que hice mal, pero casi estoy seguro de que fue mi timidez quien la alejó de mi lado...


21 de enero 1983

Aún no he recibido carta de Laura, y me extraña. Es viernes y ya no creo que reciba nada. Así que este fin de semana me quedo en blanco. Veremos el lunes. Yo creo que el cartero ya debe tenerme manía. Todos los días le espero a que llegue e inmediatamente bajo a ver si hay algo. Me mira con cara sospechosa, ¡ja!


22 de enero 1983

Me siento muy mal. Deseaba salir con Susana, pero no la he visto por ningún lado. Yo creo que sus padres no la dejan salir conmigo, y por eso está así. Está rara, incomunicativa. Me contesta con monosílabos. Estoy harto. Voy a olvidarla de una vez por todas. Mis clases de violín van de maravilla, al menos. Estoy aprendiendo rápido. Ya me imagino en la orquesta, con mi flamante traje de gala. Con 16 años sería el violinista más joven. Pero me da muchísimo respeto...


25 de enero 1983

Laura ya no me escribe. Y de verdad que lo siento. Me había ilusionado con esta amistad. No sé, tal vez aún haya esperanza. Pero son demasiados días sin recibir nada.


26 de enero 1983

Ando con un “cabreo” de muerte. Susana pasó por mi lado, y me pareció entender que me estaba evitando. Allá ella. Yo paso más. ¿Pero qué se cree?
Y sin embargo, me siento tan mal... Creí que le gustaba, y supongo que eso me perdió. Antes por que no le hacía caso, y ahora, que la persigo, tampoco. Pero ya se acabo, esta vez definitivamente.


27 de enero 1983

¡Aleluya! Por fin carta de Laura. Parece ser que se equivocó de “remite”. Le devolvieron la carta, afortunadamente, y supo así que la carta no había llegado a su destino. Es una suerte, o quien sabe si no es una señal del principio de una gran amistad, porque desde luego yo no le habría vuelto a escribir. Habría siempre existido la duda, y así ni ella me hubiese escrito de nuevo ni yo tampoco. A partir de ahora, por si acaso, aunque tarde en llegar alguna de sus cartas, le escribiré sin tener que esperar su respuesta. Al menos, si compruebo que tarda en hacerlo. Pero si a la segunda ya no recibo nada, es porque ya me ha olvidado, y para qué seguir escribiendo...

Dice que tiene una amiga de la edad de mi hermana, y que va con ella a la escuela. Laura no se terminaba de creer que tuviera unos apellidos tan raros, y al saber por su amiga que sí son reales, parece que confía más en mí y que no le cuento mentiras. ¿Por qué iba a hacerlo? Habrá gente que mienta con las cartas, pero no yo...


Echo de menos ver más a mi hermana. Sólo nos vemos unas cinco o seis veces al año, y por quien más lo siento es por ella, porque sé que desea estar conmigo. Pero esto tiene que ser así, y ya llevamos siete años separados, aunque no nos acostumbramos. Mis hermanos mayores lo llevan mejor que nosotros, quizá porque han vivido más y son más adultos, no se... De todas formas, Cris es la que peor lo lleva, porque de golpe y porrazo nos perdió a todos: a sus padres y a sus hermanos, y con solo 5 añitos...


30 de enero 1983

¡Visita inesperada de mi hermana! Qué felicidad siento. Mis tíos tenían que venir esta semana por una boda. Y con ella mi hermana, claro. Pero ella se queda conmigo estos dos días. La familia con quien yo vivo, es decir, la hermana de mi abuela materna y su marido, no se llevan bien con el hermano de mi madre, y por eso el encuentro entre Cris y yo siempre se produce de forma especial. Yo acudo a recogerla al tren, les doy un par de besos a mis tíos, y me la llevo conmigo. Les quiero mucho, pero no puedo estar con ellos y con la tía-abuela al mismo tiempo. Cosas de familia...


31 de enero 1983

Cris es amiga de Susana, no lo había dicho. Fuimos juntos a su casa, porque yo la acompañaba. Estuve muy distante, pero es lo que sentía. Después paseamos un rato los tres. Ya no siento nada cuando estoy cerca de ella, y eso, en cierta forma, es una liberación, un peso que me he quitado de encima. Las dejé hablar todo el rato, y me mantuve un poco al margen. Mejor así...
Hace una hora que he llevado a mi hermana con los tíos. Estaba muy triste, y con ganas de llorar. Ella me adora, lo noto. Y sé que sufre cuando no está conmigo. Le cuesta aceptar esta situación, a pesar de que en el fondo es feliz y nunca le falta de nada. En cierta forma tiene más suerte que yo, porque tiene un sinfín de comodidades que yo nunca tendré. NO es que yo viva en condiciones precarias, pero el sueldo de dos jubilados no da para mucho, y yo siempre ando justito en todos los sentidos...
 
UNA BODA AGITADA 10/04/05





Estuve de boda, sí. Y siempre me ocurre lo mismo. Empiezo fatal, con desgana. Eso de cambiarme el ritmo de los fines de semana, no me sienta nada bien.
Pero reconozco que al final del día, al terminar la boda, siempre me queda buen sabor de boca.

El enlace era a las 12,30 de ayer sábado. Se casaba un primo de mi mujer. Lo apreciamos mucho, y también a su novia, ahora ya, evidentemente, esposa.

Mis problemas comenzaron a surgir sobre las 11 de la mañana. Al afeitarme, después de una buena ducha, con las prisas me corté debajo de la nariz, justo en el “bigotillo”. Tuve que estar un buen rato con el dichoso papelito allí pegado, hasta que dejase de sangrar, porque si no... ¿Cómo iba a ponerme la camisa y la corbata?

Cuando ya parecía que todo estaba en marcha, no encontraba los zapatos, y encima, al localizarlos, estaban sin abrillantar, y el cepillo y la crema ve tú a saber donde puñetas paraban...

Ya se me hacía tarde y mi mujer estaría nerviosísima esperándome, pues ella acudiría a la iglesia desde la peluquería.

Al llegar a la iglesia no encontraba aparcamiento para el coche. Estuve dando cien vueltas, mientras, seguramente, los novios se casaban.

Aparqué finalmente en la “cochinchina”, y después de caminar a pies agigantados, al divisar la iglesia ya estaban saliendo los novios y tragando sus cuerpos ingentes cantidades de arroz.

Bien, si eso parecía ser todo, tampoco era tan grave. Pero... ya estábamos camino del salón donde se iba a realizar el ágape, cuando reparé en que no tenía el “sobre” para entregar a los novios. ¡Lo había dejado olvidado en casa!

Otra vez al coche, vuelta a casa y regreso al banquete. ¡Claro, ya habían empezado!
Me había quedado sin el aperitivo, sin el marisco y encima el primer plato, frío.
Y yo, hambriento hasta morirme, sin haber desayunado y sin tomar nada en todo el día, ni un mísero café, cuando ya eran más de las 3 de la tarde.



El segundo plato, naturalmente, lo devoré. “Suprema de merluza en salsa verde”. Mira, no sé que pensaría el resto de invitados, pero a mí me supo a gloria, de lo hambriento que estaba. Si en ese momento me ponen un camión en la mesa, lo devoro también.

Y entonces apareció un terrible dolor de cabeza, como suele ser habitual cuando voy estresado de más, y ya me podéis imaginar pidiendo la clásica aspirina.
Eso si, muy atentos los camareros. Hay que ver qué amabilidad. Me sirvieron dos aspirinas en una bandejita plateada, y después de tomar una, al cabo de un ratito apareció otro camarero y me dijo: ¡Señor! ¿Le han servido la aspirina¿ ¿Necesita alguna cosa más? ¡Fíjate! Un fajo de billetes tendría que haber pedido.

Finalmente llegó el postre... ¡Ay! El postre... ¡Copa de San Valentín! Así se llamaba.
¡Buenoooooo! Era enorme, con chocolate líquido, una bola de helado, profiteroles y nueces en el fondo de la copa. ¿Qué hice? Comerme la mía y la de mi cuñado, que no quería. Vamos, que la copita hacía honor al nombre. Y la tarta de limón ni lo cuento...
Cuando terminé con todo, estaba para reventar...

Menos mal que el “bailoteo” en la terraza puso mi maltrecho estómago en su sitio, con gran alivio.

Toda una aventura. Los novios se iban a “Punta Cana”, un viaje nada despreciable, ¿verdad?
 
AMIGOS PARA SIEMPRE 09/04/05




Hoy he visitado la webmaster de una amiga muy querida y especial para mí. Cada vez que entro para echar un vistazo, reconozco que siempre acabo gratamente sorprendido. Es increíble lo que hace, como puede llevar algo tan complejo, una web cultural inmensa, que sin duda es la mejor que hay en España, y probablemente de todo el habla hispana.

Me consta que todo el día va de cabeza, yo lo sé. La última vez que fui a verla, y de eso ya hace 3 años, me enseñó todo el enramaje de la webmaster. Su lugar de trabajo era una espaciosa habitación de su casa, repleta de ordenadores y libros, donde ya no podía caber nada más, porque era imposible meter nada más allí.

Pero me alegro por su éxito, que se lo tiene merecido. Fue una gran apuesta la que hizo, y puede estar orgullosa, como yo lo estoy de ella. Entré en el foro, vi la gente volcada en ella, el cariño que le muestran, cómo la necesitan, lo felices que se sienten de haberla conocido un día, cómo enseñan orgullosos las fotos en las que están junto a ella, porque deseaban compartir ese momento, esa visita, esa naciente amistad. Pude ver infinidad de fotos de mi amiga, que hacen viajar mi mente a una autopista donde se mezcla el pasado y el presente.

Las felicitaciones por su cumpleaños, las respuestas en los foros, las preguntas, las conversaciones, incluso puedo imaginar ese chat por el que yo alguna vez pasé, y por el que siempre visitan continuamente los usuarios y amigos que tanto la aprecian, esperando verla aparecer, siempre repleto de gente sana, culta, agradable. Y si por alguna razón, está ausente alguna vez, inmediatamente brotan las muestras de apoyo y cariño, haciéndole ver que están ahí, que siguen ahí, esperándola, casi más por saber que está bien, que por las ansias de volver a saber de ella.
Si, hoy me siento especialmente orgulloso de mi amiga, aunque ella sabe que siempre lo estoy, siempre lo he estado. Hoy, el día de su cumpleaños, un día que yo nunca olvido, porque siempre está en mi mente.

Cuando la conocí, hace ya más de veinte años, supe que era alguien especial, y que aunque lleváramos distintos rumbos durante nuestras vidas, nunca podría olvidarla, y puedo presumir de haber tenido buen ojo, de saber que era una gran persona, y de contar con su amistad jamás rota, ni por el paso del tiempo, ni la distancia… una amistad que yo sé muy bien, es para toda la vida…