AVENTURAS DE MAX FUENTES - ALLÍ DONDE NACE EL RÍO
ALLÍ DONDE NACE EL RÍO
Te esperaré siempre…

CAPÍTULO I
Al contemplar las primeras casas que se abrían a su paso, al pie de la carretera, Max Fuentes comprendía que estaba llegando a su destino. Por fin llegaba el ansiado momento, aquella paz que tanto deseaba. Sin embargo, por la razón que fuese, tampoco sentía gran satisfacción por ello. Su ánimo había decaído últimamente y sin motivo aparente, aunque en el fondo sabía que tenía su explicación, por más que intentara negárselo a sí mismo.
Nada más llegar al pueblo aminoró la marcha. Un letrero de bienvenida rezaba justo a la entrada, en su margen derecho. Riópar parecía tal y como lo había imaginado, un interesante y acogedor pueblecito situado en plena sierra, lejos de la mundana civilización y exenta de los ruidos malsanos de las grandes ciudades, entre otras grandes ventajas. El pueblecito se hallaba además enclavado muy cerca del nacimiento de un importante río, a muy escasos kilómetros, llamado Mundo.

En su reloj swatch, las manecillas marcaban apenas las siete de la mañana cuando ya se encontraba aparcando el coche justo enfrente del Ayuntamiento, apenas unos metros más allá desde el anuncio de bienvenida. En realidad a la Casa Consistorial se accedía subiendo unas grandes escaleras que daban acceso a una amplia plazoleta, y que en su centro guardaba una preciosa fuente sujetada por leones tallados en piedra, dándole un aire majestuoso al entorno. Justo a la vuelta de donde había aparcado su pequeño Opel Corsa, al que tanto aprecio tenía, apareció ante él una amplia arboleda que servía de embellecimiento al llamado “Paseo de los Plátanos”. Un sinfín de banquetas de madera se hallaban al paso de los árboles, a un lado y otro de la acera, donde seguramente la mayoría de los vecinos de la localidad disfrutaban de las tertulias de la tarde, o sencillamente, aprovechaban para descansar un rato, inmersos en la lectura de un buen libro o viendo pasar al resto de los transeúntes.

Pero en aquellas horas de la mañana todo estaba desierto, y ni un alma se podía encontrar en las calles. A Max le gustaba conducir de noche cuando partía de viaje hacía algún lejano lugar, a varios cientos de kilómetros de su casa, en Torrelodones. Solía detenerse un par de veces o tres durante el viaje, para echar gasolina, descansar unos minutos y despejarse en caso de que apareciese algún atisbo de sueño, o incluso tomar un café en alguno de los bares de carretera que nunca cerraban durante la noche, y que quizá no eran tan pocos como alguna gente suponía.
Había reservado una estancia para tres meses, el tiempo que necesitaba para reorganizar su vida, en un albergue rural llamado “Los Chorros del Río Mundo”. Tenía entendido, según le habían explicado por teléfono al hacer la reserva, que aquella enorme casa compuesta por 14 habitaciones dobles y que era fácilmente reconocible por sus largas dimensiones, se encontraba justo a la entrada del pueblo, aunque si en verdad había pasado por delante de la casa ni siquiera había sido capaz de divisarla, y menos con la neblina que aún reinaba, unido al hecho de que tampoco había amanecido del todo.

Una rápida solución, sin duda, era preguntar en la primera cafetería que encontrase a su paso. Sí, seguramente si caminaba en dirección hacía el letrero de bienvenida, era más que probable que diese muy pronto con Los Chorros, aunque el deseo de tener cuanto antes entre sus manos un buen café humeante, podía con todo. Y ya de paso, preguntar no costaba nada. Mientras llegaba a esta conclusión, comprendió que tenía que retroceder sobre sus pasos, después de haber cruzado casi todo el paseo de los Plátanos, pues recordaba haber divisado una pequeña cafetería bajo los arcos de la plazoleta del ayuntamiento.

Sin embargo, apenas había andado unos pocos pasos, un descomunal relámpago iluminó por completo el entorno, dando lugar a una inesperada y torrencial lluvia, haciendo que Max retrocediese hasta la acera, cubriéndose gracias al hueco que dejaban los balcones de las casas adyacentes al paseo. Aún así, Max era una de esas personas eternamente impacientes que, si está en su mano, no se doblegan ante nada, y por ello decidió atravesar el trayecto que le separaba de la cafetería mediante una estudiada carrera. Y entonces fue cuando la vio, corriendo justo en dirección contraria, hacia donde él se hallaba. Por desgracia, en la acera sólo había cabida para que uno de los dos no se mojase, dado que el bajo de los balcones apenas cubría la mitad del espacio. Pero si algo tenía Max era un alto grado de caballerosidad y civismo, así que sin dudarlo se dispuso a dejar paso a la muchacha, aún a sabiendas de que, durante unos instantes, la lluvia se ensañaría con su persona sin remedio.
© Francisco Arsis (2006)

Te esperaré siempre…

CAPÍTULO I
Al contemplar las primeras casas que se abrían a su paso, al pie de la carretera, Max Fuentes comprendía que estaba llegando a su destino. Por fin llegaba el ansiado momento, aquella paz que tanto deseaba. Sin embargo, por la razón que fuese, tampoco sentía gran satisfacción por ello. Su ánimo había decaído últimamente y sin motivo aparente, aunque en el fondo sabía que tenía su explicación, por más que intentara negárselo a sí mismo.
Nada más llegar al pueblo aminoró la marcha. Un letrero de bienvenida rezaba justo a la entrada, en su margen derecho. Riópar parecía tal y como lo había imaginado, un interesante y acogedor pueblecito situado en plena sierra, lejos de la mundana civilización y exenta de los ruidos malsanos de las grandes ciudades, entre otras grandes ventajas. El pueblecito se hallaba además enclavado muy cerca del nacimiento de un importante río, a muy escasos kilómetros, llamado Mundo.

En su reloj swatch, las manecillas marcaban apenas las siete de la mañana cuando ya se encontraba aparcando el coche justo enfrente del Ayuntamiento, apenas unos metros más allá desde el anuncio de bienvenida. En realidad a la Casa Consistorial se accedía subiendo unas grandes escaleras que daban acceso a una amplia plazoleta, y que en su centro guardaba una preciosa fuente sujetada por leones tallados en piedra, dándole un aire majestuoso al entorno. Justo a la vuelta de donde había aparcado su pequeño Opel Corsa, al que tanto aprecio tenía, apareció ante él una amplia arboleda que servía de embellecimiento al llamado “Paseo de los Plátanos”. Un sinfín de banquetas de madera se hallaban al paso de los árboles, a un lado y otro de la acera, donde seguramente la mayoría de los vecinos de la localidad disfrutaban de las tertulias de la tarde, o sencillamente, aprovechaban para descansar un rato, inmersos en la lectura de un buen libro o viendo pasar al resto de los transeúntes.

Pero en aquellas horas de la mañana todo estaba desierto, y ni un alma se podía encontrar en las calles. A Max le gustaba conducir de noche cuando partía de viaje hacía algún lejano lugar, a varios cientos de kilómetros de su casa, en Torrelodones. Solía detenerse un par de veces o tres durante el viaje, para echar gasolina, descansar unos minutos y despejarse en caso de que apareciese algún atisbo de sueño, o incluso tomar un café en alguno de los bares de carretera que nunca cerraban durante la noche, y que quizá no eran tan pocos como alguna gente suponía.
Había reservado una estancia para tres meses, el tiempo que necesitaba para reorganizar su vida, en un albergue rural llamado “Los Chorros del Río Mundo”. Tenía entendido, según le habían explicado por teléfono al hacer la reserva, que aquella enorme casa compuesta por 14 habitaciones dobles y que era fácilmente reconocible por sus largas dimensiones, se encontraba justo a la entrada del pueblo, aunque si en verdad había pasado por delante de la casa ni siquiera había sido capaz de divisarla, y menos con la neblina que aún reinaba, unido al hecho de que tampoco había amanecido del todo.

Una rápida solución, sin duda, era preguntar en la primera cafetería que encontrase a su paso. Sí, seguramente si caminaba en dirección hacía el letrero de bienvenida, era más que probable que diese muy pronto con Los Chorros, aunque el deseo de tener cuanto antes entre sus manos un buen café humeante, podía con todo. Y ya de paso, preguntar no costaba nada. Mientras llegaba a esta conclusión, comprendió que tenía que retroceder sobre sus pasos, después de haber cruzado casi todo el paseo de los Plátanos, pues recordaba haber divisado una pequeña cafetería bajo los arcos de la plazoleta del ayuntamiento.

Sin embargo, apenas había andado unos pocos pasos, un descomunal relámpago iluminó por completo el entorno, dando lugar a una inesperada y torrencial lluvia, haciendo que Max retrocediese hasta la acera, cubriéndose gracias al hueco que dejaban los balcones de las casas adyacentes al paseo. Aún así, Max era una de esas personas eternamente impacientes que, si está en su mano, no se doblegan ante nada, y por ello decidió atravesar el trayecto que le separaba de la cafetería mediante una estudiada carrera. Y entonces fue cuando la vio, corriendo justo en dirección contraria, hacia donde él se hallaba. Por desgracia, en la acera sólo había cabida para que uno de los dos no se mojase, dado que el bajo de los balcones apenas cubría la mitad del espacio. Pero si algo tenía Max era un alto grado de caballerosidad y civismo, así que sin dudarlo se dispuso a dejar paso a la muchacha, aún a sabiendas de que, durante unos instantes, la lluvia se ensañaría con su persona sin remedio.
© Francisco Arsis (2006)

Comentario:
Grcias por tu visita, mark, besos
Comentario:
Veo una nueva decoración en tu casa y además me doy cuenta que voy con retraso, así que después de este primer capítulo me marcho a todo galope para ponerme al día con el siguiente pues el relato promete.
Un abrazo.
Un abrazo.
Comentario:
Hola Mark!
Nuevamente visitándote y siempre con el mayor gusto, he de felicitarte por el nuevo cambio que logro ver en tu blog, te ha quedado muy acogedor, verdaderamente agradable...
Te confieso que una de las cosas que yo mas amo disfrutar es leer, desde muy jovencita he pasado leyendo a Corin Tellado, creo que conozco todas sus novelas sino exagero mucho, cosa que lo dudo porque no imaginas cuanto disfruto yo transportarme a ese mágico mundo, ese que los escritores logran con esa imaginación tan poderosa, tu la tienes y me he quedado encantada leyendo tu Capitulo 1
Continuare leyéndote y disfrutando de esa mágica forma que tienes para escribir, repito pienso eres un buen escritor y me gusta mucho leerte.... Las mejores de las suertes en este viaje que has emprendido tan decididamente en tu vida como lo es el de escribir, para mi simplemente lo hace muy bello.
Un cordial saludo y seguiré leyéndote.... Hasta la próxima Mark.
Nuevamente visitándote y siempre con el mayor gusto, he de felicitarte por el nuevo cambio que logro ver en tu blog, te ha quedado muy acogedor, verdaderamente agradable...
Te confieso que una de las cosas que yo mas amo disfrutar es leer, desde muy jovencita he pasado leyendo a Corin Tellado, creo que conozco todas sus novelas sino exagero mucho, cosa que lo dudo porque no imaginas cuanto disfruto yo transportarme a ese mágico mundo, ese que los escritores logran con esa imaginación tan poderosa, tu la tienes y me he quedado encantada leyendo tu Capitulo 1
Continuare leyéndote y disfrutando de esa mágica forma que tienes para escribir, repito pienso eres un buen escritor y me gusta mucho leerte.... Las mejores de las suertes en este viaje que has emprendido tan decididamente en tu vida como lo es el de escribir, para mi simplemente lo hace muy bello.
Un cordial saludo y seguiré leyéndote.... Hasta la próxima Mark.
Comentario:
Buenas!!
Estoy leyendo lo de tu novela... ;) y no podia dejar de ponerte un comentario. Me alegro mucho de que hayas publicado!!! :)
Un besooo!!
Estoy leyendo lo de tu novela... ;) y no podia dejar de ponerte un comentario. Me alegro mucho de que hayas publicado!!! :)
Un besooo!!
Comentario:
Un placer leerte, como siempre.
Creo que Max es una de esas personas a las que no se olvida.
Sigo la historia.
Un beso desde donde soplan aires de libertad.
Creo que Max es una de esas personas a las que no se olvida.
Sigo la historia.
Un beso desde donde soplan aires de libertad.
Comentario:
bonito texto. Me han encantado las fotos.
Comentario:
genial!!!
queremos mas!!! jeje
besitos salados de CHOI
queremos mas!!! jeje
besitos salados de CHOI
Comentario:
Me ha gustado este primer capítulo. Espero la continuación de tan prometedora historia.
Un abrazo
Un abrazo
Comentario:
Me encanta la riqueza de tu estilo narrativo.
Está llena de colores.
(sigo tus letras)
Un beso!
Está llena de colores.
(sigo tus letras)
Un beso!
Comentario:
Tres meses para reorganizar una vida...
y una tormenta para enredarla mas...
y una tormenta para enredarla mas...
Comentario:
Tres meses para reorganizar una vida...
y una tormenta para enredarla mas...
y una tormenta para enredarla mas...