CAPITULO II. Una muchacha llamada Silvia
ALLÍ DONDE NACE EL RÍO
Te esperaré siempre…

CAPÍTULO II
La chica, una rubita que por su aspecto parecía algo más joven que él, que contaba 32 años, iba vestida con una falda de color beig, una chaqueta vaquera y debajo una camiseta blanca con el nombre del pueblo, Riópar, impreso en ella. En realidad estaba resignada a pasar por el lado izquierdo de Max, sabiendo que la incesante lluvia se ensañaría con ella, y por ello le sorprendió la reacción de aquél chico que nunca había visto en su vida y que quizá se hallaba de paso, como la mayoría de las personas que recalaban en el pueblo, y más en aquella época del año, a comienzos de octubre y cuando el otoño ya reinaba a sus anchas. Otra cosa distinta era durante el verano, cuando acudía una gran cantidad de turistas, dispuestos a pasar allí sus vacaciones de todos los años.
-¡No, por favor, pasa tú por este lado! -exclamó Max, cediéndole el paso mientras lo marcaba claramente con elegancia con su mano derecha.
-¡M… muchísimas gracias! -respondió la muchacha, realmente sorprendida.

Aún se detuvo unos instantes, agradeciéndole con un gesto de aprobación y una sonrisa dibujada en sus labios aquel pequeño detalle al fin y al cabo, mientras Max asentía a su vez con afabilidad, no sin comprobar como las penetrantes gotas de lluvia resbalaban por su cara, manchando sus gafas y dejándole casi sin visibilidad. Lo cierto es que se había quedado prendado de aquella chispeante sonrisa, y el hecho de mojarse apenas resultaba importante para él. Pero en cuanto salió de su momentánea hipnosis, regresando a la cruda realidad, comprendió que el agua le estaba ya calando los huesos, y dado el trayecto que aún le quedaba, con la lluvia cayendo con una furia doblemente mayor, lo más sensato era esperar a que el tiempo amainase, no fuera que acabase con un impresionante resfriado, algo que detestaba más que la peor de las enfermedades.
Ahora, al alcance de su vista, una fuente que simulaba el nacimiento del río Mundo se mezclaba con la imperante lluvia, formando un salvaje y espectacular cuadro, casi engrandeciendo aquel pequeño pero a la vez atractivo monumento. Al cabo que lo contemplaba, pensaba en lo mal que había comenzando este nuevo intento de evasión, el tercero para ser exactos, pero que hasta ese momento nunca había dado resultado. Max era escritor, o deseaba serlo, porque su primera novela aún no había salido al mercado, entre otras cosas porque ni siquiera estaba terminada. En realidad, esos viajes eran la excusa para poder acabarla, encontrar un lugar adecuado lo suficientemente tranquilo para dar rienda suelta a su imaginación. Lo cierto es que aún le faltaba un tercio de la novela que estaba desarrollando, o al menos eso creía, porque hasta ese momento le había parecido demasiado corta, inconsistente, y con un final que ni siquiera era capaz de vislumbrar. Desde luego tenía claro que el desenlace de la novela debía ser espectacular, que dejase al lector gratamente sorprendido, y aquello para él era como la guinda de un delicioso pastel. Sin ella, perdía todo su encanto, toda su esencia. Y no podía permitirse algo semejante. Para ello, estaba convencido que le bastaba con tres meses; eso sí, relajado, tranquilo, con una concentración sin límites.

Mientras pensaba en su futuro libro, al tiempo que contemplaba los reguerillos de agua que se formaban en la calzada, se dio cuenta de que el día comenzaba a clarear ya, aunque no demasiado, debido a los nubarrones que surcaban el cielo. Pero, en cierta forma, le agradaba esa tonalidad gris que invadía el entorno. Sin duda, le traía recuerdos de su infancia, cuando acudía al primer día colegio cogido de la mano de su madre, con su impermeable azul y sus botas rojas recién estrenadas, metiéndolas en todos los charcos que hallaba a su alrededor.
Se hallaba en mitad de aquel recuerdo cuando, de repente, observó que la muchacha rubia se disponía ahora a cruzar la calle, tras haber pasado de nuevo por su lado, con un flamante paraguas que la salvaguardaba de la lluvia. Claro que, al parecer, esta vez no había reparado en él, y puede que incluso ni siquiera le hubiese retenido en su memoria, pues el encuentro entre ambos había sido más bien insignificante. ¿Con cuántas personas desconocidas nos cruzaríamos al día, y que tras una ínfima conversación, como unos buenos días al coincidir en un ascensor, incluso comentando el tiempo que es lo típico en estos casos, eran borrados por completo de nuestra memoria? Todos, o casi todos, sin duda alguna.
Pero Max Fuentes no pudo evitar reclamar su atención. Al menos quiso saludarla de nuevo, y contemplar una vez más aquella bonita sonrisa, si es que se la ofrecía en esta ocasión, como respuesta a su saludo.
-¡Hola! –dijo, saludando con la mano -. ¡Menuda lluvia! ¿Verdad?
-¡Ah… hola! –respondió la muchacha, deteniéndose cuando ya iba a colocar un pie en la calzada-. Tú debes ser el de antes, ¿no es así? El chico galante que me ha cedido el paso.
-Pues sí… así es. Veo que me has recordado.
-Has sido muy amable. Gracias de nuevo –dijo, con una leve sonrisa esta vez.
-Al menos ahora ya tienes paraguas –objetó Max-. Es una suerte, porque puedes seguir tu camino. En cambio, yo…
-¿Adónde vas? –inquirió la joven.
-Tengo hecha una reserva en el albergue rural de Los Chorros, a la entrada del pueblo.
La chica asintió, acercándose hacia donde Max se hallaba, entrecerrando el paraguas.
-Si quieres puedo acompañarte. Está muy cerca del lugar hacia donde me dirijo.
-Bueno, no querría molestar… -dijo Max-. Ni tampoco que tuvieses que desviarte de tu camino por mi culpa.
-No, no te preocupes. En realidad aquí en Riópar todo está cerca. Como supongo que sabrás, es un pueblo pequeño. Eso sí, muy acogedor.
La muchacha abrió de nuevo su paraguas, esperando a que Max se colocase a su lado.
-La verdad es que he aparcado el coche enfrente del ayuntamiento, que está a pocos metros de aquí…
-Comprendo –dijo la muchacha-. Pero cae una lluvia torrencial, y no merece la pena llegar hasta el coche sin paraguas, calándote hasta los huesos. Yo misma he regresado a mi casa por el paraguas. Era lo más sensato, a pesar de estar relativamente cerca del trabajo.
Ahora era Max quien sonreía a la chica rubia. Sentía que había tenido suerte al tropezarse con ella.
-¿Entonces ibas a trabajar?
La muchacha asintió de nuevo con la cabeza.
-Justo al final del paseo de los Plátanos, a la izquierda –dijo a continuación, mientras hacia señas con la mano-. En el hostal del Río Mundo. Llevo allí… unos tres meses.
-Me suena haber leído algo sobre ese lugar en las revistas que hablan de Riópar.
-Es normal –dijo la chica, encogiéndose de hombros-. Es una opción diferente a la del albergue de Los Chorros, pero para mi igual de atractiva.
-No lo dudo –admitió Max-. Elegí el albergue al azar, sin más. Creo que aquí cualquier sitio hubiese resultado bueno para mí.
-¿Vienes buscando descanso? ¿Te han dado ahora en otoño las vacaciones? –preguntó la muchacha, un poco intrigada.
-Algo así –respondió él-. Pero pienso quedarme unos tres meses.
-¿Tres meses? ¡Caray!
La chica se quedó en verdad desconcertada.
-Te sorprende, ¿a que sí?
-Obviamente. Pero no tienes por qué contarme nada, por supuesto.
Habían dejado atrás ya el paseo de los Plátanos, pero aún quedaba trayecto hasta llegar al albergue rural.
-Bueno, es largo de contar. O tal vez no, según se mire. Pero… teniendo en cuenta que el pueblo es pequeño, supongo que nos veremos más veces. Yo estaré encantado de charlar contigo.
-¿Sabes de qué me he dado cuenta? – preguntó la muchacha.
-¿De qué? –preguntó Max a su vez, expectante.
-Pues que llevamos rato hablando, y aún no sabemos nuestros nombres. Ya que vamos a vernos alguna vez, supongo, me gustaría llamarte por tu nombre.
-¡Ah, claro! Es verdad. Me llamo Max Fuentes. ¿Y tú?
-Silvia…. Silvia Cortés –respondió la chica, después del consabido beso en las mejillas.
Poco después, en mitad de su conversación, más o menos trivial, llegaban al albergue rural llamado Los Chorros.
-Bueno –dijo Max-. Muchas gracias por acompañarme. Ha sido todo un detalle.
-También lo tuviste tú antes conmigo –respondió Silvia.
-Por cierto… ¿tenéis bar en el hostal?
-Por supuesto que lo hay. Yo misma suelo echar una mano de vez en cuando.
-Entonces me acercaré ahora a tomar un café, en cuánto me den la llave de la habitación que me corresponde. Empezar el día sin café puede resultar tormentoso para mí.
-Pues en eso nos parecemos. Yo sin tomar nada temprano, no soy nadie –dijo la muchacha.
-Pues… será un placer invitarte.
-¿En el lugar en que trabajo? No, hombre. Nos lo tomamos los dos, y que pague el hostalero.
El comentario de Silvia les hizo reír a ambos abiertamente. No cabía duda de que, para Max, su estancia en la sierra comenzaba con buen pie, a pesar de las inclemencias temporales…
© Francisco Arsis (2006)

Te esperaré siempre…

CAPÍTULO II
La chica, una rubita que por su aspecto parecía algo más joven que él, que contaba 32 años, iba vestida con una falda de color beig, una chaqueta vaquera y debajo una camiseta blanca con el nombre del pueblo, Riópar, impreso en ella. En realidad estaba resignada a pasar por el lado izquierdo de Max, sabiendo que la incesante lluvia se ensañaría con ella, y por ello le sorprendió la reacción de aquél chico que nunca había visto en su vida y que quizá se hallaba de paso, como la mayoría de las personas que recalaban en el pueblo, y más en aquella época del año, a comienzos de octubre y cuando el otoño ya reinaba a sus anchas. Otra cosa distinta era durante el verano, cuando acudía una gran cantidad de turistas, dispuestos a pasar allí sus vacaciones de todos los años.
-¡No, por favor, pasa tú por este lado! -exclamó Max, cediéndole el paso mientras lo marcaba claramente con elegancia con su mano derecha.
-¡M… muchísimas gracias! -respondió la muchacha, realmente sorprendida.

Aún se detuvo unos instantes, agradeciéndole con un gesto de aprobación y una sonrisa dibujada en sus labios aquel pequeño detalle al fin y al cabo, mientras Max asentía a su vez con afabilidad, no sin comprobar como las penetrantes gotas de lluvia resbalaban por su cara, manchando sus gafas y dejándole casi sin visibilidad. Lo cierto es que se había quedado prendado de aquella chispeante sonrisa, y el hecho de mojarse apenas resultaba importante para él. Pero en cuanto salió de su momentánea hipnosis, regresando a la cruda realidad, comprendió que el agua le estaba ya calando los huesos, y dado el trayecto que aún le quedaba, con la lluvia cayendo con una furia doblemente mayor, lo más sensato era esperar a que el tiempo amainase, no fuera que acabase con un impresionante resfriado, algo que detestaba más que la peor de las enfermedades.
Ahora, al alcance de su vista, una fuente que simulaba el nacimiento del río Mundo se mezclaba con la imperante lluvia, formando un salvaje y espectacular cuadro, casi engrandeciendo aquel pequeño pero a la vez atractivo monumento. Al cabo que lo contemplaba, pensaba en lo mal que había comenzando este nuevo intento de evasión, el tercero para ser exactos, pero que hasta ese momento nunca había dado resultado. Max era escritor, o deseaba serlo, porque su primera novela aún no había salido al mercado, entre otras cosas porque ni siquiera estaba terminada. En realidad, esos viajes eran la excusa para poder acabarla, encontrar un lugar adecuado lo suficientemente tranquilo para dar rienda suelta a su imaginación. Lo cierto es que aún le faltaba un tercio de la novela que estaba desarrollando, o al menos eso creía, porque hasta ese momento le había parecido demasiado corta, inconsistente, y con un final que ni siquiera era capaz de vislumbrar. Desde luego tenía claro que el desenlace de la novela debía ser espectacular, que dejase al lector gratamente sorprendido, y aquello para él era como la guinda de un delicioso pastel. Sin ella, perdía todo su encanto, toda su esencia. Y no podía permitirse algo semejante. Para ello, estaba convencido que le bastaba con tres meses; eso sí, relajado, tranquilo, con una concentración sin límites.

Mientras pensaba en su futuro libro, al tiempo que contemplaba los reguerillos de agua que se formaban en la calzada, se dio cuenta de que el día comenzaba a clarear ya, aunque no demasiado, debido a los nubarrones que surcaban el cielo. Pero, en cierta forma, le agradaba esa tonalidad gris que invadía el entorno. Sin duda, le traía recuerdos de su infancia, cuando acudía al primer día colegio cogido de la mano de su madre, con su impermeable azul y sus botas rojas recién estrenadas, metiéndolas en todos los charcos que hallaba a su alrededor.
Se hallaba en mitad de aquel recuerdo cuando, de repente, observó que la muchacha rubia se disponía ahora a cruzar la calle, tras haber pasado de nuevo por su lado, con un flamante paraguas que la salvaguardaba de la lluvia. Claro que, al parecer, esta vez no había reparado en él, y puede que incluso ni siquiera le hubiese retenido en su memoria, pues el encuentro entre ambos había sido más bien insignificante. ¿Con cuántas personas desconocidas nos cruzaríamos al día, y que tras una ínfima conversación, como unos buenos días al coincidir en un ascensor, incluso comentando el tiempo que es lo típico en estos casos, eran borrados por completo de nuestra memoria? Todos, o casi todos, sin duda alguna.
Pero Max Fuentes no pudo evitar reclamar su atención. Al menos quiso saludarla de nuevo, y contemplar una vez más aquella bonita sonrisa, si es que se la ofrecía en esta ocasión, como respuesta a su saludo.
-¡Hola! –dijo, saludando con la mano -. ¡Menuda lluvia! ¿Verdad?
-¡Ah… hola! –respondió la muchacha, deteniéndose cuando ya iba a colocar un pie en la calzada-. Tú debes ser el de antes, ¿no es así? El chico galante que me ha cedido el paso.
-Pues sí… así es. Veo que me has recordado.
-Has sido muy amable. Gracias de nuevo –dijo, con una leve sonrisa esta vez.
-Al menos ahora ya tienes paraguas –objetó Max-. Es una suerte, porque puedes seguir tu camino. En cambio, yo…
-¿Adónde vas? –inquirió la joven.
-Tengo hecha una reserva en el albergue rural de Los Chorros, a la entrada del pueblo.
La chica asintió, acercándose hacia donde Max se hallaba, entrecerrando el paraguas.
-Si quieres puedo acompañarte. Está muy cerca del lugar hacia donde me dirijo.
-Bueno, no querría molestar… -dijo Max-. Ni tampoco que tuvieses que desviarte de tu camino por mi culpa.
-No, no te preocupes. En realidad aquí en Riópar todo está cerca. Como supongo que sabrás, es un pueblo pequeño. Eso sí, muy acogedor.
La muchacha abrió de nuevo su paraguas, esperando a que Max se colocase a su lado.
-La verdad es que he aparcado el coche enfrente del ayuntamiento, que está a pocos metros de aquí…
-Comprendo –dijo la muchacha-. Pero cae una lluvia torrencial, y no merece la pena llegar hasta el coche sin paraguas, calándote hasta los huesos. Yo misma he regresado a mi casa por el paraguas. Era lo más sensato, a pesar de estar relativamente cerca del trabajo.
Ahora era Max quien sonreía a la chica rubia. Sentía que había tenido suerte al tropezarse con ella.
-¿Entonces ibas a trabajar?
La muchacha asintió de nuevo con la cabeza.
-Justo al final del paseo de los Plátanos, a la izquierda –dijo a continuación, mientras hacia señas con la mano-. En el hostal del Río Mundo. Llevo allí… unos tres meses.
-Me suena haber leído algo sobre ese lugar en las revistas que hablan de Riópar.
-Es normal –dijo la chica, encogiéndose de hombros-. Es una opción diferente a la del albergue de Los Chorros, pero para mi igual de atractiva.
-No lo dudo –admitió Max-. Elegí el albergue al azar, sin más. Creo que aquí cualquier sitio hubiese resultado bueno para mí.
-¿Vienes buscando descanso? ¿Te han dado ahora en otoño las vacaciones? –preguntó la muchacha, un poco intrigada.
-Algo así –respondió él-. Pero pienso quedarme unos tres meses.
-¿Tres meses? ¡Caray!
La chica se quedó en verdad desconcertada.
-Te sorprende, ¿a que sí?
-Obviamente. Pero no tienes por qué contarme nada, por supuesto.
Habían dejado atrás ya el paseo de los Plátanos, pero aún quedaba trayecto hasta llegar al albergue rural.
-Bueno, es largo de contar. O tal vez no, según se mire. Pero… teniendo en cuenta que el pueblo es pequeño, supongo que nos veremos más veces. Yo estaré encantado de charlar contigo.
-¿Sabes de qué me he dado cuenta? – preguntó la muchacha.
-¿De qué? –preguntó Max a su vez, expectante.
-Pues que llevamos rato hablando, y aún no sabemos nuestros nombres. Ya que vamos a vernos alguna vez, supongo, me gustaría llamarte por tu nombre.
-¡Ah, claro! Es verdad. Me llamo Max Fuentes. ¿Y tú?
-Silvia…. Silvia Cortés –respondió la chica, después del consabido beso en las mejillas.
Poco después, en mitad de su conversación, más o menos trivial, llegaban al albergue rural llamado Los Chorros.
-Bueno –dijo Max-. Muchas gracias por acompañarme. Ha sido todo un detalle.
-También lo tuviste tú antes conmigo –respondió Silvia.
-Por cierto… ¿tenéis bar en el hostal?
-Por supuesto que lo hay. Yo misma suelo echar una mano de vez en cuando.
-Entonces me acercaré ahora a tomar un café, en cuánto me den la llave de la habitación que me corresponde. Empezar el día sin café puede resultar tormentoso para mí.
-Pues en eso nos parecemos. Yo sin tomar nada temprano, no soy nadie –dijo la muchacha.
-Pues… será un placer invitarte.
-¿En el lugar en que trabajo? No, hombre. Nos lo tomamos los dos, y que pague el hostalero.
El comentario de Silvia les hizo reír a ambos abiertamente. No cabía duda de que, para Max, su estancia en la sierra comenzaba con buen pie, a pesar de las inclemencias temporales…
© Francisco Arsis (2006)

Comentario:
¡Me encanta leerte! Sinceramente lo estoy disfrutando y me ha sabido hoy a poco, que tengo tiempo para leerme 40 capítulos más.
Continúa, por favor...
Besos.
Continúa, por favor...
Besos.
Comentario:
Pues ya lo creo, con buen pie y mejor compañía.
Abrazos
Abrazos
Comentario:
Cambio de look! ;-)
Entro brevemente para decirte que ha sido una gran alegróa ver que vuelves a escribir aquí, siempre te he dicho que me alegra que la fama, jeje, no te haya hecho olvidarlos. Tengo ganas de leerte ;)
Hasta otra!
P.D- Me espera mi papi para irnos de excursión :p
Entro brevemente para decirte que ha sido una gran alegróa ver que vuelves a escribir aquí, siempre te he dicho que me alegra que la fama, jeje, no te haya hecho olvidarlos. Tengo ganas de leerte ;)
Hasta otra!
P.D- Me espera mi papi para irnos de excursión :p
Comentario:
:-))) Veo que ya empezamos de nuevo con esto de darnos las novelas por entregas, pero mira, creo que debe de ser satisfactorio para ti saber que tienes a tantos lectores esperando ansiosos la continuación, tendré que estar al tanto para disfrutar de este relato que como ya dije parece muy prometedor.
Un abrazo y a continuar.
Un abrazo y a continuar.
Comentario:
Me gusta el comienzo...pero eso ya lo sabías tú..
Besitos.
Besitos.
Comentario:
Re-Holitas Mark!
Es un poco tarde para mi, pero luego de atender algunas cosas que tenia al pendiente hacer, volví a la maquina para leer la segunda parte de tan maravillosa historia, me encantaría seguirle completamente y espero que la continues publicando, no perdería el seguirla... Asi es que estoy al igual de impaciente que todas sus amigas que siguen tan maravillosa novela.... Espero se haga leer muy pero muy pronto. Un cordial saludo y hasta la próxima.
Es un poco tarde para mi, pero luego de atender algunas cosas que tenia al pendiente hacer, volví a la maquina para leer la segunda parte de tan maravillosa historia, me encantaría seguirle completamente y espero que la continues publicando, no perdería el seguirla... Asi es que estoy al igual de impaciente que todas sus amigas que siguen tan maravillosa novela.... Espero se haga leer muy pero muy pronto. Un cordial saludo y hasta la próxima.
Comentario:
Sin duda todo un escritor lleno de sensibilidad, me encantan siempre, y también las imagenes con las que nos deleitas.

Comentario:
Lei' el capitulo anterior y ahora quede' en suspenso..mmm, no nos dejes sufriendo mucho por el proximo capitulo... ;-))))
Me gusta aqui' tiene buen ambiente tu blog renovado...!!
Un abrazo.
Me gusta aqui' tiene buen ambiente tu blog renovado...!!
Un abrazo.
Comentario:
Me acabo de leer del tirón los dos capítulos. ¿Tú crees que puedes dejar a tus lectores así? ¿Y ahora qué? ¿le dan la llave? ¿Se toman el café? ¿Llueve sobre mojado?
Sé bueno y publica otro capítulo anda :-)
Besos
Sé bueno y publica otro capítulo anda :-)
Besos
Comentario:
bueno... esto promete..
tengo ganas de ver como continuara...
tengo ganas de ver como continuara...