A SOLAS CON MI CUADERNO II
Diario de mi vida, opiniones, relatos, enlazando el pasado, presente y futuro.
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MI PRIMERA NOVELA - AVENTURA EN EL PASADO - Francisco Arsis ISBN: 84-96379-70-1 ------------------------------------ Una vida para amar, una vida para soñar. El tiempo es efímero, intenta disfrutarlo. Comparte, vive, ríe, sueña, llora, pero nunca te abandones... Mark... ________________________ *Nota del autor: Algunas fotos están sacadas de la propia red. Si el propietario desea que las retire de la web, lo haré de inmediato.


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CAPÍTULO III - El albergue "Los Chorros del Río Mundo"
ALLÍ DONDE NACE EL RÍO
Te esperaré siempre…







CAPÍTULO III


El albergue rural de Los Chorros se hallaba justo enfrente de la gasolinera, a la entrada de Riópar. El aspecto de la fachada era sumamente atractivo, aunque desde luego a Max le bastaba con que por dentro resultase acogedor, y por encima de todo, que pudiera respirarse una gran paz y silencio, mucho silencio. Tomás, un hombre que debía aparentar unos cincuenta años, estaba al cargo de la recepción, y en cuanto vio a Max cruzar la puerta, se acercó hasta él, dispuesto a atenderle debidamente. Ante todo, esperaba que el recepcionista fuese una persona amable, que era lo menos que se podía pedir en estos casos.




-Bienvenido a Los Chorros, señor –dijo el hombre, ofreciéndole el paso al interior del albergue.
-Muchas gracias –respondió Max-. Tengo reservada una habitación a nombre de Max Fuentes.
-¡Ah, es usted! Hoy es nuestro único cliente nuevo con reserva. Me alegro de que haya escogido a Los Chorros como lugar de residencia en Riópar. Espero y deseo que su estancia le resulte agradable en esta casa.
-Gracias. Yo también lo espero –dijo Max, sonriente.
-Me llamo Tomás, señor Fuentes, y soy el recepcionista, entre otras ocupaciones del albergue.
-Encantado, Tomás. Pero llámeme Max. Me sentiré más cómodo. Soy una persona que huyo de las formalidades innecesarias, al menos para mí.
-Claro, como desee –asintió el recepcionista-. Disculpe un instante. Voy a por la llave de su habitación.
Mientras Max se dedicaba a escrutar el entorno, aquel hombre en apariencia sencillo y afable, recogía la llave del interior de un pequeño armario situado en la pared, justo detrás del recibidor.
-Y dígame, ¿le recomendó alguien este lugar?
-No, la verdad es que la elección fue pura casualidad.
-Le gustará, ya lo verá. Es un lugar muy acogedor, como puede observar.
-Sí, faltará ver la habitación, pero todo tiene un aspecto magnífico.
-Me alegro de que piense así. Por cierto, ¿y su equipaje?
-Está en el coche. Aparqué cerca del ayuntamiento. Lo cierto es que, al divisar el pueblo, lo primero que pensé fue que debía estacionar el coche lo antes posible, y me olvidé del albergue por completo.
-Tenemos un parking exterior, aunque sin vigilancia –explicó el recepcionista-. Pero, al menos, tendrá el coche cerca del albergue.
-Cuando amaine o deje de llover lo llevaré allí, y de paso entraré el equipaje –repuso Max.
-Claro, como quiera. Usted avíseme, y yo lo dejaré en su habitación.
-No, no se preocupe, no hace falta, lo haré yo. Sólo traigo un par de maletas. De todos modos, gracias.
-El cliente manda, naturalmente. En fin, acompáñeme, le enseñaré el saloncito. Allí podrá ver usted tranquilamente la televisión cuando le apetezca, y de paso, si coincide con alguno de los demás residentes, podrá usted trabar amistad con ellos. También tenemos un salón de estar, algo más amplio que el anterior.
-No acostumbro a ver la televisión, pero no estará mal conocer a sus otros inquilinos. ¿Está el albergue lleno?
-Durante el verano sí, y es necesario hacer reserva con tiempo, pero ahora es temporada baja. No obstante, quedan pocas habitaciones libres. Claro que nadie tiene hecha una reserva como la suya.
-Sí, comprendo que debe ser poco habitual –dijo Max, esperando que aquel hombre no le preguntase sobre las razones de aquella extraña reserva. No le apetecía para nada hablar de su vida a las primeras de cambio.



El aspecto del saloncito era en verdad muy acogedor. En realidad se notaba un exquisito cuidado en cada una de las salas, donde la decoración, obviamente rústica, campaba a sus anchas.
-También tenemos un tablón donde ofrecemos varias actividades. Puede apuntarse a la que quiera: senderismo, mountain-bike, barranquismo, escalada, espeleología… incluso rutas a caballo, si le apetece.
-Vaya, van ustedes bien servidos –dijo Max, asintiendo atónito con la cabeza.
-Es lo que se pretende –manifestó el recepcionista-. Tenga en cuenta que las dos sierras, la de Alcaraz y la del Segura se prestan a ello. Además, aquí casi todo el mundo vive del turismo, y hay que explotarlo todo al máximo.
-Hacen ustedes muy bien. Desde luego, son apuestas interesantísimas las que me ha descrito, aunque de momento mi intención es pasar el máximo tiempo que sea posible entre las cuatro paredes de mi habitación, relajarme y escribir todo lo que pueda.
-¿Es usted escritor? ¡Vaya, eso es muy interesante!
-Si, por eso buscaba un lugar como este, donde el descanso y el silencio parecen asegurados.
-En eso le doy toda la razón –declaró el recepcionista-. De todas formas, si cambia de opinión, no tiene más que decírmelo, y estaré encantado de aconsejarle sobre cuales son las mejores actividades.
-Por supuesto, no se preocupe. Lo tendré en cuenta.
-Mire, aquí está la cafetería – dijo, llevándole en dirección a otra de las salas-. Usted dejó constancia, al hacer la reserva, que sólo deseaba alojamiento y desayuno, ¿no es así?
-En principio, sí –respondió Max-. Tal vez más adelante solicite la pensión completa, si les parece bien.
-Naturalmente, cuando usted quiera. Todos los días servimos platos típicos caseros, propios de la sierra. Aunque en casi todos los establecimientos hosteleros de Riópar y del contorno puede hacerlo.




-No dudo que dispondrán ustedes de una cocina magnífica, y con un menú provisto de gran variedad de platos, pero suelo ser una persona quizá demasiado complicada a la hora de comer. Quiero decir que no soy de comidas fijas, y soy capaz de saltarme un almuerzo o una cena sin problemas, sin que mi estómago se resienta ni un ápice. En pocas palabras, como cuando tengo hambre.
-Comprendo que por esa razón no desee pensión completa. Fuera de las horas estipuladas la cocina permanece cerrada, pero si es preciso quizá podamos hacer una pequeña excepción con usted. Aunque no le prometo nada.
-No, no se preocupe. En circunstancias extremas, seguro que podría arreglármelas para salir del apuro. Pero se agradece el favor.
-De nada, Max. Ya sabe que el cliente es lo más importante para nosotros, y por eso tratamos de que se sienta como en su propia casa.
Siguieron caminando hacia otra sala, la de la lavandería. Varias lavadoras estaban colocadas a lo largo y ancho de la habitación. Gracias a dios, estaba acostumbrado a utilizar aquél electrodoméstico que a la mayoría de los hombres les infundía tanto respeto, más por interés que cualquier otra razón, y que para Max, en cambio, no suponía problema alguno. ¿Consecuencias del hecho de vivir solo?, se preguntaba a sí mismo. Mejor que ninguna mujer le oyese decir eso. Poco después, se encaminaban ya hacia su habitación reservada.
-Bien, aquí está su habitación –dijo el hombre, nada más abrir la puerta con la correspondiente llave-. ¿Qué le parece?
Aquella espaciosa sala resultaba realmente acogedora, y la cama, que era de matrimonio, aparecía vestida con una flamante y suntuosa colcha blanca. Sin duda, dormiría a gusto durante los próximos tres meses –se decía Max interiormente, mientras la contemplaba. Un cuadro muy pintoresco, con una brillante imagen del nacimiento del río Mundo en todo su esplendor, aparecía colocado de forma estratégica entre dos lamparitas de pared a pocos centímetros de la cabecera de la cama. Completaban el conjunto un par de mesitas a juego con dos lamparitas más, si bien éstas un poco más grandes que las de pared. Pero eso no era todo, obviamente. Un poquito más allá, un sofá de madera de cedro tapizado de blanco, un par de sillas realizadas con idéntico material, y una mesa baja de pino situada en el centro del conjunto, reposando sobre ella una preciosa y brillante planta, daban el toque final al ambiente rústico que la habitación requería en estos casos.
-Creo que me sentiré muy bien aquí –dijo al fin, tras embeberse de todo lo que la vista le ofrecía.
-Entonces, una vez más, habremos cumplido nuestro objetivo, que no es otro que el cliente quede satisfecho de su estancia en esta casa –repuso el recepcionista.



-Me asomaré al balcón –dijo Max de nuevo, acercándose al amplio ventanal que daba al exterior-. Tengo la impresión de que ha dejado de llover, pues hace ya varios minutos que no escucho el característico golpeteo del agua al llegar al suelo.
-Bien, así podrá comprobar también la magnífica vista que se puede contemplar desde aquí.
Lo cierto es que Tomás tenía razón. El paisaje que ahora Max observaba no tenía precio. Cuando la inspiración pareciese abandonarle, asomarse al balcón y contemplar la belleza paisajística que el entorno de Riópar ofrecía, haría sin duda que regresase a borbotones. O al menos eso pensaba en aquellos instantes.
-Tomás, creo que será mejor que aproveche este momento para recoger el coche y subir el equipaje –dijo, mientras regresaba a la habitación.
-Sí, tiene razón –respondió el hombre, asintiendo con la cabeza.
-Pero ya que salgo, aprovecharé para desayunar fuera, por esta vez. Lo digo para que no me esperen en la cafetería.
-Claro, no hay inconveniente. Es más, es algo que ocurre de forma habitual. Hay veces que ni siquiera acude nadie al desayuno, por increíble que parezca. La mayoría de la gente acaba siempre optando por desayunar fuera.
-No, yo sí lo haré, pero hoy… ya que es el primer día, quiero aprovechar para descubrir Riópar. Es lo menos que puedo hacer.
-Como usted guste, Max. Recuerde que si me necesita estaré en recepción. Y si no, sólo tiene que llamarme. Estoy seguro de que le oiré.
-De acuerdo entonces, Tomás.
De haber empezado la mañana de otra forma, Max se hallaría ya refugiado en su rústica habitación, tecleando en su ordenador portátil, una vez que la inspiración le hubiese llegado. Pero ahora, de repente, pensaba que todo era diferente, que existía un buen motivo para salir afuera, y sabía muy bien de qué se trataba. Un delicioso café humeante le estaba esperando y, seguramente, iba a tomarlo en compañía de aquella muchacha llamada Silvia, que tan buena impresión, apenas una media hora antes, le había dado…

© Francisco Arsis (2006)

 
Comentario:
Mark!!!
Aquí estoy, tarde pero segura...Estoy fascinada de leerte no lo niego, me encanta...Esta novela promete mucho éxito Mark, poco mas y te digo Max.

Que te puedo decir, estoy encantada y la verdad para que negarle me encantaría poder adquirir tu novela Mark... Te sigo lenta pero segura y no dejare de hacerlo porque repito me encanta tu imaginación y esa perfecta forma en que te desenvuelves, nunca dejes de escribir, lo haces maravillosamente, tu desenvolvimiento en el mismo es increíble y fascinante..... Quiero leer mas! Mark... Un abrazo.
 
Comentario:
Él piensa descansar y escribir...pero un paseo a caballo con Silvia no estaría mal..no crees??
Me gusta mucho...Sigue así..
Besitos.
 
Comentario:
Haces que me sienta en el albergue, tanto por como disfruto leyéndote, como por lo que me gusta Max.


Me quedo con la sensación del otro día... ¡Quiero leer más yaaaa!

Gracias siempre por tus comentarios en mi blog.

Un beso
 
Comentario:
Mmmmm... que buena pinta tiene todo esto :P

Y ya que tú te vas a tomar café... yo también, ea!! :P

Besitos!!!
 
Comentario:
Bueno, ya estamos instalados en el albergue, :-)) y digo estamos porque el lugar parece de lo más acogedor y mientras nos enteramos de las aventuras de Max tus lectores podemos aprovechar para pasar unos días en Riopar.
Ahora a esperar el capítulo siguiente y las novedades que él nos traiga.
Un abrazo y buen fin de semana.
 
Comentario:
Pues el lugar pinta estupendo para relajarse y abrir la mente a la inspiración. Espero que Silvia no lo entretenga en su intención.
Y tambien espero el siguiente capitulo.

Un abrazo
 
Comentario:
Te llegó mi e-mail??
 
Comentario:
Te llegó mi email?
 
Comentario:
Con tu permiso, me los imprimo para leerlos en el bus ;)
(el escenario inmejorable)
Un beso.
 
Comentario:
Seguimos leyendo...y haciendo conjeturas hasta el proximo capitulo...mmmm!
Un abrazo
 
Comentario:
Y yo que no consigo que me lo envien... ssnniifff...
Un beso.
 
Comentario:
Como siempre enganchas....y yo sigo perdida entre tus letras!!

Mil bikos.biko azul
 
Comentario:
ESto se pone interesante... lo malo es tener que esperar hasta el siguiente capitulo ;)
No