1949 - EL FINAL DE UNA POSGUERRA

Aquella bonita mañana de abril del año 1989, cincuenta años después del nacimiento de mi madre, y mientras me dirigía hacia la casa que mis tíos poseían en la calle San Nicolás, en la ciudad de mis amores, Alcoy, mi intuición me decía que estaba a punto de descubrir algo muy especial, único e inigualable en toda mi vida.
Lo cierto es que, cuando llegaba a esa casa, todos mis males desaparecían, sintiéndome el ser más feliz de la tierra. No cabía duda de que mis padres habían dejado en aquel bendito hogar mucha huella, notando a cada instante su inmaculada presencia, a pesar de ser consciente de que hacía ya quince años que se habían marchado para siempre. Pero, de alguna manera, yo sabía que ellos estaban allí nada más comenzar a subir las escaleras de la finca, sintiendo una agradable sensación de paz y un regocijo sin límites. Mi alma salía extremadamente reconfortada cada vez que abandonaba la casa, no sin antes darles un par de sonoros besos a cada uno de mis tíos y, como no, a mis queridos primos. Y aquello, sencillamente, tenía que deberse a algo muy grandioso, fuera de lo normal, y digno de tener muy en cuenta. No en vano, toda la familia siempre se reunía allí en las ocasiones especiales, algo que no había dejado de producirse desde hacía ya varias generaciones. Por eso tenía claro que, de existir un más allá, tanto mis padres como el resto de la familia que ya no se hallaba entre nosotros, a buen seguro que no dejaban de regresar a la menor ocasión, una y otra vez.
Pero aquél día, recibiría uno de los mayores regalos que jamás hubiese podido disfrutar en toda mi bendita existencia. Mi primo guardaba, en una pequeña cajita de hojalata, un montoncito de fotografías antiguas que a menudo solía contemplar cuando se hallaba solo o aburrido, y que le hacían sentirse muy feliz rememorando épocas pasadas, bien por haber sido testigo de ellas o porque las había escuchado infinidad de veces en boca de sus padres, mis bienamados tíos Alfonso y Carmen. Yo, por mi parte, desconocía por completo la existencia de aquellas preciosas fotografías, así que cuando mi primo las sacó, dispuesto a enseñármelas, no pude por menos que quedarme gratamente sorprendido y emocionado a la vez.

Cuál no sería mi sorpresa, y la de mi querido primo, que nunca había sido capaz de detenerse en minuciosos detalles como yo, al descubrir en una de las fotografías realizadas a mi tío y a mi madre durante el año 1949, cuando apenas eran unos niños de trece y diez años respectivamente, que justo detrás de ellos se hallaban, pendientes del fotógrafo y de ambos, nada más y nada menos que mi querido padre, junto a su hermano y querido tío mío también, Emilio.
En aquella fotografía, mi padre, Manuel, un joven muchacho que rondaba los veinte años, sonreía observando a mi madre de espaldas, mientras que mi tío Emilio sonreía a su vez guiñando el ojo a la cámara fotográfica. No se conocían, pues mi padre ya era todo un hombrecito en edad sobrada para tener novia, mientras que mi madre ni siquiera había iniciado su propia adolescencia. Tuvieron que transcurrir ocho años más para que un día se conocieran de verdad, de forma casual, e iniciasen una preciosa historia de amor, truncada sólo a raíz de la muerte de mi madre, ocurrida en 1974. Tan solo once meses después, en 1975, no pudiendo mi padre resistir más, acabaría partiendo en su busca para siempre.
El año 1949 dio paso a una nueva era en España, siendo el último de nuestra posguerra. El bailarín “Antonio” debutaba en Madrid, junto a la sevillana Rosario, iniciando ambos una carrera que acabaría consagrándoles en todo el mundo para siempre, mientras que Pepita Serrano, famosa actriz argentina y madre de nuestro conocidísimo “Chicho” Ibáñez Serrador y creador del “Un, dos, tres”, acudía por primera vez a España, cosechando inigualables éxitos, tantos que su presencia en nuestro país acabo realizándose de forma perenne. Eran los tiempos en que toreros como El Litri o Julio Aparicio triunfaban en los ruedos de todo el país, muerto ya Manolete, y grandes artistas como la eterna “Lola Flores” o el mismísimo “Manolo Caracol”, rompían moldes en todos los “tablaos” en los que actuaban. En las casas españolas aún no había frigoríficos y las barras de hielo compradas en las fábricas conformaban el único sistema para la conservación de los alimentos. El primer trolebús comenzaba a funcionar en Madrid, ciudad que seguía en imparable crecimiento, anexionándose sin cesar todos los pueblecitos que se hallaban a su alrededor, como era el caso entonces de la villa de “Hortaleza”, con cerca de 1.500 habitantes.
Un nuevo periódico, titulado “7 días”, salía a la calle en Octubre gracias a una idea del generalísimo Franco, mientras que unos meses antes, en febrero, fallecía en Buenos Aires el primer presidente de nuestra segunda república, Niceto Alcalá Zamora. Y si una noticia caló hondo en el país, no fue otra que la llegada desde el propio Buenos Aires de la mítica “saeta rubia”, Alfredo Di Stéfano, fichado por el Real Madrid para la siguiente temporada.
Varios años después de haber encontrado aquella fotografía, en la que sólo yo fui capaz de reconocer a mi padre, como si pareciese ir ya tras la estela de mi madre diez años antes de conocerse, desapareció de forma misteriosa. Pero hace unos meses, al entrar de nuevo en la casa de mis tíos, con la nostalgia impregnada en mi semblante pues ya ni siquiera ellos vivían, encontré otra fotografía, aunque más pequeña que la anterior, en la que una vez más se repetía la historia. Tan solo un inesperado transeúnte se colaba justo en medio, aunque gracias a dios, no le restaba ni un ápice de encanto.
Esta historia tiene segunda parte… pero esa, la dejo para la próxima ocasión.
;o)

Comentario:
Me encanta este post tan lleno de recuerdos y con esas fotos antiguas por las que siento una gran predilección.
Espero la segunda parte.
Un abrazo
Espero la segunda parte.
Un abrazo
Comentario:
uyss cuanto bueno pendiente tengo por leer aqui!! jeje voy a ello :)
besitos salados de CHOI
besitos salados de CHOI
Comentario:
¿qué poder tienen las fotografias de trasladarnos a otras epocas, a otros momentos e impregnarnos de aquellas sensaciones que un dia sentimos?
Comentario:
¡Qué preciosas coincidencias! Comprendo tu alegrÃa al encontrarlas. Y tu emoción.
¡Un abrazo!
¡Un abrazo!
Comentario:
Hola Mark! Gracias por tus amables palabras en mi fotoblog. Celebro que te gusten mis fotos. Llevo rato paseando por tu página, realmente me gusta bastante. Me encantan las historias como esta. Bisabuelos, abuelos, niñez, nuestras raices. Seguiré visitando tu página. Un abrazo,
Comentario:
Pero bueno, tú siempre dejándonos así, con la miel en los labios. ¿te parece bonito? ;-)
Me gustan las historias pasadas, de mis abuelos, de su niñez, de mis padres, de su adolescencia...
Espero la continuación.
Un beso
Me gustan las historias pasadas, de mis abuelos, de su niñez, de mis padres, de su adolescencia...
Espero la continuación.
Un beso