A SOLAS CON MI CUADERNO II
Diario de mi vida, opiniones, relatos, enlazando el pasado, presente y futuro.
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MI PRIMERA NOVELA - AVENTURA EN EL PASADO - Francisco Arsis ISBN: 84-96379-70-1 ------------------------------------ Una vida para amar, una vida para soñar. El tiempo es efímero, intenta disfrutarlo. Comparte, vive, ríe, sueña, llora, pero nunca te abandones... Mark... ________________________ *Nota del autor: Algunas fotos están sacadas de la propia red. Si el propietario desea que las retire de la web, lo haré de inmediato.


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"HOY TE ESCRIBÍ UNA CARTA"...
Por Laura Doltz





21 de octubre de 1990

Mi querido e inigualable amigo Mark:

No te imaginas las ganas que tenía de que te quedaras en Valencia y te hubieras venido de fiesta de “Despedida de soltera” que, por cierto, finalmente fue por separado, es decir “las chicas con las chicas y los chicos con los chicos”. Pero te digo una cosa: ¡Tú hubieras venido conmigo aunque fueras el único chico en la despedida!


Los globitos no suelen faltar tampoco en las despedidas de soltera.

Es más, voy a contarte cómo fueron las cosas. Fuimos en total... espera, tendré que poner los nombres para saber cuántas éramos (aunque no muchas)... Mis hermanas Sara, Olga y Mara, Carmen, Mónica, Mary, Mariví y Lucía. ¡Ah! Y yo. En total, nueve. Para variar, todas ellas tenían novio o estaban casadas y con hijos, pero la mayor era mi hermana Olga, que tiene 29 años y aparenta 18 ó 19. Bueno, puede que más, no sé.

El caso es que todos los novios o maridos de ellas estaban con mi futuro cuñado en su despedida de soltero. Así que, la única soltera de verdad era yo, con lo que si quería, cosa que era así, tú te habrías venido conmigo sin ningún problema.

(Mark, actualmente: No sé como no pude quedarme. Lo deseaba con toda el alma, pero me fue verdaderamente imposible. Fue un día increíble, pero las obligaciones imperaban)...

Y como es normal en las despedidas de solteros, o en este caso solteras, hubieron muchos ligues. Imagínate... nueve chicas de fiesta armando un escándalo increíble por todas partes. Los chicos nos paraban por la calle, e incluso uno adivinó que íbamos de despedida de soltera. Al principio quise contar los piropos, pero decidí olvidarme porque fue una noche increíble.

Tú nunca me has visto arreglada, y me hubiera encantado que me vieras esa noche. (Ya sabes, todas las mujeres o chicas tenemos algo de coquetería y me habría hecho ilusión que me vieras)

¿Sabes? Allí donde íbamos llamábamos la atención. Para variar, yo me encargaba de hacer el loco para animar la fiesta. En la cena me picaron para que me pusiera delante de todo el mundo y bailara sevillanas. Una de las chicas, justamente la que me picaba para que lo hiciera, no pensaba que me atrevería. Entonces me levanté y mi hermana Olga me sujetó. Le daba vergüenza porque ella tiene el sentido del ridículo muy elevado. Eso, en una fiesta, no debería existir, pero ella siguió en sus trece. Aunque yo también. Me levanté, me deshice de su mano y me fui a bailar sevillanas mientras las demás aplaudían.

¿Cómo acabó? Me aplaudieron incluso los camareros y hasta se comportaron luego mucho más simpáticos que al principio.


Fachada de la discoteca Suso's, en Valencia.

Después de cenar nos fuimos por ahí y tras pisar varios locales, terminamos en una discoteca (de esas que yo no iría de fiesta ni loca) en la que, increíblemente nos lo pasamos muy, pero que muy bien. Yo, al menos, me divertía con todo.

En la discoteca, Suso’s, entramos gratuitamente y encima nos invitaron a beber. Allí todos los hombres nos miraban y alucinaban, pues en ese lugar, o van matrimonios mayores y varón-busca-hembra ó viceversa.

Se me acercaron dos chicos jovencitos. Decían tener 18 o 19. Intentaron ligar conmigo y yo se los endosé a las demás. Uno de ellos, el más guapito, volvía una y otra vez a mi. Finalmente le dije: “Tú lo que quieres es hacer creer a tus amigos que has conseguido ligar conmigo”, y me contestó gritando: ¡EXACTO!.

Empezó a decir tonterías, ponerse de rodillas y decirme: “Acompáñame hasta donde están mis amigos para que me vean contigo, por favor. Me harás el hombre más feliz de la tierra”. No puedes imaginarte cómo me divertí con la situación. Cuando nos íbamos de la discoteca le hice el favor de dejarme ver con él y... tenías que haber visto la cara del chico cuando nos despedimos. ¡Una risa!

Pero pasaron más cosas graciosas. Habían allí unos filipinos. ¡Yo creía que eran chinos! Uno de ellos se me acercó y me dijo: “¿Cómo el tuyo nombre?”. Estuve a punto de decirle que me llamaba “Chao-li”, pero me pareció que iba a faltarme mucho con él, y en vez de “Chao-li” (Falcon Crest), le dije “Melissa”. A partir de entonces fui Melissa para todo el mundo.



Otra cosa muy divertida que nos ocurrió fue hacia las 5 de la madrugada. Fuimos a Alboraya a comer chocolate con churros y nos atendió un chico muy majo que era de Chile. Cuando se enteraron se pusieron todas como locas a preguntarle como acababa “Cristal”.

No sé exactamente como empezó, pero el chico alucinó con nosotras. Mónica le dijo: “Dios te lo pague”, de broma, y a mí se me ocurrió contarle al chico una historia que, por supuesto, no creyó, pero con la que nos divertimos todos, incluso él. Le dije que éramos novicias que íbamos para monjas de clausura (y yo llevaba los labios pintados de rojo y minifalda –algo excesivo para una novicia). Me presenté como “Sor Citroên. Mi hermana Mara era “Sor Bicarbonato” y Mónica “Sor Ye-ye”. Cuando este chico, Nelson, nos preguntó qué estudiábamos, Mariví dijo: “Teología”. Era una risa. Le pedí una bolsa de papel para meter los churros que habían sobrado con el cuento de “son para los pobrecitos que tenemos en el convento”...


"Cristal", una fotonovela que causaba estragos entonces en TV Española.

La verdad es que fue una noche auténtica. Y lo más gracioso fue que las chicas llegamos a casa más tarde que los chicos. Nosotras llegamos al pueblo a las 6 de la mañana.

Por cierto. Aún no te he dicho nada de tu visita. La verdad es que cuando nos despedimos, me dio verdadera tristeza porque me daba la sensación de que pasaría mucho tiempo antes de que volviéramos a vernos. Fue una sensación muy rara y aún ahora, me da tristeza. ¡Qué rabia estar tan lejos!...

¿Sabes? Iba a escribir: ¡Qué pena no habernos conocido antes!, y luego he caído en que nos conocemos desde hace mucho y el tiempo no ha sido precisamente el problema, sino los kilómetros...

De todos modos me alivia pensar que dos grandes amigos como nosotros siempre estarán unidos. Es grato pensarlo, y eso hace que tú, para mí, seas inolvidable.

¡Ah! Y para variar... a mí también me pasó de todo ese día. Ya te dije que perdí el tren, lo que no te dije es que con el traqueteo me pegué con la frente en el cristal un buen coscorrón. Y después de esperarte –que eso no me supo nada mal- todo fue bien hasta la vuelta. Verás, te dije que cada cúpula que había en la Gran Vía, donde nos despedimos, era una boca de metro. ¡Y no lo eran! Tuve que ir andando hasta el final de la Gran Vía para coger el tren de la 2ª salida del “Nuevo Centro”.

Y al llegar, pregunté cuando llegaba mi tren. La chica dijo que acababa de pasar y que faltaba media hora para el próximo. Bajé y decidí tomármelo con filosofía, así que encendí un cigarrillo y entonces pasó un tren. ¡ERA EL MÍO! Menos mal que me di cuenta a tiempo. El cigarrillo lo tiré entero pero, al menos, no tuve que esperar.

¡Ah! Pero aquí no acaba todo. Al llegar al pueblo fui a la cabina telefónica y metí los duros que llevaba sueltos y llamé a casa. Lo hice tres veces y no había comunicación. Ni yo podía oír a Mara ni ella a mí. Por si acaso, esperé un buen rato con la esperanza de que Mara se imaginara que quien intentaba llamar era yo, y así vendría por mí. Pero nada. Finalmente hablé con el hombre del quiosco de la estación y me dijo que sólo funcionaba con monedas de cinco duros. Y yo sin saberlo.

Lo demás, ya lo sabes. Cuando llamaste yo estaba prácticamente arreglada y luego vino la despedida de soltera.



Querido Mark... ya es lunes. Esta tarde tengo clase así que debo despedirme ya, porque aún no tengo nada arreglado. La mochila está vacía y el salón lleno de libretas y libros. Aún no sé si podré enviarte hoy la carta porque, aunque voy todos los días al pueblo, esta noche ha llovido y no quiero llenarme las zapatillas de barro como el otro día. ¡Imagínate cómo puse la casa!

En fin... aunque en esta carta no te mande aún las fotos, lo haré pronto. Antes tengo que conseguir hacer las copias. Aún no sé si tendré que bajar a Valencia adrede para ello, y ya sabes cómo tengo de ocupada la semana. Pero te prometo enviar las que te gustaron.

Mark, ya me despido, no sin decirte GRACIAS POR EXISTIR, GRACIAS POR ESTAR AHÍ Y SER MI AMIGO.

Tuya, sinceramente, tu amiga de Valencia
Laura Doltz
 
SOLO HAY "HOMBRES"...
Sábado por la mañana. A estas horas debería estar en la playa, de nuevo en Santa Pola, pero ciertos inconvenientes han imposibilitado esta escapada.



Espero que la semana próxima no me falle nada, y pueda disfrutar con la vista del mar, con un agradable baño, y un placentero paseo por la orilla, dejándose acariciar mis pies por esa arena que tanto me gusta...

Ayer estuvieron dos amigos en casa, después de la cena. Tomamos café, y luego terminamos deleitándonos con “chupitos” de orujo y otros tantos de coñac. Casi terminamos las botellas, no cesando de brindar por cualquier cosa que mereciera la pena. Mi amigo “Pepe” fuma a dos carrillos, y terminó con el paquete de cigarrillos en un “tris tras”, hay que ver...



Quiso ver el patio, porque él fue quien se encargó de adecentármelo, podando los rosales, y haciendo arreglitos aquí y allí. La verdad es que tengo mucho que agradecerle. Me dijo que en cuanto pudiese se encargaría de hacer algún transplante a su casita en el campo, porque esas rosas aterciopeladas le gustaban mucho.

Esta que podéis ver es la más grande de todas, aunque hay varias casi del mismo tamaño que esta...



Mi hija sigue haciendo de las suyas. Esta vez ha sido mientras desayunábamos. Los sábados me la suelo llevar de paseo por la ciudad, y de paso, en el primer bar que se me cruza nos paramos a tomar un buen café y un delicioso “cola-cao” para ella. El bar en cuestión estaba repleto de gente jugando a las cartas, al parecer con algún campeonato de por medio, y por supuesto, todos eran del mismo sexo...

De repente, mi hija, con sus cuatro añitos, después de devorar una super-tostada con aceite, me suelta:

-Papi, ¿te has dado cuenta? Este bar esta lleno de hombresssssss!!!! Solo – hay – hombres....
 
DE MIS RELATOS...

El año pasado, en los juegos olímpicos, la noticia de un doble intento de suicidio por parte de dos deportistas griegos, no pudo pasarme inadvertida. Por la forma en que sucedió, por el motivo pasional que conllevaba...
Ese tipo de noticias siempre azotan mi mente...

Estudié a fondo la noticia, leí todos los artículos que circulaban por los periódicos que cayeron en mis manos... Traté de intentar comprender porqué habrían llegado a cometer aquél lamentable suceso...
Obviamente, fue un acto pasional, e intenté ponerme en la piel de los dos amantes, y relatar aquello que quizá hubieran podido sentir en los momentos posteriores a su tentativa de suicidio.



TUYA POR SIEMPRE

Puedo verte, Yorg, puedo ser testigo de todo lo que nos ha ocurrido, amor mío. ¡Hace tan sólo unos días éramos tan felices! Sé que lo que hicimos estuvo mal, muy mal. Y ahora nos toca pagar por ello. Pero yo sólo deseo volver a estar contigo. Era lo único verdaderamente importante en mi vida, como sé que también lo era para ti contar conmigo, con mi inmenso amor por ti. ¿Por qué tuvimos que llegar a esto, Yorg? Teníamos tantos sueños, tantas ilusiones por cumplir, tanto amor al mismo tiempo que darnos el uno al otro.

Y una amarga discusión, fruto de nuestros estúpidos enfados, típicos de las parejas de enamorados, ha logrado terminar con todo ese maravilloso mundo que tú y yo nos habíamos creado.

¿Por qué, Yorg? Yo sólo quería que me comprendieras, que entendieras que fuera de ti no existía nada, que lograr una medalla olímpica no dejaba de ser un bonito sueño, pero de nada serviría si yo no podía compartirla contigo. Y tú... tú también tenías el mismo deseo que yo. Éramos una pareja perfecta, Yorg. Eleni, la judoka enamorada de su flamante campeón de Kick-Boxing. Si, tu siempre soñaste con ser campeón, y para mi lo eras.



Pero la sombra de tus injustificables celos, planeó sobre nosotros una vez más. Y esta vez nos hizo daño de verdad, Yorg.
Aunque en verdad no, quizá la culpa ha sido mía por haber reaccionado de esa forma, fruto de la desesperación que me invadía, de ese triste impulso febril y alocado que sin duda achaco a mi juventud, o quien sabe...
Yo te amaba tanto, Yorg... Te amo aún en realidad. Siempre.

Ahora puedo verte, no sé como es posible, porque sé que yo ya no estoy aquí. Sin embargo, estoy a tu lado, apretando tu mano fuertemente. Habías decidido seguir mi propio camino, Yorg. Y por eso sé que tú saltaste al vacío, detrás de mi, en mi búsqueda. Y no puedo censurarte, porque yo hice lo mismo que tú. Los dos estamos arrepentidos de nuestra actitud, pero ahora ya es tarde. Ya no podremos estar juntos de nuevo, ¿verdad? O si...


Si tan sólo pudieras responderme, decirme algo. Sabes que yo te perdono, y también que nunca quise hacer lo que hice. Yorg, no pude evitarlo, te amaba demasiado, y no podía soportar aquella disputa, sentía que nos destrozábamos por dentro, y el balcón estaba tan cerca... Era mi escape, mi huida, un punto sin posible retorno, y en aquél momento mi mente estaba bloqueada y era incapaz de reaccionar...

Sólo 20 años, Yorg... Pero cómo viviré yo ahora sin ti. Y sin embargo, sé que ya no existo, porque nadie puede verme, nadie me hace caso... ¿Es tal vez mi alma la que vuela hacia ti, y se cobija en tu corazón, que aún late, aunque débilmente?

Si tan sólo pudieses responderme, saber que me sientes cerca de ti, a tu lado ahora... Que comprendieras que te amo y que no soportaría dejar de verte...

...

Estoy aquí, Eleni. ¡Claro que te escucho, aunque no puedo verte! Tuve que hacerlo, vida mía, ir detrás de ti, me sentía culpable, fueron dos días de interminable tortura, sumido en la desesperación. Nuestra discusión no fue fruto de un solo día de incomprensión o malentendidos entre nosotros. Los celos que me invadían, las drogas, con esa pesada carga que he tenido que arrastrar todo este tiempo, aunque ahora ya parecía liberado de ella, todo eso tuvo la culpa...

No sé si estoy muerto o vivo aún, pero lo único que verdaderamente me importa es estar a tu lado, y tú ahora por fin estás de nuevo junto a mí. Allí donde tú vayas, sin duda yo te seguiré, Eleni. Porque yo, sin ti no soy nada...


(Lágrimas recorren ahora las mejillas de Eleni, que siente que la reclaman, que debe marcharse, que ya no puede seguir a su lado, inevitablemente, porque así es la vida, o quizá la muerte... pero no el amor que ambos sienten, porque ahora ya saben, es eterno...)


Sé que no puedes oírme ya, Yorg, pero a quien pueda oírme le digo... Te quiero, Yorg. Te esperaré siempre, y tuya siempre, lo seré...



ELENI IOANNOU, judoka griega de 20 años, seleccionada para disputar los Juegos Olímpicos en Atenas 2004, campeona nacional durante los tres últimos años y medalla de bronce en los Juegos de los Balcanes 2002, falleció después de 16 días de permanencia en la UVI el pasado 24 de agosto, tras el intento de suicidio al arrojarse por el balcón del apartamento donde residía junto a su pareja, YORGOS JRISOSTOMIDIS, de 24 años, quien a su vez se arrojaría igualmente al vacío desde el mismo apartamento dos días después que su compañera sentimental. Su estado actual es reservado.
 
SIMPLEMENTE, TIZA...
La cantante “TIZA”, que podéis escuchar siempre en mi blog (recordad que es la chica que canta en el sonido de fondo del blog) estará incluida en un nuevo disco que “EMI” y “Virgin Records”, lanzarán al mercado el próximo 20 de junio.



No es mi intención hacer propaganda ni nada de eso, que Dios me perdone. A mí Tiza me gusta como canta verdaderamente, y eso se nota. Di con ella de pura casualidad, ciertamente, y desde entonces no dejo de escucharla una y otra vez.

Ahora me he enterado de esto y para mí es muy importante, porque por fin podré tener un disco suyo. Son nueve artistas llamados “nuevos”, aunque me consta que llevan años siendo músicos, al menos “Tiza” a buen seguro que sí. Y estaréis de acuerdo conmigo con que canta bien, ¿a que sí?

Personalmente pienso que se lo merece, que ha luchado mucho por ello, creando canciones incluso para artistas consagrados. Ojalá que haya llegado su momento, y yo me alegraré especialmente por ella...

Desde luego, su música formará parte siempre de mi vida, porque a ella, de alguna manera, le pone precisamente eso, música...

Algún día, si actúa en Valencia, para el final del verano o cuando sea, me gustaría que hiciéramos una kedada de blogueros y fuéramos a verla cantar y actuar. ¿Qué os parece?

Mientras tanto, os dejo el enlace a esta presentación del disco, al cual podréis acceder desde la foto de Tiza.

Recordad que también tengo el enlace a su página web en las listas de la izquierda.

Gracias, Tiza, por estar ahí, por dejarme escucharte, por todo...
 
EL "CALAMARERO"

EL “CALAMARERO”



El pasado martes fuimos a comer a un restaurante. Me sentía bien, no tenía que trabajar ese día, pues lo compensé por un sábado que estuve de guardia.

A mi hija le encantan los calamares, así que pedimos una buena fuente repleta de ese exquisito cefalópodo. Y así, mientras íbamos picando de aquí y de allí, mi hija iba devorando los calamares como si en ello le fuera la vida.

En un momento dado, los calamares habían desaparecido del plato. Mi mujer y yo nos quedamos mirando, extrañados. ¿Y los calamares, donde estaban? -En el buche de tu hija, donde va a ser –dijo finalmente mi mujer.

Y, aún no me había recuperado de aquel suceso, estando yo con un pedazo de pan a punto de entrar en la boca, cuando mi pequeña hija de cuatro años me dice:

-Papi, ¿puedes llamar al “Calamarero” y decirle que traiga más calamares?

Justo en aquel instante, el pedazo de pan que llegaba a mi garganta, el cuál salió disparado de tal forma que pasó rozando la cabeza de mi mujer. No le di en el ojo de milagro...



Estas son las rosas que han florecido en nuestro pequeño jardín. Mi hija se quedó sorprendida al verlas, como podéis observar en las fotos.





-Papá, ¿has visto cuantas rosas? Y todas del mismo color. Aunque allí hay una amarilla, ¿La ves?


 
"HOY TE ESCRIBÍ UNA CARTA"...
Por Laura Doltz


17 de octubre de 1990

Querido e inapreciable (no tienes precio, ¿eh?) AMIGO MARK...

Acabas de llamarme por teléfono y probablemente nos veamos mañana, pero quería aprovechar este poco tiempo libre para escribirte.

Si nos vemos mañana te enseñaré las fotos para que tú elijas las que quieras. Si no conseguimos vernos te mandaré las 3 que más me gustan a mí, aunque (parece mentira) me gustan casi todas, y eso es algo que resulta increíble en mí.


Reverso de una postal incluida en la carta de Laura.

En estos momentos debería estar memorizando unos folios para la clase de contabilidad de esta tarde, pero ayer me ocurrió una cosa muy curiosa. Mientras veía la película, escribí resumiendo en un folio lo que debía memorizar, y luego me fui a dormir. El problema fue que, a pesar de que ya era la 1 de la madrugada, no conseguía dormir. Tenía metido en la cabeza un ruido tan ensordecedor que me impedía hacerlo. Di vueltas y más vueltas en la cama para intentar conciliar el sueño... y nada.

De repente pensé que podía intentar recordar lo que debía memorizar para hoy y... ¡me lo sabía casi todo! Lo repasé una y otra vez hasta que me dormí.

En cuanto termine de escribirte, haré un repaso para lo que me falta memorizar. Espero no quedar mal el segundo día de clase con “Loles”, la profesora.

¿Sabes? Ahora tengo un “tic” nervioso en el dedo gordo de la mano derecha. ¡No te puedes imaginar la risa y el fastidio que me causa ese tic! Ayer, en clase, nos moríamos de la risa. Yo iba enseñándole a todo el mundo el tic de mi dedo, pero ¡nunca miraban cuando les avisaba! Y cuando miraban, ya no había tic. Pero, por supuesto, sigue fastidiándome contínuamente. De todas formas, más vale ese tic nervioso que los dolores de espalda o de estómago que me causaban los nervios.

¡Ah! ¡Qué tarjeta tan DIVINA-ESPECIAL-PRECIOSA-ACERTADA me has enviado! Y digo “acertada” porque Gardfield/Isidoro ¡me encanta!

A mí también me faltas tú, pero por suerte, te tengo y eso me hace siempre feliz. Gracias por la tarjeta. “Thank’s”.



Quiero contarte cosas que van a sorprenderte. Se trata de Nardo. Quizás porque mi primer gran amor lo tuve a los 15 y 16 años, y quizá porque la única vez que salí en serio con un chico fue a los 17, lo demás, o sea, las demás relaciones me las tomé más a la ligera. Eso hizo que tras salir un tiempo con un chico, cuando la historia terminaba, me sentía mal y defraudada, pero nunca sentía nada demasiado especial más de dos semanas al salir con un chico. Por ello, al terminar una relación, me fastidiaba pero no sufría por ellos. ¿Entiendes lo que quiero decirte? Hubo una temporada en la que decidí dejar de salir con chicos hasta que ocurriera algo verdaderamente especial, pero acabé saliendo con un amigo mío llamado “Luismi”. Él me conoce mejor que nadie, casi incluso mejor que yo me conozco a mí misma.

No resultó, pero gracias a que éramos –y lo somos- muy buenos amigos, nosotros no acabamos mal. Al contrario, aún nos vemos muy a menudo y sé que él me quiere, pero que como pareja, no congeniamos.

Salir con Nardo resultó muy bonito. Salíamos a cenar a restaurantes muy especiales, íbamos juntos al cine, pasábamos horas relajantes mirando las estrellas. Como verás, un toque de romanticismo sí que hubo en nuestra relación. Pero como ya te conté, se acabó.

Pero para más sorpresa, ayer me llamó por teléfono y ¿sabes qué me dijo? Que el día anterior me había llamado tres veces y yo no estaba. En fin... sigo creyendo que Nardo no tiene las cosas muy claras, porque él me llamó tras recibir la séptima y octava carta que le mandé, y esas, eran casi cartas de amor. No exactamente de amor, pero casi, y es que soy una persona que puede resultar fría a la vista, estúpida e irritable, pero también tengo ganas de dar amor, y las cartas que le escribí a Nardo eran vías de ilusión y escape e ilimitada imaginación en la que podía ser yo por dentro.

Sin embargo, como siempre, al terminar la relación, se acabó también la imaginación y las ilusiones, y las dos siguientes cartas que le mandé a Nardo fueron una demostración de lo que te he dicho. Y esas cartas, él aún no las ha recibido. No sé si cuando las lea me volverá a llamar. He deducido que él leyó una de esas bonitas cartas y sintió deseos de hablar conmigo, pero nada más.

Yo sé que algún día tendré mi oportunidad en la que daré y recibiré amor incondicionalmente. Ese día tocarán las campanas, como dicen en casa.


Anverso de una postal incluída en la carta de Laura.


Como ya sabes, hace días que voy a clase, y eso, aunque me llena de agobios, también me llena de ilusión. En clase estoy rodeada de gente, amigos y amigas que están siempre conmigo, con los que me siento bien, y que no me olvidan. ¡Con decirte que Noel, un amigo, se pasa el día llamándome a gritos en mitad de la clase y ya no hay profesores que no nos conozcan por lo revolucionarios que somos! En fin, ahora entenderás las ganas que tenía de comenzar las clases y estar de nuevo rodeada de gente.

Bueno, ahora sabrás que no he dejado de fumar. Ni siquiera lo intenté, pero si nos vemos mañana, cuando leas esta carta ya sabrás toda la historia.

Voy a tener que terminar la carta si quiero tener tiempo para hacerme la comida, tomar después mi café, y repasar.

Tengo ganas de que llegue ya mañana para vernos y charlar animadamente. ¡Con eso de que nos vemos de “uvas a peras”!...

En fin, me despido por hoy hasta una próxima carta.

Muchos, muchos besos y abrazos de tu gran amiga Laura, que jamás, pase lo que pase, te olvidará...

Tuya, sinceramente
Laura Doltz
 
DIARIO DE MI ADOLESCENCIA (MAYO 1983)

"SILVES & HELENA"


Con un año, el día de mi cumpleaños, en 1967

8 de mayo 1983

Domingo por la mañana. Mi cabeza está hecha un lío. Tantas chicas a la vez me está volviendo loco, y no sé que hacer con todo esto. Ya no sé quien me gusta, quien no me gusta...

Un fin de semana más que ha transcurrido saliendo con Loli y Carolina. Y el caso es que Loli cada día me gusta más, es verdad, pero no sé como decírselo. Nunca se separa de Carolina, y al no tener la ocasión de estar solo con ella... no me atrevo a hacerlo. Si yo diese el paso, no querría que Carolina nos acompañara, y las veo tan unidas... Ahora bien, si le buscáramos un chico, pero... como yo ya no tengo amigos con los que ir por ahí los fines de semana, no sé a quién puedo convencer para que vaya con nosotros, y me haga ese favor.

Lo dicho, un lío. Porque después me acuerdo de Macarena, y mi cabeza se convierte en un polvorín. Trataré de no pensar en ello, y de momento, dejar que transcurran las semanas en compañía de Loli y su inseparable amiga, y en cuanto llegue el verano, ya veremos...


11 de mayo 1983

Si no lo veo no lo creo. Mi eterna “rubita”, Helena, se ha enrollado con ¡Silves! Me los he encontrado en la puerta de la academia “morreándose” sin tapujos. Y Helena, al verme, me ha mirado, me ha sonreído y acariciándome la barbilla me ha dicho: Te robo a tu querido amigo, Mark. Me lo quedo.

Esto sí que es fuerte. Y no he podido hablar seriamente con Silves, porque al salir de la clase se han ido juntos, los bandidos. Es la primera vez que ocurre, que en vez de con Silves, regrese solo a casa. Pero les deseo lo mejor, y más porque los dos son amigos míos, y los aprecio enormemente.


Disco de NIna Simone

13 de mayo 1983

Silves no es un gran amigo, pero hemos compartido mucho. Somos compañeros de clase desde el 81, incluso de pupitre, y verdaderamente me alegro por él, y por “mi rubita”. Siempre la he llamado así a “Helena”, pero era cariñosamente, sin que por ello pretendiera decir que es mi novia o mi chica. Al principio decía: ¿Cómo está mi amiga rubita? Y con el tiempo, para abreviar, quité lo de mi amiga...

Helena y yo hacíamos “novillos” muchas veces en el 81, y nos íbamos a cualquier parte con tal de no ir a clase. Y siempre me contaba sobre los chicos que le gustaban... salvo esta vez. Ahora ha sido una sorpresa verlos a los dos “enrollados”.

Silves se unió a nosotros cuando entró a la academia. Y los tres tenemos impresionantes batallitas. Pero últimamente algo me decía que ellos iban a terminar saliendo juntos. Atrás quedan esas correrías juntos los tres, dejando las clases y haciendo la vuelta a los “tuneles”. Cuántas veces hemos hecho el recorrido de la antigua vía del tren. Era una aventura tremenda. El caso era ir por donde nunca habíamos ido, ni siquiera “mi rubita y yo solos”...

Hace poco hicimos parte del trayecto de la vía antigua en moto. También se vino Raquel. Ella se trajo su moto, y Silves la suya. ¡Pero teníamos que cruzar los dos túneles apagando las luces durante 12 segundos sin detenernos! Y eso dos veces. Yo iba en la moto de Raquel, y Helena y Silves en la otra. ¡Una auténtica locura! Lo peor es que habían baches y un montón de charcos, y nos pusimos los pantalones perdidos de barro...

Silves me ha dicho que me busque a alguien para salir los cuatro juntos, pero yo quiero seguir con Loli y Carolina de momento. Con ellas lo paso bien, y no creo que los tres encajáramos ahí. Lo mejor es que ahora disfruten ellos solos...


Disco de Nina Simone donde se incluye la canción "My Way"

15 de mayo 1983

¡Vaya! Estaba asomado al balcón de mi casa a mediodía, y el cartero, al acercarse, ha mirado hacia arriba, me ha saludado, y separando una de las cartas que tenía en la mano, la agitado mientras me guiñaba un ojo, como diciendo: ¡Carta para ti, chaval!
Al final nos vamos a hacer amigos el cartero y yo.

La carta, lógicamente, era de Laura. Una vez más, la transcribo en mi diario:


¡Hola, MarkMan! ¡Aquí LauraWoman!


Carta de Laura con el sello del Papa Juan Pablo II

Esta misma mañana, día 13 de mayo, he recibido tu carta, cuando son las cuatro menos veinte, bueno, menos dieciocho.

Va a empezar la película del viernes al mediodía: “La partida del jueves”. Voy a entreverla, es decir, la veo y te escribo a la vez. ¡Ay, que risa! Bueno, olvida lo de la risa, es por la película.

¿Sabes que dentro de 15 días tengo los exámenes del graduado? ¡Glub! Ahora veremos cuantas... “APRUEBO ó SUSPENDO”.

Por cierto, ninguna de las palabras que me pones en inglés las entiendo. Lo mío es el francés, ya lo sabes.


Carátula de la película "Fama"

En cuanto a lo del teléfono, y las llamadas anónimas que recibes, no creo que sea tan anormal. A mi casa siempre están llamando, o se equivocan, o dicen cualquier tontería.

(Mark en el presente: ¡Que noooo, que las chiquillas me llevaban frito llamándome a todas horas! ¿A quién no le ha pasado?)

Hoy no estoy muy inspirada, Mark, así que puede que no te escriba más de lo que puede caber en este folio... Y es que además, me estoy muriendo de risa con esta película. El protagonista es el que hizo la película “Hunky Punky”.

¡Ah! Se me olvidaba. He escrito al club de fans de “Mecano” de Córdoba, y también al de Valencia. Supe la dirección por la revista “El Gran Musical”.

Mark, espero que me mandes la fotocopia del periódico de cuando te cabreaste tanto. Estoy impaciente por verlo.
Mis canciones preferidas en este momento son: Barco a Venus (Mecano), Let’ s Dance (David Bowie), Intenta olvidar (Glamour), Selector de frecuencias (Aviador Dro) y My Way (Nina Simone)...

Bueno, creo que me voy a tomar un “Cola-cao” bien fresquito. Ya son las cuatro y cuarto, y dentro de nada me bajo a la tienda. Si encuentras adhesivos me los mandas, ¿vale? Me gusta recibirlos.

¡Escribe y cuéntame algo emocionante! Tal vez, si hicieras alguna locura, tendrías algo que contar... Yo las hago, pero no me queda tiempo para contártelas, jajajaja.

Chao.Besos.
Laura


16 de mayo 1983

Hoy es lunes ya. El fin de semana ha vuelto a transcurrir en compañía de Loli y Carolina. Pero esta última semana no habíamos quedado para salir. Nos encontramos de casualidad el sábado. No sé que pensar. Encima no paro de recibir llamadas extrañas, y sé que son para mi, porque cuando contesto yo, solo se oyen risitas, y cuando contesta mi tía-abuela, le preguntan por mí y en qué momento voy a estar para poder hablar conmigo, pero no se identifican...

17 de mayo 1983

Ya me he enterado de quién llamaba por teléfono. Son dos chicas de la clase de enfrente. Una de ellas, Pilar, me dejó un mensaje en el pupitre. Me parece que este fin de semana lo pasaré con ellas. A ver si Loli se da cuenta de que conmigo no se hacen ese tipo de cosas...


19 de mayo 1983

He recibido una “carta-sorpresa” de Laura. Por dentro estaba lleno de sobres cada vez más pequeños, incluso uno de las elecciones generales del año pasado. Original, desde luego, lo es...



¡Hola, Mark! ¿Qué tal?

Creo que no podré escribirte demasiado, porque voy de cabeza. Recibí tu carta con las fotocopias alicantinas.

Por favor, Mark. Si me pones palabras en inglés, ponme al lado la traducción es español, porque no me entero... ¡No me tortures!

¿Te siguen llamando por teléfono? Eso es normal, no le des muchas vueltas. O quieren hablar contigo o te quieren gastar una broma.

¿Sabes? Espero que “pueda” ir a América. Tengo muchas ganas de ver ya a mi hermana Olga. Mi madre dice que si voy a ir, pero “papi” lo duda.

Finalmente no pude ver la película “Fama”, aunque me la contaron. De todas formas, como veo la serie...

Me voy a llevar, dentro de una semana más o menos la moto al lugar donde veraneo. Ya falta poco para esa estación tan maravillosa...

Bueno, Mark, creo que tengo que dejarte. Ya te dije que esta carta sería “cortiiiisima”. Ya me desquitaré en la próxima, ¿vale?

¿Te “mola” el lío de los sobres? Seguro que pensabas que había mucha carta, ¿eh? Jajajajaja.

Chao. Besos.
Laura.
 
EL AUTÉNTICO SEÑOR DEL ANILLO II

Aún no había estado hablando de mi tío-abuelo, el auténtico señor del anillo, cuando quiso la casualidad que ayer encontrara entre las cartas de Laura, la carta que yo le escribí poco después de haber fallecido. En ella le relato como fueron aquellos días, y lo que sentí tras su muerte. Aprovecho la ocasión para transcribirla aquí, y que podáis conocer un poco esa historia...


Mi tío-abuelo con un amigo.

27 de enero de 1994

Querida amiga Laura:

Hoy es el día de la huelga general en el Hospital, aunque eso no es motivo para que yo no te escriba ni mucho menos, faltaría más. Precisamente aprovecho esta circunstancia para hacerlo, y por eso aquí tengo en marcha mi fantástica “Olivetti”.

No te lo vas a creer, pero no he sabido de tu postal navideña y tu carta del día de navidad hasta hace un par de días, encontrándolas entre un montón de revistas. ¿Qué cómo es posible? Patricia olvidó, si, “olvidó dármelas”, y encima las escondió, pero me gustaría creer que no es verdad, que simplemente fue un descuido...

Lo triste del caso es que yo iba a tirar a la basura esas revistas, y decidí acertadamente revisar lo que había entre las páginas, por si echaba al cubo de la basura algún recibo importante o algo así, dado que tengo costumbre de dejar papeles que llevo encima entre los dominicales, periódicos o libros. ¡Como nunca tiro nada! Los periódicos acabo tirándolos y algunas revistas también, pero cuando ya han pasado varias semanas. ¡Así que fíjate si era importante lo que se iba al cubo de la basura!

Esto no es nuevo para mí. Hace tiempo que ocurren cosas en casa, o se dicen cosas, de las cuales yo no me entero nunca. ¿Falta de comunicación? ¿Distanciamiento? Es posible...

(El presente: Mi divorcio con Patricia ,obviamente, se estaba ya gestando... Antes de dos años ya estaríamos separados)

Cuando vi tus cartas, creí que iba a montar en cólera, pero recapacitando un poco, preferí no decir nada al respecto. Aún sigo esperando que sea capaz de decirme que estas cartas existen, pero algo me dice que no va a ser así. ¡De juzgado de guardia! ¡En fin, ella verá!

Una postal preciosa. ¡Tú siempre tan original! Y... enhorabuena “DIRECTORA”. ¡De una revista! ¡Caray con la Directora! Espero que realmente me envíes algunas revistas, y pueda comprobar la genialidad de mi amiga, aunque sé sobradamente lo genial que eres.

Me alegro de que disfrutaras tanto la navidad. Desgraciadamente, yo no puedo decir lo mismo. Verás, te explico. El 19 de diciembre mi tía-abuela se dio un porrazo enorme contra el suelo, rompiéndose el brazo derecho. La tuvimos que llevar al Hospital. Y el 22 ingresó también mi tío-abuelo, diagnosticándole cáncer de vejiga. Para colmo de males, el 27 mi hija pequeña sufrió una “bronconeumonía”, quedando los tres al mismo tiempo ingresados.

Acudía mañana, tarde y noche a diario, para estar con ellos, con la inestimable ayuda de algunos de mis familiares. Finalmente, el día 29, casi con la nochevieja a la vuelta de la esquina, mi tía-abuela salió del Hospital, y mi hija, justo el 31 a mediodía. Pero mi tío-abuelo, desgraciadamente, allí se quedó.


Con mi hermana mayor y conmigo, a los 3 años.

Estuve con él la nochebuena, cenando con él y comiendo el sabroso turrón de todos los años. También la nochevieja, donde tomamos juntos las uvas y brindando con cava por un año mejor y más próspero (aunque me temía lo peor), y por último, la noche de reyes, donde compartimos el “roscón” y el chocolate. En realidad él apenas podía tomar nada, pero logré que tomara al menos unos pedacitos de cada cosa. Pero cuando brindábamos, lo hacía con la tristeza reflejada en sus ojos, era incapaz de sonreír, a pesar de mis continuos intentos por hacer desaparecer esa tristeza en su semblante.

Pasaba más tiempo con él que en mi casa. ¿Sabes? Le quería muchísimo, pues fue como un padre para mí, en realidad mucho más que un padre. Me crió desde muy pequeño, y todo lo que soy se lo debo a él. Y digo fue porque murió hace apenas una semana. La noche anterior a su muerte no pude quedarme, mi hija estaba de nuevo enferma, y por si acaso había que llevarla al Hospital debía estar en casa. Pero antes de marcharme aquella tarde, me dijo:

- ¿Volverás, verdad?
- Sí, tío. Mañana a las 7 de la mañana estaré aquí. No te preocupes. Sé que comprendes que esta noche no me quede contigo.
- Claro que lo sé! Pero... algo me dice que todo va mal en mí, ahora más que nunca. Por favor, regresa mañana.
- Tío, estás bien. No te preocupes, no te voy a dejar solo nunca...

Dejé mi teléfono en recepción, para que me avisaran si le sucedía algo importante, pues entonces ya sabía que mi tío-abuelo era un paciente terminal, y su muerte podría llegar en cualquier momento. Pero nunca imaginé que tan pronto...

Al llegar a las 7 de la mañana, antes de cruzar la puerta de la habitación, fue como si mi tío-abuelo hubiese captado mi presencia. Había pasado una noche terrible, solo, su proceso se había acelerado. Pero nadie me llamó. Al parecer perdieron mi teléfono y no sabían a quien llamar. Una de las enfermeras salió corriendo de la habitación, diciéndome: Su abuelo le llama. Nos lo ha dicho. Se muere... No cesa de nombrarle a usted...

Al entrar aún me miró a los ojos, y débilmente me dijo:

- Mark, coge mi anillo. Por favor, póntelo, que yo lo vea. Antes de que me vaya...
- Pero no vas a irte a ningún lado. No dejaré que te pase nada.
- Vamos, obedéceme. Ven aquí -Acarició mi cabeza, y después aún cogió mi mano, llevándomela hasta la suya, donde tenía el anillo –Ponte el anillo, Mark.

Por primera vez, en casi 20 años, las lágrimas empezaron a cubrir mi rostro, sabiendo que realmente aquello era el fin. Delicadamente cogí el anillo, y me lo coloqué justo en el mismo dedo de la misma mano que donde él lo tenía, y en aquel instante juré que jamás en la vida me quitaría aquél anillo...

Después, recogí su mano, sujetándola fuertemente entre las mías, hasta que finalmente, dejó de respirar. Nunca antes había visto la muerte de alguien tan querido para mí, tan de cerca...

Cuando murieron mis padres yo aún era muy pequeño. Lo único que puedo decir es que, en el momento de fallecer mi tío-abuelo, era como si ya no estuviera allí, que solo fuera un cuerpo desprovisto de alma.

No podía concebir que apenas un instante antes, él apretaba fuertemente mi mano, y al momento, su propia mano ya no respondiese. Él no podía estar allí. Me gustaría pensar que él ahora se encuentra en algún lugar, distinto al terrenal, y que se encuentra bien. Y seguro que es así. Pero entonces no pude resistirlo y me derrumbé. No podía evitar llorar, y cuando regresé a casa me encerré en mi habitación y no salí de allí hasta el día del entierro, ni siquiera para comer.

Llamé a todos sus amigos por teléfono, a la gente que le apreciaba, y arreglé todo lo concerniente al entierro. Lo pasé muy mal, porque yo sabía que iba a morir, y lo cuidaba lo mejor que podía. Le daba de comer y cenar a diario. Todas las mañanas le afeitaba la barba y lo aseaba. La mañana que murió cogí su mejor traje y lo vestí, afeitándolo y peinándolo nuevamente. Le abracé y me despedí de él para siempre. Solo una vez más lo vi, cuando íbamos a enterrarle.


En 1970, lleno de vida.

Sin embargo, tuve una buena noticia poco después, si se le puede llamar así. Mi tío-abuelo tenía un gran amigo en Valencia llamado “Miguel Pérez”, y su mujer, sin saber que había muerto aún, soñó con él, diciéndole mi tío-abuelo en sueños que todo había terminado y que había llegado el momento de descansar. Ella nos llamó por la mañana, preocupada por su sueño, y entonces le dijimos que había fallecido.

Y si existiese la posibilidad de algo tan fantástico como eso, sin duda alguna mi tío-abuelo es lógico que hubiese llamado a la puerta de los sueños de aquella mujer, porque siempre, siempre, fueron sus mejores amigos...

Hace algún tiempo te conté que “Miguel Pérez”, al que familiarmente yo le llamaba “Tío Miguel”, porque como tal lo consideraba, había muerto, y que era alguien a quien yo apreciaba enormemente. Recuerda que allí, en su casa, es donde pasaba todos los años mis vacaciones de verano.

Tú sabes que a mi tío-abuelo le gustaba la música, y que por eso quería que yo fuera músico, y hoy en día si algo sé hacer medianamente bien, es tocar el violín. Porque en todo lo demás soy un penoso desastre. Él lo dio todo por la música, por la orquesta, por las bandas... Al entierro acudieron, espontáneamente, varios músicos para tocar, y llevaron 4 coronas, una de cada entidad musical a la que pertenecía. Se acercaron, y tras la señal de uno de ellos, los violines empezaron a vibrar y transmitir lo que sentían en aquél momento. Se lo merecía, Laura, y espero que él estuviese, de alguna manera, allí para poder verlo...

Debo dejarte ya, Laura. Quién iba a decir que mi trabajo de hoy iba a ser escribirte. Debería ser siempre así. Claro, como estamos en huelga, la gente no acude al Centro de Salud, y tengo todo el tiempo para hacer lo que se me antoje...

Procuraré enviarte una foto de mis hijas. Tengo algunas, ya verás como te gusta la foto. No se parecen nada entre ellas, salvo por el físico. Isabel es más tranquila, mientras que la “pequeñaja” es un torbellino. No nos deja dormir por las noches, y encima termina acostándose con nosotros, porque mi mujer no soporta verla llorar. Un drama. Apañado estoy...

¡Ah! Acuérdate que tienes que darme tu nueva dirección. Tal vez esta carta te haya llegado a través de algún vecino que sepa tu nueva dirección. Por si acaso, hice una copia de esta carta, para reenviártela junto con otra en caso de que no la recibas...

¡Hasta pronto, Laura!

Tu amigo... Mark
 
EL AUTÉNTICO SEÑOR DEL ANILLO...

Mi buena amiga Ladina dice: "Como siempre, el señor del anillo"... refiriéndose a mí, por las fotos que voy insertando donde aparece mi mano y el anillo que mi tío-abuelo me cedió instantes antes de morir. Algún día contaré esa historia, pero mientras tanto, aquí os dejo una foto de ellos dos, mis tíos-abuelos, hace unos 30 años cuando, a pesar de su edad ya un poco avanzada, la vida para ellos era plena felicidad...



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"EL AÑO DEL CORTE"

EL AÑO DEL CORTE

Con 14 años ya cumplidos, mi objetivo estaba claro. Debía dar el paso, hablar con mis tíos-abuelos sin tardanza. En aquél entonces aún había mucha gente que no se enteraba del asunto, pero yo estaba acostumbrado a leer muchas revistas en las que se trataba el tema, y algunos de mis amigos habían pasado por el quirófano siendo bastante más pequeños.



-A “fulanito” le cortaron el pito ayer –era la conversación del día, cuando le tocaba a alguno.
-¿Y cómo está? –preguntábamos angustiosamente al que relataba el suceso.
-No sé, pero tenía mala cara. Me dijo que estaba vendado como la momia de Tutankamon. El pito, quiero decir.
-¡Dios, que daño! –decíamos todos al unísono.

Así que, deseando afrontar la situación, me decidí a comunicarlo en casa.

-Me tengo que operar “eso”.
-¿Qué te tienes que operar qué? –preguntaba mi tía-abuela, la pobre, con casi 80 años.
-De eso, ya sabes –decía yo señalando las partes.
-¿¿¿¿¿?????-Los ojos de mis tíos-abuelos como platos, sin saber que decir.
-¡No me miréis así! Es que es verdad. Lo sé. Habrá... tendréis que llevarme al médico.
-¿Y tú como lo sabes? –mi tía-abuela otra vez...
-Lo sé, tía. Y no pienso enseñártelo, así que tendrás que creer en mi.
-Nada, nada, hijo mío, no te preocupes. Esta misma semana vamos a ver a la doctora.
-Tengo lo mismo que mi hermano Roberto, fimosis. He oído decir, además, que es hereditario. Papá también se tuvo que operar...

Mi médico de cabecera era una mujer, así que yo tenía una vergüenza “acojonante”.

-Bien. ¿Cuál es el motivo de la visita? –dijo la doctora, mirando directamente a los ojos de mi tía-abuela, no a mí.
-Fimosis –apunté yo, adelantándome a mi abuela –pero estoy seguro, ¿eh? No hace falta comprobarlo –.Sonrisas de la doctora.
-No te preocupes. Vamos a enviarte al especialista, y él será quien te valore, y de confirmarse, pasarás por el quirófano.
-¡Fffffffffffffff! –alcancé a resoplar, de puro alivio.

El urólogo era masculino, pero con un par de enfermeras que...

-¡Ah, no! Yo no entro ahí.
-¿Cómo que no? –gritaba mi tía-abuela –Tú entrarás.
-Que no me va a ver el pito nadie, ea.
-¿Tú estás tonto? ¿Tendrán que reconocerte? –.Qué vergüenza, como cada vez elevaba más el tono, todo el mundo se enteraba.
-Pero si yo ya lo sé. Hay que cortar, hay que cortar... –por lo “bajini”.
-Bueno, pues te cortarán. Y ahora, entra, que nos toca.
-¡Ay, ay!...



http://www.pediatraldia.cl/fimosis.htm

-Doctor, el chico dice que tiene “fimosis”, que hay que cortarle.
-Muy bien, muy bien, “chicarrón”. A ver, Julita, acompaña al muchacho detrás del biombo, y le reconocemos.
-¡Ay!...
-Bueno, vamos a ver, chico, bájate los pantalones...

Al tiempo que me los bajaba, milagrosamente, la enfermera regresaba a la mesa con la otra... ¡Ffffffffffffff! (Mi resoplido característico).

-A ver, “chicarrón”, tira hacia atrás.
-No puedo, lo siento, me hago daño.
-Ya veo, ya... Está claro, puedes vestirte. Bien, señora, su nieto tiene fimosis, ciertamente. En una semana como mucho, le intervenimos.
-Gracias –respondió mi tía-abuela-. Es mi sobrino, pero como si fuera mi hijo. Nosotros, es decir, mi marido y yo, lo hemos criado.
-Eso está muy bien, señora. –Y mirándome a mí –pues nada, muchachote, en una semana todo arreglado, ¿eh?
-Doctor, ¿me quedaré bien?
-Pues claro que sí, chavalote. Anda, vete tranquilo.

Y llegó el día del quirófano. El urólogo era uno de los dos facultativos que me tenían que intervenir. ¿Cuál era el otro?... Una mujer. Toma ya...

-Mira, te vamos a poner anestesia local. Hay que pincharte. Todo va a ir bien, ¿eh, chavalote? –decía el Doctor Bellando, campechano él-.
-Si –dije yo, asintiendo varias veces con la cabeza, muy rápido, dado mi nerviosismo.

Y mientras, la doctora, “ala”, con la aguja dale que dale. Tras insertármela en los testículos, no cesaba de buscar intentando acertar en la diana, como si tratara de ensartármela como quien pincha dos aceitunas rellenas.

-¡Bueno, bueno! –decía el Dr. Bellando –ahora vamos a empezar a cortar, ¿vale? Procura no moverte, ¿de acuerdo?
-Claro, claro, doctor – respondí yo sin saber ya donde agarrarme con las manos –pero me quedará bien, ¿verdad?

Tras el primer tijeretazo, llegó el primer alarido.

-¡Uaaaaaaaaaaaaaah!
-¿Qué pasa, chicarrón? ¿Duele mucho?
-Es que... es que me parece que no debe haber hecho efecto la anestesia, porque siento los tijeretazos. Menudo dolor....
-Ya, ya... bueno, verás como enseguida deja de dolerte.



Yo creo que no me tomaba en serio, y que ya estaba acostumbrado tal vez a escuchar esos alaridos, pero el dolor que sentía era tan grande que no podía evitarlo. Para mí que tenía el nombre camuflado, y en vez de Dr. Bellando era en realidad el Dr. Bellaco. Y encima yo, como no tenía aún la voz desarrollada del todo, pues parecía una parturienta intentando dar a luz. Justo en la parte de atrás estaba el paritorio, y fuera, en el descansillo, habían dos “abueletes” esperando a algún familiar ingresado, y la mujer le dijo a su acompañante:

-¡Que bonito, Anselmo! Otro niño que va a venir al mundo.
-Y que lo digas, Maria, y que lo digas.

¡Que niño al mundo ni que!... lo que estaban era enviándome a mí al otro barrio.

Y justo cuando comenzaban a coser, por fin la anestesia hacía su efecto.

-Doctor, ya no siento dolor.
-¿Sí? Estupendo, estupendo. Ahora será todo más sencillo para ti.

No creáis que su ayudante no hablaba, porque siempre estaba preguntando qué debía hacer, mientras que el doctor Bellando le daba las indicaciones oportunas. Ay, yo pensaba, estos dos me lo dejan inservible...

-Bueno, ya está. Ya hemos terminado, chicarrón. Ahora unos cuantos días de reposo, y solucionado. No debes preocuparte por los puntos, pues pasados unos quince días ellos solos caerán, sin tener que presentarte en el hospital para quitártelos. No obstante, ahora le diré a tu tía-abuela la fecha en la que deberás presentarte en la consulta, para ver como ha ido todo, ¿de acuerdo?
-¡Sssssssssi! –.Estaba tan preocupado y dolorido, que casi no podía hablar.



Cuando salí del quirófano por mi propio pie, aún con el pijamilla puesto, estaba más blanco que la pared de nuestra casa de campo. Y con una mano, sujetándome aquello, que ya no sabía ni lo que era, por si acaso se me caía y se iba rodando por el suelo.

Pasados unos días, así como 5 ó 6, y terminada mi convalecencia, aunque todavía con los puntos muy tiernos, aquello me parecía una triste albóndiga. De todas formas, me dispuse a realizar vida normal. Dio la casualidad que era viernes, así que desde luego no iría a clase, pero aprovecharía para dejarme caer en la casa de mis padres, la cuál habíamos heredado, y que hasta aquél momento nadie había ocupado desde que ellos fallecieran. Mi hermano Roberto, que ya tenía 18 años, había aprovechado para irse allí a vivir. Hasta esa edad, los cuatro hermanos recibimos una paga del estado, pequeña, pero que nuestros familiares se encargaron de guardarnos a cada uno para cuando precisamente fuéramos mayores de edad. A mi hermano ya le había llegado el momento, y de repente se vio con una cantidad más o menos respetable de dinero y un techo donde vivir. Aquella temporada, hasta que se fue a la mili, dilapidó desgraciadamente todo el capital, y menos mal que al regresar fue capaz de encontrar trabajo. En ese aspecto yo fui un poco más inteligente que él.

Pero vayamos al asunto. Como he dicho, me presenté allí para verle y recordar la casa en que, siendo pequeño, yo había vivido felizmente. Todo seguía igual, los muebles, las habitaciones... Las dos camas que teníamos en nuestra habitación seguían allí, con su mesita de noche en el centro, donde guardábamos los tebeos que leíamos los fines de semana.

Roberto, entonces, me dijo:

-Mira, ya que has venido, voy a aprovecharme del asunto. Si no te importa, quédate un rato aquí mientras yo salgo a ver unas cosas. Van a venir a traerme unos muebles, así que si por casualidad llaman mientras yo estoy ausente, tu les atiendes, ¿vale? Me gustaría tener esos muebles hoy en casa.
-“Tranqui”, hermanito. Yo me hago cargo. Márchate tranquilo.

Si, si, márchate tranquilo. Después de encontrarme solo en el piso, instintivamente lo primero que se me ocurrió fue abrir los cajones de la mágica mesita de mi infancia, y... ¿a que no sabéis lo que allí me encontré? Pues si, algo que era totalmente inoportuno para mí. Sólo eran unos cuantos “Intervius” y un par de revistillas de la época subidas un poco de tono, pero más que suficientes para hacer abrir los ojos como platos a un pobre muchacho de 14 años como yo.

Y evidentemente, ahí empezó mi calvario. Cada página que ojeaba hacía experimentar a mi cuerpo una nueva excitación, hasta que “aquello” empezó a removerse debajo de los calzoncillos. El escozor, aunque iba aumentando, no mitigaba el deseo de seguir observando esas páginas, llenas de cosas muy, muy excitantes, así que finalmente, aunque yo no pude darme cuenta... “pling”, uno de los puntos había saltado irremediablemente. Y yo iba encogiéndome, pero nada, ahí, valiente, “p´adelante”. Menudo gilipollas. “Pling”, “ala”, otro más. No sé cuántos saltarían, pero finalmente mi hermano apareció en casa, mientras que yo me daba prisa en guardar las revistas. Y él, al verme...



-Mark, ¿que demonios has hecho?¿Te has visto el pantalón? ¡Lo tienes manchado de sangre!
-¿Si? –y entonces me vi- ay, ay, que desgracia. ¿Qué hago ahora, que hago?
-¡Qué vas a hacer, gilipollas! Vámonos al hospital, al servicio de Urgencias, y esperemos que no sea nada importante...

Segunda intervención. Terrible, como la primera. Otra vez a coserme. Aquello ya no era una albóndiga, era un deshecho, o dios sabe que...

Pasados unos quince días, regresé a la consulta. Todo había transcurrido normalmente esta vez. Pero había que ver el resultado final.

-A ver, chavalote, quítate los pantalones -.¡La enfermera, esta vez no se va la enfermera! Ay, dios...
-Que... ¿qué tal? ¿cómo ha que... quedado?
-Bien, bien, chico, bien, no te preocupes -me dijo el Dr. Bellando, revolviéndome el pelo de la cabeza.

¿Bien? ¿Solo bien? Ya está, inútil de por vida. Ya decía yo que esto no saldría bien. Ahora que hago, señor, que será de mi...

-Doctor Bellac... ejem, Dr. Bellando, ¿de verdad todo está bien?
-Que si, chicarrón, que si, jajajaja. Anda, tranquilo, y no te preocupes por el aspecto que pueda tener ahora. Poco a poco, todo volverá a la normalidad.
-Gra... gracias, doctor.

Y, bueno, al parecer así fue, pero... creedme, que mal lo pasé... “El año del corte”.


 
LILI (De mis relatos)

Escribí este relato ante la fascinación que siempre ha despertado en mí el compositor "Johann Strauss II", el emperador del vals.


Lilí (Angelika Dittrich)

LILI

Cariño, no sabes cuánto lamento tener que hacerte pasar por este terrible y amargo momento, pero todo resulta ya insostenible.
He intentado por todos los medios no sentirme incómoda, no sentirme ingrátamente engañada conmigo misma, y solo por tí, por todo lo que tú has representado para mí siempre.

Yo solo era una rubita linda de ojos azules que se hacía llamar “Lilí”, ansiosa por comerse el mundo, y con un único deseo, lograr cantar algún día en la Ópera Imperial de Viena, a pesar de ser consciente de mis infortunadas limitaciones artísticas. Pero te conocí a tí, Johann, y créeme si te digo que me sentí enamorada realmente de tí.

Sé que ahora no podrás entenderme, cuando ya nada puede detener este abismo que inevitablemente separa nuestras vidas.
Tú significabas la madurez, la perfección, la suprema melodía que endulzaba Viena y recorría todos los rincones hasta sus mismísimos cimientos. Y mi admiración hacia tí era tan inmensa que no podía pensar en otra cosa que desear estar a tu lado, a cada momento, en cada instante de tu vida.

Ser tu adorable esposa, como a menudo te gustaba decir, era mi mayor anhelo. Pero, Johann, tú siempre estabas ocupado, nunca podía estar contigo, y me sentía como atrapada en una jaula de oro, prisionera de lujo en un mundo al que no acababa de encontrarle significado. En estos últimos meses te veía ya más como un padre que como un amante esposo.

Me aburría, Johann. Tu vida gira únicamente en torno a tus composiciones, a tus músicos, y el “Theater an der Wien” es en realidad tu verdadera casa, en la que yo no tenía cabida. No, no trato de justificarme, cariño. Yo he sido peor que tú, lo reconozco. Pero debes admitir que no solo fue culpa mía. Dejarme querer no solucionaba nada, Johann. No tenías que suplicarme que no me apartara de ti. Eso lo tenías por completo. Era relativamente fácil hasta hoy.

Ahora… ahora todo ha cambiado. Ya nada es bastante, ni tus regalos, ni tu cariño paternal ni tus ausencias excusables con un “No te preocupes, mañana te dedicaré todo mi tiempo”, cuando en realidad te pasabas la mayor parte del día componiendo el vals de tu vida.
Johann, ¿No comprendías que me sentía desplazada, ignorada, agobiada por la soledad a causa de tus continuas ausencias en “pro” de tu trabajo?

Ya nada tiene arreglo, cariño. Sé que cuando esta carta llegue a tus manos ya lo sabrás todo. Pero para entonces ya estaré lejos de tu vida, y no seré un problema para ti. Jamás quise serlo, como cierto es que nunca quise hacerte daño, Johann Strauss “Sohn”.
Franz y yo nos marchamos a Berlín, lejos, muy lejos de Viena.
Estamos seguros de que el “Theater an der Wien” no notará la ausencia de su director. Su aportación solo era provisional mientras se decidía quien iba a sustituir al señor Maximilian Steiner, el padre de Franz.

Adiós, Johann. Nunca olvidaré “El vals del beso”. Para mí siempre será una de tus piezas maestras. Si quieres borrar la dedicatoria lo comprenderé. No sería justo que yo me sintiese molesta, cuando he sido incapaz de corresponderte como merecías.

Johann… lo siento.

Viena, 27 de agosto de 1882


+ + + + + + + + + +

Lilí (Angelika Dittrich), que fue la segunda de las tres esposas que tuvo Johann Strauss II, regresó a Viena tras la muerte de su ex-esposo, años después de ser abandonada por Franz Steiner. Tras la separación de éste, regentó durante algún tiempo un estudio fotográfico en Berlín.
En el año 1919 moriría en circunstancias sombrías, padeciendo toda su vida el sentimiento de culpa generado por el daño causado a su esposo, con su amarga conducta.


Johann Strauss II

 
"HOY TE ESCRIBÍ UNA CARTA"...
Por Laura Doltz


11 de octubre de 1990

Querido amigo Mark:

Hoy he recibido tu carta del 04 de este mes, y en ella me hablas de una carta mía, la cual has recibido bastante tarde, lo que quiere decir que “EL CORREO VA DE MAL EN PEOR”. Me voy dando cuenta de que ya es un hecho que, aunque estamos relativamente cerca, hay distancia de por medio. Pero a mí no me importa, si escribiéndonos nos sentimos cerca, creo que los kilómetros poco importan, ¿no?

Me doy cuenta de otra cosa: tu trabajo en el hospital es agotador. Tendrá sus cosas buenas pero, por lo visto NO PARAS. Esa es una de las cosas que me dicen que tú llegarás lejos. Tienes fuerza. No te faltan ambiciones, metas ni energías. Y eso me alegra... yo intento lo mismo.

¡Óyeme, músico loco! El otro día le hablé a Mara de tu amor por la música, y ¿sabes que me dijo?... que le encantaría que le hicieses una canción y ella la cantara, y que juntos la grabarais. ¿Habrá tiempo algún día de algún año para hacerlo?

(Mark: Esa canción existe, pero... era tan “maaaaala”, que nunca me atreví a que la escuchara).

Veo que tu hija Isabel se las sabe todas... ¡No dejaros dormir cuando a la mañana siguiente tenéis que trabajar! Aprende pronto, ¿eh?

¿Sabes? De las pocas cosas que yo recuerde graciosas de cuando era pequeña es de que, por ejemplo, no sabía pronunciar la “erre”, y en vez de utilizar la “s”, utilizaba la “z”. De eso no me olvido. Resultaba muy graciosa y no me han dejado olvidarlo. Me lo han recordado siempre.


El escritor Noah Gordon

Por fin terminé de leer el libro de Nardo, “El médico”, de Noah Gordon. A pesar de sus más de seiscientas páginas ha resultado muy bueno, aunque leerlo, agotador. Pero, lo dicho: una obra buenísima donde se aprenden grandes cosas.

¿Te has fijado que en este papel en el que te escribo, todo está en inglés? Se trata de un bloc de notas que mi sobrina Cris –la de América, hija de mi hermana Olga- dejó olvidado hace dos veranos, y éste pasado decidió regalármelo. Yo, todo lo que sea papel, lo aprovecho.



¡Ah! Hoy tenía que haber ido a clase. Era el primer día y... ¡increíble! NO HE IDO. El caso es que dudo mucho que hayan ido más de cuatro personas, porque mañana es fiesta, “El pilar”, y luego viene el fin de semana, y para postre, hace un tiempo horrible. A veces no para de llover en todo el día y cuando cesa de hacerlo, como inmediatamente vuelve a comenzar a llover, el suelo no tiene tiempo de secarse.

El lunes empezaremos las clases en serio, y digo “empezaremos” porque hoy me han llamado varias personas de clase preguntándome si yo iba a ir, porque nadie quería pisar el Instituto hasta el lunes. Ya te contaré.

¿Sabes? Estoy enumerando tus cartas. Ya sé que dentro del sobre va la fecha, pero voy poniendo un numerito pequeño en una esquina del sobre y así resulta cronológico desde fuera. Si olvidas una fecha... “¡no problem!”

(Mark: Yo mismo copié esa idea suya, y así las tengo, numeradas).
¡Ah! Otra cosa. Me han invitado a pasar las navidades en Alemania. ¿Qué te parece? No, no se trata de Nardo, aunque él esté allí ahora. Se trata de una amiga a la que llamamos “Nena”, y que está viviendo aquí en casa de sus tíos, pero que ha vivido siempre en Alemania, y tiene allí a su familia. Es que... hay una posibilidad de que venga mi hermana de América, Olga, y si eso ocurre, yo no me voy ni loca. Hace tanto tiempo que no la veo...

Hablando de hermanas... ¿Qué es de la tuya? ¿Cómo está Cris? Espero que todo vaya mejor para ella. Hazle todo el caso que puedas, Mark. Te necesita, y tú lo sabes mejor que nadie.

En fin... voy a despedirme por hoy.
Dale un besito a tu hija Isabel, y saluda a Patricia de mi parte.

A ti, un millón de besos... por ser el amigo ideal.

No te olvida tu amiga
Laura
 
CONVERSACIONES CON CRIS
CONVERSACIONES CON CRIS


Un leve susurro me despertó en mitad de la noche, cálido, familiar, tenue... Aquella voz había dejado de escucharla hacía tanto tiempo, que me resultaba imposible creer que fuera la de ella, mi hermana, no podía ser... pero estaba allí, susurrándome, iniciando una conversación conmigo...

- Mark, ¿me oyes? Soy Cris...
- ¿Dónde estás? No puedo verte.
- Mark, sabes que eso no importa ahora.
- Comprendo, pero... dime, Cris... ¿Por qué te fuiste?
- En aquél momento creí que debía hacerlo, nunca pensé en las consecuencias...
- Cris, no debes preocuparte. Traté de ponerme en tu lugar, y por eso jamás te juzgaría.
- Ya sé que no. Simplemente fue inevitable. Todos tenemos un destino marcado, y ese fue el mío.
- Yo podría haberlo evitado...
- ¿Por qué piensas eso? El problema no estaba en ti, sino en mí.
- No, no había ningún problema en ti, yo lo sé.
- ¿Y cómo lo sabes? ¿Estabas dentro de mí, acaso? ¿Sabías cuáles eran mis pensamientos?
- No, supongo que no, pero sí tus dudas, tus temores... Tardé demasiado tiempo en conocerte bien, pero cuando lo logré ya era tarde.
- ¿Tarde para qué? Mark, no te tortures. Tenía que suceder así. Sabes perfectamente que este mundo no estaba hecho para mí.
- Sí, pero eso es lo que quiero decirte, que cuando había comprendido lo que te pasaba no supe reaccionar.
- ¿Y qué habrías podido hacer? ¿Estar las 24 horas conmigo? ¿Y tu vida? ¿Qué habría quedado para ti?
- Cuestión de tiempo. Tarde o temprano hubiese logrado que cambiaras, que vieras la vida de otra forma.
- La vida, la vida... ¿Y qué es para ti, la vida?
- ¿Y para ti?
- Veo que en eso no has cambiado. Siempre respondías a mis preguntas con una nueva pregunta. Pero no te preocupes. Haces bien. Te responderé. Ya sé que es la vida, pero entonces un velo negro cubría mi mente, tan profundamente que era incapaz de ver nada.
- Yo quería quitarte ese velo, sin conseguirlo.
- Ya sé, ya sé. Pero déjame responderte. Sí, la vida hay que saber apreciarla, quererla, mimarla... No importa cómo te sientas, en qué situación te encuentres. La vida es el don más preciado que tenemos y hay que saber emplearla, dosificarla, sencillamente vivirla. Y la muerte no existe, sólo existe un estado, el que nosotros sepamos darle precisamente a nuestra vida.
- ¿Quieres decir que la vida sigue, a pesar de la muerte? ¿Qué significa eso?
- Significa que nunca morimos realmente. Sí en la vida terrenal, pero después comprendes que no desapareces. Yo sigo viviendo a través de ti, ¿no lo percibes? Hablo contigo ahora...
- Es cierto. ¿Cómo has logrado hacerlo?
- No soy yo. Eres tú. Tú me llamas, y yo acudo. Y por eso estoy aquí.
- ¿Y no puedo verte?
- Eso depende de ti, sólo de ti. Ves lo que quieres ver, o lo que sabes ver. Si algún día comprendes que eres capaz de hacerlo, me verás.
- Yo vi como te consumías bajo las llamas...
- Quien estaba bajo las llamas ya no era yo. En realidad estaba a tu lado, intentando consolarte. No cesabas de llorar.
- ¿Estabas a mi lado? ¿Y no me decías nada?
- Te gritaba, te llamaba sin cesar, pero tú no podías oírme. Entonces comprendí que no había muerto. Y supe qué es lo que había hecho. Algo terrible, Mark. Te había hecho daño a ti, daño a todos...
- Tú no eras consciente. Necesitabas ayuda, y yo no te la di.
- No podías hacer nada, Mark. Tarde o temprano habría dado ese paso. Ya te dije, estaba escrito.
- ¿Por qué no buscabas la ayuda que necesitabas? Amigos, yo... no sé...
- Sabías mi forma de pensar. No soportaba lo que mis ojos observaban cada día: Horror, guerras, hambre, insolidaridad, enfermedades, hipocresía, maldad, envidia... Demasiado para mí.
- Sé que todo eso te afectaba, pero no yo no te tomaba en serio, Cris.
- Deja de sentirte culpable, Mark. Estoy aquí ahora por eso. Ahora estoy bien, comprendí... ¿Y sabes? He aprendido mucho. ¿No lo percibes? Ayudo a la gente, les susurro en los oídos, y también les hablo a través de ti.
- ¿Y qué les dices?
- Que luchen por la felicidad, que está dentro de nosotros mismos. Sólo hay que saber cómo despertarla. Hay muchas cosas que no está en nuestras manos el encontrar una solución, aunque no por ello hay que quedarse de brazos cruzados, pero de nada sirve lamentarnos. Tenemos que desenterrar miedos, buscar en nuestro interior, sacar lo mejor que llevamos dentro, no buscar lo peor, lo negativo. No se trata de comportarse como pensamos que deberíamos hacerlo, sino sentirlo verdaderamente en nuestros corazones. Tiene que ser algo innato. Empieza por ti mismo, Mark. Si eres feliz, irradia felicidad. Si eres fuerte de espíritu, enseña a los demás a serlo. Si tienes dolor, empieza por intentar aliviar a tu prójimo. Podría no terminar nunca...
- Cris, ¿ves a papá y mamá?
- Te sorprendería saber que ellos también están dentro de ti, que nunca te abandonaron.
- ¿Y qué piensan?
- Están orgullosos de ti. Conocen tus sentimientos. Ellos te los inculcaron como nadie.
- ¿Y tú?
- Yo vivo dentro de ti más que nadie. Sé lo mucho que te preocupaste por mí en vida, aunque tú pienses lo contrario.
- Hace años me dijo Laura que lo hiciese, que no dejara de ayudarte, de estar a tu lado siempre que estuviese en mi mano, de luchar por ti, por tu felicidad... Lo recuerdo... le pedí que te escribiera.
- Recuerdo a Laura, sus cartas... Es una gran persona. ¿Sabes? Ella me contaba lo mucho que te apreciaba, y lo sigue haciendo... ¿Te escribe aún?
- Si, lo hace. No es como antes, me refiero a las cartas de papel. Ahora son los e-mails.
- En realidad ya lo sabía. Sólo quería me lo dijeras tú mismo, Mark. Sigo tu diario virtual, las cartas de Laura, tu vida...
- ¿Cómo puedes hacerlo?
- Te sorprendería saber lo que se puede hacer estando en el otro lado. Puedes estar en varios sitios a la vez. No hay cinco sentidos, ni seis, sino muchos más, y con ellos puedes hacer cosas que en la vida terrenal resultarían imposibles.
- Quiero ser capaz de comprender, Cris.
- No podrías. NO en esta vida... Pero recuerda, no tengas prisa. Jamás hagas lo que yo hice. Ya llegará tu momento, y cuando llegue... estaré esperándote para ponerte al día...
- ¿Volveré a hablar contigo?
- Sí, si tu quieres.
- ¿Cómo podré hacerlo?
- Simplemente escucha tu corazón...
- Cris, te quiero.
- Y yo a ti, Mark...

Un último susurro en mis oídos... y después, la nada. NO voy a llorar... Ella no querría. También necesita descansar, y yo estoy absorbiendo su tiempo, su otra vida... No seré tan egoísta, aunque me tranquiliza saber que cuando yo quiera, ella acudirá a mi, a través de mi. En mi alma vive y siente, y yo por ella... también vivo y siento.
 
DIARIO DE MI ADOLESCENCIA

ABRIL 1983
"LOLI"


23 de abril 1983



¡Ya empezaron mis fiestas de moros y cristianos!
¡Que bien me siento vestido de moro! A las 6 de la mañana de ayer ya estaba en la calle, y eso que me acosté la noche anterior a las 2. Y no tengo ni rastro de sueño. Mi amigo Enrique, que es cristiano, estaba esperándome como todos los años en la Plaza de España. Allí arrancan estas fiestas mías, el 22 de abril, con la “Diana”, aunque ya hace dos días desfilábamos de paisano.

Todo el día andaba yo con un remolino en mi estómago impresionante, y no era más que porque tenía que desfilar en la entrada mora. El jueves 21 por la noche había conocido a montones de chicas, y es que parece ser que pertenecer a una “filá o comparsa” te las hace caer encima a manos llenas.

Mi hermana Cris, que llegó de Valencia hace tres días, había aparecido sobre las 9, cuando ya todo el centro se encontraba lleno de música festera. Estuvimos casi todo el día juntos, salvo el rato de la entrada. En mitad del desfile, mientras yo gozaba viendo como todo el mundo estaba pendiente de nosotros, alcance a oír como una voz de chica gritaba mi nombre: ¡¡¡Maaaaarkkk, Maaaarkkk!!! El turbante apenas me dejaba ver demasiado mi entorno, pero al girarme vi a “Loli” que agitaba su brazo saludándome y lanzándome un beso. No me esperaba eso, pues a pesar de ser una de las chicas que conocí en aquél parque hace ya más de un mes, apenas me había hecho caso, y Macarena incluso me había dicho que yo parecía un chico amargado y solitario, según Loli. Ese cambio repentino me ha dado mucho que pensar, pero es que la verdad, la chica merece la pena de lo guapa que es. Precisamente, junto con Macarena es quien más me llamó la atención, pero como no me hacía caso, yo también acabé ignorándola. Ahora la situación cambia, y si la chica de repente muestra interés hacia mí, pues habrá que aprovecharlo. A quién amarga un dulce, ¿no?

He podido comprobar que Loli sabía de sobra que mi acompañante era mi hermana Cris y no una novia, así que debía estar bien informada, a pesar de no haber tenido demasiado trato con ella. Es muy extraño, pero me da igual, me parece que acabaré saliendo con esta chica.

Después de reencontrarme con Cris, apareció con su amiga misteriosamente, y fuimos los cuatro juntos a la feria. Lo pasamos estupendamente, y Loli estaba realmente simpática, y muy atenta, así que yo me encontraba en la gloria.

Esta tarde nos veremos nuevamente, tras la clásica “Procesión General”. Me gustaría salir estos días solo con ella, pero no puedo dejar a Cris, no se lo merece, y menos por las pocas veces que estamos juntos. Loli parece entenderlo, así que no hay problema. Y mi hermana está tan feliz de verme...
Pasado mañana regresará a Valencia y ya no nos veremos hasta el verano, y será muy duro para los dos.


25 de abril 1983

¡Uauuu! Me dejaron disparar unos trabucazos ayer en el “Alardo”. Así pude presumir delante de Loli. Incluso le dejé apretar el gatillo en una ocasión a ella. Fue muy divertido. El año que viene ya podré disparar, a pesar de no haber cumplido 18 aún, todo el día. Es una sensación única, de increíble poder... Acariciar el trabuco y disparar finalmente es algo divino, sublime. ¡Un auténtico gozo!



Parece mentira, pero Loli ha logrado que olvide a Susana por completo. Por quien más lo siento es por Macarena, porque es como si la hubiese cambiado por Loli, aunque eso no es así realmente.

Hace un rato que he dejado a mi hermana en la estación. La despedida ha sido muy triste, como siempre, inevitable. No he abandonado la estación hasta que el tren se ha perdido de mi vista en la lejanía. Cuando ella se marcha algo se muere dentro de mí, como si me desgarraran el corazón. Y no sé si es más por ella que por mí mismo. Creo que a Cris le falta tener amigos, encontrar a alguien de su misma edad, no sentirse tan sola allí en Valencia, para que no tenga que pensar tanto en mí, aunque sé que eso es inevitable...


27 de abril 1983

Regreso a la academia. Helena, mi rubita, dice que me vio en la entrada de moros. Pero que yo estaba tan “en mi mundo”, que ni siquiera me di cuenta de que me llamaba. Y es que con tanta gente abarrotando el paso del desfile, no te da tiempo a ver a todo el mundo. Por no decir las fotos que te hacen, tantas que no sabes a donde mirar. En cambio Silves no estuvo en la ciudad esos días, así que era imposible que me viera. Se marchó a Jávea de vacaciones.

Acabo de escribirle una enorme carta a Laura contándole todo lo acaecido en los días de fiestas en mi ciudad. Sé que a ella no le gusta esto de las fiestas demasiado, y ya me dijo que las fallas y los moros no era lo suyo, pero no he podido evitarlo. De todas formas, tampoco la carta se limita a eso, sino también a los temas de costumbre, la música, los amigos, los fines de semana...


30 de abril 1983

¡Hay que ver! Loli me llamó por teléfono para quedar esta tarde. Saldremos con su amiga Carolina e iremos al cine y luego a dar unas vueltas y tomar algo. He tenido que decirle a Macarena que no me iría con ella. Ay, que esto se complica. Voy a quedar mal al final con todo el mundo. He pasado de estar solo a tener que elegir con quien voy. No, si no me quejo, pero tampoco me gusta ser desconsiderado. Ya veremos como acaba este panorama.



2 de mayo 1983

Bien, un fin de semana fantástico. Loli me gusta cada vez más, y a la vez me asusta un poco. No quiero que me pase como me ocurrió con Susana. Si una chica termina gustándome más de la cuenta, después no me hago a la idea de perderla. También el domingo lo pasamos juntos, y tanto ella como Carolina no cesaban de reírse con mis ocurrencias. Y es que a mí, eso de hacer reír a las chicas, como que me divierte un montón. Vamos, que se parten conmigo. Así sé que no se aburren y desean volver a pasar ratos entretenidos en mi compañía. Mi hermano dice que la remate, jajajajaja. Roberto es así de lanzado. Yo ya sé que él ha dado buena cuenta de Cecilia, y cuando se canse de ella, ala, a empezar otra vez, que hay más chicas. ¡Que malo es conocerse!



6 de mayo 1983

Acabo de recibir carta de Laura. Yo creo que en correos se dedican a hacer pelotillas en vez de cursar las cartas, ¡qué narices!

En fin, también ella hace referencia al asunto, extrañada por los vaivenes de las cartas...


¡Hola, Mark, moro-cristiano!
¿Sabes? Si es verdad que tú me has escrito la carta el 2 de mayo (fue el 27), la he recibido el 4 y está fechada el 3. ¡Que lío que se arman en Correos, eh!

Bueno, “Don Presumido” (broma). Me alegro de que ligues tanto con las chicas y que te saquen fotos. Espero que me mandes una fotocopia de la foto del diario y tu nombre. Me gustará.

Me alegro de que tú de “garrulo” ¡nanay! Y de “rosa” tampoco. Lo digo por el color del pantalón de tu traje de moro.

¡Te gusta “No tengo tiempo” de “Azul y Negro”, eh! Pues tengo el Lp. Me lo ha regalado un amigo del pueblo por mi cumpleaños y todas las canciones son estupendas.

Mi hermana Mara se ha comprado los maxi-singles de “Spandau Ballet” (Communication), y el Lp de un grupo independiente: “Últimas emociones”. Así se llaman ellos, y uno de los chicos es Jose Luís Macías, de “Glamour”, pero como éstos se han separado se ha unido con este grupo independiente.



¿Sabes una cosa maravillosa? Este verano me voy a América, New York. Voy a ser la madrina de mi nuevo sobrino, y tengo que ir allí. ¡Menuda alegría! Mi hermana Olga vive allí desde hace años, no sé si ya te lo conté en anteriores cartas.

Estoy hecha polvo. Ahora que tengo 15 años ya salgo más por las noches. El domingo por la noche estuve en Cánovas (no sé si lo conoces). Fuimos a “Franckfurt” y luego a “Bravatta”.

Esto se está llenando de “pubs”. Cerca de mi clase hay uno que se llama “Travía” y siempre está a rebosar. Bajo mi academia está “Manías” y ahora están poniendo uno nuevo que se llama “La estrella de la noche” o algo así.

Me voy a coleccionar cajas de cerillas, pero de esas de propaganda, de pubs, bares, tiendas, autoescuelas, etc., porque ya tengo varias desperdigadas por la casa.

Esta vez he sido muy rápida en contestarte, así que no te quejarás, ¿verdad?

Bueno, me despido ya por esta vez. Chaoooo, Marquitos.
 
LA FOTO DEL DÍA (PULSERAS SOLIDARIAS)
Ya tengo mi pulsera solidaria, después de buscar incansablemente donde poder contribuir modestísimamente a cambio de la pulsera en la lucha contra el cáncer. Durante este tiempo he visto enormes cantidades de pulseras falsas en infinidad de establecimientos, pero... eso no era viable ni entiendo que existan ni que nadie se las ponga. Aún así, cada cual con su vida que haga lo que crea conveniente.

Mientras tanto... ¿tenéis ya vosotros la vuestra? ;O)

 
"UN GRACIOSO MALENTENDIDO"...

¿Habéis sido protagonistas en vuestras vidas alguna vez de malentendidos de esos que te ponen en serios aprietos? Seguro que sí.
Voy a relatar uno de esos malentendidos que a veces he tenido en la vida, y que luego siempre recuerdo como una graciosa anécdota.



Hace unos años, cuando mi hermana Cris aún vivía, tuvimos mi hermano Roberto y yo la idea de ir a visitar a nuestra hermana en Valencia el día de su cumpleaños. Ese año caía en domingo, y la sorpresa que le daríamos al presentarnos en casa de nuestros tíos, donde ella residía, de seguro sería mayúscula. Durante la semana previa habíamos estado hablándolo, y cuando ya todo había quedado claro, el viernes mi mujer se puso enferma y para colmo el coche se me había averiado. Sería imposible que nosotros fuéramos, a no ser que mi hermano me llevara con el consentimiento de mi mujer, quien se quedaría en casa con mi suegra. Aquél sábado por la mañana, y dado que mi mujer seguía enferma, la cosa resultaba poco menos que inviable, pero aún así quedamos en que si Roberto decidía finalmente presentarse en Valencia bien temprano, no se olvidaría de un servidor llevándome con él.

El domingo por la mañana, entre la emoción y la espera, me puse algo más nervioso de la cuenta, y cuando el reloj marcaba poco más de la una y media, ya me había quedado más claro que el agua que el viaje se había abortado, así que me dispuse a preparar la mesa pensando ya en la comida del domingo. Y entonces, a los diez minutos escasos, cuando el reloj rozaba ya las dos menos cuarto, el teléfono empezó a sonar. Era, sin duda alguna, la tan esperada aunque en realidad en ese momento ya inesperada llamada de mi hermano Roberto.

-Mark, soy yo, Roberto. Estoy con tu hermana. ¿Vas a venir a comer?
-¿Perdona? ¿Cómo dices? Me parece que no te he oído bien. ¿Pretendes que vaya a comer con vosotros, y me lo dices ahora, cuando son casi las dos? Y además... que yo sepa no habíamos quedado tu y yo ayer así.
-Bueno, bueno. ¿Pero vienes o no? ¡Te estamos esperando!
-¡Ah! ¿Sí? Y cómo pretendes que vaya a estas horas. ¿Y de qué forma?
-¡Pues cómo va a ser! Andando...
-¡Sí, hombre! Tú no estás bien de la cabeza. Ya me siento bastante mal por todo esto, como para que encima te guasees de mí.
-No me esperaba esto de ti, hermano ¿Tan mal estás? ¿Te faltan vitaminas acaso? ¿Tan difícil resulta para ti?
-Sabes de sobra que está muy lejos, y ya no es hora. Porque sabrás en que hora vives, ¿no? ¡Que son casi las dos!...
-Ya sé que hora es. Pero te sobra tiempo para llegar aquí. Y no digas que está tan lejos. Yo es que a veces “flipo” contigo.
-Sí, claro. De verdad, Roberto, hermano, no te reconozco. Mira, vamos a hablar claramente. Como mucho, podría coger un autobús. Pero tendría que ver los horarios, y comprobar si hay alguno disponible que me lleve lo más rápido posible hasta ahí.
-Joder, me dejas de piedra, Mark. No te comprendo. Soy yo el que no te reconoce. Sabía que últimamente te pesaba el culo como nunca, pero esto me supera. Oye, si hace falta te envío un burro para que te traiga... Bueno, venga, ahora en serio. ¿Por qué no pides un taxi?
-¿Un taxi? ¿Con lo caro que es? ¿Qué quieres, que me arruine? ¡Que tengo que llegar a final de mes!
-Tampoco es para tanto. Es más caro que el autobús, de acuerdo. Pero por tu hermana lo harías, ¿no? Mark, que son cuatro perras…
-Mira, Roberto, puedo permitirte bromas, pero esto ya se pasa, y más después de lo que me has hecho, dejándome tirado, con la ilusión que me hacía compartir el cumpleaños de Cris, estar en su compañía. Así que voy a olvidar que hemos hablado, te voy a colgar, y no quiero escuchar el teléfono nuevamente en todo el día. ¿Lo comprendes?



Y le colgué. Mi hermano no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Y Cris estaba expectante al lado de Roberto esperando que su hermano le dijera exactamente que ocurría y porqué yo no estaba ya allí.

-Mark debe haberse vuelto loco –le decía Roberto a nuestra hermana- o quizá tiene las neuronas afectadas, no lo sé. Pero no me cuadra en absoluto su proceder.
-Yo le llamaría de nuevo –manifestó Cris-. No tiene motivos para haberse puesto así. Mejor será que lo hagas y quedes al menos bien con él. A ver si ahora por tan poco os vais a enfadar tanto que ni os habláis. Si no puede venir a comer, al menos que venga después un rato, ¿no? Sería la primera vez que Mark me falla a mí también.
-Pues sí, voy a volver a llamarle, pero lo mismo no te gusta para nada como suenan las palabras que le pienso decir, hermanita.

Otra vez sonando el teléfono en mi casa. ¿Debía cogerlo? No me apetecía en absoluto. Mi hermano se había comportado como un energúmeno, y si respondía a la llamada y era él de nuevo el asunto podría resultar ya escandaloso.

Mi mujer intervino finalmente, diciéndome:
-Anda, cógelo. ¡Que más da! Lo que tenía que pasar ya ha pasado. Ahora, si se pone de nuevo en plan tonto, se lo dejas bien claro, y “Santas Pascuas”.

Al descolgar el auricular, reconocí inmediatamente su voz:

-Bueno, mira, antes de que digas nada, que te veo venir –decía mi hermano intentado poner voz serena, sin conseguirlo- te voy a dar una última oportunidad. No sé que mierda te pasa, ni quiero saberlo. Lo único que quiero es que vengas aquí y comas con tu hermana, la felicites, que aún no lo has hecho, y terminemos la tarde lo más dignamente posible.
-Mira, Roberto, igual me he pasado antes de tono al hablar contigo, y te pido disculpas. Quiero creer que esto no es más que una de tus estúpidas tomaduras de pelo. Pero ahora ya es muy tarde, pasan de las dos, y si me planteara acudir a comer con vosotros, por muy rápido que fuera, al llegar allí ya habríais terminado incluso de hacer la digestión.
-Déjate de tonterías, Mark, que me estás sacando de mis casillas. Lo único que tienes que hacer, eh, escúchame bien, es mover un poco el culo, y acudir aquí, que tu hermana Cris tiene ganas de verte, que no entiende ya de que vas, que si es que te hemos hecho algo… ¿Me comprendes o no? ¿O lo planteamos de otra forma?
-Mira, hermano: A las malas, lo único que podría hacer es coger el tren (porque ya me he informado del horario de los autobuses, y no hay en disponibilidad ninguno), y llegar al menos para pasar el resto de la tarde con vosotros, y tomar un cafetito y unas pastas.
-¿El tren? ¿El tren, si estás a poco más de 500 mts. de… Pero vamos a ver, que yo me aclare… ¿Dónde coño crees que estamos tu hermana y yo?
-Pues donde va a ser, en Valencia. ¿Dónde si no?
-¿En Valencia? Acabáramos. ¿Es que no te ha llamado antes mi mujer, o “sease”, tu querida cuñada, y te ha dicho que Cristina llamó a nuestra casa ayer por la noche, y que al enterarse de lo que le pasaba a tu mujer y a tu coche, decidió venir en tren esta mañana aquí para celebrar su cumpleaños en compañía de todos?
-Pues va a ser que no, naturalmente. Y ahora entiendo todo. La que hemos armado en un momento. Y yo que llegué a creer que estabas mal de la cabeza –le dije yo a Roberto ya partiéndome de risa.
-Pues si me ves a mi la cara de gilipollas que se me ponía al escucharte ya ni te cuento…



La de veces que hemos recordado esto mi hermano Roberto y yo. Y revolcarnos de risa en el sofá ni se sabe. Muchas veces soy yo el que saco la anécdota, cuando pienso en mi hermana Cris y recuerdo también como se reía mientras nosotros lo contábamos. Pero ahora ya no puede hacerlo. De repente me he puesto triste, ahora, al tiempo que lo escribo. Y me resulta inevitable, aunque espero que lo comprendáis. Pienso en mi hermana contínuamente, y sé que eso se nota mucho aquí, en mi blog, y por otra parte no quiero dejar de hablar de ella de vez en cuando, porque es en estos pequeños ratos cuando más recuerdo su cara, su sonrisa, y sus ganas de vivir, a pesar de todo…


Hasta ahora, amigos…
 
EL EJÉRCITO DE LAS CUCARACHAS

Ayer me acordé de una anécdota de mi vida mientras en TV hacían un reportaje sobre los animales más capaces de sobrevivir a cualquier tipo de catástrofe. Entre ellos estaba, naturalmente, la cucaracha, ese bichito que siempre anuncia con su presencia la falta de higiene de un lugar o la suciedad. Suena a tópico, porque no por ver una cucaracha en el patio o en la escalera quiere decir que todo está sucio, pero cuando el río suena...



Estaba yo en la “mili” allá por el año 1985, cuando yo contaba 19 años, y me destinaron al “club de oficiales”. Lo único que tenía que hacer era servir copitas a los militares de alta graduación, desde los tenientes hasta el general, si es que se presentaba. El militar de más alta graduación que conocí fue un “Teniente Coronel”, así que nunca me tembló la mano al servir “las copitas”. Debo añadir que yo no soy camarero, así que todo aquello me venía grande, pero como tuve la suerte de ir a parar allí (ya lo contaré algún día, dado que yo solito logré enchufarme), pues hice lo que buenamente pude. El último día oficial de mili fue un 24 de diciembre, nochebuena. Era el más veterano, yo debía dar la cara y teníamos que servir la cena a todo el “oficialato”. Al terminar la cena, me dijo mi “comandante”: -Mark, ¿usted cuando se licencia?
-Mañana, mi comandante.
-Ya, ya. Y dígame... ¿usted cuando salga de aquí no se va a dedicar a esto, verdad?

Así que podéis imaginar mi calidad como camarero. Tengo muchas anécdotas militares, y es posible que algún día cuente mis andanzas, pero me gustaría hacerlo cronológicamente. Me parece que me voy a animar.

Pero vayamos a esta anécdota, antes de que se me olvide, que quiero contarla.

Había transcurrido ya el verano, y tras dejar “la terracita y la piscinita”, debíamos regresar al espacioso salón del “club de oficiales”. Yo ya era entonces el más veterano de los tres soldados que estábamos allí, así que debía hacerme cargo de la situación.

Al abrir la puerta, tras 4 largos meses cerrado el salón a cal y canto, nos encontramos allí con un enjambre de cucarachas. No podías dar dos pies sin pisar alguna, y el sonido crujiente que se reproducía no era nada agradable, como podéis suponer.

Pero nada comparado con la cocina. Aquello era un berenjenal. No estoy exagerando, creedme. Jamás he visto tanta cucaracha junta. Bien es verdad que solo había por el suelo, ninguna se atrevía a escalar paredes ni nada de eso, con lo cual estaban todas controladas. Donde más había era en la despensa. Ojo, que la despensa estaba vacía, no os vayáis a creer que estaba repleta de jamones. Pero sí había montones de cajas de cartón, y por supuesto llenas de “huevecitos” de las cucarachas. En cualquier momento eclosionarían y dios sabe que podría ocurrir. La colonia de aviación entera repleta de cucarachas en todas las casas...



Desde luego no quería que “mi teniente” viera aquello. En cierta forma, teníamos la obligación de entrar de vez en cuando en el club para comprobar que todo estaba bien, pero obviamente no lo hicimos, y ahora nos encontrábamos con este berenjenal. Ya me estaba imaginando encerrado en la cárcel del cuartel, y no era nada agradable. Galo, mi compañero, estaba muy nervioso, y yo le golpeaba con la gorra, como solía hacer “Miliki” con “Fofito”: “Niño, cállate, que nos van a oír”, “Niño”.
De repente, la iluminación, como las ideas de “Vickie el vikingo”. Después de rascarme la nariz, le dije a Galo:
-¡Niño, ya está, el bote de cucal!
-Anda ya, me dijo, menuda idea la tuya, y yo que pensaba que era buena.
-Que sí, que sí, que ya sé lo que hacer para matarlas a todas.

¿Qué hice? Muy fácil. Abrí la despensa, llena de cucarachas y huevos y me dispuse a vaciar el bote de cucal entero. SI, enterito. Tuve que taparme la nariz con un trapo porque si no tampoco yo salía de la despensa. NO era grande la despensa, así que su efecto iba a hacer seguro. Cuanto terminé de vaciar el bote por entero, cerré inmediatamente la despensa, para que no pudiera escapar ninguna cucaracha. Pero claro, ¿y el hueco que había debajo de la puerta? Por allí podrían salir. Galo estaba acojonado.



Mira, no te preocupes, le dije, hagamos lo siguiente. Vamos a poner todos esos librotes que hay en la biblioteca (eran tomos enormes y gruesos), en el hueco de la puerta, los amontonamos, y así no podrá salir ninguna viva de allí.

Pusimos los libros y acto seguido nos marchamos a casa. Era la hora de comer, y como buen destino que teníamos, íbamos a nuestras casas. ¡Menuda mili la nuestra! ¿Verdad? No, si yo lo reconozco, comer y dormir en casita. ¿Qué más se podía pedir?

Llegó la tarde, y era el momento de comprobar el resultado. Galo decía ¡madre mía, madre mía! Las piernas le tiritaban. ¡Niño, cállate! Golpetazos de nuevo con la gorra. ¡No me pongas nervioso!

Al abrir la puerta... ¡ñieeeeeecckkk! ¿Que nos encontramos? Un auténtico cementerio de cucarachas. Todas las del salón aparecían muertas. Ni una viva. Había una campeona, que casi llegó a la puerta de entrada del club. La capitana, que dije yo. Pero también sucumbió. Galo seguía pisando cucarachas... ¡creck!... ¡Niñooooo, que te ostio!

Llegamos a la cocina. Galo entró primero, por aquello de proteger al jefe, jejejejejeje. Salió corriendo.
¡Yo me voy de aquí, yo me voy de aquí!
-¡Tu no vas a ningún sitio! –le dije cogiéndole del cuello. ¡Ven “pacaaaaa”!
-A ver, ¿qué pasa ahí dentro?
-Los, los... libros. Es.. están los de arriba, es decir, han caído los de arriba al suelo, y los de más abajo están... a un palmo de la puertaaaaaaa.

¡Las cucarachas habían logrado desplazar los libros esos de tonelada y media de la puerta! Entre todas su fuerza había sido tan descomunal que los libros no fueron obstáculo para su intento de salvación. ¿Qué no lo creéis? Pues así fue verdaderamente, no lo estoy inventando.



Cogimos las cajas de huevecitos con guantes, las sacamos al patio, metimos dentro de ellas las cucarachas muertas que habíamos retirado del club con el recogedor y les prendimos fuego. Y allí hubo otra sorpresa. Nunca olvidaré los chillidos que se escuchaban al crepitar bajo el fuego las cucarachas muertas. Parecían vivas y que estuvieran implorando no ser quemadas. ¡Hiiiiickssssss, hiiiicksssss! Increíble.

Mientras quemábamos las cajas de cartón, alcanzó a pasar la hija del capitán Colomer, y nos dijo: ¿Qué hacéis? ¿Qué es eso que chilla de esa forma tan inhumana?
Galo estaba coladito por ella, y titubeante como siempre le dijo:
-Na... naaa,... nada. Es que estamos de limpieza, y quemamos las cosas inservibles del club. Ya sabes, cajas de cartón y todo eso.
-Y que hay en las cajas de cartón, ¿silbatos? –chuiiiiiick- (se escuchaba).
Iba Galo a descubrirse ya, y le solté un nuevo gorretazo: ¡Niño, tira ya “padentro”, anda!

Bueno, sé que a algunas os habrá dado mucho asco esta lectura, pero me pareció digna de contarla, porque es una anécdota que recuerdo como si ayer hubiera sucedido.

Y prometo más de la mili, si os gusta. Hasta ahora.
 
RECUERDOS DE LA ALHAMBRA (De mis relatos)
Recuerdos de la Alhambra

Para mi dulce amiga FIFI, con todo el cariño.




RECUERDOS DE LA ALHAMBRA

De madrugada, cuando la luna brilla sobre la Alhambra, y sus fastuosos jardines se encuentran invadidos por la calma y la paz del anochecer, cuentan que un sinfín de voces susurrantes, a veces trágicas, a menudo tristes, las menos alegres, aparecen por doquier en esta sorprendente a la vez que suntuosa miscelánea de palacios nazaríes. Y es en estas noches, plagadas de innumerables estrellas, cuando la fina brisa que provoca la bisbiseante tonadilla de sus cipreses, confiere si cabe aún más a la Alhambra de Granada la sensación de frescura magia, provocando emociones inimaginables a sus visitantes.

Deseaba fervientemente adentrarme en esos excelsos jardines, recorrer todos sus rincones, meterme de lleno en ese hechizo envolvente que desprende semejante arquitectura, repleta de fantásticas leyendas, tesoros sin duda allí enterrados, y absorber así toda la belleza que desprende hasta el más mínimo y cautivador detalle.



Al llegar, comprobé que no estaba solo. Había algunos visitantes más que, como yo, indudablemente se sentían atrapados por el esplendor de la Alhambra, por el perfume de la brisa al recibir la mezcla del aroma de las flores, sus salones y patios, que parecen transportar hacia tiempos lejanamente pretéritos.

No pude evitar fijarme en uno de aquellos visitantes, pues su aparente extraño comportamiento, unido a su no menos insólita vestimenta, no creo pudiese pasar inadvertido para nadie. Caminaba despacio, con aire pensativo, con la mirada fija en el suelo. Parecía incluso medir una a una las majestuosas baldosas de piedra del paseo del patio de los cipreses.

La calma y la paz que transmitía aquel visitante, no me habían dejado indiferente, y sentí que debía acceder a él, comprobar que, al igual que yo, se sentía extasiado por el encantamiento de este incomparable pasadizo del tiempo.



Y aún no había tomado definitivamente esta decisión, cuando no fue sino él mismo quien se acercó finalmente a mí. No me dí cuenta hasta que comenzó a hablarme una vez situado a pocos pasos de donde yo me encontraba.
-No existe nada en este mundo que pueda compararse ni remotamente a este bello lugar, ¿verdad?
-Si, si… sin duda alguna -no podía ocultar mi turbación al escuchar sus palabras, y sinceramente, desconocía el motivo, pero había algo, algo extraño en mi co-visitante que me inducía a seguir prestándole atención-. Quiero decir que así es, hay que estar aquí para poder comprobarlo, hay que ser capaz de sentir todo lo que la Alhambra lleva dentro, para comprender la…
-Yo no puedo dejar de venir aquí a menudo –me dijo, casi sin hacer caso de mis palabras-. Necesito este aire para respirar, contemplar tamaño monumento, y comprobar como mis cinco sentidos trabajan a la vez para poder abarcar todo lo que ella evoca contínuamente…
-Puedo… puedo entenderlo perfectamente –dije, aún titubeante-. No creo que nadie logre resistirse a algo semejante.
-Pero hay que haber vivido aquí para encontrar la verdad que encierra dentro de ella. Su pureza, su… más que apreciable sensación de divinidad.


Al decir esto, y durante algunos instantes, elevó su mirada, perdiéndose entre el firmamento, como si en realidad nada hubiese allí arriba.
-¿Usted ha vivido aquí? –alcancé a decir-. Eso me sorprendería…
-Si me escuchas, comprenderás –me dijo, pausadamente-. Voy a contarte algo… Y tal vez así, tú mismo llegues a tus propias conclusiones.
-Me agrada la idea –le manifesté asintiendo con la cabeza -. Soy todo oídos, entonces. Presiento que usted sabe mucho de este lugar, y sin duda debe ser un placer escucharle.



De haber llevado turbante, no cabe duda de que pasaría por uno de aquellos antiguos señores de Granada, pues incluso el tono de su voz y su porte, invitaban a esa agradable impresión. Su barba canosa, sus pequeñas arrugas en la frente, denotaban su edad avanzada, donde a su lado yo solo podía parecer nada más que un simple crío. Claramente, todo era muy extraño. Aquella conversación, aquella súbita aparición de un personaje tan insólito pero atrayente a la vez…

Sin embargo, cierto es que yo no estaba soñando, pues todo era real. Mi visita allí había sido incluso planeada de años atrás, y ahora ella, la majestuosa Alhambra estaba frente a mí, acompañado de un visitante que, sorprendentemente, debía saber tanto de ella misma, como yo podría conocer mi propia vida.

-La colina de al-Sabika es quien reposa debajo de la Alhambra –comenzó a relatarme el anciano-. Alhamar, su creador. La llamó Al-Qalá al-Hamrú, que en castellano quiere decir “Castillo rojo”. El rey granadino sabía, que, alzada sobre aquella colina, brillaría como el fuego la Alhambra cuando comenzara a ponerse el sol cada atardecer.
No fue sino Ismail, descendiente en el tiempo de Alhamar, quien construyó el primero de los palacios, aunque nada queda de él, allí donde ahora está el Palacio de los leones. ¡Oh, créeme si te digo que jamás la tierra ha podido nuevamente contemplar un harén semejante a aquél que albergó!
No creas ni por un solo instante que allí era donde su rey, gobernador de la mayor gloria del mundo conocido, conservaba a sus mujeres ocultas a los ojos del resto de los hombres, no. Todo lo contrario, amigo mío, pero el tiempo a veces desvirtúa la realidad, basándose solamente en inútiles leyendas tergiversadas.
Te contaré la verdad. Seguro que deseas escucharla. Óyeme bien, amigo, porque a veces solo se tiene una oportunidad en la vida de tropezar con la mayor de las suertes, y tú la has tenido. Quizá, después, cuando yo me haya ido, puedas comprender lo que te digo.


Dios mío, para entonces ya me encontraba totalmente flotando entre las nubes. Ya no solo era por escuchar a alguien como aquel visitante, sino porque reconocía que algo especial había en aquel encuentro, y que no era sino providencial para mi. Y si aquello iba a servir para que algún día yo relatara aquella conversación, bienvenida fuera para el resto del mundo, porque yo me encargaría de transmitir aquellas palabras, haciéndolas grabar a fuego en mi memoria.

-Cuenta la tradición –siguió hablando aquel visitante- que en los días que Mahoma aún vivía, la voz de Alá en la tierra, jugando se hallaba un día con sus nietecitos. Pero daba la casualidad que el profeta, oh, rey de reyes, profeta entre los profetas, a menudo era visitado y sin recibir aviso alguno, de sinfín de fieles y amigos suyos. Y, como tarde o temprano iba a suceder, no fue sino aquel día cuando un grupo de sus amados fieles descorrió sin previo aviso la cortina que separaba la estancia donde, en ese mismo instante, Mahoma revolcándose estaba en el suelo con sus adorables nietos. Aquello, sin duda alguna, sorprendió sucintamente al maestro, no siendo del agrado ni de sus discípulos ni del mismísimo Mahoma, por lo que, desde que aquél momento, decidió que lo más conveniente era habilitar una estancia que fuese de uso exclusivo de la familia, siendo prohibida la entrada a quien no formara parte de ella. El tiempo se ha encargado de desvirtuar esta pequeña historia, llamando “harén” a estas dependencias, que en realidad no eran sino los aposentos de las esposas de los reyes o sultanes, nunca más de tres, pues aunque había una cuarta, ésta no era sino la “favorita”, la cual no vivía sino en aposentos distintos del resto de las esposas.
Oh, amigo, recordar el esplendor de la Alhambra, cuando estos jardines, como los de Daraxa, sus patios, como el del Cuarto Dorado, el de la Reja, el de los Cipreses, respiraban vida por los cuatro costados, todo ello termina por embargarme, llevándome a indescriptibles sensaciones. Todos los días, la luna se descubre desde el patio de los leones, casi rojiza, sublime. Después, y poco a poco, su pálida luz se cuela por la sala de las “Dos hermanas”, y así, finalmente, bebe plácidamente de su exquisito surtidor. Hay algo en la Alhambra que embelesa contínuamente, exalta los sentidos, te atrapa entre sus muros con un cauteloso abrazo, casi sin darte cuenta, y ya no te deja escapar, porque en realidad uno no quiere, no lo desea, solo piensa en seguir ahí, observándola, cuidándola, disfrutando de su absoluta perfección. Y es al llegar la noche, cuando el encanto de la luna queda atrapada en ella, el momento de mayor éxtasis, este que estás viviendo tu en este instante, amigo mío. Toda fisonomía de sus palacios se transforma completamente. Sus muros; cada columna que parece duplicarse, o incluso triplicarse; sus árboles, que se convierten cada uno hasta entre cuatro o cinco, para dar paso finalmente a la pasión, el mayor desenfreno, que se multiplica a su vez, lanzándote a un arrebato sin final. Y pensar que ahora, más de quinientos años después de su mayor celebridad, alguien se vio forzado a abandonar esta inmensa fortaleza, en un anochecer tal como hoy, por esa puerta que tú puedes ver, la de los Siete suelos, “Bib al-Gudur” en realidad. Allí tuvo que suplicar clausura eterna, amigo mío…


Entonces pude observar como una pequeña lágrima surgía de uno de los ahora brillosos ojos de mi co-visitante, supongo que emocionado sin duda por sus propias palabras. ¿Era posible tener ese increíble sentimiento por la Alhambra? Yo mismo me sentía sin duda embriagado por sus palabras, por su pausado relato, con aquella pasmosa seguridad, nacida del mismísimo corazón. Pero aún así, algo había, algo que no terminaba de alcanzar a comprender, pero que ya empezaba a tomar forma en mi cerebro, todavía aturdido…

-Escucha, oh, amigo mío –me dijo colocándome la mano en mi hombro e invitándome a dirigir la mirada hacia el campanario de la “Torre de la vela”. La campana ofrece toques de queda, de ánimas vencidas, de sueño anunciado. Es el momento del descanso de las almas, joven amigo. Muy a mi pesar, ha llegado el momento de marchar, de retirarme inevitablemente. Me hubiera encantado seguir hablándote, apreciado visitante, pero se acabó el tiempo… Y si vuelves… y me encuentras… recuérdame quien eres, pues tantos años he vivido, que puedo recordar el pasado, pero el presente inunda de niebla mi cabeza, no dejando cabida para nada que no salga de estos muros, de todo lo que aquí ves, a la mayor gloria de Alá…


Me quede estupefacto, sin palabras, nada podía salir de mi garganta. ¿Era un fantasma quién conmigo hablaba? Siempre había oído decir que hay fantasmas en la Alhambra, y que todas las noches, sobre todo aquellas en que la luna parece estallar en el cielo, de pura luz, dejan con sus visitas las huellas de su presencia, pero tan ínfimas son, que resultan imposibles de reconocer. El viajante que asoma a la Alhambra de Granada, las intuye, las siente llegar, pero al final, no ve nada, y sin embargo, todo, absolutamente todo, siente que en realidad está ahí, incólume…

Cuando quise reaccionar ya era tarde, aquel anciano de barba blanca como la nieve, había desaparecido de mi vista sin dejar rastro alguno…
Y allí, entre el ruido de la fina brisa y de los árboles susurrantes, pregunté al inmenso vacío que cubría ya la fortaleza, y que produjo un claro eco en mis palabras:

-¿Quién eres tú? ¿Quién eres tú? ¿Quién eres tú?

Salí finalmente de la Alhambra. Había sido el último en hacerlo, cuando ya el amanecer empezaba a vislumbrarse en el horizonte. Y allí, en la mismísima puerta por la que mi co-visitante había manifestado cuánto dolor sufrió quien tuvo que entregar el trono de Granada, la puerta de los “Siete velos”, alcancé a escuchar entre susurros:

-Boabdil…

© Francisco Arsis
 
"HOY TE ESCRIBÍ UNA CARTA"...
Por Laura Doltz


07 de octubre de 1990

Querido amigo Mark:

Al escribir esta carta ni siquiera te doy tiempo a una contestación cronológica de mis cartas, pero me da igual. Como te dije, me gusta esta nueva relación nuestra en la que no importa “a quién le toca escribir ahora”.

Ni siquiera tengo claro qué quiero contarte, entre otras cosas porque hay mucho que contar y no sé nunca por donde empezar.



En la carta anterior te escribí acerca de tu sueño y de lo que pensaba. ¿Sabes cuál es mi verdadera preocupación por los sueños? Mis sueños no son como los demás: yo siempre sueño con catástrofes. Sí, resulta un poco preocupante porque los sueños son el subconsciente de las personas y yo hace ya mucho tiempo que tengo pesadillas sobre catástrofes. Pudiera ser que se realicen así mis sueños porque quizá yo tenga algún problema que desconozco. No lo sé. Lo único que digo es que a veces tengo miedo porque, como te he referido, el sueño es el subconsciente, y yo no sé qué significan las catástrofes con las que sueño. Verás, a veces se trata de incendios, de tormentas eléctricas, de terremotos, de fuertes cambios de clima... ¿Qué piensas tú de esto? Lo que tengo claro es que aún recuerdo muchas escenas de esas pesadillas que, algunas de ellas ya tienen varios meses. Quiero decir que hace ya tiempo que las soñé pero que no las olvido. Están muy claras en mi mente.

Aún no sé si soy supersticiosa; siempre he pensado que no, pues me encantan los gatos negros, el número 13, y si no paso por debajo de una escalera es por si se resbala y me cae encima; pero lo que tengo bastante claro es que siempre que sueño con catástrofes posteriormente tengo muy mala suerte.

Para empezar, hoy por fin actúan los “Beach Boys” gratis en “La Alameda”, y el tiempo se ha puesto horrible, por lo que me da miedo ir en coche sola a Valencia y volver sola de noche por la carretera. ¿Cómo lo ves?



Antes tenía un amigo a quién recurrir, pero sucedió algo que no esperaba y decidí alejarme lo más posible de él. Este amigo, por cierto “tocayo” tuyo, dado que se llama Marcos, me llenaba de sorpresas, como invitaciones a conciertos caros, no se olvidaba de mi cumpleaños ni de mi santo, y me hacía los regalos más caros; me llamaba por teléfono para que no me olvidara de que él estaba ahí y quedábamos para ir al cine, exposiciones, etc. Pero al final ocurrió lo inevitable: me pidió que me casara con él. Lo malo de la historia es que a mí jamás me gustó físicamente ese chico, es más, no congeniábamos en nuestra forma de pensar y sólo nos llevábamos bien porque éramos amigos. Después me di cuenta de que todas sus atenciones de debían a que él quería algo más de mí, algo que yo no podía ni pensar, porque nunca fuimos tan amigos como tú y yo. Debido a eso me alejé de él y decidí no verlo ni llamarlo. Sí, era un buen partido pero yo no lo quería, ni siquiera me gustaba. De este modo me quedé sin amigo, y aunque sé que puedo, ya no recurro a él para salir por ahí juntos.

Ahora mis salidas con amigos/as son limitadas pues la mayoría son parejas de novios y los demás viven en Valencia y no tienen coche. Fatal.

Me da miedo convertirme en una persona solitaria, pues a pesar de mi individualidad y autosuficiencia para muchas cosas, siento en mi interior que quiero depender de alguien.

Con mis amigos de clase no suelo salir, porque o son parejas y viven en las afueras de Valencia o tienen su propio grupo de amigos. Por otro lado, hace mucho tiempo que dejé de salir con mi hermana Mara, pues ella tiene su propia vida con Germán y ahora les ha dado por salir con otra pareja, por lo que yo quedo excluida. ¿Te das cuenta? Yo, por un lado estoy siempre rodeada de amigos, y por otro, me siento sola.

Eso no te ocurre a ti y por ello te envidio. Sé que no debería envidiarte pero cuando veo la cinta de vídeo te observo rodeado de compañeros y familia, y quizá yo querría sentirme así ahora.

Hoy es domingo y llevo tres o cuatro días en casa, a excepción del viernes noche en que mi prima vino adrede de Valencia para que yo no me quedara colgada todo el fin de semana (aunque se fue al día siguiente), y de las mañanas en que me voy paseando al pueblo para hacer algunas cosas y así sentirme menos encerrada.

¿Qué me aconsejas? Tú eres mi mejor amigo y yo sé que puedes juzgarme sin que me sienta ofendida. La verdad es que me alegro de haberte recuperado porque, en cierto modo, te necesito.

Escribirte supone un alivio en esta tarde de domingo en la que estoy agobiada y aburrida en mi casa.

¡Fíjate! En el salón están mi madre, mi hermana Mara y Germán, pero ellos son un mundo aparte. Van a la suya y no les reprocho nada, pero a pesar de estar acompañada, sigo sintiéndome sola.

En estos momentos desearía tener a alguien con quien compartir mis dudas, mis temores, mis alegrías, mis emociones, etc. Soy feliz porque sé que cuento contigo, pero, sinceramente, echo de menos los pocos minutos que nos hemos visto.

Otra cosa: a finales de este mes se casa mi hermana Sara (sí, la de la tienda, la primera de mis hermanas que conociste), y como siempre en todos los acontecimientos, Mara va acompañada mientras que yo voy sola. A veces me gustaría tener a alguien conmigo y sentirme acompañada, pero nunca ocurre.

Siempre pienso que Dios tiene algo muy bueno guardado para mí, algo que ni siquiera yo puedo imaginar, y que un día me colmará de felicidad y dicha, pero también ocurre que la espera se me hace eterna. Ya sabes, “el que espera desespera”.

Ahora empezaré las clases y eso me hará olvidarme de mi encierro. Volver a estar con los compañeros de clase, gastarnos bromas, incluso hacer que se ría hasta el profesor más severo. Lo malo será que si no arreglo de algún modo mis fines de semana, pronto volveré a sentirme agobiada y encerrada. Como un león en su jaula, yo en mi casa.

Pero tranquilo, no pierdo ni el humor ni mi radiante sonrisa. Intento evadirme ocupando mi tiempo libre en cosas instructivas y hobbys que me sirven para que el día no transcurra tan lentamente. Eso es todo.



“Es lo que hay”, palabras del “Último de la fila” que me van gustando más desde que me enviaste el vídeo-sorpresa.

Voy a despedirme en esta carta, Mark. Gracias por estar ahí, mi eterno amigo.

Tu amiga que no te olvida
Laura

Pd: Besos, Besos, Besos. Y un besito a Isabel.


CANTA POR MÍ: EL ÚLTIMO DE LA FILA
Cruzó el pasado en el camino y lo miraba y no podía llorar. Entre el crepúsculo y el alba no hizo otra cosa que dejarse llevar.

Y refulgiendo cual luciérnagas, caminando sin prisa sobre el tiempo, huyen de un mundo material, son espíritus barridos por el viento.

Y ahora van hacia su abstracción, dales sólo paz y una sonrisa cielo abierto y aire para respirar.

Caen las estrellas de su manto, verdean los campos a un resquicio de luz, la pradera ahora es su casa donde la espiga brota entre la flor.
Si les miente la vida se hacen parapetos con poemas.

Un día color de melocotón, cuando todos seamos libres, cuando las piedras se puedan comer y ya nadie sea más que nadie.

Canta por mí si no estoy yo aquí. Viene el día en que seremos puros como un cielo de verano sobre el mar. Cantaré por ti si no estás tú aquí.

 
LA FIESTA TERMINÓ...

Llegó finalmente el sábado, y la fiesta terminó . Ahora mismo veo regresar a la gente a sus casas, después de una noche sin tregua.


¿Habéis probado el "Donosti"? Una parte de ginebra, un toquecito de zumo de limón y otra parte más de sabrosa tónica...
No podéis imaginar lo bien que sienta después de una magnífica cena...

Y aquí estoy yo para contar brevemente lo ocurrido estos días. He podido quizá ver la fiesta más de cerca que nunca, tal vez por intentar retratar lo mejor posible algunos detalles que reclamaran mi atención.


Músicos en pleno éxtasis festivo.

Ahora el merecido descanso del fin de semana, y menos mal, porque si tuviera que trabajar hoy, realmente no sé si podría hacerlo decentemente.

Aquí os dejo, como ha sido habitual estos días, el fiel reflejo de lo vivido...


Mi hija observando y esperando el inicio de la mascletá del día.


Un turista quiso retratar la mascletá e inmortalizar ese momento, a lo que yo me apresuré a inmortalizar a ambos...


El fagot, un instrumento también santo de mi devoción. Quizá uno de los más bellos, de los que más impresionan dentro de una banda.


Batalla de confetti´s por la tarde, después de una buena comida...


La fiesta, finalmente, concluye, y los encargados de las sillas se apresuran a guardarlas para el año que viene...
 
DIARIO DE MI ADOLESCENCIA (ABRIL 1983)




04 de abril 1983

Esta mañana he visto a Susana paseando sola por la calle. No sé que le habrá ocurrido pero desde luego no es mi problema. Yo iba muy a gusto con Macarena y Alicia. Ayer ya quedamos y fuimos al cine. Una lástima que a Macarena le guste un chico que vive en Játiva, porque de no ser por eso me atrevería a plantearme algo con ella. No cesa de hablar de él, así que imagino que no hay ninguna posibilidad.

05 de abril 1983

Verdaderamente no sé que me ocurre. Estoy hecho un lío, porque todo son sensaciones extrañas en mi interior. De repente me gusta una chica, luego me gusta otra, pero nunca termino con ninguna. Y cuando creo que he olvidado a Susana, me doy cuenta de que no es así, y que me da rabia porque no me hace caso. Después está Macarena, y cuando llega el fin de semana, deseo que salga a solas conmigo, sin tener a Alicia pegada a su lado, pero no me atrevo a dar el paso porque no cesa de hablar de su chico setabense.
En fin, no se si romper con todo esto, y seguir con mi hermano Roberto, que con él lo paso mejor, y encima me invita a “cubatas”.



07 de abril 1983

Carta de Laura. Menos mal que tengo una amiga que me hace caso. Salir no podré con ella, que está muy lejos, pero sé que de alguna forma permanece ahí.
El caso es que me sigo sintiendo solo, a pesar de que parezca tener ocupados los fines de semana. La culpa fue mía, por pasar de todos mis amigos. Ahora no encuentro a nadie, y menos mal que están Macarena y Alicia. Hablé con Roberto y me dijo que salía con Cecilia, la chica que me dijo que mi hermano le gustaba. Y precisamente Antonio, el hermano de ella, es otro de los amigos que yo dejé colgado, por querer estar solo más de la cuenta.
Roberto me dijo que no era el momento, que quería estar a solas con Cecilia. Bueno, lo comprendo, pero ahora que hago yo...


09 de abril 1983

Bien, esto es increíble. Hoy sábado tenía que estar con Susana, y total para nada. Su padre es amigo de mi tío Juan, creo que ya lo he contado, no estoy seguro. Yo había comido con ellos, porque suelo hacerlo de vez en cuando, y dio la casualidad que esta tarde recibía mi tío su visita. Y allí estábamos, cada uno en un sillón, sin hablarnos, sin decirnos nada... Yo no quería marcharme, esperaba que ella me dijera algo, me diera alguna señal, cuando sabía que era algo inútil. No puedo entender cómo llegamos a salir juntos, y que ahora ni siquiera nos dirijamos la palabra.
He regresado a casa sin más deseos de salir a la calle, encerrarme a cal y canto, y esperar a que mi cabeza se despeje de una vez.

11 de abril 1983

Helena a regresado a las clases particulares. Tenía ganas de ver de nuevo a “mi rubita”. Sin ella, tanto para Silves como para mí estas clases son un puro aburrimiento. Si es que se pasa toda la tarde riendo y gastando bromas. Yo creo que a Silves le gusta, pero el tío no se atreve a decirle nada.


14 de abril 1983

Mi vecino está loco. Le comenté lo de Susana y me dijo que porque no hacíamos “Vudú” para ver si lográbamos que se enamorara de mí. Este chico no está bien de la “azotea”, que lo digo yo. Lo malo no es eso, sino que se ha empeñado tanto en ayudarme que lo va a ¡hacer por su cuenta!
Yo me lavo las manos, no quiero saber nada...

(El presente: Sobran las palabras, que queréis que os diga. Sólo tenía 16 años, y mi vecino era aún más pequeño...)



16 de abril 1983

Pues yo no sé que habrá hecho mi vecino, pero acabo de ver a Susana con pantalones. Jamás la he visto con pantalones, y mira que es raro. No, si a mí me parece bien, tiene mejor aspecto. No entiendo como hasta la fecha no se los había puesto cuando es lo más lógico. Yo es que también voy a parar a cada sitio... con tanta chica que hay por el mundo...
Y el caso es que me ha hablado y todo, como más comunicativa, teniendo en cuenta que el otro día la tenía en el sillón de enfrente, y no decía ni “mu”.

17 de abril 1983

Diez días ya sin tener respuesta de Laura. Voy a escribirle de nuevo, a ver que pasa. Siempre cabe la posibilidad de que algunas de mis cartas no lleguen a su destino, y eso sería fatal. No me fío de los carteros, ni de correos. Ni sería la primera carta que me pierden...


18 de abril 1983

Mi primo me vio con Macarena este fin de semana, y se lo ha contado a Susana. Le dijo que ya llevaba varias semanas con ella. El caso es que hoy me crucé con Susana en la calle, y yo diría que hasta me puso cara de asco. Y como no aguanto más, dentro de unos días, en pleno ambiente festero, le haré un regalo a modo de despedida, porque como no la soporto ya, se lo voy a dejar bien claro. A ver si me libero de este tormento que no me deja tranquilo. Y pensar que en este diario ya dije en su momento que no volvería ha hablar de esta chica...


21 de abril 1983

Nueva carta de Laura. Ha tardado en escribirme, pero me viene fenomenal recibir carta suya, porque estoy que me subo por las paredes. Carta hoy, precisamente cuanto empiezan las fiestas. Buen comienzo.

¡Hola, Remark!
¿Creías que me había olvidado de escribirte? Espero que no estés enojado. La verdad es por culpa del graduado. A principios de Mayo ya tengo los exámenes globales, para saber si me saco o no el dichoso “Graduado Escolar”, y aunque sea difícil de creer, la otra noche y estas dos mañanas las he pasado “super-estudiando”.

Ya ves, en vez de estar trabajando, estoy estudiando. En clase me dieron un “toque”, y además es que he suspendido 3 asignaturas, pero no tienen derecho a hacer algo así conmigo porque no me examinaron. Es decir, las notas se las sacaron de ya sabes donde. Bueno, no sigo con esto porque no quiero que te aburras, pero te voy a aclarar que si te he escrito es porque no tengo nada que estudiar para mañana, de lo contrario la carta habría tenido que esperar más.

Tengo unas ganas horribles de que llegue el verano para irme a mi segunda casa y vivir con el “Sol”,¡Uauuuu!



¿Sabes? Aparte de ti, me carteo con una chica que se llama “Cruci”, que es de “Las Palmas”. Y hasta hace poco con otro chico muy raro, tan raro que he dejado de escribirle. Al principio él muy amigo y muy simpático, pero me escribió una carta hablándome de él y de su gente. Decía que las calles estaban llenas de “garrulos”, entre tantos él uno de ellos. Me dijo que en su barrio la gente les teme, que tienen amenazados a medio pueblo, y que “no sé donde” había tíos drogados y demás... Cosas que no me gustan nada. Yo, por si acaso, no le he vuelto a escribir. Incluso me mandó en una carta “papel de fumar”, así que fíjate...

Bueno, ya me despido por hoy. Este es el final de la carta, y la verdad que lo siento pero es difícil que esta temporada pueda escribirte. De todas formas, te daré la dirección de mi otra casa para que me puedas enviar allí las cartas.

Besos. Laura.
 
ECUADOR FESTERO

Los días pasan, y ya mis tíos están de vuelta en Valencia. Hace un rato que los he dejado en su casa.
Aquí la fiesta sigue, por otra parte. Aún quedan varios días, hasta el 6 de mayo. Y después sábado y domingo, que, aunque todo regresará a su cauce, no por eso dejan de ser días de descanso.



Ayer fue un día completo. Nos juntamos amigos y familia para cenar. Una cena inolvidable. Muchos chistes, buen ambiente, degustación festiva... incluso los camareros eran amigos, así que no se podía exigir más. Todo ello tras el desfile.



A mediodía homenaje a nuestro sobrino. El grupo percusionista al que ha pertenecido siempre le recibió al son de sus cornetas y tambores. Tuvo que dejarlo por su enfermedad, que le tiene obligado a ir en muletas. Todos esperamos que se recupere, pero, lo de ayer fue increíble. Una placa, fotos, momentos de emoción... inolvidable. Ver como lo mucho que sus amigos le aprecian, esas muestras de cariño... la vida así te demuestra que merece la pena vivirla, porque momentos así compensan cualquier bache, sea el que sea.



En definitiva, la semana transcurre como yo quería, plácida, alegre, divertida...


Mi hija, tras uno de los desfiles de ayer, observando, sin perder detalle, todo lo que se vive a su alrededor.


Otro de los momentos del desfile de ayer...


 
UN DOMINGO DIFERENTE

Un día agotador el de ayer. Por la mañana, temprano, viaje a Valencia. Recogí a mis tíos para traérmelos a mi casa unos días, para que disfrutaran estos días festivos con nosotros.



Cada vez que hago ese viaje, sin embargo, no dejo de pensar en Cris y en la tristeza que me invade al saber que al llegar a mi destino no la encontraré como siempre ocurría. Ver su cálida sonrisa y su alegría al verme aparecer de nuevo cada vez que visitaba la capital era algo que no tenía precio para mí. Si tan sólo duraba un día mi estancia, siempre resultaba insuficiente para ponernos al día, hablar, recordar, pasear juntos. Todo era poco para mi hermana y para mí. Pero después de habernos visto, el corazón salía plenamente fortalecido y ya no reparábamos en que solo íbamos a estar juntos un día. Cuando mi estancia en la capital duraba varios días, entonces ya no cabíamos de gozo.


Pasando por uno de los puentes del antiguo cauce del río Turia de Valencia.


Avenida del Puerto, en Valencia, cerca de la casa donde residen mis tios, y donde también vivia mi hermana Cristina.

A las 12 de ayer llegaba a Valencia y mis tíos ya estaban esperándome impacientes y con muchas ganas de venirse conmigo. Son pocas las ocasiones durante el año que podemos vernos, y la alegría ante estos momentos es inmensa.

Durante cuatro días, justo hasta el de mayo disfrutaremos juntos de estas fiestas, a pesar de que yo trabajo casi todas las mañanas, excepto el día 3, que tendré todo el día libre. Principalmente es por la tarde cuando se realizan la mayoría de los actos festivos, así que prácticamente no me pierdo nada.

Os dejo unas cuantas fotos para que os hagáis una pequeña idea de lo que estoy viviendo y de mi visita a Valencia el día de ayer, domingo.


Tomando una cervecita con mi tío a las seis de la tarde, y unas tapitas.


Me gustó encontrar este músico por la calle, camino del desfile, con el "saxo barítono". Un instrumento, el saxo, que quise aprender y no tuve ocasión. Bueno, siempre estamos a tiempo.


Con mi tío, contemplando el desfile de ayer.

Y, para terminar, una sorpresita. El fansing dedicado esta vez para Amaltea. ¡Quién iba a decir que la ciudad de Amaltea existía! NO pude evitar hacer una visita... ;o)