"HOY TE ESCRIBÍ UNA CARTA"...
Por Laura Doltz

21 de octubre de 1990
Mi querido e inigualable amigo Mark:
No te imaginas las ganas que tenía de que te quedaras en Valencia y te hubieras venido de fiesta de “Despedida de soltera” que, por cierto, finalmente fue por separado, es decir “las chicas con las chicas y los chicos con los chicos”. Pero te digo una cosa: ¡Tú hubieras venido conmigo aunque fueras el único chico en la despedida!

Los globitos no suelen faltar tampoco en las despedidas de soltera.
Es más, voy a contarte cómo fueron las cosas. Fuimos en total... espera, tendré que poner los nombres para saber cuántas éramos (aunque no muchas)... Mis hermanas Sara, Olga y Mara, Carmen, Mónica, Mary, Mariví y Lucía. ¡Ah! Y yo. En total, nueve. Para variar, todas ellas tenían novio o estaban casadas y con hijos, pero la mayor era mi hermana Olga, que tiene 29 años y aparenta 18 ó 19. Bueno, puede que más, no sé.
El caso es que todos los novios o maridos de ellas estaban con mi futuro cuñado en su despedida de soltero. Así que, la única soltera de verdad era yo, con lo que si quería, cosa que era así, tú te habrías venido conmigo sin ningún problema.
(Mark, actualmente: No sé como no pude quedarme. Lo deseaba con toda el alma, pero me fue verdaderamente imposible. Fue un día increíble, pero las obligaciones imperaban)...
Y como es normal en las despedidas de solteros, o en este caso solteras, hubieron muchos ligues. Imagínate... nueve chicas de fiesta armando un escándalo increíble por todas partes. Los chicos nos paraban por la calle, e incluso uno adivinó que íbamos de despedida de soltera. Al principio quise contar los piropos, pero decidí olvidarme porque fue una noche increíble.
Tú nunca me has visto arreglada, y me hubiera encantado que me vieras esa noche. (Ya sabes, todas las mujeres o chicas tenemos algo de coquetería y me habría hecho ilusión que me vieras)
¿Sabes? Allí donde íbamos llamábamos la atención. Para variar, yo me encargaba de hacer el loco para animar la fiesta. En la cena me picaron para que me pusiera delante de todo el mundo y bailara sevillanas. Una de las chicas, justamente la que me picaba para que lo hiciera, no pensaba que me atrevería. Entonces me levanté y mi hermana Olga me sujetó. Le daba vergüenza porque ella tiene el sentido del ridículo muy elevado. Eso, en una fiesta, no debería existir, pero ella siguió en sus trece. Aunque yo también. Me levanté, me deshice de su mano y me fui a bailar sevillanas mientras las demás aplaudían.
¿Cómo acabó? Me aplaudieron incluso los camareros y hasta se comportaron luego mucho más simpáticos que al principio.

Fachada de la discoteca Suso's, en Valencia.
Después de cenar nos fuimos por ahí y tras pisar varios locales, terminamos en una discoteca (de esas que yo no iría de fiesta ni loca) en la que, increíblemente nos lo pasamos muy, pero que muy bien. Yo, al menos, me divertía con todo.
En la discoteca, Suso’s, entramos gratuitamente y encima nos invitaron a beber. Allí todos los hombres nos miraban y alucinaban, pues en ese lugar, o van matrimonios mayores y varón-busca-hembra ó viceversa.
Se me acercaron dos chicos jovencitos. Decían tener 18 o 19. Intentaron ligar conmigo y yo se los endosé a las demás. Uno de ellos, el más guapito, volvía una y otra vez a mi. Finalmente le dije: “Tú lo que quieres es hacer creer a tus amigos que has conseguido ligar conmigo”, y me contestó gritando: ¡EXACTO!.
Empezó a decir tonterías, ponerse de rodillas y decirme: “Acompáñame hasta donde están mis amigos para que me vean contigo, por favor. Me harás el hombre más feliz de la tierra”. No puedes imaginarte cómo me divertí con la situación. Cuando nos íbamos de la discoteca le hice el favor de dejarme ver con él y... tenías que haber visto la cara del chico cuando nos despedimos. ¡Una risa!
Pero pasaron más cosas graciosas. Habían allí unos filipinos. ¡Yo creía que eran chinos! Uno de ellos se me acercó y me dijo: “¿Cómo el tuyo nombre?”. Estuve a punto de decirle que me llamaba “Chao-li”, pero me pareció que iba a faltarme mucho con él, y en vez de “Chao-li” (Falcon Crest), le dije “Melissa”. A partir de entonces fui Melissa para todo el mundo.

Otra cosa muy divertida que nos ocurrió fue hacia las 5 de la madrugada. Fuimos a Alboraya a comer chocolate con churros y nos atendió un chico muy majo que era de Chile. Cuando se enteraron se pusieron todas como locas a preguntarle como acababa “Cristal”.
No sé exactamente como empezó, pero el chico alucinó con nosotras. Mónica le dijo: “Dios te lo pague”, de broma, y a mí se me ocurrió contarle al chico una historia que, por supuesto, no creyó, pero con la que nos divertimos todos, incluso él. Le dije que éramos novicias que íbamos para monjas de clausura (y yo llevaba los labios pintados de rojo y minifalda –algo excesivo para una novicia). Me presenté como “Sor Citroên. Mi hermana Mara era “Sor Bicarbonato” y Mónica “Sor Ye-ye”. Cuando este chico, Nelson, nos preguntó qué estudiábamos, Mariví dijo: “Teología”. Era una risa. Le pedí una bolsa de papel para meter los churros que habían sobrado con el cuento de “son para los pobrecitos que tenemos en el convento”...

"Cristal", una fotonovela que causaba estragos entonces en TV Española.
La verdad es que fue una noche auténtica. Y lo más gracioso fue que las chicas llegamos a casa más tarde que los chicos. Nosotras llegamos al pueblo a las 6 de la mañana.
Por cierto. Aún no te he dicho nada de tu visita. La verdad es que cuando nos despedimos, me dio verdadera tristeza porque me daba la sensación de que pasaría mucho tiempo antes de que volviéramos a vernos. Fue una sensación muy rara y aún ahora, me da tristeza. ¡Qué rabia estar tan lejos!...
¿Sabes? Iba a escribir: ¡Qué pena no habernos conocido antes!, y luego he caído en que nos conocemos desde hace mucho y el tiempo no ha sido precisamente el problema, sino los kilómetros...
De todos modos me alivia pensar que dos grandes amigos como nosotros siempre estarán unidos. Es grato pensarlo, y eso hace que tú, para mí, seas inolvidable.
¡Ah! Y para variar... a mí también me pasó de todo ese día. Ya te dije que perdí el tren, lo que no te dije es que con el traqueteo me pegué con la frente en el cristal un buen coscorrón. Y después de esperarte –que eso no me supo nada mal- todo fue bien hasta la vuelta. Verás, te dije que cada cúpula que había en la Gran Vía, donde nos despedimos, era una boca de metro. ¡Y no lo eran! Tuve que ir andando hasta el final de la Gran Vía para coger el tren de la 2ª salida del “Nuevo Centro”.
Y al llegar, pregunté cuando llegaba mi tren. La chica dijo que acababa de pasar y que faltaba media hora para el próximo. Bajé y decidí tomármelo con filosofía, así que encendí un cigarrillo y entonces pasó un tren. ¡ERA EL MÍO! Menos mal que me di cuenta a tiempo. El cigarrillo lo tiré entero pero, al menos, no tuve que esperar.
¡Ah! Pero aquí no acaba todo. Al llegar al pueblo fui a la cabina telefónica y metí los duros que llevaba sueltos y llamé a casa. Lo hice tres veces y no había comunicación. Ni yo podía oír a Mara ni ella a mí. Por si acaso, esperé un buen rato con la esperanza de que Mara se imaginara que quien intentaba llamar era yo, y así vendría por mí. Pero nada. Finalmente hablé con el hombre del quiosco de la estación y me dijo que sólo funcionaba con monedas de cinco duros. Y yo sin saberlo.
Lo demás, ya lo sabes. Cuando llamaste yo estaba prácticamente arreglada y luego vino la despedida de soltera.

Querido Mark... ya es lunes. Esta tarde tengo clase así que debo despedirme ya, porque aún no tengo nada arreglado. La mochila está vacía y el salón lleno de libretas y libros. Aún no sé si podré enviarte hoy la carta porque, aunque voy todos los días al pueblo, esta noche ha llovido y no quiero llenarme las zapatillas de barro como el otro día. ¡Imagínate cómo puse la casa!
En fin... aunque en esta carta no te mande aún las fotos, lo haré pronto. Antes tengo que conseguir hacer las copias. Aún no sé si tendré que bajar a Valencia adrede para ello, y ya sabes cómo tengo de ocupada la semana. Pero te prometo enviar las que te gustaron.
Mark, ya me despido, no sin decirte GRACIAS POR EXISTIR, GRACIAS POR ESTAR AHÍ Y SER MI AMIGO.
Tuya, sinceramente, tu amiga de Valencia
Laura Doltz

21 de octubre de 1990
Mi querido e inigualable amigo Mark:
No te imaginas las ganas que tenía de que te quedaras en Valencia y te hubieras venido de fiesta de “Despedida de soltera” que, por cierto, finalmente fue por separado, es decir “las chicas con las chicas y los chicos con los chicos”. Pero te digo una cosa: ¡Tú hubieras venido conmigo aunque fueras el único chico en la despedida!

Los globitos no suelen faltar tampoco en las despedidas de soltera.
Es más, voy a contarte cómo fueron las cosas. Fuimos en total... espera, tendré que poner los nombres para saber cuántas éramos (aunque no muchas)... Mis hermanas Sara, Olga y Mara, Carmen, Mónica, Mary, Mariví y Lucía. ¡Ah! Y yo. En total, nueve. Para variar, todas ellas tenían novio o estaban casadas y con hijos, pero la mayor era mi hermana Olga, que tiene 29 años y aparenta 18 ó 19. Bueno, puede que más, no sé.
El caso es que todos los novios o maridos de ellas estaban con mi futuro cuñado en su despedida de soltero. Así que, la única soltera de verdad era yo, con lo que si quería, cosa que era así, tú te habrías venido conmigo sin ningún problema.
(Mark, actualmente: No sé como no pude quedarme. Lo deseaba con toda el alma, pero me fue verdaderamente imposible. Fue un día increíble, pero las obligaciones imperaban)...
Y como es normal en las despedidas de solteros, o en este caso solteras, hubieron muchos ligues. Imagínate... nueve chicas de fiesta armando un escándalo increíble por todas partes. Los chicos nos paraban por la calle, e incluso uno adivinó que íbamos de despedida de soltera. Al principio quise contar los piropos, pero decidí olvidarme porque fue una noche increíble.
Tú nunca me has visto arreglada, y me hubiera encantado que me vieras esa noche. (Ya sabes, todas las mujeres o chicas tenemos algo de coquetería y me habría hecho ilusión que me vieras)
¿Sabes? Allí donde íbamos llamábamos la atención. Para variar, yo me encargaba de hacer el loco para animar la fiesta. En la cena me picaron para que me pusiera delante de todo el mundo y bailara sevillanas. Una de las chicas, justamente la que me picaba para que lo hiciera, no pensaba que me atrevería. Entonces me levanté y mi hermana Olga me sujetó. Le daba vergüenza porque ella tiene el sentido del ridículo muy elevado. Eso, en una fiesta, no debería existir, pero ella siguió en sus trece. Aunque yo también. Me levanté, me deshice de su mano y me fui a bailar sevillanas mientras las demás aplaudían.
¿Cómo acabó? Me aplaudieron incluso los camareros y hasta se comportaron luego mucho más simpáticos que al principio.

Fachada de la discoteca Suso's, en Valencia.
Después de cenar nos fuimos por ahí y tras pisar varios locales, terminamos en una discoteca (de esas que yo no iría de fiesta ni loca) en la que, increíblemente nos lo pasamos muy, pero que muy bien. Yo, al menos, me divertía con todo.
En la discoteca, Suso’s, entramos gratuitamente y encima nos invitaron a beber. Allí todos los hombres nos miraban y alucinaban, pues en ese lugar, o van matrimonios mayores y varón-busca-hembra ó viceversa.
Se me acercaron dos chicos jovencitos. Decían tener 18 o 19. Intentaron ligar conmigo y yo se los endosé a las demás. Uno de ellos, el más guapito, volvía una y otra vez a mi. Finalmente le dije: “Tú lo que quieres es hacer creer a tus amigos que has conseguido ligar conmigo”, y me contestó gritando: ¡EXACTO!.
Empezó a decir tonterías, ponerse de rodillas y decirme: “Acompáñame hasta donde están mis amigos para que me vean contigo, por favor. Me harás el hombre más feliz de la tierra”. No puedes imaginarte cómo me divertí con la situación. Cuando nos íbamos de la discoteca le hice el favor de dejarme ver con él y... tenías que haber visto la cara del chico cuando nos despedimos. ¡Una risa!
Pero pasaron más cosas graciosas. Habían allí unos filipinos. ¡Yo creía que eran chinos! Uno de ellos se me acercó y me dijo: “¿Cómo el tuyo nombre?”. Estuve a punto de decirle que me llamaba “Chao-li”, pero me pareció que iba a faltarme mucho con él, y en vez de “Chao-li” (Falcon Crest), le dije “Melissa”. A partir de entonces fui Melissa para todo el mundo.

Otra cosa muy divertida que nos ocurrió fue hacia las 5 de la madrugada. Fuimos a Alboraya a comer chocolate con churros y nos atendió un chico muy majo que era de Chile. Cuando se enteraron se pusieron todas como locas a preguntarle como acababa “Cristal”.
No sé exactamente como empezó, pero el chico alucinó con nosotras. Mónica le dijo: “Dios te lo pague”, de broma, y a mí se me ocurrió contarle al chico una historia que, por supuesto, no creyó, pero con la que nos divertimos todos, incluso él. Le dije que éramos novicias que íbamos para monjas de clausura (y yo llevaba los labios pintados de rojo y minifalda –algo excesivo para una novicia). Me presenté como “Sor Citroên. Mi hermana Mara era “Sor Bicarbonato” y Mónica “Sor Ye-ye”. Cuando este chico, Nelson, nos preguntó qué estudiábamos, Mariví dijo: “Teología”. Era una risa. Le pedí una bolsa de papel para meter los churros que habían sobrado con el cuento de “son para los pobrecitos que tenemos en el convento”...

"Cristal", una fotonovela que causaba estragos entonces en TV Española.
La verdad es que fue una noche auténtica. Y lo más gracioso fue que las chicas llegamos a casa más tarde que los chicos. Nosotras llegamos al pueblo a las 6 de la mañana.
Por cierto. Aún no te he dicho nada de tu visita. La verdad es que cuando nos despedimos, me dio verdadera tristeza porque me daba la sensación de que pasaría mucho tiempo antes de que volviéramos a vernos. Fue una sensación muy rara y aún ahora, me da tristeza. ¡Qué rabia estar tan lejos!...
¿Sabes? Iba a escribir: ¡Qué pena no habernos conocido antes!, y luego he caído en que nos conocemos desde hace mucho y el tiempo no ha sido precisamente el problema, sino los kilómetros...
De todos modos me alivia pensar que dos grandes amigos como nosotros siempre estarán unidos. Es grato pensarlo, y eso hace que tú, para mí, seas inolvidable.
¡Ah! Y para variar... a mí también me pasó de todo ese día. Ya te dije que perdí el tren, lo que no te dije es que con el traqueteo me pegué con la frente en el cristal un buen coscorrón. Y después de esperarte –que eso no me supo nada mal- todo fue bien hasta la vuelta. Verás, te dije que cada cúpula que había en la Gran Vía, donde nos despedimos, era una boca de metro. ¡Y no lo eran! Tuve que ir andando hasta el final de la Gran Vía para coger el tren de la 2ª salida del “Nuevo Centro”.
Y al llegar, pregunté cuando llegaba mi tren. La chica dijo que acababa de pasar y que faltaba media hora para el próximo. Bajé y decidí tomármelo con filosofía, así que encendí un cigarrillo y entonces pasó un tren. ¡ERA EL MÍO! Menos mal que me di cuenta a tiempo. El cigarrillo lo tiré entero pero, al menos, no tuve que esperar.
¡Ah! Pero aquí no acaba todo. Al llegar al pueblo fui a la cabina telefónica y metí los duros que llevaba sueltos y llamé a casa. Lo hice tres veces y no había comunicación. Ni yo podía oír a Mara ni ella a mí. Por si acaso, esperé un buen rato con la esperanza de que Mara se imaginara que quien intentaba llamar era yo, y así vendría por mí. Pero nada. Finalmente hablé con el hombre del quiosco de la estación y me dijo que sólo funcionaba con monedas de cinco duros. Y yo sin saberlo.
Lo demás, ya lo sabes. Cuando llamaste yo estaba prácticamente arreglada y luego vino la despedida de soltera.

Querido Mark... ya es lunes. Esta tarde tengo clase así que debo despedirme ya, porque aún no tengo nada arreglado. La mochila está vacía y el salón lleno de libretas y libros. Aún no sé si podré enviarte hoy la carta porque, aunque voy todos los días al pueblo, esta noche ha llovido y no quiero llenarme las zapatillas de barro como el otro día. ¡Imagínate cómo puse la casa!
En fin... aunque en esta carta no te mande aún las fotos, lo haré pronto. Antes tengo que conseguir hacer las copias. Aún no sé si tendré que bajar a Valencia adrede para ello, y ya sabes cómo tengo de ocupada la semana. Pero te prometo enviar las que te gustaron.
Mark, ya me despido, no sin decirte GRACIAS POR EXISTIR, GRACIAS POR ESTAR AHÍ Y SER MI AMIGO.
Tuya, sinceramente, tu amiga de Valencia
Laura Doltz
SOLO HAY "HOMBRES"...
Sábado por la mañana. A estas horas debería estar en la playa, de nuevo en Santa Pola, pero ciertos inconvenientes han imposibilitado esta escapada.

Espero que la semana próxima no me falle nada, y pueda disfrutar con la vista del mar, con un agradable baño, y un placentero paseo por la orilla, dejándose acariciar mis pies por esa arena que tanto me gusta...
Ayer estuvieron dos amigos en casa, después de la cena. Tomamos café, y luego terminamos deleitándonos con “chupitos” de orujo y otros tantos de coñac. Casi terminamos las botellas, no cesando de brindar por cualquier cosa que mereciera la pena. Mi amigo “Pepe” fuma a dos carrillos, y terminó con el paquete de cigarrillos en un “tris tras”, hay que ver...

Quiso ver el patio, porque él fue quien se encargó de adecentármelo, podando los rosales, y haciendo arreglitos aquí y allí. La verdad es que tengo mucho que agradecerle. Me dijo que en cuanto pudiese se encargaría de hacer algún transplante a su casita en el campo, porque esas rosas aterciopeladas le gustaban mucho.
Esta que podéis ver es la más grande de todas, aunque hay varias casi del mismo tamaño que esta...

Mi hija sigue haciendo de las suyas. Esta vez ha sido mientras desayunábamos. Los sábados me la suelo llevar de paseo por la ciudad, y de paso, en el primer bar que se me cruza nos paramos a tomar un buen café y un delicioso “cola-cao” para ella. El bar en cuestión estaba repleto de gente jugando a las cartas, al parecer con algún campeonato de por medio, y por supuesto, todos eran del mismo sexo...
De repente, mi hija, con sus cuatro añitos, después de devorar una super-tostada con aceite, me suelta:
-Papi, ¿te has dado cuenta? Este bar esta lleno de hombresssssss!!!! Solo – hay – hombres....

Espero que la semana próxima no me falle nada, y pueda disfrutar con la vista del mar, con un agradable baño, y un placentero paseo por la orilla, dejándose acariciar mis pies por esa arena que tanto me gusta...
Ayer estuvieron dos amigos en casa, después de la cena. Tomamos café, y luego terminamos deleitándonos con “chupitos” de orujo y otros tantos de coñac. Casi terminamos las botellas, no cesando de brindar por cualquier cosa que mereciera la pena. Mi amigo “Pepe” fuma a dos carrillos, y terminó con el paquete de cigarrillos en un “tris tras”, hay que ver...

Quiso ver el patio, porque él fue quien se encargó de adecentármelo, podando los rosales, y haciendo arreglitos aquí y allí. La verdad es que tengo mucho que agradecerle. Me dijo que en cuanto pudiese se encargaría de hacer algún transplante a su casita en el campo, porque esas rosas aterciopeladas le gustaban mucho.
Esta que podéis ver es la más grande de todas, aunque hay varias casi del mismo tamaño que esta...

Mi hija sigue haciendo de las suyas. Esta vez ha sido mientras desayunábamos. Los sábados me la suelo llevar de paseo por la ciudad, y de paso, en el primer bar que se me cruza nos paramos a tomar un buen café y un delicioso “cola-cao” para ella. El bar en cuestión estaba repleto de gente jugando a las cartas, al parecer con algún campeonato de por medio, y por supuesto, todos eran del mismo sexo...
De repente, mi hija, con sus cuatro añitos, después de devorar una super-tostada con aceite, me suelta:
-Papi, ¿te has dado cuenta? Este bar esta lleno de hombresssssss!!!! Solo – hay – hombres....




































































