EN ESPERA...
ACTUALIZACIÓN
Hoy sábado he tenido un poquillo de tiempo para pasarme por aquí, y de paso que supiérais que sigo vivo, que no he desaparecido del todo, a pesar de que es posible, como bien dije, que no me deje caer demasiado. Pero yo nunca puedo olvidaros, ni tampoco este blog, así que mi tarea de hoy no ha sido otra que actualizar todos mis enlaces, que no son otros que vuestros estimados blogs.
Así lo he hecho tanto aquí en el blog de "A solas con mi cuaderno" como en el blog de la "Coctelera", que para nada tengo abandonado, ni mucho menos.
Me he preocupado de actualizar todos vuestros enlaces así como las rectificaciones de aquellos que cambiaron su dirección.
Lo he dicho muchas veces, pero no quiero que lo olvidéis. Todos sabéis que os visito, absolutamente todos los que pasan por aquí (a pesar de que ahora no me sea posible hacerlo), y por supuesto, todos vuestros enlaces están tanto aquí como en la Coctelera. Si hay algún error, o alguien ha cambiado de dirección y yo no me he enterado, o bien está omitido, no tenéis más que decírmelo. NO quiero que falte nadie de todos vosotros, porque sabéis que os aprecio enormemente.
Un fuerte abrazo y un especial saludo para todos. Hasta pronto.
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¡Hola!
No quería que pasara demasiado tiempo sin que tuviérais alguna noticia mía. Y por eso este post.
La academia desapareció, tuvimos que cerrarla. Y con ella, se va mi conexión a Internet. No sé si podré continuar con el blog, al menos, no sin tener conexión habitual.
Así que en principio es imposible visitar a nadie, y tampoco me queda tiempo para postear, como habréis podido comprobar en ambos casos.
No es una despedida, pero sí es posible que quizá pase algún tiempo sin que sepáis nada de mi. Claro que eso podría cambiar. La vida da muchas vueltas y ojalá que en pocos días pudiese decir: Sigo aquí.
El tiempo lo dirá, pero en cualquier caso no me olvido de nadie. Seguro que en el momento menos pensado aparezco, os visito y os dejo algún comentario en vuestros blogs. Y a todos aquellos que han estado visitándome desde la retaguardia, o que no son blogueros pero han estado quizá siguiendo mis aventuras, les doy las gracias también de todo corazón.
No puedo seguir. Lo siento. Un fuerte y sincero abrazo a todos.
Hasta siempre.
Mark66
Hoy sábado he tenido un poquillo de tiempo para pasarme por aquí, y de paso que supiérais que sigo vivo, que no he desaparecido del todo, a pesar de que es posible, como bien dije, que no me deje caer demasiado. Pero yo nunca puedo olvidaros, ni tampoco este blog, así que mi tarea de hoy no ha sido otra que actualizar todos mis enlaces, que no son otros que vuestros estimados blogs.
Así lo he hecho tanto aquí en el blog de "A solas con mi cuaderno" como en el blog de la "Coctelera", que para nada tengo abandonado, ni mucho menos.
Me he preocupado de actualizar todos vuestros enlaces así como las rectificaciones de aquellos que cambiaron su dirección.
Lo he dicho muchas veces, pero no quiero que lo olvidéis. Todos sabéis que os visito, absolutamente todos los que pasan por aquí (a pesar de que ahora no me sea posible hacerlo), y por supuesto, todos vuestros enlaces están tanto aquí como en la Coctelera. Si hay algún error, o alguien ha cambiado de dirección y yo no me he enterado, o bien está omitido, no tenéis más que decírmelo. NO quiero que falte nadie de todos vosotros, porque sabéis que os aprecio enormemente.
Un fuerte abrazo y un especial saludo para todos. Hasta pronto.
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¡Hola!
No quería que pasara demasiado tiempo sin que tuviérais alguna noticia mía. Y por eso este post.
La academia desapareció, tuvimos que cerrarla. Y con ella, se va mi conexión a Internet. No sé si podré continuar con el blog, al menos, no sin tener conexión habitual.
Así que en principio es imposible visitar a nadie, y tampoco me queda tiempo para postear, como habréis podido comprobar en ambos casos.
No es una despedida, pero sí es posible que quizá pase algún tiempo sin que sepáis nada de mi. Claro que eso podría cambiar. La vida da muchas vueltas y ojalá que en pocos días pudiese decir: Sigo aquí.
El tiempo lo dirá, pero en cualquier caso no me olvido de nadie. Seguro que en el momento menos pensado aparezco, os visito y os dejo algún comentario en vuestros blogs. Y a todos aquellos que han estado visitándome desde la retaguardia, o que no son blogueros pero han estado quizá siguiendo mis aventuras, les doy las gracias también de todo corazón.
No puedo seguir. Lo siento. Un fuerte y sincero abrazo a todos.
Hasta siempre.
Mark66
"HOY TE ESCRIBÍ UNA CARTA"...
LA PESADILLA DEL ASCENSOR
Por Laura Doltz

17 de noviembre de 1990
QUERIDÍSIMO E INCOMPARABLE AMIGO:
Te me has hecho indispensable... ¡Sí! No te rías. Verás, cada mañana voy al buzón con la esperanza de tener carta tuya. A veces pienso: “igual ya no tiene nada que contarme”, pero cuando veo un sobre con mi nombre a un lado y el tuyo en el otro, la sonrisa me sale automáticamente.
Y es que recibir carta tuya me hace realmente feliz, porque para mí leer una carta tuya es como estar contigo, hablar contigo, reír contigo... Y aunque me llegan muchas cartas tuyas, cada una que recibo no dejo de leerla una y otra vez. ¡Hasta me la llevo a clase por si me apetece volver a leerla! ¡Imagínate! Debo parecerte una exagerada, pero... es así.

¡Ah! Y aunque esté pasado de moda, a mí también me gustaría bailar un lento contigo, aunque yo debería subirme a una silla para que no me entrara dolor de cuello.
Por cierto... anoche soñé contigo. Fue un sueño extraño, pero bonito. Recuerdo muy pocas cosas. Recuerdo alguna escena y algunos detalles:
Tu y yo éramos novios. Estábamos en mi casa, pero no ésta, sino la anterior, la de Valencia, donde me viste en persona por primera vez, hace ya casi 8 años. Y tenías los ojos azules. La única escena que recuerdo nítidamente es una en la que tú estabas sentado en un sillón frente al televisor y yo estaba sentada en el suelo... ¡abrazada a una de tus piernas! ¡Si, no te rías! Había ternura en la escena. Bueno, eso es prácticamente todo lo que recuerdo. Otra cosa es que llamaban a la puerta y yo iba a abrir. También te recuerdo levantado. Ahí es donde tienes los ojos azules.
Supongo que este sueño no es como el tuyo, ya que el tuyo parecía tener algún significado doble, mientras que en el mío sólo se ve a una pareja equilibrada en un ambiente familiar. ¿Tú que opinas? Ya me lo dirás. De todos modos, mi sueño no parece otra cosa que lo que te he contado.
Por cierto, ya me parece conocer a tu amigo Jaime con lo que me has contado. Y si es tan amigo tuyo, ya lo es mío. Me gustaría conocerlo. Pero dile a Jaime que yo no soy nada fotogénica. Al contrario, este carrete de fotos parece mágico, porque yo jamás salía bien en las fotos (Mark en el presente: De eso nada.) Mis hermanas, en cambio, sí que lo son. Desde pequeñas yo siempre he notado que ellas salían guapísimas en las fotos, y yo, fatal. Quizás estas fotos son diferentes por ser en blanco y negro. No sé.
¿Sabes cuántos amigos/as de verdad tengo yo? Amigos incondicionales: Tú, Mamen e Inma... y Pepa. Creo que ahí se acaba la lista. Podría decirte algunos nombres más, pero no sé hasta que punto son realmente verdaderos amigos. Y pienso exactamente igual que tú, tener amigos reales es una auténtica suerte, y podemos sentirnos felices y afortunados. Por eso a veces te escribo lo siguiente: “Gracias por estar ahí, por existir”.
Mark, tu hija Isabel debe ser muy valiente porque cuando yo era pequeña (y mucho mayor que Isabel), no decía “Que tutto”. Recuerdo perfectamente que cuando tenía miedo (y eso ha sido durante muchos años y muchas noches) gritaba escondida bajo las sábanas sin atrever a asomarme ¡Mamáaaaa! Recuerdo también que, a mi inmovilidad le acompañaba sudor y pánico. En serio... cuando tenía miedo, tenía mucho miedo. Y mi pobre madre no dormía casi nunca porque si no era yo la que gritaba era Marta.
¿Y sabes por qué te he dicho “muchos años y muchas noches”? Verás, desde muy pequeña y prácticamente hasta los 8 años tuve pesadillas casi todas las noches. He tenido varias pesadillas diferentes y hasta una en cada lugar. Me explico. En Valencia tenía una que luego te contaré, y en el pueblo (en el primer chalet que tuve), tenía otra. Y te puedo asegurar que yo no me conformaba con decir “Qué susto” o en mi caso “Que zuzto”, porque yo no pronunciaba ni la “R” ni la “S”.

La pesadilla que tuve hasta los 8 años era la siguiente: Yo vivía en el octavo piso, y en mi sueño iba subiendo las escaleras a toda prisa desde el primer piso hasta el séptimo, y es que conforme iba subiendo escaleras, el ascensor lo hacía al mismo ritmo que yo, y dentro del ascensor había monstruos. Con el sueño visual me acompañaba un ruido. Era algo así como el ruido sordo y pesado del ascensor. Yo tenía que llegar al 8º piso, pero cuando llegaba al 7º no podía más y me tiraba al suelo, haciéndome la muerta. Justo cuando se abrían las puertas del ascensor, yo me despertaba gritando.
¿Sabes? No hace mucho, una noche sentí en mi cabeza los ruidos del ascensor y abrí los ojos de golpe. Me llevé un susto tremendo pensando que aquella pesadilla infantil de la que me había librado hacía ya unos años, pudiera repetirse a los 21 ó 22 años.
¿Qué cómo conseguí librarme de la pesadilla? Seguí las instrucciones de mi madre. Enfrentarme al sueño. Volví a tener la pesadilla, y cuando en el 7º piso me tiré desfallecida al suelo, entreabrí los ojos y vi que la puerta que estaba frente a mi se abría a la vez que las puertas del ascensor, y los monstruos sí que existían, pero eran monstruos que acudían a una fiesta de disfraces, y la fiesta era en la casa donde se abría la puerta frente a mí.
(Mark en el presente: ¿Sería esa la niñita que yo vería descender de los pisos de arriba, y que se detendría a observarme mientras yo estaba sentado en el rellano de las escaleras, serio y cabizbajo, regalándome ella una tierna sonrisa quizá feliz ya por el descubrimiento de que aquello no eran en realidad monstruos sino gente disfrazada, cuando fui a ver con mis tíos-abuelos a los familiares que teníamos en Valencia tras la muerte de mi padre, y que vivían en el mismo edificio que Laura?) “Ver post: “MORIR Y RENACER”.
¡Uf! ¿Has visto? He ocupado casi toda la página para contarte mi pesadilla más famosa. Será mejor que no te cuente mi otra pesadilla, porque de lo contrario esta carta resultaría algo tétrica (Mark en el presente: ¿Me la contaste?).

Mark, me pones en tu carta “espero no aburrirte mucho con mis historias”, pero... ¿Cómo se te ocurre que pueda aburrirme yo con tus cosas? ¿Es que te aburres acaso tú con las mías? Supongo que ya me lo contarás.
¿Te has enterado de lo del fraude de “Milly Vanilly”? Lo han dicho esta noche por televisión. Ellos ponían la cara y otros las voces. Esta historia puede acabar fatal porque ellos se llevaron un premio por mi canción preferida “I gonna miss you”. ¿Tú sabías algo de esto?
Mark... ¿Has visto TWIN PEAKS? Espero que sí y que no te pierdas ni un solo capítulo, porque es la serie más intrigante y magnífica que he visto en mi vida. Y estando dirigida por “David Linch” para la pequeña pantalla, no se puede esperar menos.
Voy a despedirme por hoy, porque a pesar de no tener sueño, me siento algo cansada y eso que hoy no he ido a clase. Mi madre me ha hecho hoy un café después de la cena y ahora estoy super-desvelada. Son las 2:45 y no veo el momento de conciliar el sueño, pero habrá que intentarlo como sea.
Besos mil para lo mejor que he encontrado: Mi amigo Mark.
Tengo ganas de verte, pero esperaré pacientemente hasta la próxima oportunidad.
Siempre, Laura.
Por Laura Doltz

17 de noviembre de 1990
QUERIDÍSIMO E INCOMPARABLE AMIGO:
Te me has hecho indispensable... ¡Sí! No te rías. Verás, cada mañana voy al buzón con la esperanza de tener carta tuya. A veces pienso: “igual ya no tiene nada que contarme”, pero cuando veo un sobre con mi nombre a un lado y el tuyo en el otro, la sonrisa me sale automáticamente.
Y es que recibir carta tuya me hace realmente feliz, porque para mí leer una carta tuya es como estar contigo, hablar contigo, reír contigo... Y aunque me llegan muchas cartas tuyas, cada una que recibo no dejo de leerla una y otra vez. ¡Hasta me la llevo a clase por si me apetece volver a leerla! ¡Imagínate! Debo parecerte una exagerada, pero... es así.

¡Ah! Y aunque esté pasado de moda, a mí también me gustaría bailar un lento contigo, aunque yo debería subirme a una silla para que no me entrara dolor de cuello.
Por cierto... anoche soñé contigo. Fue un sueño extraño, pero bonito. Recuerdo muy pocas cosas. Recuerdo alguna escena y algunos detalles:
Tu y yo éramos novios. Estábamos en mi casa, pero no ésta, sino la anterior, la de Valencia, donde me viste en persona por primera vez, hace ya casi 8 años. Y tenías los ojos azules. La única escena que recuerdo nítidamente es una en la que tú estabas sentado en un sillón frente al televisor y yo estaba sentada en el suelo... ¡abrazada a una de tus piernas! ¡Si, no te rías! Había ternura en la escena. Bueno, eso es prácticamente todo lo que recuerdo. Otra cosa es que llamaban a la puerta y yo iba a abrir. También te recuerdo levantado. Ahí es donde tienes los ojos azules.
Supongo que este sueño no es como el tuyo, ya que el tuyo parecía tener algún significado doble, mientras que en el mío sólo se ve a una pareja equilibrada en un ambiente familiar. ¿Tú que opinas? Ya me lo dirás. De todos modos, mi sueño no parece otra cosa que lo que te he contado.
Por cierto, ya me parece conocer a tu amigo Jaime con lo que me has contado. Y si es tan amigo tuyo, ya lo es mío. Me gustaría conocerlo. Pero dile a Jaime que yo no soy nada fotogénica. Al contrario, este carrete de fotos parece mágico, porque yo jamás salía bien en las fotos (Mark en el presente: De eso nada.) Mis hermanas, en cambio, sí que lo son. Desde pequeñas yo siempre he notado que ellas salían guapísimas en las fotos, y yo, fatal. Quizás estas fotos son diferentes por ser en blanco y negro. No sé.
¿Sabes cuántos amigos/as de verdad tengo yo? Amigos incondicionales: Tú, Mamen e Inma... y Pepa. Creo que ahí se acaba la lista. Podría decirte algunos nombres más, pero no sé hasta que punto son realmente verdaderos amigos. Y pienso exactamente igual que tú, tener amigos reales es una auténtica suerte, y podemos sentirnos felices y afortunados. Por eso a veces te escribo lo siguiente: “Gracias por estar ahí, por existir”.
Mark, tu hija Isabel debe ser muy valiente porque cuando yo era pequeña (y mucho mayor que Isabel), no decía “Que tutto”. Recuerdo perfectamente que cuando tenía miedo (y eso ha sido durante muchos años y muchas noches) gritaba escondida bajo las sábanas sin atrever a asomarme ¡Mamáaaaa! Recuerdo también que, a mi inmovilidad le acompañaba sudor y pánico. En serio... cuando tenía miedo, tenía mucho miedo. Y mi pobre madre no dormía casi nunca porque si no era yo la que gritaba era Marta.
¿Y sabes por qué te he dicho “muchos años y muchas noches”? Verás, desde muy pequeña y prácticamente hasta los 8 años tuve pesadillas casi todas las noches. He tenido varias pesadillas diferentes y hasta una en cada lugar. Me explico. En Valencia tenía una que luego te contaré, y en el pueblo (en el primer chalet que tuve), tenía otra. Y te puedo asegurar que yo no me conformaba con decir “Qué susto” o en mi caso “Que zuzto”, porque yo no pronunciaba ni la “R” ni la “S”.

La pesadilla que tuve hasta los 8 años era la siguiente: Yo vivía en el octavo piso, y en mi sueño iba subiendo las escaleras a toda prisa desde el primer piso hasta el séptimo, y es que conforme iba subiendo escaleras, el ascensor lo hacía al mismo ritmo que yo, y dentro del ascensor había monstruos. Con el sueño visual me acompañaba un ruido. Era algo así como el ruido sordo y pesado del ascensor. Yo tenía que llegar al 8º piso, pero cuando llegaba al 7º no podía más y me tiraba al suelo, haciéndome la muerta. Justo cuando se abrían las puertas del ascensor, yo me despertaba gritando.
¿Sabes? No hace mucho, una noche sentí en mi cabeza los ruidos del ascensor y abrí los ojos de golpe. Me llevé un susto tremendo pensando que aquella pesadilla infantil de la que me había librado hacía ya unos años, pudiera repetirse a los 21 ó 22 años.
¿Qué cómo conseguí librarme de la pesadilla? Seguí las instrucciones de mi madre. Enfrentarme al sueño. Volví a tener la pesadilla, y cuando en el 7º piso me tiré desfallecida al suelo, entreabrí los ojos y vi que la puerta que estaba frente a mi se abría a la vez que las puertas del ascensor, y los monstruos sí que existían, pero eran monstruos que acudían a una fiesta de disfraces, y la fiesta era en la casa donde se abría la puerta frente a mí.
(Mark en el presente: ¿Sería esa la niñita que yo vería descender de los pisos de arriba, y que se detendría a observarme mientras yo estaba sentado en el rellano de las escaleras, serio y cabizbajo, regalándome ella una tierna sonrisa quizá feliz ya por el descubrimiento de que aquello no eran en realidad monstruos sino gente disfrazada, cuando fui a ver con mis tíos-abuelos a los familiares que teníamos en Valencia tras la muerte de mi padre, y que vivían en el mismo edificio que Laura?) “Ver post: “MORIR Y RENACER”.
¡Uf! ¿Has visto? He ocupado casi toda la página para contarte mi pesadilla más famosa. Será mejor que no te cuente mi otra pesadilla, porque de lo contrario esta carta resultaría algo tétrica (Mark en el presente: ¿Me la contaste?).

Mark, me pones en tu carta “espero no aburrirte mucho con mis historias”, pero... ¿Cómo se te ocurre que pueda aburrirme yo con tus cosas? ¿Es que te aburres acaso tú con las mías? Supongo que ya me lo contarás.
¿Te has enterado de lo del fraude de “Milly Vanilly”? Lo han dicho esta noche por televisión. Ellos ponían la cara y otros las voces. Esta historia puede acabar fatal porque ellos se llevaron un premio por mi canción preferida “I gonna miss you”. ¿Tú sabías algo de esto?
Mark... ¿Has visto TWIN PEAKS? Espero que sí y que no te pierdas ni un solo capítulo, porque es la serie más intrigante y magnífica que he visto en mi vida. Y estando dirigida por “David Linch” para la pequeña pantalla, no se puede esperar menos.
Voy a despedirme por hoy, porque a pesar de no tener sueño, me siento algo cansada y eso que hoy no he ido a clase. Mi madre me ha hecho hoy un café después de la cena y ahora estoy super-desvelada. Son las 2:45 y no veo el momento de conciliar el sueño, pero habrá que intentarlo como sea.
Besos mil para lo mejor que he encontrado: Mi amigo Mark.
Tengo ganas de verte, pero esperaré pacientemente hasta la próxima oportunidad.
Siempre, Laura.
LA PUERTA DEL TIEMPO
BIENVENIDOS A LA PUERTA DEL TIEMPO

En doce años que resido en mi actual ciudad aún no había tenido la ocasión de contemplar de cerca su fabuloso castillo medieval.
Quiso la suerte que, en estos diez días festivos en la ciudad, surgiese la ocasión ante la expectación que suponía hacerlo como si de una puerta del tiempo se tratase. Recordad que últimamente eso del pasado va conmigo, y que menos que tener la sensación de estar metido de lleno en el medioevo, gracias a la espectacular puesta en escena que tuvo lugar durante dos días, lo que duró precisamente el mercado medieval en la ciudad.
El atractivo era obvio. Recorrer primero las calles empedradas y estrechas, repletas de tiendas medievales, entre paja, madera, cuero y como no, manjares suculentos de todo tipo, para terminar ascendiendo la enorme escalinata hasta la entrada de aquél singular castillo, en cuya entrada no dejaba de rezar: "Bienvenidos a la puerta del tiempo". Aquello parecía no tener desperdicio.
Las fotos, al menos, lo dejan claro, y para que algo podáis intuir, porque nada puede ser comparado a verlo con tus propios ojos, aquí os dejo este pequeño reportaje. Lamento la mala calidad de las fotografías, pero recordad, uso mi móvil y la noche ya se había adueñado del lugar.

Así rezaba la entrada al fulgurante castillo medieval de la ciudad. Un cierto cosquilleo sí que invadía a uno, al menos ante la expectación creada. Desde luego, algo bueno si esperaba.

Vista del castillo desde la zona del mercado medieval. No diréis que no brilla a gusto, desafiante, esperando con sus murallas a envolverte y seducirte sin remedio.

Mis amigos, que iban delante de mí, charlando mientras ascienden por la tremenda escalinata de piedra. Realmente el ambiente te hacía sentir que entrabas en aquél mundo medieval. Desde luego, la reciente visita al mercado ya nos había puesto en onda.

Vista de la entrada al castillo desde otro ángulo, justo enfrente de una de las múltiples casas que rodean la muralla que lo envuelve.

Santo y seña obligado antes de cruzar la puerta que daba acceso a las cámaras reales. Aún quedaría un largo recorrido hasta llegar allí. Pero antes ya habíamos subido más escalinatas, ascendiendo sin cesar, y cruzado varias calles en el interior del castillo. Aquella sólo era... una puerta más, eso sí, la más importante.
Tuvimos que conseguir la contraseña para lograr pasar, sobornando con un maravedí (conseguirlos también era complicado, pues todo al fin y al cabo era cuestión de canje), a un habitante del castillo, un usurero de tres al cuarto.

Preciosas damiselas medievales realizando la danza del vientre mientras pasaban a través de la caña que un par de visitantes sujetaban con devoción.

Ahora a la inversa. Las bellas guerreras sujetan la caña, y los visitantes... la danza del vientre.

Aquí Mark ruborizando a dos preciosas princesas del castillo. Las muchachas por lo visto no deseaban ser fotografiadas. Es curioso el contraste entre la clara visión de la princesa vestida de plata y la visión fantasmal de su compañera. ¿No os seduce?

En la subida en dirección a las cámaras reales, toques de tormpeta y tambor, mientras en los laterales, en cada una de las torretas, varias damiselas no dejan de bailar la danza del vientre. Yo creo que a más de uno se le iba el tambor de las manos.

Vista de la ciudad desde lo más alto del castillo, si exceptuamos la torre del homenaje, desgraciadamente cerrada, al igual que la cámara de la reina. Las cámaras reales estaban en ruinas, pero se podía comprobar claramente su emplazamiento y una ligera idea de como debieron ser en su día. Había algo mágico allí... podía sentir algo especial, como si fuera capaz de ser transportado realmente a la edad media, y ser un habitante más de aquél impactante castillo.

Panorámica de los restos de las cámaras reales. Allí se supone harían vida los señores del castillo, y como no, el rey, bien musulmán, bien cristiano, cada vez que lo ocupaba o visitaba. En la planta superior se encontraría, sin duda, el harén o las cámaras de las favoritas.

Otra de las vistas de las columnas de piedra que rodeaban el castillo, ya mientras descendíamos por la parte lateral.

Una estrecha escalera de caracol, terriblemente complicada, y que se supone era una vía de escape o salida de emergencia en caso de ataque, nos llevaría a uno de los rincones en que supuestamente habían salidas ocultas y pasadizos secretos que llevaban a sus habitantes a decenas de kilómetros del castillo, para así poder escapar en caso de invasión y captura por parte del enemigo.

Cámaras donde se practicaba el arte de la guerra, en esta ocasión el tiro al arco, algo fundamental en aquél tiempo.

Damas de honor de la reina, antes de proceder a realizar una estupenda coreografía dentro del castillo, digna de ser contemplada.
Y aquí termina este recorrido por la época medieval, que espero haya sido de vuestro agrado. Como habréis podido comprobar, un servidor no dejó de sentirse maravillado... ni un sólo instante.