EL PORTFOLIO MÁGICO - EL BANQUETE DE LOS VASOS DE CRÁNEOS HUMANOS
Sumérgete, si es tu deseo, en el maravilloso mundo del portfolio mágico. Prometo llevarte a disfrutar de indescriptibles sensaciones, siendo testigo de increíbles y asombrosos viajes a través del tiempo…
EL PORTFOLIO MÁGICO - 3ª PARTE
EL BANQUETE DE LOS VASOS DE CRÁNEOS HUMANOS

Tres días después del descubrimiento del portfolio mágico encontrado en el interior de la habitación prohibida, y que mi querido tío tanto se había esforzado en ocultar, era ya consciente de mi total dependencia hacia su inaudito hechizo.
El mundo real había pasado a carecer de importancia, y sólo sumergirme en el interior de aquel espectacular libro repleto de imágenes en movimiento, podía contar para mí. ¿Existiría la posibilidad de permanecer más tiempo dentro del portfolio, sin ser arrebatado del mismo a las primeras de cambio? Debía haber una forma de lograrlo. ¿La hallaría?
De pronto, una brillante idea surgió en mi mente, deseando ponerla en práctica en aquél mismo instante. Todo era cuestión de probar. Sin embargo, necesitaba la colaboración de algún cómplice, comprendiendo que quizás había llegado el momento de compartir el secreto del portfolio mágico con alguien de la máxima confianza. Pero no sabía si podía fiarme del servicio. Aunque, a decir verdad, Esteban llevaba en la casa más de treinta años, y siempre había sido fiel a mi tío, demostrando además una gran profesionalidad en su trabajo y ganándose el respeto que bien merecía.
En el fondo, nada perdía con ello. Es más, ¿por qué no acompañarme en caso de ser necesario? Hasta puede que formásemos un buen equipo, como lo eran sin duda Sherlock Holmes y su apreciado Watson o, por ejemplo, el famoso Rip Kirby y su mayordomo Desmond, por citar algunos personajes de leyenda.
Esteban imaginaba que mi tío se llevaba algo entre manos cada vez que se perdía en el interior de su habitación privada, pero jamás hubiese creído en la existencia del portfolio de no estar contemplándolo con sus propios ojos. Es más, no recordaba en absoluto haber visto ni siquiera el atril en el centro de la sala, en cada una de las veces que tuvo ocasión de penetrar en la estancia a requerimiento de su anterior benefactor, mi querido tío Juan. ¿Así que aquél era el extraño secreto que el dueño de la casa se había preocupado tanto en mantener a buen recaudo? ¿Y por qué ahora yo se lo enseñaba?
-Esteban –comencé a decirle, con cierto aire autoritario -quiero que me ayudes a que pueda permanecer largo tiempo dentro del portfolio sin que sea devuelto a la realidad original a las primeras de cambio. ¿Lo comprendes?
-¿Pero de verdad cree, señor, que puede meterse ahí dentro sin más? –inquirió nuestro mayordomo, ahora ya únicamente a mi servicio.
-Puedes ver las imágenes en movimiento, ¿no? Luego, de alguna forma, intuirás que no todo se acaba ahí, sino que si te acercas al portfolio hasta el punto de poder leer las frases impresas en las cabeceras de las imágenes, serás absorbido sin que apenas te des cuenta, incapaz de reaccionar a tiempo para huir de sus fauces.
La cara de Esteban reflejaba un asombro sin límites, máxime cuando ya ni se atrevía a acercarse más de la cuenta, levantando la barbilla y estirando el cuello para intentar leer alguna de las frases, adquiriendo un aspecto tremendamente cómico. El contenido de las ilustraciones cambiaba sin cesar, y a pesar de que sólo eran dibujos emitían una sensación de realidad fuera de lo común. Parecía como si debajo de aquellos contornos tridimensionales que daban forma a las figuras, en verdad se escondiesen personajes y paisajes reales, algo que un servidor había contrastado ya sobradamente. Porque sí, una vez dentro, bajo aquella capa grisácea que se atravesaba al ser absorbido, el blanco y negro desaparecía para dar paso al mismo color que inundaba la vida real, comprendiendo que se trataba de una auténtica puerta del tiempo.

-¿Y qué se supone que debo hacer yo, señor? –preguntó de nuevo el mayordomo, intrigado.
-Esteban, tú solo tienes que esperar a que yo entre, y una vez allí, cerrar el portfolio. Eso debería bastar para que no pueda regresar a los pocos minutos.
-¿Y… y quiere que le deje dentro para siempre?
-¡No, hombre! –respondí, alarmado-. No llego a tanto. Esperarás un día. Eso es, un día entero. Mañana, a la misma hora, abrirás de nuevo el portfolio por la misma página. Si todo va bien, lo más lógico es que entonces salga despedido de la imagen, regresando al mundo real.
-¿Y si no es así? –inquirió una vez más, asustado.
-No me seas agorero, Esteban. Comprendo que es un riesgo que debo correr, pero no me imagino quedándome atrapado ahí dentro para siempre. Además, si en condiciones normales apenas permanezco unos minutos, siendo rebotado al presente, por algo será. Lo único que quiero es forzar la situación, y permanecer así más tiempo en el interior del libro. En cualquier caso, si no regreso… trata de encontrar al mayor experto en ciencias ocultas que exista, y que sea lo que dios quiera.
El portfolio mostraba en esta ocasión un par de ilustraciones referentes a la reconquista, cuando ya los árabes estaban bien asentados en la península ibérica, alrededor de tres siglos y medio después de su incursión a través de lo que ellos bautizaron como “Alghesirach Alhadra”, es decir, “Isla Verde”, y que en la actualidad conocemos como Algeciras.
En la primera de las imágenes se reflejaba la proclamación de un rey de Taifas, concretamente en Córdoba, un lugar donde hasta el año 1031 con la abdicación de Hixem III había sido un califato, y que ahora pasaba a mejor vida. El nuevo ocupante del alcázar deseaba una vida sin ningún tipo de ostentación ni boato, aboliendo el califato de un plumazo. Sus súbditos levantaban los brazos invocando a Alá, dando gracias por la elección de su nuevo dueño y señor, mientras que otros, en cambio, inclinaban la cabeza y el cuerpo hasta arrodillarse a sus pies en señal de total sumisión.
Pero no era sino la otra imagen la que me cautivaba, invitándome a adentrarme en su interior, si bien un estremecimiento sin límites recorría mi cuerpo de los pies a la cabeza al observar cómo aquél moro de mirada cínica se atrevía a brindar con sus camaradas utilizando los cráneos de sus supuestas víctimas, a buen seguro cristianos que habían tenido la osadía de enfrentarse a él con la intención de arrebatarle su reino…
¿Me dejaría ser absorbido finalmente? ¿Qué ocurriría al cerrar el portfolio mi apreciado mayordomo Esteban? ¿Acabaría siendo degollado por aquellos despiadados árabes, pasando a formar parte de su colección de vasos hechos con cráneos humanos? No podía negar que aquella imagen era realmente aterradora, turbadora y cruel… ¿Pero acaso era menos fascinante y embriagadora?
© Francisco Arsis (2006)
EL PORTFOLIO MÁGICO - 3ª PARTE
EL BANQUETE DE LOS VASOS DE CRÁNEOS HUMANOS

Tres días después del descubrimiento del portfolio mágico encontrado en el interior de la habitación prohibida, y que mi querido tío tanto se había esforzado en ocultar, era ya consciente de mi total dependencia hacia su inaudito hechizo.
El mundo real había pasado a carecer de importancia, y sólo sumergirme en el interior de aquel espectacular libro repleto de imágenes en movimiento, podía contar para mí. ¿Existiría la posibilidad de permanecer más tiempo dentro del portfolio, sin ser arrebatado del mismo a las primeras de cambio? Debía haber una forma de lograrlo. ¿La hallaría?
De pronto, una brillante idea surgió en mi mente, deseando ponerla en práctica en aquél mismo instante. Todo era cuestión de probar. Sin embargo, necesitaba la colaboración de algún cómplice, comprendiendo que quizás había llegado el momento de compartir el secreto del portfolio mágico con alguien de la máxima confianza. Pero no sabía si podía fiarme del servicio. Aunque, a decir verdad, Esteban llevaba en la casa más de treinta años, y siempre había sido fiel a mi tío, demostrando además una gran profesionalidad en su trabajo y ganándose el respeto que bien merecía.
En el fondo, nada perdía con ello. Es más, ¿por qué no acompañarme en caso de ser necesario? Hasta puede que formásemos un buen equipo, como lo eran sin duda Sherlock Holmes y su apreciado Watson o, por ejemplo, el famoso Rip Kirby y su mayordomo Desmond, por citar algunos personajes de leyenda.
Esteban imaginaba que mi tío se llevaba algo entre manos cada vez que se perdía en el interior de su habitación privada, pero jamás hubiese creído en la existencia del portfolio de no estar contemplándolo con sus propios ojos. Es más, no recordaba en absoluto haber visto ni siquiera el atril en el centro de la sala, en cada una de las veces que tuvo ocasión de penetrar en la estancia a requerimiento de su anterior benefactor, mi querido tío Juan. ¿Así que aquél era el extraño secreto que el dueño de la casa se había preocupado tanto en mantener a buen recaudo? ¿Y por qué ahora yo se lo enseñaba?
-Esteban –comencé a decirle, con cierto aire autoritario -quiero que me ayudes a que pueda permanecer largo tiempo dentro del portfolio sin que sea devuelto a la realidad original a las primeras de cambio. ¿Lo comprendes?
-¿Pero de verdad cree, señor, que puede meterse ahí dentro sin más? –inquirió nuestro mayordomo, ahora ya únicamente a mi servicio.
-Puedes ver las imágenes en movimiento, ¿no? Luego, de alguna forma, intuirás que no todo se acaba ahí, sino que si te acercas al portfolio hasta el punto de poder leer las frases impresas en las cabeceras de las imágenes, serás absorbido sin que apenas te des cuenta, incapaz de reaccionar a tiempo para huir de sus fauces.
La cara de Esteban reflejaba un asombro sin límites, máxime cuando ya ni se atrevía a acercarse más de la cuenta, levantando la barbilla y estirando el cuello para intentar leer alguna de las frases, adquiriendo un aspecto tremendamente cómico. El contenido de las ilustraciones cambiaba sin cesar, y a pesar de que sólo eran dibujos emitían una sensación de realidad fuera de lo común. Parecía como si debajo de aquellos contornos tridimensionales que daban forma a las figuras, en verdad se escondiesen personajes y paisajes reales, algo que un servidor había contrastado ya sobradamente. Porque sí, una vez dentro, bajo aquella capa grisácea que se atravesaba al ser absorbido, el blanco y negro desaparecía para dar paso al mismo color que inundaba la vida real, comprendiendo que se trataba de una auténtica puerta del tiempo.

-¿Y qué se supone que debo hacer yo, señor? –preguntó de nuevo el mayordomo, intrigado.
-Esteban, tú solo tienes que esperar a que yo entre, y una vez allí, cerrar el portfolio. Eso debería bastar para que no pueda regresar a los pocos minutos.
-¿Y… y quiere que le deje dentro para siempre?
-¡No, hombre! –respondí, alarmado-. No llego a tanto. Esperarás un día. Eso es, un día entero. Mañana, a la misma hora, abrirás de nuevo el portfolio por la misma página. Si todo va bien, lo más lógico es que entonces salga despedido de la imagen, regresando al mundo real.
-¿Y si no es así? –inquirió una vez más, asustado.
-No me seas agorero, Esteban. Comprendo que es un riesgo que debo correr, pero no me imagino quedándome atrapado ahí dentro para siempre. Además, si en condiciones normales apenas permanezco unos minutos, siendo rebotado al presente, por algo será. Lo único que quiero es forzar la situación, y permanecer así más tiempo en el interior del libro. En cualquier caso, si no regreso… trata de encontrar al mayor experto en ciencias ocultas que exista, y que sea lo que dios quiera.
El portfolio mostraba en esta ocasión un par de ilustraciones referentes a la reconquista, cuando ya los árabes estaban bien asentados en la península ibérica, alrededor de tres siglos y medio después de su incursión a través de lo que ellos bautizaron como “Alghesirach Alhadra”, es decir, “Isla Verde”, y que en la actualidad conocemos como Algeciras.
En la primera de las imágenes se reflejaba la proclamación de un rey de Taifas, concretamente en Córdoba, un lugar donde hasta el año 1031 con la abdicación de Hixem III había sido un califato, y que ahora pasaba a mejor vida. El nuevo ocupante del alcázar deseaba una vida sin ningún tipo de ostentación ni boato, aboliendo el califato de un plumazo. Sus súbditos levantaban los brazos invocando a Alá, dando gracias por la elección de su nuevo dueño y señor, mientras que otros, en cambio, inclinaban la cabeza y el cuerpo hasta arrodillarse a sus pies en señal de total sumisión.
Pero no era sino la otra imagen la que me cautivaba, invitándome a adentrarme en su interior, si bien un estremecimiento sin límites recorría mi cuerpo de los pies a la cabeza al observar cómo aquél moro de mirada cínica se atrevía a brindar con sus camaradas utilizando los cráneos de sus supuestas víctimas, a buen seguro cristianos que habían tenido la osadía de enfrentarse a él con la intención de arrebatarle su reino…
¿Me dejaría ser absorbido finalmente? ¿Qué ocurriría al cerrar el portfolio mi apreciado mayordomo Esteban? ¿Acabaría siendo degollado por aquellos despiadados árabes, pasando a formar parte de su colección de vasos hechos con cráneos humanos? No podía negar que aquella imagen era realmente aterradora, turbadora y cruel… ¿Pero acaso era menos fascinante y embriagadora?
© Francisco Arsis (2006)
Aventuras de Max Fuentes - EL EMBRUJO DE SICILIA: MONDELLO

Partimos con nuestras bicicletas cruzando de cabo a rabo la “Vía Bologni” hasta llegar al “Passo di Rigano”, haciendo un alto en el camino antes de dirigirnos al característico pueblo marinero de Mondello, famoso por su extensa y acogedora playa, además de habitual zona de descanso de los palermitanos más pudientes.
Bertrand y Sophie, mis apreciados compañeros de viaje, tuvieron que esperar en aquella pequeña villa del Passo un buen rato, tras haberme dejado rezagado al no ser capaz de pedalear con la misma intensidad y fluidez que ellos. Ambos se rieron al contemplar mi asfixiado rostro, sacando incluso el propio Bertrand una cuerda con la que unir las dos bicicletas, y así poder remolcarme hasta Mondello. Lo peor era que parecía estar hablándome en serio. Poco después reanudábamos aquel sugerente viaje, atravesando el pueblo de Mortillaro y algunas villas más antes de alcanzar nuestro destino final.
Al llegar sólo pensábamos en comer, haciéndolo en uno de los múltiples y atractivos restaurantes que miraban al mar, situados a lo largo y ancho de aquella playa de blanca arena, con alrededor de dos kilómetros de envergadura. Un servidor no conocía el vino siciliano, así que Sophie se apresuró a recomendar para la comida un magnífico “Nero d’Avola Terre di Ginestra 651”, un tinto que desde luego hacía honor a su pomposo nombre. Miedo me daba coger después la bicicleta con aquellos grados que tamaño caldo iba a dejar patentes en mi cuerpo.
Menos mal que, una vez degustados los platos elegidos, entre ellos unos estupendos rollitos de pez San Pedro con salsa a la menta, hojaldres de garbanzos, los clásicos calzoni, y de postre un enorme soufflé helado de melocotón, no tuvimos que echar mano de la bicicleta, porque a buen seguro que habría caído redondo al suelo, producto de una pésima digestión. En cambio, fuimos a dar un largo paseo por la playa, admirando aquel cálido mar del que sus paisanos dicen “ha visto de todo y no se escandaliza por nada”, en clara referencia a tantas y tantas civilizaciones como han surcado el mar Tirreno.
Llegado el atardecer, nos dio la oportunidad de contemplar más de cerca este curioso pueblo siciliano, a cubierto entre los montes Pellegrino y Gallo. Innumerables torres de forma cilíndrica, cuya construcción se remontaba al siglo XV, daban a esta villa un aspecto realmente exótico, y que me recordaba algunas imágenes de películas en las que los piratas cruzaban por callejuelas parecidas, en busca de una rica taberna con que alimentar el gaznate.
Sin embargo, Mondello no sólo es célebre por su vistosa “piazza”, su playa de aguas cristalinas o sus cilíndricas torres. También lo es por sus casas estilo “Liberty”, creadas a principios del siglo XX como reacción a los anteriores estilos eclécticos, que acaban por darle una inusitada elegancia, aunque a muchos les parezca un lugar carente de personalidad o falto de inspiración poética.
Al dejar atrás el aroma a “Dolce Vita” de la pequeña ciudad, antes de la inevitable puesta de sol camino de nuestro refugio palermitano en el Grand Hotel Villa Igiea, Bertrand, Sophie y un servidor, a lomos de las bicicletas, no dejábamos de recordar el buen sabor de boca que el día nos había regalado, gracias al mágico embrujo siciliano…
© Francisco Arsis
VIDEO "AVENTURA EN EL PASADO" REALIZADO PARA EL PROGRAMA 3DE NIT DE SANDRA LLABRÉS Y JOANA POL
En el blog de "El rincón literario de 3deNit" de Joana Pol, cuya dirección es:
http://rinconliterario3denit.blogspot.com/
podréis encontrar un resumen de lo acontecido cada semana sobre los programas, en el cual se añade un video realizado por JoanaPol y que va dedicado a la obra presentada por el autor. Este es el que me dedicó a mí, y que gracias a ella yo os presento a vosotros.
ESPERO QUE OS GUSTE :O)
http://rinconliterario3denit.blogspot.com/
podréis encontrar un resumen de lo acontecido cada semana sobre los programas, en el cual se añade un video realizado por JoanaPol y que va dedicado a la obra presentada por el autor. Este es el que me dedicó a mí, y que gracias a ella yo os presento a vosotros.
ESPERO QUE OS GUSTE :O)
EL PROGRAMA DE ANOCHE YA ESTÁ AQUÍ
Estimados blogueros/as y amigos/as:
Mi sorpresa ha sido mayúscula al comprobar que la grabación del programa ya está disponible, y que si lo deséais, aquellos que no pudísteis ahora mismo podréis escucharlo.
Estoy muy contento por el resultado, a pesar de que la voz iba y venia, seguramente por problemas con la línea telefónica o con mi móvil, pero aún así, más o menos se escucha con buena calidad.
Os dejo el enlace para que ipso-facto so trasladéis al programa, como si lo estuviéseis escuchando en directo. Recordad que al comienzo se habla en catalán (mallorquín), pero que en pocos segundos se pasa al castellano.

La presentadora junto a Sandra Llabrés del programa "El rincón literario de 3deNit", y autora del libro "El crimen de los dioses", Joana Pol
Mi más sincero agradecimiento desde aquí por haberme dado esta oportunidad de presentar mi trabajo, tanto a las presentadoras Sandra Llabrés como a Joana Pol, al realizador o realizadores del programa y, por supuesto también a los actores que prestaron su voz para la reproducción del capítulo VIII de mi novela "Aventura en el pasado", titulado "Una carta de amor".

La presentadora del programa 3deNit "Sandra Llabrés
Todo ello sin olvidarme de daros las gracias a todos vosotros por vuestro apoyo, y por que estoy convencido de que, habiéndome escuchado o no en directo me deseásteis toda la suerte del mundo.
De corazón os digo: Muchísimas gracias.
Pincha en este enlace que viene a continuación para escucharlo
Programa 3deNit -Sandra Llabrés y Joana Pol presentan a Francisco Arsis
Cortesía de Sirlebert y Xa-LFDM, dos compañeros del foro de JoanaPol.com
Mi sorpresa ha sido mayúscula al comprobar que la grabación del programa ya está disponible, y que si lo deséais, aquellos que no pudísteis ahora mismo podréis escucharlo.
Estoy muy contento por el resultado, a pesar de que la voz iba y venia, seguramente por problemas con la línea telefónica o con mi móvil, pero aún así, más o menos se escucha con buena calidad.
Os dejo el enlace para que ipso-facto so trasladéis al programa, como si lo estuviéseis escuchando en directo. Recordad que al comienzo se habla en catalán (mallorquín), pero que en pocos segundos se pasa al castellano.

La presentadora junto a Sandra Llabrés del programa "El rincón literario de 3deNit", y autora del libro "El crimen de los dioses", Joana Pol
Mi más sincero agradecimiento desde aquí por haberme dado esta oportunidad de presentar mi trabajo, tanto a las presentadoras Sandra Llabrés como a Joana Pol, al realizador o realizadores del programa y, por supuesto también a los actores que prestaron su voz para la reproducción del capítulo VIII de mi novela "Aventura en el pasado", titulado "Una carta de amor".

La presentadora del programa 3deNit "Sandra Llabrés
Todo ello sin olvidarme de daros las gracias a todos vosotros por vuestro apoyo, y por que estoy convencido de que, habiéndome escuchado o no en directo me deseásteis toda la suerte del mundo.
De corazón os digo: Muchísimas gracias.
Pincha en este enlace que viene a continuación para escucharlo
Programa 3deNit -Sandra Llabrés y Joana Pol presentan a Francisco Arsis
Cortesía de Sirlebert y Xa-LFDM, dos compañeros del foro de JoanaPol.com
PARTICIPACIÓN EN EL PROGRAMA DE RADIO EL RINCÓN LITERARIO DE 3 DE NIT, EN IB3 RADIO

Estimados amigos/as y blogueros/as:
El próximo miércoles 13 de septiembre participaré en el programa de Sandra Llabrés y Joana Pol para presentar mi novela "Aventura en el pasado", y de paso hablar un poquito sobre mí y mi aún escueta trayectoria en este mundo de la literatura.
El programa está dedicado principalmente a los autores noveles que desean darse a conocer un poquito, y que a la vez les sirva de aliento para continuar escribiendo y disfrutando, que es lo que realmente importa.
Cada semana que pasa, el programa de Sandra y Joana tiene más y más adeptos, traspasando gracias a Internet los límites de las Islas Baleares, y llegando a todos los rincones de España. Porque sí, se puede escuchar a través de Internet en esta página:
http://ib3.es/
SI PINCHÁIS EN ESTE ENLACE, OS LLEVARÁ HASTA ALLÍ.

Una vez allí, solo hay que buscar el logotipo que he colocado arriba, y entraréis de lleno en el programa (como repito, aquellos que lo deséeis o podáis hacerlo), que comenzará alrededor de las 12 de la noche, aunque suele retrasarse algo, y a veces comienza un pelín antes de las 12,30.
Conocí por Internet a Joana Pol hace unos meses, antes del verano, y me encantó su trabajo (ha publicado una novela titulada "El crimen de los dioses", que está teniendo mucho éxito), y gracias a ella descubrí este programa en el que, por supuesto, participa junto a la genial Sandra Llabrés como presentadora.
La página de Joana Pol es la siguiente:
http://www.joanapol.com/
Allí podéis encontrar todo sobre ella y su fantástico trabajo. Tiene un foro propio donde participamos un montón de gente. Os invito desde aquí a uniros también si es de vuestro agrado.
El programa va por la edición número 19; la mía será la 20. Y espero y deseo que nunca termine. Yo estoy tan acostumbrado ya a las voces de Sandra y Joana que no podría dejarme ni un sólo programa sin escuchar. De todos modos, como es un horario en que mucha gente ya piensa en acostarse o ya se halla durmiendo, bien sea por el trabajo o por el cansancio de toda una jornada de trabajo, dichos programas se graban y pocos días después se pueden bajar de la red y escuchar tranquilamente.
Pero quien esté dispuesto a escucharme en directo, le esperaré con los brazos abiertos. Espero no hallarme demasiado nervioso y que no me quede trabado.
Os invito de corazón a todos a que me escuchéis, y conozcáis un poquito más de mí si cabe. Hacen unos montajes fantásticos, y un capítulo de mi novela "Aventura en el pasado" será relatado en el programa con las voces de los protagonistas. Así que, para mi gran regocijo, Marisa Rondal y Marco Vassallo cobrarán vida, al igual que algún personaje más de la obra.
Como véis estoy encantadísimo, y ya estoy deseando que por fin llegue el miércoles para que todo esto se haga realidad.
Por cierto, no os preocupés si al comienzo escucháis el programa en catalán (mallorquín), que luego se pasarán al castellano en cuanto me toque.
En fin, nada más que deciros ya, salvo otra pequeña noticia, y es que desde el pasado jueves tengo editados varios de mis cuentos, bajo el lema "Escrito desde el corazón", en la Revista Voces, cuya dirección es la siguiente:
http://www.revistavoces.com/
Dicha revista no sólo es editada en Internet, sino que además se publica en papel desde el mismo día en que sale a la red. Eso significa que acabo de dar un pasito más en esta andadura, de la que espero no me desgaje jamás.
Un abrazo para todos, y... os espero el miércoles ;o)

CUBIERTA DE MI NOVELA "AVENTURA EN EL PASADO"
Francisco Arsis. Editorial Slovento. 588 pág. -2006-
ISBN: 84-96379-70-1
Para aquellos que aún no la conozcáis.
CAPÍTULO V - CUANDO ALGO SE LLEVA EN EL CORAZÓN...
ALLÍ DONDE NACE EL RÍO
Te esperaré siempre…

CAPÍTULO V
-¿Qué ocurrió para que te marchases? –preguntó Max, sin plantearse siquiera en pensar si podía hacerlo o no. De todas formas, intuía que ella deseaba responder.
-Fueron cosas de mi padre. Justo el día en que yo cumplí los quince años, le llegó una oferta de trabajo, la cual pensó que no debía o no se sentía capaz de rechazar. Mi madre tampoco deseaba marcharse, al igual que yo, pero todo resultó inútil. Siempre hicimos lo que él quería en todo momento, sin reparar nunca en cómo podíamos sentirnos nosotras. Yo soy hija única, y ni siquiera el hecho de ser la niña mimada de su padre, cómo el solía llamarme, sirvió para que yo pudiera convencerle de que nos quedásemos aquí. Así que, de la noche a la mañana, tuve que abandonar este maravilloso lugar plagado de innumerables recuerdos, perdiendo a todos mis amigos, nuestra bonita casa enclavada justo enfrente del nacimiento del río Mundo y, lo que es peor, partiendo en dos mi propia adolescencia. Tuve que empezar de nuevo, obligada a encarrilar la vida en una ciudad que no me aportaba nada y que ni siquiera podía divisarse una montaña en varios kilómetros a la redonda. Casi me sentía como Heidi en el mismísimo Frankfurt, por estimar alguna comparación.
Ambos rieron ante la ocurrencia de Silvia, aunque la sonrisa de ella adquirió de pronto un tono nostálgico.
-¿Y cómo fue que regresaste? –inquirió Max-. Porque ahora estás de nuevo aquí…

La muchacha asintió levemente, liquidando casi al instante con un último sorbo el café que quedaba en su tacita. Max, por su parte, hacía ya rato que se había bebido el suyo, dedicándose de vez en cuando a realizar dobleces en el sobrecillo de azúcar.
-Encontré un anuncio en Internet, hará unos tres meses, donde necesitaban personal para el hostal. No puedo decir que fue pura casualidad porque, aunque yo no buscaba trabajo, solía navegar en todas las páginas web en las cuales figurase el nombre de Riópar. Era como una obsesión para mí, una forma de reencontrarme con aquello que más he amado; aunque perderme en esas páginas repletas de sublimes imágenes y excelentes textos ni siquiera era suficiente para calmar mi espíritu. Por esa razón, me lancé como una posesa a enviar mi currículum al hostal con la esperanza de que me contratasen, a pesar de que ya tenía un magnífico trabajo en un pueblo situado cerca de Valencia, es decir, a pocos kilómetros de la capital. Puedes imaginar la inmensa alegría que me produjo saber que me habían contratado finalmente, y que iba a tener la oportunidad de vivir en Riópar de nuevo. Y… aquí me tienes, radiante y feliz.
-Ahora, en este instante, sí. Pero hace unos segundos…
-Lo sé. Se me notaba mucho, ¿verdad?
-Quizá no tendría que haberte preguntado nada –dijo Max, lamentándose-. No deseaba ponerte triste.
-No, no pienses eso. Me apetecía contártelo. Además… lo que cuenta es el final de la historia, y no puede ser mejor para mí.

-¿Piensas quedarte para siempre? –inquirió él.
-Eso querría, sin lugar a dudas. Pero prefiero no pensar en el futuro, un tanto incierto. Solo el presente debe importarme ahora. De lo contrario, podría sentirme angustiada…
-Nunca he conocido a nadie que tuviese tanto apego a su tierra como tú. Y sin quererlo, estás haciendo que mi deseo de conocer a fondo el pueblo de Riópar y su entorno se acreciente.
-Entonces me alegro aún más de haberte contado este pasaje de mi vida.
-¿Sabes? Creo que he tenido una pequeña idea, y me gustaría ponerla en práctica lo antes posible. Y… me parece que no existe nadie mejor que tú para ayudarme a llevarla a cabo. Estoy totalmente convencido de ello.
-¿En serio? ¿De qué se trata? –preguntó Silvia, intrigada.
La muchacha poseía unos preciosos ojos de color aguamarina, que a Max le recordaban al verde de las mismísimas esmeraldas, y, por unos instantes, no pudo evitar retener su linda mirada antes de explicarle en que consistía aquella repentina idea.

-¿Por qué no te conviertes en mi guía, y me enseñas tú misma todas las increíbles maravillas que guardan estos parajes?
-¿Yo? ¿Quieres que yo sea tu guía? –volvió a preguntar, señalándose con el dedo índice de su mano derecha, bastante asombrada.
-Pues claro, eso te he dicho, ¿no?
-Pero… aquí hay magníficos guías, que pueden llevarte a conocer estas sierras mucho mejor que yo. Se las conocen de palmo a palmo, y tienen unas rutas pautadas y marcadas desde hace montones de años. Son auténticos profesionales, créeme.
-No te lo discuto, pero hay algo que ellos no tienen y que tú sí.
-¿Qué quieres decir?
-Tú lo llevas de verdad en el corazón. Ellos, creo que no. No como tú. Y eso… marca la diferencia, Silvia.
-Bueno, yo…
-¿Me harás entonces el honor de ser mi guía? –pregunto Max, al fin, con una pequeña reverencia, colocando su mano derecha abierta contra el pecho.
-¿Qué haces? –preguntó a su vez la muchacha, riéndose con aquella última ocurrencia de Max-.
-Nada –respondió él, tras sonreír a su vez-. Esperar tu respuesta…
-Está bien, será un placer ser tu guía. Me has convencido…
¿CONTINUARÁ?
© Francisco Arsis (2006)

Te esperaré siempre…

CAPÍTULO V
-¿Qué ocurrió para que te marchases? –preguntó Max, sin plantearse siquiera en pensar si podía hacerlo o no. De todas formas, intuía que ella deseaba responder.
-Fueron cosas de mi padre. Justo el día en que yo cumplí los quince años, le llegó una oferta de trabajo, la cual pensó que no debía o no se sentía capaz de rechazar. Mi madre tampoco deseaba marcharse, al igual que yo, pero todo resultó inútil. Siempre hicimos lo que él quería en todo momento, sin reparar nunca en cómo podíamos sentirnos nosotras. Yo soy hija única, y ni siquiera el hecho de ser la niña mimada de su padre, cómo el solía llamarme, sirvió para que yo pudiera convencerle de que nos quedásemos aquí. Así que, de la noche a la mañana, tuve que abandonar este maravilloso lugar plagado de innumerables recuerdos, perdiendo a todos mis amigos, nuestra bonita casa enclavada justo enfrente del nacimiento del río Mundo y, lo que es peor, partiendo en dos mi propia adolescencia. Tuve que empezar de nuevo, obligada a encarrilar la vida en una ciudad que no me aportaba nada y que ni siquiera podía divisarse una montaña en varios kilómetros a la redonda. Casi me sentía como Heidi en el mismísimo Frankfurt, por estimar alguna comparación.
Ambos rieron ante la ocurrencia de Silvia, aunque la sonrisa de ella adquirió de pronto un tono nostálgico.
-¿Y cómo fue que regresaste? –inquirió Max-. Porque ahora estás de nuevo aquí…

La muchacha asintió levemente, liquidando casi al instante con un último sorbo el café que quedaba en su tacita. Max, por su parte, hacía ya rato que se había bebido el suyo, dedicándose de vez en cuando a realizar dobleces en el sobrecillo de azúcar.
-Encontré un anuncio en Internet, hará unos tres meses, donde necesitaban personal para el hostal. No puedo decir que fue pura casualidad porque, aunque yo no buscaba trabajo, solía navegar en todas las páginas web en las cuales figurase el nombre de Riópar. Era como una obsesión para mí, una forma de reencontrarme con aquello que más he amado; aunque perderme en esas páginas repletas de sublimes imágenes y excelentes textos ni siquiera era suficiente para calmar mi espíritu. Por esa razón, me lancé como una posesa a enviar mi currículum al hostal con la esperanza de que me contratasen, a pesar de que ya tenía un magnífico trabajo en un pueblo situado cerca de Valencia, es decir, a pocos kilómetros de la capital. Puedes imaginar la inmensa alegría que me produjo saber que me habían contratado finalmente, y que iba a tener la oportunidad de vivir en Riópar de nuevo. Y… aquí me tienes, radiante y feliz.
-Ahora, en este instante, sí. Pero hace unos segundos…
-Lo sé. Se me notaba mucho, ¿verdad?
-Quizá no tendría que haberte preguntado nada –dijo Max, lamentándose-. No deseaba ponerte triste.
-No, no pienses eso. Me apetecía contártelo. Además… lo que cuenta es el final de la historia, y no puede ser mejor para mí.

-¿Piensas quedarte para siempre? –inquirió él.
-Eso querría, sin lugar a dudas. Pero prefiero no pensar en el futuro, un tanto incierto. Solo el presente debe importarme ahora. De lo contrario, podría sentirme angustiada…
-Nunca he conocido a nadie que tuviese tanto apego a su tierra como tú. Y sin quererlo, estás haciendo que mi deseo de conocer a fondo el pueblo de Riópar y su entorno se acreciente.
-Entonces me alegro aún más de haberte contado este pasaje de mi vida.
-¿Sabes? Creo que he tenido una pequeña idea, y me gustaría ponerla en práctica lo antes posible. Y… me parece que no existe nadie mejor que tú para ayudarme a llevarla a cabo. Estoy totalmente convencido de ello.
-¿En serio? ¿De qué se trata? –preguntó Silvia, intrigada.
La muchacha poseía unos preciosos ojos de color aguamarina, que a Max le recordaban al verde de las mismísimas esmeraldas, y, por unos instantes, no pudo evitar retener su linda mirada antes de explicarle en que consistía aquella repentina idea.

-¿Por qué no te conviertes en mi guía, y me enseñas tú misma todas las increíbles maravillas que guardan estos parajes?
-¿Yo? ¿Quieres que yo sea tu guía? –volvió a preguntar, señalándose con el dedo índice de su mano derecha, bastante asombrada.
-Pues claro, eso te he dicho, ¿no?
-Pero… aquí hay magníficos guías, que pueden llevarte a conocer estas sierras mucho mejor que yo. Se las conocen de palmo a palmo, y tienen unas rutas pautadas y marcadas desde hace montones de años. Son auténticos profesionales, créeme.
-No te lo discuto, pero hay algo que ellos no tienen y que tú sí.
-¿Qué quieres decir?
-Tú lo llevas de verdad en el corazón. Ellos, creo que no. No como tú. Y eso… marca la diferencia, Silvia.
-Bueno, yo…
-¿Me harás entonces el honor de ser mi guía? –pregunto Max, al fin, con una pequeña reverencia, colocando su mano derecha abierta contra el pecho.
-¿Qué haces? –preguntó a su vez la muchacha, riéndose con aquella última ocurrencia de Max-.
-Nada –respondió él, tras sonreír a su vez-. Esperar tu respuesta…
-Está bien, será un placer ser tu guía. Me has convencido…
¿CONTINUARÁ?
© Francisco Arsis (2006)

1949 - EL FINAL DE UNA POSGUERRA

Aquella bonita mañana de abril del año 1989, cincuenta años después del nacimiento de mi madre, y mientras me dirigía hacia la casa que mis tíos poseían en la calle San Nicolás, en la ciudad de mis amores, Alcoy, mi intuición me decía que estaba a punto de descubrir algo muy especial, único e inigualable en toda mi vida.
Lo cierto es que, cuando llegaba a esa casa, todos mis males desaparecían, sintiéndome el ser más feliz de la tierra. No cabía duda de que mis padres habían dejado en aquel bendito hogar mucha huella, notando a cada instante su inmaculada presencia, a pesar de ser consciente de que hacía ya quince años que se habían marchado para siempre. Pero, de alguna manera, yo sabía que ellos estaban allí nada más comenzar a subir las escaleras de la finca, sintiendo una agradable sensación de paz y un regocijo sin límites. Mi alma salía extremadamente reconfortada cada vez que abandonaba la casa, no sin antes darles un par de sonoros besos a cada uno de mis tíos y, como no, a mis queridos primos. Y aquello, sencillamente, tenía que deberse a algo muy grandioso, fuera de lo normal, y digno de tener muy en cuenta. No en vano, toda la familia siempre se reunía allí en las ocasiones especiales, algo que no había dejado de producirse desde hacía ya varias generaciones. Por eso tenía claro que, de existir un más allá, tanto mis padres como el resto de la familia que ya no se hallaba entre nosotros, a buen seguro que no dejaban de regresar a la menor ocasión, una y otra vez.
Pero aquél día, recibiría uno de los mayores regalos que jamás hubiese podido disfrutar en toda mi bendita existencia. Mi primo guardaba, en una pequeña cajita de hojalata, un montoncito de fotografías antiguas que a menudo solía contemplar cuando se hallaba solo o aburrido, y que le hacían sentirse muy feliz rememorando épocas pasadas, bien por haber sido testigo de ellas o porque las había escuchado infinidad de veces en boca de sus padres, mis bienamados tíos Alfonso y Carmen. Yo, por mi parte, desconocía por completo la existencia de aquellas preciosas fotografías, así que cuando mi primo las sacó, dispuesto a enseñármelas, no pude por menos que quedarme gratamente sorprendido y emocionado a la vez.

Cuál no sería mi sorpresa, y la de mi querido primo, que nunca había sido capaz de detenerse en minuciosos detalles como yo, al descubrir en una de las fotografías realizadas a mi tío y a mi madre durante el año 1949, cuando apenas eran unos niños de trece y diez años respectivamente, que justo detrás de ellos se hallaban, pendientes del fotógrafo y de ambos, nada más y nada menos que mi querido padre, junto a su hermano y querido tío mío también, Emilio.
En aquella fotografía, mi padre, Manuel, un joven muchacho que rondaba los veinte años, sonreía observando a mi madre de espaldas, mientras que mi tío Emilio sonreía a su vez guiñando el ojo a la cámara fotográfica. No se conocían, pues mi padre ya era todo un hombrecito en edad sobrada para tener novia, mientras que mi madre ni siquiera había iniciado su propia adolescencia. Tuvieron que transcurrir ocho años más para que un día se conocieran de verdad, de forma casual, e iniciasen una preciosa historia de amor, truncada sólo a raíz de la muerte de mi madre, ocurrida en 1974. Tan solo once meses después, en 1975, no pudiendo mi padre resistir más, acabaría partiendo en su busca para siempre.
El año 1949 dio paso a una nueva era en España, siendo el último de nuestra posguerra. El bailarín “Antonio” debutaba en Madrid, junto a la sevillana Rosario, iniciando ambos una carrera que acabaría consagrándoles en todo el mundo para siempre, mientras que Pepita Serrano, famosa actriz argentina y madre de nuestro conocidísimo “Chicho” Ibáñez Serrador y creador del “Un, dos, tres”, acudía por primera vez a España, cosechando inigualables éxitos, tantos que su presencia en nuestro país acabo realizándose de forma perenne. Eran los tiempos en que toreros como El Litri o Julio Aparicio triunfaban en los ruedos de todo el país, muerto ya Manolete, y grandes artistas como la eterna “Lola Flores” o el mismísimo “Manolo Caracol”, rompían moldes en todos los “tablaos” en los que actuaban. En las casas españolas aún no había frigoríficos y las barras de hielo compradas en las fábricas conformaban el único sistema para la conservación de los alimentos. El primer trolebús comenzaba a funcionar en Madrid, ciudad que seguía en imparable crecimiento, anexionándose sin cesar todos los pueblecitos que se hallaban a su alrededor, como era el caso entonces de la villa de “Hortaleza”, con cerca de 1.500 habitantes.
Un nuevo periódico, titulado “7 días”, salía a la calle en Octubre gracias a una idea del generalísimo Franco, mientras que unos meses antes, en febrero, fallecía en Buenos Aires el primer presidente de nuestra segunda república, Niceto Alcalá Zamora. Y si una noticia caló hondo en el país, no fue otra que la llegada desde el propio Buenos Aires de la mítica “saeta rubia”, Alfredo Di Stéfano, fichado por el Real Madrid para la siguiente temporada.
Varios años después de haber encontrado aquella fotografía, en la que sólo yo fui capaz de reconocer a mi padre, como si pareciese ir ya tras la estela de mi madre diez años antes de conocerse, desapareció de forma misteriosa. Pero hace unos meses, al entrar de nuevo en la casa de mis tíos, con la nostalgia impregnada en mi semblante pues ya ni siquiera ellos vivían, encontré otra fotografía, aunque más pequeña que la anterior, en la que una vez más se repetía la historia. Tan solo un inesperado transeúnte se colaba justo en medio, aunque gracias a dios, no le restaba ni un ápice de encanto.
Esta historia tiene segunda parte… pero esa, la dejo para la próxima ocasión.
;o)
