Sun Is Shining The Weather Is Sweet
Aunque lleva lloviendo todo el dia (en realidad todo el ultimo mes), mi cancion favorita de Bob Marley ilustra como me siento. A todos los huevones nos llega nuestro golpe de suerte. Por fin, el ultimo dia, consegui una nueva madriguera.
Como siempre, deje lo mas importante para ultima hora. El viernes es el dia en que dejamos nuestro hogar y por lo tanto debia buscar una nueva casa con anticipacion. Confie en lo facil que me ha resultado hasta ahora encontrar un alojamiento barato en Londres (los backpackers, para un apuro siempre estan a la vuelta de la esquina), pero olvidaba que esto es Amsterdam y que aqui no cabemos todos. Asediado por las prisas he visto habitaciones sin muebles en Amsterdam Noord (por cierto, muy bonita la zona a la que se llega mediante un ferry gratuito), he visitado pisos en los que ademas de la habitacion solo se podia utilizar la nevera y la cocina, e incluso he aplicado con esmero por pisos sin ducha y habitaciones de tamaño liliputiense. Corria el tiempo y no tenia donde caerme muerto, barajando la posibilidad de parasitar a algun amigo o de volver a Londres. Hasta hoy.
Mi nuevo hogar esta en Amsterdam West, una zona no muy agradable a la vista, y es regentado por un arabe (pienso yo) con la mirada de El Dioni. La habitacion en cuestion son cuatro paredes, un techo y un par de accesorios para el descanso (no me atrevo a llamarlos cama y silla). Eso, si con un gran ventanal y patio exterior y con acceso (no como en otros) a un salon bastante majete con una tele. Sigue habiendo habitaciones vacias por lo que es probable que ademas de El Dioni pronto tenga nuevos compañeros de fatigas. He tenido que exceder un poco el limite economico que me habia marcado para pagar la mensualidad, y que juntandolo al deposito que tambien hay que proporcionar hace que me queden en el bolsillo poco mas de cien euros (en la cuenta en UK debe haber algo mas pero no puedo acceder a ella... putos bancos). Todo sea por seguir disfrutando de Amsterdam un poco mas.
La buena noticia que va a cambiar mi vida es que desde el martes tengo al fin mi soñada bicicleta que corre bien. Luis, el amigo de El Chino, me regalo la suya antes de marcharse y ha resultado ser una bendicion. Voy a todas partes como una bala y haciendo la mitad de esfuerzo que con las anteriores bicicletas que han pasado por mis manos. Ayer, en un dia plagado de despropositos, pinche la rueda trasera y senti que mi vida se apagaba. Una vez arreglada, he dado vueltas y vueltas por lugares de la ciudad desconocidos para mi, descubriendo de alguna forma un nuevo Amsterdam que no conocia.
Nueva bici, nueva casa y espero que nueva vida. Me prometi a mi mismo hacer las cosas un poquito mejor si encontraba un nuevo alojamiento. Voy a intentar comer mas sano, hacer mas ejercicio, dormir cuando toca, buscar un nuevo curro y en definitiva, aprovechar mas el tiempo, coño.
Pero con lo que llueve, no se yo...
Como siempre, deje lo mas importante para ultima hora. El viernes es el dia en que dejamos nuestro hogar y por lo tanto debia buscar una nueva casa con anticipacion. Confie en lo facil que me ha resultado hasta ahora encontrar un alojamiento barato en Londres (los backpackers, para un apuro siempre estan a la vuelta de la esquina), pero olvidaba que esto es Amsterdam y que aqui no cabemos todos. Asediado por las prisas he visto habitaciones sin muebles en Amsterdam Noord (por cierto, muy bonita la zona a la que se llega mediante un ferry gratuito), he visitado pisos en los que ademas de la habitacion solo se podia utilizar la nevera y la cocina, e incluso he aplicado con esmero por pisos sin ducha y habitaciones de tamaño liliputiense. Corria el tiempo y no tenia donde caerme muerto, barajando la posibilidad de parasitar a algun amigo o de volver a Londres. Hasta hoy.
Mi nuevo hogar esta en Amsterdam West, una zona no muy agradable a la vista, y es regentado por un arabe (pienso yo) con la mirada de El Dioni. La habitacion en cuestion son cuatro paredes, un techo y un par de accesorios para el descanso (no me atrevo a llamarlos cama y silla). Eso, si con un gran ventanal y patio exterior y con acceso (no como en otros) a un salon bastante majete con una tele. Sigue habiendo habitaciones vacias por lo que es probable que ademas de El Dioni pronto tenga nuevos compañeros de fatigas. He tenido que exceder un poco el limite economico que me habia marcado para pagar la mensualidad, y que juntandolo al deposito que tambien hay que proporcionar hace que me queden en el bolsillo poco mas de cien euros (en la cuenta en UK debe haber algo mas pero no puedo acceder a ella... putos bancos). Todo sea por seguir disfrutando de Amsterdam un poco mas.
La buena noticia que va a cambiar mi vida es que desde el martes tengo al fin mi soñada bicicleta que corre bien. Luis, el amigo de El Chino, me regalo la suya antes de marcharse y ha resultado ser una bendicion. Voy a todas partes como una bala y haciendo la mitad de esfuerzo que con las anteriores bicicletas que han pasado por mis manos. Ayer, en un dia plagado de despropositos, pinche la rueda trasera y senti que mi vida se apagaba. Una vez arreglada, he dado vueltas y vueltas por lugares de la ciudad desconocidos para mi, descubriendo de alguna forma un nuevo Amsterdam que no conocia.
Nueva bici, nueva casa y espero que nueva vida. Me prometi a mi mismo hacer las cosas un poquito mejor si encontraba un nuevo alojamiento. Voy a intentar comer mas sano, hacer mas ejercicio, dormir cuando toca, buscar un nuevo curro y en definitiva, aprovechar mas el tiempo, coño.
Pero con lo que llueve, no se yo...
Are You Happy Or Are You Hippie?
Esto ha sido un no parar. Visitas, trabajo, mucha fiesta (casi demasiada) y tres dias que me quedan para encontrar casa. Mi vida puede cambiar en los proximos dias y no se descarta un regreso prematuro a Londres.
En casa tenemos la visita de un amigo del Chino, la madre del Chino, la tia del Chino, un mono de peluche y por mi parte, el grandisimo Araña al que no veia desde Navidad. En un piso en el que normalmente viven dos personas nos hemos juntado ocho y como somos unos caballeros, hemos cedido nuestra habitacion a los componentes femeninos de la visita con lo que la parte masculina (nosotros cuatro) dormimos en una improvisada comuna hippie en el salon, con colchonetas por el suelo y el mono (al que yo he bautizado como Orgullito) disfrazado con una mascarilla. Parece ser que tambien el casero paso por casa mientras yo dormia, encontrandose nada mas entrar a una señora a la que no conoce de nada pasando la escoba. La misma señora que nos cocino la mejor comida de los ultimos tres meses. Dios bendiga a todas las madres del mundo.
He pasado gran parte del tiempo con Luis y con Araña, visitando el centro de la ciudad, el mercadillo de Waterlooplein y metiendole caña a la bici (Araña, que entiende de esto de las bicis, me ha dicho que se me han puesto las piernas como jamones). Pero sobre todo lo que ha habido a cascoporro ha sido vida nocturna. He salido con ellos tres noches seguidas, dos al Melkweg y una a Paradiso, viviendo hilarantes situaciones con unas japonesas, un negro zancadilleado y los impresentables empleados del guardarropa de Paradiso. A mis 27 años el cuerpo ya no aguanta como a los 25 y tres noches de fiesta pasan factura. Pero como decir que no a la ultima noche de Araña en Amsterdam? La proxima vez ven con mas tiempo y vistamos el Museo de la Tortura.
Pero la autentica preocupacion estos dias es el tema de la vivienda. El viernes debemos abandonar nuestro piso actual y aun no hemos encontrado nada. A mis escasos recursos economicos se le unen la poca oferta de pisos y mi pereza cronica, lo cual hace que tenga tantas ganas de buscar piso como de que me estirpen el bazo. Siempre tengo la confianza de que algo aparecera por alguna parte. La luz roja aun no se me ha activado pero si lo hace y no encuentro nada, entonces me ire. Aviso a navegantes que me leen desde tierras britanicas: a malas tal vez me tengais de vuelta en Londres el viernes.
Viviendas aparte, mis preocupaciones ultimamente van por otros derroteros. Que hare si finalmente vuelvo a Londres antes de lo previsto, que hare con mi vida en los proximos años, donde se encuentra una pareja estable, que me encontraran en la sangre si me hacen una analitica... Creo que voy a aplicarme el consejo que Alejandro Jodorowsky le dio una vez a un amigo de Araña. Cuando aquel le conto todos sus problemas, Jodorowsky le dijo: "tu lo que tienes que hacer es irte a tu casa y pintarte los huevos de rojo".
Me voy a comprar un rotulador, que casa aun tengo.
En casa tenemos la visita de un amigo del Chino, la madre del Chino, la tia del Chino, un mono de peluche y por mi parte, el grandisimo Araña al que no veia desde Navidad. En un piso en el que normalmente viven dos personas nos hemos juntado ocho y como somos unos caballeros, hemos cedido nuestra habitacion a los componentes femeninos de la visita con lo que la parte masculina (nosotros cuatro) dormimos en una improvisada comuna hippie en el salon, con colchonetas por el suelo y el mono (al que yo he bautizado como Orgullito) disfrazado con una mascarilla. Parece ser que tambien el casero paso por casa mientras yo dormia, encontrandose nada mas entrar a una señora a la que no conoce de nada pasando la escoba. La misma señora que nos cocino la mejor comida de los ultimos tres meses. Dios bendiga a todas las madres del mundo.
He pasado gran parte del tiempo con Luis y con Araña, visitando el centro de la ciudad, el mercadillo de Waterlooplein y metiendole caña a la bici (Araña, que entiende de esto de las bicis, me ha dicho que se me han puesto las piernas como jamones). Pero sobre todo lo que ha habido a cascoporro ha sido vida nocturna. He salido con ellos tres noches seguidas, dos al Melkweg y una a Paradiso, viviendo hilarantes situaciones con unas japonesas, un negro zancadilleado y los impresentables empleados del guardarropa de Paradiso. A mis 27 años el cuerpo ya no aguanta como a los 25 y tres noches de fiesta pasan factura. Pero como decir que no a la ultima noche de Araña en Amsterdam? La proxima vez ven con mas tiempo y vistamos el Museo de la Tortura.
Pero la autentica preocupacion estos dias es el tema de la vivienda. El viernes debemos abandonar nuestro piso actual y aun no hemos encontrado nada. A mis escasos recursos economicos se le unen la poca oferta de pisos y mi pereza cronica, lo cual hace que tenga tantas ganas de buscar piso como de que me estirpen el bazo. Siempre tengo la confianza de que algo aparecera por alguna parte. La luz roja aun no se me ha activado pero si lo hace y no encuentro nada, entonces me ire. Aviso a navegantes que me leen desde tierras britanicas: a malas tal vez me tengais de vuelta en Londres el viernes.
Viviendas aparte, mis preocupaciones ultimamente van por otros derroteros. Que hare si finalmente vuelvo a Londres antes de lo previsto, que hare con mi vida en los proximos años, donde se encuentra una pareja estable, que me encontraran en la sangre si me hacen una analitica... Creo que voy a aplicarme el consejo que Alejandro Jodorowsky le dio una vez a un amigo de Araña. Cuando aquel le conto todos sus problemas, Jodorowsky le dijo: "tu lo que tienes que hacer es irte a tu casa y pintarte los huevos de rojo".
Me voy a comprar un rotulador, que casa aun tengo.
Toppertje!
Vamos a olvidar de momento mi ultimo post... Por unas cosas y por otras los ultimos dias han sido de lo mas entretenido. Juzguen, juzguen...
El viernes recibi la visita de Stan y su novia, Martina. Lo peor que te puede pasar si visitas Amsterdam es que yo tenga que hacerte de guia. Dimos unas vueltas mas de la cuenta pero al final encontramos la tienda de vinilos que Stan andaba buscando, y dimos un paseito por Dam, Jordaan y Leidseplein recordando los tiempos del hotel donde nos conocimos trabajando. Al final me los lleve a uno de mis coffeeshops favoritos, De Rokerij. Y fue ahi donde los vi discutir, una de esas tipicas discusiones de pareja que se resuelven con un simple besito. Me dio envidia. Tiene que ser bonito viajar con una chica.
Virginia y Bull son dos de mis mejores amigas en Amsterdam, y ni siquiera tengo sus moviles porque total, nos vemos casi cada noche en el restaurante. Virginia se ha marchado ya de la ciudad y a mi me da bastante pena. Es una chica dulce con la que hablaba de cosas de Argentina, un tema bastante cercano a mi por motivos que no vienen al caso. Los ultimos dias hemos jugado al billar, me ha enseñado unos pasitos de baile y hemos hecho el cabra con una guitarra de carton. Al menos espero volver a verla en Buenos Aires el dia que vaya a visitar al Pibe (sigo siendo uno de esos pendejos que dicen lo que van a hacer...). Bull es holandesa, una "galletita de nata" (guiño a Llada) con un punto de locura que me recuerda en cierta manera a Heli. A la espera de que se resuelva su affaire con el Chino (es una historia demasiado complicada como para explicarla aqui), me gusta que me lleve en bici sentado en el manillar a las tantas de la mañana pensando que nos vamos a matar en cada curva. Ha vivido en Londres y dice que le gustaria volver. Dos chicas diferentes que hacen, o han hecho, que mi vida en Amsterdam sea mejor.
Ayer tuve una sorpresa un poco esperada (todas las sorpresas son inesperadas pero tratandose de quien se trata esta ya no lo es tanto). Mientras reposaba mis huesos en el sofa de casa recibi una llamada del restaurante diciendome que alguien queria hablar conmigo, y ese alguien era, como no... Heli. Ha venido en visita relampago con unos amigos y volvi a verla dos meses despues de la ultima vez, caminando por la calle con los pies enfundados en dos bolsas de plastico para que no se le empaparan sus unicas zapatillas (un atuendo que en Londres pasaria desapercibido pero que aqui es un show). Como no podia ser de otra forma, bebimos bastante y fuimos al Sugar Factory, y como no podia ser de otra forma, Heli desaparecio en mitad de la noche. Si cumple lo que me dijo, ahora mismo debe andar por las calles de Amsterdam puesta de setas magicas. Como dice uno de sus amigos, "she's one of a kind".
Y para terminar, las noticias del mundo del ciclismo. Resulta que al final el truco de los palillos en el pedal funciono y volvia a tener bici, pero al salir del Sugar Factory una de dos, o me la robaron o la deje aparcada en otro sitio del que no me acuerdo. Sea como fuere estaba sin bici asi que me vine arriba y tras un rato olfateando encontre una bici fenomenal, sin candado pero con la rueda delantera pinchada. Deje aun lado los conflictos morales y me la lleve. La apoye en una farola en lo que subia a casa a por un candado (ojo, un minuto y a las 5 de la mañana) y al bajar me encuentro a tres negros ocupandose de ella. Tras un ligero forcejeo y valorar las posibilidades de salir con vida en esa situacion, deje que se la llevaran. Herido en mi amor propio no se me ocurrio otra cosa que agarrar otra bici y subirla a pulso por las escaleras (que como todas las de Amsterdam son una pared) con la esperanza de que hoy, ya mas fresco, pudiera romper la cadena. Pero iluso de mi, esa cadena mas que para bicis es para barcos, asi que dada la imposibilidad de quebrarla la devolvere esta noche a su lugar original.
Por cierto, no me resisto a compartir con todos Toppertje!, la cancion del verano en Holanda a cargo de este par de pollos llamados Guillermo y Tropical Danny. Vean y disfruten. Priceless.
El viernes recibi la visita de Stan y su novia, Martina. Lo peor que te puede pasar si visitas Amsterdam es que yo tenga que hacerte de guia. Dimos unas vueltas mas de la cuenta pero al final encontramos la tienda de vinilos que Stan andaba buscando, y dimos un paseito por Dam, Jordaan y Leidseplein recordando los tiempos del hotel donde nos conocimos trabajando. Al final me los lleve a uno de mis coffeeshops favoritos, De Rokerij. Y fue ahi donde los vi discutir, una de esas tipicas discusiones de pareja que se resuelven con un simple besito. Me dio envidia. Tiene que ser bonito viajar con una chica.
Virginia y Bull son dos de mis mejores amigas en Amsterdam, y ni siquiera tengo sus moviles porque total, nos vemos casi cada noche en el restaurante. Virginia se ha marchado ya de la ciudad y a mi me da bastante pena. Es una chica dulce con la que hablaba de cosas de Argentina, un tema bastante cercano a mi por motivos que no vienen al caso. Los ultimos dias hemos jugado al billar, me ha enseñado unos pasitos de baile y hemos hecho el cabra con una guitarra de carton. Al menos espero volver a verla en Buenos Aires el dia que vaya a visitar al Pibe (sigo siendo uno de esos pendejos que dicen lo que van a hacer...). Bull es holandesa, una "galletita de nata" (guiño a Llada) con un punto de locura que me recuerda en cierta manera a Heli. A la espera de que se resuelva su affaire con el Chino (es una historia demasiado complicada como para explicarla aqui), me gusta que me lleve en bici sentado en el manillar a las tantas de la mañana pensando que nos vamos a matar en cada curva. Ha vivido en Londres y dice que le gustaria volver. Dos chicas diferentes que hacen, o han hecho, que mi vida en Amsterdam sea mejor.
Ayer tuve una sorpresa un poco esperada (todas las sorpresas son inesperadas pero tratandose de quien se trata esta ya no lo es tanto). Mientras reposaba mis huesos en el sofa de casa recibi una llamada del restaurante diciendome que alguien queria hablar conmigo, y ese alguien era, como no... Heli. Ha venido en visita relampago con unos amigos y volvi a verla dos meses despues de la ultima vez, caminando por la calle con los pies enfundados en dos bolsas de plastico para que no se le empaparan sus unicas zapatillas (un atuendo que en Londres pasaria desapercibido pero que aqui es un show). Como no podia ser de otra forma, bebimos bastante y fuimos al Sugar Factory, y como no podia ser de otra forma, Heli desaparecio en mitad de la noche. Si cumple lo que me dijo, ahora mismo debe andar por las calles de Amsterdam puesta de setas magicas. Como dice uno de sus amigos, "she's one of a kind".
Y para terminar, las noticias del mundo del ciclismo. Resulta que al final el truco de los palillos en el pedal funciono y volvia a tener bici, pero al salir del Sugar Factory una de dos, o me la robaron o la deje aparcada en otro sitio del que no me acuerdo. Sea como fuere estaba sin bici asi que me vine arriba y tras un rato olfateando encontre una bici fenomenal, sin candado pero con la rueda delantera pinchada. Deje aun lado los conflictos morales y me la lleve. La apoye en una farola en lo que subia a casa a por un candado (ojo, un minuto y a las 5 de la mañana) y al bajar me encuentro a tres negros ocupandose de ella. Tras un ligero forcejeo y valorar las posibilidades de salir con vida en esa situacion, deje que se la llevaran. Herido en mi amor propio no se me ocurrio otra cosa que agarrar otra bici y subirla a pulso por las escaleras (que como todas las de Amsterdam son una pared) con la esperanza de que hoy, ya mas fresco, pudiera romper la cadena. Pero iluso de mi, esa cadena mas que para bicis es para barcos, asi que dada la imposibilidad de quebrarla la devolvere esta noche a su lugar original.
Por cierto, no me resisto a compartir con todos Toppertje!, la cancion del verano en Holanda a cargo de este par de pollos llamados Guillermo y Tropical Danny. Vean y disfruten. Priceless.
The End Is The Beginning Is The End
Enojado por un mal dia en el trabajo, propague el rumor de que me quiero ir de Amsterdam. Ni siquiera yo se si es cierto. Tal vez sea por todo el asunto de las bicis, o por el mal tiempo, o porque veo la BBC mas de la cuenta. No se por que es pero no termino de sentirme a gusto al 100%. Ojo, no digo que me arrepienta de haber venido ni que me lo este pasando mal, ni mucho menos. Desde que visite Amsterdam por primera vez el verano pasado supe que queria vivir aqui una temporada. Pero al igual que a mucha gente le pasa con Londres, yo se que esta no es la ciudad donde viviria el resto de mi vida. Todos los cuentos de hadas tienen un final y el de este tal vez llegue en octubre, o no.
He intentado arreglar mi bici con unos palillos. Casi funciona.
Lavar platos es duro. Si bien solo trabajo tres dias a la semana (lo justo para que estas "vacaciones" me esten saliendo gratis), al final de la jornada acabo bastante destrozado (el hierro de mi sangre hace tiempo que se me agoto). Tras toda un tarde despachando platos, cubiertos, cazos, botaneras y demas artilugios de origen mexicano, hay que limpiar absolutamente todo lo que se ha usado y/o manchado, incluyendo paredes, suelo y puerta, y sacar las bolsas de basura atraves de una trampilla en el techo, mojandonos casi siempre con el propio mejunje que sueltan. Y eso que por suerte no hace el calor de los primeros dias, donde en cocina alcanzabamos temperaturas superiores a 50 grados y todos nosotros eramos un charco de sudor con mandil. Asi es el trabajo de un fregaplatos, y aun asi sigo manteniendo que cada vez que trabajo alli soy feliz el 80% del tiempo.
Mañana viene a visitarme Stan, mi amigo de Praga. Tiene bemoles que tras un año entero viviendo en la misma ciudad (Londres) vayamos a reencontrarnos en Amsterdam...
El holandes es un idioma bastante complicado, a pesar de que algunas expresiones guardan mucha similitud con el ingles. Resulta aun mas dificil aprenderlo cuando todas las personas que me rodean hablan español o ingles. No se construir ni una sola frase en holandes pero en cambio se me han "pegado" un monton de expresiones mexicanas: "no mames güey", "dame chance", "ahorita vengo"... Pero sin duda mi favorito es el dicho que hay pegado en una de las paredes del restaurante: "los niños dicen lo que hacen; los viejos dicen lo que hicieron; y los pendejos dicen lo que van a hacer".
Voy a hacer que el tiempo que me queda en Amsterdam, el que sea, sea memorable.
He intentado arreglar mi bici con unos palillos. Casi funciona.
Lavar platos es duro. Si bien solo trabajo tres dias a la semana (lo justo para que estas "vacaciones" me esten saliendo gratis), al final de la jornada acabo bastante destrozado (el hierro de mi sangre hace tiempo que se me agoto). Tras toda un tarde despachando platos, cubiertos, cazos, botaneras y demas artilugios de origen mexicano, hay que limpiar absolutamente todo lo que se ha usado y/o manchado, incluyendo paredes, suelo y puerta, y sacar las bolsas de basura atraves de una trampilla en el techo, mojandonos casi siempre con el propio mejunje que sueltan. Y eso que por suerte no hace el calor de los primeros dias, donde en cocina alcanzabamos temperaturas superiores a 50 grados y todos nosotros eramos un charco de sudor con mandil. Asi es el trabajo de un fregaplatos, y aun asi sigo manteniendo que cada vez que trabajo alli soy feliz el 80% del tiempo.
Mañana viene a visitarme Stan, mi amigo de Praga. Tiene bemoles que tras un año entero viviendo en la misma ciudad (Londres) vayamos a reencontrarnos en Amsterdam...
El holandes es un idioma bastante complicado, a pesar de que algunas expresiones guardan mucha similitud con el ingles. Resulta aun mas dificil aprenderlo cuando todas las personas que me rodean hablan español o ingles. No se construir ni una sola frase en holandes pero en cambio se me han "pegado" un monton de expresiones mexicanas: "no mames güey", "dame chance", "ahorita vengo"... Pero sin duda mi favorito es el dicho que hay pegado en una de las paredes del restaurante: "los niños dicen lo que hacen; los viejos dicen lo que hicieron; y los pendejos dicen lo que van a hacer".
Voy a hacer que el tiempo que me queda en Amsterdam, el que sea, sea memorable.
Diarios De Bicicleta
Mi historia con las bicicletas es una historia de mala suerte. La bici que me llegó caída del cielo en Lovaina y que transporté a duras penas hasta Amsterdam en el tren nunca funcionó bien del todo, y menos aún cuando la semana pasada el Chino pinchó (sin querer) la rueda trasera. Con ella sufrí una (por suerte) no muy aparatosa caída cuyas consecuencias pudieron haber sido peores en una ciudad donde una radiografía cuesta 200 euros. En una de esas noches donde se pierden la verguenza y el civismo intenté robar otra, sin demasiado éxito. Así que cansado ya de ser un puto peatón me dirigí al barrio rojo a conseguir una bicicleta por todos los medios.
Allí le pregunté al típico negro de esquina que ofrece sustancias, el cual me llevó a su vez con otro negro aún más negro, más hecho polvo y que debía de tener algún problema de laringe porque su voz era parecida a la de un hamster. Tras hacerme dar vueltas por todo el barrio este sujeto me entorchó una bici aparentemente normal por el módico precio de 10 euros, desapareciendo como alma que lleva el diablo una vez cobrados los mismos. No había rodado ni cien metros cuando descubrí que había adquirido el Seat 600 de las bicis: rueda delantera floja, cadena y pedales hechos una birria y portapaquetes trasero roto. Con unas herramientas que encontré por casa realicé algunos ajustes, que no evitan que la bici de marras continúe siendo un pedazo de chatarra inservible. Sigo siendo un puto peatón pero ahora con 10 euros menos y un ferviente odio hacia un negro sin laringe.
El viernes fue noche de fiesta a la mexicana. Se celebraba el quinto aniversario del restaurante donde el Chino y yo trabajamos, y allí nos reunimos todos los empleados y algunos amigos del negocio. Con barra libre de cerveza y tequila es fácil imaginar la que allí se montó. Recuerdos vagos: nuestro querido Juan con una máscara de luchador mexicano que le regalamos, Sabine y yo haciendo un baile a vida o muerte con el que casi nos desnucamos, Rafamán robando una bici que resultó ser de otro de los invitados, y sobre todo un hipo pertinaz que me entró y que, supongo yo, fue la causa de que me fuera a casa cuando todo el mundo decidió ir a comer un falafel. Como le mencioné al Chino en alguna ocasión, llegamos a Amsterdam a punto de pasar la primera noche en un parque y un mes y medio después formamos parte de una gran familia.
Y bueno, tras sufrir en mi persona el diluvio universal y llegar a casa empapado como una rana, al fin logré el dichoso SOFI number. Ahora que soy un trabajador legal a todos los efectos ya puedo aspirar a otro trabajo supuestamente mejor, pero en el que probablemente no me sentiré tan a gusto como lo estoy ahora. Algún día explicaré por qué ser fregaplatos es posiblemente el mejor de los quince trabajos que he desempeñado en mi vida. No es por el dinero, no es por el horario, no es por el desgaste físico. Es porque mis jefes y mis compañeros son, por encima de todo, mis amigos.
Allí le pregunté al típico negro de esquina que ofrece sustancias, el cual me llevó a su vez con otro negro aún más negro, más hecho polvo y que debía de tener algún problema de laringe porque su voz era parecida a la de un hamster. Tras hacerme dar vueltas por todo el barrio este sujeto me entorchó una bici aparentemente normal por el módico precio de 10 euros, desapareciendo como alma que lleva el diablo una vez cobrados los mismos. No había rodado ni cien metros cuando descubrí que había adquirido el Seat 600 de las bicis: rueda delantera floja, cadena y pedales hechos una birria y portapaquetes trasero roto. Con unas herramientas que encontré por casa realicé algunos ajustes, que no evitan que la bici de marras continúe siendo un pedazo de chatarra inservible. Sigo siendo un puto peatón pero ahora con 10 euros menos y un ferviente odio hacia un negro sin laringe.
El viernes fue noche de fiesta a la mexicana. Se celebraba el quinto aniversario del restaurante donde el Chino y yo trabajamos, y allí nos reunimos todos los empleados y algunos amigos del negocio. Con barra libre de cerveza y tequila es fácil imaginar la que allí se montó. Recuerdos vagos: nuestro querido Juan con una máscara de luchador mexicano que le regalamos, Sabine y yo haciendo un baile a vida o muerte con el que casi nos desnucamos, Rafamán robando una bici que resultó ser de otro de los invitados, y sobre todo un hipo pertinaz que me entró y que, supongo yo, fue la causa de que me fuera a casa cuando todo el mundo decidió ir a comer un falafel. Como le mencioné al Chino en alguna ocasión, llegamos a Amsterdam a punto de pasar la primera noche en un parque y un mes y medio después formamos parte de una gran familia.
Y bueno, tras sufrir en mi persona el diluvio universal y llegar a casa empapado como una rana, al fin logré el dichoso SOFI number. Ahora que soy un trabajador legal a todos los efectos ya puedo aspirar a otro trabajo supuestamente mejor, pero en el que probablemente no me sentiré tan a gusto como lo estoy ahora. Algún día explicaré por qué ser fregaplatos es posiblemente el mejor de los quince trabajos que he desempeñado en mi vida. No es por el dinero, no es por el horario, no es por el desgaste físico. Es porque mis jefes y mis compañeros son, por encima de todo, mis amigos.
Amigos
Estoy leyendo All The Way Down, un libro de Nick Hornby que encontre por casa. Trata sobre cuatro personas que deciden suicidarse en la ultima noche del año saltando desde un edificio de Archway, Londres. "Tus amigos son tu mundo", dice en un momento una de las suicidas. En los ultimos dos años y medio yo he pasado por varios de esos "mundos". Despues de mucho tiempo he vuelto a poner en el movil mi olvidada tarjeta Virgin y he rescatado los numeros de muchas personas que durante un tiempo, mas largo o mas corto, formaron mi mundo. Dada la imposibilidad de mandar un mensaje a cada uno, escogi a cinco "representantes" de diferentes lugares. Alguno de los mensajes se perdio por el camino.
El Chino dice que vivir es fabricar recuerdos. Hay veces que pienso que yo ya he fabricado demasiados.
La cancion de hoy es Through The Wire de Kanye West.
El Chino dice que vivir es fabricar recuerdos. Hay veces que pienso que yo ya he fabricado demasiados.
La cancion de hoy es Through The Wire de Kanye West.
Queer Eye For The Straight Guy
El mejor día desde que estoy en Amsterdam fue el sábado pasado. El día del Gay Parade, por cierto.
Fui con J y el Chino a Prinzengracht (cómo domino ya el holandés...) a tomar unas cervezas y ver los últimos rescoldos del desfile de botes por los canales. Desde tipos con mandiles y el culo al aire hasta indios que se follaban a las farolas, una concentración de freakies en toda regla. Y para freakies, nosotros.
Nos fuimos a una especie de sound system con un tipo pinchando y cientos de personas alrededor y decidimos quitarnos los complejos (y las camisetas) y empezar a hacer el mongolo. Compramos unos collares con los colores del arco iris a una vejestorio australiana (que ya se quedó con nosotros toda la tarde, bailando y tocándonos el culo) y hale, a mover un poco el esqueleto. Fingiendo ser gays, todo está permitido. El Chino le chupó el pezón a una con la que un rato antes yo me había estado comiendo un plátano a dos lenguas. Apareció por allí un alemán gordo y sudoroso con un silbato que no paraba de abrazarme, un chaval que se quería ligar al vejestorio, grupitos de chicas... En fin, que estuvimos todo el tiempo con gente de diverso pelaje fingiendo ser una pareja de novios (y además un poco locazas).
Cuando ya no quedaba nadie en el sound system llevé al Chino de paquete en su bici, suponiendo que tarde o temprano nos pegaríamos una piña pero hete aquí que llegamos sanos y salvos a nuestro destino. No sé muy bien cómo conocimos a una chica y un chico españoles que se hospedaban en el Hans Brinker, nuestro primer albergue, así que nos acoplamos a ellos y nos tomamos una cervecita en el que durante diez días fue nuestro hogar. De ahí recogimos a la Peña Pilones y nos fuímos a un bar de gays donde apenas quedaban gays y se podía tirar algún que otro trasto. Ya no recuerdo gran cosa de lo que pasó a esas horas, aunque el Chino me dice que a la española le robaron el bolso y yo seguía en mi mundo, hablando como Boris.
Tras diez horas de fiesta, y puesto que el Chino pinchó la rueda de mi gacela con ruedas días atrás, me fuí a casa solo como un vulgar peatón. Me dediqué todo el camino a intentar robar una bici pero quedó demostrado que no soy muy experto en esas lides. Si no me da un brutal ataque de pereza esta tarde le compraré una nueva a los yonkis, que tienen más clase y pericia.
En fin, que el Gay Parade resultó una gran fiesta con mucha diversión, mucho guarreo y sobre todo mucho buen humor, que hace falta. Salvo escasas excepciones todo el mundo estaba de muy buen rollo, sin tomarse en serio a sí mismos. Así que, por la simpatía demostrada, este blog se declara abiertamentente gay friendly.
Pero de ahí ya no pasa.
Fui con J y el Chino a Prinzengracht (cómo domino ya el holandés...) a tomar unas cervezas y ver los últimos rescoldos del desfile de botes por los canales. Desde tipos con mandiles y el culo al aire hasta indios que se follaban a las farolas, una concentración de freakies en toda regla. Y para freakies, nosotros.
Nos fuimos a una especie de sound system con un tipo pinchando y cientos de personas alrededor y decidimos quitarnos los complejos (y las camisetas) y empezar a hacer el mongolo. Compramos unos collares con los colores del arco iris a una vejestorio australiana (que ya se quedó con nosotros toda la tarde, bailando y tocándonos el culo) y hale, a mover un poco el esqueleto. Fingiendo ser gays, todo está permitido. El Chino le chupó el pezón a una con la que un rato antes yo me había estado comiendo un plátano a dos lenguas. Apareció por allí un alemán gordo y sudoroso con un silbato que no paraba de abrazarme, un chaval que se quería ligar al vejestorio, grupitos de chicas... En fin, que estuvimos todo el tiempo con gente de diverso pelaje fingiendo ser una pareja de novios (y además un poco locazas).
Cuando ya no quedaba nadie en el sound system llevé al Chino de paquete en su bici, suponiendo que tarde o temprano nos pegaríamos una piña pero hete aquí que llegamos sanos y salvos a nuestro destino. No sé muy bien cómo conocimos a una chica y un chico españoles que se hospedaban en el Hans Brinker, nuestro primer albergue, así que nos acoplamos a ellos y nos tomamos una cervecita en el que durante diez días fue nuestro hogar. De ahí recogimos a la Peña Pilones y nos fuímos a un bar de gays donde apenas quedaban gays y se podía tirar algún que otro trasto. Ya no recuerdo gran cosa de lo que pasó a esas horas, aunque el Chino me dice que a la española le robaron el bolso y yo seguía en mi mundo, hablando como Boris.
Tras diez horas de fiesta, y puesto que el Chino pinchó la rueda de mi gacela con ruedas días atrás, me fuí a casa solo como un vulgar peatón. Me dediqué todo el camino a intentar robar una bici pero quedó demostrado que no soy muy experto en esas lides. Si no me da un brutal ataque de pereza esta tarde le compraré una nueva a los yonkis, que tienen más clase y pericia.
En fin, que el Gay Parade resultó una gran fiesta con mucha diversión, mucho guarreo y sobre todo mucho buen humor, que hace falta. Salvo escasas excepciones todo el mundo estaba de muy buen rollo, sin tomarse en serio a sí mismos. Así que, por la simpatía demostrada, este blog se declara abiertamentente gay friendly.
Pero de ahí ya no pasa.
London On My Mind
Bueno, pues se marchó Nacho Pop tras una merienda-cena en casa con gente de México, Argentina, Chile, Perú, Venezuela, el Imperio, algún que otro holandés y una niña de 5 años que se empeñaba en jugar conmigo al escondite por las habitaciones. Más que Amsterdam hay días que esto parece algún lugar de Latinoamerica.
La visita de Nacho ha servido para recordar a muchos de los personajes que hicieron inolvidables los años universitarios en Salamanca, y muchas de las anécdotas que allí tuvieron lugar. Tengo por ahí escrito un top ten de anécdotas, y la del Chino con la zarpa tiene que entrar de cabeza. Tras una noche de fiesta, nuestro buen Chino se fue de vinos un domingo por la mañana calzando una zarpa de dinosaurio de peluche en uno de sus pies. Y claro, cuando te pones una zarpa de peluche y te tomas unos vinos, a quién te encuentras por la calle y te haces una foto con ella? Pues a la Duquesa de Alba, claro.
En los últimos días se está produciendo una ecuación que puede tener fatales consecuencias. Si sumamos que trabajo poco, que sigo sin conseguir una bici con la que no me deje los hígados cada vez que doy pedal, lo multiplicamos por el frío y lluvia que hay últimamente, y le restamos a Nacho Pop, el resultado es que paso tardes enteras sin salir de casa, acostándome muy tarde y levantándome aún más tarde. Tengo que conseguir alterar al menos uno de esos factores para no seguir hundiéndome en las arenas movedizas. Y ese factor tiene que ser comprarle una bici a los yonkis de una maldita vez.
Hoy se cumple un mes de nuestra llegada a Amsterdam con una mano delante y otra detrás. Suficiente tiempo para valorar en su justa medida la suerte que hemos tenido para encontrar un trabajillo, una casa y un grupo de amigos, las yo diría tres únicas cosas que hacen falta en la vida. Pero también es tiempo para comprobar que por detrás de los canales, de los coffee shops, de los barrios rojos y de las bicis se esconde una ciudad tan pequeña que en realidad parece un pueblo. Y yo en los pueblos me aburro pronto.
En los últimos días he tenido un par de confrontaciones con el Chino acerca del encanto de Londres. Para él, no tiene ninguno. Para mí, que alguien pueda decir eso es como si le metieran un dedo en el ojo a mi padre. He sido tan feliz en esa ciudad que le veo el encanto hasta a los bordillos. A lo mejor sólo soy yo, que me he creado esa ilusión de ciudad casi perfecta. El caso es que por primera vez desde que estoy en Amsterdam, siento morriña de Londres.
La visita de Nacho ha servido para recordar a muchos de los personajes que hicieron inolvidables los años universitarios en Salamanca, y muchas de las anécdotas que allí tuvieron lugar. Tengo por ahí escrito un top ten de anécdotas, y la del Chino con la zarpa tiene que entrar de cabeza. Tras una noche de fiesta, nuestro buen Chino se fue de vinos un domingo por la mañana calzando una zarpa de dinosaurio de peluche en uno de sus pies. Y claro, cuando te pones una zarpa de peluche y te tomas unos vinos, a quién te encuentras por la calle y te haces una foto con ella? Pues a la Duquesa de Alba, claro.
En los últimos días se está produciendo una ecuación que puede tener fatales consecuencias. Si sumamos que trabajo poco, que sigo sin conseguir una bici con la que no me deje los hígados cada vez que doy pedal, lo multiplicamos por el frío y lluvia que hay últimamente, y le restamos a Nacho Pop, el resultado es que paso tardes enteras sin salir de casa, acostándome muy tarde y levantándome aún más tarde. Tengo que conseguir alterar al menos uno de esos factores para no seguir hundiéndome en las arenas movedizas. Y ese factor tiene que ser comprarle una bici a los yonkis de una maldita vez.
Hoy se cumple un mes de nuestra llegada a Amsterdam con una mano delante y otra detrás. Suficiente tiempo para valorar en su justa medida la suerte que hemos tenido para encontrar un trabajillo, una casa y un grupo de amigos, las yo diría tres únicas cosas que hacen falta en la vida. Pero también es tiempo para comprobar que por detrás de los canales, de los coffee shops, de los barrios rojos y de las bicis se esconde una ciudad tan pequeña que en realidad parece un pueblo. Y yo en los pueblos me aburro pronto.
En los últimos días he tenido un par de confrontaciones con el Chino acerca del encanto de Londres. Para él, no tiene ninguno. Para mí, que alguien pueda decir eso es como si le metieran un dedo en el ojo a mi padre. He sido tan feliz en esa ciudad que le veo el encanto hasta a los bordillos. A lo mejor sólo soy yo, que me he creado esa ilusión de ciudad casi perfecta. El caso es que por primera vez desde que estoy en Amsterdam, siento morriña de Londres.