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Asturiano en Londres
Diario de periodicidad incierta sobre las aventuras de un chaval incierto
Acerca de
Dudas, amenazas y declaraciones de amor: asturlondres@gmail.com
Sindicación
 
Don't Talk About The 32nd Of December
Siempre me queda un sabor amargo cada vez que una de esas noches en las que me lo paso tan bien se termina y vuelvo a la realidad. No me gusta escribir cuando todo está tan reciente y a la vez tan lejano, y por eso lo he ido retrasando. Pero empezaré el año con optimismo y pensaré que sólo faltan 362 días para la próxima Nochevieja. Si estamos ahí ya.

Vagos recuerdos de la noche: volver a ver a Félix (o Funci, o Carcelero, o como te llames ahora) y compañía a los que no veía desde el verano; cubatas a 2,60 euros; seguir maquinando con Nacho Pop sobre la película de "Asturiano en Londres"; la cara de asco de la camarera al ir a pagarle con el guante de Freddy Krueger que me regaló Heli; hablar con Stibi y su empanada mental después de cinco años; "me gusta más la versión de Luis Aguilé", "¿la de quién? ¿la de Christina Aguilera?"; intentar llamar a ojo a una amiga cada vez más amiga sin tener su número; "Loaded" de Primal Scream en el Mubarak; "si vas a venir a Londres avísame que duermes en mi cama y yo en el suelo"; perder el jersey durante dos agónicos minutos; ¿decirle a una tía que yo quería ser como el protagonista de Trainspotting o soñarlo?; "Alone Again Or" de Love en el Soho...

Pero el momento clave llegó a las 10 de la mañana cuando estos tres intrépidos mozalbetes encontraron a una muchacha con la rueda del coche pinchada y ni cortos ni perezosos se dispusieron a cambiársela. Yo sólo recuerdo ponerme un peto homologado por si venía la madera, comer una manzana manchada de 3 en 1 que encontré en el maletero y lanzarle indirectas a un señor con perro. Supongo que mientras yo hacía mi número mis secuaces cambiaron la rueda. El caso es que esta chica tan simpática (¿Loli?) acabó llevándome a casa cuando ya no tenía otro medio de transporte para hacerlo. Y ahí se acabó la historia, tórridas mentes.

Hoy me ha llegado por correo un regalo precioso que me ha hecho muchísima ilusión. Me encantaría hablar en persona con quien me lo ha enviado, y agradecérselo, y darle un abrazo, y demostrarle que en el fondo sigo siendo el mismo a pesar de esos estúpidos ataques de soberbia de los que me arrepiento en el mismo momento de cometerlos. Pero eso, como casi todas las cosas buenas que me pasan, tendrá que esperar.
 
Comentario:
jo! cuanto misterio
No