amarga rugosa
Sí, sólo quiero verte bailar, a ti que el esqueleto conservas intacto. No preguntes, como todas mis respuestas va a ser difusa y contradictoria, tanto como la luz que envuelve tus manos, las que llevan una cerveza desde hace un buen rato. La miro y no se acaba, ¿estás bebiendo o regurgitando? Lo ves, lo he vuelto a hacer, cuestionando tus hábitos, señalándote sin saber que, tal vez, en lo más profundo de tu triste existencia, pueda existir una brizna de salero, perdido en toda la infamia que te rodea.
¿A quién quieres engañar? ¡Desde pequeño has odiado la cerveza! Esa amargura rugosa que te rodea la base de la lengua y tensa tus musculillos faciales obligándote a forzar una mueca de disgusto y repugnancia. Al final acabarás acostumbrándote, está claro, pero deja de hacer el ridículo en medio de este antro donde no ponen más que canciones pastelonas de los ochenta. Observa a tu alrededor. La gente las baila intentando fingir un falso gusto por lo que se supone que está de moda, por ser superguays. Y tú con tu cerveza en medio de la pista. Deja de pretender ser lo que no eres y arrástrate de una vez hasta mí. Espero que no vayas a pasar toda la noche ahí de plantón, espantapajáricamente tieso, tímido, encorvado, inepto.
Sólo hay que ver tu mirada, perdida en el horizonte de las luces verdirojas que te apuntan, como señalando un crimen que tu inocencia jamás ni sospecharía cometer, pero que acabarás pagando. Otros como tú que se mueven a destiempo, afectados por alguna neurotóxica ilegalidad no te hacen desviar la mirada de mí. Un peculiar escenario camaleónico de cuerpos hormonados. Un ambiente cargado de humo y sudor. Y yo. En medio de todo tu universo. Yo.

Y sabes qué te voy a decir?
Te diré que si deseas saborearme esta noche, tenerme sólo para ti, acapararme entre tus sueños(esos que jamás se cumplieron ni cumplirán), te diré: “¿por qué no?”.Tal vez pueda succionar un poco de tu triste inocencia, acariciar esa carne aterciopelada rebosante de juventud, jugar con tus pelos suavizados por algún cosmético barato, y prometerte el infinito. Seguro que darías tu alma por una pizca de atención.
Y aún sabiendo que soy un vampiro hambriento de incautos perdidos, y aún sabiéndote presa fácil de mis fauces, y aún siendo consciente de tu dolor y humillación cuando me harte de ti, aún así, vendrás a mí…estarás a mi merced…
…y serás feliz…
¿A quién quieres engañar? ¡Desde pequeño has odiado la cerveza! Esa amargura rugosa que te rodea la base de la lengua y tensa tus musculillos faciales obligándote a forzar una mueca de disgusto y repugnancia. Al final acabarás acostumbrándote, está claro, pero deja de hacer el ridículo en medio de este antro donde no ponen más que canciones pastelonas de los ochenta. Observa a tu alrededor. La gente las baila intentando fingir un falso gusto por lo que se supone que está de moda, por ser superguays. Y tú con tu cerveza en medio de la pista. Deja de pretender ser lo que no eres y arrástrate de una vez hasta mí. Espero que no vayas a pasar toda la noche ahí de plantón, espantapajáricamente tieso, tímido, encorvado, inepto.
Sólo hay que ver tu mirada, perdida en el horizonte de las luces verdirojas que te apuntan, como señalando un crimen que tu inocencia jamás ni sospecharía cometer, pero que acabarás pagando. Otros como tú que se mueven a destiempo, afectados por alguna neurotóxica ilegalidad no te hacen desviar la mirada de mí. Un peculiar escenario camaleónico de cuerpos hormonados. Un ambiente cargado de humo y sudor. Y yo. En medio de todo tu universo. Yo.

Y sabes qué te voy a decir?
Te diré que si deseas saborearme esta noche, tenerme sólo para ti, acapararme entre tus sueños(esos que jamás se cumplieron ni cumplirán), te diré: “¿por qué no?”.Tal vez pueda succionar un poco de tu triste inocencia, acariciar esa carne aterciopelada rebosante de juventud, jugar con tus pelos suavizados por algún cosmético barato, y prometerte el infinito. Seguro que darías tu alma por una pizca de atención.
Y aún sabiendo que soy un vampiro hambriento de incautos perdidos, y aún sabiéndote presa fácil de mis fauces, y aún siendo consciente de tu dolor y humillación cuando me harte de ti, aún así, vendrás a mí…estarás a mi merced…
…y serás feliz…
Habemus Papam
'Annuntio vobis gaudium magnum Habemus Papam'

La ceremonia papal ha sido realizada con éxito. Hemos seleccionado al elegido que se encargará de exterminar a aquéllos que pueden hacer frente a nuestra iglesia, aquellos que pueden exterminar todo y cuanto hemos ido construyendo durante siglos. Con un historial rozado por la causa nazi, estamos seguros de que será la persona que los erradicará finalmente. La Santísima Inquisición, revelada por Dios, ya los intentó exterminar de la faz de la tierra, mas no consiguió más que aumentar su número: se reproducen como ratas, siendo este hecho totalmente desconocido por esta Santa Casa, ya que son seres detestables contra natura y no pueden realizar el Acto que conlleva a la posterior concepción humana para la perpetuación de la especie.
No podemos consentir que sigan viviendo, debemos continuar la Buena Nueva que dictaron nuestros hermanos iluminados por la Inquisición, aquéllos que tuvieron la revelación del padre y que fueron conscientes de el peligro al que nos vemos expuestos ante tales existencias, dañinas tanto para la Santa Iglesia, como para el resto del mundo. Somos conscientes de que, en la actualidad, son inactivos, mas ya comienzan algunos a desplegar su gran potencial, un poder con capacidad de arrasar con ese mundo y borrar por siempre el control de la Iglesia sobre las mentes de los ciudadanos de a pie. Y ello no lo podemos permitir. Tal y como ya los definió nuestro Hermano Fundador, son “individuos superiores, con un intelecto desarrollado por encima de la media, que gozan de las mejores cualidades de hombre y de mujer, y almacenan un potencial nunca visto, con capacidad de realizar las más grandes proezas”.
Y esto, queridos hermanos, no podemos permitirlo. Si algún día descubrieran ese poder, poco podríamos hacer nosotros, seres de a pie, por que nos robaran el Imperio de la Manipulación y el Control de Masas, nuestro control mediático desaparecería como la espuma junto a nosotros, que seríamos juzgados bajo sus leyes.
Y esto podría ser una catástrofe, pues, como sabemos, el equilibrio en el planeta ha sido determinado siempre por la existencia e interacción de aquellos que mantienen el sistema, y aquellos que se aprovechan del sistema, bebiendo de él sin aportar nada a cambio, exprimiéndolo desconsideradamente para obtener beneficios y riquezas y contribuyendo a mantener la diferencia entre pobreza y riqueza en el mundo. ¡No podemos permitir que finalice este equilibrio dictado por Dios! ¿Qué pasaría si fueramos exterminados y sólo quedaran los de la primera especie? El mundo recibiría una sobreproducción masiva, una prosperidad tan grande que la chusma no podría soportar. Pero lo peor, es que ya no tendrían un pastor que les guiara por sus descarriados caminos, y comenzarían a pensar por ellos mismos, siendo esto un desastre para el cosmos que a todos nos rodea, pues tanta idea suelta desembocaría irremediablemente en un libertinaje solo digno de Sodoma y Gomorra. No podemos permitirlo.

Por ello, y como ya se estipuló en el Concilio de Trento: “ (…) y a partir de la puesta de sol del día de hoy, pasaremos a llamar Homosexuales a los antes llamados Neodioses, de forma que cual leprosos, sean reconocidos como enfermos y castigados por Dios, y por ello, marginados. Sólo así podremos mantener el equilibrio que la Santa Madre Iglesia desea para todos sus congéneres, una cabeza que guíe a tantas ovejas descarriadas que no deben tener más juicio que el que les dicte esta Sagrada Institución. Cuando veas un homosexual, le señalarás con el dedo, insultarás, marginarás y desplazarás de aquellos a los que llamarás normales, para contribuir así a su tristeza de forma que no puedan desarrollar su poder” (…)” , y viendo que se nos está yendo de las manos y cada vez van adquiriendo más importancia en la sociedad, dignidad, y podrían llegar al estatus que una vez tuvieron, e incluso abrir la mente del pueblo:
¡Debemos tomar medidas!
Es una lástima que no se nos permita condenarlos como herejes e introducirlos en el fuego de la purificación, pues eso sería la medida más económica, rápida, y reconocida por una sociedad que ama la violencia y el dolor (y que luego sea manipulada con lo contrario). Debemos intentar todo lo que esté en nuestras manos, y ello implica a todo cristiano a colaborar por una causa justa, y que hará el bien para todos.

Por ello, estamos preparando un V Encuentro Mundial de las Familias, con la misma finalidad que todos los demás: recordar a la sociedad que solamente puede y debe reconocer el modelo de familia que la Santa Iglesia (impone) predica, e intentar eliminar de las mentes ignorantes del populacho católico el modelo de otro tipo de familia entre las que se encuentran los ND. Es nuestro deber, queridos hermanos, luchar todos juntos contra aquellos que nos pueden arrebatar el poder.
No obstante, aunque esta desdicha pueda acaecernos, tenemos la tranquilidad de que, al final de los tiempos, arderán con nosotros en el Infierno.
Siempre en nombre de Dios. Amén.

La ceremonia papal ha sido realizada con éxito. Hemos seleccionado al elegido que se encargará de exterminar a aquéllos que pueden hacer frente a nuestra iglesia, aquellos que pueden exterminar todo y cuanto hemos ido construyendo durante siglos. Con un historial rozado por la causa nazi, estamos seguros de que será la persona que los erradicará finalmente. La Santísima Inquisición, revelada por Dios, ya los intentó exterminar de la faz de la tierra, mas no consiguió más que aumentar su número: se reproducen como ratas, siendo este hecho totalmente desconocido por esta Santa Casa, ya que son seres detestables contra natura y no pueden realizar el Acto que conlleva a la posterior concepción humana para la perpetuación de la especie.
No podemos consentir que sigan viviendo, debemos continuar la Buena Nueva que dictaron nuestros hermanos iluminados por la Inquisición, aquéllos que tuvieron la revelación del padre y que fueron conscientes de el peligro al que nos vemos expuestos ante tales existencias, dañinas tanto para la Santa Iglesia, como para el resto del mundo. Somos conscientes de que, en la actualidad, son inactivos, mas ya comienzan algunos a desplegar su gran potencial, un poder con capacidad de arrasar con ese mundo y borrar por siempre el control de la Iglesia sobre las mentes de los ciudadanos de a pie. Y ello no lo podemos permitir. Tal y como ya los definió nuestro Hermano Fundador, son “individuos superiores, con un intelecto desarrollado por encima de la media, que gozan de las mejores cualidades de hombre y de mujer, y almacenan un potencial nunca visto, con capacidad de realizar las más grandes proezas”.
Y esto, queridos hermanos, no podemos permitirlo. Si algún día descubrieran ese poder, poco podríamos hacer nosotros, seres de a pie, por que nos robaran el Imperio de la Manipulación y el Control de Masas, nuestro control mediático desaparecería como la espuma junto a nosotros, que seríamos juzgados bajo sus leyes.
Y esto podría ser una catástrofe, pues, como sabemos, el equilibrio en el planeta ha sido determinado siempre por la existencia e interacción de aquellos que mantienen el sistema, y aquellos que se aprovechan del sistema, bebiendo de él sin aportar nada a cambio, exprimiéndolo desconsideradamente para obtener beneficios y riquezas y contribuyendo a mantener la diferencia entre pobreza y riqueza en el mundo. ¡No podemos permitir que finalice este equilibrio dictado por Dios! ¿Qué pasaría si fueramos exterminados y sólo quedaran los de la primera especie? El mundo recibiría una sobreproducción masiva, una prosperidad tan grande que la chusma no podría soportar. Pero lo peor, es que ya no tendrían un pastor que les guiara por sus descarriados caminos, y comenzarían a pensar por ellos mismos, siendo esto un desastre para el cosmos que a todos nos rodea, pues tanta idea suelta desembocaría irremediablemente en un libertinaje solo digno de Sodoma y Gomorra. No podemos permitirlo.

Por ello, y como ya se estipuló en el Concilio de Trento: “ (…) y a partir de la puesta de sol del día de hoy, pasaremos a llamar Homosexuales a los antes llamados Neodioses, de forma que cual leprosos, sean reconocidos como enfermos y castigados por Dios, y por ello, marginados. Sólo así podremos mantener el equilibrio que la Santa Madre Iglesia desea para todos sus congéneres, una cabeza que guíe a tantas ovejas descarriadas que no deben tener más juicio que el que les dicte esta Sagrada Institución. Cuando veas un homosexual, le señalarás con el dedo, insultarás, marginarás y desplazarás de aquellos a los que llamarás normales, para contribuir así a su tristeza de forma que no puedan desarrollar su poder” (…)” , y viendo que se nos está yendo de las manos y cada vez van adquiriendo más importancia en la sociedad, dignidad, y podrían llegar al estatus que una vez tuvieron, e incluso abrir la mente del pueblo:
¡Debemos tomar medidas!
Es una lástima que no se nos permita condenarlos como herejes e introducirlos en el fuego de la purificación, pues eso sería la medida más económica, rápida, y reconocida por una sociedad que ama la violencia y el dolor (y que luego sea manipulada con lo contrario). Debemos intentar todo lo que esté en nuestras manos, y ello implica a todo cristiano a colaborar por una causa justa, y que hará el bien para todos.

Por ello, estamos preparando un V Encuentro Mundial de las Familias, con la misma finalidad que todos los demás: recordar a la sociedad que solamente puede y debe reconocer el modelo de familia que la Santa Iglesia (impone) predica, e intentar eliminar de las mentes ignorantes del populacho católico el modelo de otro tipo de familia entre las que se encuentran los ND. Es nuestro deber, queridos hermanos, luchar todos juntos contra aquellos que nos pueden arrebatar el poder.
No obstante, aunque esta desdicha pueda acaecernos, tenemos la tranquilidad de que, al final de los tiempos, arderán con nosotros en el Infierno.
Siempre en nombre de Dios. Amén.
Zero Absoluto
Y tras alcanzar el cero absoluto nuestros cuerpos se quedarán inmóviles.

Al llegar a esos -273 ºC un abrazo eterno ratificará lo que, aún con vida, quisimos lograr.
Ningún químico se atreverá a decir que no hemos podido conseguir esa ausencia de calor porque él también habrá quedado paralizado, también su termómetro y sus ganas de decir que éramos incapaces.
Todo quieto, ningún ser en movimiento, ninguna molécula ni átomo que la componga, electrones que cesan su mágica danza para dejar de dar vida a todo cuanto existe.
Ni siguiera tus pensamientos de viajar a la playa este verano al acabar de estudiar los terpenos y esteroides, para así poder estar conmigo, se librarán de su fatal y gélido futuro. Ni siquiera tus cabellos en estropajo sobrevivirán, ellos, que aún sabiendo que adquirirán una textura aún más rebelde, gozan al moverse con el viento del este… Tus sueños, tu puente donde vivirás a los 50, tus inquietudes, tu hámster, tus tres flores que se riegan a diario, tus payasadas, tus ambiciones, el autobús que te lleva a Aragón… todo ello quedará bajo un nido de escarcha y desolación…
Pero no morirán! Nada morirá! Porque la Muerte también se habra congelado! Agarrada a su guadaña, la parca yacerá en su nube de inmundidad, negra como el hollín. Sus dedos parecerán agrietados, curtidos por el paso de los años y del continuo trabajo de cosechas. Duras cosechas. Y…¿no dicen que a los vivos se nos sucede el extraño fluir de imágenes de nuestros momentos al ser segados por la parca? Pues a ella le pasará entonces, cero grados Kelvin, cuando verá esos momentos en los que tuvo que resquebrajar sus manos, bajo el sol candente, sudando, menos doscientos seteinta y tres Celsius, recordará la 1ª Guerra Mundial, menos cuatrocientos cincuenta y nueve coma sesenta y siente Fahrenheit, recordará tu muerte, RECORDARÁ QUE HOY TE TOCABA A TI…pero…
...¡estará congelada!


Al llegar a esos -273 ºC un abrazo eterno ratificará lo que, aún con vida, quisimos lograr.
Ningún químico se atreverá a decir que no hemos podido conseguir esa ausencia de calor porque él también habrá quedado paralizado, también su termómetro y sus ganas de decir que éramos incapaces.
Todo quieto, ningún ser en movimiento, ninguna molécula ni átomo que la componga, electrones que cesan su mágica danza para dejar de dar vida a todo cuanto existe.
Ni siguiera tus pensamientos de viajar a la playa este verano al acabar de estudiar los terpenos y esteroides, para así poder estar conmigo, se librarán de su fatal y gélido futuro. Ni siquiera tus cabellos en estropajo sobrevivirán, ellos, que aún sabiendo que adquirirán una textura aún más rebelde, gozan al moverse con el viento del este… Tus sueños, tu puente donde vivirás a los 50, tus inquietudes, tu hámster, tus tres flores que se riegan a diario, tus payasadas, tus ambiciones, el autobús que te lleva a Aragón… todo ello quedará bajo un nido de escarcha y desolación…
Pero no morirán! Nada morirá! Porque la Muerte también se habra congelado! Agarrada a su guadaña, la parca yacerá en su nube de inmundidad, negra como el hollín. Sus dedos parecerán agrietados, curtidos por el paso de los años y del continuo trabajo de cosechas. Duras cosechas. Y…¿no dicen que a los vivos se nos sucede el extraño fluir de imágenes de nuestros momentos al ser segados por la parca? Pues a ella le pasará entonces, cero grados Kelvin, cuando verá esos momentos en los que tuvo que resquebrajar sus manos, bajo el sol candente, sudando, menos doscientos seteinta y tres Celsius, recordará la 1ª Guerra Mundial, menos cuatrocientos cincuenta y nueve coma sesenta y siente Fahrenheit, recordará tu muerte, RECORDARÁ QUE HOY TE TOCABA A TI…pero…
...¡estará congelada!

5 pesetas

Qué duro es descubrir que una tela de araña no es lo suficientemente resistente como para que un elefante se balancee sobre ella.
Qué duro es ver como crecen puntitos negros en tu mentón después de una noche de fiesta y depravación en la que tu cara lucía como un bonito culo de bebé y eras deseado por media discoteca y parte de la otra. Otra vez a irritar tu cara con la Mach3 y el aftershave… Otra masacre de células cutáneas. No ganamos para hacerlas procrear.
Qué duro es conectar con tu yo y desconectar porque suena el teléfono
Que duro es querer a alguien y no poder tenerlo. Que duro es que te quieran y no te puedan tener… … ¡aún peor si es recíproco!
Qué duro es pensar que eres bueno y darte de bruces con alguien mejor, aunque ya lo hubieses sospechado.
Qué duro es decir “this way, mind your head” y descubrir que tu voz nunca será la de Najwa.
Qué duro es descubrir que si no te levantas de tu mullida, cómoda, blandita y arropadora cama ahora mismo, no lo harás en una hora, ni en dos, ni en toda la tarde que tienes libre. Se está tan bien que te apetecerá perder medio día de tu vida aun sabiendo que te arrepentirás más tarde… Todas las cosas que podrías haber hecho!
Qué duro es pensar en ti, y que tú no lo estés haciendo.
Qué duro es decir que es duro, y releerlo, y autocompadecerte, y ver que tu estado es penoso.
Qué duro es lavar la ropa, secarla, y que cuando te la vayas a poner huela a húmedo.
Qué duro es mirarte al espejo y ver que ha nacido un huésped indeseado bajo tu piel, redondo y amarillo.
Qué duro es descubrir que has escrito con v el verbo haber
Qué duro es querer y no estar enamorado
Que duro es tocar una teta perfecta de mujer grande y dura, estrujarla,
comprobar su textura y ver que te gusta el tacto, que la tocarías toda la noche, pero que no te excita.
Qué duro es encender un cigarrillo y ver que se ha consumido sin haberle dado más de dos caladas.
Qué duro es estar solo y tener frío. Abrazar a la almohada y pensar que está aquí para abrir los ojos y descubrir que es un trozo de tela sudado.
Qué duro…

…
Pero qué bonita la vida aún habiendo cosas duras. Le hacen a uno apreciar más aún las cosas agradables.
"Reflejo"

Resquebrajándose
Aún le quedaban bastantes años de vida pero ya le fluctuaban pelillos blancos en su cogote, dirección babor (y unos poco estribor). La gente de la calle no le consideraba un hombre excesivamente mayor. La gente de la avenida tal vez un pelín pasado de edad.
El caso es que a este hombre, señor, chico, o tómese la nomenclatura con la que más cómodo se sintiese nuestro sujeto, volvía de hacer deporte. Estaba cansado. Sus brazos, poderosos ya por naturaleza, fibrados como regalo divino, flaqueaban y desfallecían por el mero hecho de llevarse la mochila al hombro, una mochila cargada con un libro que había cogido esa misma tarde, a eso de las dos, cuando todo el mundo comía. Y es que le gustaba transitar por las calles intentando estar lo más solo posible. Comulgaba con el silencio y a su vez éste le admiraba por respetarle como nadie. Se puede decir que era un varón sosegado, taciturno, pero no por ello apagado, sino que en él se apreciaba una energía y un ímpetu como nadie jamás había visto, una energía que irradiaba a los cuatro vientos en el transcurrir de su vida, pero de una forma tan efímera, tan sutil, que podría decirse que vivía en otro mundo.
…y de hecho lo hacía…

Y es que como cada noche par en el calendario, al llegar a casa después de tal esfuerzo físico, y buscando la afinidad con el sosiego, abría la ventana cuidadosamente, evitando los ruidos; luego miraba a derecha y a izquierda, y luego otra vez a la derecha. Inmediatamente después, trepaba por la mesa que yace en su escritorio adjunta a la ventana, y se deslizaba hacia el alféizar con la vista fija en el horizonte. Los ojos se le encendían y parecían describir un brillo especial que giraba y giraba alrededor de su iris, como si un punto brillante intentara describir un círculo contínuo y tuviese prisa por rodar a su alrededor para que el rastro de luz que emitía no muriera mientras él estaba dando la vuelta. A continuación, daba un paso al frente, y justo cuando estaba a punto de caer ¡desplegaba unas preciosas alas aterciopeladas blancas, al compás de un sinfín de plumas que volaban arrancadas de la base de aquellos inusuales miembros! Plumas que describían círculos vívidos y turbulentos alrededor de aquella extraña presencia.
Y agitando las alas con una elegancia inconfundible, propia de los que son como él, volaba a apenas metros de distancia sobre esa nocturna e iluminada ciudad. Atravesaba parques, surcaba edificios, se acercaba al mar… y todo ello lo hacía con una única finalidad: sentir el frío…. Sentir la soledad… sentirse vivo…. Sentir que él es el único que está disfrutando ese momento… ¡sí! Sentirse único. Un perpetuo anhelo en cualquier miembro de la humanidad.
Pero aquella noche hizo algo que NECESITABA hacer. No era por capricho. No era por casualidad. Lo necesitaba.
Impulsó su tórax hacia el cielo, y dando una vuelta hacia atrás cual acróbata del más bello espectáculo, atravesó la ciudad en búsqueda de la catedral. Una vez en lo más alto voló sigilosamente hacia la cornisa que daba al norte mientras admiraba el esplendor barroco de tal sublime obra de arte arquitectónico. Con un golpe de talón aterrizó en un recinto en el tejado donde se encontraban cuatro gárgolas. Esos seres de piedra parecían mirar al infinito, con un porte formal y agresivo, que prevenía a todo aquel que osara al acercarse a ellas. El hombre alado rozó suavemente la cabeza de la tercera. La gárgola respondió al contacto con un ronroneo, el cual nunca nadie podría haber imaginado que saldría de tal despreciable ser. Posteriormente el hombre pasó su mano por la frente de la gárgola, bajando hasta sus colmillos, rozando su cuello. A continuación desvió la trayectoria de su palpitante mano hacia la parte genital de la gárgola. Tenía un falo enorme, robuso, erecto como nunca. El hombre sonrió, y le apretó el glande. Estaba áspero y frío. Mientras lo hacía se dio cuenta de que él también había tenido una erección: estaba cachondo. El monstruo tembló cuando le agarró fuerte el pene y estrujándolo abarcó toda su envergadura con un movimiento hacia la base del mismo. La piedra de la gárgola se resquebrajaba, pero nada podía hacer el monstruo que veía como se agrietaba bajo espasmos de placer cada vez que el hombre alado agarraba su miembro frío y rígido y lo pajeaba con ímpetu, con fuerza.

Cuando se cansó de masturbar a la gárgola, se sentó a unos metros de ella, dispuesto a deleitarse con el espectáculo, tal vez más impaciente que las primeras veces que lo vio. La estatua abandonó su naturaleza estática para arrancar los pies del podio en el que se encontraba, y como si de un ritual mágico se tratara, se abalanzó muy, muy lentamente hacia otra gárgola que ya se retorcía de deseo. Poco a poco acercó su falo al ano de aquella otra, y fue penetrandola con movimientos adustos, hoscos y brutalmente aparatosos. La otra parecía estar muriendo de dolor, pero era incapaz de emitir sonidos. En el vaivén de pelvis se denotaba pasión escondida a lo largo del tiempo, como si fuera algo prohibido que al realizarse aporta un placer extra al que ya se sentía. Y es que a cada penetración entraban oleadas de placer más intensas, hasta el punto en que escalofríos helados y electrizantes llegaban a la nuca de la gárgola pasiva y se distribuían por cuerpo y extremidades.
Mientras tanto el ángel se masturbaba. Lo hacía con tanto ímpetu que corría el peligro de sufrir un desgarro en el frenillo. Su polla chorreaba, se lubricaba sin control de forma antinatural. Sus testículos, con las venas hinchadas, grandes, saltaban juguetones a cada embestida que su mano propiciaba. Pero no le importaba nada. Le daba igual todo en el mundo, porque luego le tocaría a él ser follado bruscamente por la gárgola. Y esperaba impaciente el momento en que aquel coloso acabara con las tres gárgolas para que después le penetra a él y ambos se corrieran juntos en un colofón de placer
…de deseo,
……de tentación,
……….de lujuria
………….de goce
……………..de pasión

"Reflejo"
El caso es que a este hombre, señor, chico, o tómese la nomenclatura con la que más cómodo se sintiese nuestro sujeto, volvía de hacer deporte. Estaba cansado. Sus brazos, poderosos ya por naturaleza, fibrados como regalo divino, flaqueaban y desfallecían por el mero hecho de llevarse la mochila al hombro, una mochila cargada con un libro que había cogido esa misma tarde, a eso de las dos, cuando todo el mundo comía. Y es que le gustaba transitar por las calles intentando estar lo más solo posible. Comulgaba con el silencio y a su vez éste le admiraba por respetarle como nadie. Se puede decir que era un varón sosegado, taciturno, pero no por ello apagado, sino que en él se apreciaba una energía y un ímpetu como nadie jamás había visto, una energía que irradiaba a los cuatro vientos en el transcurrir de su vida, pero de una forma tan efímera, tan sutil, que podría decirse que vivía en otro mundo.
…y de hecho lo hacía…

Y es que como cada noche par en el calendario, al llegar a casa después de tal esfuerzo físico, y buscando la afinidad con el sosiego, abría la ventana cuidadosamente, evitando los ruidos; luego miraba a derecha y a izquierda, y luego otra vez a la derecha. Inmediatamente después, trepaba por la mesa que yace en su escritorio adjunta a la ventana, y se deslizaba hacia el alféizar con la vista fija en el horizonte. Los ojos se le encendían y parecían describir un brillo especial que giraba y giraba alrededor de su iris, como si un punto brillante intentara describir un círculo contínuo y tuviese prisa por rodar a su alrededor para que el rastro de luz que emitía no muriera mientras él estaba dando la vuelta. A continuación, daba un paso al frente, y justo cuando estaba a punto de caer ¡desplegaba unas preciosas alas aterciopeladas blancas, al compás de un sinfín de plumas que volaban arrancadas de la base de aquellos inusuales miembros! Plumas que describían círculos vívidos y turbulentos alrededor de aquella extraña presencia.
Y agitando las alas con una elegancia inconfundible, propia de los que son como él, volaba a apenas metros de distancia sobre esa nocturna e iluminada ciudad. Atravesaba parques, surcaba edificios, se acercaba al mar… y todo ello lo hacía con una única finalidad: sentir el frío…. Sentir la soledad… sentirse vivo…. Sentir que él es el único que está disfrutando ese momento… ¡sí! Sentirse único. Un perpetuo anhelo en cualquier miembro de la humanidad.
Pero aquella noche hizo algo que NECESITABA hacer. No era por capricho. No era por casualidad. Lo necesitaba.
Impulsó su tórax hacia el cielo, y dando una vuelta hacia atrás cual acróbata del más bello espectáculo, atravesó la ciudad en búsqueda de la catedral. Una vez en lo más alto voló sigilosamente hacia la cornisa que daba al norte mientras admiraba el esplendor barroco de tal sublime obra de arte arquitectónico. Con un golpe de talón aterrizó en un recinto en el tejado donde se encontraban cuatro gárgolas. Esos seres de piedra parecían mirar al infinito, con un porte formal y agresivo, que prevenía a todo aquel que osara al acercarse a ellas. El hombre alado rozó suavemente la cabeza de la tercera. La gárgola respondió al contacto con un ronroneo, el cual nunca nadie podría haber imaginado que saldría de tal despreciable ser. Posteriormente el hombre pasó su mano por la frente de la gárgola, bajando hasta sus colmillos, rozando su cuello. A continuación desvió la trayectoria de su palpitante mano hacia la parte genital de la gárgola. Tenía un falo enorme, robuso, erecto como nunca. El hombre sonrió, y le apretó el glande. Estaba áspero y frío. Mientras lo hacía se dio cuenta de que él también había tenido una erección: estaba cachondo. El monstruo tembló cuando le agarró fuerte el pene y estrujándolo abarcó toda su envergadura con un movimiento hacia la base del mismo. La piedra de la gárgola se resquebrajaba, pero nada podía hacer el monstruo que veía como se agrietaba bajo espasmos de placer cada vez que el hombre alado agarraba su miembro frío y rígido y lo pajeaba con ímpetu, con fuerza.

Cuando se cansó de masturbar a la gárgola, se sentó a unos metros de ella, dispuesto a deleitarse con el espectáculo, tal vez más impaciente que las primeras veces que lo vio. La estatua abandonó su naturaleza estática para arrancar los pies del podio en el que se encontraba, y como si de un ritual mágico se tratara, se abalanzó muy, muy lentamente hacia otra gárgola que ya se retorcía de deseo. Poco a poco acercó su falo al ano de aquella otra, y fue penetrandola con movimientos adustos, hoscos y brutalmente aparatosos. La otra parecía estar muriendo de dolor, pero era incapaz de emitir sonidos. En el vaivén de pelvis se denotaba pasión escondida a lo largo del tiempo, como si fuera algo prohibido que al realizarse aporta un placer extra al que ya se sentía. Y es que a cada penetración entraban oleadas de placer más intensas, hasta el punto en que escalofríos helados y electrizantes llegaban a la nuca de la gárgola pasiva y se distribuían por cuerpo y extremidades.
Mientras tanto el ángel se masturbaba. Lo hacía con tanto ímpetu que corría el peligro de sufrir un desgarro en el frenillo. Su polla chorreaba, se lubricaba sin control de forma antinatural. Sus testículos, con las venas hinchadas, grandes, saltaban juguetones a cada embestida que su mano propiciaba. Pero no le importaba nada. Le daba igual todo en el mundo, porque luego le tocaría a él ser follado bruscamente por la gárgola. Y esperaba impaciente el momento en que aquel coloso acabara con las tres gárgolas para que después le penetra a él y ambos se corrieran juntos en un colofón de placer
…de deseo,
……de tentación,
……….de lujuria
………….de goce
……………..de pasión

"Reflejo"

Paparruchas!

Acabo de abrir el envoltorio dorado que cubre esa bomba de grasa de manera ostentosa. No recuerdo cuánto tiempo llevaba la caja en mi armario, y tampoco sé porque he decidido que hoy sería el día de abrirla. Tal vez sea porque a pesar de negarme a reconocerlo hoy es el día de San Valentín, hoy por fin lo celebro comiéndome sin piedad todos los recuerdos que algún día me unieron a ti. Saben dulce, ¿sabes? Están deliciosos aunque sepa que no me convienen…Feliz día.
¿Feliz día?.... Paparruchas… ¿estás seguro de que deseas regalar esa pseudofelicidad a alguien que ni siquiera es capaz de regalarte una caja de bombones? ¿Te crees que me chupo el dedo?... tal vez no lo sepas, pero además de tener un precioso traje de oro por una parte y de plata por la otra, los bombones tenemos un pequeño corazoncito de avellana, que sufre, llora y anhela el calor que todos necesitáis, todos los pequeños indefensos como vosotros que sois incapaces de sobrevivir más de dos días y medio sin un brazo que rodee suavemente vuestros cuerpos y os recuerden que no estáis solos en este mundo. Y por eso codicio tu protectora boca húmeda y calentita. Quiero fundirme en tu paladar, regocijarme en tus papilas, y jugar con ellas hasta el momento en que tus succiones intensas afanosas de extraer todo el sabor que te puedo ofrecer hagan que me desintegre, que me funda contigo, que seamos parte de la misma existencia.
Ahora haz el favor de ponerte ese viejo perfume que guardas en el recuerdo de tu viejo baúl del disfraz de payaso. Échatelo todo, malgástalo, y huele a ella hasta que te den arcadas sus vapores. Luego sal a la calle, rompe la vieja botella vacía, pero sobre todo, por encima de todo, no olvides preguntarle lo que sentía mientras extraías sus entrañas y las imprimías en tu dermis. Tal vez descubras que no eres el único al que contar dos más dos te da cinco.
"Reflejo"
"Transparencia"
Drosophila Mueretegáster
…sólo alguien que denomine al Messenger como “la maquinita de las ventanas acosadoras, parpadeantes y naranjas” podrá enamorarte…
Defines el amor como nadie nunca lo ha hecho, además de cómo algo inalcanzable por ti, y te crees especial por ello, como con tantas otras cosas… serás egocéntrica. ¡Mosca ilusa! Vagas por las heces de una sociedad pusilánime que se conforma con llamar normal a aquello que no teme. Mosca mala, que detestas lo seguro por miedo a que te de inseguridad, ¡que odias los sentimientos positivos por pavor a que algún día ya no signifiquen lo mismo que significaron en aquella ocasión! ¡Y no debes ser tan miedica! ¡Tonta! ¡Imbécil! ¡Mosca!
Algún día te darás cuenta de todo el tiempo que has perdido, y querrás volver a ser una larva sucia, mohosa, mugrienta y sarnosa, pero aún inocente, libre de todo pecado.
-Deja de vagar ya, deja de picotear de aquí para allá- diría tu madre que apenas tiene dos días más que tú, de los tres que dispones. Y ella es más sabia, mosca tonta, tiene las alas muchísimo más curtidas y exuberantemente bellas. Tú tienes alas de puta, de rompecorazones, de calientapollas, y por ello te crees superior. ¡Mosca tonta!. Esas alas que algún día te arrancarán, como los cuervos que arrancaron los ojos de aquel que los crió. Cuidado que no se te vuelvan contra ti. Cuidado, porque ese día estarás perdida. Y lo sabes, pero te da absolutamente igual. Te metes los consejos por tu negras e impuras fauces, que a saber los falos y deyecciones que habran degustado (y babeado vehementemente) a estas alturas…

¡Si ya en el estado de crisálida te creías que dominabas el Universo! Metida en el impío mundo de tu capullo translúcido y protegedor, te llegaste a creer que toda la creación esperaba tu salida triunfal. Te considerabas diosa y señora de todo lo creado, y total que luego ibas a ser una estúpida e insignificante mosca. ¡Mosca tonta! ¡Cómo te odio! Te odio porque te pareces a mi. ¡Por eso te odio tanto! Deja ya este juego insustancial y únete con tus hermanas a la realidad. Aunque…¿quién sabe si no será mejor que permanezcas en tu universo de ilusiones y deseos? ¿tal vez todas las almas a las que has jodido se retuerzan en sus ataúdes polvorientos y se lancen hacia ti Y TE ARRANQUEN LA PIEL. Sólo Dios sabe cómo me encantaría verte despellejada, tus vísceras sobre una tela rasposa para afilar carboncillo, tus ojos sobre un platito de bordados de plata, dispuestos para una ofrenda satánica. Te odio una vez más si puede ser. Te mataría. ¡Te desnucaría, te apedrearía, torturaría, aplastaría, erradicaría del cosmos! ¡Eres un desastre para los ecosistemas! Lo único que haces es aprovecharte de todo y todos, sin aportar más que tus mierdas! Unas mierdas en las que me regocijo, pues estan colmadas de virus que destruirían toda tu especie, y que pasarán a la mía de aquí no mucho tiempo. Pero tú perteneces a una plaga inmortal, y a ti no te importa ni siquiera eso .Total, a ti ya no te importa nada: vas a morir muy pronto, voy a coger el matamoscas más feo y deforme que haya en mi hogar, enrobinado de los usos perpetuos en una casa de campo, y voy a MATARTE de una vez. ¡Joder! ¡Me dejas con tus deshechos! ¡Con tus sandeces! ¡Con tus estupideces juveniles! ¿Y te crees que voy a aguantarte? Ni lo sueñes. ¡Inmadura! ¡Desgraciada!

¿Duermes? ¿Cómo coño puedes dormir después de todo lo que te he dicho? ¿Otra vez vas a hacermelo? ¡Mosca tonta! ¡Otra vez tengo que hacerte la misma explicación una y otra, y otra vez? ¡Y luego me saldrás por peteneras como siempre! Eres despreciable, lo peor que ha podido existir nunca… y sin embargo estoy escribiendo sobre ti…¿por qué será? ¿...tal vez tengamos aprecio por lo despreciable…? …¿…?
Repugnante… ahora roncas…
… y los mocos te chorrean por la barbilla… y se fusionan con los pelos de tu pata delantera
…y una sustancia hinchada y blanquecina mana de tu bolsa escrotal…
… y no te callas…
¡¡¡Silencio….!!!
¿¡Por que no dejas de repetir siempre lo mismo!?

¿¿¿Por qué no dejas de repetir…que… que…
… que
"Reflejo"
Defines el amor como nadie nunca lo ha hecho, además de cómo algo inalcanzable por ti, y te crees especial por ello, como con tantas otras cosas… serás egocéntrica. ¡Mosca ilusa! Vagas por las heces de una sociedad pusilánime que se conforma con llamar normal a aquello que no teme. Mosca mala, que detestas lo seguro por miedo a que te de inseguridad, ¡que odias los sentimientos positivos por pavor a que algún día ya no signifiquen lo mismo que significaron en aquella ocasión! ¡Y no debes ser tan miedica! ¡Tonta! ¡Imbécil! ¡Mosca!
Algún día te darás cuenta de todo el tiempo que has perdido, y querrás volver a ser una larva sucia, mohosa, mugrienta y sarnosa, pero aún inocente, libre de todo pecado.-Deja de vagar ya, deja de picotear de aquí para allá- diría tu madre que apenas tiene dos días más que tú, de los tres que dispones. Y ella es más sabia, mosca tonta, tiene las alas muchísimo más curtidas y exuberantemente bellas. Tú tienes alas de puta, de rompecorazones, de calientapollas, y por ello te crees superior. ¡Mosca tonta!. Esas alas que algún día te arrancarán, como los cuervos que arrancaron los ojos de aquel que los crió. Cuidado que no se te vuelvan contra ti. Cuidado, porque ese día estarás perdida. Y lo sabes, pero te da absolutamente igual. Te metes los consejos por tu negras e impuras fauces, que a saber los falos y deyecciones que habran degustado (y babeado vehementemente) a estas alturas…

¡Si ya en el estado de crisálida te creías que dominabas el Universo! Metida en el impío mundo de tu capullo translúcido y protegedor, te llegaste a creer que toda la creación esperaba tu salida triunfal. Te considerabas diosa y señora de todo lo creado, y total que luego ibas a ser una estúpida e insignificante mosca. ¡Mosca tonta! ¡Cómo te odio! Te odio porque te pareces a mi. ¡Por eso te odio tanto! Deja ya este juego insustancial y únete con tus hermanas a la realidad. Aunque…¿quién sabe si no será mejor que permanezcas en tu universo de ilusiones y deseos? ¿tal vez todas las almas a las que has jodido se retuerzan en sus ataúdes polvorientos y se lancen hacia ti Y TE ARRANQUEN LA PIEL. Sólo Dios sabe cómo me encantaría verte despellejada, tus vísceras sobre una tela rasposa para afilar carboncillo, tus ojos sobre un platito de bordados de plata, dispuestos para una ofrenda satánica. Te odio una vez más si puede ser. Te mataría. ¡Te desnucaría, te apedrearía, torturaría, aplastaría, erradicaría del cosmos! ¡Eres un desastre para los ecosistemas! Lo único que haces es aprovecharte de todo y todos, sin aportar más que tus mierdas! Unas mierdas en las que me regocijo, pues estan colmadas de virus que destruirían toda tu especie, y que pasarán a la mía de aquí no mucho tiempo. Pero tú perteneces a una plaga inmortal, y a ti no te importa ni siquiera eso .Total, a ti ya no te importa nada: vas a morir muy pronto, voy a coger el matamoscas más feo y deforme que haya en mi hogar, enrobinado de los usos perpetuos en una casa de campo, y voy a MATARTE de una vez. ¡Joder! ¡Me dejas con tus deshechos! ¡Con tus sandeces! ¡Con tus estupideces juveniles! ¿Y te crees que voy a aguantarte? Ni lo sueñes. ¡Inmadura! ¡Desgraciada!

¿Duermes? ¿Cómo coño puedes dormir después de todo lo que te he dicho? ¿Otra vez vas a hacermelo? ¡Mosca tonta! ¡Otra vez tengo que hacerte la misma explicación una y otra, y otra vez? ¡Y luego me saldrás por peteneras como siempre! Eres despreciable, lo peor que ha podido existir nunca… y sin embargo estoy escribiendo sobre ti…¿por qué será? ¿...tal vez tengamos aprecio por lo despreciable…? …¿…?
Repugnante… ahora roncas…
… y los mocos te chorrean por la barbilla… y se fusionan con los pelos de tu pata delantera
…y una sustancia hinchada y blanquecina mana de tu bolsa escrotal…
… y no te callas…
¡¡¡Silencio….!!!
¿¡Por que no dejas de repetir siempre lo mismo!?

¿¿¿Por qué no dejas de repetir…que… que…
… que
me amas locamente,
…queme quieres como nunca has querido a nadie
…???"Reflejo"

Entre perros y crepúsculos
El perro negro, grande, elegante, con su porte formal que embellecía toda la acera de aquella gran avenida universitaria, con nombre del escritor de Cañas y Barro, comenzó a ladrar descontroladamente ante la incrédula mirada de su pintoresca ama, la cual no conseguía dominar los impulsos frenéticos de su canino amigo que se dirigía irremediablemente al hombre misterioso, cámara de video última tecnología en mano. Tal vez en ese momento, la propietaria del espontáneo y enorme animal, hubiera deseado tener un perrito de bolsillo, aún no por ello menos elegante. ¿Quién sabe el porqué de aquella perruna reacción? Tal vez sea verdad aquello de que los animales pueden oler la maldad en las personas, y tal vez aquel perro prevenía a la gente de no acercarse demasiado a aquel hombre (en aquel momento menos perplejo de lo que debería estar por la situación, tal vez acostumbrado a ese tipo de reacciones), para evitar alguna posible malquerencia inducida por el extraño sujeto. No sería eso lo que estaría pensando la dueña, ni en el momento en que estaba desgarrándose las células del epitelio de su mano al frotar, mientras agarraba fuertemente,contra la cuerda rasposa, ni en ningún momento: se consideraba una persona libre de las ataduras de la superstición, e infravaloraba a todo aquel que tuviese creencias esotéricas, ocultistas, mágicas, o simplemente que consultase el horóscopo todas las mañanas en la 20minutos que recogía en la esquina de siempre, de la mano de la chica de siempre, a la hora de siempre.

El chico de mochila azul había permanecido observando la escena, impactado en principio, pero abandonando la visión del temerario perro a medida que sus decididos pasos, marcados por el ritmo que invadía constantemente su cuerpo, pasos melódicos y constantes que no se detenían por nada, avanzaban sin dilación ni consideración alguna: tenía ganas de llegar a casa y escribir lo que estaba sintiendo.
Últimamente había estado flotando en un mundo imaginario, pero tan real que era capaz de asustar incluso al menos asustadizo. Cuando caminaba por las aceras, le encantaba oler el aire otoñal, que le brindaba briznas de aire fresco, mezcladas con bocanadas de respiraciones de ajetreados ciudadanos y suspiros marítimos, ya que no se encontraba muy lejos del Mediterráneo en aquella rancia, sosa, pero bella ciudad: Valencia. En sus paseos a velocidades casi cósmicas, con el único objetivo de desplazarse aquí y allá, descubría cosas que antes pasaban desapercibidas ante sus ojos, negros y grandes, favorecidos aún más por el brillo y grandiosidad especial que le conferían las lentillas. Él lo sabía, y le gustaba. De repente, se sorprendía a sí mismo viendo una hoja mustia y marchita por el paso del tiempo y el acaecer de una nuevo otoño marrón, que caía sin dilación de forma natural a aquel suelo, mullido por las últimos síntomas estivales que prometían algo de lluvia, y que dejaban entrever en el cielo unas nubes que, sin estar enfadadas, ni siquiera tristes, comenzaban a llorar. Y se daba cuenta de que el curso de caída de las hojas no mermaba, no se aceleraba, no se inmutaba. Los lóbulos marrones seguían cayendo de los árboles estáticos. El chico de la mochila azul seguía mirando la primera hoja, del tamaño de una mano abierta. Se preguntaba por qué todo lo bueno en esta vida tiene que acabarse, y se consolaba pensando que también lo malo lo hacía. Además, qué aburrido lo eterno, qué aburrido el infinito. Y qué miedo da pensar en el infinito, ¿verdad? Como un mecanismo de autodefensa, el chico de la mochila azul desvió los impulsos eléctricos de sus neuronas hacia otra parte de su mente por el mero hecho de la mención de algo tan desconcertante como es el infinito. Solía hacerlo muy a menudo, pero no solo él, todo el mundo. Cuando algo le inquieta excesivamente, o se siente infeliz al pensarlo, aparta esa reflexión de su pensante cabecita y lo dirige hacia mundos diferentes. Y esto no es malo del todo.

A veces escribía lo que pensaba simplemente por pereza. Pereza de hacer otras cosas más fructíferas, y que den resultados a corto plazo, pero que supongan un trabajo mayor, o más incómodo de realizar, como sentarse frente a un libro de trescientas páginas a repasar las estructuras embrionarias. Pero era una forma de evasión tan deliciosa… ¡y el hecho de pulsar las teclas de su nueva maquinita portátil, que respondían a sus dedos con una reacción membranosa, inigualable en los teclados convencionales, le parecía tan estimulante!
En ese verano no había mirado a través del espejo, ni siquiera para oler la hedor de abandono que desprendía aquella dimensión, a la que no había aportado nada en las aparentemente lejanas vacaciones que, sin ser demasiado consciente de ello, serían las más largas de su vida. A pesar de todo, estaba dispuesto a atravesar su espejo y volver con más fuerza a este mundo que había ido construyendo sin quererlo; un mundo que poco a poco era descubierto por nuevas existencias, las cuales no se limitaban a verse reflejadas, sino que conseguían atravesarlo, y cada vez con más frecuencia, algo que hacía feliz al Reflejo del chico de la mochila azul.
Pero volvamos a aquella avenida vestida de árboles rebosantes de vida, que en contraste marchitaban sus extremos para continuar el dulce ajetreo de la vida y sus caprichos. El chico de la mochila azul indagaba en sus sentimientos, por aquel entonces algo desestabilizados, haciendo especial hincapié en las vivencias de aquel verano que vino lentamente, y se fue tan rápido que el acúmulo de recuerdos experimentó una especie de retorcimiento espacio-temporal, tan inquietante como misterioso. Retornó a sus experiencias parisinas, a sus sueños madrileños, a los desfiles despilfarradores de Moros y Cristianos, a las fauces de los más estrambóticos e impúdicos ambientes. Todo ello le provocaba una inusitada sonrisuela pícara, que adornaba su tez de criajo adulto, a la vez que recibía los impulsos de los rayos solares que avanzaban implacablemente hacia el horizonte indicando que el día acababa… y el verano… y el relato…

"Reflejo"

El chico de mochila azul había permanecido observando la escena, impactado en principio, pero abandonando la visión del temerario perro a medida que sus decididos pasos, marcados por el ritmo que invadía constantemente su cuerpo, pasos melódicos y constantes que no se detenían por nada, avanzaban sin dilación ni consideración alguna: tenía ganas de llegar a casa y escribir lo que estaba sintiendo.
Últimamente había estado flotando en un mundo imaginario, pero tan real que era capaz de asustar incluso al menos asustadizo. Cuando caminaba por las aceras, le encantaba oler el aire otoñal, que le brindaba briznas de aire fresco, mezcladas con bocanadas de respiraciones de ajetreados ciudadanos y suspiros marítimos, ya que no se encontraba muy lejos del Mediterráneo en aquella rancia, sosa, pero bella ciudad: Valencia. En sus paseos a velocidades casi cósmicas, con el único objetivo de desplazarse aquí y allá, descubría cosas que antes pasaban desapercibidas ante sus ojos, negros y grandes, favorecidos aún más por el brillo y grandiosidad especial que le conferían las lentillas. Él lo sabía, y le gustaba. De repente, se sorprendía a sí mismo viendo una hoja mustia y marchita por el paso del tiempo y el acaecer de una nuevo otoño marrón, que caía sin dilación de forma natural a aquel suelo, mullido por las últimos síntomas estivales que prometían algo de lluvia, y que dejaban entrever en el cielo unas nubes que, sin estar enfadadas, ni siquiera tristes, comenzaban a llorar. Y se daba cuenta de que el curso de caída de las hojas no mermaba, no se aceleraba, no se inmutaba. Los lóbulos marrones seguían cayendo de los árboles estáticos. El chico de la mochila azul seguía mirando la primera hoja, del tamaño de una mano abierta. Se preguntaba por qué todo lo bueno en esta vida tiene que acabarse, y se consolaba pensando que también lo malo lo hacía. Además, qué aburrido lo eterno, qué aburrido el infinito. Y qué miedo da pensar en el infinito, ¿verdad? Como un mecanismo de autodefensa, el chico de la mochila azul desvió los impulsos eléctricos de sus neuronas hacia otra parte de su mente por el mero hecho de la mención de algo tan desconcertante como es el infinito. Solía hacerlo muy a menudo, pero no solo él, todo el mundo. Cuando algo le inquieta excesivamente, o se siente infeliz al pensarlo, aparta esa reflexión de su pensante cabecita y lo dirige hacia mundos diferentes. Y esto no es malo del todo.

A veces escribía lo que pensaba simplemente por pereza. Pereza de hacer otras cosas más fructíferas, y que den resultados a corto plazo, pero que supongan un trabajo mayor, o más incómodo de realizar, como sentarse frente a un libro de trescientas páginas a repasar las estructuras embrionarias. Pero era una forma de evasión tan deliciosa… ¡y el hecho de pulsar las teclas de su nueva maquinita portátil, que respondían a sus dedos con una reacción membranosa, inigualable en los teclados convencionales, le parecía tan estimulante!
En ese verano no había mirado a través del espejo, ni siquiera para oler la hedor de abandono que desprendía aquella dimensión, a la que no había aportado nada en las aparentemente lejanas vacaciones que, sin ser demasiado consciente de ello, serían las más largas de su vida. A pesar de todo, estaba dispuesto a atravesar su espejo y volver con más fuerza a este mundo que había ido construyendo sin quererlo; un mundo que poco a poco era descubierto por nuevas existencias, las cuales no se limitaban a verse reflejadas, sino que conseguían atravesarlo, y cada vez con más frecuencia, algo que hacía feliz al Reflejo del chico de la mochila azul.
Pero volvamos a aquella avenida vestida de árboles rebosantes de vida, que en contraste marchitaban sus extremos para continuar el dulce ajetreo de la vida y sus caprichos. El chico de la mochila azul indagaba en sus sentimientos, por aquel entonces algo desestabilizados, haciendo especial hincapié en las vivencias de aquel verano que vino lentamente, y se fue tan rápido que el acúmulo de recuerdos experimentó una especie de retorcimiento espacio-temporal, tan inquietante como misterioso. Retornó a sus experiencias parisinas, a sus sueños madrileños, a los desfiles despilfarradores de Moros y Cristianos, a las fauces de los más estrambóticos e impúdicos ambientes. Todo ello le provocaba una inusitada sonrisuela pícara, que adornaba su tez de criajo adulto, a la vez que recibía los impulsos de los rayos solares que avanzaban implacablemente hacia el horizonte indicando que el día acababa… y el verano… y el relato…

"Reflejo"

Se abre el telón...
En ese misógino libro que leíste, decía que las mujeres siempre pretenden alargar algo que les ha gustado aunque sepan que ya han sonado los último aplausos, que retumbaron en la sala después de la exitosa función.
Te lo decían muchos de los periódicos gratuitos de los que sólo lees los horóscopos.
Pero, incluso después de saber que los críticos ya no podían hablar peor de vuestra obra, fuiste incapaz de decir que el telón debía cerrarse por última vez.
Todo seguirá igual, la función, ahora con actores mediocres y en una sala humilde donde se huele la humedad y también el tedio, seguirá celebrándose cada noche, previo pago de unas cuantas lágrimas en tu maloliente camerino, donde guardas ramos de flores secas y dedicatorias de quién ya te ha olvidado.
Qué más da, continuarás pensando que llegarán tiempos mejores en los que las ovaciones llenen el escenario. Bien sabes que ya no te acuerdas de todas esas cosas, esas cosas que te hacían tan feliz en tu magnífica obra, pobre Sybil Vane.
Dónde está tu Romeo?Sé que lo buscas en los ojos de ese principiante principillo que se las da de actor curtido y consagrado, experto en el amor y que en ocasiones se compadece de tí e intenta secarte las lágrimas que se deslizan por tus mejillas antes de que los espectadores tomen asiento.
La función debe continuar, o no?
Transparencia
Te lo decían muchos de los periódicos gratuitos de los que sólo lees los horóscopos.
Pero, incluso después de saber que los críticos ya no podían hablar peor de vuestra obra, fuiste incapaz de decir que el telón debía cerrarse por última vez.
Todo seguirá igual, la función, ahora con actores mediocres y en una sala humilde donde se huele la humedad y también el tedio, seguirá celebrándose cada noche, previo pago de unas cuantas lágrimas en tu maloliente camerino, donde guardas ramos de flores secas y dedicatorias de quién ya te ha olvidado.
Qué más da, continuarás pensando que llegarán tiempos mejores en los que las ovaciones llenen el escenario. Bien sabes que ya no te acuerdas de todas esas cosas, esas cosas que te hacían tan feliz en tu magnífica obra, pobre Sybil Vane.
Dónde está tu Romeo?Sé que lo buscas en los ojos de ese principiante principillo que se las da de actor curtido y consagrado, experto en el amor y que en ocasiones se compadece de tí e intenta secarte las lágrimas que se deslizan por tus mejillas antes de que los espectadores tomen asiento.
La función debe continuar, o no?

Transparencia
Ketchup en los ojos
Hoy, he hecho algo terrible.
La verdad es que desde que me he levantado he hecho cosas que la gente “normal” no vería con demasiados buenos ojos. La verdad también es que me estoy cansando de esos insulsos seres que anodinamente creen poder juzgar como locura o normalidad todo lo que osa caer en su punto de mira.

Hoy he atrapado entre mis zarpas una pinza de tender la ropa. Se trata de un utensilio bastante funcional, que la gente trata con desprecio, como si no se dieran cuenta de la inminente y trascendental tarea que esta ejerciendo en nuestros hogares, lanzándola con ultraje y estampándola contra sus aburridas hermanas cuando ya no precisamos de sus servicios.
El caso es que jugando con sus débiles patitas de polietileno, me he sentido poderoso, muy poderoso, y canalizando mi rabia acumulada en los últimos días por causas que no vienen a cuento, ¡he roto sin dilación ni miramientos ambas patas de la indefensa pinza! … vaya… ¿qué no te has dado cuenta de las consecuencias? ¿Qué no has visto que rompiendo las patas acabas de destruir la única función que tenía la pinza en su vida? Ahora tendrá que dedicarse a tocar el contrabajo.

Y no es por ofender a los consumistas que vaguen por este lado del espejo, pero es que hemos pasado a una época en que la calidad en nuestros productos está decayendo hasta niveles ínfimos: los alimentos son ultraconservantados y ultracolorados, las construcciones cada vez tienen más aire y menos ladrillo en sus cimientos, y … lo peor de todo… ¡LAS PINZAS DE MADERA, TAL Y COMO SIEMPRE LAS HEMOS CONOCIDO, HAN IDO DESPRESTIGIÁNDOSE EN PINZAS DE PLÁSTICO DURO, MALO Y SINTÉTICO! ¿Pero dónde vamos a ir a parar…? Recordáis el gusto que daba sentarse un día en la mesa de la cocina, coger una pinza, depositarla en la boca, atraparla entre los premolares superiores e inferiores y … apretar la mandíbula, viendo como la pinza se va resquebrajando poco a poco, astillándose al ritmo de una lenta melodía de “cri-cri-cri”. ¿Se puede hacer eso con una de plástico? Señores, efectivamente NO
Arrepentido por la cruel hemiplejia que le he causado al cachivache sujetarropa, me he puesto a ingerir comestibles precocinados (que mi buena madre había dejado para mí, sobre el mármol de la cocina) después de calentarlos al microwave superchachiguay. Pero, vaya, ya me he cansado de todo. Ya me he cansado de vestir siempre igual, de mirar siempre igual, de hablar siempre igual, de dormir siempre igual, de escribir siempre igual, de comer siempre igual… Mecesito un camvio!

Por esa razón, he cogido el ketchup y lo he puesto cuidadosamente encima de cada uno de los 214 fideos que componían la sopa de ave que había sobre mi mesa, con mucha cautela y precisión, calculando hasta el milímetro que las proporciones de sangre tomatiana se respetaran en todos los fideos por igual, y que no me fallara mi joven pulso, aún no afectado por las dolencias de la edad. Luego me he metido los fideos por los ojos, en cantidades variables de tres en tres (a veces se escapaban cuatro) hecho que, misteriosamente, ha activado mis ganas de beber; por lo que he depositado sobre mi oido medio un buen vaso de aceite con unas gotitas de sidra de Mercadona. La verdad es que no me apetecía el postre, pero bueno… hay que celebrar que todos los exámenes se han acabado y que la vida es bonita y que mi teléfono móvil parece una discoteca. Ah! Y que el papa es una bellísima persona. (no sé por qué, pero últimamente todos mis comentarios van a ir a parar al nuevo facha-nazi-diostesalvemaría). Nada, que el postre de testículos de hamster con fresitas del tiempo estaba muy rico y que patatín y que patatán, y que blibliblí y blablablá. Ala, ya me he cansado de escribir. A fer la ma!

Nota: La única finalidad de este post es que las almas caritativas que me estén leyendo vengan a buscarme y, una vez comprobados los efectos que crea el estudio de tan temida prueba selectiva sobre los estudiantes aterrados por dar la talla, me internen en un manicomio (o en una clínica psiquiátrica en su defecto, que queda mas mono)
"Reflejo"
La verdad es que desde que me he levantado he hecho cosas que la gente “normal” no vería con demasiados buenos ojos. La verdad también es que me estoy cansando de esos insulsos seres que anodinamente creen poder juzgar como locura o normalidad todo lo que osa caer en su punto de mira.
Hoy he atrapado entre mis zarpas una pinza de tender la ropa. Se trata de un utensilio bastante funcional, que la gente trata con desprecio, como si no se dieran cuenta de la inminente y trascendental tarea que esta ejerciendo en nuestros hogares, lanzándola con ultraje y estampándola contra sus aburridas hermanas cuando ya no precisamos de sus servicios.
El caso es que jugando con sus débiles patitas de polietileno, me he sentido poderoso, muy poderoso, y canalizando mi rabia acumulada en los últimos días por causas que no vienen a cuento, ¡he roto sin dilación ni miramientos ambas patas de la indefensa pinza! … vaya… ¿qué no te has dado cuenta de las consecuencias? ¿Qué no has visto que rompiendo las patas acabas de destruir la única función que tenía la pinza en su vida? Ahora tendrá que dedicarse a tocar el contrabajo.

Y no es por ofender a los consumistas que vaguen por este lado del espejo, pero es que hemos pasado a una época en que la calidad en nuestros productos está decayendo hasta niveles ínfimos: los alimentos son ultraconservantados y ultracolorados, las construcciones cada vez tienen más aire y menos ladrillo en sus cimientos, y … lo peor de todo… ¡LAS PINZAS DE MADERA, TAL Y COMO SIEMPRE LAS HEMOS CONOCIDO, HAN IDO DESPRESTIGIÁNDOSE EN PINZAS DE PLÁSTICO DURO, MALO Y SINTÉTICO! ¿Pero dónde vamos a ir a parar…? Recordáis el gusto que daba sentarse un día en la mesa de la cocina, coger una pinza, depositarla en la boca, atraparla entre los premolares superiores e inferiores y … apretar la mandíbula, viendo como la pinza se va resquebrajando poco a poco, astillándose al ritmo de una lenta melodía de “cri-cri-cri”. ¿Se puede hacer eso con una de plástico? Señores, efectivamente NO
Arrepentido por la cruel hemiplejia que le he causado al cachivache sujetarropa, me he puesto a ingerir comestibles precocinados (que mi buena madre había dejado para mí, sobre el mármol de la cocina) después de calentarlos al microwave superchachiguay. Pero, vaya, ya me he cansado de todo. Ya me he cansado de vestir siempre igual, de mirar siempre igual, de hablar siempre igual, de dormir siempre igual, de escribir siempre igual, de comer siempre igual… Mecesito un camvio!

Por esa razón, he cogido el ketchup y lo he puesto cuidadosamente encima de cada uno de los 214 fideos que componían la sopa de ave que había sobre mi mesa, con mucha cautela y precisión, calculando hasta el milímetro que las proporciones de sangre tomatiana se respetaran en todos los fideos por igual, y que no me fallara mi joven pulso, aún no afectado por las dolencias de la edad. Luego me he metido los fideos por los ojos, en cantidades variables de tres en tres (a veces se escapaban cuatro) hecho que, misteriosamente, ha activado mis ganas de beber; por lo que he depositado sobre mi oido medio un buen vaso de aceite con unas gotitas de sidra de Mercadona. La verdad es que no me apetecía el postre, pero bueno… hay que celebrar que todos los exámenes se han acabado y que la vida es bonita y que mi teléfono móvil parece una discoteca. Ah! Y que el papa es una bellísima persona. (no sé por qué, pero últimamente todos mis comentarios van a ir a parar al nuevo facha-nazi-diostesalvemaría). Nada, que el postre de testículos de hamster con fresitas del tiempo estaba muy rico y que patatín y que patatán, y que blibliblí y blablablá. Ala, ya me he cansado de escribir. A fer la ma!

Nota: La única finalidad de este post es que las almas caritativas que me estén leyendo vengan a buscarme y, una vez comprobados los efectos que crea el estudio de tan temida prueba selectiva sobre los estudiantes aterrados por dar la talla, me internen en un manicomio (o en una clínica psiquiátrica en su defecto, que queda mas mono)
"Reflejo"

Holidays in the sun
Tomaba el Sol para más tarde, con aire triunfal frente a su espejo de los días de lluvia, descubrir que efectivamente, tal como se había propuesto, tenía un horrible tono bicolor que sólo algunos podrían ver.
Se cansó de eso, hoy no estaba dispuesta a desaprovechar todo lo que el astro luminoso le podía ofrecer...
No era tan agradecido como la Luna, siempre presente en canciones, libros de poesía y protagonista de historias de amor de playa.

Sólo le culpaban cuando no le apetecía brillar...
...o cuando radiante lo hacía con demasiada fuerza.
En parte era así como ella se sentía, por eso le intentó pedir consejo, llegaría a su casa de nuevo y sabría que ahora podía haber algo más por lo que salir a la calle antes de que anocheciera, un nuevo confidente para compartir soledades y otros males. No tuvo gran éxito, las conversaciones a distancia en el que no puedes mirar a tu interlocutor directamente no solían tenerlo.
Así que siguió dejando que sus rayos la apagaran cada día un poco más, y que morena estaba.
"Transparencia"
Se cansó de eso, hoy no estaba dispuesta a desaprovechar todo lo que el astro luminoso le podía ofrecer...

No era tan agradecido como la Luna, siempre presente en canciones, libros de poesía y protagonista de historias de amor de playa.

Sólo le culpaban cuando no le apetecía brillar...
...o cuando radiante lo hacía con demasiada fuerza.
En parte era así como ella se sentía, por eso le intentó pedir consejo, llegaría a su casa de nuevo y sabría que ahora podía haber algo más por lo que salir a la calle antes de que anocheciera, un nuevo confidente para compartir soledades y otros males. No tuvo gran éxito, las conversaciones a distancia en el que no puedes mirar a tu interlocutor directamente no solían tenerlo.
Así que siguió dejando que sus rayos la apagaran cada día un poco más, y que morena estaba.
"Transparencia"
Hora del té
Hora del té en casa de una familia pomposa, pero nada recatada; no unida, y diferente.

Decidí aquella bella tarde de invierno centrarme en el elegante y distinguido burbujear del terrón de azúcar al deshacerse en el café con leche que aquel día, conducta no regular en mí, pedí con poca leche. El terrón cayó desde una distancia de 13 centímetros (en realidad fue un poco más, pero no vamos a ser tan tiquismiquis). Su caída provocó un aluvión de gotas de leche oscurecida que mancharon el café de la señora de la casa, mi abuela. Era el ocaso de esa comida familiar falsa, a la que la gente acude por lástima a los progenitores, que detestan reafirmarse, una y otra vez, que sus hijos se han emancipado, que su casa se ha vaciado, y que cada uno solo posee a esa persona a la que ha aborrecido desde hace bastantes décadas y con la que tiene que compartir el resto de su vida. Y sin embargo le quiere. (…)

El terrón acababa de caer, y me propuse pensar en qué estaba haciendo en aquel lugar. En quien era la gente que me rodeaba. Pero para sufragar mi martirio, LE DARÍA VUELTAS AL ASUNTO SOLAMENTE EN EL TIEMPO QUE TARDARA EL TERRÓN EN DISOLVERSE COMPLETAMENTE…
Pensé en el café y en la forma que tenía mi abuela de servirlo. Es detestable, absolutamente repugnante, el hecho de ver como una costumbre tan elitista y tradicional como es tomar café en taza, es transgredido por una nueva costumbre, más práctica y que aparenta modernización, como es esgrimir el recipiente transparente con toda la mano, cual paupérrimo y brutal hombre de cromagnon. Es algo que le quita todo el estilo al placer de tomar un café, toda su gracia se reduce a agarrar un vaso ardiendo. Y no es que me gusten los cambios, y progresos, pero resulta que hay cosas en este mundo que no deberían cambiarse. ¡Oh no…! Creo que me está comenzando a afectar el conservadurismo de mi real familia católica y apostólica…
… el terrón todavía se apreciaba casi en su totalidad …
Pensé en mi abuelo, figura paternal indiscutible. El jefe obsoleto e indudable de aquella pequeña biosfera. A pesar de dar la imagen de vejete sabio, maduro y curtido, no hay que olvidar el respeto que sus hijos y los hijos de sus hijos le guardan. Un respeto que ha ido marcando a lo largo de su vida, implantando el totalitarismo patriarcal de los años 20 en una familia abrumada por el hambre y el escaso salario que aportaba el pobre señor responsable, fruto de horas y horas de partirse la espalda en trabajos proletarios mal pagados. Sin duda tal represión dio frutos, apreciables mayoritariamente en su esposa, a la que le anuló gran parte de su personalidad (si no es que estuviese ya bastante anulada…). No obstante, su educación rígida ha conseguido que sus hijos vayan por el buen camino (ejem, ejem…), algo bueno tenía que tener.
… el terrón comenzaba a deshacerse…

Pensé en mi abuela. Pensé simplemente, porque no estaba allí mientras se deshacía la masa de glucosa apelmazada. No paraba de ir y venir a la cocina, sacando y entrando esto y lo otro, evitando que sus hijos pudieran pensar que no servía como madre, y que sus nietos la compararan con otras abuelitas…Una vieja luchadora. Una víctima del trabajo. Una persona depresiva, psicótica, estresada. Nadie ni nada la acallarán, y hasta en la tumba manejará su entierro, aún estando dentro de su suite necrótica de lujo. No ha hecho nunca mal a nadie, pero sin quererlo, ha hecho más que nadie le ha podido hacer a ella. Su bondad extrema y ciega, y su ansia por proteger a sus seres queridos ha actuado como veneno ante sus hijos, privándolos de ver el mundo de su infancia, y descubriendo (una vez independizados) que se puede ver mucho más allá de las faldas protectoras de su madre santísima.
… quedaba solo la mitad del cúmulo de azucar…
Pensé en mi tía, la más joven de los tres hermanos que componen la generación de mi madre. No me extenderé demasiado porque no tengo nada malo que decir de ella (puesto que soy una persona mala, criticona, maruja, y hoy me apetece regocijarme en los defectos ajenos, como cualquier persona por cuyas venas corra sangre roja)Ella es a la que mejor comprendo, la más cercana a mí, a la que siempre, siempre, he tenido cariño. Su naturaleza joven, emprendedora, y folladora, es delatada por tres perlas bien hermosas de hijos. Los niños más guapos sobre la faz de la tierra. Lo juro.
… el cuadradito se había transformado en una bolita de apenas 5 milímetros de diámetro…
Pensé en mi tío. Esa persona que quedaría justo enfrente de mí en aquella mesa redonda, si no fuese por un pequeño ángulo de apenas 15,3 grados que le separaba de la perpendicular a la tangente del redondel patudo en el punto donde yo me encontraba. Ahí le veía, intentando aparentar una gran seguridad que en realidad no poseía. Haciendo gala de una hija mocosa, engreída y caprichosa, a la que siempre le habían callado la boca con los caprichos más desorbitados, incluso antes de que la abriera. Una niña que se verá obligada a librarse de esa falsa prosperidad cuando tenga que abrir los ojos y despertar al mundo real sin la billetera de su papá. Pero bueno… le queda mucho por vivir.
… ya quedaban solo trazas del glúcido disperso…
Ahí no se quedaban las pertenencias de aquel hombre infeliz. También poseía una mujer enjoyada, que guardaba sus abrigos de pieles en cojines de terciopelos, que solo aspiraba a comprarse la Moulinex 234-ultra para que la vecina, que poseía el modelo anterior, la envidiara. Una relación marido-mujer mediada por la franja plateada de los billetes de cincuenta. ¿Cómo se puede ser feliz así? Pues no es la primera ni la última persona. La gota que colma el vaso es la información que viene de varias fuentes delatando los comportamientos sospechosos de su infancia con respecto a otros chicOs. Vaya, tío… tú si que eres un mártir… tranquilo, porque Nuestro Señor compensará tu sufrimiento llevándote al cielo… Amén (que así sea).
... el café a punto para su consumo...

"Reflejo"

Psiquiatrizando problemas
Tal vez Sara, la que nunca había tenido un orgasmo pese a que por su cama pasaran un número impar de hombres cada sábado noche, aquella que vivía en su loft con el amigo gay que un día había intentado matar a sus padres, fuera la persona más cuerda que había conocido jamás.La encontraron hace poco en el baño de su casa, un espejo roto y dos botes de pastillas para ser más feliz que le había recetado su médico, que por lo que tengo entendido, lo era.
Fue un error de apreciación, pero yo creo que fue demasiado ambiciosa. Psicofármacos que hacen sonreír bajo prescripción médica, la decisión más sencilla. Sara siempre optaba por el camino fácil, al principio fue un poco reacia a tomarlas, pero luego decía que le estaban ayudando mucho. Prefería una pastilla a cualquier explicación, y sin darlas, aquella noche nos dejó. La envidia podía con todos los que la rodeaban -esa mierda está acabando contigo-palabras que decían los que menos la conocían.Yo nunca le advertí de los peligros de aquella felicidad a golpe de pastilla, no lo creí conveniente, quién era yo para privarla de aquello?
"Transparencia"
Fábrica de Príncipes Azules

- Buenos días. Ha llamado a la “Fábrica de Príncipes Azules”, ¿en qué podemos atenderle?
- Verá querida, me gustaría encargar un Príncipe Azul para lo antes posible. (eso era evidente…¿por qué cuando llamamos a algún sitio de estos decimos cosas tan desabridas?)
- Sí señor, por favor, conteste a nuestras cuestiones divididas en dos apartados. Recuerde que las exigencias especiales le resultarán más caras.
- Soy consciente de ellas, querida.
- Primer apartado: Aspecto físico.
- Mi chico ideal sería rubio con pelo sedoso y agradable de acariciar (amo tocar el pelo ajeno), de grandes ojos azules, intensos y desgarradores. Con vientre marcado, pero no excesivamente musculado. Las facciones claras y estilizadas, el mentón esbelto, los pómulos fuertes y sin una pizca de grasa. Por supuesto, delgadito y fibroso. Las manos grandes y bellas, al igual que los pies. En estos últimos hacer un inciso: que tengan un dedo gordo característico y bonito. Ni un solo pelo, solo en el carril que sube hacia el obligo así como en la zona púbica, la cual será grande, proporcionada no circuncidada, y muy bella, cuyos vecinos colgarán generosamente y serán de tamaño también considerable, muy considerable. La voz grave pero seductora, con un tono sensual muy marcado. El culo pequeño y marcadito. Y la espalda ancha, estrechándose ligeramente en la zona del vientre. ¿Ha tomado nota?

- Sí, señor. Quiere usted al hombre de físico 3452564-g, un físico bastante solicitado.
- Pues vaya… a mi que me gusta ser original…
- Bien señor, para concluir, hábleme del aspecto emocional
- Me gustaría un chico abierto, un poco arisco con la gente, pero muy gentil conmigo. Tierno, romántico, muy masculino, que no crea en los mails esos absurdos de enviar en cadena pero que no dude en hacerlo si amenazaran mínimamente con perderme. Que baile exquisitamente, que se mueva con gracia y que sepa como calentarme. Alguien a quien le gusten las mismas cosas que a mi, pero con el quien discuta mucho, y que no se deje llevar, que me plante cara, que crezcamos juntos. Que ame el cine, la música y los videojuegos. Que sea muy inteligente, y que tenga pasión por las humanidades, para así compensarme un poco. Que tenga cualidades de las que yo carezca, para que nuestra relación sea completa. Que me cuide cuando este enfermo. Que me añore cuando no esté. Que llore cuando se emocione. Que comparta conmigo todos y cada uno de los instantes de su vida. Que cuente conmigo a la hora de tomar decisiones, y que se interese por mis problemas, para así ayudarme él también a tomarlas. Que viaje conmigo por mis mundos de fantasía y que no me baje de las nubes cuando estoy en ellas, para eso ya están los amigos. Y que me quiera… que me quiera mucho y lo comparta todo conmigo, incluyendo su vida.
- Muy bien, señor. Recordarle que hacerse un estereotipo de hombre ideal es algo negativo, ya que pone ustez expectativas que nunca encontrará en su vida real (es algo egoísta y de gente odiosa que cree que se merecen lo mejor). Pero ustez sabe que eso es posible si llama a “Fábrica de Príncipes Azules” (tan tan tan tachán) . Mientras se efectúa su pedido, podría relatarnos qué motivos le han inducido a realizar tal adquisición.
- (¿y a usted qué le interesa cotilla?)

- Verá, resulta que estamos realizando una encuesta con la finalidad de poder ofrecer una tabla porcentual de razones que llevan a nuestros clientes a fabricarse su propio príncipe azul en una famosa publicación de talante internacional. Si es ustez tan amable.
- De acuerdo querida, pero no se crea que por decir “ustez” con zeta está en un nivel superior a mi. La verdad es que me hartan las personas pedantes y grandilocuentes como la que escucha esto al otro lado del teléfono. Le agradecería que suavizara sus maneras de forma que ambos estuviésemos cómodos. Y ya sé que le obligan a hablar como si estuviese frente al parlamento, con aire de distancia y cierta preponderancia, pero en un trabajo como este creo que debería establecer una conversación ¿no cree señora? Uy… perdon… señorita…
- …
- Bien, supongo que no esta capacitada para establecer juicios de valor
- …
- Usted (con de) se limita a atender llamadas.
- …
- Tal vez no sepa revelarse contra sus superiores. Tal vez nunca haya roto un plato y siempre ha sido la típica niñita mona que acata las órdenes de sus padres porque “es lo mejor para ti”. Tal vez sea infeliz toda su puta vida por no saber decir NO en determinadas situaciones. Señorita, también me ponen histérico las “moixas” como ustez (ahora con zeta).

- Si tiene alguna reclamación llame por favor a nuestra línea de atención al cliente. Muchas gracias.
- Déjelo querida, ya me callo. Total, no sé para qué… A veces hablamos sabiendo certeramente que no sirve para nada, pero así nos quedamos tranquilos. Incluso hay otros momentos en los que hablamos solo para romper el silencio.
- …
- Bien, supongo que no tenía usted previsto tal incongruencia, ¿verdad?
- …
- Lo tomaré como un sí. Bien, le contestaré a su pregunta. Verá, me he decidido a llamarle porque, aunque sé que no debería hacerme ideas premeditadas, y será mejor cualquier chico del que me quede prendado sea rubio o moreno, incluso con toda la certeza de que al estar enamorado no importa el color de ojos ni la voz grave, cuando uno se encuentra enfermo, como es mi caso ahora, es cuando más tiempo tiene para pensar, además de ser también cuanto más añora unos brazos cálidos que lo acurruquen, que le transmitan fuerza y serenidad. También necesita unos labios que le besen la frente y que le susurren al oído cuanto le quieren y lo fantástica que es la vida al estar a mi lado. Y es también en estos momentos, cuando sueñas que existe tu hombre perfecto, cuando te aborda el miedo más terrible de que nunca llegues a encontrarlo, a pesar de que sepas perfectamente que te está esperando. Es un desasosiego muy grande que te hace dudar, te hace desearlo con más fervor. Y bueno… al igual que los entes sumados de edad que deben comprar el sexo si quieren tenerlo, yo compro a mi Príncipe Azul, que para eso está el dinero. Y como llegará un momento en el que todo se comprará con dinero, sexo o poder, pues voy adelantándome a dicha tendencia… Aunque sé que no lo valoraré. Sé que me cansaré de él como un miserable juguete y que, en cuanto pueda, les encomendaré otro, y otro, y me volveré un loco polígamo consumado. Porque no nos engañemos, amiga mía, cuanto más tenemos más queremos. Y lo que no nos cuesta trabajo y esfuerzo no lo apreciamos. ¿Está usted conmigo?
- Su pedido está completado. El precio final de realización más portes, mas gastos de condensación, de IVA, de esterificación, de peluquería, cosmética y estética son 8500€ para su caso en particular. En caso de residir ustez fuera de la Península Ibérica deberá sumar 250€. Puede pagar contra reembolso, con tarjeta de crédito o con la tarjeta de compra de: “El Corte Inglés”. Recibirá su pedido en diez días, incluyendo hoy por encontrarnos en una hora previa a las diecisiete cero cero pe eme. La forma de entrega será en una lata de sardinas.

"Reflejo"

¡Estoy harto!

Estoy realmente harto…
…de estudiar asignaturas que no son de mi complacencia, verbi gratia Historia de Hispania …de soñar perfecciones, preciosidades, vivencias ideales y despertar al “día a día” de mi holocausto …de reír con el chiste del viernes y haberlo olvidado el sábado, o el propio viernes-tarde (o bien no tener la suficiente gracia para contarlo) …de que algún hijodeputa me robe la mochila con los apuntes de todo el año y tenga que rehacerlos nuevamente …o peor aún… ¡que aún después de maquillar todo el pueblo con cartelillos de *se busca mochila*, cual más temido fugitivo, la bolsa de tela que llevaba mis boletos a la tómbola “Selectivo” no aparezca por ningún lado! …de que no pueda cogerle los huevecillos al miserable de antes, y rodárselos muy delicadamente viendo como se retuerce de dolor, admirando con fervor como repite palabra por palabra todo el texto escrito en esos folios sustraídos a mi persona (si quiere ser liberado de la estrangulación testicular…) …del tropel que dice tener sentimientos que no tiene
…o que tiene sentimientos que no dice…de las señoras subiditas de edad que juzgan a toda juventud bajo el mismo cristal asegurando que “estos jóvenes de hoy en día ya no XXX” (Donde XXX es cualquier cosa que las infelices agüelas nunca han tenido valor para hacer, ser o pensar) …de los profesores de química que no completan las ecuaciones de segundo grado en los equilibrios asegurando que “eso es tarea del profesor de matemáticas” …de los beatos Apostólicos Católicos y Santos que predican justamente lo último que ellos cumplirían. …y no solo de los partidarios y aferrados a esa sectareligión, sino de todos los que ponen las cosas aún más difíciles a las minorías, ejem,ejem, (que no son tan minoritarias). ¡NUNCA ENTENDERÉ POR QUÉ COÑO VEN AL COLECTIVO HOMO (sexual, amador, sentidor…)COMO UN DESHECHO HUMANO Y ALGO A ERRADICAR! ¿Es que tendrán miedo de lo diferente a ellos (que va a ser que no es tan diferente)? ¿O es que el censurar el 90% de las conductas y relaciones humanas les da PODER? ; Ese poder del que han gozado en la antigüedad y que ahora esta en detrimento continuado? Jeje, la juventud se da cuenta de muchas cosas querida Zorra Eclesiástica. Ahora la cultura nos permite quitarnos la oscura gasa que nos nublaba la vista, no ser manipulables, y menos caer en trampas tan absurdas como esta…de confeccionar listas de “cosas a hacer antes de morir”, entre las cuales se incluyen los “Proyectos de Mejora Personal” (PMP), como el típico "voy a comer menos", "voy a estudiar a diario", "esta tarde te contesto el mail", "mañana me pongo saldo". También podemos encontrar como hipónimos del grupo inicial los “planes de verano”, “los propósitos para el nuevo año” o los tipiquísimos papelitos mugrosos y usurpados a un trozo de papel mayor en los que apuntamos el listado de “Directrices a seguir esta tarde: ir al banco, comprar las cartulinas, visitar a Enriqueta que parió ayer y yo sin enterarme (como se entere, nuestra poca relación se va al garete), llamar a transparencia para matizar el plan del viernes-noche (momento en que ya no me acordaré del chiste)… etc, etc” …de saber respecto a dichas listas que… ¡NO las cumplo nunca! …de ser tan hiperbólico al relatar hechos y darme cuenta, casi en el instante, de que tengo que serenarme y no exagerar tanto… …de la gente que dice estar harta de todo …de los profesores infelices que siempre te pondrán un punto menos del que te mereces porque “no llegas a sus expectativas” …de aferrarme tanto a la gente en la que pongo mis primeras esperanzas y mis predicciones pronostican como las amistades verdaderas, de forma que no “veo” a la gente que realmente será mi amiga en el futuro, y acabo cayendo en el hecho de que las personas que mi instinto había cazado no eran lo que yo creía …¡Y de estar escribiendo cualquier cosa con tal de no apagar el ordenador y ponerme a estudiar!

"Reflejo"






