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A una isla desierta
Ningún hombre es una isla, pero yo sí.
Acerca de
La verdad es que he caído aquí, y no está mal. Llegué agarrado a un madero. También sirve para descolgar los cocos, atizar en la cabeza a pequeño Spielberg, bailar la danza del torso mojado, osea, que es la mejor demostración de multiutilidad que conozco. Algunos dirían que la dieta de la isla me proporciona el aspecto de un somalí. Un costillar bien marcado es atractivo, después de todo. Y no tengo nada más que decir sobre eso.
Sindicación
 
TOUR
Si los turistas estuvieran interesados en nosotros, ¿qué sería lo que podemos enseñar de todo esto que nos pertenece?
Yo podría hacer de guía para ellos. Se me da bien hacer de guía. De hecho, soy el único tipo que podría encontrar un liloth —animal que tradicionalmente adora mearse en las declaraciones de la renta e intentar devorar el relleno de las zapatillas de montar a caballo— a media tarde y con mucho viento. Sería un guía fenomenal, uno de esos que reparten folletos y hacen chistecitos sobre la lencería de la reina.
Jo, Jo, Jo... se dice que en esta urna Luis XV evacuaba su néctar real, y las doncellas echaban la mezcla a los estofados, faisanes y monjas a la brasa del castillo, y se relamían con gusto.
Jo, jo, jo... ¿Lo han cogido, eh? ¿Lo han cogido? ¡Luis XV!
Es cierto. Creo que podría desempeñar muy bien mi cometido.
Correría desnudo hasta el recodo de playa donde hubieran atracado los turistas, gritando como una ameba enloquecida de amor, y les diría:
Ustedes también pueden quitarse la ropa, amigos. Vamos, no sean tímidos, seguro que ahí debajo hay un buen material humano.
Supongo que debido a la imperante crisis matrimonial del mundo —donde las parejas se preguntan sobre la subida de acciones mientras hacen tostadas—, muchas de esas hermosas damas que vinieran a la isla comentarían algo a sus hombretones:
Oh, cariño, qué sano y educado parece tu amiguito de abajo.
Después, subiríamos hasta la cima del volcán. Por supuesto, les instaría a que guardaran sus quesos alemanes y demás productos de tipo lácteo a buen recaudo. Les hablaría sobre los volcanes alérgicos a la lactosa y el riesgo que conlleva el tener queso en las inmediaciones. Sería interesante, del mismo modo, hacer una visita a los sorbetuétanos. El jefe haría preciosos rituales con vísceras.
Supongo que también, al menos a alguno de ellos le gustaría sumergirse en el agua y dejar que pequeño Spielberg lo rodee con la aleta bien visible. Aunque, después de todo, convendría estudiar la viabilidad de esa atracción. No creo poder evitar que Pequeño Spielberg quiera practicar el sadismo.
Al llegar el atardecer, a modo de broche, todos nos abrazaríamos y besaríamos con profusión —y evitando intercambio de fluidos—, y diríamos cuánto han crecido los chicos, espero que tengáis dinero para pagar la universidad de Jail y no queda mantequilla de cacahuete en la nevera, ¡Dioses, diablos y prostitutas!
Todos podríamos disfrutar lanzando nuestra propia botella con mensaje —una factura, compra mantequilla, odio a tu madre con todo mi corazón— justo cuando el sol estuviera empezando a ponerse.
Lástima que haga cuarenta grados.


Voten al capitán, ¡y cocos les regalarán! Y recuerden los que ya lo hicieron, que todos los días tienen la oportunidad de repetir. No se considera trampa. Es más, yo les querría mucho si lo hicieran. Y dejaría que me invitaran a comer la peor especialidad culinaria de su madre.
¿Verdad que es un trato estupendo? Oigan, Hitler habría fusilado al gato si le hubieran dado de comer eso. Piensen que yo soy más amable, y que un voto favorecería que aumentara mi higiene personal. Sólo por si tengo que ir a casa de su madre, claro.



Vótame



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VISIONES
He visto en mis sueños al gran señor de los Cocos. El gran Hundalacteohim.
Era enorme como una eternidad, el gran maestro, y estaba cubierto de pelos enormes como troncos de palmera. De vez en cuando, en mi sueño, de su majestad manaban borbotones gigantescos —cascadas verdaderamente insondables para los humanos delgados como yo, arrepentidos de su ignorancia hortofrutícola— de su leche marca Coco´s Master Milk TM. .
Alabado sea el gran señor, aleluya, porque ha bendecido mis ensoñaciones con un dulce néctar de ballenas gordas y revistas de monjas.
¡Alabemos todos al señor de los cocos!
¡Temblad, paraguayas!

Lástima que me despertara solo.
Es cierto. He tenido poluciones nocturnas.

Vótenme. Les prepararía unas gachas si lo hicieran.




Premios 20Blogs
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Petición
Los caníbales ya han manifestado sus condiciones. Si quiero que me voten en el concurso 20 Blogs de Vente Minutos, tendré que darles mi hígado -y puedo soportar desangrarme, pero no que lo cocinen con hierbecitas extrañas y lo chupeteen y paladeen como vulgares ancianitas sin dientes- así que se lo pido a ustedes: turistas, astronautas, recolectores de fieras, bailarinas, capitanes ebrios, náufragos, vendedoras de ligas...

Vótenme.
Aquí pueden hacerlo



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Se me puede votar una vez al día, y no me sentiré agobiado, pero no me pidan que les esté eternamente agradecido, bastantes problemas tenemos aquí con el aburrimiento, como para encima regalarles a ustedes parte de mi eternidad.
En todo caso, les cederé un coco guapo para que lo cuelguen en su estanque, y pueden, si les apetece, presumir delante de sus hijos o introducirlo como juguetito en las prácticas nocturnas con su pareja.
Ustedes verán.

No me abandonen, yo nunca lo haría.

Mantengan a salvo sus nalgas de las bestias nocturnas, y que les sea leve.
 
La creación (Diario del Capitán Taparrabos)
Al amanecer, cuando todo esto está en silencio —en completa suspensión, quiero decir; si alguien eructara probablemente lo sentirían hasta las hormigas— he subido al peñón más alto de la isla. Ahí, uno se siente importante. De pronto, quién sabe por qué, me he puesto en pie, he extendido los brazos, y he comenzado a hablar.
Hágase la lluvia de meteoritos... Y he empezado a tirar piedras a la lejanía.
Adelante, gorilas... En ese momento parece como que les hayan entrado terribles necesidades de apareamiento —alguien tendría que haber visto cómo se agitaba la espesura y esos montones de alaridos que salían de la foresta—.
Vamos, ratas comehumanos... Y los masticanudillos han comenzado a poner las ollas a funcionar. Humo como estelas de cometas, olor a fritanga, y el incauto que escribe a su casa, a su madre, a sus hijos, portaos bien, haced caso a vuestra madre.
Cuando he sentido cierta sensación mañanera, he dicho: Hágase la lluvia
(Creo que no describiré ese proceder. Todo el mundo tiene imaginación, ¿no?)
Ya sé que mucha gente hubiera querido que me pusiera a fabricar preciosas figuras humanas que hablaran, y se aparearan, y un día sintieran que les apetece comerse una manzana verde, saltándose la cola del mercado y no pagando como las personas de pro, pero no es este el caso. Además, hubiera tenido que adaptarme a la dolorosa pérdida de una costilla, y no estoy preparado para arrancarme costillas. En caso de que alguien quiera verme haciendo una cosa tan impresionante como esa, que pague, y debería saber que aquí no tenemos cajeros automáticos (creo que no hemos formalizado relaciones con los bancos para obtener esa comodidad)
Finalmente, me he sentido con fuerzas para dejarme llevar.
He aquí la luz —he dicho—... Y se me ha encogido el corazón cuando unos tímidos rayos han asomado por el horizonte.
He visto un amanecer tan nuestro —luces tímidas que arriban por encima de las zonas verdes y reptan por el volcán, arrullándolo— que por un momento me he sentido como en los mejores días, con enormes filetes en la mesa, puros, y las nalgas de Trudy listas para ser pellizcadas.