Recuerdos (diario del capitán taparrabos)
Algunas veces estos tíos me caen bien, pero no es algo que se pueda explicar fácilmente. Quiero decir que se comen a la gente, y eso parece muy horrible al principio —porque los buzos, como todos, gritan cuando los meten en la olla con alguna planta aromática en la boca, y a uno se le encoge el estómago—, pero, después de todo, aquí todos estamos un poco solos. Esta es nuestra isla, así que supongo que nadie puede decir nada sobre eso, porque nunca estuvo aquí llenándose los huesos de aire tropical y pensando en qué habrá más allá. ¿Más allá de donde? Y no se encuentra la palabra, de veras que no.
Solos y rodeados de palmeras. Nadie sabe lo que es intentar entablar una conversación con un cocodrilo sobre una antigua letra que pagaste, porque esos bichos tienen hambre, y se les nublan los ojos y entonces ni un buen doctor puede hacerles entrar en razón para que se moderen un poco al intentar arrancarte la cabeza.
¿Qué es lo que ocurre en el mundo?
Le preguntamos al tiempo cuando morirá, y eso es todo.
Y a veces miramos al cielo e imaginamos formas en las nubes, como todo el mundo, o hablamos en sueños. En eso consiste todo, eso es todo lo que es. Uno se pone a nombrar muebles de caoba, plazas llenas de luz, o aquella revista pornográfica que compró e hizo que la lluvia mojara un poco menos. Y eso es todo lo que podemos hacer, así que no queremos a nadie moviendo la boca. Vaya si sabemos que es duro, terriblemente duro.
Así que algunas veces, por una íntima lógica de los hombres ahogados, nos juntamos en la orilla de la playa, echamos nuestros cuerpos al sol, cruzamos los brazos, y entonces esperamos. Allí, en esta isla nuestra que sólo nos habla a veces. Somos hombres tumbados, eso puede hacerlo todo el mundo, pero no como nosotros. No podemos arreglar el mundo porque no sabemos lo que pasa en él, pero podemos mirar las nubes.
Eso es todo. Las plantas, algún rugido en mitad de la noche, un pez que sabe bien en la hoguera, y nosotros. Eso es todo.
Hombres tumbados que miran las nubes, y se entienden, se miran los labios, y no necesitan decir nada para saber que se ha borrado la vida anterior, y sólo queda esta, y las nubes, el sol sobre los cuerpos, y las barbas.
Entonces alguien dice, con voz queda, en su idioma:
Mirad, ésa se parece a una mujer.
La de más allá, al gran Dios Kajún.
Ésa es como la lava solidificada del volcán.
Aquí estamos nosotros, tumbados en la arena.
Somos la isla, y vivimos, respiramos, y a veces, sabemos que esto es lo único que podemos amar.
Tres caníbales y un hombre, mirando las nubes.
Eso es todo.
Y a veces, es hermoso.
Solos y rodeados de palmeras. Nadie sabe lo que es intentar entablar una conversación con un cocodrilo sobre una antigua letra que pagaste, porque esos bichos tienen hambre, y se les nublan los ojos y entonces ni un buen doctor puede hacerles entrar en razón para que se moderen un poco al intentar arrancarte la cabeza.
¿Qué es lo que ocurre en el mundo?
Le preguntamos al tiempo cuando morirá, y eso es todo.
Y a veces miramos al cielo e imaginamos formas en las nubes, como todo el mundo, o hablamos en sueños. En eso consiste todo, eso es todo lo que es. Uno se pone a nombrar muebles de caoba, plazas llenas de luz, o aquella revista pornográfica que compró e hizo que la lluvia mojara un poco menos. Y eso es todo lo que podemos hacer, así que no queremos a nadie moviendo la boca. Vaya si sabemos que es duro, terriblemente duro.
Así que algunas veces, por una íntima lógica de los hombres ahogados, nos juntamos en la orilla de la playa, echamos nuestros cuerpos al sol, cruzamos los brazos, y entonces esperamos. Allí, en esta isla nuestra que sólo nos habla a veces. Somos hombres tumbados, eso puede hacerlo todo el mundo, pero no como nosotros. No podemos arreglar el mundo porque no sabemos lo que pasa en él, pero podemos mirar las nubes.
Eso es todo. Las plantas, algún rugido en mitad de la noche, un pez que sabe bien en la hoguera, y nosotros. Eso es todo.
Hombres tumbados que miran las nubes, y se entienden, se miran los labios, y no necesitan decir nada para saber que se ha borrado la vida anterior, y sólo queda esta, y las nubes, el sol sobre los cuerpos, y las barbas.
Entonces alguien dice, con voz queda, en su idioma:
Mirad, ésa se parece a una mujer.
La de más allá, al gran Dios Kajún.
Ésa es como la lava solidificada del volcán.
Aquí estamos nosotros, tumbados en la arena.
Somos la isla, y vivimos, respiramos, y a veces, sabemos que esto es lo único que podemos amar.
Tres caníbales y un hombre, mirando las nubes.
Eso es todo.
Y a veces, es hermoso.
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llevaba un tiempo sin asomarme a las costas de tu isla... y preciosa sorpresa!!! Esto, concretamente, me ha encantado!! A seguir así, majo!
sencillo, directo y muy... sentido!
sencillo, directo y muy... sentido!
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Em... ¿tres caníbales y un hombre? entonces los caníbales qué son? ¿cocodrilos o algo así?
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Reitero: hermosa tu isla y hermosa tu manera de contarla
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Un precioso texto... flotando en tu isla.
Un beso, Mati,
Saf ;-))
Un beso, Mati,
Saf ;-))
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No estuve nunca alli, pero tal y como lo cuentas, realmente es hermoso.
Esta vez si me tocaste
Esta vez si me tocaste
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Me encanta como escribes
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Aun me debes un relato. Besos corazon, te echo de menos.












