Ataque sorpresa (diario del capitán taparrabos)
Claro que mucha gente puede pensar que aquí nos pasamos el día tomando el sol, y en parte es cierto. Pero no todo es de color de rosa. Nada de eso.
Esta noche, a la salida de la luna, he sufrido una emboscada terrible. Juro que sólo estaba intentando coger unas flores para trenzármelas en la barba. Uno de esos apestosos salvajes nos ha contado que en una gran ciudad del sur ahora los hombres hacen eso: se quitan pelo por todo el cuerpo, o en mitad de la noche se embadurnan de crema, se ponen rodajas de pepino en los ojos, y ronronean de placer al hacerse calvas premeditadas en las cejas.
Metrototal, o un nombre parecido. Creo que así lo llaman.
De modo que he pensado: ¿Por qué no? Yo también podría depilarme.
Después he deducido que quizás eso no sería una buena idea, teniendo en cuenta que intentar afeitarse con una piedra volcánica no debe ser muy bueno para la salud. Por eso de ponerlo todo perdido de sangre, tengo entendido. Así que pensé que ponerme unas flores en la barba no estaría del todo mal.
—¿No es verdad, ángel de amor,
que en esta apartada orilla,
más tarde la luna brilla
y se respira mejor?
Creo recordar que he recitado esa estrofa mientras iba tranquilamente tomando mi paseo dominical. Maldita sea, sólo estaba intentando ser un poco culto. ¿Qué hay de malo en eso?
Y entonces ha ocurrido. De pronto, ha salido de la nada y se ha abalanzado sobre mí.
Ha sido un armadillo, un armadillo gigante.
Pudiera ser que tuviera los ojos inyectados en sangre y lanzara extraños gruñidos, del fondo mismo de su instinto comehombres honrados, aunque también pudiera ser que me lo esté inventando. O que sólo, al fin y al cabo, estuviera intentando aparearse conmigo.
^Pero cuando una bestia de cincuenta kilos se abalanza sobre ti, no queda mucho tiempo para la diplomacia. Uno se pone a pensar en el valor de la vida, en por qué no aceptó llevar la navaja suiza de papá a la excursión del colegio. Afortunadamente, cuando llevas mucho tiempo sin acicalarte como es debido, das gracias a Dios por que tus uñas de los pies corten más que un rascavidrios.
Allí estábamos: la bestia, el hombre, el encuentro definitivo de la evolución.
—Eh, rata de pantano —le he dicho—: eres tan feo que todo el mundo pagaría por verte en el circo.
—Riiiiijjjjjjjj ashshshshs gloglo rukkkkkkkk
—Luchas como una vaca...
—ghhhhhhhtaaaaaaaa.
Pero luego las palabras se han fundido con los gritos, y un poco más tarde esa cosa estaba rugiendo de veras y metiéndome una zarpa en el ojo. Y yo, al mismo tiempo, le rallaba la panza con las uñas. He intentado escribir:
“Soy un apestoso armadillo y nunca encontraré hembra”.
Aunque no sé si he conseguido terminar la frase.
Ante la igualdad física, nos hemos retirado a desangrarnos con dignidad, cada uno a un rincón del camino.
Más tarde, he amanecido en la choza, y uno de estos apestosos comehombres me ha dado un ungüento para las heridas. Me he tapado con la hoja de palmera, y con los ojos temblones, le he dicho a ese salvaje:
—Hay cosas... cosas terribles que salen en la oscuridad.
Esta noche, a la salida de la luna, he sufrido una emboscada terrible. Juro que sólo estaba intentando coger unas flores para trenzármelas en la barba. Uno de esos apestosos salvajes nos ha contado que en una gran ciudad del sur ahora los hombres hacen eso: se quitan pelo por todo el cuerpo, o en mitad de la noche se embadurnan de crema, se ponen rodajas de pepino en los ojos, y ronronean de placer al hacerse calvas premeditadas en las cejas.
Metrototal, o un nombre parecido. Creo que así lo llaman.
De modo que he pensado: ¿Por qué no? Yo también podría depilarme.
Después he deducido que quizás eso no sería una buena idea, teniendo en cuenta que intentar afeitarse con una piedra volcánica no debe ser muy bueno para la salud. Por eso de ponerlo todo perdido de sangre, tengo entendido. Así que pensé que ponerme unas flores en la barba no estaría del todo mal.
—¿No es verdad, ángel de amor,
que en esta apartada orilla,
más tarde la luna brilla
y se respira mejor?
Creo recordar que he recitado esa estrofa mientras iba tranquilamente tomando mi paseo dominical. Maldita sea, sólo estaba intentando ser un poco culto. ¿Qué hay de malo en eso?
Y entonces ha ocurrido. De pronto, ha salido de la nada y se ha abalanzado sobre mí.
Ha sido un armadillo, un armadillo gigante.
Pudiera ser que tuviera los ojos inyectados en sangre y lanzara extraños gruñidos, del fondo mismo de su instinto comehombres honrados, aunque también pudiera ser que me lo esté inventando. O que sólo, al fin y al cabo, estuviera intentando aparearse conmigo.
^Pero cuando una bestia de cincuenta kilos se abalanza sobre ti, no queda mucho tiempo para la diplomacia. Uno se pone a pensar en el valor de la vida, en por qué no aceptó llevar la navaja suiza de papá a la excursión del colegio. Afortunadamente, cuando llevas mucho tiempo sin acicalarte como es debido, das gracias a Dios por que tus uñas de los pies corten más que un rascavidrios.
Allí estábamos: la bestia, el hombre, el encuentro definitivo de la evolución.
—Eh, rata de pantano —le he dicho—: eres tan feo que todo el mundo pagaría por verte en el circo.
—Riiiiijjjjjjjj ashshshshs gloglo rukkkkkkkk
—Luchas como una vaca...
—ghhhhhhhtaaaaaaaa.
Pero luego las palabras se han fundido con los gritos, y un poco más tarde esa cosa estaba rugiendo de veras y metiéndome una zarpa en el ojo. Y yo, al mismo tiempo, le rallaba la panza con las uñas. He intentado escribir:
“Soy un apestoso armadillo y nunca encontraré hembra”.
Aunque no sé si he conseguido terminar la frase.
Ante la igualdad física, nos hemos retirado a desangrarnos con dignidad, cada uno a un rincón del camino.
Más tarde, he amanecido en la choza, y uno de estos apestosos comehombres me ha dado un ungüento para las heridas. Me he tapado con la hoja de palmera, y con los ojos temblones, le he dicho a ese salvaje:
—Hay cosas... cosas terribles que salen en la oscuridad.
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Comentario:
(Muchas gracias, Sr Capitán, por hacer que mis compañeros de curro me miren peor que de costumbre por reirme solo ante el monitor hasta que se me han saltado los lagrimones leyendo su encuentro con el armadillo.
Para demostrar que soy un tipo agradecido le enviaré un repelente para armadillos en spray, aunque teniendo en cuenta su situación quizá le vendría mejor un desodorante.)
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Comentario:
La depilación corporal está sobreestimada, la verdad. Me refiero a la autodepilación, claro. No hay nada más divertido que pedir a alguien que te depile, porque se sabe por dónde se empieza pero nunca por dónde se acaba... si es que se acaba. Pruébelo con alguno de los comehombres, seguro que se los mete en el bolsillo (aunque no tenga).
Comentario:
Querido Capitán, motivos de fuerza mayor me obligan a cambiarme de domicilio.
Espero que sea temporal... de momento pues encontrarme en diariogratis.com/5532. Un beso
Espero que sea temporal... de momento pues encontrarme en diariogratis.com/5532. Un beso
Comentario:
Si es que lo de ser hombre metrosexual es muy peligroso, los hombres de isla deben ser naturales...
También es peligroso salir sólo de noche, hay mucho armadillo suelto jajaja
También es peligroso salir sólo de noche, hay mucho armadillo suelto jajaja
Comentario:
Joder, me ha gustado...












