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A una isla desierta
Ningún hombre es una isla, pero yo sí.
Acerca de
La verdad es que he caído aquí, y no está mal. Llegué agarrado a un madero. También sirve para descolgar los cocos, atizar en la cabeza a pequeño Spielberg, bailar la danza del torso mojado, osea, que es la mejor demostración de multiutilidad que conozco. Algunos dirían que la dieta de la isla me proporciona el aspecto de un somalí. Un costillar bien marcado es atractivo, después de todo. Y no tengo nada más que decir sobre eso.
Sindicación
 
Pechos (diario del capitán taparrabos)
Echo mucho de menos los pechos de Trudy, ésa es la verdad.
Y si alguien me pregunta sobre ello, no pienso negarlo. Lo he decidido. He acordado para mis adentros echar de menos a Trudy y sus dos personalidades.
Trudy tenía esos pechos. Esos pechos que no se encuentran por ninguna parte. A veces se despelotaba en mitad de una playa y me pedía que le extendiera la crema.. “Ummmm, cremita, mi rey”, decía. Trudy sabía cómo nublarme la vista, sí señor. Y yo le echaba cremita y, acto seguido, manifestaba mi enfado por las miradas de esos paseantes en bañador y me echaba sobre ella. Le tapaba los pechos, la rodeaba con mis vellosos brazos de oso pachón. Trudy no tenía reparos en decir que yo estaba muy gordo. Decía que si alguien iba a abrazarla, mejor que fuera un tío fibroso.

A pequeño Spielberg le rechazo sus intentos de agradarme. Insiste en traerme una lugareña desnuda. “Sus pechos no serían como los de Trudy”, le digo. Él dice estar seguro de que un hombre como yo tiene necesidades urgentes de carne. Yo le contesto que seguramente, si lo intenta, no podrá controlarse. Y esa pobre mujer llegará sin alguna de sus piernas, o le habrá dado un infarto por el camino.

Ah, es bonito pensar que si ahora Trudy me viera, dejaría que me echara sobre ella —porque ya no estoy gordo, ahora soy ese tío fibroso y con barba— y que me pringara de crema. O bien correríamos desnudos por la playa. Yo haría el ruido del elefante en época de cópula y al final acabaríamos revolcándonos en algún matojo cerca del volcán. Entonces yo le daría pequeños apretones en sus enormes pechos. Y eso sería todo. Haría el sonido de un claxon —moqui, moqui—, y dejaría que Trudy me abofeteara. O bien tocaría alguna serenata nocturna, pero antes le pediría permiso.
O simplemente me dormiría la siesta sobre ellos, y probablemente diría:

¿No es hermoso pensar que podrías amamantar una manada de corderillos moribundos con tus pechos, cariño?
 
Comentario:
Qué pasa Capitán, ¿Túnez les dejó agotados? :-)
 
Comentario:
¡¡Vaya con Trudy!!

Saf ;-))
 
Comentario:
Pues no sé yo, pero lo más probable es que si hubiera una manada de corderillos moribundos acabaran ustedes haciendo patita de cordero a la brasa.
 
Comentario:
se te echaba de menos... me debes un fin de semana recuerdas! besos a toneladas!
 
Comentario:
Me encanta. En tiempos intenté escribir un blog de ficción en livejournal, pero me resultó imposible mantener la continuidad. Tu personaje es bastante divertido!!!

 
Comentario:
El personaje de Trudy es de lo más interesante, pero deberías mirar bien porque seguro que hay alguna lugareña con buenos pechos.
 
Comentario:
jajajjajaa.......jajajajaja
No