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La DoLCe ViTa
cositas que me ocurren
Acerca de
Aura-rosa tiene una varita mágica con la que ayuda a todo el mundo menos a ella misma. Con ella sus propios hechizos no sólo no funcionan, sino que surge el efecto contrario al deseado... "La magia es un puente que te permite ir del mundo visible hacia el invisible. Y aprender las lecciones de ambos mundos". (Paulo Coelho)
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Sí, era ella...
Lo reconozco, al principio dudé si era ella o no, habían pasado cuatro años, y en ese tiempo una persona puede cambiar mucho...

Ella iba caminando calle abajo, absorbida por sus pensamientos sin el menor rastro de arrepentimiento o algún sentimiento similar en su rostro. No pude adivinar sus pensamientos por la expresión de su cara, pero me daba la impresión de que tenía ante mí a una persona feliz.

En ese momento surgieron en mí las dudas, no sabía si acercarme a ella o dejarla marchar y borrar esa imagen de mi cabeza. A veces es mejor olvidar, pero era la oportunidad de conseguir esa explicación que llevaba cuatro años esperando, la que me había provocado tantas noches de insomnio, tantos sentimientos de culpa...

Ella no me había visto, así que la seguí sin hacer ruido, al principio me temblaban las piernas, luego el temblor se apoderó del resto de mi cuerpo, notaba como se me secaba la boca y temí que en el momento dado no me salieran las palabras perdiendo la oportunidad de formular todas esas preguntas que llevaban tanto tiempo en mi cabeza, sin ver la luz.

Llegó el momento, ya no había vuelta atrás, no podía arrepentirme.
Toqué su hombro, ella se giró y su rostro se volvió totalmente inexpresivo, pasaron unos diez segundos en los que mis ojos estaban clavados en los suyos, con la única diferencia de que en los míos cayeron unas lágrimas que no logré reprimir.

Por fin me atreví y la abracé, imaginé que esos cuatro años no habían pasado, que fácil hubieran sido las cosas para mí. Pero no, volví a la realidad porque ella estaba tensa, no era la misma, esta chica tan distante no podía ser Marina, ojalá fuese una confusión y realmente no fuera ella, echaría a correr y me olvidaría de todo.

No me acuerdo de la primera vez que vi a Marina, ya que era tan pequeña que no puedo recordarlo. Siempre fue mi mejor amiga, de esas que están ahí cuando lo necesitas. Ella estuvo ahí cuando se divorciaron mis padres, cuando mi padre volvió a enamorarse de alguien que me hizo la vida imposible, en mis primeros desamores...
Yo también estuve a su lado cuando tuvo problemas con la anorexia, iba cada tarde después de las clases a verla al hospital.

Ella siempre fue una chica diferente, introvertida, imaginativa, muy especial.
Su madre estaba casada con un señor muy mayor que les proporcionaba todas las comodidades y lujos inalcanzables para la mayoría de los mortales. Marina siempre compartía conmigo todas sus cosas, incluso me regalaba juguetes que tenía repetidos, me regalaba toda la ropa que ya no quería (lo que solía suceder después de ponersela una o dos veces...).
Marina y yo pasamos todas esas cosas juntas, éramos hermanas más que amigas.

Un día quedamos y la noté muy rara, me dijo cosas como que quería cambiar de vida por un tiempo. Yo no la tomé en serio y ahí quedó todo.
Pasaron unos tres días desde aquella conversación y la llamé a su casa, fué su madre la que respondió el teléfono. Le pregunté por Marina y su madre contestó que se había marchado a Londres a una escuela de moda, a cumplir su sueño. Yo le pedí su teléfono y su madre respondió que Marina le había dado indicaciones de no dar su número ni dirección a nadie y que tenía que respetar su decisión. Colgué, lloré.
¿Qué había hecho yo mal para que Marina no quisiese saber nada más de mí? ¿En qué había fallado como amiga? Mis sentimientos pasaron de la rabia a la culpa y más tarde por la tristeza y añoranza... Desde aquel día no volví a saber nada de Marina, no volví a llamar a su madre, ahora le tocaba mover ficha a ella, hasta hoy...

-Marina..., ¿qué haces tú por aquí? ¿llevas mucho tiempo?

-Vine hace dos días, supongo que sabrás que el marido de mi madre ha muerto, y he venido para un mes, no quiero dejar a mi madre sola...

-Sí, lo siento mucho, lo leí en las esquelas del diario...

-La verdad es que quería llamarte, pero no me he atrevido...

-Debiste hacerlo, supongo que aún tendrás mi número.

-Si te soy sincera al mes de estar en Londres tuve ganas de llamarte, sé que me porté mal y tenía ganas de contarte como me iba todo pero sabes que vas dejando las cosas y al final me volví demasido cobarde...

-¿Por qué te fuiste?

-No me gustaba la vida que tenía aquí, ya sabes que no tenía más amigas que tú. Desde que empezaste a salir con aquel chico del instituto ya nada era igual entre nosotras... Ya no nos veíamos todos los días... Me empezé a sentir sola y me fui a la casa de mis tíos en Londres, pensé que sólo serían unos meses pero después conocí un chico, ahora vivimos juntos, queremos casarnos... Por cierto, ¿sigues con Álex?

-Sí, estamos juntos desde entonces... ¿Y qué haces en Londres?

-Pues trabajo como modelo de fotografía, dicen que no estoy lo suficiente delgada para pasarela... He hecho alguna campaña de moda, maquillajes...

-La verdad es que estás muy guapa, te queda muy bien el pelo rubio, lo tienes muy largo!

-Sí... Mira Lucía, siento mucho haberme ido así, en todo este tiempo en Londres no he conocido a nadie como tú, tengo muchas conocidas, compañeras de trabajo... pero ninguna amiga.
Si quieres podemos quedar estos días que estoy en España para hablar y contarnos cosas.

-Marina, llevo mucho tiempo sin saber nada de ti, lo he pasado muy mal... Pero supongo que no te puedo negar el derecho a explicarte...

-Bueno mi niña, yo te llamo que aún conservo tu número.



Nos dimos un abrazo y un beso y seguí con Sara mi camino...

Aún no me ha llamado.


 
Y entonces la reconocí...
La semana pasada fuí a la ciudad a pasar el día libre, con la intención de ir de compras, pasear y cambiar de aires. Iba acompañada de Sara, mi mejor amiga.

Llegamos sobre las 10.30 de la mañana, cuando por fin encontramos un aparcamiento para el coche nos dispusimos a caminar hacia el centro, donde están todas las tiendas.
El día era muy soleado, demasiado cálido para mi gusto, ya que al mediodía haría un calor insoportable.

Íbamos vestidas muy fresquitas, pero a la vez modernas. Sara llevaba un vestido corto años 60 con estampado en tonos anaranjados, unas preciosas sandalias doradas a juego con el maxibolso y el pelo suelto al natural. Yo llevaba unos shorts de color rojo que resaltaban mi bronceado (natural, lo juro!) y un top de rayas blancas y rojas, sandalias blancas; el pelo lo llevaba en una cola de caballo, ya que no soporto el pelo suelto en días de calor...

Decidimos pararnos en una cafetería de la zona a tomarnos un batido y así cojer fuerzas para el día que nos esperaba, Sara pidió uno de vainilla, yo uno de fresa. Lo apuramos enseguida y nos dispusimos a cumplir nustro objetivo.

A lo tonto mi reloj marcaba las 12.00... El sol planeaba desde lo alto haciéndome sentir insignificante, pequeña, vulnerable...

Entramos en la primera tienda, la segunda, la tercera... Sara estaba en el probador observando su perfecta figura enfundada en un vestido negro de seda, el cual luciría en la boda de su hermana (a la que yo también estaba invitada, pero consideré que aún faltaba demasiado tiempo para el evento, así que yo no buscaba modelo para la ocasión). Estaba magnífica, le dije que dejara de buscar, que lo había encontrado, que seguramente el diseñador se había inspirado en ella para crearlo, Sara era la musa de su inconsciente...

Salimos de la tienda, ella orgullosa por la compra, yo agotada. Es agotador intentar convencer a una persona de físico perfecto de que una determinada prenda le queda bien... que no le hace demasiado gorda, ni le marca demasiado las caderas... Seguro que me entendéis!!!

Íbamos calle abajo cuando Sara señaló disimuladamente a alguien... Yo al principio no entendía a qué se refería, pero enseguida me dí cuenta, y entonces la reconocí...


 
Se llama PuSa
Se llama PuSa y es mi mascota desde hace 2 años... Con ella he reido, también he llorado, a veces me enfado con ella porque engancha mi ropa con sus uñas, pero al final siempre la perdono! Es la hermanita pequeña que nunca he tenido... (tengo un hermano zampabollos).

Pusa llegó a casa un día de mucho frío de mano de mi vecina y mejor amiga Sara, la encontró en la calle de detrás de mi bloque detrás de la rueda de un coche aparcado, enseguida la trajo a mi casa porque su madre es alérgica a los gatos.

Cuando la ví me dió mucha penita, tenía el pelo húmedo, venía con el moquillo y cuajadita de pulgas (lo que le hace honor a su nombre -pulga en catalán-). La llevamos al veterinario y después de desparasitarla se la enseñé a mi madre (para que no se llevara una mala impresión de ella...) y no pudo negarse a adoptarla.

Desde entonces PuSa y yo compartimos todo, la cama, el sofá y las tostadas con pavo del desayuno.
En verano duerme a mis pies y en invierno no se resiste a acurrucarse conmigo debajo del edredón haciéndome cosquillitas con su bigote).

Es muy lista, a veces pienso que es mitad perro ya que tiene comportamientos caninos, conoce los nombres de cada uno de sus juguetes, y si le tiras una pelota te la trae enseguida. También le encanta que le rasque la barriguita.

Este es mi homenaje a mi gatita, que me ha convertido en una orgullosa tía de cinco gatitos.

 
Ese gran desconocido...
Tengo novio desde los 17 años, de hecho nos conocimos en el instituto y desde el principio nos gustamos...

Al principio él hizo de todo por conquistarme... flores, tarjetas, regalos... se pasaba las horas conmigo de tienda en tienda, de probador en probador, aguantando lo inaguantable, lo que ni siquiera mis amigas hacían, así que en poco tiempo se convirtió en mi mejor amigo y al poco tiempo mi novio.

Todo fue muy bien al principio, pasábamos el día juntos y se comportaba conmigo de la misma forma que hizo que me enamorara de él, me aguantaba cuando estaba de malas, me seguía acompañando de tiendas, se quedaba en casa los findes que no podía salir por cuidar a mi hermano pequeño...

Hace unos meses que ya nada es igual, ya no quiere venir de tiendas conmigo, no se queda conmigo en casa cuando no me apetece salir, ya no me regala flores...

Él dice que ya no hace esas cosas porque al principio lo hacía para conquistarme y yo le respondo que precisamente me enamoré de él porque las hacía...
Me dice que le traté como un objeto, que lo anulé como persona, dejó de ver a sus amigos por mí...
Dice que quiere seguir teniéndome pero sin renunciar a su vida de antes...

¿Habré sido una egoísta todo este tiempo, o es su táctica para hacerme sentir culpable y así tener una relación pero teniendo vida de soltero?