Para María
Niña...qué de coincidencias...mi primer trabajo fue en Unísono también, teleoperaba mientras me esperaba el mundo, salía con una poeta famosa que me hacía muy infeliz y me enamoraba locamente de una de mis compañeras, sin decirle nada por el miedo, como buena diecinueveañera. Se llamaba Amaya Ropero, y en ese armario de su apellido quería yo guardar mi mejor ternura. Sus ricitos coloraos, sus frases llanas en contraste con las de mi ex, que en vez de un poster de los Backstreet Boys tenía en su cuarto uno de Baudelaire, sus caderas...un día, supongo que por el sueldo y las maneras bordes de los jefes, se me fue. Me gusta recordarlo, en los meses que trabajé allí, me pareció la chica más guapa de mi vida.





