Despertares inauditos de la pradera
Lo de esta mañana parece un mal sueño. Sonó el despertador, y después, la Piticlinius estática una hora con el colacao, y son las siete y cuarto, y llego muy tarde. Me ducho con o sin cabeza, aunque hoy la tuviera no sé dónde. Y al vestirme miro a mi Cuscus, y venga a llorar de cansancio muy mansa y pajarito, como ella me llama. Me abraza, ella también con los ojos rojos, me besa con la boca suave caliente. Y estando abajo para esperar al taxi, me alegra algo el retraso porque por la mañana hoy es de día.
Tenía tanto sueño que aunque el taxista era de esos gordos sexys con voz grave que me confunden, y encantador, sólo he acertado a decirle que por querer, yo lo que quiero es un Chrysler.
En el trabajo, teleoperarás la tierra.
Mi niña es lo más que tengo.
Tenía tanto sueño que aunque el taxista era de esos gordos sexys con voz grave que me confunden, y encantador, sólo he acertado a decirle que por querer, yo lo que quiero es un Chrysler.
En el trabajo, teleoperarás la tierra.
Mi niña es lo más que tengo.





