Cuentecito sobre enana
La canija lloraba, como agua caliente que se pierde de una bañera desbordada, más triste aún que su posible bañada.
Torpe hasta cuando conviene, besó donde pudo, y mira qué, fue a toparse con tu pecho. Guardó todo el lunes ese beso pequeño, y a él se agarraba, como al salvavidas más redondo.
Aquella noche, la canija buscó para llevarse también, otro beso. O un pelo de su pubis, lo que fuese. Pero esa noche compartieron vibrador y se cubrió para el martes de tu aliento.
Torpe hasta cuando conviene, besó donde pudo, y mira qué, fue a toparse con tu pecho. Guardó todo el lunes ese beso pequeño, y a él se agarraba, como al salvavidas más redondo.
Aquella noche, la canija buscó para llevarse también, otro beso. O un pelo de su pubis, lo que fuese. Pero esa noche compartieron vibrador y se cubrió para el martes de tu aliento.
Comentario:
me ha encantado tu relato de la "enanita"; jejeje... y por cierto creo que de pequeñas casi todas las niñas deseabamos ser o princesas o chicos. un besito.
Comentario:
Ya sabes que yo siempre callo. Me llamas para decirme tan sólo que me quieres y cuelgas. No soy poeta y me obligas. No tengo versos aunque a veces se me escape una rima. Ay, Cuscus. Mi romántica piticlini. Hoy tan bien es un buen día para mí.





