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Las historias de Badulake y Tonelete
Badulake y Tonelete: 2 personajes entrañables que también son sus propios autores
Sindicación
 
Badulake según Tonelete
Están ustedes de suerte. ¡Voy a presentarles a Badulake!

Badulake (Badu para los amigos) se dedica a repartir felicidad, ya que vende helados de muchos colores en una heladería (lugar idóneo, dicho sea de paso, para vender helados de muchos colores).
Allí la conocí. Iba a comprarme mi helado (de dos bolas, y por lo tanto de dos colores). Entré en la tienda y exclamé: ¡Gracias!, pues con cuarenta grados a la sombra uno se siente bastante agradecido al aire acondicionado (cuarenta grados centígrados, que si fueran Fahrenheit o Kelvin, otro gallo nos cantaría).
Ella me miró.
- Tengo helado, - dijo.
- ¿Mucho? – pregunté.
- Mire, - respondió, indicando con un gesto de la mano las tarrinas llenas de helado que se veían tras el cristal del mostrador.
- ¡Oh! – exclamé.
Se me había hecho la boca agua, y, como se dice vulgarmente, “la picha un lío”. El supuesto helado de fresa era verde, el de chocolate blanco... Todos los cartelitos que indicaban los sabores parecían mal puestos.
- ¿He de fiarme de los carteles o de los colores? – pregunté.
- Bueno, los carteles los coloco al azar.
- ¡Ah! Entonces...
- Bueno, el colorante también lo echo al azar... – y diciendo esto... ¡me sonrió!
(Creo que fue en este momento cuando el aire se volvió dulce, mi corazón se puso a latir como si tuviera que bombear sangre por toda la comarca, mi cerebro se subió a las nubes, y hasta bailé un poquito el hilo musical)
Por fin respondí:
- Pues quiero dos bolas. La azul y la amarilla. – (respectivamente, pistacho y turrón).
- ¡Marchando! – dijo.
Y me sirvió el helado:
- ¡Chof! la bola de abajo entra en el cucurucho y ¡chof! la otra bola cae encima y ¡chof! esta segunda bola se cae al suelo. ¡Aquí tiene!
Y me entregó el helado, con la bola que quedaba.
Cogí el helado, y rocé su mano.
(Creo que fue en este momento cuando me di cuenta de que Badulake era la mujer más hermosa del mundo, y que tenía la sonrisa más encantadora, y me puse rojo rojo)
¡Chof! Se me cayó la bola de helado.
La miré a los ojos (a Badulake, no a la bola, que no tenía ojos y estaba toda desparramada por el suelo).
- Usted es la mujer de mis sueños... – dije.
- Un euro señor, - dijo, y añadió: - Creo que usted también es el hombre de mis sueños, pero el helado me lo paga.
- ¿Me fía? – le dije, mientras rebuscaba entre las pelusillas de mi bolsillo.
- ¡Le fío! – contestó.
Y nos besamos...

Ya dije en otro lugar que mi señora esposa es una señora imaginaria. Efectivamente, hace tiempo que me casé (en un sueño) con la mujer de mis sueños. En realidad, cuando le dije a Badulake que era la mujer de mis sueños, se trataba de una forma de hablar, pues la mujer de mis sueños era una mujer soñada, y Badulake es real. Hubiera debido decir: Eres la realización de mi sueño, tantos años después. O bien: Sé que te quiero, pero no preguntes cómo. O simplemente: ¡Aleluya!
(Y aún me parece un sueño cuando estoy con Badulake, pero si la toco...)
(...si la toco...)
(...¡digamos que se vuelve deliciosamente carnal!)

Desde entonces, siempre busco estar cerca de Badulake. A veces voy a su tienda con un ramo de rosas. Sé que me dirá que el detalle resulta un poco cursi, pero ¡cómo se ríe cuando digo “no, si eran para mí”, y me las como, y me da un vaso de gaseosa para pasar las flores, y luego me besa, aún riendo!
A veces me encuentro con que ha cargado algo a mi cuenta en la pescadería, y meses más tarde Badulake me sorprende con un caramelo con sabor a manzana. ¿Cómo es capaz de convertir medio kilo de sardinas en un delicioso caramelo con sabor a manzana? No lo sé, pero lo mejor con Badulake es limitarse a aceptarla como ser mágico.

Badulake tiene dos brazos que abrazan, dos piernas perfectísimas que son como el título de una serie en la que salían Michael Landon y un señor de barbas, y un corazón descomunal. Tiene también una sonrisa que altera mi corazón tonelero. Es alegre y le gustar reír, lo hace muy a menudo... También llora de vez en cuando, porque la vida no es siempre juego e ilusión, y cuando llora, Tonelete la acompaña y las lágrimas de los dos echan carreras.
A Badulake le gustan los colores y las palabras. Juega con ellos, y sueña paraísos policromos.
Lo que más le gusta a Badulake es planear trastadas.
(Badulake y yo las armamos pardas... pero ya les iremos contando)

Badulake es:
Olor a algo recién hecho y apetitoso.
Sensación de vuelo.
Montaña rusa.
Calma después de la tormenta y viceversa.

Badulake, para Tonelete, es:
Un día de fiesta perpetuo.

¡Me gusta Badulake! Me gusta cuando mis ojos de tonel se encuentran con los suyos, que son ojos de ojo. Ojos sin aditivos, inmensos ojos que miran, a veces fríos y a menudo tiernos, y que hacen que el mundo tenga tamaño de juguete cuando Badulake los entorna para abrir de par en par su risa, esa risa hecha de vida, que no de tonel.

Tonelete
 
Comentario:
Pablito, una cosita, que este precioso texto lo escribió Tonelete, no yo (aclarando por si las moscas.)

Chaguita, un día quedamos, ¿vale?
 
Comentario:
PRECIOSO el morrito Badulake, ojalá salgamos un día de estos a tomar un café. :D

PD. El helado de la foto, luce delicioso.
 
Comentario:
Aisss
;) qué lindo coño!!!!!


Besos
 
Comentario:
Coño Badulake, qué bueno y qué envidia
 
Comentario:
Me encanta, me encanta, me encanta, me encantaaaaaaaaaaaaa...
El mundo de Tonelete y Badulake es hermoso, es fantástico, es mágico.
Me recuerda un poco a Amelie (éso es muy bueno, créeme).
Besitos.
 
Comentario:
ooohhh!!! Que bonitooo :D
No