Fin de cuatrimestre
Ya terminó el primer cuatrimestre del curso y, casi sin darme cuenta, empieza el segundo.
No sé si estoy contento del resultado: esta vez he tenido buenos alumnos, aunque un tanto decepcionados con la universidad y sus perspectivas de trabajo. Se ha notado mucho que los planes de segundos ciclos en nuestras universidades necesitan ese retoque que algunos piden a gritos.
Los profesionales que vienen parecen muy críticos y tienen el ego en su sitio. A veces rozan la soberbia, lo que es una característica innata al "periodista" y es algo que puede traer muchos problemas si no existe la autocrítica. En ocasiones resulta decepcionante comprobar que hay trabajos no están a la altura de la concepción que algunos estudiantes tienen de sí mismos.
Menos mal que la mayoría tiene ganas de trabajar y mucha ilusión para cambiar el estado de la profesión. Esto me alegra.
Entre los propios alumnos se sabe quién vale en la clase y quién no; quién trabaja y quién se aprovecha del trabajo de los demás; quién ha hecho del rumor una forma de llamar la atención y, desgraciadamente, lo seguirá haciendo como periodista profesional (Qué pena); quien dignificará este oficio y quien debería dedicarse a vender libros...
Por mi parte, entiendo que en ocasiones, problemas de adolescencia y de adaptación al medio interactúan con las asignaturas. Intento que durante el proceso no desaparezca el sentido crítico. El diálogo siempre es interesante y enriquecedor. Yo también aprendo mucho con los alumnos.
Espero que, con cada alumno, las habilidades escondidas afloren. Intento que adquiera nuevas habilidades, que se le abran puertas y ventanas donde pueda mirar. Hay mucho que ver ahí afuera. Sólo quien lo desee se moverá para visitar este paisaje.
Las notas en una asignatura no son lo más importante. O no deberían serlo. Además, son los alumnos quienes aprueban o suspenden trabajos y exámenes. Afortunadamente, en mi asignatura se suelen portar. Y las notas lo reflejan; sin embargo percibo cierto desaliento en el ambiente. Espero que esta profesión, desagradecida y apasionante, los trate bien. Estoy convencido -y no es lo habitual en nuestras universidades- de que en un futuro cercano encontraré a muchos de mis alumnos en ruedas de prensa y mentideros de la profesión. Un saludo para todos.
No sé si estoy contento del resultado: esta vez he tenido buenos alumnos, aunque un tanto decepcionados con la universidad y sus perspectivas de trabajo. Se ha notado mucho que los planes de segundos ciclos en nuestras universidades necesitan ese retoque que algunos piden a gritos.
Los profesionales que vienen parecen muy críticos y tienen el ego en su sitio. A veces rozan la soberbia, lo que es una característica innata al "periodista" y es algo que puede traer muchos problemas si no existe la autocrítica. En ocasiones resulta decepcionante comprobar que hay trabajos no están a la altura de la concepción que algunos estudiantes tienen de sí mismos.
Menos mal que la mayoría tiene ganas de trabajar y mucha ilusión para cambiar el estado de la profesión. Esto me alegra.
Entre los propios alumnos se sabe quién vale en la clase y quién no; quién trabaja y quién se aprovecha del trabajo de los demás; quién ha hecho del rumor una forma de llamar la atención y, desgraciadamente, lo seguirá haciendo como periodista profesional (Qué pena); quien dignificará este oficio y quien debería dedicarse a vender libros...
Por mi parte, entiendo que en ocasiones, problemas de adolescencia y de adaptación al medio interactúan con las asignaturas. Intento que durante el proceso no desaparezca el sentido crítico. El diálogo siempre es interesante y enriquecedor. Yo también aprendo mucho con los alumnos.
Espero que, con cada alumno, las habilidades escondidas afloren. Intento que adquiera nuevas habilidades, que se le abran puertas y ventanas donde pueda mirar. Hay mucho que ver ahí afuera. Sólo quien lo desee se moverá para visitar este paisaje.
Las notas en una asignatura no son lo más importante. O no deberían serlo. Además, son los alumnos quienes aprueban o suspenden trabajos y exámenes. Afortunadamente, en mi asignatura se suelen portar. Y las notas lo reflejan; sin embargo percibo cierto desaliento en el ambiente. Espero que esta profesión, desagradecida y apasionante, los trate bien. Estoy convencido -y no es lo habitual en nuestras universidades- de que en un futuro cercano encontraré a muchos de mis alumnos en ruedas de prensa y mentideros de la profesión. Un saludo para todos.





